¡Hola a todos! Este es un tipo de fic que he deseado escribir desde la primera vez que conocí lo que era un fanfic. Y sí ¡finalmente lo estoy haciendo! Pero por supuesto, dado que los eventos entre el anime y el manga son tan desiguales tuve que tomar una decisión y terminé decidiéndome por hacer que estos personajes tan geniales lean únicamente el manga (aunque ¿qué les parece si fingimos que la ilustración tiene un poco más de color del que tiene en verdad? Ya saben, sólo para acentuar ciertos efectos dramáticos).

Este es mi primer intento en este tipo de historias así que por favor sean amables y…

Sobra decirlo, ni los personajes ni los acontecimientos principales me pertenecen, todo es obra de la gran Yana Toboso.

Una vez dicho esto, podemos comenzar:

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Si de algo podía jactarse Sebastian Michaelis era que había muy pocas cosas en el mundo humano que no pudiera explicar, después de todo ¿qué clase de demonio… ¡perdón! Mayordomo. Sí. ¿Qué clase de mayordomo sería si no pudiese hacer cosas tan simples como explicar la desabrida y predecible naturaleza humana?

Pero, lo cierto es, que tal vez por primera vez en su existencia miraba a su alrededor en total asombro y, por mucho que no quisiera reconocerlo, también con una sensación de inquietud y nerviosismo que estaba mucho más allá de lo que antes a lo largo de su existencia había llegado a experimentar.

-Sebastian – escuchó entonces que le hablaba su contratista con voz inusualmente tensa - ¿tienes alguna idea de lo que acaba de suceder?

-Yo… - ¿qué se supone que era él? ¿Un simple humano débil? ¡Por supuesto que no! Con eso en mente retomó por completo el control de sus emociones y (lo más importante) de su expresión – lo siento mucho, my lord, pero realmente no tengo la más mínima idea de la naturaleza de lo que nos sucedió hace unos momentos.

-Pero… pero… - Mey-Rin estaba visiblemente impresionada – hace sólo unos momentos todos estábamos en el jardín despidiendo a joven amo. ¿Por qué entonces es que de pronto estamos otra vez en el salón?

-No lo sé pero…

Como guiado por el instinto Finny corrió hacia la puerta principal de la mansión… y lo siguiente que supo es que nada más entrar su piel en contacto con la madera se encontró nuevamente de pie en el salón, justo en el sitio que había estado ocupando momentos antes.

-¿Pero qué…? ¿Podrá ser esto obra de una alucinación? – Sugirió Bard conmocionado - ¡No! Sería imposible que la mente de todos nosotros funcionara mal de una manera tan repentina.

-Pero entonces – de entre los cinco Finny evidentemente era el más asustado - ¿cómo es que llegamos aquí?

-Más importante aún – intervino de nueva cuenta el estadounidense - ¿dónde se encuentra el señor Tanaka? ¿Y quién rayos es este sujeto? – y señaló descaradamente a un muchacho joven de pelo blanco, piel ciertamente extraña donde podría jurar que había secciones con escamas visibles, cabello tan claro que parecía blanco y rodeado en cuello y hombros por varias serpientes de diferentes colores.

-Mi nombre de Snake… dice Emily – respondió el chico con una voz baja y seseante que para nada se parecía a la del hombre que le había hablado.

-¿Snake dices? – se interesó Finnian.

-Así es… dice Dan – respondió el extraño - ¿y quiénes son todos ustedes?... dice Oscar.

-No veo cómo tienes el derecho de preguntarlo – respondió Bard mirando con desconfianza a las serpientes – por qué no mejor nos explicas cómo rayos es que llegaste…

Pero antes de que el hombre terminara de expresar esa pregunta una luz cegadora surgió del espacio que separaba a los criados de la mansión Phantomhive del llamado Snake y, para cuando dicha luz desapareció, en el piso anteriormente vacío se encontraba ahora una caja de madera muy adornada, sobre la cual una carta con el nombre de Ciel Phantomhive escrito en letras doradas resaltaba a simple vista.

-Esto… - Mey-Rin ahora sí que lucía aterrada.

-¿Qué es lo que acaba de suceder? – cuestionó Finny.

-Es muy probable que en el contenido de esta carta pueda facilitarnos alguna información útil para descifrar las circunstancias actuales – explicó el mayordomo adelantándose para tomar la carta – sin embargo, dados los extraños acontecimientos aconsejaría a todos los presentes el no bajar la guardia por si se llegase a dar algún imprevisto.

