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MiyaFour vs Aobadivas
Universo Genderbend
Disclaimer: personajes no son míos
Anteriormente: Wakatoshi se comprometió, sin quererlo, a jugar con Miya Atsumu en la Miya-Camp, pero no puede puesto que tiene concentración de la sub-19. Para remediarlo, le pide a Oikawa que ocupe su lugar, en San Valentín y con chocolates de por medio. Iwacchan, al ser testigo de ello, malinterpreta toda la situación y huye con el corazón destrozado.
V. La Compañera de Atsumu
Oikawa observó su brazalete de BFF, levemente oxidado en sus bordes, producto de los años.
Llevaba diez días sin hablarse con Iwacchan. Esta vez, no era culpa de Oikawa.
Luego que la rara de Ushiwaka le regalase una bolsa repleta de los peores chocolates, salió huyendo dando brincos a lo conejo, un evento surrealista por donde se lo mirase. De seguro lo hacía a postas para llamar la atención sobre sus descomunales pechos. Oikawa lamentaba no haber tenido una cámara a mano Makki y Mattsun, que lo presenciaron todo, corrieron hasta ella, buscando explicaciones.
—¿Qué fue lo que hiciste? —le preguntó Mattsun.
—Honestamente, no tengo idea —respondió vagamente; sus neuronas no funcionaban.
—Ushiwaka te ha regalado chocolates en San Valentín.
—Sí, lo sé.
—¡Le has dado un beso!
—¡Lo sé! ¡Te digo que no tengo idea qué ha sucedido!
—¿Se te declaró? —preguntó Makki—, ¿La Ushiwaka se te declaró?
—¿Qué? ¡No! No, todo lo contrario. Fue de lo más raro. Me mostró su brazalete de amistad, me ha dicho algo de las mejores amigas… creo que me reclutó para que Iwacchan y yo jugásemos en el torneo de vóleibol playa de las Miyas. Creo que Ushiwaka me acaba de sobornar con chocolates —Oikawa miró a Makki y Mattsun, como reparando por primera vez a quien le hablaba—. ¿Dónde está Iwacchan? Mattsun, tú… Mattsun, perdóname por lo de hace un rato.
—No, está bien.
—Claro que no. No fui capaz de controlar mi ira.
—Yo tampoco.
Se abrazaron. Makki aplaudió contenta.
Las tres emprendieron la búsqueda de Iwacchan por el colegio, luego por las calles más cercanas. No respondía ni a llamados ni a mensajes. Al final, cada una regresó a sus casas, confiando en que todo se solucionaría al día siguiente.
Sin embargo, cuando vieron a Iwaizumi y le explicaron qué había sucedido, no se mostró nada entusiasta. Cuando Oikawa le informó, exultante de alegría, que las había inscrito a ambas en la Miya-Camp, Iwacchan se encogió de hombros y dijo que tenía que ver la fecha, por si había agendado algún compromiso. Los días que siguieron, apenas le vieron el pelo. Siempre tenía alguna excusa: la tarea de álgebra, hacer la compra, preparar la cena, hacer de niñera de los hijos de la vecina.
Al décimo día sin noticias, Oikawa recibió una carta. Después de leerla, quiso emboscar a Iwacchan a la hora de almuerzo. Makki y Mattsun intervinieron.
—Si Iwacchan quiere estar sola, no hay nada que podamos hacer —dijo Mattsun.
—Pero…
—No Oikawa, no hay «peros» esta vez. Quiere estar sola. Debemos respetárselo.
Oikawa pateó la taquilla más cercana, lo que le valió un regaño. Oikawa se saltó el entrenamiento y regresó a casa cabizbaja. Todavía no le enseñaba la carta a sus padres. Observaba su gastado brazalete de BFF, preguntándose por qué las amistades también se oxidaban.
Su madre llamó a su puerta.
—Ha venido una amiguita a verte.
Detrás de su madre se asomaba la carita pecosa de Makki, abrazada a su fiel archivador, con el morral al hombro.
—¡Makki! ¿Qué haces aquí? —preguntó Oikawa, una vez su madre cerró la puerta.
—Me di cuenta que algo te preocupaba. Vine por si necesitabas charlar con alguien… de lo que sea.
Makki dejó su archivador en el escritorio de Oikawa. Sus ojos se fijaron en la carta abierta, en el remitente impreso al adverso. La tomó sin pensarlo y se sentó junto a Oikawa, haciéndose un hueco en la cama.
—¿Esta carta es lo que pienso que es?
Oikawa asintió.
—Lo conseguí, me iré a Argentina, Makki. Eres la primera en saberlo.
—¡Amiga! ¡Te dije que lo conseguirías!
Makki extendió sus brazos, dispuesta a abrazarla. Oikawa permaneció en su sitio, sin mirarla. Algo no andaba bien. Oikawa nunca había desperdiciado una oportunidad para elogiarse. Tanto había luchado por conseguir esa beca, pero al obtenerla, Oikawa reparaba en los sacrificios que implicarían aquella decisión, la gente que dejaría atrás, los sentimientos de aquellas personas.
—Makki, dime la verdad. ¿Cuánto tiempo lleva Iwacchan enamorada de mí?
