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MiyaFour vs Aobadivas
Universo Genderbend
Disclaimer: personajes no son míos
Anteriormente: Ha llegado el día de la Miya-Camp. Kozume y Akaashi, en una relación secreta, engañan a Kuroo y Bokuto para que no logren abordar el tren. Makki y Mattsun asumen los roles de Iwaizumi y Oikawa respectivamente, para jugar en la Miya-Camp. Todo el mundo parece conocer a Oikawa, y Mattsun decide entrar en papel, hasta el punto en que sus palabras contra Ushijima Wakatoshi logran enfadar a Omi-chan, cuya actitud defensiva enfada a su vez a Atsumu, quien emprende huida y Omi-chan va tras ella. ¿Será que las únicas cuerdas son Miya Osamu y SunaRin?
VIII. MiyaFour vs Aobadivas
Kuroo-san y Bokuto-san cambiaron sus boletos para el siguiente tren. Ambas discutían sobre las horribles amigas que se gastaban.
—Yo sé qué ha sucedido —decía Bokuto-san, quien siempre parecía saber cómo funcionaba el mundo (no tenía puta idea)—. Esto se debe a La conspiración.
Kuroo, que bien conocía cómo de mal funcionaba la única neurona errante de Bokuto, le siguió la corriente. Total, tenían que hacer hora hasta el siguiente expreso. Porque sí, estaba tonta Kenma si creía a Kuroo desistir de la Miya-Camp por algo tan absurdo como un «error de tipeo». A diferencia de la neurona errante de Bokuto, la neurona de Kuroo hacía buenas conexiones, y su amiga Kenma, con aquella sucia jugada, se había delatado.
—A ver, Bobo, explícame que es eso de La conspiración. Luego te expondré yo mis teorías. Y la que gana, invitará a la otra la próxima vez que salgamos a chatarrear.
—Pero chatarrear de verdad, Kurororo. Nada de bebidas light o productos bajos en grasas sin sal ni colorantes, que te conozco.
—He abandonado mi dieta, así que venga la hamburguesa triple carne, con patatas fritas, aros cebolla y malteada atiborrada de colorante cancerígeno del tipo rojo allura, ¡y con refill!
—¡Eso es de lo que hablo! ¡Refill! ¡Refill!
Se dieron un poderoso apretón de manos para sellar aquel trato.
Bokuto le detalló a Kuroo la conspiración. Omi-chan, la número 1, se había unido al team de las Miyas para ayudar al canal a aumentar su número de seguidores. Durante el nacional de primavera, la chica SunaRin se dedicó a grabar videos y publicar historias que dieron cuenta del potencial romance entre Miya Atsumu y Omi-chan, la número 1, hasta que sucedió lo que todos los seguidores de las Miyas esperaban: ambas se convirtieron en novias y el canal evolucionó de MiyaThree a MiyaFour. Eso tuvo el efecto de duplicar el número de seguidores del canal, con las consiguientes retribuciones económicas que traía para los influencers. En resumen: aquel gran romance que el público siguió en vivo no fue sino una gran estrategia de marketing, la cual, sin dudas, dio sus frutos.
Porque incluso modificando el nombre del canal, de MiyaThree a MiyaFour, Omi-chan apenas participaba en el canal. Seguían siendo tres las creadoras de contenido, y si acaso aportaba en algo la cuarta Miya, era promocionando el canal en sus propias redes, y hasta cierto punto, porque Omi-chan no estaba muy activa en la social media.
—Claro, tú podrás argumentar que la distancia geográfica y esas cosas, pero Kurororo, en esta era digital, es fácil solucionar eso, especialmente si tu negocio consiste en grabar videos. Así que dime: ¿por qué Omi-chan no se graba haciendo videos?
—Quizá no tiene cámaras o micrófonos adecuados. El canal de las Miyas realmente se preocupa de esas cosas. No son videos aficionados.
—Sí, es una opción, la he barajado, pero esta vez no se trata de una cosa solo técnica. Es que, sencillamente, no estaba en el contrato de Omi-chan. Así es, Kurororo, Omi-chan no es realmente la novia de nadie de ese grupo (aunque tiene novia, ya llegaré a esa parte), sino ha firmado un contrato: a la número 1 le pagan para que funja como novia de Myaa Tsum, y de esa manera, el canal siga ganando adeptos
—O sea… es cierto que a los influencers les pagan por número de seguidores y tal, pero ¿compensará contratar a una persona para ganar unos pocos números más? Yo diría que las matemáticas no les benefician.
—Es que no conoces los números Kurororo. Cuando eran las MiyaThree estaban en los 100k seguidores, y ahora, agárrate de su asiento.
—Estoy agarrada.
—¿Segura?
—Con cinturón de seguridad y todo —Kuroo se abrochó un cinturón imaginario.
—¡Es que Kurororo! ¡Han llegado a la letra M! ¡Sí, así es! ¡exactamente 1.2M seguidores!
Aunque a Kuroo no le parecía tan emocionante, no tenía otra cosa que hacer, y la alegría de Bokuto lograba contagiarla, quisiera o no quisiera.
—¡¿Cuánto has dicho?
—¡UNO PUNTO DOS EME SEGUIDORES! ¡EME SEGUIDORES!
—Esos son como muchos seguidores, ¿no? Pero amiga Bobo, dime, ¿cómo fuiste capaz de descubrir esta farsa?
—No fue nada fácil, amiga Kurororo, nada fácil. Yo, por supuesto, cómo iba a desconfiar de estas muchachas, ¿por qué lo haría? Y, sin embargo, se presentaron ante mí todas las piezas del puzle, se armó solo ante mis ojos.
—No te enrolles y dime qué es eso que sabes y que los demás no.
—¡Es que ni te imaginas! ¡Kurororo! ¡Descubrí quien es la verdadera novia de Omi-chan! ¿estás preparada? Dime si estás preparada. Si lo anterior te asombró, esto te violará la mente, te lo prometo.
—De acuerdo, sorpréndeme, Sherlock. Lanza tu bomba de una buena vez.
Kuroo extendió sus brazos. Si bien sabía exactamente lo que diría Bokuto a continuación…
—¡ES AKAAAAAAAASHI!