-Sí señor – respondieron los criados de manera uniforme.

-Esto es cada vez más extraño… dice Dan.

-Joven amo, si pudiera por favor…

Y confiando en que Sebastian no le entregaría el sobre abierto de haber podido detectar cualquier peligro provenir de éste, el niño de pelo azul demoró varios minutos leyendo y releyendo el contenido del mismo pero, mientras lo hacía sus manos temblaron ligeramente y su ceño usualmente imperturbable se frunció de manera visible.

-¿Ocurre algo malo, joven amo? – se atrevió a cuestionar el jardinero.

-Esta carta dice que esa persona efectivamente se llama Snake y que no es nuestro enemigo – explicó señalando al extraño con las serpientes – y también dice que estamos atrapados en un bucle en el tiempo y el espacio creado para retenernos al interior de la mansión – explicó Ciel – y que para poder salir de él primero es necesario que leamos todos los libros que hay dentro de la caja.

-¿Libros?

-Sí – asintió Sebastian tras leer de forma rápida el pedazo de papel que Ciel le había pasado ahora a él – la "persona" que escribió esto insiste en que hay muchas verdades pasadas y futuras que deben de rebelarse y que su propósito al traernos aquí es que nosotros seamos participes de esa información… también dice que lo que hagamos después de conocerla es completamente elección nuestra.

-Ah… todo esto me suena a patrañas de bruja – se quejó Bard.

-Y sin embargo la caja apareció de la nada… dice Wilde.

-Cierto ¿por qué rayos estás tú aquí? Es más ¿por qué es que nosotros somos los que tenemos que leer sobre esto?

-En la carta dice que quien nos convocó llamó a Snake porque los acontecimientos que vamos a descubrir son importante para nosotros como para él, y del mismo modo explica que en el transcurso de la lectura llamará también a otras personas para que se unan una vez que aparezca la información que también les será beneficioso escuchar.

-Pero ¿entonces no hay forma de que salgamos de aquí hasta que leamos todos los libros dentro de la caja?

-Francamente no creo que nos sea posible hacerlo – explicó Sebastian con una sonrisa y sin agregar en voz alta que fuera cual fuera la energía que los aprisionaba era tan hermética que sus sentidos no encontraban ni un solo hueco que pudiese servirles de escape.

-Esta es una situación de lo más extraño – habló Ciel – pero a menos que alguno de ustedes tenga una mejor idea entonces sugiero que comencemos a leer esos dichosos libros. Es más… Finnian ¿traerías esa caja a la sala de estudio? Pienso que leer ahí sería mucho más cómodo que hacerlo aquí sentados en el piso o en las escaleras.

-Enseguida joven amo.

Y así pocos minutos más tarde se encontraban reunidos Ciel, Sebastian, Bard, Mey-Rin, Finnian y Snake. Todos cómodamente sentados (Sebastian la única excepción) y con la vista fija en un libro realmente enorme que Ciel sujetaba pero sin levantarlo de la mesa.

-En la carta decía que estos libros pertenecen a un género oriental llamado "manga" en el que las ilustraciones son parte de la narración y que se debe leer de derecha a izquierda – explicó el conde.

-¿Un libro con ilustraciones? – se entusiasmó Finnian.

-Sí, aunque dice que son pocas las imágenes que tienen color.

-¿Leer de derecha a izquierda? – Comentó Bard - ¡Vaya cosa más rara!

-La carta también fue puntual sobre que los mangas normales son mucho más reducidos que ésta edición que fue preparada especialmente para nuestra sesión de lectura – puntualizó Sebastian.

-Esto suena muy raro, pero ¡en fin! Por mi parte podemos empezar en el momento que quieran.

-Bien, entonces comencemos ya.

Y así de simple Ciel levantó la tapa del inusual encuadernado rebelando así una imagen con un número 1 romano, el título "El Anfitrión negro" y una imagen de Sebastián vertiendo algo desde gran altura directamente a una copa.

-¿Pero qué es esto? – y aunque fue Bard el que hizo la pregunta podía verse que incluso Ciel se encontraba sorprendido por la repentina imagen de su mayordomo en ese libro.