—Iwacchan no…
—Que mientes muy mal, Makki, que por una razón toda la escuela sabe que escribes fanfics. Sé que lo sabes. Tú y Mattsun lo saben.
—No te enfades por guardarte un secreto…
—Por supuesto que me enfado, Makki, pero no contigo —se limpió los ojos con los puños—. Le hice prometer a Iwacchan que, si le gustaba una chica, me lo tendría que decir. Pero no me lo dijo, Makki. Me ha estado mintiendo todo este tiempo.
—No seas así, no es fácil para nosotras decirlo.
—¿Cómo es eso de «no es fácil para nosotras»? Makki, son solo dos palabras: (1) me, (2) gustas. Y si acaso te hace sentir mejor: me gustas perra estúpida, cuatro palabras apenas. Es tan simple como pronunciar dos o cuatro palabras apenas.
—No es así —insistió Makki, tomándola de la mano con el brazalete de BFF—. Oikawa… nadie, en esta tierra, tiene tu desfachatez. Sí, para ti serán dos palabras. Pero para otra gente, se trata de todo lo que esas dos palabras condensan. ¿Alguna vez, realmente, te ha gustado alguno de los chicos con los que has salido?
—¡Oye! Eso ha sido muy rudo de tu parte.
—Tú has empezado —respondió con una sonrisa que hacía brillar sus pequitas. Del morral extrajo una caja de bombones. Le ofreció a Oikawa—. Son caseros, los preparé yo misma.
Oikawa tomó uno sin llevárselo a la boca.
—¿Chocolates caseros, Makki?
—Sí —Makki bajó la cabeza, ocultando la mirada tras las cortinas de cabello rosa—. Era una bobada… Se los planeaba regalar a Mattsun en San Valentín pasado, pero viste su reacción ante esos bombones que le colaron en la taquilla. Es horrible, pero a veces pienso: «menos mal alguien se me adelantó», o habría hecho el ridículo.
—¿Mattsun…?
—Ajá —admitió sin mirarla, con los dedos aferrando con fuerza los bordes de su caja de chocolates—. Siempre consideré San Valentín como ese día donde las chicas podemos confesar nuestros sentimientos a esa persona especial, sean hombres, mujeres, o incluso no binarios. No lo planeé demasiado. Imaginaba que descubriría lo que quería decirle a Mattsun cuando le entregara los chocolates. Y luego le vi llorar en el gimnasio, vi la tarjeta que le dejaron, la misma que le dejaron a Iwacchan. Me sentí tan desconsiderada… comprendí que lo mejor sería quedarme callada.
—Oh…
—¿Te sorprende?
—No lo sé. ¿Hace cuánto…?
—¿…me siento así? Uff, no sé, desde que Mattsun nos contó que era no binario. ¿Recuerdas cómo cambió su actitud? Le alentamos a comprar ropa nueva, fuimos todes a la peluquería, a tiendas comerciales, incluso convencimos a Iwacchan quien odia esas cosas. Nos reímos tanto. Y en especial Mattsun… Algo se removió en mí verle con esos ojos rebosantes de gratitud, libres. Y pensé: cuando estoy con Mattsun, tengo ganas de convertirme en la mejor versión de mí misma… es un poco bobo… honestamente, no sé qué digo…
Aunque hablaba animada, Oikawa se daba cuenta que Makki luchaba contra sí misma. Tomó sus manos, para evitar que destruyera sus chocolates, y le acarició con ternura, un gesto que Makki reservaba para sus amigues en momentos tristes.
—Oh Makki. Por qué la gente se calla así. ¿De verdad dejarás que Mattsun nunca lo sepa?
—Sí, realmente. Amiga, no te enfades con Iwacchan por guardarse sus sentimientos. Estamos a punto de graduarnos de preparatoria. Tomaremos diferentes caminos que nos alejarán de las demás. Yo no sé si pueda volver a hacer amigas como las que hice aquí, y me dolería mucho perder la amistad de ustedes justo antes de la graduación.
»Por eso prefiero que Mattsun no sepa cómo me siento. Tenemos una amistad muy bella, ¿para qué acabarla, precisamente en el final? Pienso que, esa es también la razón de por la cual Iwacchan se ha alejado de ti. No es porque esté enfadada contigo. Después de verte con Ushiwaka, aunque ya le explicaste lo que sucedió, Iwaizumi debe haber pensado: siempre habrá otras personas que ocuparán ese puesto de la persona amada, pero no seré yo. Los nervios que perdió al verte con Ushiwaka… no es el camino que quiere seguir, y si se ha distanciado, eso solo significa que Iwacchan está tratando de volver a ser tu amiga.
—Pero no es justo para mí que no me diga nada.
—Concédele este tiempo, Oikawa. No la presiones más. Volverá por su propia cuenta.
—Makki, que me voy a Argentina.
—Solo dale un poco más de tiempo.
—¿De verdad no le dirás a Mattsun lo que sientes?
—Es mi decisión.
—Pero Makki… A lo mejor hasta tienes una oportunidad.
—¿Iwacchan tiene alguna oportunidad contigo? No, ¿cierto? Si ya tiene el corazón trizado, ¿para que rompérselo?
