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MiyaFour vs Aobadivas
Universo Genderbend
Disclaimer: personajes no son míos
Anteriormente: Mattsun es Oikawa, Makki es Iwacchan, Kodzuken es Ushiwaka, SunaRin es Atsumu, Osamu es Omi-chan, y ya ha empezado la final de la Miya-Camp. Las verdaderas Omi y Tsumu se encuentran desaparecidas, las verdaderas Oikawa e Iwaizumi han llegado a Hyogo junto a Bobo y Kurororo, Akaashi ha prometido a Kozume urgar en el archivador de la chica de pelo rosa, Kozume la ha besado, Bokuto lo ha visto todo, Kuroo ya lo sabía, y Makki entra en crisis porque teme que su identidad de ficker haya sido descubierta.
IX. Un final, un inicio
Cuando SunaRin y Kodzuken alcanzaron los 19 puntos, Mattsun pidió tiempo muerto. Makki parecía descompuesta.
—¿Qué sucede? ¿No me digas que te han llegado los cólicos justo en este momento? —Makki negó con la cabeza, aunque su aspecto no desmentía las sospechas de Mattsun—. ¿Entonces qué sucede? Has estado fuera de juego, vamos cinco puntos por debajo. Nos van a robar el set.
—No está mi archivador, Mattsun.
—¿Tu archivador? —instintivamente, Mattsun miró hacia el lugar donde dejaron sus pertenencias—. ¿Estás segura?
—Puede que no lo haya dejado donde creí, pero… la suplente de la Ushiwaka, la rubia, me ha llamado LadyPink, ¡LadyPink!
—¿Quién es LadyPink?
—¡Yo soy! Quiero decir, ya sabes, mi alter…
—Claro que no. Tú eres PinkDiva, no LadyPink.
—Ha dicho mi nombre mal a propósito, Mattsun. Esa chica, joder… ella era una de las amigas de Omi-chan, y en el tren, nosotres conversamos…, porque ZoSan… entonces debió escuchar…
—¿Acaso quieres que te golpee otra vez? Cálmate Makki, límpiate el sudor. Quizá te ha descubierto, no lo sé. Pero imaginemos que sí. Pues es tan vergonzoso para ti como para Kodzuken. Y en realidad, es peor para ella. Por una razón no se atrevió a pronunciar el nombre correctamente.
—¿Kodzuken? ¿Conoces al reemplazo de Ushiwaka?
—He tardado en reconocerla, pero es ella…
Muy rápidamente, Mattsun le explicó que la joven Kodzuken llevaba un canal de videojuegos, aún no muy conocido, cuyo contenido prometía. El que leyera yaoi no era buena publicidad, porque, francamente, a nadie se la da.
—De todas formas, mi archivador…
—Ya lo buscaremos cuando acabe el set.
El archivador lo tenía Akaashi. Muy en contra de sus principios, Akaashi sustrajo el archivador mientras todos estaban pendientes del partido. Se lo llevó a una zona apartada del público, y con las gafas de lectura puestas, sacó fotos a sus hojas rosas.
No entendía nada de lo que leía. Si bien Akaashi no comprendía el mundo del yaoi y del fanfiction, su comprensión lectora estaba afinada, y su análisis literario aún más, y por ello podía afirmar que no había coherencia entre página y página. Ni siquiera Bokuto-san llegaba a esos niveles de discrepancia. La letra era la misma en todas las hojas, pero parecía que habían sido escritas por personalidades muy distintas.
Había unos borradores cuyas ideas eran complejas e intrincadas, bien narradas, con buen ritmo, ricas en vocabulario y unos diálogos que llegaron a sacar suspiros de deleite a Akaashi. Una punzada de envidia logró corroerla. A veces Akaashi también escribía, ideas sueltas y pensamientos de su día a día, pero nunca había llegado a ese nivel de destreza.
Pero luego de estar en el cielo literario, bajó directo a las catacumbas, y se encontró con unas asquerosidades extraídas de las cloacas del mismísimo hades. Una puntuación desastrosa, una ortografía que le hacía doler el páncreas, y ni hablar del contenido. Lo peor, la guinda de la torta, eran las correcciones a aquellos borradores donde las sugerencias y palabras tachadas hacían aún más aberrante el texto. Cómo era posible corregir un «haverte ido por ese camino», que de por sí ya causaba infarto, en un «ha verte ido, por esa calsada», mucho peor.
—Mi madre… —era lo único capaz de pronunciar Akaashi.
Los troles no nacen, se hacen, concluyó. No era natural escribir tan mal. Se necesitaba mucho genio y estómago fuerte para lograrlo.
Así, dominada por un inexplicable sentimiento de respeto y admiración, Akaashi encontró la continuación de aquel borrador 4, el escrito que le dio Kenma a leer en el tren, tan convulso. Akaashi no sabía que existía un kink que involucraba tentáculos, y otro que involucraba inflaciones. Ni siquiera cuando acabó el set y tocaron el silbato, Akaashi se percató de lo que sucedía a su alrededor, absorta en su lectura.
A Makki poco le importó perder el primer set. Sus ojos anegados se debían a la desesperación. Corrió hasta el cuadrado en la arena donde dejó sus pertenencias, y revolvió todo, llenando su bolso de arena, sin encontrar lo que buscaba. Mattsun trató de detenerla. A la mente de ambes acudieron las imágenes de la vez que Sora-chan sacó copias de sus escritos y los repartió por la escuela.
Makki rio para no llorar. Le estaba sucediendo otra vez, y peor, en frente de las Miyas, a quienes tanto admiraba. Mattsun trató de ser optimista. Quizá lo dejó olvidado en otro lado. Le pidió que hiciera memoria. Juntes volvieron a revolver entre sus bolsos, pero lo único que hicieron fue mover más arena.
