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MiyaFour vs Aobadivas

Universo Genderbend

Disclaimer: personajes no son míos


Anteriormente: Es el día de la Miya-Camp, el evento que organizó Atsumu con el fin de tener una cita con Omi-chan, la arromántica. Se desincronizan los ciclos de las Aobadivas. Makki y Mattsun acaban viajando hasta Hyogo, mientras Iwacchan se debe enfrentar a Oikawa, que no alcanzó a llegar a tiempo al tren. Bokuto y Kuroo fueron engañadas por el trio de Tokio Omi-Akaashi-Kenma y tampoco abordaron a tiempo. M&M espían detrás del archivador de Makki a Omi-chan y su grupo. Makki está histérica. Kenma está peor. La identidad de PinkDiva podría quedar descubierta.


VII. La Miya-Camp

El día había iniciado muy temprano para las Miyas.

Aunque la playa era pública, de todas maneras, tuvieron que pedir permiso al municipio. Se inscribieron 64 parejas en total. Para hacer la actividad más expedita, las Miyas habilitaron cuatro canchas en la arena. Tendría estructura de eliminatoria, con solo un set para decidir vencedor, elección de lado al azar. Solo semifinales y finales se jugaría al mejor de 3 set. Si no había grandes contratiempos, las Miyas estimaban estar terminando la actividad para las 16:00 hrs.

Le pidieron ayuda a sus compañeras de club de vóleibol para que hicieran de árbitros, porque lo de contratar árbitros con licencia se escaba de cualquier presupuesto estudiantil. Serían Youtuberas y tal, pero no recaudaban mucho ni gozaban de independencia económica. Por fortuna consiguieron varios patrocinios de marcas deportivas y de alimentos. Una marca de isotónicas donó más de cien botellas para la actividad, otra marca de suplementos nutritivos regaló barritas proteicas, y también contaron con muestras de bloqueadores, de lentes protectores y muñequeras de sudor.

Otro apoyo que recibieron las Miyas provino de su propia escuela. Además del preciado trabajo logístico de su club de vóleibol, el club de audiovisuales de Inarizaki asumió la tarea de grabar el evento y reproducirlo por streaming. El club de artes confeccionó identificaciones de las participantes. Y el club de fans, por supuesto, llegó muy temprano a la playa a animar.

Miya Osamu, quien entrenaba sus dotes culinarias, se atrincheró en la cocina dos días previo al evento y preparó tres tipos distintos de onigiris, tanto para cada participante inscrito, como también para todas las personas que les apoyaron en la organización. Su novia SunaRin estaba impresionada. Y cuando probó uno de sus onigiris, fue como si su cuerpo levitara.

—Esto te ha quedado muy bueno, Samu. Qué maravilla… Cada día cocinas mejor, hay que decirlo.

Osamu se quitó el mandil de cocina y se apoyó en el mesón de trabajo. Aunque su novia se devoraba su onigiri con mucho gusto, necesitaba preguntárselo:

—¿De verdad te ha gustado?

—Sí, ya sabes que, si no lo hiciera, te lo diría. Nunca he tenido problemas para decirte las verdades a la cara. A ti y a cualquiera.

—Porque estaba pensando… no, olvídalo.

Hizo un ademán de retirarse, SunaRin la detuvo.

—No seas así, Samu, no me dejes con la duda. Ya empezaste, debes terminar esa idea.

—Bien, te lo diré… Creo que quiero dejar el canal de las MiyaFour…

—Oh… —A SunaRin se le resbaló el onigiri que comía; logró salvarlo antes que cayera al suelo—. ¿y eso porque…?

—Sé que parece una idea algo caprichosa, pero Rin, ojalá me apoyaras en esto. En realidad no tiene nada de caprichoso. Es una idea a la que le he dado vueltas hace un tiempo: quiero tener mi propio negocio de comida.

—Ah, bueno… ¿Con «negocio» te refieres a un canal de comida?

—No, un restorán.

—¿Cómo un restorán virtual? ¿O un canal sobre restoranes, con críticas de comidas y así?

—No, Rin, mira… ser influencer no es exactamente lo mío. Estar pendiente de redes sociales, grabar videos… al principio, cuando nuestros seguidores eran únicamente nuestros compañeros de escuela, fue un proyecto divertido, pero ya no lo es. Gente que no conozco de nada me hace preguntas sobre marcas de ropa para tallas grandes, o lociones para piernas, o lo que sea…, y yo sé que no hay mala intención en esas preguntas, pero no sé por qué me preguntan a mí.

»Y cuando los típicos troles comentan mi aspecto… sé perfectamente que son troles, y por lo mismo trato de restarle importancia, pero… a veces duele…

Rin la tomó de las mejillas.

—Por qué no me dijiste todo esto antes.

Osamu se encogió de hombros.

