Wang Fu tiene razones para no querer entrenar a cabalidad a los jóvenes héroes de París. Ahora que esos motivos sean buenos es debatible y ni Félix ni Bridgette parecen convencidos. Por su parte, Papillón está angustiado por la seguridad de Emilie y Marcel le ofrece una alternativa. ¡GRACIAS POR LEER!
DISCLAIMER: Los personajes son propiedad de Thomas Astruc, Zag Toons y quienes hayan comprado las respectivas licencias. No estoy ganando dinero con esta historia, sin mencionar que no tengo ni donde caerme muerta: si me demandan, no van a sacar nada.
ADVERTENCIAS
La plaga todavía no ha sido purgada de estas tierras. Cuídense y cuiden de otros. Mantengan la distancia, lávense las manos y a resistir como mejor podamos.
Puede haber spoilers de la cuarta temporada.
"CONOCERSE DE NUEVO"
CAPÍTULO 9: Charlas con el maestro Fu
Cercanías del departamento de Wang Fu. París.
Miércoles 6 de enero de 2016. 20:15 hrs.
El uber se detuvo con bastante calma, aunque de sus ocupantes el único que estaba relativamente tranquilo era el chico que conducía. Se bajó del auto para ayudar a sus pasajeros, primero sacando la silla de ruedas del maletero y medio armándola en la acera, mientras le echaba una ojeada a la señora que la ocuparía.
No, esto no parecía un secuestro. La dama en cuestión estaba en pijamas, con pantuflas y calcetines muy gruesos, además de un albornoz encima. En un principio había sospechado que algo estaba pasando, pero la mujer se veía bastante tranquila, aunque sí preocupada por algo, aunque no un secuestro. El hombre, vestido de traje muy elegante, y cara de haber chupado limones, lucía bastante arisco, pero en ningún caso parecía ser un secuestrador, y además parecía compartir la misma preocupación que la señora. Sacó a la mujer del auto y la sentó en la silla.
—Muchas gracias por la ayuda. —le dijo el hombre ofreciéndole la mano— Dejaré un buen comentario en la aplicación.
—No es nada, monsieur. Solo cumplo con mi trabajo.
—¡Mil gracias de todos modos! —le dijo la mujer, cuya cansada sonrisa parecía muy sincera— Nos ayudaste mucho.
El conductor del uber se encogió de hombros. Otra cosa que le había llamado la atención de la mujer, aparte de su ajado aspecto, había sido la sorpresa en sus ojos mientras se deslizaban por la ciudad. Él era de los pocos conductores de uber que solían salir tras los ataques akuma (o quimeras en este caso), presto a dar sus servicios a los cientos de ciudadanos que solían buscar desesperados los medios de transporte más rápidos a sus hogares. Esta pareja parecía ser uno de ellos. Se subió al auto y partió, sin percatarse que le habían dejado una buena propina en la app.
Félix se guardó el teléfono en el bolsillo y miró a su alrededor. Estaban tétricamente cerca del lugar en donde habían atropellado a Bridgette hacía 15 años, pero trató de no pensar en ello. La mujer también parecía darse cuenta, pero más le prestaba atención a los techos.
—A tu derecha, sobre el techo verde inglés oscuro.
—¿Cómo distingues esas tonalidades? ¡Estamos a oscuras!
—Iba a ser diseñadora de interiores. Reconozco los colores hasta con los ojos cerrados.
—De momento te haré juicio —Félix se fijó en la dirección que le indicaba Bridgette, alcanzando apenas a ver como los jóvenes Ladybug y Chat Noir se alejaban. Eso solo podía significar una cosa— Sospecho que debemos estar cerca de Fu.
Bridgette asintió, y se llevó las manos a la boca para echarles aliento y entibiarlas un poco. Había salido sin guantes, porque simplemente no tenía y el frío que estaba haciendo le estaba entumeciendo los dedos. Supuso que tendría los pies igual de fríos, pero no podría asegurarlo.
—Vamos.
Félix tomó la silla de las asas y comenzó a caminar en una dirección específica con bastante seguridad. Estaba seguro de que esa debía ser la dirección del maestro Fu. Si bien no sabía dónde vivía, no le había perdido la pista y averiguar su dirección fue cosa de media hora y de pedir un par de favores a un conocido en la policía. Ver a los héroes de París abandonando el área le hizo respirar más tranquilo.
El resto del trayecto lo recorriendo en silencio, y ambos fueron presa de cierto grado de nerviosismo cuando alcanzaron el piso que buscaban. Se armaron de valor y se fueron directo al departamento que estaban casi seguros sería de Fu. Tocaron al timbre y esperaron.
Y esperaron.
Y esperaron.
—¿No habrá salido?
—Tiene más de 100 años. —Félix volvió a llamar a la puerta— No saldría a menos que fuera de vida o muerte.
—… Voy, un momento.
Tomándose su tiempo, quizás con la esperanza de aburrirlos, Fu abrió la puerta, tratando de lucir como el ancianito más frágil de la faz de la tierra. Era su plan, le había resultado en el pasado, pero no digamos que se esperaba ver lo que vio al abrir la puerta.