Desde su ubicación entre el gentío, las verdaderas Oikawa e Iwaizumi, al ver el comportamiento errático de Makki, comprendieron perfectamente qué sucedía.
Y Bokuto, distraída con sus propios dilemas, de pronto vio a Akaashi, alejada del gentío, con los lentes de lectura y rodeada de hojas rosas. Y dijo:
—Qué mierda hace Akaashi estudiando en la playa.
Los eventos siguientes se sucedieron como una bola de nieve.
Oikawa podría tener muchos defectos, pero entre sus escasas virtudes, destacaba su lealtad gallarda, porque nadie se metía con sus amigas si podía evitarlo. Ignorando sus propósitos, Oikawa de abalanzó sobre esa chica que sacaba fotos a las hojas rosas de Makki, y de un puñetazo le partió los lentes y la cara.
Bokuto e Iwaizumi salieron detrás de Oikawa, con el objetivo de detenerla.
Kozume oyó el grito de Akaashi y sus pelos se engrifaron cuál gato.
Aran llamó a los jugadores a empezar el segundo set.
—¿Por qué te metes con mi novia? —gritó Kenma corriendo hasta Oikawa.
—Oye, ya va a empezar… —intentó razonar SunaRin, siguiendo a Kenma.
Oikawa tenía a Akaashi sujeta del cuello, la amenazaba.
—¿Qué haces sacando fotos a ese archivador? ¿A quién crees que estás robando?
Makki y Mattsun reconocieron la voz de Oikawa, el archivador, a la chica Akaashi, a Iwaizumi que ya sostenía a Akaashi, y corrieron hasta ellas.
Kenma se quedó de piedra al ver a Bokuto junto a Oikawa, que murmuraba:
—¿Has dicho que es tu novia?
Y luego empalideció al ver que Kuroo se acercaba junto al resto de la gente, a curiosear la pelea.
—Vamos, no seas cobarde, dime qué hacías con ese archivador —seguía gritando Oikawa, que no podía zafarse de Iwacchan, la bruta fuerte—. ¿Es que piensas que está bien hurgar en archivadores ajenos?
—Lo iba a devolver, ha sido un error.
—¡Por supuesto que lo ha sido! ¡Borra inmediatamente todas esas fotos! ¡Bórralas y que yo te vea!
Akaashi miró de reojo a Kozume, a Bokuto, a toda aquella gente que se acercó a copuchar. Había llegado a ese estúpido torneo, pero nada, absolutamente nada, había valido la pena. Pues no lo toleraría. Si el punto de estar allí era convertirse en la villana de Disney, todo vale. Así, fingiendo que entregaba su teléfono a Oikawa, a último momento le dio una patada que la derrumbó a ella y a Iwaizumi, y corrió playa abajo.
Oikawa trató de detenerla, se le lanzó Kenma encima.
Iwacchan corrió tras Akaashi. Bokuto lo mismo.
SunaRin sacó su teléfono, lo grabó todo.
Kuroo alentaba a la suplente de Ushijima Wakatoshi y a Oikawa por igual, enzarzadas en una pelea de gatas.
Makki recuperó su archivador, contó las hojas.
Las muchachas de la sub-19 lo presenciaron todo desde sus dispositivos móviles. Kageyama y Ushiwaka eran incapaces de decir alguna palabra, incluso con la verdadera Oikawa allí presente, protagonizando pelea contra la suplente de Ushiwaka.
—¿Qué hacemos? —preguntaba Osamu a Aran, desenvolviendo un onigiri muy tranquilamente, totalmente adaptada al caos—. ¿Lo detenemos de alguna manera o…?
Aran había arrojado toalla, se sentía derrotada. Al final, fue Kuroo quien detuvo la pelea de gatas, mientras Iwacchan y Bokuto traían de regreso a una muy magullada Akaashi, y su teléfono completamente destrozado, estropeado por las aguas del mar.
. . . .
La Miya-Camp se dio por terminada sin ganadores, sin embargo, cuando las falsas Oikawa e Iwaizumi le pidieron a Osamu el trofeo, ella no se negó, y además les regaló con cariño todas las remesas de onigiri. Con SunaRin accedieron a sacarse más fotos, y luego se despidieron, con muchos besos y abrazos.
Con ayuda de las chicas de Inarizaki, Osamu y SunaRin desmantelaron todo rápidamente. Al acabar, ambas se encaminaron hasta casa de Osamu, todavía tratando de procesar los sucesos del día.
—Es increíble todo lo que se ha perdido Atsumu, la cara que pondrá cuando le contemos que hubo pelea incluida.
—Pensé que en algún momento Tsumu aparecería, y sería ella quien montaría el esperado escándalo, porque sin dudas esperaba un escándalo —reconoció Osamu—, pero hay gente aún más loca que mi hermana. Sinceramente, estoy preocupada.
—¿Todavía no responde tus llamados?
Osamu negó con la cabeza, haciéndose a un lado para dejar a Rin entrar primero a casa. Inmediatamente detectó unos zapatos deportivos desconocidos junto a los zapatos de su hermana. Así que Atsumu estaba en casa.
—¿Osamu? ¿Dónde vas? —preguntó Rin siguiendo a su novia que corría escaleras arriba.
Osamu se detuvo frente a la puerta de su habitación, con los dedos sobre el picaporte, sin atreverse a abrir. Aguzó el oído. Escuchaba voces dentro.
—¿Qué pasa, Samu? —Rin hizo a un lado a su novia y giró el picaporte. Omi-chan le hacía un cunnilingus a Atsumu en la cama de Osamu. Rin cerró la puerta y corrió escaleras abajo a toda velocidad. Osamu la siguió hasta fuera de casa.
—¿Qué te pasa? ¿Qué viste?
—No me repondré de esto ni con terapia.