…Supo hacerse la desentendida y aportar al drama, como la buena actriz que era.
—¿Akaashi? ¿Cuál Akaashi? ¿Me estás diciendo que tu Akaashi…?
—¡SÍ! ¡MI AKAASHI!
—¡NOO! ¿ESA AKAASHI?
—¡SÍ! ¡Sí! ¡ESA MISMA AKAASHI!
—¡QUE INFORMACIÓN TAN NUEVA E INESPERADA ME HAS REVELADO!
Así, Kuroo dejó a Bokuto explicarle cómo fue que unió cabos, mientras miraba las manecillas del reloj recorrer lentamente las horas.
—A mí me encanta el canal de las Myaas, ya lo sabes, por eso me ha decepcionado un poco que caigan en estos trucos publicitarios, ciertamente no los necesitan. Sus videos son muy buenos de por sí, a mí me gusta mucho cuando tratan de replicar esas jugadas loquísimas que se ven a veces en las ligas profesionales y en los mundiales. Y cuando el canal cambió de nombre y todos nos enteramos que la número 1 se integró al grupo y que era novia de Myaa Tsum, yo me estaba esperando los videos más loquísimos de la vida. Ya sabes, ambas hemos visto el nivelazo de Omi-chan. Estaba pintada para subirle pelo al canal. Pero nada, nada, no sucedió nada con la Omi-chan.
»Por otro lado, yo sabía que Akaashi, ya sabes, mi Akaashi, me escondía algo. Desaparecía sin dar explicaciones, o sus explicaciones eran burdas, difíciles de creer. Cada vez que la he increpado, Akaashi se hacía la loca. Y al final, le he pillado una caja de bombones caseros el día de San Valentín. No se atrevió confesarme para quien era. Dijo que se los hizo para ella, que solo se trató de una coincidencia. Rarísimo, ¿cierto?
—Raro, sí, muy raro…
—Una vez la pillamos, me refiero a mí, Konoha y Komiyan, reunirse con Omi-chan, la número 1. Eso sucedió antes de San Valentín. Tú podrías decir que no tenía nada de raro que Akaashi quedara con la número 1, considerando la de veces que mi escuela ha jugado contra el Itachiyama, ya sea en partidos oficiales como de práctica. Seguramente se compartieron teléfonos y han hablado, en fin, como tú y yo.
—Sí, ciertamente…
—Pero entonces, si no revistiese nada extraordinario, ¿para qué callárselo? ¿Por qué no decir, desde un principio, que era amiga de la número 1? Eso me hizo sospechar. Después nos enteramos de que Omi-chan le pidió a Akaashi jugar con ella para la Myaa-Camp. Otra cosa rarísima, especialmente si consideramos que la número 1 es novia de la Myaa Tsum. Entonces me hice esta pregunta: ¿por qué la número 1 preferiría hacer dupla con otra persona en el evento que justamente organiza su novia?
»Luego, como te dije, sucedió el incidente de San Valentín. Solo podía significar dos cosas: Akaashi se iba a declarar a alguien, o Akaashi ya salía con alguien. Y yo la encaré, pero Akaashi no quiso admitir nada. Yo le mencioné a Omi-chan, porque ya recelaba, pero Akaashi se hizo la desentendida.
»Hasta que, un día después de almuerzo, muy como sin queriendo, leí una conversación en el teléfono de Akaashi. No fue a propósito, Akaashi se dejó el teléfono olvidado, abierto precisamente en una conversación con Omi-chan. Yo tomé el teléfono para guardárselo, pero, ya sabes, mis ojos leyeron por su cuenta. Esas cosas pasan. Omi-chan le escribía a Akaashi si acaso podían juntarse esa tarde, ¡una cita! ¡En el Club del Queso! Y no fui capaz de seguir leyendo más porque… bueno, yo soy entrometida pero no tanto, y la vida privada es, finalmente, vida privada.
Qué coincidencia, pensó Kuroo con cierta pesadumbre, sin quitarle la vista a la manecilla del gran reloj de la estación de trenes. Akaashi no era nada tonta, y ciertamente, tampoco era el tipo de persona que se deja olvidado su teléfono por accidente, a menos que haya querido dejarlo allí. Kuroo siguió escuchando las teorías de Bokuto casi sin intervenir. Para Kuroo, era cada vez más obvio lo que sucedía, y las locuras de Bokuto solo corroboraban sus propias teorías.
Una voz neutra anunció la próxima salida del shinkansen de la línea Tokaido-Sanyo. Oikawa e Iwacchan, que habían arribado a la estación de Tokio hacía media hora, llegaron al andén cargando ambas con sendos Toblerones tamaño industrial. Bokuto y Kuroo repararon en esos descomunales Toblerones con cierta envidia. Oikawa reparó en Bokuto, cuyos cabellos blancos y negros se le hacían familiares, pero no podía recordar por qué. El tren abrió sus puertas.
Oikawa e Iwaizumi buscaron sus asientos. Oikawa se quedó a cuadros al reparar que estaban en primera clase.
—Iwacchan te volviste loca esta vez de verdad.
—Ya fue demasiado incómodo viajar en tercera la primera mitad del viaje como para repetir esa experiencia en la segunda mitad.
—Primero los chocolates, luego esto, ¿de dónde has conseguido tanto dinero?
—He hecho de niñera como loca estos días que estuve desaparecida. No me hagas tantas preguntas, nos lo merecemos.
En otras palabras, dado que ambas estaban con la regla, y acababan de vivir un momento emocionalmente complicado, se merecían esos caprichos.
Entraron a un cubículo de cuatro asientos cómodos y espaciosos dispuestos uno frente al otro y separados por una mesa, con wifi y conexión eléctrica para cargar sus teléfonos. Tras acomodarse, entraron a ocupar los asientos frente a ellas, el dúo dinámico de Bokuto y Kuroo. Luego que sus amigas las traicionaran de aquella manera, por supuesto que se merecían algún capricho como, por ejemplo, viajar en primera. Por cortesía Iwaizumi agachó la cabeza a las recién llegadas, gesto que repitieron las otras, salvo Oikawa.
