.

MiyaFour vs Aobadivas

Universo Genderbend

Disclaimer: personajes no son míos


Anteriormente: Oikawa está enterada de los sentimientos de Iwaizumi por ella, y aunque guarda esperanzas de que jueguen en la Miya-Camp, le ha pedido a Makki ser su backup. Akaashi, que sale con Kenma, le ha pedido que sustituya a Ushijima Wakatoshi como compañera de equipo de Miya Atsumu. Y Miya Atsumu no tiene idea de nada.


VI. Expreso a Hyogo

Makki estaba de mal humor. Se le había adelantado la regla tres días. A ella, que era un reloj. De camino a la estación de Sendai, donde quedó de reunirse con sus amigas, pasó a una farmacia a comprar toallitas.

Mattsun esperaba sentade frente al tablón de horarios. Makki le arrojó su maleta, su fiel archivador, y se dejó caer a su lado, brazos cruzados.

—¿Fue tu culpa, cierto? —le increpó Makki—. Te desincronizaste y me jodiste el ciclo.

—¿De qué hablas?

—Se me adelantó la regla tres días, a mí que soy un reloj. Esto claramente no es culpa mía, sino de alguien que se ha desincronizado. Dime, ¿fuiste tú, cierto?

No había nada científico que apoyara la teoría de que los ciclos menstruales se sincronizaban, pero a las aobadivas les sucedía que a todas les bajaba la regla el mismo día. La única vez que se desincronizaron todes, fue aquella vez que Oikawa sufrió el retraso, y tanto m&m como Iwaizumi, creyéndose Diosa Hera, que concibió por sí misma al feo de Hefesto, corrieron asustades a comprarse predictores, para salir de dudas. Como era de esperarse, dieron negativos.

Sin dejar de correr, llegaron hasta el gimnasio, en busca de Oikawa, y la obligaron a hacerse el test de embarazo.

Luego que a Oikawa le bajara la regla, sus ciclos no habían vuelto a desincronizarse, hasta ahora. Makki incluso escribió un fanfic basado en esa experiencia. Una cosa era un retraso, pero ¿un adelanto? ¿Para la Miya-Camp? Makki sentía que no había consideración en la vida.

—No me mires a mí, Makki, yo no puedo tener la culpa —se defendió Mattsun—. Deben ser Iwaizumi, Oikawa, o ambas. Esas dos con sus disputas sin resolver nos están perturbando la psique a todes.

Luego de meditarlo un momento, Mattsun le regresó el bolso y el archivador a Makki y decidió comprarse una cajita de tampones, por precaución. Regresó con cafés para ambes. Makki, quien no había perdido el tiempo para avanzar en sus historias, cerró el archivador y recibió su café.

—¿Qué escribes esta vez? —preguntó Mattsun, haciéndose un hueco junto a Makki.

—De lo estúpidas que son Oikawa e Iwacchan, solo que Oikawa es Sanji mientras Iwacchan es Zoro.

—Así que otro SoZan inspirado en ese par… hablando de ships conflictivas…

—¿Sí?

—¿Crees que Iwacchan aparezca hoy?

Makki se acomodó el gorrito que usaba ese día, a juego con su abrigo de deporte lila.

—Más le vale. No estoy con humor para jugar por Iwacchan precisamente en estas condiciones. Me he dopado a analgésicos, anticipando los cólicos. Debí quedarme en casa, pero si llegara Iwacchan, no lo sé, me gustaría estar para recibirla. Esa mujer se extraña cuando no está. Admito que estoy nerviosa.

—Entiendo el sentimiento. Estuve hablando con Oikawa el otro día —continuó Mattsun—, a lo mejor estaré paranoique, pero me dio la impresión de que Oikawa estaba al tanto de los sentimientos de Iwaizumi.

Makki bajó la mirada, incapaz de mirarle.

—¿Ah sí?

—Solo me dio esa impresión.

Makki se preguntaba qué más habrían hablado. Quizá fuera la inestabilidad hormonal, o su cercanía con Mattsun en ese momento; de pronto a Makki la abordó la melancolía.

—¿Qué opinas tú, Mattsun? —susurró, bajando cada vez más la mirada, abrazando su archivador con fuerza—. ¿Iwacchan debería decirle a Oikawa cómo se siente?

—Esa es una decisión que le corresponde tomar a cada persona.

—¿Pero si estuvieras en su lugar? ¿Tú qué harías?

Mattsun dejó el café a sus pies. Miró a los cielos, como buscando su respuesta.

—Si fuera yo quien tiene que tomar esa decisión… supongo que me confesaría.

—Sí, claro… Lo dices como si fuera tan sencillo de hacer…

—No creo que sea sencillo. Sin embargo, ¿compensará callárselo? Cuando cargas con un secreto, en algún momento, estos acaban esclavizando a tu corazón. El esfuerzo de mantener un secreto oculto es asfixiante. Ya cargué con un secreto por mucho tiempo, y lo mejor que me sucedió, fue decirlo.

»Además, si ese secreto no es otra cosa que un sentimiento tan bonito como el amor, hallaría el modo de que la otra persona lo supiera. Tal vez no con palabras, o no con las palabras exactas, pero trataría que, de alguna manera, lo comprendiera.

