Oh sí, otro fanfic de RWBY. Tener más libertad en mi cuenta de wattpad me ha devuelto la inspiración, así que aquí traigo otra historia, veré qué tal le va. Necesitaba una historia Whiterose xD.
¡Espero les guste!
"No significa nada"
Capítulo 1:
El alcohol tiene la culpa.
— Dame otro— pidió la chica a la bar tender.
— Weiss… ya has tomado demasiado… No deberías seguir— le dijo, genuinamente preocupada.
— Oh, ¿crees que, porque hemos hablado un poco y somos compañeras de habitación, tienes el derecho de decirme cuando es suficiente? Tengo dinero y tengo sed, ¡dame otro!
— Uy no, créeme que no me atrevería a compararme con usted, Miss Schnee— Ruby sonrió con sorna—. Afortunadamente— susurró, provocando que Weiss gruñera —. Pero creo que te estás confiando demasiado, ¿crees que siempre que te emborraches por una ruptura con Neptune voy a llevarte a casa?
— Eso nunca te ha molestado— le enseñó la lengua. La pelinegra sonrió, sí, definitivamente su amiga ya estaba bastante tomada.
— No es garantía de que lo haga siempre.
— Pff, ¿cuántas veces han sido? ¿Dos?
— Cinco, sinceramente, no sé por qué sigues con él— el puchero en el rostro de Ruby dejó ver su molestia con el chico de cabello azulado.
— Nos vemos bien juntos, supongo— la albina comenzó a jugar con el vaso, mientras suspiraba —. Digo, sé que no lo amo, pero no puedo dejarlo… es algo tóxico, ¿no crees? Quizá soy estúpida.
— ¿Es aquí donde debo decirte "no, no lo eres" o "al fin te diste cuenta"?
— Es aquí donde llenas mi vaso, eres mi amiga, ¿o no?
— Bueno, no sé si nos haga amigas conocernos hace tres meses y compartir habitación en la universidad.
— Jódete, puedo ir a la otra barra— escupió la heredera, mientras se levantaba.
— Ya, ya, Weiss, lo siento— Ruby sonrió, mientras tomaba la mano de la albina —. Pero en serio, es peligroso que lo hagas, hazme caso, mejor espérame en la sala de empleados, mi turno está por terminar— pidió con un tono de voz que sabía que Weiss no podía rechazar.
Los intensos ojos plateados de su amiga, donde había una mezcla de diversión y preocupación, dejaron sin palabras a Weiss. Era en esos momentos donde la heredera sentía una extraña punzada en su pecho, quizá era porque ninguna persona la trataba como lo hacía Ruby; tal vez era la razón por la que le dejaba ordenarle de una manera tan directa.
— Sírveme agua mineral con sal y limón— pidió Weiss, mientras comenzaba a caminar hacia la barra. Casi como si fuera ensayado, Ruby abrió la puertilla para que su amiga pudiera pasar.
— A la orden— susurró, mientras miraba a la albina pasar por la puerta hacia la sala de empleados.
— Honestamente no sé cómo la aguantas, prácticamente viene al bar para que la cuides— le dijo Pyrrha, una compañera de su trabajo.
— No tengo que aguantarla, precisamente— respondió con una sonrisa —. Me recuerda a Jaune cuando era más pequeño, con esos aires de grandeza. Hablando de él, ¿aún no se da cuenta de que te gus…?
— ¡Buenas noches! — le interrumpió su amiga.
— Buenas noches, Pyrrha, ¡hey, sis!
— Yang— la pelinegra hizo un puchero —. Apóyame, Pyrrha me interrumpió cuando le estaba por hablar de Jaune.
La cara de Yang mostró una mueca de pena, mientras enseñaba los dientes. Se hizo a un lado, y ahí, estaba el chico de cabello rubio junto a Nora, quien miraba a Pyrrha con malicia.
— ¿Estaban hablando de mí? Espero hayan sido cosas buenas— sonrió.
— Seguro cosas MUY buenas— bromeó la chica de ojos verdes.
— ¡Ruby me hablaba de Weiss! — gritó Pyrrha, entrando en pánico.
— Weiss… ¿Weiss Schnee? ¡Oh, por Oz! ¿Está aquí?
— En la sala de empleados, tranquilo, no está aquí para criticarte por tu sudadera de conejito— Ruby lo miró con una sonrisa, esta vez no tenía puesta dicha prenda, pero nunca olvidaría el día en que Weiss le dijo que parecía que usaba la misma ropa que cuando tenía diez años.