Iwacchan conectó los audífonos a su teléfono y le cedió un auricular a Oikawa. El tren comenzó la marcha.
Le dijo Bokuto a Kuroo.
—He hablado todo el rato, pero ahora te toca a ti exponer tus teorías. Dijiste que tenías tus propias teorías.
—No, ¿sabes? Yo creo que es imposible que pueda superarte esta vez. Me doy por vencida, mañana te invito al Burger, lo que tú pidas.
Bokuto levantó las manos, sintiéndose vencedora.
—Pero… todavía me queda una duda de tus teorías, Bobo. No digo que dude de estas, pero me gustaría tener bien clara la cronología. Según tú, ¿desde cuándo Akaashi y la número 1 serían novias? ¿Desde que la número 1 le pidió a Akaashi ser su compañera de juego, o…?
—Bueno, Akaashi ya llevaba un tiempo así como está, como misteriosa. Yo diría que antes de eso. Me atrevería a decir que fue antes del nacional de primavera… No estoy tan segura, pero… ¿recuerdas la fiesta de tu amiga, de Lev-chan? Akaashi estuvo desaparecida en la fiesta. Te lo comenté, ¿recuerdas? Que cuando la encontré, tenía el labial todo corrido. Ella dijo que fue la comida.
—Conque la fiesta de Lev… Pues eso serían ya más de cuatro meses… Pero hasta donde sé la número 1 no fue invitada a esa fiesta.
—Mucha gente fue a esa fiesta, de seguro que la número 1 también se coló entre todos los colados. Había muchos colados allí.
—Sí, sí, tienes razón…
—Y yo no soy tan tonta como todo el mundo señala. Akaashi me subestima si piensa que me he tragado que la comida corrió su labial de esa forma…
—Por supuesto que no eres tonta, Bobo. No permitas a la gente que te trate de esa manera.
—Como Akaashi es tan seria y lee escritores rusos y poemas alemanes, es como si nadie más pudiese ser una erudicta.
—Erudita —corrigió Kuroo.
—Erudita, eso, eso. Pues bien, a lo mejor yo no soy una erudita, pero algo sabré de la vida. Los conocimientos de la vida son igualmente conocimientos, ¿cierto, Kurororo?
—Lo son, lo son.
—Akaashi tiene una novia, lo sé, no puede engañarme. No es solo el labial corrido. Son los pequeños gestos. Lleva un buen tiempo como despistada, no es algo de unas cuantas semanas. Esas sonrisas que se le escapan, las horas que pasa pegada al teléfono, las excusas que se inventa… A lo mejor me he equivocado y no se trata de la número 1, pero hay alguien que le ha robado el corazón a mi Akaashi, y me duele que me lo esconda. Solo me dolería menos si efectivamente hay una conspiración, ya sabes, entonces habría una razón para su silencio…
Kuroo prefirió no emitir comentarios. Tal como lo pintaba Bokuto, a Kuroo también se le hacía evidente que Akaashi mantenía una relación secreta. Considerando lo del teléfono olvidado, era muy posible que, desde un principio, Akaashi hubiese sembrado las pistas de la conspiración para que a Bokuto le doliera menos que Akaashi mantenía una relación secreta, no con Omi-chan, sino con Kenma.
Kuroo estuvo en esa fiesta de Lev, y sabía muy bien con quien se estuvo morreando esa sucia, lo vio todo. Y, así como Bokuto fue testigo de los pequeños gestos de Akaashi, Kuroo veía todo ello en Kenma. Y como Bokuto, también se sentía dolida de que Kenma se lo hubiese callado. Honestamente, aunque entendía por qué a Kenma se le hacía tan difícil ser sincera respecto a sus sentimientos, le jodía que precisamente a ella, su supuesta mejor amiga, se lo hubiese ocultado, y por tanto tiempo.
Buscó a Kenma en redes sociales. Como era de esperarse, no había subido nada del viaje a Kobe. Tampoco Akaashi u Omi-chan. A juzgar por las horas, el trio de traidoras ya debían de haber llegado a la Miya-Camp.
En la cuenta oficial de las MiyaFour ya estaban las primeras fotos e historias del evento. SunaRin, en su cuenta personal, había subido varios videos pequeños, casi desde que se había levantado. En uno de los videos, SunaRin había etiquetado a Kenma.
—Disculpen —dijo Kuroo a sus compañeras de compartimento. Iwacchan se bajó su audífono, para indicarles que las oía. Sonaba desde su teléfono una melodía como de Ariana Grande—, ¿les molesta si pongo videos en mi teléfono? Nos hemos olvidado nuestros audífonos.
Oikawa se encogió de hombros. Iwaizumi hizo un gesto afirmativo con la cabeza.
Kuroo dejó su teléfono en la mesita que separaba las dos corridas de asiento, y ella y Bokuto se acercaron a la pantalla.
SunaRin decía que acababa de conocer a Kodzuken en persona, y la tironeaba de la manga de la sudadera, para que apareciera en el ángulo de la cámara. Kenma, sin atreverse a mirar, asentía a los comentarios de SunaRin.
Otro video de SunaRin comentaba que su cuñada y su concuñada habían desaparecido.
Decía SunaRin:
—Esas tortolitas no están en ninguna parte, y el evento ya va a empezar.
Aparecía Samu, con el teléfono en el oído.
—No tiene el celular apagado al menos. Esta se la guardo a Tsumu, te lo prometo.
—Vamos a tener que jugar.
—Estas de coña, ¿no? No vine preparada para jugar, tú mucho menos.
—Es una Miya-Camp. Alguna de las Miyas tendremos que participar.
Osamu parecía que quería que se la comiera la tierra.
Bokuto y Kuroo estallaron de la risa.
—Tendrán sus conspiraciones, pero esas muchachas realmente son graciosas —admitió Bokuto—. ¿Tienes una favorita? La mía es Myaa Sam.
—Pensaba que dirías Miya Sam. Si yo tuviera que elegir… quizá sea la chica SunaRin. ¿Viste lo genial que se pinta la raya de los ojos? Joder, cómo me gustaría a mí ese pulso.
