Selena fue despertando poco a poco. Se puso boca abajo en su cama, intentando taparse de los traicioneros rayos de sol. De repente, todo lo ocurrido anteriormente le vino a la cabeza como una bomba. Fuego había salido de su mano, a Ryan lo llamaron alteza y la persiguieron como a un animal. Ah, y que no se le olvide, Ryan supo en todo momento que estaba en este mundo, porque la vio caer y no la ayudó. Guau. Todo en un día. Rabia se acumuló dentro de ella, pero se calmó aspirando aire profundamente. Se sentó rápidamente, mirando a su alrededor. Se encontraba en una habitación bastante amplia, con un gran ventanal. Las paredes eran de un hermoso color crema y en el lado derecho de la habitación se podía ver un gran armario de madera. La cama también era enorme, con sábanas blancas y doseles semitransparentes. Selena se quedó mirando todo embobada. ¿Pero que estaba, en un castillo?
-Sí, exactamente. Esto es el castillo de la familia real.
Selena dio un respingo y saltó de la cama, asustada. Miró a su alrededor, buscando el portador de esa voz.
-Upss, lo siento. Tengo la manía de desaparecer sin querer.
Al lado de ella, una chica apareció de la nada, sonriente. Llevaba unos pantalones cortos y una camisa de color amarillo. Su cabello era de color rubio y muy corto, a lo tipo chico como Danna, mientras que sus ojos eran de un color verde claro. La chica le tendió la mano.
- ¡Encantada, me puedes llamar Sam! ¡Un placer conocerte, Sacerdotisa!
Selena la miró confundida.
-Yo...hum...me llamo Selena. No sé de qué hablas con eso de sacerdotisa, lo siento-Selena sacudió la cabeza-igualmente, ¿Quién eres tú y como has aparecido de la nada?
Vaya, pensó Selena, de repente era muy preguntona con la gente.
Sam soltó una risilla.
- Tranquila, no me molestas que me preguntes. Es por mi magia que desaparezco, digamos que me confundo bastante bien con el ambiente.
Selena la miró atónita.
- ¿Qué lees, la mente o qué?
Selena hizo una mueca. Genial, también había perdido los modales. Sam se rio aún más.
-Eres graciosa, ¿lo sabías? Sip, puedo leer la mente-se giró hacia la puerta y la abrió. A continuación, le hizo una seña-Ven, sígueme.
Selena, sin saber qué hacer, la siguió. Pasaron por muchas habitaciones, a lo que Sam le indicaba que eran, como un guía turístico.
-...aquello es la cocina, donde más de 10 cocineros preparan desayuno, almuerzo, merienda y cena todos los días. Por allí está la biblioteca, la cual se compone de más de 25.000 libros. Más allá, al girar a la derecha...
Selena asimiló toda la información, aturdida. Intentó llamar la atención de Sam varias veces, sin conseguirlo. Pasaron varias puertas seguidas, cada una más grande que la anterior y franqueadas por guardias a los lados. Sam se detuvo en lo que parecía el último par de puertas. Casi llegaban al techo. Selena las miró, asombrada. ¿Cómo se abriría semejante puerta? Sam carraspeó y la miró totalmente seria.
-Por último, conocerás a los reyes. Es un gran honor, así que debes comportarte adecuadamente, Sacerdotisa.
Selena tragó saliva. ¿Y cómo se comportaba una ante un rey cuando nunca había hablado con alguno? Las puertas se abrieron solas, sin que Sam las tocara. Cuando se abrieron lo suficiente para pasar, Sam entró. Selena miró hacia todos los lados, nerviosa. Si intentaba escapar, los guardias la cogerían antes de que pudiera dar un paso y no hay otro camino aparte del cual habían venido. En otras palabras, no hay escapatoria. Tragó aire profundamente y dio un paso hacia delante. Las puertas se cerraron detrás de ella. Ya no había vuelta atrás.
Las puertas no hicieron ruido al cerrar. Selena tragó saliva y miró hacia el frente. Se podía ver dos tronos diferentes, pero la estancia estaba tan oscura que no podía identificar quienes estaban sentados en ellos. Un trono era más pequeño que el otro, identificándolo inmediatamente con la reina. En los dos estaba sentando alguien. Selena volvió a tragar saliva. Solo esperaba no acabar con la cabeza rodando o algo.
- ¿Así que tú eres la sacerdotisa nueva? Eres algo pequeña.
Una voz grave la saludó. Si es que a eso podía llamarse saludo. Selena cogió aire. Algo amable, di algo amable.
-No soy pequeña, es que ustedes son demasiado grandes.
Mierda.
- ¿Demasiados... grandes?
Sam emitió algo así como una risilla, pero intento esconderla con una tos. Selena sacudió la cabeza rápidamente.
- ¡NO! Esto...quería decir que...deberían bajarse de esos tronos. Esto esta tan oscuro que no se ve nada. O sea, que estamos... ¿en el padrino o qué? Ya sabes, a lo gánster.