— Ni quien la tome en serio, su ruptura de hoy con Neptune fue todo un show. Ya estamos haciendo apuestas para mirar quién va a pedirle a quien que regresen esta vez— Pyrrha enseñó en la pantalla de su smartphone la encuesta de twitter donde preguntaban acerca del tema.
— He apostado cinco grandes a Weiss, quiero tener la esperanza de que el chico se deje de humillar por una vez en su vida— Yang se recargó en la barra.
— ¿No te mordiste la lengua? — dijo Nora, sólo para codear a Jaune y apuntarle a algún lugar, esos dos parecían comunicarse telepáticamente o algo por el estilo.
— Lo dice la que lleva un año enamorada de la capitana del equipo de animadores, ¡Blake ni siquiera voltea a verte! — se rió Ruby, mientras chocaba los cinco con Jaune.
— Blake no me gusta, no sean idiotas— el sonrojo en la cara de la rubia la traicionaba. Para todos era obvia la atracción que ella sentía hacia la pelinegra de ojos ambarinos, pero para dicha chica, la capitana del equipo de fútbol americano no era otra cosa que una más, dentro de todos los que corrían tras un balón en la cancha donde animaba.
— Todos estamos claros en que son un desastre en el amor— Ruby tomó un vaso, si tardaba más con el agua mineral, Weiss saldría a reprimirla.
— Cierto— Jaune le dio la razón.
— Me duele, pero lo tomo— Nora puso una mano en su pecho, recordando que su novio que no sabía que era su novio, era un total despistado para captar indirectas. Podría hacer todo más fácil yendo de frente a decirle que le… espera… esos eran malos recuerdos.
— Es fácil hablar para ustedes que no tienen a nadie, aunque Ruby no está lejos de ser el plato de segunda mesa de Weiss— Yang tomó venganza.
— ¿Esa es una confirmación de que te gusta…?
— ¡Hey, Blake! — Jaune saludó a la capitana.
— Jaune— la pelinegra dejó de hablar con sus amigos y se detuvo a conversar con el rubio. Una vez estuvo cerca, miró a todos los que estaban con él —. Pyrrha, Ruby, Yang, Nora— saludó con una sonrisa —. ¿También están aquí por la reunión de los clubes deportivos? Bueno, sé que ustedes dos trabajan aquí— apuntó a Pyrrha y Ruby.
— Así es, ¿qué te sirvo? — preguntó la menor de las Xiao-Long/Rose.
— Por ahora nada, gracias— dijo Blake, con la elegancia que la caracterizaba.
Todos voltearon a ver a la rubia, quien se había quedado completamente estática, y bueno, ¿quién podía culparla? Blake lucía un crop top blanco y jeans oscuros, todo coronado con un collar de gato… ¡Se veía preciosa! Y claro, era lo único que Yang podía procesar por el momento; estaba totalmente ajena a la conversación, sólo volvió en sí cuando Jaune la tomó del hombro.
— Blake nos preguntaba que qué opinábamos de su nueva rutina— intentó rescatar el rubio, buscando darle pie a su capitana para que hablara con la persona que le robaba el aliento, literalmente.
— ¡Ah! Eh… Bueno, era… era muy buena, eres muy buena… ¡Ustedes! Ustedes son muy buenos, y se ven hermosos hoy, ¡te ves hermosa hoy! — la chica de ojos violetas sentía que se quedaba sin aire mientras hablaba.
— Oh, ¿en serio? Realmente no sabía qué usar, al final terminé sacando lo primero que me pareció bien, ya sabes, como capitanas tenemos una imagen que proteger. Tú igual te ves hermosa hoy— halagó la pelinegra con amabilidad.
— Sí— respondió Yang, sintiendo que su pecho se quedaba estático.
— Respira, capitana— Nora sonrió —. ¿Vas a bailar, Blake? Yang dijo que había venido para limpiar la pista— empujó a la rubia hacia adelante.
— Oh, ¿en serio? Veamos quienes dominan esta noche— retó la chica de orbes ambarinos.
— ¿Es un reto? — preguntó Yang, un poco más despejada.
— Si lo quieres ver así— le guiñó un ojo —. Los veo allá— se despidió, volviendo con el grupo de animadores.
— Pero no te gusta— dijo la menor del grupo con una sonrisa.
— ¿No tenías trabajo? — bufó Yang.
— Ya hasta volví de la sala de empleados, todo a tiempo para verte en pleno lesbian panic— le guiñó el ojo a su hermana.
— ¡Tú! — Yang se abalanzó contra la ojiplateada y le hizo una llave, mientras la despeinaba.