Las fotos en la cuenta oficial de las Miyas mostraban los cambios inesperados de la nómina de jugadores. La chica SunaRin se había pegado los dorsales de Miya Atsumu, y jugaría junto a Ushijima Wakatoshi, que en realidad era Kozume Kenma. Bokuto y Kuroo volvieron a reír.
—Entonces realmente Kenma ocupará el lugar de la Ushiwaka, ¡cómo fue que pasó eso! —Bokuto no podía más de la risa.
Oikawa agudizó el oído.
¿Esa chica de los cabellos blancos y negros había pronunciado «Ushiwaka» o se lo estaba imaginando?
Nuevas fotos en la cuenta de las Miyas indicaban que Miya Osamu ahora ocuparía el lugar de Omi-chan, la número 1, y jugaría junto a Akaashi Keiji. Bokuto dio un grito de locura. Kuroo le tapó la boca e hizo una seña disculpándose con sus compañeras de compartimiento.
—Estúpida —le susurró— recuerda que no estamos solas acá.
—Es que está reloco: Akaashi con Myaa Sam. Ahh, pero qué envidia me da. ¿Qué habrá sucedido? ¿Dónde se habrán metido la número 1 y Myaa Tsum?
—No lo sé, tú eres la experta en conspiraciones aquí, dime tú qué está pasando.
—Es verdad, yo soy la experta… hummm, esto está complicado…
Si bien Kuroo se hacía una idea de lo que podía haber pasado, era más divertido oír las hipótesis de Bokuto. Pero, esta vez, la chica parecía completamente perdida, y Kuroo no quiso arruinarle su conspiración diciéndole que tanto la número 1 como Myaa Tsum estaban tan necesitadas de amor, que muy seguramente habían pasado de la Miya-Camp para revolcarse en el camastro piojoso del motelucho más cercano.
—Ah, mira, ya va a iniciar el streaming —informó Kuroo, pendiente de la hora.
Bokuto gritó de la frustración. A ella realmente le hubiese gustado participar en la Miya-Camp. Qué injusta que era Akaashi que la privó de la oportunidad de jugar contra las Miyas.
—Te dije que no gritaras —Kuroo le golpeó la nuca, y volvió a presentar respetos ante sus compañeras de viaje—. De verdad, discúlpennos. En el fondo es una buena chica.
—Descuida —le respondió la chica morena—. No era mi intención oír, pero… ¿están viendo la Miya-Camp, cierto?
—Oh, sí, ¿quieren ver la transmisión con nosotras? Aunque mi pantalla es un poco pequeña. Bobo, ¿de casualidad andas con tu tablet?
—Está en alguna parte de mi bolso, la busco.
—Esas niñas ni siquiera juegan bien al vóleibol —se quejó la acompañante de la morena, de ojos grandes y bastante guapa—, quien quisiera perder el tiempo mirando ese torneo aficionado. Comparadas conmigo no son nada.
—Ella es muy modesta —se disculpó la morena.
—Ohh, ¿ustedes juegan al vóleibol también? —siguió Kuroo, impresionada por la coincidencia—, supongo que, como nos sucedió a nosotras, perdieron el tren o calcularon mal las horas.
—Pues… —Iwacchan recordó cómo fue que Makki la lanzó del tren segundos antes de que cerrara sus puertas—, digamos que fue eso.
—Yo soy Kuroo Tetsurou. No soy tan buena como a lo mejor lo son ustedes, pero esta chica a mi lado es realmente peligrosa —dijo señalando a la canosa que seguía rebuscando en su bolso—. Se llama Bokuto Koutarou, pero yo le digo Bobo.
—Y yo le digo a ella Kurororo. ¡Ah! ¡Al fin la he encontrado!
Bokuto dejó la tablet sobre la mesa.
—¡Boku-chan! ¡Sabía que conocía tu cara! —exclamó la guapa, de pronto genuinamente interesada—. Tú apareciste en Volleymonth, saliste ranqueada la número 5, por debajo de la Ushiwaka, pero apuesto lo que sea que eres mejor que esa estúpida.
—Por favor no tomen en cuenta sus comentarios —volvió a disculparse la morena—. Cualquier cosa que diga esta bruta, no se lo tengan en consideración.
—Soy mejor que Ushiwaka —dijo Bokuto sin dudarlo—. ¿Entonces ustedes también juegan vóleibol, cierto? ¿Cómo se llaman?
—Iwaizumi Hajime —saludó la morena.
—Watanabe Ken —saludó la guapa
—Ella se llama Oikawa Tooru —corrigió Iwaizumi.
Bokuto pegó tal brinco que su cabeza golpeó con el techo del vagón.
—¿Oikawa Tooru? ¿Tú eres la famosa Oikawa Tooru?
—¿La conoces, Bobo? —Kuroo parecía curiosa.
—No exactamente. He oído ese nombre, me suena mucho, muchísimo, pero no puedo recordar por qué.
—Es obvio ¿no? —dijo la propia Oikawa—, es porque soy muy buena en el vóleibol. La mejor, no lo olvides. Si acaso te parecen buenas esas Miyas, es porque no me has visto jugar un partido.
—Pero si eres tan buena como dices, ¿cómo es que nunca te he visto en los nacionales? —preguntó Bokuto sin ninguna mala intención, genuinamente interesada. Fue como si le clavaran una espada en el corazón a Oikawa. Sentía cómo se desangraba mientras Iwacchan, a su lado, se retorcía de la risa.
—Bueno, no fue mi culpa… Iwacchan ya deja de reír. Mi equipo es muy bueno, Boku-chan, pero todo ha sido culpa de esa estúpida Ushiwaka tan sobrevalorada.
—Ah, ya entiendo. Es que no es nada fácil recibir el remate de una zurda…
—No es eso, Boku-chan. El spin de la zurda a mi qué. Son esas molestas bubis que hipnotizan a los árbitros las que me sacan de quicio. Si yo tuviera una talla más de sujetador, esa ventaja de las Shiratorizawas no habría existido…
Mientras hablaban, Kuroo acababa de sintonizar el streaming en la tablet de Bokuto. No tenía sentido lo que veía. ¿Sería un alcance de nombre? Pero aquello era demasiada coincidencia. Tuvo que interrumpir a la chica guapa.
—¿De verdad sus nombres son «Oikawa Tooru» e «Iwaizumi Hajime»?