Makki bebió un sorbo de su café. Estaba dulce, como a ella le gustaba. No era un café cualquiera, sino un mocaccino, y con crema. Makki sabía que los mocaccinos en la estación no eran precisamente baratos, mucho menos si se cuenta con presupuesto de estudiante. Especialmente si le añadías la crema, que la cobraban aparte.

Makki miró con sorpresa a Mattsun.

—Mattsun… ¿acaso Oikawa te habrá dicho…? No, ¿acaso tratas de decirme algo más…?

—¡Hey! ¡Chiques!

Corriendo la maratón de su vida, interrumpía Iwaizumi lo que pudo ser el momento más romántico de la vida de la pobre Makki, cuyo corazón ya no daba más, pero valiente como era, se recuperó enseguida de su sobresalto. Iwacchan transpiraba la gota gorda, su cabello se alzaba al viento, y su bolso deportivo rebotaba a cada zancada que daba. Makki y Mattsun alzaron los brazos al cielo y corrieron hasta ella. Se reunieron en un abrazo, dando brincos y girando alrededor, sin pudor por el espectáculo que armaban con sus gritos.

—Lo siento, lo siento mucho —se disculpó Iwaizumi cuando dejaron de saltar—. Últimamente no he sido yo. Ni siquiera tenía planeado venir, pero, la cosa extraña, me ha bajado la regla ayer en la noche, a mí, que soy un reloj. Desde el retraso de Oikawa jamás nos habíamos desincronizado, y no sé… pensé que no llegaba. Por cierto, ¿dónde está Oikawa?

—Es cierto, quedan solo cinco minutos para que llegue el tren —dijo Makki señalando el tablón de horarios—, nosotres no le hemos visto.

Matsukawa llamó desde su teléfono. Lo puso en altavoz.

Oikawa estaba sin aire.

—¡Alcanzo a llegar! ¡Sé que alcanzo! —jadeaba Oikawa desde el auricular. Se escuchaba el sonido de los vehículos— Solo… me faltan… unas calles… ¡señora fíjese…! ya llego…

—¡Por qué te atrasaste, estúpida!

—¡¿Iwacchan?! ¿Estás allí?

—Como no llegues, te parto tu trasero de diva en gajos.

Lo que le sucedió a Oikawa fue que perdió tiempo lavando sábanas porque, ¡cosa rara!, se le había adelantado la regla, a ella que era un reloj, y entre eso e ir a la farmacia por tampones, se le hizo muy tarde. Oikawa colgó sin dejar de correr. Iwacchan finalmente había aparecido. Le embargaba un torbellino de emociones. Estaba furiosísima. Y alegre. Y quería llorar. Y también quería cagarla a piñas. Y abrazarla. Decirle que era una estúpida. Una hipócrita. Una fea. Que nunca más, Iwacchan. Nunca más se te ocurra ser tan estúpida, hipócrita y fea.

Dios mío, que Iwacchan, su mejor amiga, estaba en el andén, aguardando por ella cuando ni Oikawa estaba segura si alcanzaba a llegar, pero tenía que lograrlo, porque tenía que patearle el trasero a Iwacchan por ser tan burra. Es que era una burra. Casi alcanzaba el nivel de burrez de las Shiratorizawas.

La estación estaba solo a unos escasos metros.

El shinkansen de la línea Tohoku-Hokkaido llegó en ese momento.

Las m&m e Iwacchan abordaron el tren, se quedaron en la puerta, aguardando el milagro.

La promesa del atletismo nipón atravesaba la estación a toda velocidad.

—¡AHÍ VIENE! —gritaron.

—No va a alcanzar —se urgió Makki.

—¡No digas eso! —gritó Iwaizumi—, ¡Oikawa! ¡Apresúrate Oikawa!

La promesa del atletismo saltó un basurero, esquivó a un hombre ciego con su perro. Las luces que alertaban el cierre de puertas se encendieron. Oikawa estaba a 200 metros. Una voz neutra indicaba el siguiente destino. Oikawa estaba a 100 metros. En un arrebato de locura, Makki empujó a Iwaizumi fuera del tren y le tiró el bolso en la cara. Las puertas del vagón se cerraron.

—¡Dile que la amas! ¡Dile que la amas, maldita sea! —alcanzó a oír que Makki le gritaba trastornada de la locura.

El tren se fue.

Oikawa, a unos diez metros, trataba de recuperar el aire. Iwaizumi se acercó a paso raudo.

—Iwacchan, por favor perdóname, de verdad lo intenté.

Cerró los ojos, esperando su golpiza. En lugar de ello, recibió el abrazo y las lágrimas de su mejor amiga.

Mientras, en el tren, Mattsun no podía creer a Makki ni lo que acababa de ver.

—¿Qué has hecho?

—¡Lo que tenía que hacer! —y dado que estaba en tal estado de euforia, no se calló más—. ¿Fue Oikawa quien te contó, cierto? ¿O te enteraste tú, por tus medios? Yo… no sé interpretar un mocaccino con crema, Mattsun, pero me doy cuenta de que sabes cómo me siento. Y ahora estamos atrapades en un tren, con cuatro horas de viaje por delante, no me siento capaz…

—Oye, tranquila —le pidió Mattsun—, busquemos nuestros asientos primero.