—No todo ha sido malo, Rin. Me gusta pasar el tiempo contigo y con mi hermana, pero también me gustaría hacer otras cosas. Por ejemplo, organizar la Miya-Camp ha sido muy trabajoso, y lo único que me ha ayudado a no perder la cabeza, fue hacer esta montaña de onigiris. Sentarme a amasar arroz, y luego verte comer con tanto gusto… No digo que vaya a dejar ahora el canal, pero eventualmente… ¿Estoy diciendo una estupidez?

—No, no, no, no es una estupidez, no.

—Te ves turbada…

—Pues, no estaba preparada para oír esto, pero se nota que lo has pensado, así que te apoyaré en lo que haga falta. Solo me habría gustado que me lo hubieses comentado antes. Si alguna vez te ahogué o te presioné para grabar videos o directos…

—No, está bien. Si la forma en que pase el tiempo contigo da lo mismo. Es solo… estamos por empezar nuestro último año de preparatoria… y me gustaría…

—Querida —Rin le dio un besito en los labios—, no me des explicaciones como si me tratases de convencer. Te apoyaré en lo que decidas —otro besito más para luego volver a tomarla de sus blanditas mejillas—. Eres tan bonita, ¿lo sabías? Porque a veces actúas como si no lo supieras.

—Ya basta…

—Eres la más bonita —insistió—. Por cierto, ¿ya lo hablaste con Atsumu?

—No… No sé cómo decírselo…

Sin embargo, Atsumu alcanzó a oír toda aquella conversación, y no pudo quedarse quieta. Entró a la cocina enfadadísima y dio vuelta la mesa. Luego salió por donde entró, dando un gran portazo, y no le vieron el pelo hasta el otro día, muy temprano en la playa, junto a todas las chicas del Inarizaki que las ayudaban a montar el evento. Pasó la noche en casa de Aran, según contó la propia Aran, quien no tenía idea qué sucedía, pero tranquilizó a Osamu lo mejor que pudo. Las peleas entre las gemelas eran tan frecuentes, que a ninguna Inarizaki parecía preocuparle otra pelea más, ni siquiera a horas de empezar la Miya-Camp.

Mientras levantaban el stand de inscripción, Osamu se acercó a su gemela.

—¿Cuánto te va a durar el cabrero?

—No quiero hablar contigo.

—Déjame que te lo explique…

—Que no quiero hablar contigo —Atsumu se alejó con una caja llena de balones de vóleibol, pero botó la caja a la arena y regresó a zancadas hasta su hermana, contradiciéndose—. ¡Por qué, Samu! ¿Eh? ¡Por qué siempre estás alejándote de mí!

—¿«Alejándome»? ¿De qué hablas?

—¡Siempre has buscado las maneras de alejarte de mí! ¡Primero te haces novia de SunaRin! ¡Y ahora quieres dejar el canal! ¿Acaso te sumarás al canal de SunaRin y juntitas harán reviews de pelis horribles y macabras? ¡Toda la gente me deja, no es justo!

Atsumu estaba llorando.

Una buena hermana trataría de llamar a la cordura y consolar a la otra hermana histérica. Osamu le pegó un derechazo que casi le desencaja la quijada a Atsumu. SunaRin por primera vez dejó su teléfono a un lado y sujetó a su novia. Aran-san llegó corriendo junto a un botiquín de primeros auxilios. Antes de poder atender a la herida, Atsumu aprovechó que su gemela estaba inmovilizada para sacarle la madre. Aran solicitó refuerzos. Una manada de chicas del Inarizaki llegaron a separar a las gemelas.

A Osamu la agarraban entre cuatro.

—¡Nadie te está dejando! ¡Cómo puedes ser tan dramática! ¡Eres una estúpida dramática!

Samu se interrumpió. Su hermana, desprovista de fuerza, lloraba con verdadero dolor.

Comprendiendo que ya no había intenciones de lucha, SunaRin miró a las demás chicas, pidiéndoles un poco de privacidad. Se acercó a Atsumu. Le dio una mirada severa a su novia, mientras depositaba una bolsita de hielo en el labio hinchado de Atsumu, y le dijo:

—Nadie quiere dejarte, Tsumu. Cómo alguien, en la vida, soñaría con hacerlo. Sin embargo, es inevitable que acabe sucediendo, porque así es la vida. Pero, aunque nuestros caminos tomen rumbos distintos, siempre estaremos juntas.

Le limpió los ojos con un pañuelo. Atsumu seguía hipando.

—Sé que estas nerviosa porque has planeado este evento mucho, y hoy al fin te verás con Omi-chan, y comprobarás si tus planeas han valido la pena. Pues, déjame decirte que han sido del todo innecesario porque Omi-chan tampoco quiere dejarte, Atsumu. Pero si sigues sin responder sus llamados, o sus mensajes, se va a aburrir. No seas terca y deja de evitarla. Si sigues creando conflictos donde no los hay, apartando a las personas que te quieren de tu lado, al final sí que conseguirás quedarte sola.