Les acercó su teléfono. Allá en las costas de Hyogo Oikawa Tooru e Iwaizumi Hajime se enfrentaban contra otras dos chicas.
—¡MAKKI Y MATTSUN! —gritaron las verdaderas Oikawa e Iwaizumi, continuó Oikawa—, ¡TRAIDORES! ¡NOS HAN SUPLANTADOS! ¡IWACCHAN POR QUÉ SIEMPRE TE RIES DE LAS COSAS MÁS TERRIBLES!
—Joder, es que Mattsun está ocupando tu lugar, qué genial —Iwacchan lloraba de la risa—. Mattsun es un crack, apuesto a que fue su idea.
Oikawa se cruzó de brazos.
—Ese brute mancillará mi nombre y mi reputación.
—Que nombre y qué reputación por favor, nadie te conoce.
—Boku-chan me conoce. Iwacchan, cuantas veces te he dicho que yo no necesito ser influencer para hacerme notar, a diferencia de esas ridículas Miyas. Pero por qué Mattsun tuvo que tomar mi lugar, si es obvio que Makki se me parece más. Es que, por favor, mira las calzas que ha elegido Mattsun, tan horteras.
—Recuerdo que tú tenías unas calzas muy parecidas…
—¡A los siete años! Mira por favor cómo le aprieta la calza en la panza. Ese Mattsun se ha descuidado. Se lo dije tantas veces. Le dije que le saldrían cartucheras si seguía holgazaneando.
—A mí me parece que le queda muy bien la calza.
—¿Puedes, por un segundo, dejar de defender a Mattsun? Además, combinar esas calzas con esa crop-top es un crimen. La manía de Mattsun de hacerme pasar vergüenzas. Solo espero que se haya depilado las axilas.
La falsa Oikawa fue al servicio. Iwacchan y Kuroo estallaron de risa. Oikawa empalideció de la ira.
—¡Cómo no te depilas! ¡Te odio Mattsun! ¡Te odio tanto!
Entonces, la neurona errante de Bokuto hizo conexión.
—¡Ya sé por qué te conozco Oikawa-san! ¡TÚ DEBISTE IR AL SHIRATORIZAWA!
Iwacchan dejó de reír. Por allá en Hyogo, Makki y Mattsun se estremecieron.
—¿Sentiste eso? —le preguntó Makki a Mattsun. Mattsun le mostró los vellos erizados de su brazo.
—Algo ha perturbado el equilibrio de la fuerza.
. . . .
Después de buscar en todos lados, SunaRin y Osamu se dieron por vencidas. Atsumu y Omi-chan definitivamente no se encontraban en la playa.
—¿Qué haremos? ¿De verdad jugaremos por esas estúpidas?
—Lo siento, Samu…
—De verdad que está se la guardaré a Atsumu hasta el fin de nuestros días.
Samu ya vestía unas leggins deportivas, no así SunaRin, adornada con su atuendo gótico. Intercambió ropas con Aran, la única a quien pudo convencer del Inarizaki. En contra de su voluntad, evidentemente.
Akaashi evitó expresar su disgusto frente a las Miyas. La ridícula de Omi-chan las metió en aquella situación absurda al fin y al cabo, ¿y para qué? Para que Akaashi y Kozume acabasen traicionando a 2 de sus mejores amigas. No valía la pena.
—¿Tú estás de acuerdo? —preguntó Akaashi a Kozume, cada vez más arrepentida de haberla arrastrado hasta aquel sinsentido.
Kozume no la oía. Su atención se enfocaba en las presuntas fanfickers fujoshis, que ya jugaban su primer partido. No lo hacían nada mal. Tras estudiar el árbol de clasificaciones, Kozume comprendía que el sorteo no fue tan al azar como aparentaba, ya que estaba diseñado tal que Miya Atsumu y Omi-chan se enfrentasen en la final. En otras palabras, que Kozume podía esperarse una final contra Akaashi.
Pero si Kozume quería enfrentarse al dúo de fanficker fujoshis, quienes se encontraban en la otra rama de clasificación, Akaashi tendría que ser vencida por las fujoshis. Por algún motivo, aquella idea la excitaba.
—Akaashi, necesito pedirte un favor.
—Por supuesto, es lo mínimo que puedo hacer.
—Si llegases a enfrentarte a esa tal Oikawa y su amiga Iwaizumi, déjate derrotar —y que el fujoshi venza sobre Proust.
—¿Qué?
—Quiero jugar contra ellas, pero será imposible si tú y Osamu las vencen. Es como está armado el árbol de clasificación.
—¿Ese es el favor que quieres pedirme? ¿De verdad?
—Sí.
—¿Eso quiere decir que estás de acuerdo con los cambios de pareja?
—No seas tan orgullosa, solo déjate derrotar por la tal Oikawa y su amiga pink.
Oikawa e Iwaizumi ganaron su primer juego. Dejaron la cancha para que Akaashi y Osamu jugaran su partido contra otras dos chicas.
—De verdad, lamento todo esto —se disculpó Akaashi ante Osamu, porque necesitaba disculparse con alguien para expiar sus culpas.
—Descuida, esto no es cosa tuya, sino de esas dos fogosas de Tsumu y Omi que quien sabe dónde estarán revolcándose —Osamu miró a Akaashi de arriba abajo, como evaluándola—. No tenía intenciones de jugar, pero ya que no tengo alternativa, hagámoslo bien, ¿te parece? Odio perder.
Osamu se recogió el cabello es una tirante coleta. Akaashi tragó pesado. Qué dilema más tonto en el que se había metido.
. . . .
Las muchachas reclutadas para la sub-19, reunidas en el gimnasio de entrenamiento Ajinomoto de Tokio, desenfundaron sus tabletas, encendieron sus teléfonos, y sintonizaron la Miya-Camp apenas llegó el primer receso.
Ushijima Wakatoshi había comentado hasta el cansancio que la famosa Oikawa participaría en dicho evento junto a su mejor amiga Iwaizumi Hajime. Ushijima en persona la había convencido de asistir. Todas las muchachas de la sub-19 se sentían muy curiosas de por fin conocer a la tal Oikawa, especialmente cuando Kageyama Tobio, otras de las reclutadas, corroboró punto por punto todo lo que la Ushiwaka había repetido de la tal Oikawa.