A Makki se le quebró la voz. Oikawa apretó con firmeza la mano de Makki, y acomodó su cabecita en su hombro, dejándola entregarse a las lágrimas.
Eran situaciones distintas, como se las mirase. Oikawa no recordaba muy bien cómo fue que inició su amistad con Iwaizumi. Ellas habían estado juntas desde hace mucho tiempo. Pero recordaba cómo Makki y Mattsun se volvieron amigues, por un estúpido fic yaoi que unas brutas se encargaron de repartir por la preparatoria.
En el caso de Makki, Mattsun siempre sería aquella persona que estuvo, desde el principio, junto a Makki en los peores momentos. Les unía una experiencia única. Pero en el caso de Oikawa, ella no sabía qué decir de Iwacchan, mucho menos de dónde nacía el vínculo que las unía. Solo podía decir, que sus vínculos eran distintos.
Se llevó el chocolate a la boca. Makki era una excelente cocinera.
—Makki, Iwacchan todavía no me ha respondido, pero yo ya nos inscribí en la Miya-Camp… entonces… si Iwacchan necesitase más tiempo… ¿querrías ser mi compañera?
Makki no tuvo reparos.
. . . .
Luego que Tendou se enterase de qué significaba realmente que Oikawa participase en la Miya-Camp, ya no sabía qué pensar de las habilidades de Wakatoshi.
—Seguimos teniendo el mismo problema, ¿te das cuenta?
—Sí, lo sé. Pero si no puede ser Oikawa, no se me ocurren otras sustitutas.
—Por cierto, ¿qué opina Omichin de todo esto?
—No sé si tenga una opinión, ¿debería?
—¿No has hablado con Omichin aún?
Wakatoshi entonces recordó que, en su plan de solución del problema, había indicado que hablaría con Kiyoomi-san para explicarle todo el malentendido, y asegurarle que, bajo ninguna circunstancia, sus intenciones fueron robarle a su novia.
—Estuve tan concentrada en todo el asunto de Oikawa que lo olvidé.
Se disponía a llamar a Kiyoomi-san, pero Tendou la detuvo.
—¿Tienes claro qué decir? —Hizo una pausa, esperando algún comentario de Wakatoshi; como se quedó callada, continuó ella—. Ya sé. Le explicaremos que te retirarás del evento por una cuestión de honor. Pero todavía no marques —Tendou volvió a detener a su amiga—. Primero te prepararé un guion.
Fue así como Omi-chan recibió una llamada de Wakatoshi, cuando ya estaba a punto de irse a la cama. Algo raro, considerando de que Wakatoshi no era una persona de llamadas.
Y todavía lo sintió más raro, cuando la oyó decirle:
—Quería que supieras que, en ningún caso, traté de sabotear tu relación con… ¿Myaa Tsum? —y luego dijo, como si se hubiese apartado del auricular—. Esto está mal escrito.
—No, está bien, Wakachin —decía Tendou por detrás—. Es un apodo. Para situaciones como estas más vale usar apodos: le quitará tensión a la conversación y le dará un toque más casual.
La Para-Nada-Experta-En-Relaciones-Románticas Satori también estaba dando su mejor esfuerzo. Omi-chan se acomodó en su cama, previendo una conversación larga llena de interrupciones. Así que Tendou tenía a Wakatoshi leyendo un guion… ya…
—Y… —Wakatoshi regresó al auricular—, Omi-chan, quiero que sepas que no volveré a interponerme entre ustedes dos, así que me retiraré del Myaa-Camp.
—¿Qué? ¿Por qué? —preguntó Kiyoomi, de pronto muy nerviosa.
—Dile lo del dentista —aconsejó Tendou.
—Tengo dentista.
—Entonces reagéndalo.
—Dile que no puedes. Que es una emergencia clínica.
—Es una emergencia clínica.
—Si es una emergencia, ve ahora al dentista.
—Dile que no es tan urgente, pero es urgente. Es una urgencia no urgente.
—De acuerdo, ya basta, Tendou hace rato que te escucho —Kiyoomi no tenía paciencia para lidiar con esa bobada—, ¿se puede saber qué sucede?
—Hola Kiyomichin —saludó Tendou, sin sentir ápice de vergüenza—. Mi amiga Wakachin solo quería decirte de que no estará disponible para la Myaa-Camp, así que ya pueden jugar juntas tú y tu novia como las bollitos que son. ¿A que no es genial?
—No, no puede ser. De ninguna manera. Wakatoshi tiene que jugar con Miya-san. Es la única manera.
Porque, de lo contrario, el paradigma «vóleibol» igual «amor» igual «Miya-san» igual «Wakatoshi-es-solo-una amiga» igual «no-necesitamos-torneos-de-vóley-playa-para-pasar-un-fin-de-semana-juntas-maldita-sea» no se establecería nunca, y Kiyoomi ya estaba que explotaba. Era un estofado en punto de ebullición. Un segundo más y estaba segura de que explotaba.
—¿«Es la única manera»? ¿«La manera» de qué? —Aunque Tendou era una ignorante de temas románticos, tenía afinada la semántica.
—Es… Tendou, ¿qué te importa? No hablaré de esto contigo. Regrésame a Wakatoshi y piérdete.