Bien hecho, Selena. Tus dotes hablando son las mejores.
Sam soltó esta vez la risilla entera, sin disimular.
-No estamos a lo gánster, Sacerdotisa-Una voz helada femenina fue la que habló esta vez-Tu deber es servirnos a partir de ahora. Debes proteger a la familia real y a nuestro mundo, Pyrus.
Selena frunció el ceño y negó con la cabeza. Se iba a arrepentir se esto.
-No.
Un silencio cayó sobre ellos. Sam la miró con cara de terror a lo que Selena se encogió de hombros.
-Miren, voz misteriosa 1 y voz misteriosa 2. Yo vine a este mundo porque un fantasma que salió de la nada me hizo caer dentro de un dichoso portal. Después me intentan cazar, prendo fuego a mis manos y descubro que mi nuevo compañero de clase, por cierto, está más bueno que el pan, es alguien relacionado con la realeza. El recibimiento a este mundo no ha sido muy caluroso, no. Así que no veo por qué debo proteger este mundo de alguna manera que no tengo ni maldita idea.
Las figuras del trono se levantaron. Selena tragó saliva. Mierda, mierda, joder, me cago en todo, pensó Selena al instante, tendría que haberme callado. Las figuras se acercaron cada vez más a ella. Selena cerró los ojos con miedo.
- ¡Eres de lo que no hay chica! -una carcajada fue seguida de esas palabras.
Selena abrió los ojos al reconocer esa voz. De repente, la estancia estaba mucho más iluminada, pero quizás lo más sorprendente era que delante de ella se encontraba Danna y Ryan. RYAN.
Selena se sonrojó como un tomate.
- ¿Has escuchado lo de que estas más bueno que el pan, ¿no?
Ryan la miró serio, pero con un amago de sonrisa en sus labios.
-Exacto.
Selena se dio una palmada bien fuerte contra la cara. Genial, genialísimo, vamos de PTM. Selena sacudió la cabeza y les preguntó, cansada:
- ¿Y esto ahora que es?
Desde que había llegado a este mundo solo encontraba sorpresas debajo de cada piedra. Danna dejó de reírse, pero le sonrió.
-Solo era una pequeña prueba que has superado con creces.
- ¿Entonces todo esto de los reyes era mentira? -preguntó Selena.
-Emmm... buenooo... -Danna se tocó el pelo, nerviosa. Sam se acercó emocionada a Ryan y le cogió el brazo.
- ¡Mi hermano es en verdad el rey!
Selena se quedó con la boca entreabierta.
- ¿Qué TÚ ERES SU HERMANAAAAA?
Ryan sacudió la cabeza.
-Ruidosa. Me sorprende que te sorprenda que ella es mi hermana y no de que yo sea el rey.
Selena lo miró con burla.
-No sé, sabes, que te digan alteza y todo eso me hace pensar que o eres el rey o el príncipe. Lógica, Ryan, lógica.
Ryan rodó los ojos.
-Lo que tú digas. Además, -se giró hacia Sam con el ceño fruncido- ¿lo has vuelto a hacer, ¿verdad?
Sam parpadeó inocentemente.
- ¿El qué, hermano?
Ryan resopló. Se giró hacia Selena.
-Te equivocas, no es mi hermana-le levantó la camisa a Sam así sin más. Selena soltó un grito y le pegó un puñetazo a Ryan.
- ¡PERVERTIDO!
Ryan se mantuvo en el sitio y la miró, cabreado.
- ¡IDIOTA, FIJATE BIEN!
Selena, sin quererlo, observó el pecho de Sam. Espera... ¡no tenía pecho! ¡Era plano como una tabla!
- ¿¡QUÉÉÉÉÉÉÉÉÉÉÉÉÉÉÉÉÉ?!
Selena señaló a Sam, atónita.
- ¿¡Eres un chico?! ¡¿Cómo es posible?! ¡Pero si eres la persona más femenina que he conocido!
-Gracias por el cumplido-dijo Danna con burla. Selena la miró con una disculpa en los ojos.
-No sé, hay una diferencia fundamental entre chicos y chicas. Ya sabes, los chicos tienen pe...
- ¡YA SÉ QUE TIENEN LOS CHICOS! -exclamó Selena girándose otra vez hacia Sam.
-Joder, sí que gritas-resopló Sam.
Ella...perdón...él...lo que sea había pasado de ser una chica totalmente amigable a ser un chico malhumorado. Cruzó los brazos detrás de su cabeza. Selena seguía totalmente sorprendida, pero lo aceptó. Las cosas no son lo que parecen, pensó aturdida. Ryan le dio una colleja a Sam bastante fuerte.
-Nada de tacos, Samuel.
Sam se quejó y lo miró furioso.
- ¡Si tú los dices a cada rato!
-Yo soy el mayor.