—Es la mejor voleibolista que haya conocido —decía Kageyama cuyos ojitos parecían caramelos—. Es el tipo de armadora que sabe sacar lo mejor de cada jugadora. Sabe adaptarse a los ritmos de los demás, pero una vez te ha evaluado, te obliga a forzar tus límites. Una persona como Oikawa-san comprende rápidamente tus fortalezas y debilidades. Es muy estudiosa, cada vez que se enfrenta a un rival nuevo, reúne toda la información a su alcance, y con eso, idear una estrategia. Además, su servicio es mortal. Intenté que me enseñara, pero nunca quiso hacerlo.
Considerando que, hasta la fecha, Kageyama solo había pronunciado palabras sueltas, aquel párrafo vomitado con fervor hacía temblar a las seleccionadas de la sub-19
—Esa chica Oikawa debe ser increíble —opinó Komori Motoya, la prima de Omi-chan—. Omi-chan me ha comentado que Oikawa es también fan de Ariana Grande.
—Ariana la Grande —corrigió Wakatoshi—. Porque Ariana es La más Grande. Es lo que siempre dice Oikawa.
—Antes oía Hanna Montana —recordó Kageyama, que había conocido a Oikawa en tiempos de secundaria.
La intriga acosaba a las muchachas de la sub-19. La tal Oikawa fue, por años, el chisme de los nacionales y las concentraciones de entrenamiento, y de pronto, surgía esta posibilidad de corroborar su existencia. Todas querían ponerle rostro a aquel rumor. Todas querían, especialmente, juzgar las habilidades por las que se había hecho tan famosa. Quizá, si el rumor hubiese llegado de una fuente distinta, por ejemplo, de alguien poco fiable e impresionable como Bokuto, no habría escalado tanto. Pero no fue Bokuto quien llegó con el chisme, sino Ushijima Wakatoshi, una chica seria en exceso, de eterno ceño fruncido, que parecía no comprender el punto de las bromas ni sabía decir mentiras.
Algunas chicas de la concentración, Komori incluida, habían dado por hecho que esa Oikawa debía ser muy guapa. Porque, al fin y al cabo, si nunca logró llegar a instancias de nacionales, no podía ser tan buena. La Ushiwaka decía que Oikawa debió haber ingresado al Shiratorizawa, de esa forma, su talento no se habría desperdiciado, y cuando lo decía, parecía que sus ojos brillaban, y para todo el mundo, esa era una prueba de que incluso alguien como Wakatoshi tenía hormonas en la sangre.
Y apareció, finalmente, la famosa Oikawa.
Primer prejuicio derribado. La chica no era guapa en un sentido convencional.
No podía decirse que estaba gorda, pero era bastante grande para ser japonesa, voluptuosa, de anchas caderas y turgentes pechos que la crop-top favorecía. Las calzas tornasoles que vestía le cubrían el ombligo constriñéndole el abdomen. Su atuendo no podía considerarse deportivo. La elite deportiva tragó pesado. ¿Sería que consideraba el evento tan poca cosa que no se lo estaba tomando en serio? La celulitis le bajaba por las piernas hasta la altura de las rodillas. Su cabello largo y desgreñado lo había recogido en un enorme tomate estilo Amy Winehouse, exponiendo sus orejas llenas de aros. Ni siquiera se había quitado los aros para jugar, ¡era el colmo!
Sí, definitivamente no se lo estaba tomando en serio. Su bloqueo parecía bastante intimidante, pero quizá fuese efecto del vello. En cuanto a recibir y levantar, su compañera de equipo, la joven Iwaizumi de los cabellos rosas, parecía hacerlo mucho mejor que la tal Oikawa.
—Puede que sea la arena —opinaba Komori por todas—. Está acostumbrada a jugar indoor… al fin y al cabo.
De algún modo, al elite deportiva se sentía en la obligación de justificar a la tal Oikawa. Iwaizumi le entregó el balón a su compañera. Oikawa fue a servir. Casi todas se taparon los ojos, incapaces de enfrentarse a sus axilas peludas.
Komori, que no cerró los ojos, sentenció la reputación de la tal Oikawa:
—¡Ese fue un servicio completamente normal!
El ceño de Wakatoshi se fruncía cada vez más. Kageyama releía los dorsales de las jugadoras, tratando de entender el error. Ninguna era capaz de hablar. Ninguna sabía explicar lo que sucedía. Conocían bien quienes eran esa chica morena llena de aros y esa otra chica de cabello rosa, pero no eran capaces de explicarlo.
. . . .
Después de su 4to partido, Makki y Mattsun ya estaban en semifinales, no podían creer lo bien que les estaba yendo en la Miya-Camp. Lo estaban ganando todo. Dos partidos más y podrían llegar con el trofeo a casa, ¿quién lo habría dicho? Y sus siguientes contrincantes (según el árbol de clasificación original): ¡Omi-chan, la número 1! En otras palabras, se enfrentarían contra Osamu.
—Reunión, ahora —llamó Makki, a minutos de empezar el partido—. Joder, vamos a jugar contra Samu, Mattsun, por favor golpéame bien fuerte que estoy hiperventilando otra vez.
Mattsun abofeteó su rostro.
—Gracias.
—Hablando seriamente, Makki… ha sido muy divertido y todo, pero hasta aquí llegó nuestra racha, ¿cierto?
—¡De qué hablas!
—No puedo derrotar a Miya Osamu, es mi Miya favorita.
—Pero tú fuiste quien dijo…
—Lo sé, lo sé, pero ese fue el espíritu de Oikawa que fluía en mí. Ya no puedo dejar que ese espíritu siga fluyendo, tú sabes muy bien lo que opinó Oikawa de Osamu cuando le mostraste esos videos. Yo no puedo decirle a Osamu que está gorda, va contra mis principios.
Esta vez fue Makki quien abofeteó a Mattsun, pero no era Makki sino el espíritu de Iwaizumi. Se arremangó las mangas hasta los hombros, y agarró a Mattsun del cuello de la crop-top.