Sin dejar de temblar, Makki arrastró su bolso por el pasillo, seguida de Mattsun, hasta dar con los asientos impresos en sus boletos. Makki acercó su nariz a la boca de su vaso. Sentía su rostro arder. El aroma del chocolate era tan agradable, que solo ayudaba a intensificar su turbación. Los nervios la superaban completamente.

Mattsun, a su lado, se inclinó hacia adelante, buscando su rostro.

—Déjame hablar primero —pidió Mattsun, mirándole los ojos—. Honestamente, no sé por qué seguimos siendo amigues de Oikawa, pero a veces sus estupideces guardan buenas intenciones. ¿Te traicionó? Por supuesto. Pero tú traicionaste a Iwaizumi, así que no puedes quejarte.

—También guardaba buenas intenciones…

—Lo sé. Tú estás más loca que Oikawa, de eso no hay dudas, en especial luego de verte sacar a patadas a Iwaizumi, la mujer más fuerte de la tierra (no me interrumpas, cada vez que cuente está historia, diré que sacaste a patadas a la mujer más fuerte de la tierra).

»Lo que quería decirte, de no ser por Oikawa, puede que jamás me hubiese replanteado lo que siento por ti. La verdad es que me confunde esta situación. Tú seguirás tus estudios en Tokio. Yo me quedaré en Sendai. No sé si pueda funcionar algo así. Pero… tampoco quiero quedarme con la duda. Eso es lo que significa un mocaccino con crema.

—Ahh…

—¿Qué sucede?

—Es solo… —Makki observaba el paisaje al otro lado de la ventanilla. El cielo apenas empezaba a aclarar, muchas luces seguían encendidas. No sabía por qué, esas luces le recordaban a Mattsun, a quien no era capaz de mirar—. Hubiese preferido una respuesta como que estabas loque por mí… entonces nos abrazaríamos, lloraríamos de dicha, y yo por fin experimentaría lo que era la adolescencia. Ese tipo de café…

—Eso no es un café, es un chocolate caliente. No he dicho que no me gustes… he dicho que no había pensado en ello antes. Y ahora que lo he pensado, aunque hay dudas… Oikawa me dijo que tú también dudabas. Ningune de nosotres quiere estropear lo que ya hemos construido, pero…

Mattsun acarició su flequillo rosa. Makki se giró. Los ojos oscuros de Mattun brillaban como las luces al otro lado de la ventanilla. Unos ojos que nunca dejarían de brillar, aunque aclarara el cielo. Muy lentamente sus rostros de acercaron. Un beso con sabor a mocaccino.

. . . .

Omi-chan, la número 1, se reunió junto a Akaashi y Kozume en la estación de trenes de Tokio. Solo Kozume iba con el buzo de la escuela, no tenía otra ropa de deporte en su guardarropa. Akaashi y Omi-chan vestían prendas deportivas de marca, y llevaban en sus bolsos tenidas aptas para vóley playa, con colores a juego ya que formaban un equipo. Esperaron las tres muy juntas en el andén la llegada del tren.

Makki y Mattsun bajaron en la estación de Tokio para hacer trasbordo con el shinkansen de la línea Tokaido-Sanyo. Caminaron en círculos casi diez minutos. El altoparlante les indicó la llegada del tren. Omi-chan, Akaashi y Kenma ocuparon sus asientos, las novias juntas, y Omi-chan frente a ambas. Makki y Mattsun tuvieron que correr. Mattsun, que era más rápide, agarró a Makki de la mano y la obligó a subir de velocidad. Volaron algunas hojas del archivador de Makki, las dieron por perdidas. Abordaron justo a tiempo. No podían dejar de reír. Solo Akaashi reparó en ellas.

El tren comenzó su marcha. Sin dejar de reírse, m&m pasaron por el lado de Omi-chan, Akaashi y Kozume, sin fijarse. Cuando llevaban algunos metros recorridos, Omi-chan se acordó que faltaba gente.

—¿No se suponía que venían también Kuroo-san y Bokuto-san?

En su asiento, Makki revisaba el material perdido. Akaashi sonrió con malicia a la pregunta de Omi-chan. Kozume, quien apenas tomó asiento había desfundado su consola POP, confesó que las citó a otra hora en la estación de trenes, para asegurarse no viajar con ellas.

—Luego alegaré que fue un error de tipeo —dijo con total tranquilidad y cero ápice de culpabilidad, completamente enfocada en su partida—. Se enojarán conmigo, pero eventualmente lo olvidarán. No tienes que preocuparte.

—No me preocupo, no son amigas mías sino de ustedes… —respondió, dejando las interpretaciones al aire.

—No somos tan malas amigas —le dijo Akaashi—, pero…

Omi-chan se quedó mirándola, esperando alguna continuación. Akaashi no supo qué decir. Quizá, después de todo, no era el mejor exponente de amistad, pero que no se dijese que era una mala novia. Al final, que todo esto lo hacía por Kozume, quien aún no reunía el coraje suficiente para admitir públicamente que incluso alguien como ella era capaz de enamorarse. No, Kozume prefería alimentar las teorías conspirativas de Bokuto-san, haciéndole a Akaashi la vida más complicada.

A veces Akaashi sentía que su vida se resumía en lidiar con gente problemática. También pensaba, que sin esa gente a su alrededor, llevaría una vida bastante aburrida.

—Les pediremos perdón y las obsequiaremos con pasteles, como corresponde —zanjó de este modo su propio entredicho.

