Epílogo
.
.
—Feliz Año Nuevo, señor Choi.
—Feliz Año Nuevo, Kenma-san. ¿Cómo te encuentras? ¿Algún propósito para este año?
—Estoy bien —respondió Kenma, con una ligera inclinación de cabeza—. Este año me he propuesto tener nuestra primera sesión en coreano. He sido un poco injusto con usted.
El terapeuta se echó a reír.
—El japonés se siente como mi primera lengua, pero podemos intentarlo en nuestra próxima sesión. ¿Visitaste a tus amigos?
—Sí. Nos juntamos todos en un izakaya y lloramos mucho al principio —confesó Kenma, enrojeciendo —. Creo que lloramos por todo. Por la edad, por la nostalgia, por los hijos y por Tetsurou. Yaku-san me dijo que me tuvo mucho resentimiento hasta que volvió a verme.
—¿Y eso cómo te hizo sentir?
—Aliviado, francamente. Odiaría la condescendencia de Yaku-san.
El terapeuta asintió y se alargó para tomar la libreta que reposaba en la pequeña mesa en medio de ellos dos. Garabateó un par de cosas.
—¿Cómo te sentiste con el Nekoma?
—No volveré a sentirme con ellos como antes, pero creo que estaré bien. Cuando salimos del izakaya, había una pareja que llevaba un enorme ramo de flores. No hicieron comentarios sobre mis arcadas y Kai-san me acompañó por un poco de medicina a la farmacia. Prometí regresar el próximo año.
—Seguiremos trabajando en tu rechazo a las flores. ¿Ellos como llevan lo de Kuroo-san?
—Todavía les falta perdonarse algunas cosas, pero aún conservan el buen humor. Ellos aún lo esperan. A Tetsurou.
—¿Y tú también?
Kenma observó las luces diminutas de los edificios. Siempre tomaba las horas vespertinas con el psicólogo porque le gustaba el panorama citadino que podía observarse desde la amplia ventana del consultorio.
—No —sonrió —. Quedarme en Busan no es esperar por él.
El terapeuta volvió a garabatear algo en su libreta. Revisó las páginas anteriores y al hacerlo, alzó el rostro súbitamente.
—¿Y el vuelo cómo estuvo?
—Tuve que solicitar oxígeno extra a la aerolínea, pero no hubo más complicaciones.
—¿Aún vas a la fisioterapia?
—No, sólo voy cada seis meses a un chequeo médico. He recuperado la mayor parte de mi capacidad pulmonar, aunque las semillas continúan ahí.
—Aun así, son buenas noticias. ¿Te apuntarás en el maratón de tu compañía este año también?
—Me temo que sí. El jefe estaba muy emocionado.
—Has hecho buenos tiempos.
—Detesto correr.
—Claro, claro —rio el psicólogo —. Hace siete años te fatigaba subir tres pisos.
Kenma sonrió ante el recuerdo.
—Todos los días quería renunciar.
—Lo recuerdo bien —dijo el señor Choi, con una expresión divertida —. ¿Cómo va el trabajo?
—El proyecto marcha sin problemas, y es todo lo que puedo decirle por el acuerdo de confidencialidad. Ah, también me invitaron a una fiesta de cumpleaños.
El doctor hizo un gesto victorioso.
—Espero que asistas.
Kenma se encogió de hombros.
—Me faltan más sesiones para eso.
—De acuerdo. El resto de la sesión tratará sobre tu asistencia a tu primera fiesta.
—Pero ya hice amigos —objetó Kenma.
El señor Choi comenzó a hablar sobre el nuevo capítulo del único dorama que Kenma seguía. Siempre cambiaba bruscamente el tema de conversación cuando Kenma no se mostraba cooperativo y eventualmente regresaba al tópico espinoso. Kozume, que conocía bien al señor Choi, suspiró.
x
Aquel domingo, el cielo estaba diáfano en Busan. Kenma lo observó por entre las copas de los árboles, cuyo movimiento tenue provocaba intermitencias de luz. Tenía la intención de comprar unos nuevos audífonos, pero la benevolencia del clima lo hizo desviarse hasta Geumjeong-gu, el distrito norte donde se encontraba el Templo Beomeosa. Las vacaciones de verano acababan de terminar, por lo que la afluencia de turistas era considerablemente menor.
Kenma ya no pensaba en Kuroo con la misma asiduidad con que lo hizo siete años atrás. A veces pensaba en las cosas que pudo haber hecho distinto, y en lo mucho que le hubiese gustado que Kuroo estuviese sonriendo en el último recuerdo que tiene de él, pero los años, la terapia y una cantidad impensable de fortaleza y perdón han hecho que pensar en ello no se sienta como si estuviese a punto de escupir otra flor. Prefería, también, pensar en que Kuroo y él hicieron todo lo que pudieron, y que, a final de cuentas, le agradecía los buenos momentos.
Durante un tiempo debatió con el señor Choi sobre cuál sería su posición respecto a Kuroo. Kenma tardó un par de años en decidir que Fukunaga tenía razón. No porque le causara menos dolor, sino porque, para Kenma, esa postura era respetar la última voluntad que Tetsurou no escribió en ningún diario. Que pensara que andaba en la inclemencia del invierno de Rusia probablemente era lo que Tetsurou quería cuando desapareció. Y quizás fuese cierto. Quizás anduviese en algún país ignorado por la Mancomunidad.
Sólo visitaba los templos cuando era Año Nuevo, sin embargo, el último año había tomado el hábito de visitarlos una vez cada dos o tres semanas. No solía entrar al recinto de adoración. Más bien, prefería hacer sus plegarias bajo la sombra de un árbol, como en ese momento. Alzó de nuevo la mirada, en donde crujían las hojas de los árboles, y pensó en Kuroo, en Kei-san, en el Nekoma, en sus padres, en que mejores días llegarían. Se levantó y se sacudió la tierra que había quedado impregnada en la mezclilla de su pantalón. Rezó su plegaria.
"Tetsurou, donde quiera que estés, quiero que sepas que estoy bien, que aún pienso en ti y que, cuando lo hago, rezo por tu felicidad. Rezo para que mañana despiertes y ames el amanecer de la misma forma en que he yo he aprendido a hacerlo."
Kenma, finalmente, había dejado de sangrar.
.
.
Bleeding Love
Bonnie is typing...
Ahhh, no sé qué decir, jajaja. Me siento emocionada y emocionalmente devastada. La verdad es que he disfrutado mucho escribiendo esta historia y les agradezco profundamente a todos los que han seguido esta historia, de verdad. Les confieso que, al principio, tenía la intención de no revelar qué sucedía con Kenma ni con Kuroo, jajaja. Le comenté a mi hermano al respecto y me dijo "ese es un final de cobardes", así que agarré valor. Quería que este hanahaki se saliese completamente de lo estándar, así que espero haberlo conseguido.
En fin, quizás quedaron algunas cosas borrosas, pero pueden preguntarme sin ninguna pena en un mensaje directo o en los review. De nuevo, muchas gracias a todos los que estuvieron acompañándome. Ya tengo planeada mi siguiente historia, que según es de comedia. Ya veremos si sale adelante.
Lávense las manos, cuídense mucho y espero que nos volvamos a leer muy pronto.
P.D. Este capítulo va dedicado a Akaasha, a quien dejé en vilo.
P.D. 2. Sí, es completamente verídico el asunto de los jouhatsu (en realidad, es un tema tabú). Y también lo de la ley japonesa, dados ciertos factores culturales.