-Mmm… - reflexionó el demonio en voz alta – comienzo a formar una teoría pero creo que es necesario "leer" un poco más para confirmarla. Si me permite pasar a la siguiente página joven amo…

Esta vez la imagen era de Ciel sentado cómodamente con Sebastian a un lado de él sosteniendo una bandeja con el juego de té. Por sobre las imágenes podía leerse: "1. En la mañana: Ese mayordomo, tan hábil."

Pasaron la página sin disimular sus caras de asombro.

En un bosque cubierto por la niebla no muy lejos de Londres, se ubica una mansión.

El evento de la mañana de la distinguida familia de los Phantomhive es… comenzar temprano con el té.

Debajo de la primera ahora había tres imágenes en las que se apreciaba cómo una persona llevaba a otra (evidentemente aún bajo las sábanas) té y varios diferentes tipos de pan cuidadosamente descritos.

La página cambió para mostrar ahora a Ciel siendo cuidadosamente vestido y arreglado por Sebastian.

-¿Así que esas "verdades pasadas y futuras" comienzan con la rutina de la mañana del joven amo? – Cuestionó Bard – esto… ¿no estoy seguro de qué debo pensar de esto?

-¿Y por qué no te vistes tú solo?... pregunta Emily.

-No tengo porqué vestirme solo. Ese es el trabajo del mayordomo – replicó Ciel fingiendo que un ligero sonrojo no nublaba sus mejillas.

De ahí las próximas páginas mostraron el combate entre el experto en artes marciales y Sebastian, finalizando este con la "petición" del mayordomo al Conde para repasar sus lecciones, mientras debajo de la imagen de cada uno de estos se mostraba un pequeño letrero con su nombre y papel a desempeñar.

-Tienes mucha habilidad… dice Goet – dijo Snake con la vista fija en el mayordomo vestido de negro.

-Oh, gracias por eso pero ¿qué clase de mayordomo Phantomhive sería si no pudiese por lo menos derrotar a un experto marcial?

-Oigan pero ¿cómo puede saber la persona que dibujó el libro lo que pasó ese día? – Cuestionó Finnian – yo no recuerdo que nadie estuviera en la mansión ese día además del señor de artes marciales y el señor Tanaka.

-Cierto, además ¿para qué mostrarnos esto? Después de todo con excepción del recién llegado – apuntó "discretamente" a Snake – todos vimos lo que sucedió ese día.

-Bueno, sugiero seguir leyendo para averiguarlo – declaró Sebastian.

En la siguiente hoja pudieron ver a los tres criados, acompañados todos con sus respectivos cargos.

-Oh, nos vemos todos realmente bien – se sorprendió Finny.

-Sí… sí pero – la cara de Mey-Rin estaba roja de vergüenza -¿Por qué es que sólo yo aparezco con tantos corazones?

-Bueno, quienquiera que haya dibujado esto ciertamente se ha tomado algunas libertades creativas – explicó Ciel en voz alta sin añadir también que los corazones figurativamente saltaban de la pobre Mey-Rin cada vez que Sebastian estaba cerca.

-Un verdadero maestro de la técnica de los puños podría acompañarme a regiones desconocidas – observaron decir a un evidentemente inconforme Ciel dirigiéndose a Sebastian – Ahora que lo pienso podría haber sido capaz de verte de rodillas hoy.

-Eso es muy malo – respondió el mayordomo sin dejar de sonreír.

-Oh, pero ciertamente habría sido de los más divertido – apoyó Bart.

-¿Dijo algo, señor Bart? – preguntó Sebastian con una de esas sonrisas que tienen la capacidad de helar la sangre de cualquiera sin dejar por ello de ser amables.

-¿Eh? No. Para nada – respondió el estadounidense con el sudor resbalando por su frente.

Las siguientes imágenes fueron simples: Sebastian regañando a los sirvientes y enviándolos a trabajar, Sebastian informando a Ciel de la próxima visita de Sir Clause, Sebastian quejándose de la limonada que había bebido, Sebastian haciendo las preparaciones dentro y fuera de la casa para recibir al invitado, Sebastian siendo interrumpido por la llamada de Ciel, Bard, Finnian y Mey-Rin "conspirando sobre cómo harían sus deberes para dejar impresionado al mayordomo…

-No entiendo eso… dice Goet – interrumpió Snake - ¿por qué el mayordomo hace los deberes de limpieza, cocina y cuidado del jardín si ustedes están aquí?... dice Oscar.