- ¿¡Que lógica es esa?!
-MI lógica. A callar.
-Esto...chicos...tenemos que explicar las cosas a la Sacerdotisa y tal.
Ryan y Sam dejaron de discutir y miraron a Selena. Después se observaron mutuamente y se rieron con una risilla malvada los dos a la vez, cosa que hizo que Selena tuviera un escalofrío.
-Totalmente bipolares-dijeron a la vez Danna y Selena.
Ryan se acercó a Selena y la cogió por el brazo.
-Vámonos. Necesito contártelo todo.
La dirigió hacia un patio exterior inmenso. Había árboles por todos lados parecidos al bosque donde había caído en este mundo por primera vez. Se podía observar una especie de laberinto más allá y había bancos a los pies de los árboles. En el centro del patio había una enorme fuente, la cual estaba formada por una estatua de una mujer verdaderamente hermosa. Con el pelo largo y rasgos felinos, además de un cuerpo de modelo que hacía que quien la viera tuviera envidia. Ryan y Selena se sentaron en un banco, la última con cierta reticencia. Entonces fue cuando Ryan empezó a explicárselo todo con voz tranquila.
-Verás, nuestro mundo se llama Sapphire, no Pyrus como dijo antes Danna. El nombre de Sapphire viene de un rumor bastante famoso-señaló hacia el cielo-dicen que una vez una diosa llamada Kira subió y subió a lo alto del cielo, tanto que llego al espacio. Al mirar hacia abajo, vio que nuestro mundo desde el exterior se veía de un precioso color azulado, como un zafiro. Lo llamó Sapphire, en honor a esta gema.
Selena frunció el ceño.
- ¿Este planeta también está formado en parte por agua, como La Tierra?
Ryan la miró por el rabillo del ojo.
-Tienes unas preguntas de lo más peculiares -Ryan asintió con la cabeza, dándole la razón-. Algo así. Nuestro mundo se forma por continentes y agua, en su mayor parte. Tres continentes, exactamente. El más pequeño se llama Junos. El mediano, Blood. El último y el más grande, Tyrus. Cada continente lo gobierna un rey o reina, pero por supuesto, el que gobierne Tyrus será mucho más importante. El rey de Tyrus suele ser quién da las órdenes más importantes y quién puede anular cualquier ley. Es como el ''líder''-Ryan hizo el gesto de las comillas con sus dedos- de entre los tres reyes.
Selena alzó ambas cejas.
- ¿Y tú eres el rey de...? Es decir, ¿estamos en.…?
Ryan cruzó sus brazos detrás de la cabeza y estiró sus piernas.
- ¿Cuál crees?
Selena se encogió de hombros.
-Por decir alguno...-frunció el ceño, intentando recordar los nombres- ¿Blood? -él negó con la cabeza. Selena tuvo una premonición, pero esperaba que no fuera cierta- ¿Junos? -él negó otra vez con la cabeza, burlón-lo que me faltaba...Tyrus, ¿verdad? -él asintió y apoyo sus codos en las rodillas a la vez que mantenía su cabeza con las manos. Lo sabía, pensó Selena. Encima el chico era importante.
Selena suspiró y se levantó. Por lo menos su relación con Ryan iba mejorando, pero...
-Mira, yo solo quiero volver a mi casa.
Se dio la vuelta, dispuesta a irse.
-Quieta.
La voz de Ryan sonó extraña, más ronca de lo acostumbrado, como si algo hablase a través de él. Selena se detuvo. Sus piernas de repente no le hacían caso, como si no fueran suyas.
- Pero ¿qué...?
-Vuelve a sentarte.
Selena volvió al banco y se sentó, su cuerpo sin hacerle caso. Ryan tenía sus ojos violetas clavados en ella, pero no se había movido absolutamente nada. Selena sintió un sudor frio bajar por su espalda.
- ¿Qué me has hecho?
-Un poco de manipulación. Ahora, escúchame-acercó su cara a la de ella-. Tú eres la Sacerdotisa. Nunca escaparas de aquí. La Sacerdotisa tiene la función de proteger, servir y ayudar a la familia real, sobre todo al Rey o la Reina. Es como su guardaespaldas personal. Aparte de protegerlos a ellos, también debe de unirse a las demás Sacerdotisa de los continentes para salvar los mundos llegados al caso de que ocurra esa catástrofe. Debe aprender a emplear hechizos y a dominar su propia magia, sea cual sea-entrecerró los ojos-por mucho que lo intentes, no escaparas nunca de mí. Te encontraré sea como sea.
Se levantó y dejo a Selena sentada. Cuando desapareció de su vista, sintió como la rigidez de su cuerpo se disipaba y se pudo mover de nuevo. Su relación nunca podría mejorar, pensó soltando una carcajada áspera, pero algo triste. Apretó sus puños y, mirando hacia donde fue él, dijo con voz firme:
-Huiré de ti.