—¿Necesitan al…? ¡BRIDGETTE!
Casi tuvo un infarto. Durante la última media hora, mientras le explicaba a los héroes como enfrentar a las quimeras en caso de que volvieran otras, había fantaseado con la idea de recurrir a la ayuda de Félix. Había dado por muerta a Bridgette hacía años, así que no se esperaba verla cuando abrió la puerta. La antigua portadora, en un gesto totalmente inesperado, sujetó las ruedas de su silla y se impulsó hacia adelante, irrumpiendo en el departamento con bastante fuerza, obligando al anciano a hacerse a un lado. Félix no tardó en entrar y cerró la puerta tras de ellos.
—¡¿Y este milagro?! ¡Hija! ¡Estás viva!
—¡Por supuesto que lo estoy! Pero no soy el tema ahora. ¡Maestro Fu!... —Bridgette venía con todas las intenciones de atropellar al anciano maestro con la silla de ruedas, pero medio se anduvo emocionando al verlo— ¡¿Qué está pasando?!
—¡¿Y te lo preguntas, Bridgette?! —Félix no tuvo la misma consideración, sino que dio un paso adelante, irguiéndose ominosamente por encima del guardián— ¡¿Se Puede Saber Por Qué Los Héroes No SABEN USAR Las Habilidades Secundarias?!
—¿O Por Qué No Sabían Que Hay Otras Formas De Enfrentar A Los Enemigos? —preguntó Bridgette a toda prisa— ¡Se han hecho expertos en esas otras cosas, los akemis…!
—Akumas.
—… ¡Pero no parece que les hayan dicho que bien puede haber más enemigos!
—¡Muchos al mismo tiempo! —Bufó Félix, casi centelleando sus ojos— Como nos pasó a nosotros con la bruja esa, ¿o no se acuerda? ¿La loca esa que robaba juventud para verse más bella?
—¿Y que teníamos que controlar entre lo que acabábamos con las quimeras?
Fu estaba sin palabras, no solo por los reclamos, sino porque la situación le parecía por entero surrealista. La última vez que había visto a Bridgette había sido unos pocos días antes de su atropello, ni siquiera había ido a verla al hospital, no había sido necesario: Félix le había llevado a una malherida Tikki con él junto con los aretes y con dolor dio el asunto por concluido. Dudaba en serio que Bri sobreviviera a tal evento y aunque se sintió un asco de persona, no fue a verla. ¡No fue capaz! Desde aquél entonces que tampoco veía a Félix, quien tras renunciar a Plagg y despedirse de él, había desaparecido como ruido de fondo a hacer su vida, a seguir su camino, lejos de la senda del héroe.
No intentó detenerlo, después de todo, la destrucción no puede seguir un camino sino es con la creación a su lado y ciertamente ya no quería volver a entrenar a otra portadora para Tikki… sin mencionar que la pobrecita kwami también tuvo que lidiar con sus propias heridas, e incluso seguía haciéndolo…
… no había que olvidar que la pobrecita sufría de horribles migrañas ocasionales.
—Creí que no los volvería a ver… —Fu tomó las manos de Bridgette— ¿Cuándo ocurrió esto? Félix… ¿por qué no me avisaste?
—Porque se supone que usted estaría al tanto por cuenta propia. Pero como todos, abandonó a Bridgette. —siseó Félix cruzándose de brazos. El comentario fue como una puñalada para Fu, pues en cierto sentido… era verdad.
Supo lo que le pasó a Bridgette, y juzgó en seguida que no valdría la pena tener esperanzas en su recuperación. La chica no tendría arreglo alguno y pronto moriría. ¡Cuán equivocado estaba!
—Desperté hace poco, antes de año nuevo… no sé si estoy contenta con eso, pero aquí estoy. —Bridgette frunció el ceño— ¿Qué está pasando? Creí que habíamos detenido a las quimeras…
—Pensé lo mismo, hija, sé tanto como ustedes dos. ¡Esto me pilló por sorpresa!
—Al igual que a los jóvenes héroes, maestro. —Félix se llevó las manos a las caderas— Entiendo que no sepa mucho, pero al menos díganos porqué esos chicos no tienen entrenamiento. ¡A esa edad nosotros ya teníamos nociones de las habilidades terciarias!
—Y por lo que vimos en la tele, este par ni siquiera sospecha que existen las secundarias. ¡Que ya conocíamos a esa misma edad!
Fu sintió como todas sus dudas e inseguridades le caían encima como montaña de ladrillos. La respuesta que tenía no les iba a gustar a los antiguos portadores, ¡No le gustaba a él tampoco!, pero era lo que tenía. Hizo un puchero y suspiró.
—No lo creyó necesario. —explicó de pronto Wayzz— Se suponía que los nuevos héroes solo enfrentarían a Papillón. Una vez que lo detuvieran…
—… les quitaría los miraculous.
La sorpresa fue evidente en la pareja. Fu bajó los hombros como avergonzado y no fue capaz de mirarlos a la cara. Félix se palmeó el rostro y Bridgette bufó de mal humor.