—Ellas estaban…
—Sí, sí, sí, ellas estaban…
Ambas se largaron a reír. Osamu tomó la mano de Rin y la invitó a seguir caminando por las calles de Inarizaki. Se detuvieron en la primera banca que vieron.
—Conocimos a mucha gente enamorada el día de hoy —opinó Osamu—, quizá debimos organizar un goukon en lugar de un torneo de vóleibol.
—La verdad que sí.
—¿A veces piensas cuando empezamos a salir? ¿Nuestro primer beso, nuestra primera vez? Ha pasado tiempo ya, pero a veces pienso en esos días. Especialmente cuando Tsumu empezó su noviazgo con Sakusa, suelo pensarlo…
—¿Qué piensas exactamente?
—Que soy afortunada. Lo siento, Rin, porque tienes que aguantarme.
—Es un honor para mí.
—Hablo en serio. Hoy me comporté más pesada que de costumbre. Sé que hiciste dupla con esa chica Kodzuken para evitar que la matara… pero al final igual la mató esa otra chica tan loca.
—¿Quién era esa chica?
—No tengo idea, pero al parecer era una de las amigas de la famosa Oikawa. Creo que la chica del cabello rosa, ¿Iwaizumi, cierto?, ella escribe los fanfiction que Akaashi o Kodzuken o ambas, leen. Su pseudo es LadyPink, PinkDiva o algo así.
—Ah, ya veo. Así que Akaashi ha robado ese archivador para leer esas historias.
—No me he enterado muy bien de sus motivos, pero más o menos.
—¿La googleamos?
Encontraron rápidamente el profile de la tal PinkDiva entraron en la historia que tenía más comentarios. Pero qué chorrada tan descomunal. Se sentaron en una banca y lo leyeron juntas, asombradas de aquella imaginación desbordante y la narración, si bien desastrosa, al mismo tiempo amena y que invitaba a seguir leyendo.
—Se parece un poco a las películas que te gustan —se reía Osamu, todavía sin creerse aquella chorrada.
—Ah, mira Osamu quienes han llegado —señaló SunaRin hacia la calzada, por donde caminaban unas muy vestidas Atsumu y Kiyoomi, tomadas de manos.
Osamu observó su reloj. Rin dijo:
—Ustedes dos debieron de haber roto alguna clase de récord, estoy segura. ¿Cuánto tiempo estuvieron revolcándose en la cama de Osamu?
—¿Cómo que en mi cama?
—Lo siento —se disculpó Atsumu, completamente roja. Omi-chan estaba igual o peor.
—¿Entonces? ¿Está todo bien entre ustedes? —quiso saber Osamu, esta vez con una voz desprovista de sus habituales defensas.
Ambas asintieron.
—No sean tan calladas, merecemos alguna clase de explicación. Mi cama merece alguna clase de explicación.
Después de que Atsumu emprendiera la huida, Omi-chan salió corriendo tras ella, manteniendo el paso detrás de Atsumu, sin alcanzarla pero tampoco disminuyendo la brecha, esperando evidentemente agotarla, la muy hijaputa. Luego de casi diez minutos de carrera continua, habiéndose alejado demasiado del lugar donde se desarrollaba la Miya-Camp, Atsumu llamó a tregua y ambas buscaron un mercado de conveniencia donde comprar bebidas. Entonces tuvieron la conversación pendiente que ambas necesitaban y merecían.
Omi-chan le dijo que sabía por qué había organizado la Miya-Camp, y que Atsumu había entendido todo mal, pero que ella también tenía culpa por evitar explicárselo a tiempo, sino seguirle el juego. Atsumu le compartió sus inseguridades, Omi-chan las suyas propias. Se enfadaron, lloraron, se reconciliaron, y finalmente, se amaron.
—Tu hermana es una celosa —resumió Omi-chan, sonriéndole a Atsumu—, y yo no me explico bien.
—Descuida, lo de los celos es genético —le dijo SunaRin, abrazando a su novia—, y también domable.
—A lo mejor Samu es celosa, pero yo no —se defendió Atsumu, solo por competir. Todas la miraron con incredulidad—. Bueno, solo un poco. Lo mío era una reacción completamente entendible. Como Omi-chan me dijo que no le gustaba perder el tiempo en citas, que lo más importante para ella era el vóleibol, y como siempre me ha parecido que admiraba a la Ushiwaka más que a nadie…
—¿Le dijiste eso a mi hermana? —saltó Osamu, entendiendo finalmente los motivos tras las actitudes tan raras de su hermana —¿Por qué, Sakusa?
Omi-chan se turbó. SunaRin, que ya sabía de qué se trataba, le hizo el favor de explicárselo a su novia.
—Porque Omi-chan es arromántica. Eso quiere decir que no es capaz de experimentar el romance así como nosotras.
—Pero… si se acaban de revolcar en mi cama…
—Porque ser arromántica no implica que seas asexual. Y esta mujer —apuntó a Omi-chan—, llevaba meses hirviendo, ¿no es así?
Omi-chan volvió a asentir, cada vez más avergonzada.
—¿Entonces de qué se trata todo esto? —quiso saber Osamu—, Sakusa-san, no estarás jugando con mi hermana, ¿cierto?, No te atreverías.
—No, no es así —contestó la propia Atsumu—, estoy sorprendida, ¿por qué actúas tan a la defensiva, Samu? ¿De verdad te importa?
—Cómo crees que no me importaría. Yo debería ser la única con autorización para hacer de tu vida un infierno, nadie más. Y digo esto cuando ni siquiera a mí me gusta pelearme contigo, por mucho que lo parezca.
—Discúlpame por lo de esta mañana —se arrepintió Atsumu, abrazando a Osamu—. Por supuesto que, si tu deseo es abrir tu restorán y vender onigiri, yo soy la primera que quiere que te resulte y te salga exitoso. Así, en nuestro lecho de muerte, podré irme en paz si sé que eres la más feliz de las dos.