A Omi-chan le traía sin cuidado las desaventuras de Bokuto-san y Kuroo-san, pero asintió con cortesía y se subió los cascos, retrepándose junto a la ventana. Que viajaran juntas y que Akaashi fuese su compañera de dupla, no implicaba por ningún motivo que sintiera ganas de conversar todo el trayecto con ella o su novia. Por fortuna, sus acompañantes pensaban igual. Akaashi, sentada al frente suyo, sacó un libro que se veía increíblemente pesado. Kozume, en diagonal a Omi-chan y junto a Akaashi, no apartaba la atención de su consola POP. Sus hombros se rozaban. Omi-chan desvió la mirada. Ella también quería eso.

Quien viese a Akaashi y Kozume juntas, jamás se creería que eran novias, porque no actuaban como tales en público. Era un caso clásico de enemys to lovers. Quien las conociese, diría que ambas eran más bien rivales, y especialmente Kozume, que odiaba perder, podía llegar a ser muy brava. Y, sin embargo, sus hombros se rozaban, buscando inconscientemente algún contacto.

Omi-chan se había enfrentado a los equipos de ambas, a las arpías del Fukurodani y a las gatas del Nekoma, en algunas oportunidades. Ambas resultaron contrincantes interesantes. Akaashi y Kozume jugaban en la misma posición, de armadoras, y las dos eran piezas claves para el diseño de las estrategias de sus respectivos equipos. Las chicas no lo hacían nada mal (aunque no eran Atsumu…). A Omi-chan me animaba jugar contra equipos tenaces como Nekoma o Fukurodani, que gracias a sus estrategias de juego, habían cosechado grandes logros deportivos, pero si se trataba de las clasificatorias a los nacionales, no eran rivales: Itachiyama siempre se imponía debido a su increíble fuerza.

Sin ir más lejos, dos compañeras de equipo de Omi-chan fueron reclutadas para la sub-19. No muchos equipos podían alardear de lo mismo. A Omi-chan, sin embargo, no la llamaron. A Atsumu tampoco. La nómina de seleccionadas le producía escozor. Omi-chan sabía que había atacantes laterales mejores que ella, ¿pero armadoras mejores que Atsumu? No podía evitar cuestionarse, ¿no las habrán llamado por algo tan banal como que eran novias, cierto?

Agitó la cabeza de un lado a otro, tratando de disipar aquellas ideas. Buscó una playlist agradable, a fin de cerrar los ojos y relajarse, aunque fuese unas pocas horas.

Salvo Wakatoshi-chan y su prima Motoya, solía hacer buenas migas con las armadoras. Eran sin dudas personajes peculiares. Miya-san era muy peculiar. Puede que a Kozume le disgustase perder, pero no había comparación con lo demencial que llegaba a ser Miya-san desatada. Quizá Omi-chan no estaba a la altura de una sub-19, pero Atsumu daba la talla claramente.

No podía ser que no la hubiesen considerado por algo tan caprichoso como que ambas eran novias. Ya basta, Kiyoomi, no pienses más en eso. Buscó una canción que le recomendó Wakatoshi alguna vez. Le había sorprendido porque nunca se imaginó que Wakatoshi fuese una persona que escuchase música o tuviese algún otro pasatiempo aparte de jugar vóleibol, y cuando descubrió que Wakatoshi oía pop de divas, tuvo que preguntárselo.

—¿Ariana Grande? ¿De verdad, Wakatoshi?

—Ariana la Grande —corrigió Wakatoshi a Omi-chan—. Suelo escucharla antes de cada partido o cuando salgo a correr.

—¿De verdad te gusta esta música? ¿O es algo que te ha obligado a hacer Tendou? Porque, tengo que decírtelo, muchas de estas supuestas «reglas del mundo» son mentiras de Tendou.

—No me agrada ni me desagrada, pero es la música que oye Oikawa.

—Ah, por supuesto, Oikawa…

Cualquier persona que hubiese compartido una concentración de entrenamiento junto a Wakatoshi, un vestuario, o la cola para usar una máquina expendedora, lo más probable era que la hubiese oído pronunciar ese nombre en alguna oportunidad. La tal Oikawa era un mito urbano de las concentraciones de entrenamiento y de los nacionales.

Por ser amiga de Wakatoshi-chan, varias personas se habían atrevido a preguntarle a Omi-chan si conocía a la tal Oikawa. Omi-chan logró recabar cierta información. Además de oír a Ariana la Grande, Oikawa hubo ganado el premio a mejor armadora en varias oportunidades, usaba zapatillas marca Asics, y debió ingresar al Shiratorizawa. Y eso era todo. Wakatoshi ni siquiera le había enseñado alguna foto de la tal Oikawa.

Se preguntaba Omi: ¿sería bonita? Aunque hubiese ganado varios premios en Miyagi, si nunca había llegado a algún nacional, no podía ser tan buena como Wakatoshi afirmaba, así que solo se le ocurría que la chica era bonita. Estaba deseando conocerla y enfrentarse a ella para derrotarla. Para decirle a Wakatoshi que su famosa Oikawa no era tan grande como Ariana Grande. Que era Ariana Grande, no La Grande. Ya basta Wakatoshi, cómo era posible que para el vóleibol fuese una crack, pero en todo lo demás solo sabía comer papas.