Después de un momento de risas, Yang, Nora y Jaune siguieron su camino a la fiesta, dejando de nuevo solas a Pyrrha y Ruby.
— En serio te quedas muda cuando se trata de él.
— … No puedo hacer más…
— Estoy segura de que, si dijera que la gran Pyrrha Nikos se queda muda ante Jaune Arc, nadie me creería. Eres la chica más popular de la universidad, deberías tener más confianza en ti misma.
— Bueno, a Jaune no le importa la popularidad, así que no creo que tenga más oportunidad que cualquier otra chica.
— Mi niño se ha convertido en un hombre— Ruby suspiró con anhelo fingido —. Bueno, antes le importaba mucho ser popular y el estatus, ahora es más sencillo, y dentro de eso, no creo que te rechace si le pides una cita alguna vez, ánimo— le sonrió.
— Gracias— Pyrrha correspondió el gesto, pero casi inmediatamente, su rostro amable se transformó en una mueca de cansancio —. Se te escapó tu mascota.
— ¿Eh? — Ruby miró al lugar donde la vista de su amiga estaba posada, y miró a Weiss bailando con un chico del equipo de animadores —. Bueno, parece que de verdad quería tomar— suspiró, derrotada.
— Ella no va a entender, no entiendo por qué la aguantas— Pyrrha negó con la cabeza.
— Bueno… ese es un secreto— la pelinegra miró su celular. Weiss le había mandado un mensaje diciendo que Neptune estaba en la fiesta en el bar esa noche, y no sólo eso, también había publicado una fotografía muy cariñoso con un chico que lo había estado rondando desde hacía unas semanas, antes de que ellos dos rompieran. Adjuntaba el claro mensaje de que también saldría a divertirse y le estamparía en cara a su ex, en redes sociales, que también podía divertirse sin él.
Ruby se mordió el labio en señal de resignación.
Todos le preguntaban cómo era que soportaba a la señorita "soy rica y popular", y sí, ella en un principio quería cambiarse de habitación, pero una noche… Una noche supo que, aunque estuviera muy en el fondo, Weiss Schnee era normal.
— ¡Descuida, Ice Queen! ¡No me interesa lo que tengas que ir a hacer! — le gritó la pelinegra, mientras se recostaba en su cama. Escuchó la puerta azotarse, pero inmediatamente, volvió a abrirse — ¿Qué se te olvidó?
— … ¿Y Weiss?
— … ¿Quién eres? — por un momento pensó en llamar al encargado de los dormitorios, pero era un niño, y uno muy peculiar. Su piel y cabello, tan blancos como la nieve, le recordaron a su odiosa compañera.
— Whitley Schnee… ¿quién eres tú?
— Una persona que vive en esta habitación, ¿buscas a Weiss?
— Sí…
— Bueno, acaba de salir, seguramente regresa en un rato— tomó el mando de x-box y se dispuso a seguir con su juego.
— ¿Es Dragon Ball Xenoverse? — preguntó, poniéndose a lado de ella.
— Eh… sí, ¿te gustan los videojuegos?
— ¡Sí! No he podido jugar este.
— Eso es raro, pensé que tu padre les daba todo— los ojos de Whitley miraron al suelo, y Ruby supo que había tocado un punto sensible.
— Lo siento. Mira, este es mi personaje, cool, ¿verdad?
— Se parece a ti— tomó el mando que Ruby le ofrecía —. Casi no escucho su voz.
— Oh, sí, no tengo audífonos, y tu hermana arrancaría mi cabeza si le subo más de seis líneas.
— Mi hermana no haría eso, ella jugaba conmigo en nuestra casa.
— … ¿En serio?
— Sí— sonrió, dejando ver lo feliz que lo hacía el recuerdo.
— Vaya, no pensé que Weiss tuviera un lado dulce.
— Mi hermana es la persona más amable que puedas conocer— afirmó el niño, mientras sonreía.
— ¿Estamos hablando de la misma per…?
— ¡Whitley! — la puerta y la voz de la heredera se escucharon al mismo tiempo.
— ¡Hermana!
— Cielos, te dije que me esperaras donde estabas.
— Cuando te hablé ya estaba caminando.
— ¿Y por qué no contestabas el celular?
— Oh— el niño sacó su móvil —. Lo siento, se me acabó la batería.