—Y yo quiero que seas la mejor voleibolista, y en nuestro lecho de muerte, irme en paz solo si tú eres la más feliz. Por eso, si me dices que eres feliz con Sakusa-san, yo no te lo reprocharé. Pero tienes que decírmelo.
Atsumu tomó a Omi-chan de la mano.
—A lo mejor me equivocaré muchas veces, pero tengo ganas de intentarlo. Esta vez no habrá más paranoias, hablaremos las cosas en lugar de crear campamentos y cosas raras… Eso es lo que hemos estado haciendo, explicándonos todos estos malentendidos… además de lo otro…
—O sea, de revolcarte en mi cama con Sakusa-san.
—No sé cómo explicártelo, Osamu —habló por fin Omi-chan, muy cohibida—, porque yo tampoco sé cómo experimentan el amor el resto de las personas. Quizá para algunos, lo que siento por Atsumu sea una simple calentura. Y para otros, puede que se trate de una admiración malinterpretada. Pero hay algo en ella, que hace que me ruborice, y que sonría cuando no debería ni ruborizarme o sonreír…
»Sin dudas admiro a tu hermana. Está tan loca, pero eso es algo que adoro en ella. Además, las uñas le quedan geniales, y es la mejor voleibolista que haya conocido.
—¿Más que la Ushiwaka? —cuestionó Osamu. Ya que estaba sincerándose, le iba a sacar todas las verdades.
Omi-chan volvió a enrojecer.
—Wakatoshi-chan solo es mi amiga. También la admiro, pero no está tan loca. Aunque sí está bastante loca por esa Oikawa que resultó no ser la gran cosa. Me he sentido estafada. La famosa Oikawa hizo que decayera un poco mi admiración por Ushiwaka.
—Yo no estoy segura de concordar —opinó SunaRin—. Casi todas las muchachas de la sub-19 han comentado en mis redes sobre la famosa Oikawa. Ha causado gran revuelo, ella y sus axilas.
—¿Qué tenían sus axilas?
—Vello.
Omi-chan arrugó la nariz, totalmente espantada.
—¿Jugaba bien? —quiso saber Atsumu.
SunaRin y Osamu intercambiaron miradas.
—Ya te mostraremos el video —dijo Osamu con una sonrisa cómplice—. Ustedes realmente no saben lo que se han perdido. Tienen que ser consciente que, todo lo sucedido hoy, lo provocaron ustedes dos.
Osamu tenía razón. Entre que veían los videos de SunaRin, las interrupciones de Osamu para preguntarle a Omi-chan las dudas que le surgían sobre el arromanticismo, y las interrupciones de Omi-chan para saber sobre sus amigas de Tokio, se les fue la tarde, y las MiyaFour volvieron a la casa de las Miyas, donde Osamu obligó a Atsumu a cambiar su colchón con el de ella. Siguieron conversando hasta muy tarde, grabando videos, comiendo onigiris, pintándose las uñas, leyendo en voz alta el fic de Iwaizumi, la amiga de la famosa Oikawa, y viendo las películas extrañas que le gustaban a SunaRin, hasta que las sorprendió el alba.
Al día siguiente, Atsumu acompañó a Omi-chan hasta la estación de trenes, en Kobe.
—La próxima vez, simplemente invítame a pasar el fin de semana —le aconsejó Omi-chan, cuando ya llegaba el expreso de la línea Tokaido-Sanyo.
—De verdad que siento cómo me he portado… si te hace sentir mejor, estoy muy avergonzada. ¿Te has puesto en contacto con tus amigas?
—Lo he intentado, pero seguramente todavía me odian mucho. No te preocupes por ello —añadió al ver cómo cambiaba el rostro de su novia—, haremos las paces.
—Hazme un favor ¿sí? Dile a la Ushiwaka que su famosa Oikawa no era tan grande como decía.
Omi-chan sonrió, imaginándose la cara de Ushiwaka.
—No, será mejor no decirle.
—¿Por qué no?
—Porque a mí no me gustaría que nadie me dijera cosas como que tú no eres la mejor jugadora de vóleibol. Para Wakatoshi-chan la mejor es Oikawa, y la entiendo.
Decía eso porque, después de la Miya-Camp, a Omi-chan no le quedaban dudas de los sentimientos de Wakatoshi por aquella chica. Para gustos, colores…
El tren anunció su partida. Omi-chan prometió avisarle cuando llegase a casa. Y una vez partió el tren, a quien llamó fue a Akaashi, a ver si esta vez sí le respondía.
. . . .
La hinchazón de la nariz de Akaashi no había bajado, y tenía un inquietante color verde que daba miedo. Después de cinco llamadas de Omi-chan que había dejado correr, decidió por fin contestarle la sexta llamada, en altavoz.
—Espero que tengas una buena excusa, número 1.
—Akaashi, lo siento mucho, vi todos los videos. Realmente no sé qué decirte.
—Eso no es una excusa.
—Por favor, perdóname por arrastrarte hasta aquel sinsentido. No tengo ninguna excusa, soy una cachonda perdida y me pudo la lujuria. ¿Estás feliz? ¿Eso era lo que querías oírme decir? Porque la verdad es horriblemente vergonzosa cuando la pones en palabras.
—De acuerdo, tienes razón, no es una excusa pero al menos eres sincera.
—Cómo se encuentra Kozume.
—Está aquí.
—Hola —saludó Kozume.
—¿Me tenías en altavoz? Akaashi, cómo no me avisaste…
—En realidad estamos todas aquí —prosiguió Akaashi, y detrás de ella se oyeron muchas risas—. Me refiero a que nos acompañan Bokuto-san y Kuroo-san.
—¡Holas! —saludaron Bokuto y Kuroo.
—Ahhh… hola a todas… —saludó apenas Omi-chan. Bien sea, Akaashi era de las vengativas.