Wakatoshi volvió al teléfono.
—¿Está Tendou? ¿Estoy en altavoz? Wakatoshi, por la integridad de nuestra amistad, más te vale que no me mientas.
—Tendou acaba de marcharse. He desactivado el altavoz. Nuestra amistad continúa íntegra.
—Bien. Ahora explícame: ¿Cómo es eso de que no participarás en el torneo de vóleibol playa? Wakatoshi, si acaso es cierto que te preocupa haber intervenido en mi relación con Miya-san, pues ya es muy tarde para eso. Estás metida de un modo que ni te puedes imaginar, y para salirte de esta, si realmente quieres salirte de esta, si realmente te interesa, tienes que jugar con Miya-san, por el amor a Buda ¡tienes que hacerlo!
—Es que no puedo.
—¿Por qué? Ni se te ocurra mentirme, ya te lo he advertido.
—Esa semana estaré en la concentración de la sub-19.
—¿De verdad? —una punzada de envidia electrizó a Omi-chan—. ¿Fuiste reclutada? ¿Por qué no lo dijiste de un principio?
—No sé por qué Tendou no me deja decirlo —por las envidias ajenas, para tratar de derrumbar ese mito de que Wakatoshi era una soberbia, una engreída, una ceño fruncido y etcétera—. Quise buscar una sustituta, pero Oikawa me ha dicho que no.
—¿Oikawa? ¿Esa chica que siempre mencionas?
—Es la mejor armadora de Japón.
—Es imposible, Miya-san es la mejor.
—Estoy segura de que Oikawa es mejor.
—¿Acaso también fue reclutada para la sub-19?
—No.
—¿Entonces cómo sabes que es la mejor?
—Porque es la mejor.
Era una conversación circular. Si una declaración tan potente venía de Wakatoshi, Kiyoomi realmente no tenía motivos para dudar, sin embargo, ahora que Miya-san era su novia…
¿Por qué le irritaba tanto que Wakatoshi no quisiera jugar con su novia?
¿O que considerara de que había una armadora aún mejor que su novia?
Le preguntó si ya lo había hablado con Miya Atsumu. No lo había hecho.
—No se lo digas todavía —pidió Kiyoomi—. Esa chica Oikawa, supongo que tampoco participará del torneo de vóleibol.
—Sí lo hará, pero junto a su mejor amiga.
—¿Esa amiga es buena?
—Es su mejor amiga.
—¿Pero es buena en el vóleibol?
—Es su mejor amiga —insistió Wakatoshi. Al comprender que Kiyoomi no parecía conforme, trató de ampliar su respuesta—. Si me hubieses preguntado esto mismo algunos meses atrás, te habría dado otra respuesta, pero recientemente he comprendido que las mejores amigas se ayudan para sacar lo mejor de cada una. No quiero decir que, técnicamente, sea la mejor dupla del vóleibol de preparatoria, pero una dupla de BFF siempre es una buena dupla.
—¡AHHHH! ¡WAKACHIN! ¡ERES DE OTRA GALAXIA! —Nuevamente Tendou, lloraba terrones de azúcar.
Por supuesto, de alguna manera, Tendou se las había ingeniado para oír toda la conversación, lo que para la número 1 representó la máxima de las traiciones. Wakatoshi había cambiado. Le mentía en sus narices, no quería hacer dupla con Miya-san, insistía con un ardor casi religioso que la tal Oikawa era mejor armadora que su novia, ¿y que las BFF están antes que la técnica? ¡Por favor!
Kiyoomi colgó por primera vez a Wakatoshi. Qué problema más absurdo.
. . . .
Hasta entonces, Omi-chan y Atsumu solo se habían comunicado a través del chat y mensajes de audio. Ciertos días se intercambiaban unas pocas palabras de saludo, y luego de despedida. Pero otras veces podían quedarse horas escribiéndose, hasta bien entrada la noche, y al día siguiente amanecían con ojeras que ningún maquillaje podía disimular.
Por eso Atsumu se sorprendió cuando su teléfono le mostró una llamada perdida de Omi-chan, a menos de dos semanas del evento deportivo.
—Oh, no —Atsumu tragó saliva.
—¿Qué sucede? —preguntó su gemela. Aprovechó la distracción de su hermana para hacerse con el control de la televisión y cambió las caricaturas gringas por un programa de cocina. Tsumu ni se inmutó. Entre medio de la receta del tiramisú, le enseñó el teléfono a su hermana. Estaba que lloraba.
—Omi-chan va a romper conmigo.
Samu recibió el teléfono. Solo ponía allí una llamada perdida de la número 1.
—Por qué piensas eso. ¿Va a romper contigo solo porque no le contestaste? Porque, si es así, no merece ser tu novia.
—¡No! ¡No es eso! ¿No lo ves?
Samu volvió a acercarse a la pantalla, acaso se le pasó algo. Solo había allí una llamada perdida de la número 1.
—No lo entiendo, Tsumu. ¿Acaso ustedes han tenido alguna clase de problema?
—¡Por supuesto que no! ¡Hemos ido muy bien! ¡Demasiado bien! ¡Samu! ¿De verdad no lo ves? ¿Es que no ves lo que te muestro? ¡Omi-chan me ha llamado! ¡Por teléfono! ¡A mí!