Los sirvientes ya iban a responder cuando Sebastian volteó la hoja dejando exhibir en las siguientes páginas todos los desastres ocasionados por los empleados de la casa Phantomhive.

-Supongo que eso lo aclara… dice Emily.

En las siguientes páginas se observó a Sebastian pensando en soluciones, dando indicaciones, realizando atrapadas dignas de un acto de circo estelar (en opinión de Emily, por supuesto) y pidiendo a los empleados actuar como adultos.

Después de eso todos fueron testigos (otra vez) de la llegada de Sir Claus, el recibimiento en el jardín oriental, el té al estilo japonés, la entusiasta presentación del Donburi (que casi hizo desmayar a todos cuando se mostró el estado en que quedó el estudio) y posteriormente…

-¡Oh no! – Protestó Mey-Rin - ¿por qué también tiene que venir esto?

Y aunque Bard y Finnian no tenían ninguna mala voluntad a su amiga les resultó imposible contener las risas cuando vieron a la torpe sirvienta servir el vino fuera de la copa. Por supuesto no importa si en su momento lo vieron en vivo y a todo color; al ser testigos nuevamente de la forma en que Sebastian sacó el mantel de la mesa sin dañar ni uno solo de los finos objetos de cristalería ninguno de ellos pudo evitar el expresar su admiración de forma poco discreta.

-Oh, pero también el joven amo estuvo impresionante – comentó Finny.

-Sí – concedió Mey-Rin – actuó como si toda la situación hubiese sido planeada así de antemano.

-No podía ser de otra forma – explicó el niño – se habría visto mal en el nombre de Phantomhive demostrar lo sorprendido que estaba.

-En mi país hay un hombre como tú llamado Superman – leyeron todos el comentario de Bard.

-No soy "Superman" u otra cosa… Es porque yo soy…

-…un demonio y un mayordomo – completaron los sirvientes con mucha seguridad.

-…un demonio y un mayordomo – leyó Ciel imitando casi perfectamente el tono en que Sebastian solía decir esa misma frase.

La escena siguió con Sir Claus alabando la habilidad de Sebastian y Ciel respondiendo que desde que trabajaba para él, tener tanta habilidad era algo natural para Sebastian. Después de eso el conde declaró que jamás había probado dulces tan deliciosos como los que preparaba su mayordomo…

-Es inesperado escuchar de usted un halago tal – mi señor – interrumpió la lectura Sebastian con su eterna sonrisa enigmática.

-Oh… - se ruborizó el niño a su pesar – sólo déjame seguir leyendo en paz.

Y hablando de dulces la siguiente escena mostraba a los empleados contemplando cómo el mayordomo terminaba de preparar los postres. Sin embargo, dentro de todo Finnian parecía especialmente intrigado por el hecho de que él sólo había comprado semillas y lo que había en el jardín eran plantas ya florecidas.

-Oye, ahora que mencionan lo de las Iris eso sí que fue algo muy extraño – dijo Bard.

-Es verdad – murmuró Mey-Rin – aunque supongo que no deberíamos de sorprendernos tanto si es el señor Sebastian el que consigue que funciones las cosas ¿verdad?

-Es verdad – apoyó Finnian con entusiasmo.

Pero por su parte el conde Phantomhive no estaba ni cerca de sentirse tan despreocupado como sus empleados.

La Mansión Phantomhive era un lugar en el que continuamente pasaban cosas fuera de lo común, no podría ser de otra manera con la clase de personas – y creaturas – que vivían bajo su techo. Una vez dicho esto, apenas el primer capítulo del llamado manga y la variación de perspectivas ya había dado a todos en qué pensar.

Pero ¿qué pasaría al seguir leyendo?

El joven conde sospechó que, de seguir la narración a este paso no pasaría mucho antes de que alguno de los secretos que tanto se empeñaba en ocultar saliera a la luz, demasiado expuesto como para permitirse ser descartado con el mismo aire casual de las semilla de Iris creciendo a una velocidad sobrenatural… y si eso sucedía ¿entonces que debería hacer él a continuación? ¿Realmente podría confiar en sus sirvientes con algo tan importante o acaso tendría que…?

Le bastó mirar a su mayordomo por el rabillo del ojo para saber que los pensamientos del demonio giraban en la misma dirección.