Samu también se acercó. De sus bolsillos extrajo más pañuelos desechables. Le entregó uno a Atsumu. Lo recibió sin mirarla. Pidió que, por favor, la dejaran sola.

—¿Acaso escuchaste algo de lo que te dije? —protestó SunaRin.

—¡Solo quiero estar sola un puto minuto! ¿Tanto te cuesta, SunaRin?

SunaRin y Osamu le depositaron sendos besos en la mejilla a Atsumu y ambas se fueron a continuar con la organización del evento.

Le preguntó Osamu a SunaRin.

—¿Se pondrá bien?

—A veces, Samu, puedes ser una verdadera cretina. Sin embargo… Atsumu es la única persona capaz de lidiar con esa cretinez tuya, mira qué suerte tienes.

SunaRin comenzó a subir videos y fotos de cómo iban armando el escenario para el evento. Hacía mucho frío en la playa, había amanecido nublado, y no parecía que el cielo fuese a abrir. Ella y Osamu no jugarían en el evento, pero se encargarían de la recepción de las parejas inscritas, de repartir los víveres, y animar el evento. Las Miyas que sí jugarían, se suponía que eran Atsumu y Omi-chan, la número 1.

Pero Atsumu había desaparecido.

Y Omi-chan…

—Ah, mira, Omi-chan ya viene en camino —se alivió SunaRin al leer el mensaje de Omi quien indicaba que acababa de subir al tren—. Por un momento, de verdad creí que Omi-chan no vendría, cansada de las locuras de Atsumu.

—Ya…

—¿Por qué Omi-chan no te agrada?

Samu no lograba explicarlo. Simplemente, no había química entre ambas.

Después de terminar con varias tareas y subir varias fotos a redes sociales, SunaRin le escribió a Omi-chan la última pelea de las gemelas, para ponerla sobre alerta.

Omi-chan leyó su mensaje cuando ya se había apeado del expreso junto a Akaashi y Kozume. Las tres esperaban en el paradero la llegada de un autobús que las acercara a la playa. Unos metros más allá, refugiades detrás de un archivador con hojas rosas en su interior, se escondían Makki y Mattsun.

—¿Qué sucede? —le preguntó Akaashi a Omi-chan, al darse cuenta del cambio en su expresión.

Omi-chan guardó su teléfono.

—Realmente, no tengo idea… debe ser muy estresante organizar un evento de este tipo.

Y les explicó a grandes rasgos la pelea sucedida entre las gemelas.

Makki le preguntaba a Mattsun:

—¿Te has enterado de qué hablaban?

—No, shhh, ya cállate. Así es imposible enterarse de nada.

Pero Mattsun no vigilaba a Omi-chan, sino que se fijaba en sus acompañantes. La chica menuda refugiada tras una consola POP no había dicho ni una palabra en todo el trayecto hasta el paradero, y aunque sostenía la consola, tampoco jugaba, sino que se trataba de un señuelo: esa menudita se había percatado que eran seguidas, y vigilaba a Makki y Mattsun a través del reflejo en su pantalla.

Normal que las hayan descubierto, pensaba Mattsun mirando de reojo a Makki, quien no era discreta, y su pelo rosa era un imán de miradas.

Pero había otro motivo por el cual Mattsun vigilaba a la menudita. A lo mejor su memoria visual le jugaba una mala pasada, pero estaba casi segure que esa chica también era una youtubera, si bien no tan famosa. No podía recordar, sin embargo, en qué video la había visto.

Un autobús que pasaba por la avenida costanera se detuvo en el paradero.

Omi-chan, Akaashi y Kozume abordaron. Makki iba a subir también, pero Mattsun la jaló del bolso. El autobús se fue sin elles.

—¡MATTSUN! ¡POR QUÉ!

—Porque la rubia se dio cuenta que las seguíamos.

—¡Las hemos perdido para siempre!

—Corta el drama. Sabemos a dónde se dirigen, pero si nos la pasamos espiándolas, no disfrutaremos este viaje, al contrario, nos dejaremos en evidencia y conseguiremos espantarlas. Tú quieres un autógrafo de las Miyas, ¿cierto?

—¡Por supuesto!

—Entonces cálmate y enfría la cabeza.

—¿Eres un robot? ¡Era Omi-chan! ¡Teníamos a Omi-chan a unos pocos metros! ¡Cómo podría calmarme! Soy una persona modesta de clase media, nunca en la vida había estado tan cerca de una famosa… Qué mala suerte que no hayan venido Oikawa e Iwacchan…

—Eso fue tu culpa.