Ya no le interesaba esa conversación tan estúpida. Samu le subió el volumen a la televisión. Tsumu le quitó el control y apagó la televisión.
—¡Oye! ¡Atiéndeme!
—Estás loca, déjame ver la televisión en paz. Las novias normales se llaman por teléfono. Rin me llama todo el tiempo, no tiene nada de extraordinario. Solo llámala de vuelta. Es muy simple, tienes que pinchar su contacto y verás qué fácil.
—No te burles de mí, ya sé eso. ¿Por qué te cuesta tanto comprenderlo? Si la llamo de vuelta, va a romper conmigo. La única manera de salvar esta relación, es no contestarle jamás el teléfono.
En lo que peleaban, llegó SunaRin cargando gominolas ácidas. Se sentó entre medio de las gemelas, evitando con ello que siguiera pegándose. Sin despegar la vista de celular, le entregó las gominolas a su novia y comentó las últimas noticias.
—Han revelado la nómina de las seleccionadas para la sub-19. Tsumu, adivina quién tienen de armadora.
Tsumu le quitó el teléfono a SunaRin. Samu aprovechó para quitarle a su hermana el control y encender la televisión. Solo SunaRin notó el tic nervioso de Tsumu. En otra ocasión, Tsumu habría hervido de la rabia de ver el nombre de «Kageyama Tobio» en la nómina, si no fuese que sus ojos repararon antes en ese horrible e impronunciable nombre que tanto daño le había causado a su vida romántica.
—¿ES BRUTA? ¿DE VERDAD VOLVIERON A LLAMAR A LA USHIWAKA?
Entonces supo el motivo exacto por el cuál Omi-chan iba a dejarla, y su cuerpo entero entró en colapso.
—¿Qué le pasa? —preguntó SunaRin a Samu, temiendo la explosión.
—No tengo idea. Se le coagularon las pocas neuronas que le quedan porque descubrió que tiene una llamada perdida de Omi-chan.
—¡Ustedes no entienden nada de mis asuntos! —explotó la caldera, derribando televisores, mesas, camas, hermanas y cuñadas.
Todos sus esfuerzos, sus sacrificios, no habían valido de nada. Agendó muy tarde el evento de vóleibol playa, no tuvo oportunidad de demostrarle a Omi que era mejor que la Ushiwaka, y Omi-chan, finalmente, se había decidido por la vaca.
No, aguarda, Atsumu —trató de convencerse—. Quizá juegues en desventaja, pero todavía te queda el tornero de vóley playa.
. . . .
Cuando Akaashi dijo que tenía algo que hacer, y dejó los vestuarios de primera, las arpías de tercer año del Fukurodani cuchichearon entre ellas.
—Últimamente Akaashi siempre tiene «algo que hacer» —dijo una de las arpías a la que llamaban Komiyan.
—Por fortuna yo leí su última conversación —dijo Boku-chan, la arpía con menos luces, quien se sentía particularmente orgullosa de su traición—, ¿a que no saben con quien ha quedado? ¡Exacto! ¡Tiene una cita con la Omi-chan!
—¿Con la número 1? —la arpía a quien llamaban Saru parecía sorprendida—. Entonces es cierto que son amigas.
—Nos cambia por una Youtuber —terció La Maestra de Nada, la peor del grupo—, es tan típico de Akaashi menospreciar a sus senpai.
—¡Yo sé! ¡Yo sé! ¡Es porque son novias! —gritó Boku-chan, ya no se aguantaba más para soltar una bomba así. Por desgracia, no produjo el efecto que esperaba: las arpías no tomaron en serio sus palabras.
—¿Cómo van a ser novias?
—Omi-chan sale con Myaa Tsum, todo el mundo lo sabe.
—Boku-chan, tú también lo sabes.
Asomó su cabeza al vestuario de chicas el mánager Yukipie, una arpía honoris causa.
—¿Por qué tardan tanto? ¿No me prometieron que iríamos a comer? Me estoy muriendo de hambre hace media hora.
—Boku-chan ha caído en otra de sus paranoias —dijo La Maestra de Nada, que llevaba enamorada de Yukipie desde primer año—. Cree que Akaashi está de novia con la número 1.
—Maldición, siempre se demoran por chismes. Me prometieron comida, ¡quiero comida!
—Pero…
—La número 1 es novia de Myaa Tsum, fin del chisme —zanjo Yukipie—. Vamos, vamos, vamos. Tú también, Boku-chan, termina de vestirte y vámonos que tengo hambre.
—No, no, no, ¿no lo ven? —Boku-chan estaba determinada a ganar el round—. Eso es un claro montaje para ganar admiradores. Solo piénsenlo bien. Solo piénsenlo. Omi-chan apenas aparece en el canal de las Myaas, ¿sí o no? Y eso es porque no es una Myaa realmente. Solo la tienen como Myaa para ganar seguidores, publicidad, una de esas cosas.
—Omi-chan no participa activamente como las demás porque vive en Tokio, no en Hyogo —insistió La Maestra de Nada, también determinada a ganar aquella discusión.