—¿¡Tú creer que yo dejaré que le digas algo feo a Miya Sam!? ¿Realmente crees que voy a permitirlo?
Las mejillas de Mattsun se colorearon. Makki era muy linda cuando se desquiciaba.
—De acuerdo, sigamos con el plan. Llevémonos ese trofeo a casa.
. . . .
La verdadera Oikawa y la verdadera Iwaizumi habían llegado a la playa hacía no mucho, se ocultaban entre el mar de gente. Sus nuevas amigas Bokuto y Kuroo también las acompañaban. Se habían comprado gafas ahumadas y viseras, a fin de pasar desconocidas. No querían revelar su presencia todavía. Por venganza, en caso de Bokuto y Kuroo; para no arruinarles la racha, en caso de Iwacchan y Oikawa.
—Nuestros amigues están saliendo —dijo Oikawa a Bokuto y Kuroo, incapaz de ocultar su orgullo—, y es gracias a mí.
—¿Amigues? —preguntó Bokuto.
—Oh, sí. Es que Mattsun es chique. Aunque en ocasiones puntuales se siente chico o chica, dice que son como los antojos. La mayor parte del tiempo se encuentra en un intermedio.
—Hacen bonita pareja —opinó Kuroo—, ¿desde cuándo salen?
—Eso es lo mejor de todo, ¡desde hoy! Solo llevan unas pocas horas de noviazgo. Nos mandaron fotos mientras viajaban en el tren.
Les enseñó las fotos. Entre medio, había una foto de Omi-chan más una nota: «¡la número 1 viene en el mismo tren que nosotres!»
Bokuto y Kuroo hicieron zoom a la imagen.
—¡Esas dos son nuestras examigas! —chilló Bobo apuntando a las melenas de Akaashi y Kenma, lo único que se distinguía de ellas en las fotos.
Una amarga sonrisa se proyectó en Kuroo. Así que Akaashi y Kenma se habían sentado juntas… Con Omi-chan no fingían, vaya…
La organización del evento había recaído en Aran, quien vestida con las ropas góticas de SunaRin, anunció los dos partidos que se jugarían en simultáneo: por un lado la dupla Atsumu/Wakatoshi (SunaRin/Kodzuken) versus otras dos chicas poco relevantes para esta historia, y por el otro la dupla Oikawa/Iwaizumi (Mattsun/Makki) versus Omi-chan/Akaashi (Osamu/Akaashi).
Akaashi analizaba a sus adversarias. Desde la cancha contraria, sentía la amenazante mirada de Kozume, recordándole su promesa. Y a su lado, sentía la poderosa aura de Osamu, pero si no se equivocaba, no iba dirigida hacia sus contrincantes directas, sino que se proyectaba hasta la otra cancha, hasta Kozume.
No sabía por qué había acabado ella jugando con Osamu. Nadie le preguntó con qué Miya prefería jugar. SunaRin simplemente tomó los dorsales de «Miya Atsumu» pegándoselos, y le entregó los de «Sakusa Kiyoomi» a su novia. Considerando que ya nadie jugaba con el nombre que le correspondía, bien pudieron desarmar la alineación original y que las Miyas jugasen juntas por un lado, mientras ella con Kozume por el otro. Hábil como era en formularse preguntas, Akaashi se preguntaba si se estaría entrometiendo en alguna clase de disputa de parejas. O si habría otra razón.
—Akaashi… —la llamó Osamu, al notarla distraída—, ya vamos a empezar.
La falsa Oikawa se acercó a la red. Llamó a Osamu con el dedo. Le dijo:
—Lo más probable es que te diga las cosas más horribles durante el juego, no lo tengas a consideración.
—¿Disculpa?
—Es solo el papel que me ha tocado interpretar, pero tienes que saberlo, eres la Miya favorita de Mattsun.
—¿De quién?
La falsa Oikawa se alejó de la red.
—Probemos qué tan cierta es tu reputación, Miya Osamu —dijo esta vez en un tono lo suficientemente audible—, y si estás realmente a la altura de la número 1.
Akaashi puso el balón en juego. La falsa Iwaizumi lo recibió con facilidad. La falsa Oikawa saltó directamente a rematar en lugar de colocar el balón. La suplente de Omi-chan fue al bloqueo. La falsa Oikawa cambió la jugada en el aire y le entregó el balón a la falsa Iwaizumi, quien remató el balón directo al suelo.
Todas las Oikawa y todas las Iwaizumi que había ese día en Hyogo chocaron manos.
—Esa jugada es mía —le confidenció la verdadera Oikawa al par de Tokio.
Luego vieron a la falsa Oikawa sacarle la lengua a Miya Osamu.
—Sí, realmente la jugada es tuya —sonrió la verdadera Iwaizumi, complacida del espectáculo que brindaban sus amigues.
Parecía un duelo de reinas. El partido del dúo de youtuberas acabó en poco tiempo, dándoles la victoria, pero el partido de Oikawa versus Omi-chan (Mattsun versus Osamu) se alargó más de lo esperado. Akaashi estaba ansiosa. Kozume y SunaRin se acercaron a ver el final, ambas con los dedos cruzados, aguardando distintos resultados. El partido llegó a un punto de quiebre. Bokuto se comía las uñas. Le tocaba a Akaashi servir. Si ganaba ese punto, ganaba el partido y Kozume la odiaría para siempre. Pero si perdían, volverían a empatar y el duelo jamás acabaría.
Sus rivales emitían un aura amenazante.
El servicio de Akaashi dio en la red.
Las verdaderas Oikawa e Iwaizumi gritaron por dentro.
La falsa Iwaizumi fue al servicio.
El balón iba directo a Akaashi, o iba largo.
Akaashi hizo una apuesta, se hizo a un lado.
El balón cayó en la línea. Punto de quiebre a favor de las divas.
—Concéntrate —le retó Osamu, más pendiente de la proximidad de Kozume con SunaRin que de su propio partido.
La falsa Iwaizumi apuntó a Akaashi antes de servir. Osamu lo recibió por Akaashi. Desorganizadas, Akaashi armó lo mejor que pudo. Osamu apuntó su remate a la esquina, la falsa Iwaizumi lo alcanzó con el pie, la falsa Oikawa barrió el suelo para recibirlo, Iwaizumi salvó el balón como pudo, pasándolo al otro lado de la red.