—Me habría gustado verlas a ambas jugar contra las Miyas, pero ahora nadie de nosotras lo hará. Este viaje no está resultando como esperábamos.

—¿Por qué lo dices? ¿No que ibas a jugar tú con Oikawa si no llegaba Iwacchan? Pues yo puedo ser Oikawa por un día. No tengo problema si eso es lo que quieres.

—No digas bobadas, tú ni siquiera trajiste ropas de deporte, y yo estoy con la regla. Sabes que odio jugar con la regla.

—Dijiste que te dopaste a analgésicos, deja de quejarte. Y sobre mi ropa, pasemos a comprar unas calzas para mí y ya está. Puedo jugar con la crop-top y unas calzas.

—Pero… ¿y tus tenis qué? ¿Piensas jugar con esas botas en la arena?

—Las jugadoras de vóleibol playa siempre han jugado descalzas. Deja de poner excusas, Makki. Hemos llegado hasta aquí, ¿cómo no vamos a jugar contra las Miyas?

—Porque se suponía que jugarían Oikawa e Iwacchan, no nosotres.

—Seamos por un día Oikawa e Iwacchan. No te quejes, que tú serás Iwaizumi, por lejos el mejor personaje. Soy yo quien ha salido perdiendo, pero ni modo.

Makki no lo pensó mucho. Iwaizumi era un buen personaje, sin dudas mejor que ser Oikawa.

Buscaron en el teléfono tiendas deportivas en Kobe, y se encaminaron hasta la más cercana de la estación de trenes, con sus meñiques entrelazados.

. . . .

Ya había bastante gente cuando llegaron Omi-chan y compañía al sector de la playa donde se realizaría la Miya-Camp. Mucha gente, seguidores de las MiyaFour, se quedaban mirando a Omi-chan, y algunos incluso se atrevieron a hablarle y pedirle fotos. Omi-chan no había anticipado eso. Al fin y al cabo, ella apenas aparecía en el canal. Ser novia de Atsumu traía esa clase de consecuencias.

Llegaron al stand de inscripción, donde aguardaban las brujas. No se veía Atsumu por ningún lado. Omi-chan intercambió mirada con sus acompañantes. Kenma había guardado la consola POP. Sus ojos, centrados en SunaRin, parecían emitir llamas oscuras. Las inseguridades de Osamu se activaron.

—Omi, tanto tiempo —saludó SunaRin, sorprendida de la compañía que traía consigo su concuñada—, esto sí que es una sorpresa, Omi-chan, ¿eres amiga de Kodzuken? ¿Cómo no nos lo dijiste antes? —Y aunque no eran necesarias las presentaciones, las hizo—. Ella es mi novia Samu y yo soy SunaRin, a veces veo tu canal. Usas buena tecnología. No sabía que también te interesaba el vóleibol.

—No solo le interesa —intervino Akaashi—, Kodzuken juega al vóleibol que te cagas y por hoy reemplazará a Ushijima Wakatoshi.

A SunaRin le entró un ataque de risa al enterarse de que Kodzuken reemplazaría a Ushiwaka. Sin dudas, tenía que estar allí cuando Atsumu se enterase, no podía perderse esa cara. Omi-chan se cruzó de brazos. Osamu sacó su teléfono y le escribió a Atsumu que cortara el rollo y se apareciera, que su chica ya había llegado a la playa. Luego le dijo a Omi:

—Atsumu viene en camino. Entonces… tú jugarás por Ushijima Wakatoshi —Osamu se dirigió a Kodzuken. Había un tono insidioso en su voz—. Atsumu no me comentó nada.

—Porque no tiene idea, no me dejó explicárselo —se defendió Omi-chan—. Por cierto, ¿dónde está tu hermana?

—Te dije que ya viene.

—Así que, por descarte, tú debes ser Akaashi Keiji, la compañera de juego de Omi-chan —dijo SunaRin leyendo la lista de inscritos, tratando de diluir la atmosfera tan cargada de rivalidad—, ya nos hemos visto anteriormente, ¿cierto?

—Soy la armadora del Fukurodani.

—Ah, verdad, las arpías. ¿No viniste con Bokuto-san? Vi que también se inscribió al torneo.

—Honestamente, no sé si logre llegar. Sufrió un… retraso.

—¿Un retraso? ¿Cómo un retraso? ¿Acaso Bokuto-san…? —y dibujó una esfera a la altura de su panza.

—No, no. No esa clase de retraso —Akaashi trató de borrar de su cabeza la pesadilla mental de lidiar con una Bokuto-san con 9 meses de embarazo—. Con «atraso» quiero decir que no alcanzó a abordar el tren. Dudo mucho que se aparezca.