Boku-chan ya estaba harta que la tomaran por tonta. Esto lo había pensado muy bien, todas las piezas encajaban.
—No es por algo tan trivial como la distancia, no seas así Konoha. La verdadera novia de Omi-chan es Akaashi, y por eso Akaashi no nos ha querido decir nada de su cita de hoy. Porque debe haber firmado una cláusula de confidencialidad o algo. Si no me creen, vamos a ver. La cita será en el club de queso.
—Por supuesto, el sitio perfecto para concertar una cita romántica —ironizó Komiyan.
—Bien, está claro: vamos al club del queso —Yukipie zanjó la discusión de ese modo.
Fukurodani en pack se compraron gafas ahumadas, y se acomodaron en la mesa detrás de una gran planta, para pasar desapercibidos. Unas mesas más allá, se encontraban reunidas Akaashi y Omi-chan, la número 1
—Quisiera disculparme por mis compañeras —dijo Akaashi luego que la camarera les trajera sus pedidos (unas quesadillas)—, ah y también por Yukipie. Increíble que arrastraran a Yukipie en esto.
—¿De qué hablas?
—De mis senpai. Me han seguido hasta aquí y se creen que pasan desapercibidos con esas gafas. Están ubicados estratégicamente en esa mesa detrás de la gran planta, a tu espalda. No te gires. Utiliza tu teléfono como si fueras a sacarte una selfie.
Eso hizo Omi-chan. Efectivamente, las arpías más el mánager Yukipie se encontraban a unas cuentas mesas de distancia. Un camarero trajo seis bandejas de comida, todas para Yukipie.
Akaashi tenía mucha experiencia lidiando con gente complicada, pensó Omi-chan, asombrada. También estaba asombrada de todo lo que podía tragar Yukipie. ¿Acaso respiraba?
No, Omi-chan, no te distraigas ahora.
—¿Por qué nos han seguido?
Akaashi soltó un suspiro.
—Estoy casi segura de que Bokuto-san cree que eres mi novia o algo así.
—¡Novia! ¿Pero…?
—Sí, sabe que eres, en teoría, la novia de Myaa Tsum.
—¿«En teoría»?
—Bokuto-san es muy hábil para ver conspiraciones secretas donde no las hay, es un don. Si no estuviese tan involucrada en el vóleibol, ya le he dicho que con su imaginación, podría ser una gran guionista.
—Akaashi…
—Boku-chan está segura que lo tuyo con Myaa Tsum es una pantalla. Honestamente, no comprendo bien los motivos. Se ha montado esa película, y ahora la está poniendo a prueba, espiándonos.
—No iba a decir eso. Quiero decir, ¿Bokuto-san no sabe que tienes novia?
Akaashi le tapó la boca.
—Shhh, calla, no lo digas tan alto. No le he dicho nada a ninguna arpía. Y especialmente Bokuto-san es la última persona que quiero que lo sepa.
—¿Por qué?
—Tú realmente no conoces a Bokuto-san, puede ser muy cargante. Estoy tratando de ahorrarle eso a Kozume-san. Verás, cometí un error. Bokuto-san descubrió los chocolates caseros que le horneé a Kozume-san por San Valentín, y como yo no le dije para quien eran, sacó sus propias conclusiones…
Akaashi era una persona complicada.
—¿Es una relación secreta? ¿La tuya con Kozume?
—Más o menos. De hecho, de mi círculo de amigos, solo te lo he dicho a ti. Necesitaba compartirlo con alguien, y pensé, dado que también tienes novia, que me comprenderías —Akaashi bajó la mirada. Un suave rubor pintó sus mejillas—. Si te molesta que Bokuto-san crea que estamos saliendo, me inventaré alguna otra excusa.
Omi-chan lo pensó un momento. Le dio una mascada a su quesadilla. Lo que creyera Bokuto-san le traía sin cuidado, pero suponía que tenía que decírselo a Miya-san.
Lo que le recordaba el motivo por el cuál había vuelto a quedar con Akaashi.
—Miya-san no responde mis llamadas…
—Ohh… ¿y eso?, ¿sucedió algo entre ustedes?
—No estaba muy segura, hasta que decidí preguntarle a SunaRin qué sucedía. Miya-san es una estúpida. Cree que la llamo porque quiero dejarla.
—¿Disculpa?
—No sé si viste que publicaron la parrilla para la sub-19.
—Ah, sí, Bokuto-san no ha dejado de comentarlo. ¡Está tu prima! Era de esperar, Komori es muy talentosa. Yo estaba segura de que tú también serías convocada. O Atsumu. O incluso SunaRin. Pero bueno, ¿qué tiene que ver con lo otro?
—¿Te acuerdas quienes sí fueron seleccionadas, además de Motoya?
Akaashi lo pensó solo unos segundos.
—¿Es por la Ushiwaka?
Kiyoomi asintió.
—Pero es que no te imaginas el verdadero drama. SunaRin me dijo que Atsumu se negaba a contestarme porque, de esa forma, seguiría siendo mi novia, al menos hasta el torneo de vóleibol playa, donde Atsumu se supone que hará dupla con Wakatoshi y me demostrará que, aunque Wakatoshi haya sido seleccionada para la sub-19, Miya era la mejor voleibolista de Japón. Y hasta allí todo bien, pero es que Atsumu no sabe el fallo fatal de su plan: Wakatoshi no podrá jugar en el torneo de vóley porque la fecha coincide con la concentración de la sub-19. ¿Sabes lo que eso significa?