—En realidad, Omi —empezó Kozume—, queríamos darte las gracias. Especialmente yo. Hemos podido deducir más o menos cómo se dieron los acontecimientos, y si no fuese por ti o Atsumu… ahhh esto es muy vergonzoso, habla tú, Kuroo.
—No sé por qué tienes que agradecerle a la número 1, pero en fin, lo que Kenma quería decirte, es que si bien han golpeado a su novia frente a las cámaras, y ella también salió bastante lastimada, le gustó eso de pelear por su amor frente a todos, y se dio cuenta que no tenía nada de malo reconocerlo. Es más, que era estúpido ocultarle a sus amigas algo de lo que, francamente, se sentía orgullosa.
—Ahh… ¿Orgullosa de qué? ¿De que todos sepamos que lee yaoi?
—No, esa parte no —dijo Kenma—, ¿por qué solo te quedaste con eso?
—Lamento mucho que tú y Akaashi hayan salido tan magulladas. Las amigas de Oikawa resultaron ser verdaderas guerreras.
Bokuto trató de procesar aquella frase en su cabeza. Hasta donde sabía, fue la propia Oikawa, no sus amigas, quien dejó casi inválidas a Kozume y Akaashi, pero cuando quiso replicar, Omi-chan ya había finalizado su llamada.
Luego se lo preguntó a Kuroo, acaso ella lo había entendido. Ambas emprendían el camino de regreso a casa, dejando a Akaashi y a Kozume regalonear juntas.
—No, Bobo, todos creen que Oikawa es la falsa Oikawa, su amigue Mattsun, y la verdadera Oikawa es solo una amiga de la falsa Oikawa.
—Y si lo sabías, ¿por qué no corregiste a la número 1?
—Porque será más divertido cuando lo descubra. Además, Omi-chan en el fondo se merece la ignorancia, que han golpeado a nuestras 2 amigas.
—Pero eso no fue culpa de la número 1, sino de Oikawa. O sea, en realidad Oikawa se batió a puños por defender a su amiga Makki, y eso fue muy noble, admiración profunda por Oikawa. Sus golpes fueron tan brutales que se me pasó todo el enfado que sentía hacia Akaashi…
Pero, si bien se había reconciliado con Akaashi, no podía evitar sentirse dolida.
—Kurororo, ¿tú has estado en alguna relación?
—¿A qué viene eso? ¡Tú sabes que no! No te burles de mí por ser la única que nunca ha estado en una relación.
—Si llegas a conocer a alguien, me lo dirás, ¿cierto? O cualquier cosa que sea importante para ti, me lo dirás, ¿vale? No soy tan indiscreta como la gente piensa. Solo soy entusiasta, pero ¿por qué no serlo cuando se trata de la felicidad de mis amigos?
—Por supuesto, Bobo. Serás la primera en saberlo si acaso ocurre un milagro y tengo novio, o cualquier otra cosa importante de mi vida. Pero esto que me has dicho, también tienes que decírselo a Akaashi. Lo entiendo, estás herida. Las heridas del corazón son las más complicadas.
—Es que comprendo los motivos de Akaashi, y no puedo reprochárselo, Akaashi solo estaba siendo una buena novia. Sé que soy bruta —empezó a enumerar—, cargante, pesada, no me doy cuenta cuando incomodo a los demás con mi energía…
—Hey, basta. Deja de decir tonterías. Quédate aquí.
Kuroo fue a buscar no a Akaashi precisamente, sino a Kenma. Golpeó la puerta antes de entrar. Kozume jugaba videojuegos mientras Akaashi leía los fics de PinkDiva, por supuesto
—Esto en realidad está muy mal. Acordamos que no estaríamos enfadadas con Omi-chan, y bien, no tengo reparos, pero hay alguien a quien le deben una disculpa. Kenma, Akaashi, pero especialmente hablo con Kenma.
Kozume pausó su partida.
—Kuroo, por qué siempre tienes que humillarme. Entre nosotras las disculpas están implícitas. Nunca nos hemos pedido perdón, por nada. Me dijiste que no tenía que explicar nada. Sabes que estoy arrepentida. Lo estoy.
—No hablo de mí, idiota. Bobo es mucho más sensible de lo que podrías imaginar. Ella sabe perfectamente que su personalidad no es compatible con la tuya, pero tendrás que hacer un esfuerzo, porque si vas a tener una relación con Akaashi, tienes que saber que eso implica que también tendrás una relación con Bokuto, te guste o no te guste, y más te vale que te guste.
—¿Es verdad eso? —preguntó Kozume a Akaashi.
Akaashi se acarició las sienes.
—Sé que Bokuto-san está dolida, y hablaré con ella, pero Bokuto-san también tendrá que comprender que, ahora que tengo novia, la dinámica entre nosotras ya no será la misma.
—Por supuesto, si eso es comprensible, pero tienen que decírselo. Vamos, vamos, vamos, ahora, ahora, ahora.
—¿Ahora?
—Sí, tiene que ser ahora.
Bokuto, tan inocente como para desobedecer una instrucción clara como «quédate aquí», seguía en la misma intersección donde Kuroo la había dejado. Al ver a Bokuto, Akaashi salió corriendo hasta su amiga y la abrazó con fuerza, desequilibrándola. Kenma se acercó con cautela, más cohibida que temerosa. Kuroo la animó con los pulgares.
—Lo siento ehh… Bobo —se disculpó Kenma, llamándola por primera vez de aquella forma.
Nadie ganaba en abrazos a Bokuto, y aunque ya cargaba con Akaashi, pudo también cargar con Kozume y con Kuroo, y corrió con las tres sobre sus espaldas.
. . . .