Akaashi miró con complicidad a Kenma. Osamu rodó los ojos. Omi-chan husmeaba la playa, tratando de encontrar a Atsumu. SunaRin revolvió entre las identificaciones hasta dar con las de las tres llegadas. Eran pegatinas adhesivas que ponían el número de la pareja y el nombre de cada integrante. Kozume, llena de vergüenza, recibió el dorsal que ponía «Ushijima Wakatosh» con el número 1 impreso. Omi-chan regresó su pegatina y también la de Akaashi.

—Guárdanoslas un momento, nosotras tenemos que cambiarnos de ropa —se explicó Omi-chan—. ¿Dónde están los aseos más cercanos?

SunaRin le explicó cómo llegar a ellos.

—Avísame si aparece Atsumu, por favor —le pidió.

Cuando ya se alejaban, SunaRin se volvió a Osamu.

—Bien… ahora cuál es el problema. Has estado muy borde con Omi-chan y sus amigas.

—Es que de verdad no sé qué le ve Atsumu a esa paleta. Y además, tú has actuado muy coqueta con esa Kodzuken —dijo esto mirando hacia abajo, a sus incómodas lorzas.

SunaRin abrazó a Samu, acariciando esos rollitos. Samu trató de detenerla. Rin la tomó de manos, dedos entrelazados, con los ojos buscando la mirada de su novia. Rin se sentía preocupada. A Samu nunca le había preocupado su aspecto. Si bien tenía algo de sobrepeso, se alimentaba de manera saludable, no adolecía problemas óseos, y sus exámenes siempre habían salido bien. Samu solía decir que, si sus exámenes salían bien, entonces no tenía de qué preocuparse. Pero era obvio que le preocupaba, y ya no tenía que ver con la salud, sino con el aspecto.

Hacía unas semanas que SunaRin venía detectando aquella preocupación. La notaba analizarse más frente al espejo. Se quedaba mirando las ropas skinny de su hermana que ni bubis tenía y las comparaba con las suyas holgadas y elastizadas. La exposición de ser youtubera, y tener como punto de referencia a un clon con cero porciento de grasa corporal, empezaba a pasarle la cuenta a Osamu.

SunaRin no sabía qué decirle. Tampoco ayudaba que hubiese llegado al evento casi exlusivamente gente fitness. Se preguntaba si acaso algo de comida en esos momentos animaría a Osamu, o sería como echarle leña al fuego. No le dio tiempo de descubrirlo. Más personas iban llegando al stand a buscar sus identificaciones, y a las dos chicas no les quedó remedio que seguir con sus obligaciones. Ambas querían que acabase ya el evento. Lo organizaron todo por los caprichos de Atsumu, y esa idiota andaba desaparecida.

Makki y Mattsun llegaron a la playa abarrotada, cargando las bolsas de compras de Mattsun. Dieron vueltas en círculos por varios minutos, hasta que lograron divisar el stand de inscripciones. Makki casi se desmaya. Las mismísimas Osamu Miya y la chica SunaRin, a tan solo unos escasos metros. Joder, un desfibrilador para Makki ya. SunaRin llevaba la línea de los ojos pintada. Mattsun logró agarrar a Makki a tiempo, que se iba.

—Mierda, las MiyaFour, Mattsun, no… no puedo… no estoy preparada, no, no, no, habla tú Matt, habla tú qué yo….

Mattsun le dio una cachetada y la zamarreó.

—No es tiempo para crisis de ansiedad ni nada. Quieres esas selfies ¿Cierto? Entonces baja las pulsaciones y mueve el culo.

—¿Qué baje las pulsaciones? ¡Robot! ¡Te dije que eras un robot!

Mattsun, que no se había cambiado de ropa aún y vestía con su minifalda, sus medias de rejilla, y sus botas con hebillas, se acercó al stand arrastrando a Makki, quien se escondía tras las cortinas de su cabello rosa. Mattsun tragó pesado. Esa chica SunaRin tenía mucho pulso para pintarse la línea de los ojos. Pero vamos, Mattsun, que una línea a ti qué. Recuerda que ya no eres Mattsun. Eres la puta Oikawa, y a Oikawa esa línea de principiante te traería sin cuidados. Oikawa de seguro estaría proclamando que su línea era mil veces mejor que la de esa estúpida influencer.

Así, con esa actitud de Mean Girl, Mattsun se convirtió en Regina George.

—Venimos a retirar nuestras identificaciones. —Espalda erguida y mentón elevado, mirando sus uñas con aire molesto porque no la atendían—. Somos mi amiga Iwaizumi Hajime y yo, por supuesto, Oikawa Tooru.

Osamu y SunaRin se obligaron a levantar la mirada. A Osamu se le abrió la boca. SunaRin tenía los ojos dilatados.

¿Acaso dijo Oikawa?

¿La famosa Oikawa Tooru?