Buscó en su teléfono el grupo LINE de las MiyaFour. Les informó que iba en camino junto a Akaashi y Kozume. SunaRin respondió enseguida (algo esperable de ella). Samu le siguió, respondiendo con un emoji del signo de la paz. Atsumu se demoró un poco más.

Los últimos días apenas se había escrito con Atsumu. Según ella, la organización de la Miya-Camp absorbía todo su tiempo. Omi-chan le sugirió, si estaba tan atareada, que le diera alguna obligación, para desahogarla. Miya-san le dijo que no se molestara.

—SunaRin —se atrevió a preguntarle Kiyoomi, la única Miya que respondía sus llamados—, ¿Atsumu tiene algún problema?

—¿Te refieres a un problema mental? Sí, varios.

—No. Quiero decir… no lo sé. Ha estado distante conmigo. Me preguntaba si podría haber alguna razón que desconozco. Un familiar enfermo, un problema escolar… o si soy yo.

Al final, Omi-chan no pudo evitar preguntarlo.

SunaRin lo pensó un momento.

—Eres la primera novia de su vida, es obvio que está verde y por no querer arruinarlo, lo está arruinando. Solo te pido un poco de paciencia. Yo he tratado de hacer lo que está a mi alcance, pero… el día del torneo de vóleibol playa podrán hablar y ordenar sus asuntos. No te inquietes tú también.

—Lo sé. Es solo…

—¿Sí?

—Gracias por cuidar de Atsumu.

No se atrevió a compartir sus reales dudas. La Miya-camp comenzó por las inseguridades que Wakatoshi le inspiraba a Atsumu. Y luego se publicó la lista de la sub-19, tan heterosexual. A lo mejor Miya-san sacó en conclusión que una relación homosexual podría suponer un problema y trataba de distanciarse de Omi-chan… No, ya basta, Omi. Si acaso Miya-san guardase semejantes dudas, no trataría de distanciarse de Omi-chan, al contrario, lo habría denunciado. Tenía que confiar en SunaRin y ser paciente.

Joder, Ariana la Grande no la estaba ayudando a distraerse. Maldita seas, Wakatoshi y tus gustos musicales tan de diva. Maldita seas tú también, Oikawa.

—Hey, ¿pasa algo? —preguntó Akaashi al ver a Omi-chan alzar un puño al cielo, como si discutiese con un ser invisible.

—¡Es que esta música está mal!

Akaashi pensó que la Omi estaba loca, pero como ya lo sabía, no le dio importancia y volvió a sumergirse en su lectura. Kozume jugaba como si nada. Omi-chan, completamente roja, volvió su mirada a la ventana.

Akaashi tenía el estúpido plan de que Kozume ocupara el lugar de Wakatoshi. Se había inspirado en el mito urbano de la tal Oikawa, porque incluso Akaashi había oído alguna vez de la tal Oikawa que no ingresó al Shiratorizawa.

La idea de Akaashi era hacer creer a Atsumu que, en el área metropolitana de Tokio, Kozume era otro mito más. Si Atsumu se enteraba de ese nombre por Omi-chan, no dudaría de que Kozume era una gran adversaria y lo único que tenía que hacer Omi-chan era precisamente deslizar su nombre sutilmente en alguna conversación con su novia. Pero eso fue antes del black-out mediático de Atsumu. Kiyoomi no quiso admitir a Akaashi que Miya-saan ahora no solo no le respondía las llamadas, sino ignoraba cada uno de sus mensajes, y le mintió cuando le informó que ya había cumplido con su parte del plan.

Omi-chan tenía su propio plan. Apenas viera a Miya-san… bueno, no tenía un plan realmente, pero era obvio que ya no podía seguir el plan de Akaashi. Su plan era que ya vería qué hacer apenas viera a Miya.

Qué difícil era ser adolescente, se lamentaba Omi-chan.

Cuando el expreso llegaba a la estación de Kyoto, Kozume recibió una llamada. Les mostró el teléfono a las demás. Se trataba de Kuroo-san.

—¿Dónde se metieron? —preguntó Kozume, sin arrugarse al actuar—. Como no llegaban, al final hemos abordado el expreso sin ustedes… ¿cómo que acabas de llegar…? ¿acaso no viste mi mensaje…? Estoy segura de que no puse esa hora… No, Kuro, te estás equivocando, te dije… Akaashi y Omi-chan, la número 1, han llegado ambas… ¡Te estás equivocando! ¡Yo no te cité a esa hora…! ¿Kuro? Oye, ¿Kuro? —Kenma observó su teléfono, luego a sus compañeras de viaje—. Me ha colgado.

—Debe ser una de las canalladas más grandes que hayas hecho en la vida —le dijo Akaashi ¿halagándola?

—Bueno, aprendo de la mejor —respondió Kenma, ¿ruborizándose?

Omi-chan las miraba de hito en hito. Había que irse con cuidado con las armadoras.

—Ustedes están mal. Realmente no puedo creer que traten a sí a sus amigas. Y no solo son sus amigas, también son sus senpai. Cómo pueden…

—Tranquila Omi-chan —le interrumpió Akaashi—, no será así contigo… por ahora.

Las orejas supersónicas de Makki, unos pocos asientos de distancia, rescataron las últimas frases de aquella conversación. Miró a Mattsun.