—Ahora sí, Akaashi —Osamu, sin embargo, ya no se encontraba enfocada con la amenaza de Kozume tan cerca.
Akaashi armó cerca de la red. Osamu preparó la carrera. La falsa Oikawa cerró su campo de visión como una pared. El balón dio de lleno en el bloqueo. Akaashi se lanzó a la arena, intentando salvarlo. El balón pasó al otro lado de la red pero cayó fuera. El árbitro corroboró el punto. Las divas se abrazaron de la alegría. Maldita sea, habían ganado, ¡habían ganado!
Osamu resopló, algo fastidiada, mirando a sus rivales festejar. Fue un partido difícil. Al costado de la cancha, SunaRin se encogía de hombros y le sonreía con complicidad, viendo completamente a través de ella.
—Bien jugado —saludó Osamu con cortesía a las vencedoras.
—Eh, aguarda un poco —le pidió esa Oikawa tan detestable. Iwaizumi había salido corriendo precipitadamente y regresaba con un archivador y un bolígrafo—. ¿Podrías…?
Osamu no comprendió qué le pedían hasta que vio el bolígrafo en su mano.
—Ah… sí, claro.
—Pero no nos lo dediques a nosotras, sino a Makki y Mattsun, m&m —pidió quien era realmente Mattsun—. Esto a lo mejor sea impertinente, considerando que apenas te conozco, pero tengo que decírtelo… —Mattsun miró a Makki buscando valor, pues lo que estaba por decirle Makki tampoco lo sabía—. Has sido una inspiración para nosotras, en especial para mi amigue Mattsun. En los videos te muestras por lo general tan honesta, y pareces tan segura de ti, de lo que eres. Yo sé que en realidad no es tan así, y que ha habido momentos en que te ha invadido la seguridad…
—¿Disculpa?
—He visto todos los videos de las Miyas, y más de una vez. Sé que a veces te entran dudas, que te comparas con otros, pero al final, siempre has sido honesta contigo misma. Mattsun también suele compararse, pero luego de ver cómo te enfrentas a la vida, decidió ser honeste consigo misme y le confesó a sus amigas cómo se sentía respecto a su género, y Mattsun prometió que, si te conocía algún día, te agradecería.
—¿Es eso verdad? —le preguntó Makki a Mattsun, conmovida.
—Conque Makki y Mattsun —empezó a escribir Osamu, comprendiendo la situación perfectamente. Garabateó un Cariños de Samu y un dibujo de onigiri, y le regresó el archivador a Makki. Su mirada barrió la playa hasta dar con SunaRin, quien conversaba animadamente con Kozume—. La verdad es que agradezco mucho tus palabras. A veces lo olvido.
Makki también había traído el teléfono, para una selfie con Osamu. A la distancia, SunaRin observaba a su novia recuperar la sonrisa, y eso le daba mucho gusto.
Por el megáfono, Aran invitó a los espectadores a reunirse para presenciar el partido final.
Akaashi siguió con la vista dónde guardaba Makki su archivador. Se acercó a Kodzuken, bañada en sudor.
—¿Qué te parecieron? —la increpó Kodzuken—. ¿Te dio la impresión…?
—¿Qué eran fanfickers locas? No, pero…
—¿Fallaste a propósito al final?
—No. De todas formas, se puede decir que perdimos por mi culpa.
—Estás enfadada…
—Sí, pero no contigo. Es toda la situación la que me incomoda. Siento que he quedado mal con mucha gente, y no entiendo el motivo. Así que ni modo, sigamos destruyendo mi reputación, le sacaré fotos al archivador de esa chica Iwaizumi.
Kozume le robó un besito a Akaashi, en agradecimiento.
Bokuto estranguló el brazo de Kuroo, sin creerse lo que veía.
Kuroo alcanzó a cubrirle la boca a Bokuto con el brazo libre, ahogando su grito.
—Lo sé, Bobo, lo sé. Pero, por favor, quédate callada —Algo respondió Bokuto que quedó ahogado en el brazo de Kuroo, que la chica logró traducir como un «¿Tú ya sabías?»—. Hace un tiempo lo sospechaba. Lo de Omi-chan fue una conspiración, sin dudas, pero no de las Miyas, sino de Akaashi.
—¿Conspiración? —preguntó Oikawa—. A mí me encantan las conspiraciones.
Bokuto no se encontraba de ánimos ni para hablar de conspiraciones.
Aran anunció la final de la Miya-Camp, Oikawa/Iwaizumi (Mattsun/Makki) versus Atsumu/Ushiwaka (SunaRin/Kodzuken). Makki y Mattsun se reunieron una segunda vez.
—No me importa ser maleducada con SunaRin —admitió Mattsun—, además estoy segure que Oikawa le tendría mucha envidia a su línea de ojos.
—SunaRin es muy buena evadiendo bloqueos —recordó Makki—. Y tú eres muy buene obligando a los rematadores a que fuercen sus bloqueos a los lados que más le favorezcan a la defensa. Si logras que SunaRin dirija sus bloqueos hacia mí haciéndole creer que en realidad te ha evadido, tendremos este partido asegurado.
Chocaron sus manos. Oikawa e Iwaizumi también chocaron las suyas desde la gradería.
Se realizó el sorteo. Las Youtuberas iniciarían jugando. Aran tocó el silbato.
SunaRin puso el balón en movimiento.
Mattsun recibió. Makki se preparó para armar. Kodzuken hizo su primera jugada.
—¿Tú eres LadyPink…?
Makki resbaló al saltar. Logró pegarle al balón con la punta de sus dedos, pasándola de milagro al otro lado de la red. Ni Kozume ni SunaRin lograron reaccionar. Si bien Makki salvó el punto, fue como si se abriera una grieta en la estructura de su universo.
Por debajo de la red, Kozume le entregó el balón a la falsa Iwaizumi, con una sonrisa demencial en sus labios.
Makki miró instintivamente hacia donde se suponía estaba su archivador, pero solo encontró allí su bolso y sus zapatillas.
Próximamente: capítulo final