Los hermanos comenzaron a hablar por su lado, mientras Ruby miraba la escena con sorpresa. Esa era una sonrisa que no había visto nunca en su compañera, era dulce y tierna, denotaba amor, casi tuvo el impulso de pedir un deseo por lo raro del acontecimiento. Weiss le dirigió la vista, y esta vez, no había ninguna clase de sentimiento despectivo en ella.
Cuando el niño se durmió, Weiss salió a la baranda.
— Se parecen— Ruby tanteó el terreno. Si Weiss amenazaba con lanzarla por la ventana, tomaría una distancia prudente y retrocedería sin perder contacto visual.
— Nos parecemos a nuestra madre, tengo una hermana mayor, ella también.
— Pensé que Jacques igual tenía el cabello…
— Se lo pinta.
— Vaya, la mayoría de las personas quieren evitar las canas— la ligera risa de Weiss le dio aprobación para recargarse en la baranda, junto a ella.
— No le digas a nadie.
— ¿Por qué tu hermano está aquí?
— Huyó de casa…
— ¿En serio?
— Sí… a veces lo hace. Cuando está muy sólo.
— Me imagino… y sí, no diré nada.
—… Gracias— susurró Weiss, mientras suspiraba y miraba al frente.
— Dime… ¿tienes problemas en tu familia? — los ojos azules de su compañera se volvieron a ella, extrañados. Generalmente nadie le preguntaba eso, es decir, era rica, claro que tenía que estar bien. Si tan sólo las cosas fueran tan fáciles, pero hacía mucho tiempo que se había dado cuenta de que no contaba como ser humano para varios.
— Raro, ¿no?
— No tanto, quiero decir, las personas se equivocan— Weiss recargó su mejilla en ambas manos que tenía sobre el tubo de la baranda y miró hacia arriba, para buscar la mirada de Ruby.
— Sí… se equivocan…
Se quedaron en silencio, y después de un rato, Ruby decidió volver a su cama. Se notaba que Weiss necesitaba tiempo a solas, y aunque era raro que su actitud hubiera cambiado tanto en cosa de nada, dejó las preguntas aparte. Ya podría conocer más a su compañera de habitación, y sí, esa persona que había visto ese día, fuera de la vista de los demás, era a quien quería conocer.
Claro que, haciendo honor a su promesa, no podía andar diciendo por la escuela que realmente Weiss Schnee era una hermana dedicada, que era insegura hasta por gusto y que su padre la presionaba a ser la mejor en todo lo que pudiera destacarse, sobre todo en canto, y vaya que lo hacía. Quizá de ahí venía su relación tan tóxica con Neptune, eran la pareja de ensueño, el hijo de un importante CEO de una línea de productos eléctricos y la hija del CEO de Industrias Schnee, sí, se suponía que las estrellas se alineaban cuando estaban juntos, pero nada más lejos de la realidad.
La fiesta siguió hasta altas horas de la madrugada, terminando, obviamente, con la energía de Weiss. Ruby tuvo que esperar todavía dos horas después de su turno para poder llevarse a su compañera, tuvo que arrancarla prácticamente de la mesa de los equipos deportivos.
— ¡Déjame, te digo! — la albina arrastraba las palabras.
— Te dije que es suficiente— Ruby intentaba meter la llave en la puerta de su habitación con una mano y cargar a Weiss con la otra. Al día siguiente tendría que ir temprano por un caldo de gallina o algo parecido.
Una vez logró abrir la puerta, la azotó detrás de ella y echó a la heredera en su cama.
— ¡Sé más amable!
— Eso es todo lo que puedo darte después de que ignoraras mi consejo, te dije que mi turno terminaba pronto.
— Sólo me divertía— se levantó de la cama —. Y tenía que mostrarle a Neptune que igual puedo divertirme, con o sin él… Reemplazarme con Sun, es un idiota— reclamó con pesadez.
— Tú eres más idiota por querer demostrar algo, seguramente él no va a checar su Instagram hoy, tal vez ni siquiera mañana, ¿en serio crees que le va a importar? Quizá esta vez es definitivo.
— Si él no vuelve, voy a tener que encontrar a alguien más, se cree tan en onda, debería buscar a alguien de su grupo de amigos o…
— Hablas tonterías…
Weiss se recargó con ambas manos en la cama, mientras miraba a Ruby con intensidad.
— Nunca he besado a una mujer.
— Ya estás en lo último de ti— Ruby se metió en la pequeña cocina de su habitación y sirvió agua caliente, poniendo una bolsita de té en la taza. Después la puso en el buró de su compañera —. Toma eso antes de dormir.