—¿Escuchaste lo mismo que yo? —susurró con cara de loca, pero no se aguantó a que Mattsun lo dijera, lo tuvo que vomitar encima—, creo que Omi-chan, la número 1, está aquí.

—¿De qué hablas ahora?

—La cuarta Miya, Mattsun. La cuarta Miya está en alguna parte de este tren. Estoy segura. Al principio me pareció… y luego… creí escuchar que alguien pronunciaba su nombre, y ahora estoy convencida de haber oído la voz de Omi-chan.

—¿Cómo puedes reconocer siquiera la voz de Omi-chan?

Shhh, calla, habla más despacio. Por los videos de SunaRin, Mattsun. Es obvio que he visto esos videos cientos de veces, me conozco las voces de todas las Miyas de memoria. O sea, la duda ofende.

—Tu nivel de stalker da miedo. Espera, sí, tienes razón, la estoy viendo.

—¿Quééééé? —Makki le apretó el brazo a Mattsun. Mattsun se soltó y le tapó la boca. Con su dedo indicó al tercer puesto delante de ellas, en la corrida de asientos al otro lado del pasillo. Omi-chan compartía asiento junto a otras dos chicas a quienes solo les veían las espaldas.

En silencio, Mattsun apuntó la cámara de su teléfono hacia Omi-chan.

Se la envió a Iwaizumi y Oikawa.

Kenma vio, por el reflejo de su consola pop, a esas dos stalkers que les sacaban fotos y luego reían entre ellas. Dejó la consola a un lado, sacó su propio teléfono, y lo usó a modo de espejo, para observar los rostros de las chicas. Las evaluó rápidamente.

Parecían ser de su edad. La de los piercings era grande y voluptuosa, bajo el abrigo vestía con minifalda y una crop-top que a Kozume le daba frío de solo verla. La del cabello rosa iba con ropas de deporte y un lindo gorrito lila acorde con el día tan frío. Sobre sus cabezas colgaba un bolso de deporte. Supuso que también iban a la Miya-Camp. Parecían enamoradas.

—¿Las conoces? —preguntó a Omi-chan. La número 1 se bajó los audífonos.

—¿Disculpa?

—Que si conoces a esas dos chicas… la del cabello rosa y la de los aros. No atrás tuyo, adelante, en la hilera de asientos contraria.

Omi-chan no tardó en encontrar a las chicas que encajaban con la descripción de Kenma. La del cabello rosa moduló algo como «¡Nos está mirando!», y la morena de los aros abrió un archivador tras el cual escondió el rostro de ambas. Omi-chan se encogió de hombros: no le sonaban de nada. Akaashi miró hacia atrás. Por encima del archivador, m&m asomaban sus ojitos curiosos.

—Deben ser ellas —dijo Akaashi y se explicó, aunque ni Kozume ni Omi-chan parecían muy interesadas—. Han conversado todo el viaje de fanfics, apenas he podido concentrarme en mi lectura. Yo no sé si serán troles o qué, porque las cosas que dicen no tienen sentido.

Kozume puso en pausa su partida. ¿Fanfics? ¿Acaso Akaashi conocía el término? ¿Akaashi, esa chica que de Proust no bajaba? ¿Esa Akaashi? ¿Su novia Akaashi? ¿Fanfics y Akaashi? No, debía haber un error. ¿Acaso…? ¿Podría ser…? ¿Akaashi sabría…?

¿La estaba poniendo a prueba? ¿Akaashi trataba de insinuar algo más?

En cara de póker, no me gana nadie —pensó Kozume, reiniciando la partida.

—¿Fanfics dices? ¿No es eso una lectura muy anodina para usted, señora Proust?

Omi-chan, anticipando alguna clase de pelea, le subió el volumen a Ariana Grande.

—No diga que los lea —continuó Akaashi guardando tanto su libro como sus lentes de lectura—, solo digo lo que he oído. A ratos hablaban bastante fuerte y, en fin, fue divertido.

—¿Ah, sí? ¿Qué fue lo que oíste?

—Te vas a reír. Era un fanfic de One Piece. Al parecer Sanji tuvo un retraso en su menstruación, porque, de alguna manera, Sanji, aunque era hombre, menstruaba. Y se lo comentó a Zoro, pero como Sanji era virgen, Zoro creyó que Sanji gestaba en su vientre al Dios Hefestos. Figúrate la chorrada. Zoro le compró un predictor de embarazo, pero la orina de Sanji era tan ácida que desintegró el predictor, y de los vapores nació la Diosa Afrodita, quien se comió los genitales de Sanji para evitar que Hefesto volviese a nacer por segunda vez en la historia de la humanidad.

Kenma no rio. Sentía que sudaba en frío.

Ese era el argumento exacto de uno de los fics más troles que Kenma haya leído en toda su vida fujoshi. ¿Realmente Akaashi escuchó todo aquello de las stalkers ubicadas unos asientos atrás suyos? ¿O es que Akaashi sabía de qué hablaba y estaba poniéndola a prueba? No sería capaz… ¿Acaso Akaashi se inmiscuyó en su teléfono, encontró dicho fanfic, lo leyó, y ahora estudiaba sus reacciones buscando la manera de dejarla en evidencia? Y lo peor de todo, peor aún que la traición que representaba a su intimidad, ¡lo hacía delante de la número 1!

Sin embargo, Omi-chan movía su pie al ritmo de One Last Time porque, según Wakatoshi, era su canción favorita de Ariana la Grande.