—Por supuesto. Que el paradigma «vóleibol» igual «amor» igual «Miya-san» igual «Wakatoshi-es-solo-una amiga» igual «no-necesitamos-torneos-de-vóley-playa-para-pasar-un-fin-de-semana-juntas-maldita-sea» está en peligro. Omi, de verdad, detén esto y habla con Myaa Tsum. Dile la verdad.
—¿Cómo, si ignora mis llamados?
Akaashi era buena resolviendo problemas, pero este estaba bien complicado. Sus ojos se posaron en la gran planta detrás de la cual se escondía Bokuto-san y el resto de las Arpías, con esas evidentes gafas ahumadas que solo conseguían atraer la atención de los demás, en lugar de pasar desapercibidas.
Ah, y Yukipie había desistido de las gafas porque, aparentemente, el queso humeante las empañaba. Qué pésimo grupo de espías. Sus senpai le daban vergüenza.
—Myaa Tsum… ¿ella no sabe…?
—¿Qué Wakatoshi no podrá participar en su torneo? No tiene idea. Le pedí a Wakatoshi que no le dijera nada.
—¿Por qué?
—¡No lo sé! No sé cómo he llegado a esta situación. Quería antes hablar con Atsumu. Le pediría que corriera la fecha del campeonato, tal de que Wakatoshi pudiese participar y así romper el paradigma. Si era imposible correr la fecha, entonces le diría la verdad, le pediría que jugásemos juntas, porque eso era lo que yo quería: estar con ella. A su lado. No en lados contrarios de la red. La quería a mi lado de la red, de la cama, y…
(Ebullir juntas, como un buen estofado, carajo)
—Lo siento, Akaashi por llenarte con mis quejas. Atsumu es realmente una estúpida, y, sin embargo, mírame, solo imaginar cómo funciona su mente es suficiente para sacarme una sonrisa —efectivamente, sonreía—, ¡y yo no soy así! ¡yo nunca sonrío! Yo soy seria, seria, seria.
Akaashi soltó una risa.
—¿Es Atsumu una persona celosa? —preguntó Akaashi— Por ejemplo, si le llegara el rumor de que tú y yo hemos quedado hoy en el club del queso… ¿eso lograría, de alguna manera, que atendiera tus llamadas?
—No lo sé…
Se tomaron una selfie juntas, que subieron a sus redes sociales.
Kozume fue la primera en darle me gusta.
Las mejillas de Akaashi volvieron a teñirse de un suave escarlata. Fue cuando se le ocurrió…
—Omi-san, creo que tengo un plan…
. . . .
Akaashi golpeó dos veces antes de entrar en la habitación de Kozume, quien no se volteó a saludar. Estaba muy inmersa jugando videojuegos. Cualquier desconcentración podría significar la derrota absoluta. Akaashi, completamente acostumbrada a los vicios de su novia, no se molestó por tan frío recibimiento. Al contrario, se recostó en la cama, se acomodó las gafas de lectura, y sacó un libro de su bolso.
Unos veinte minutos más tarde, Kozume puso en pausa la partida y dejó el control a un lado.
—¿Hace cuánto estás aquí?
—No mucho, apenas he avanzado un capítulo de mi libro.
Kozume se dejó caer en la cama junto a Akaashi, le quitó el libro de las manos y se colocó ella las gafas que usaba Akaashi para leer.
—No estás tan ciega, ¿por qué usas gafas? ¿Es para hacerte la intelectual, cierto?
—Son para descansar. Si no las uso, luego me dolería la cabeza. Si me duele la cabeza, me pongo gruñona. A ti no te gusta cuando me pongo gruñona.
—Sí me gustas gruñona —le dio un besito en los labios que rápidamente se animó y subió en intensidad. Acabaron rendidas, mirándose a los ojos, sin dejar de acariciarse.
Apenas llevaban unos meses de relación. Kozume no sabría indicar una fecha en el calendario. Se dieron unos besos tontos en una fiesta, y por un tiempo se evitaron, hasta que volvieron a reencontrarse y volvieron a besarse. Trataron de hablarlo una vez, pero discutieron, porque Kozume no quería ser la «novia» de nadie. No le gustaban las etiquetas, y pensaba que unos besos tontos no significaban nada.
Pero luego comprendió que no eran unos besos tan tontos. Cuando discutían, se sentía triste, cuando se separaban, la extrañaba, y cuando hablaban, se sentía enamorada.
A lo mejor llevaban más que «apenas unos meses de relación», pero hace apenas unos meses Kenma había aceptado sus sentimientos. Honestamente, todavía se sentía incapaz de pronunciar en voz alta la palabra «novia», si bien lo aceptaba como su realidad. Por lo mismo, ninguna de sus amigas estaba al tanto del upgrade de su relación con Akaashi, y hasta no ser capaz de decirlo, le pidió a Akaashi guardar silencio.