¿El mito urbano de los nacionales, la mejor voleibolista de japón según Ushijima Wakatoshi, ERA UNA DIOSA DE TALLA GRANDE?

—Ah, conque tú eres la famosa Oikawa —Sunarin alzó las cejas de la sorpresa.

Omi-chan, ya vestida, llegó corriendo.

—¿Oikaw»? ¿Tú eres la famosa Oikawa? ¿Realmente eres tú?

—Al parecer ella es la famosa Oikawa —corroboró Osamu, que no podía apartar la vista de aquellas caderas anchas, de esas piernas con tanta carne.

Mattsun miró de reojo a Makki, quien se encogió de hombros.

Omi-chan miraba a «la famosa Oikawa» de arriba abajo.

—¿Cuánto mides? ¿Qué tan alto es tu salto vertical? ¿Por qué, si eres tan buena, no ingresaste al Shiratorizawa?

—¿Cómo dices? —Mattsun no entendía nada.

—Disculpen a esta sociópata —interrumpió Osamu, enrojeciendo a causa de las groserías de Omi-chan—. Sakusa-san es… intensa.

Akaashi, que no pudo seguirle el paso a Omi-chan, acababa de llegar junto a Kozume. Ambas estaban igual de impresionadas.

—¿Así que tú eres la famosa Oikawa Tooru? —saludó Akaashi, que no podía creerlo. Entonces, la Oikawa de la que tanto se hablaba… ¿era fujoshi? Bah, increíble—. Hemos oído mucho de ti, vaya, qué impresión. Mi nombre es Akaashi Keiji, juego la misma posición —se presentó, y luego señaló a su novia—. Ella es Kozume, y también es armadora. Nosotras… vaya, es que ni sé qué decirte. Es muy extraño ponerle rostro —y pasatiempos— a un rumor.

—Ah, pero ustedes son las chicas del tren —dijo Makki (que era Iwaizumi Hajime)—, iban junto a Omi-chan, la número 1.

—¿Me conocen? —preguntó a su vez Omi-chan, a quien por alguna razón le hacía mucha ilusión que Wakatoshi pudiese haberle hablado de ella a la famosa Oikawa—, ¿Wakatoshi-chan les ha comentado de mí?

Makki y Mattsun solo llegaron a procesar ese «Wakatoshi-chan». La verdadera Oikawa habría estallado de la ira.

—¿QUÉ INSINÚAS, NÚMERO 1? ¡Jamás en la vida cruzaría palabras con esa vaca apestosa tan sobrevalorada! ¡Está sobrevalorada!

Omi-chan se crispó.

—¿Disculpa?

—Esa Ushiwaka-chan, de no ser por esas ubres del tamaño de melones con el que se gana el favor de los árbitros, no habría llegado tan lejos. Así las cosas.

—¡Wakatoshi no hace eso!

La falsa Oikawa lanzó una carcajada y le enseñó la lengua a Omi-chan. La gente se había acercado a presenciar la pelea. Insistió Omi-chan:

—Wakatoshi es por lejos la mejor jugadora de nuestra era. El tamaño de su sujetador no tiene nada que ver…

—¿La mejor, dices? —interrumpió la falsa Oikawa—. Pfff, menuda decepción. Yo te creía más vivita, número 1. Pero ya veo que también has caído en la trampa de esos melones.

De manera disimulada, Mattsun pellizcó a Makki. Makki recordó que ella era Iwaizumi, y metiéndose al fin en papel, le propinó un coscorrón a la falsa Oikawa.

—¡Deja de decir esas cosas, Oikawa! Por favor, disculpen a esta idiota, siempre está metiéndose en problemas —Y empujó la cabeza de Mattsun hacia delante, obligándola a hacer una reverencia.

Atsumu, que se había acercado como el resto de los curiosos, oyó todo aquello.

—¿«La mejor jugadora de nuestra era», Omi-chan? ¿Es eso lo que piensas?

Y nuevamente emprendió huida. Omi-chan, de pronto pálida, salió tras ella.

Makki y Mattsun volvieron a intercambiar miradas. Se formó un incómodo silencio.

—No es necesario comentar aquello —sonrió SunaRin, dejando de grabar y rebuscando las identificaciones de Oikawa e Iwaizumi. Se las entregó a Makki y Mattsun—. Ya estamos por comenzar. En el stand a la derecha estamos entregando las botanas. Los onigiris los hizo mi novia, le han quedado divinos. En este folleto —se los entregó— el árbol de clasificación. Podrán ver en qué arena las toca y esas cosas. Si necesitan cambiarse, pueden usar los aseos públicos.