Pues bien, si la intención de Akaashi era que Kozume confesara su placer culpable, primero ella tendría que confesar que hubo hurgado en su teléfono. Con calma, Kozume guardó la partida (necesitaba todos sus sentidos atentos), y centró sus ojos dorados en los aceros de Akaashi.

—No está bien oír conversaciones ajenas.

—Tampoco está bien mentirles a tus amigas sobre la hora del tren.

Bien, sea. Akaashi sin dudas quería jugar. Pues iban a jugar.

—Oye, fue un error de tipeo. Estuviste de acuerdo en el error de tipeo. ¿Me vas a decir que no estuviste de acuerdo?

—Lo siento, no sé por qué dije eso, ha sido del todo innecesario.

¿Realmente lo sentía? ¿O Akaashi la hacía sentir culpable para que Kenma confesara?

—¿Qué te molesta, Akaashi? Ya te expliqué lo difícil que es para mí… Por supuesto que me duele mentirle a Kuro, o a ti…

—¿Me has dicho alguna mentira, Ken?

—¿Qué?

—Tú has dicho que te duele mentirle a Kuro o a mí, ¿me guardas algún secreto?

Kozume estaba histérica.

—¿Yo? Cómo crees. Qué te hace pensar eso. Eres tú la que me pones a prueba con preguntas raras y fanfics de los que no sé nada, ¡No sé nada de lo que hablas! Deja de liarme la mente, que eres mala, ¡mala!

Omi-chan, que sí oyó eso, la quedó mirando extrañada. Nunca había visto a Kozume perder los estribos, menos por una bobada.

Y la propia Kozume, avergonzada de su actuación, se levantó con la excusa de ir al baño. Akaashi trató de detenerla, Kozume le pidió que la dejase sola. Un papel pisoteado se le pegó a la suela del zapato. Kozume se encerró en el baño y escondió su rostro tras las manos.

Qué espectáculo. Akaashi tenía razón, era una paranoica. Por supuesto que se sentía culpable por haber engañado a Kuro así. Omi-chan fue testigo cómo perdió los nervios por nada. De seguro hasta las stalkers se percataron. Jaló la cadena del excusado, como tratando de ahogar con ello sus pensamientos.

Akaashi por supuesto que nunca hurgaría en su teléfono, porque Akaashi iba con la verdad por delante, a diferencia suya. De haber descubierto ese secreto que le guardaba, Akaashi no haría algo tan bajo como ponerla en evidencia, mucho menos trataría de dejarla en ridículo con Omi-chan de testigo.

A veces Kozume sentía miedo de la profundidad de sus sentimientos. No quería, por ningún motivo, darle a Akaashi la excusa para dejarla. Ser fan del yaoi sin dudas sería una buena excusa. Pero por guardarse aquello, le estaba dando a Akaashi excusas válidas para que la dejase allí mismo.

Jaló varias veces de la cadena del excusado. No podía seguir callándose. Debía decirle a Kuro que salía con Akaashi. Debía decirle a Akaashi qué le gustaba el yaoi, el furry y el Mpreg. Despegó la hoja adherida a su suela. Era una hoja perforada de color rosa.

Borrador 4

Sanji: Disculpasi te dolio, no controle mi orgasmo…

Saco su pene inchado del ano de Zoro que a hora olia a margaritas (la flor).

Zoro: No me as hecho daño pero tengo miedo

Sanji: Amor, yo te voy a proteger toda la vida.

Zoro: déjame terminar. Trafalgar me dijo que tu semen puede embarasar a mis fetos. Están muy chicos, seria arriesgado. Puedes aser algo para que no pace?

La razon de esa petision extraña provenía de una sensilla razón: Sanji, al ser la madre de Afrodita, su semen estaba formado en realidad por ovulos que se implantan en los uteros masculinos incluso en los uteros de fetos gestantes y son muy mucho fértiles.

Sanji: si te preocupa puedo suxionarlos pero para ello tengo que volver a penetrarte.

Zoro: eso me encantaría. Ahhh, uhhh… Sanji… Avisa antes animal!

Del Miembro de Sanji salieron unos tentaculos de color morado que pusieron los ojos en blanco a Zoro del plaser y la exitasion. Estos tentáculos eran capaces de succionar espermatozoides-ovulos y también intensificaban el orgasmo. Pero sucedio una cosa que Sanji no antisipo. Como era luna llena, Zoro comenzo la transformación porque Zoro era mitad lobo y mitad Dios. Esto puso en alerta a Trafalgar, que estaba en la habitación de al lado haciendo abdominales y el sudor hacía brillar a sus musculos porque estaba bien sabroso y sus pectorales podian hablar.

Pectoral Izquierdo: Hola Trafalgar, Zoro esta transformándose durante el sexxxo.

Pectoral Derecha: Tienes que hacerte un trio con ambos. Es un tratamiento medicinal.

Trafalgar haría lo que fuera por la medicina, y como estaba sabroso, ni a Sanji ni a Zoro les importó su compañía.

(Nota: revisar en la enciclopedia a Dios Ares)

Kozume releyó el papel, sin poder creer lo que veían sus ojos.