En Sendai, los videos y fotos de la Miya-Camp, con Mattsun y sus axilas velludas, Makki reuniendo las hojas de su archivador, y Oikawa golpeándose con todo mundo, habían circulado rápidamente entre los estudiantes del Aoba Johsai. La reputación de las Aobadivas decayó varios puntos en el escalímetro social. Eran unas tortilleras, fanfiquers, fujoshis, picapleitos y gamberras.
Iwaizumi se reunió con Makki y Mattsun en el pasillo. Les preguntó qué tal iba el día.
—Bueno, no es como si no se burlaran ya de nosotres —dijo Mattsun—, pero que dicen si, en lugar de almorzar en el comedor como de costumbre, mejor subimos a la azotea…
—Concuerdo —dijo Makki, abrazada a su archivador—, necesito un descanso.
Buscaron a Oikawa. Hablaba por teléfono y su rostro se mostraba lleno de vida. Iwaizumi la interrumpió un momento para decirle que estarían en la azotea. Oikawa asintió y siguió conversando.
—¿Con quién habla tanto? —preguntó Makki, muy curiosa.
—Con Bobo y Kurororo, sus nuevas amigas —respondió Iwaizumi, siguiendo a m&m hasta la azotea—. Supongo que necesitaba alguna amiga heterosexual, y la verdad es que esas dos chicas son bastante divertidas.
—Ah… Quizá lo sean, pero las amigas de esas Bobo y Kurororo son el mismísimo anticristo —guerreó Makki abrazando más su archivador. Su opinión de Akaashi o de Kodzuken no era precisamente buena.
—Hablando de anticristos y heterosexuales… —dijo Mattsun, mirando a Makki de reojo—, Iwaizumi, qué sucedió entre tú y Oikawa, ¿le dijiste algo?, ¿te confesaste? Nunca nos dijeron qué pasó, pero nuestros ciclos se han desincronizado por algo.
Iwacchan se mordió el puño. Hasta entonces había olvidado que Makki la hubo traicionado vilmente al confesarle a Oikawa de sus sentimientos.
—Lo hice, sí.
—¿Y…?
—Y nada, Mattsun, qué te imaginas que pudo pasar. Oikawa me contó que le aceptaron la beca.
—Lo siento —dijo Makki—, ¿estás bien?
—Por supuesto que no, Makki, esto apesta. Pero qué puedo hacer sino continuar con mi vida. Oikawa continuará con la suya y dará garra. Yo tengo que encontrar la manera de empezar a vivir mi vida.
—Por supuesto que sí —le apoyó Makki, golpeándole la espalda—. Todavía somos muy jóvenes. Eres bonita y atlética, y tu carisma es innegable: muchas chicas se rendirán ante ti.
—¡Bolleras! —gritaron unos jóvenes al cruzarse con ellas. Mattsun e Iwacchan les enseñaron sus dedos.
Al llegar a la azotea, el brillante sol les cegó a los tres por unos segundos. Desde arriba, podían oír a Oikawa carcajeándose en algún lugar dentro de los límites de la escuela. Donde estuviese, Oikawa se hacía notar. Era un punto brillante dentro del oscuro universo.
—Después de todos los sucesos de la Miya-Camp, se me ha ocurrido una cosa —empezó Mattsun, mirando a Iwaizumi de manera extraña—, Makki, quizá quieras anotar esta idea para algún fanfic, es buena. Creo que Iwacchan haría buena pareja con la Ushiwaka.
Makki escribió en su archivador las palabras de Mattsun. Iwacchan se cruzó de brazos.
—Qué brutalidad estás diciendo ahora, Matsukawa.
—No te cierres a la idea, Iwaizumi, óyeme bien. Ambas tienen mucho en común. Las dos son atléticas, gustan del vóleibol y… bueno, tendrán alguna otra cosa más, eso deberás descubrirlo tú Iwaizumi, pero la más importante de sus semejanzas, es ese amor inexplicable y no correspondido que ambas sienten por Oikawa.
—No digas tonterías, Matsukawa. Oikawa ya nos explicó que lo de los chocolates en San Valentín fue un malentendido.
—Sí, Ushiwaka es muy burra para esas cosas, y como Oikawa siempre le guerreaba, me distraje con esas peleas, pero luego de la Miya-Camp, fue tan evidente. Lo que siente Ushiwaka por Oikawa no es simple admiración. Makki, por favor, díselo a Iwacchan: todo el mundo allí conocía a la famosa Oikawa. Quiero decir, no había un alma que no hubiese escuchado de la famosa Oikawa que no fue al Shiratorizawa. Y todo porque la Ushiwaka le ha hablado a todo el mundo de nuestra amiga. Te lo digo yo, que por un día fui Oikawa.
—Es cierto, Iwacchan. Fue sorprendente, incluso las Miyas, que ya llegaron a los EME seguidores, quedaron boquiabiertas cuando Mattsun se presentó como Oikawa.
—Sí, lo sé, Bobo y Kurororo también se sorprendieron. De todas formas, el que Ushiwaka sea quizá la mayor fan de la tierra de Oikawa, y haya arrastrado a tanta gente en esta Oikawamanía, en ningún caso la hace una buena pareja para mí, más bien lo opuesto.
Makki y Mattsun se miraron con complicidad.
—Ya basta ustedes dos, lo digo en serio. No se les ocurra molestarme más con este tema. En unos pocos días nos graduaremos. Ya nos hacen la vida imposible en esta estúpida escuela, déjenme en paz.
Aquellas palabras no amedrentaron a Makki y Mattsun, quienes se burlaron de Iwaizumi hasta que apareció Oikawa. Al verlas tan risueña, preguntó qué sucedía. Mattsun lo resumió todo en que Iwacchan y Ushiwaka podrían fundar el club de fans de la famosa Oikawa. El rostro de Oikawa se descompuso casi como acto reflejo.