Weiss seguía sin responder, parecía estar considerando muchas cosas en su mente, pero Ruby no estaba en labor de quedarse a averiguar qué nuevos horizontes filosóficos estaba explorando su amiga, así que decidió irse a dormir.
Una mano la detuvo, la chica de cabello blanco la miraba con misterio, y así, poco a poco, fue atrayéndola hacia ella, logrando que Ruby se sentara en la cama. La luz de la luna entraba por la ventana, hacía que el cabello de Weiss brillara y sus ojos azules se convirtieran en dos hermosos lagos de los que la pelinegra no lograba apartar la mirada.
— Ruby…
Después de decir su nombre, Weiss se abalanzó contra la chica de ojos plateados y rozó sus labios con dulzura. A pesar de que el aroma a alcohol era realmente fuerte en su compañera, Ruby no se apartó, su corazón comenzó a latir con increíble fuerza y su cuerpo se estremeció de pies a cabeza; sí, ahí iban sus preciados años guardando su primer beso para un momento especial.
— Weiss, espera— logró apartar a la heredera —. No estás pensando bien, soy yo, soy Ruby Rose.
— Lo sé— besó sus mejillas tan delicadamente que la pelinegra sintió el cosquilleó desde sus mejillas hasta sus orejas —. Lo sé bien.
— Pero Neptune…
— Que se joda Neptune— volvió a posar sus labios sobre los de su compañera, acariciándolos con su lengua para que la pelinegra le permitiera la entrada.
Ruby no entendía del todo qué estaba pasando, pero sí sabía que estaba siendo usada como un camino de salida al despecho de Weiss. A pesar de saberlo, sus labios permitieron que la lengua de la albina entrara en su boca, y, a la vez, la suya siguió a la de su compañera; no sabía besar, pero la manera de Weiss era tan amable y paciente que no pudo evitar sentir cómo se derretía debajo de ella. Bajo el aroma de alcohol que llenaba sus sentidos, el olor a fresas del cabello de la heredera era intoxicante para su razón; quizá no había tomado nada, pero ella misma sentía cómo su mente se nublaba mientras el calor de su cuerpo comenzaba a subir, y podía sentir que el de Weiss también. La mano fría de la ojiazul se coló bajo su playera, y fue ahí donde finalmente rompió el beso.
— ¡Espera, espera! Weiss, en serio no estás en tus cinco sentidos— tomó a la intrusa y la devolvió a su lugar.
— Quizá no— volvió a su labor, y su mano esta vez acarició el abdomen de su compañera, mientras sus labios bajaban al cuello de la chica de ojos plateados. Dejó una marca que provocó que la pelinegra mordiera su labio inferior, ahogando un gemido. A pesar de esto, Weiss había escuchado ese sonido desconocido, pero excitante, siguió con la exploración del cuerpo de la menor, mientras disfrutaba de sus reacciones, llegó al pantalón de su víctima…
— ¡Weiss, no!
— Está bien, una noche no significa nada…
— ¡Para mí sí! Ya tuviste mi primer beso, ¿ahora quieres mi primera vez? Al menos invítame a una cita primero— Ruby se separó de la albina, mientras intentaba normalizar su respiración. Por un momento las sensaciones la habían cegado, pero no, ¡claro que no estaba bien que algo tan importante como su primera vez pasara por un mero calentón!
Weiss se quedó callada por un momento. ¿En serio ese había sido el primer beso de Ruby? Qué triste. Aunque no pudo evitar sentirse mal por ella, definitivamente nadie se esperaría que un momento especial ocurriera en una habitación de universidad, de parte de tu compañera ebria.
— Lo siento…— se alejó de ella y tomó el té que había dejado en su buró.
— … Está bien, estás borracha— Ruby se levantó y se fue al baño, necesitaba lavar sus dientes, y quizá una ducha fría.
— Lo estoy…— susurró Weiss, mientras miraba la taza de té. Podía que el alcohol en su sistema la hubiera inhibido de tener algo de prudencia, pero el calor en su cuerpo y el deseo que había sentido al escuchar la voz excitada de Ruby… eso no era el alcohol… ¿O sí? Quizá… lo único seguro que tenía en ese momento, es que el festival de emociones que había estallado en su pecho cuando por fin probó los dulces labios de su compañera, era peor que cualquier bebida, simplemente no había podido controlarse, parecía una adicta que recién había conocido su droga — ¡Es culpa del alcohol! — se gritó, mientras tomaba del té con rapidez — Es culpa del alcohol…
No sabía con qué cara iba a mirar a Ruby al día siguiente, o qué iba a decirle. Pero ese era un problema para Weiss del futuro.