Akaashi le acababa de describir el argumento exacto de uno de los fanfics más troles que Kozume haya leído en su vida. Con justa razón, era también uno de los fanfics más conocidos dentro de su fandom, precisamente por su trolez. Adolecía serios errores de ortografía, de anatomía humana, y aparecían dioses griegos cada dos por tres. Mucha gente creía que lo escribió un trol porque, pese a todas sus aberraciones, tenía buena estructura, la narración invitaba a la lectura, y las historias finalmente llegaban a su clímax. Mucha gente se grabó leyendo el fic. Había también videos de reacciones. Incluso alguien dibujó un doujinji.

Por supuesto, alguien había escrito esa historia, pero hasta entonces Kozume jamás había pensado en la mente detrás de esa historia, mucho menos se le había ocurrido ponerle un rostro.

Y de pronto, recordaba a la stalker del cabello rosa, recordaba que el pseudónimo de aquel supuesto trol era PinkDiva, y el corazón le latía a mil.

¿Sería posible? ¿Así de pequeño era el mundo?

Alguien golpeó la puerta del baño.

—Ken, ¿sigues allí? —la voz de Akaashi—. Falta poco para llegar a Kobe.

Kozume dobló la hoja y se la metió al interior del pantalón. Abrió la puerta.

—Discúlpame… Todavía me quieres, ¿cierto?

—No digas eso. Lo siento, Ken, te he puesto en demasiada presión por pedirte participar en la Miya-Camp. Fui desconsiderada contigo, no respeté tus tiempos… No tienes que participar hoy si no quieres. Lo he hablado con Omi-chan, y está de acuerdo. ¿Me perdonas?

Kozume la miró a los ojos, sintiendo que cada vez se enamoraba más de Akaashi.

—No es eso. No me importa jugar, es que… no tengo idea de cómo ser una buena novia…

—Nadie sabe ser una buena novia al principio.

—Y hay cosas que todavía no sabes sobre mí.

—Y yo no quiero obligarte a que cuentes tus secretos, mucho menos aquí, en un tren.

—Pero quiero hacerlo…

Sin embargo, no podía siquiera decirlo. Tuvo una idea. Sacó su teléfono. Escribió en él un mensaje que envió a Akaashi.

«Me gusta el Yaoi».

Akaashi intentó no reírse. Si bien Bokuto-san estaba bien loca y Omi-chan era una reina del drama, su novia les ganaba a todas. Ahora le hacía más sentido la discusión de hace un rato.

—¿Me estás diciendo que tú escribiste la historia que acabo de oír? ¿Es eso?

—No, pero a lo mejor una de esas chicas stalkers lo hizo. La autora de ese fic se llama PinkDiva, Y… mira…

Le entregó la hoja perforada. Akaashi leyó con seriedad, propio de ella.

—La chica del cabello rosa lleva un archivador —recordó Akaashi. Kozume asintió con energía—. Ohh, ¿es tu ídolo o algo así? ¿Esa chica es famosa?

—Bueno, casi nadie del fandom no conoce esta historia, pero tampoco nadie sabe quien la escribió. Y no sé… a lo mejor solo imprimió la historia porque también le gusta el yaoi, pero es extraño que le ponga «borrador 4»y una nota de estudiar a Ares. No sé…

Kozume daba saltitos de los nervios.

—Vaya, realmente estás emocionada. Pasemos lentamente por sus asientos, a ver si puedes ver algo que te corrobore o desmienta tus hipótesis.

A paso de tortuga, pasaron por el lado de m&m. Akaashi simuló atarse los zapatos a mitad de pasillo, dándole a Kozume la oportunidad de husmear.

La chica de los piercings decía:

—Todavía no responden a nuestros mensajes… ¿deberíamos llamarlas?

—No, déjalas. Concedámosles el día. Ya estamos por llegar, ¿me bajas el bolso?

La chica de los piercing regresó el bolso a la del cabello rosa. Akaashi y Kozume continuaron hasta su cubículo.

—¿Está todo bien? —preguntó Omi-chan a Kozume—. Si es mucho para ti, no es necesario que juegues, Kozume.

—No, está bien. Yo…

—Está en shock porque no logra pasar de nivel en su juego, eso es todo —dijo Akaashi guiñándole un ojo a su novia.

El expreso llegó a Hyogo. Mattsun y Makki volvieron a esconderse tras su archivador, para espiar a Omi-chan sin ser percibidas.

Por supuesto, eran percibidas. Kozume, con la POP en mano, seguía el reflejo de las stalkers en la pantalla negra.


Spolier Alert! 1

—¡Siempre has buscado las maneras de alejarte de mí! ¡Primero te haces novia de SunaRin! ¡Y ahora quieres dejar el canal! ¿Acaso te sumarás al canal de SunaRin y juntitas harán reviews de pelis horribles y macabras? ¡Toda la gente me deja, no es justo!

Atsumu estaba llorando.

Una buena hermana trataría de llamar a la cordura y consolar a la otra hermana histérica. Osamu le pegó un derechazo que casi le desencaja la quijada a Atsumu.

Spoiler Alert! 2

—Ah, conque tú eres la famosa Oikawa —Sunarin alzó las cejas, evaluándola de arriba abajo.

Omi-chan, ya vestida, oyó aquello desde muy lejos y llegó corriendo.

—¿Oikawa? ¿Tú eres la famosa Oikawa? ¿Realmente eres tú?

—Al parecer ella es la famosa Oikawa —corroboró Osamu