—Esa idiota de Ushiwaka le ha dicho a todo el mundo que debí ir al Shiratorizawa, ¿qué se ha creído?
Y con alegría, la difamó hasta ponerse verde. Iwaizumi la observaba hablar, y ya sentía nostalgia. Con todos sus defectos, Oikawa había logrado hacerse un espacio en su corazón. Joder, que muy seguramente se había hecho un espacio en el frío corazón de la Ushiwaka, y de toda la elite deportiva del Japón.
Al terminar la jornada académica, Iwacchan y Oikawa se despidieron de Makki y Mattsun, y juntas regresaron a casa.
Le dijo Oikawa:
—Por cierto, quiero que conste que yo no te he rechazado. Te di la oportunidad de ser egoísta, pero no quisiste tomarla. Así que ni se te ocurra pensar que te he rechazado.
—Ya le dije a Makki y Mattsun que me rechazaste.
—¡QUÉÉÉÉ!
—Eres una buena amiga, Oikawa. Y ya está. Seguramente llore el día que te subas al avión, Y eso será todo.
—¿No te dan envidia Makki y Mattsun? —le preguntó Oikawa con los ojos brillantes—. A mí también me gustaría tener eso que elles tienen. ¿A ti te gustaría?
—Deja de ser tan boba —respondió, cuando realmente pensaba «a quién no».
—¿Crees que vayan a durar muchos años? ¿Crees que sean inseparables?
—De verdad ya cállate.
Se detuvieron en la intersección que separaba sus caminos. Chocaron sus puños y cada una siguió por su lado. Oikawa llegó a casa arrastrando su desazón. Como no quería pensar, se vio todos los partidos que tenía guardados en DVD, para estudiarlos. Iwacchan se cambió el uniforme por ropas deportivas, y salió a correr, con rabia, furiosa, tratando de dejar su mente en blanco.
. . . .
Tendou aguardaba en la entrada del Shiratorizawa la llegada de Wakatoshi. La efervescencia por las noticias recién recibidas la hacía correr de un lado a otro, y solo deseaba compartir su alegría con su mejor amiga.
Pero cuando vio a Wakatoshi desbordar el autobús, con su bolso al hombro, su cabello recogido en un tirante rodete, y con el ceño más fruncido que nunca, Tendou olvidó sus buenas noticias y corrió a recibir a esa mejor amiga, que se veía atravesaba una turbación profunda.
—¿Wakachin? ¿Amiga, qué sucede?
Las palabras que Wakatoshi había estado rumeando los últimos días durante la concentración de la sub-19 finalmente salieron de su sistema.
—Me mintió. Siempre me miente. No sé por qué es así conmigo.
Tendou abrió sus ojos de la sorpresa. Aunque el ceño de Wakatoshi había llegado a su límite y ya no podía fruncirlo más, Tendou no detectó enfado en la voz temblorosa de Wakatoshi. Estaba confundida.
—¿De quién hablas?
—De Oikawa.
—Oh… ¿qué te hizo ahora esa Oikawa?
—Me mintió —repitió Wakatoshi—. No participó en la Miya-Camp.
—¿La Myaa-Camp? Oh, maldición, me lo perdí, lo olvidé completamente. ¿Sucedió algo interesante? ¿Cómo estuvieron Omichin y Myaa Tsum?
—Ellas tampoco participaron.
—¿Quéééé? —gritó Tendou, completamente asombrada.
Wakatoshi se tapó los oídos y siguió su camino por las instalaciones de la escuela, hasta llegar a su dormitorio. Tendou se detuvo frente a una máquina expendedora, y tras rexaminar la oferta, compró una barra de chocolate. Llamó a la puerta dos veces antes de asomar su cabeza. Encontró a su amiga recostada en su cama, abrazada a un balón de vóleibol de peluche.
A veces Wakatoshi también tenía sus días malos. Tendou se sentó en el borde de la cama, meditando sus palabras. El amor carnal era algo que no entendía y que siempre había eludido a Tendou de alguna manera u otra. No podía enamorarse ni sentir atracción hacia otras personas. Incluso una piedra podría tener más libido que Tendou.
Unos días atrás, hubo creído que Wakatoshi albergaba sentimientos románticos por Miya Atsumu, y Tendou entró en pánico. Wakatoshi, junto con desmentirlo, le aseguró que dudaba mucho poder experimentar algo así. Tendou no quiso discutirlo, y por un momento, se sintió a gusto al saber que había alguien más en su misma situación, incapaz de ser tocada por el amor.
Pero, en el fondo, Tendou sabía que Wakatoshi no era como ella. A Wakatoshi le sucedía que no era capaz de comprender sus sentimientos, a menos que se los explicaran, y Tendou había tenido que explicar a Wakatoshi la mayoría de sus sentimientos, pero no podía hacer lo mismo respecto a aquellas emociones que siempre la habían eludido.
Y, sin embargo, al ver a Wakatoshi herida, volvía a replantearse su dilema: ¿cómo te lo explico, Wakachin, si de esto yo no sé ni papas?
—Esto… En el centro Otaku hay un ciclo de cine gore. SunaRin hizo un review de la película que pasarán hoy. La describió como «aborto cinematográfico». Es una descripción curiosa, ¿te animas a verla?
Otra de las reglas del mundo que Tendou le había explicado a Wakatoshi, era que si alguien te invitaba a ver una película gore, a menos que tuvieses un compromiso previo agendado, debías aceptar. Wakatoshi conocía muy bien todas esas reglas, y aún así, por primera vez, desobedeció una de ellas a consciencia.
Tendou suspiró, resignada.
—Maldición, no me dejas escapatoria, Wakachin. Tendremos que hablar de esto.
—¿De qué?
—De que te duele el corazón, amiga.
—No me duele el corazón. Si lo hiciera, creo que yo también me daría cuenta. Tendría el pulso anómalo, y mi reloj me habría advertido de ello.