Makki y Mattsun se dirigieron al stand de víveres a recibir sus botanas. Mattsun miró hacia atrás. La chica rubia que fue presentada como «Kozume» llevaba el dorsal número 1 con el nombre de «Ushijima Wakatoshi», y las miraba con mucha intensidad. La chica que repartía las botanas, que se llamaban Aran, también se sorprendió cuando creyó estar delante de la famosa Oikawa.

Makki y Mattsun no entendían nada. Se alejaron de la multitud para conversar en paz.

—Esto ha sido de locos —dijo Mattsun—, ¿tú sabías que Oikawa era tan famosa?

—Cómo iba a sospecharlo siquiera. Su cuenta de Instagram apenas tiene seguidores. Más que la mía, pero aún así…

—¿Sabes qué fue? Ushiwaka debe haber hablado de Oikawa con las chicas de la elite deportiva. Debe haberle dicho a todo el mundo que Oikawa debió haber estudiado en el Shiratorizawa, y su nombre se ha vuelto una estúpida leyenda. Joder, es que no puedo creer a Oikawa, que causa tantos estragos con solo su puto nombre.

—Hablando de la elite deportiva… ¿cómo te atreviste a hablarle así a Omi-chan? ¿Acaso no quieres su autógrafo?

—No, si yo no quería pelear con la número 1, pero se apoderó de mí el espíritu de Oikawa, y no pude hacer nada. También fue tu culpa, no reaccionaste a tiempo. Iwacchan no habría permitido a Oikawa decir tantas burradas.

—Estaré más atenta la próxima vez, me pillaste en frío.

—Honestamente, no sé cómo vaya a sobrevivir Oikawa en Argentina sin una Iwacchan a su lado que la ponga en cintura.

Ambas sacaron sus teléfonos, para comprobar sus mensajes. Las verdaderas Oikawa e Iwacchan aún no daban señales de vida.

—Ojalá Iwacchan no salga herida —suspiró Makki, entristeciendo.

Mattsun le acarició el brazo, atrayéndola a su lado. Le dijo:

—A lo mejor Makki y Mattsun no sean capaces de ganar este torneo, pero Oikawa e Iwaizumi darían guerra hasta el final. ¿Qué piensas? Con lo que acaba de suceder, es muy probable que hayamos perdido toda oportunidad de selfis y autógrafos, así que… ¿Te parece si mejor derrotamos a esas Miyas por el honor de nuestras amigas?

Makki se recogió el cabello y, como hacía Iwaizumi, enrolló sus mangas hasta los hombros.

—Derrotemos a esas creídas Miyas. Qué se cree esa número 1 de decirte en la cara que Oikawa debió estudiar en Shiratorizawa.

Entrelazaron sus meñiques, y juraron, por esas Oikawa e Iwacchan que no daban señales de vida, que llegarían a casa con el trofeo, por ellas.

Pero las verdaderas Oikawa e Iwacchan sí que estaban con vida.

. . . .

Oikawa no era capaz de lidiar con tantas emociones. Mientras abrazaba a Iwaizumi allí en la estación de trenes, recordó que también estaba enfadada, y le pegó la cachetada que se merecía. El tren acababa de partir. Su bocina estremeció a las dos chicas.

—¡Eres una egoísta y una estúpida, Iwacchan! —gritó Oikawa más alto que la bocina, sin dejar de golpear a Iwaizumi—. ¡Nunca más me vuelvas a hacer algo tan estúpido como huir de mí! ¡Nunca más se te ocurra!

Y luego volvió a abrazarla y esta vez lloró ella, a lágrima viva.

—Solo perdóname —le pidió Iwacchan. No fue capaz de agregar nada.

Un guardia jurado llegó a preguntarles si acaso estaban bien. Ambas se disculparon y dejaron el andén. Buscaron unos asientos donde poder conversar, lejos de los ojos curiosos de los transeúntes.

Empezó Oikawa:

—De verdad que intenté llegar a tiempo. Es que se me adelantó la regla, a mí que soy un reloj. Fue una mañana asquerosa, de verdad. No quiero que mi mañana continúe así de mal.

—Eres asquerosa —la reprochó Iwaizumi sin sentirlo realmente, y evitando mirarla, añadió muy bajito—: a mí también se me adelantó. Creo que esta vez la culpa fue mía. He estado un poco rara desde San Valentín…

Sus manos estrujaban sus rodillas.

Oikawa entonces comprendió que, para Iwaizumi, no era tan fácil como decir dos o cuatro palabras. Y, por primera vez, Oikawa se apiadó de alguien más.

—Está bien, Iwacchan. No tienes que decírmelo. Conozco tus sentimientos.

—Ah… ¿estás segura?

—Sí. Lo sospechaba hace un tiempo, y luego Makki me lo dijo.

—¿MAKKI?

—Está bien, no te disgustes, yo le dije a Mattsun de los sentimientos de Makki, he balanceado el cosmos.

Iwaizumi trató de procesar todo aquello.