A Kenma le costaba hablar muchas cosas. A la propia Akaashi no era capaz de confidenciarle aún todos sus secretos. Por ejemplo, que le gustaba el yaoi, que incluso leía doujinjis y fanfictions al respecto. Que tenía una carpeta encriptada llena de fanarts para mayores de edad. Que le iba el Mpreg, el furry. De solo pensar en que Akaashi pudiera descubrir todo aquello, temblaba.
Como cuando Akaashi le dijo, mientras se acariciaban:
—Kozume-san, tenemos que hablar.
—Oh no. —Kozume se incorporó, apartándose el cabello del rostro—, ¿Vas a romper conmigo?
Y vino a su mente su carpeta encriptada. El terror le hizo perder los colores.
—No, por supuesto que no. No te alarmes así, ven.
—Entonces para qué me dices que «tenemos que hablar». Es la frase típica que usas cuando vas a romper con alguien, tantas sitcom no pueden estar equivocadas.
—¿Sitcom? —Akaashi sonrió—. Tú no ves esos programas.
No, no los veía, pero era un cliché en cualquier fanfic, sin embargo, ¿cómo admitirlo? Mejor que pensara que era una persona de sitcoms.
—Nadie dice «tenemos que hablar» si no quieres romper con esa persona. Así que te pido, si vas a romper conmigo, que seas un poco más original y no recicles ninguna fórmula trillada.
—No voy a romper contigo, boba. Pero luego de lo que te voy a contar, quizá tú quieras romper conmigo…
Kozume brincó hacia atrás, como poniéndose en guardia. Una cosa era los secretos que le guardaba ella a Akaashi, y otra cosa los secretos que le guardaba al mundo.
—¡No! ¿Bokuto ya se enteró? ¡Te dije que no necesitaba chocolates para San Valentín! ¡Te lo dije tantas veces! —Kenma empezó a dar vueltas por la habitación—. ¿Ahora que hago? Bokuto obviamente se lo contará a Kuro, y si Kuro se entera por Bokuto antes que por mí… Akaashi, qué hiciste.
—Tranquila, hey, eso no es lo que ha sucedido…
—¿No es eso?
—No, Bokuto todavía piensa que mi novia secreta es Sakusa-san.
—Ahh, bueno —aunque aquello lo aliviaba, era muy temprano para bajar la guardia—. ¿Entonces de qué se trata?
—Recuerdas que Sakusa me pidió que jugase con ella en la Myaa-Camp, ¿cierto? Yo le dije que sí, a ti también te pareció buena idea. Pues, necesito que tú también vayas al torneo.
Kozume se rió. Akaashi no lo hacía.
—¿Yo? ¿A la playa? Olvídalo. A qué iría, ¿a verte jugar? Puedo hacerlo desde mi computadora, las Miyas dijeron que transmitirían vía streaming.
—No me has entendido, no quiero que vayas a ver, sino a jugar.
Kozume volvió a engrifarse.
—¿Entonces es cierto? ¿Quieres romper conmigo, no? No te inventes cosas extrañas y se valiente.
—Ya basta, no quiero romper contigo. ¿Qué sucede? Estás igual de paranoica que Miya Atsumu.
—¿Cómo puedes hacer una comparación tan injusta? Por supuesto que no me parezco en nada a esa zorra con 100k seguidores.
—Salvo, quizá, que ambas se tiñen de amarillo, que ambas tienen canales de YouTube, y que ambas son unas paranoicas que solo piensan que sus novias las quieren dejar.
Kozume había iniciado recientemente un canal dedicado a videojuegos. No tenía muchos seguidores, pero una de las personas que la seguía era la chica SunaRin, la tercera Miya, y a veces hasta dejaba comentarios en sus videos. Estaba segura de que varios de sus seguidores llegaron gracias a los comentarios de SunaRin. Era la única Miya que le agradaba, si bien técnicamente no era una Miya.
No le molestaría ir a la Miya-Camp, por mucha arena que hubiera, si eso implicaba conocer en persona a SunaRin. Una selfie con SunaRin sin duda haría crecer el número de visitas de su canal. Sin embargo, preferiría no tener que jugar.
—¿Qué está sucediendo, Akaashi?
—Es muy complicado de explicar, porque no tiene ni pies ni cabeza, pero el resumen se condensa en esta propuesta: quiero que ocupes el lugar de Ushijima-san y seas la compañera de equipo de Miya Atsumu.
Kozume se rió, pero Akaashi nuevamente se mantuvo seria.
—¿Hablas en serio? ¿De verdad hablas en serio?
Akaashi extendió esa sonrisa vil y demente, casi despiadada, esa misma sonrisa que había enamorado a Kozume desde el principio.
—Ya, bueno.
Al parecer no le quedaba a de otra.
Spoiler Alert
Akaashi miró hacia atrás. Por encima del archivador, m&m asomaban sus ojitos curiosos.
—Deben ser ellas —dijo Akaashi y se explicó, aunque ni Kozume ni Omi-chan parecían muy interesadas—. Han conversado todo el viaje de fanfics, apenas he podido concentrarme en mi lectura. Yo no sé si serán troles o qué, porque las cosas que dicen no tienen sentido.