Wakatoshi usaba uno de esos relojes smarthwatch que medían el pulso, las calorías, y monitoreaban los ciclos de sueño.
—No ese corazón, el otro. Las personas tenemos dos corazones, Wakachin. Un corazón muscular, que nos permite funcionar y vivir día a día, y otro corazón en el que habitan las personas que nos rodean, y dependiendo de quienes estén dentro de ese corazón, nos puede poner o muy feliz, o muy triste.
—¿Te refieres a este corazón? —y con sus dedos dibujó un corazón coreano, Tendou le enseñó todo sobre los idols coreanos unos meses atrás.
—Digamos que es un corazón de esa misma categoría… Pues Wakachin, lo que te sucede es muy normal. En tu corazón hay una personita que te hace doler. Ahora mismo estás dolida con esa personita. ¿Sabes de quien hablo, sí?
—Sí.
—¿Me quieres comentar qué es lo que te duele exactamente?
—Solo… me gustaría saber por qué Oikawa me odia tanto…
Al decirlo, su ceño se fue frunciendo más y más, y finalmente, una lágrima esquiva recorrió la línea de su pómulo. Tendou absorbió la lágrima con su propia manga, partió la tableta de chocolate en dos y le tendió una de las mitades a Wakatoshi. Otra de las reglas del mundo decía que los regalos había que aceptarlos, aunque no te apetecieran. A Wakatoshi no le gustaba el chocolate, pero era de las cosas favoritas de Tendou. Se limpió los ojos.
—Lo siento. Sé que es una conducta infantil…
—No, no es infantil. Cuando una persona está triste, o enfadada, y quiere llorar, está bien que lo haga.
Otra de las reglas del mundo hablaba de la reciprocidad de las preguntas. Tendou había aguardado su llegada, y le había preguntado qué tal todo. A Wakatoshi le tocaba hacer lo mismo. Sin embargo, quizá porque ya llevaba tiempo tratándola, tenía un presentimiento de las noticias de Tendou. Sin dudas, tenía esa cara de tener noticias ocultas.
—¿Te otorgaron la beca para estudiar en el extranjero?
—¿Qué? Wakatoshi, cómo lo sabes.
—También estás en mi corazón. Eres mi mejor amiga.
Y se abrazaron y lloraron y finalmente comieron chocolate y fueron al centro Otaku a ver esa película que SunaRin tanto desaconsejó. Si bien resultó ser una bazofia monumental, en ningún caso fue una pérdida de tiempo, aunque tampoco ayudó a Wakatoshi a relajar su ceño.
Sentadas en una parada de autobús, vieron a la amiga de Oikawa corriendo a toda velocidad.
—Hey, Hajimechin —la llamó Tendou, agitando sus brazos.
Iwacchan se detuvo de golpe. Qué asco de coincidencia, pensaba, lo que diría Mattsun de enterarse de aquel encuentro. Bien sea, no se lo diría nunca. En seguida Iwacchan recapacitó al percatarse en el ceño increíblemente fruncido de Wakatoshi. Incluso para ella era demasiado.
—Hola… ¿están bien?
—Pues, lo intentamos, Hajimechin —respondió Tendou—. Es una pregunta rara, pero estoy un poco desesperada aquí. ¿Cuál es tu receta para superar una crisis romántica?
—¿Una crisis…? No sé, supongo que correr…
—Nosotras fuimos al cine, y más o menos ha funcionado, pero a lo mejor para Wakachin sea más recomendable correr que ver películas, ¿qué piensas, amiga?
—Es cierto, soy buena corriendo…
Iwacchan se acercó con prudencia. Se sentó junto a Wakatoshi, pero miró a Tendou, y le preguntó:
—¿Acaso están hablando de quien pienso que están hablando?
—Sí, es esa persona.
—Ah…
Acudió a la mente de Iwacchan el borrador de Makki, en el cual describía al grupo llamado Aobadivas, sus alter egos populares que gobernaban Aoba Johsai, en especial el párrafo dedicado a Oikawa.
Oikawa Tooru se llamaba, y era, lo que se dice, una leyenda viviente. Sin lugar a duda Oikawa era la joven más hermosa y coqueta que hubiese pisado la tierra. Comparable solo con la talla de otras diosas como Palas Atenea o Afrodita, despertaba la admiración y los celos por partes iguales, convirtiéndola en el centro del universo de la vida de cualquier ser humano que se haya cruzado con ella. Su encanto solo podía comparase a una maldición.
Si lo pensaba bien, su nombre ya era una leyenda. Quizá, de manera rebuscada y subjetiva, también era Palas Atenea, la diosa de la sabiduría y la guerra. Y, sin lugar a duda, Oikawa era una maldición. Llegó al mundo para sacudir sus cimientos. A sus 18 años, ya había logrado que todo Japón temblara con su solo nombre, y ahora se iría a hacer temblar otros continentes.
La trol de Makki había captado muy bien su esencia. Oikawa era una maldición para quien se la cruzase. Debía liberarse de la maldición. Ella, Ushiwaka, quien sea. Debían liberarse todas de esas cadenas.
—Correr ayuda momentáneamente a olvidar a esa hijaputa, pero Ushijima, si quieres ser la mejor, tienes que empezar desde ya. Puedes hacerlo, ¿cierto?
—Puedo hacerlo. Empezaré ahora mismo —y se levantó para irse corriendo hasta la escuela.
Tendou, a quien aquella declaración la tomó por sorpresa, salió corriendo detrás, incapaz de aguantarle el ritmo a Wakatoshi. Iwacchan continuó su propio trote, jurando que en la vida le hablaría de aquello a Matsukawa.
Debía seguir corriendo, siempre hacia delante. Superar a Oikawa, derrotarla. Ser su mejor amiga.
Y me despido en el siguiente, en el epílogo...