—¿A Makki le gusta…? ¿Pero tú como sabes…? ¿Y Mattsun qué…?

—Te has perdido muchos capítulos por estarte terca y alejada de nosotres.

—Lo siento —volvió a disculparse Iwaizumi, bajando la voz. Oikawa se abrazó el vientre.

—No te disculpes. La verdad, Iwacchan, tú siempre dices cosas como que yo te hago la vida muy difícil, ¿pero tú a mí qué? Tú eres aún más difícil…

Ambas sentadas en los lados extremos de una banca de la estación de trenes, seguían con la mirada el flujo de personas subir y bajar de los trenes, evitando mirarse. Alargando, aunque fuese solo unos segundos, la conversación que cambiaría el status quo.

El futuro, para cada persona, es incierto. El futuro, cuando se trata del corazón, se encuentra desprovisto de pautas.

—Por poner un ejemplo hipotético —dijo Oikawa, sintiendo el nudo tensarse en su garganta—, si yo me fuera a Argentina… ¿eso te ayudaría en algo?

Iwaizumi bajó la mirada.

—No te creo maldita genio del vóleibol, ¿te concedieron la beca? Te lo dije. Todes te dijimos que-

—Pero no sé si aceptarla —le interrumpió Oikawa, abrazándose con más fuerza a su abdomen.

—No seas idiota. Luego de todo lo que luchaste por ella, ¿cómo vas a rechazarla?

—Iwacchan, te prometo que si me pides algo tan egoísta como que me quede, yo no pondré ningún reparo, y jamás te lo sacaré en cara. Pero tendrás que pedírmelo. Si me pides que me quede, me buscaré algún otro camino aquí en Japón. Pero si me dices que no, si me dices que me vaya de tu lado y que te abandone, entonces me iré, y ya no seremos amigas nunca más. Te declararé mi rival de aquí a la eternidad, así como a la Ushiwaka. Demuéstrame tu egoísmo por una vez en tu vida y pídeme que me quede contigo, Iwacchan, por favor, exígemelo o no podré perdonártelo en la vida.

Iwaizumi observó sus dedos. Una sonrisa triste se dibujó en su rostro.

—Sabes que no soy una persona egoísta…

—¿De verdad, Iwacchan? —protestó, pálida y sudorosa—. ¿Eso quieres? ¿Ser mi rival por el resto de tu vida?

Iwaizumi sintió la caída de una sola lágrima recorrer su mejilla y precipitarse mentón abajo. La capturó con su dedo y se la enseñó a Oikawa, echa un ovillo en su puesto.

—Más que nada en el mundo.

—Joder, por qué siempre resultas tan genial… te odio, Iwacchan, eres realmente detestable.

Oikawa se quitó su pulsera de BFF y lo lanzó a los pies de Iwacchan. La chica la recogió con calma, examinándola. Buscó en su bolso su neceser, del cual extrajo medicina para los cólicos y una isotónica y se acercó a Oikawa.

—¿Por qué no puedes ser feliz si no luchas incluso contigo misma? —Le tomó la mano y a la fuerza le volvió a embutir la pulsera. Luego le dejó en las manos las pastillas para los cólicos—. No me jodas y tómate la medicina.

—No sé tragar pastillas, te lo he dicho.

—Bueno, entonces máscala, que estás sufriendo a lo tonto.

Oikawa mascó las pastillas se recostó en la banca, con la cabeza apoyada en las piernas de su amiga. Putos cólicos inoportunos. Se sentía triste. Se sentía, también, con ganas de chocolate.

Eran solo dos palabras. Cuatro, a lo mucho. Pero, aunque eran fáciles, Oikawa no podía mentirle a Iwaizumi.

—Iwacchan… ¿Por qué yo?

—No te sientas culpables de algo… son cosas que pasan.

—Me duele mucho el abdomen. ¿Podrías decirme cuándo…?

Sin dejar de acariciarle el cabello, Iwacchan tuvo la oportunidad de ampliar esas dos o cuatro palabras. ¿Por qué ella? Porque era la más estúpida, cabeza hueca, insensible, mentirosa, manipuladora, indiscreta, cargante, creída, orgullosa, vanidosa, irritante e impertinente persona que había conocido en la vida y, pese a todo…

De eso se trataba, finalmente.

«Pese a todo», era ella.

Con sus manos, Oikawa tomó a Iwaizumi de las mejillas y la acercó hasta sus labios. Un beso de despedida.


Spoiler Alert!

Kuroo-san y Bokuto-san cambiaron sus boletos para el siguiente tren. Ambas discutían sobre las horribles amigas que se gastaban.

—Yo sé qué ha sucedido —decía Bokuto-san, quien siempre parecía saber cómo funcionaba el mundo (no tenía puta idea)—. Esto se debe a la conspiración.