—Usted sabe mejor que nosotros que eso no será posible. A menos que un portador muera o renuncie a su miraculous, no hay manera que un guardián lo confisque. Y aun renunciando…
—Puede volver a usarlo, de ser necesario. —Félix suspiró, como recordando la última vez que había visto a Plagg— No puede darle las joyas a un par de chiquillos y pretender quitárselos una vez que pasen los problemas. ¡Siempre serán portadores!
—Y me parece horrible que ni siquiera los haya entrenado… ¿Tiene idea del daño que podría hacer?
—La situación no debió haber escalado tanto y eso lo reconozco. —se excusó Fu con pesadez— Ya hablé con los jóvenes héroes: les voy a enseñar a purificar a las quimeras…
—Lo que tendría que hacer es enseñarles a explotar todo su potencial. —reclamó Félix— Vendrán otros enemigos, es cosa de tiempo ¿acaso pretende que el par de chiquillos adivine todo conforme aparezcan? ¿Sobre la marcha? Pfffff. ¡Tiene suerte que sean dos críos bien despiertos!
Fu se mantuvo en estoico silencio, pero lejos de llenar a la pareja de tranquilidad, los hizo sentir muy ansiosos. Fue evidente que el anciano maestro no tenía ni la más mínima intención de profundizar el entrenamiento de los héroes, así arriesgara al mundo. ¿Cuál era su problema? Tan aprensivo no podía ser, era inevitable que llegaran más villanos, con distintos grados de dificultad, y la forma de detener a los akumas seguramente sería inútil en otro contexto.
—Espero que los chicos aprendan rápido —susurró Bridgette preocupada.
—No tienen otra opción. —añadió Félix— Maestro Fu, si a esos dos los matan, será su culpa.
—Lo tengo claro, Félix. Muy claro.
—Pero no lo veo haciendo nada. —rezongó Bridgette— ¡Debería darle vergüenza!
Fu suspiró y bajó la cabeza, apenas percatándose que Wayzz le daba palmaditas en el hombro. Volvió a fijarse en los antiguos héroes y sacudió los hombros: esta conversación iba para largo.
Techos de París.
Mientras tanto…
Ladybug y Chat Noir, muy atentos a sus alrededores, aterrizaron con gracia sobre su techo favorito, que proveía de buenos escondites y donde estaban más o menos en privado. Se deslizaron rápidamente entre unas paredes y esperaron. Estaban asustados y expectantes al mismo tiempo, y el corazón todavía lo tenían acelerado. Allí, apoyados contra la pared, mirando al cielo, como quien espera un ataque, se tomaron de la mano.
—Ojalá que no vuelvan a aparecer las quimeras. ¡Casi nos matamos hoy! —se lamentó Ladybug— Podemos contra Papillón, pero no contra un alquimista al mismo tiempo.
—Fu nos va a enseñar a enfrentar esas cosas —Chat Noir bufó inquieto— ¿Fue idea mía o hubo cosas que no nos dijo?
—No fue idea tuya. También me di cuenta.
Ladybug arrugó la nariz. Desde hacía un tiempo que ambos sospechaban que Fu se estaba guardando muchísima información. Ciertamente cada tanto se reunía con ellos para darles alguna pequeña clase sobre cuidados kwami o un entrenamiento poco, pero no hacía mucho más por ellos. Fu no estaba al tanto que los jóvenes sí conocían la identidad del otro, así que a veces se daba el lujo de darle información a uno y al otro no, lo que mosqueaba muchísimo a los chiquillos.
—Hey. —la llamó Chat Noir con una tierna sonrisa— Podemos hacerlo. ¡Tú y yo contra el mundo!
—Contra el mundo, mon minou. —ambos buscaron refugio el uno en el otro y permanecieron así, quietecitos, por varios momentos— Supongo que me toca volver a casa.
Ladybug se separó de Chat Noir y avanzó unos pasos. Después del ataque de la Quimera, había regresado a su habitación para hacerle creer a sus papás que había estado ahí todo ese tiempo. Tom y Sabine ni sospecharon y pronto la dejaron sola, ocasión que la chica no solo había aprovechado para darle a Tikki sus galletitas (Adrien aprovechó para darle queso a Plagg), sino también para ir, junto con su partenaire, a hablar con Fu.
—Tengo la impresión de que esto está apenas comenzando.
—Yo igual. —Chat se acercó a Ladybug y entrecerró los ojos preocupado— Ma lady, tu nariz…
—¿Huh? —Ladybug se llevó las manos a su nariz. Estaba sangrando— Ouh… no me había dado cuenta —dijo mientras intentaba detener la hemorragia— ¡Es que recibimos tantos golpes!
—Dímelo a mí. ¡Transformación fuera! —Plagg salió volando del anillo y comenzó a flotar exigiendo queso casi en el acto. Adrien lo ignoró unos momentos y buscó entre sus bolsillos unos pañuelitos desechables— ¡Ya te doy queso, Plagg! Ladybug, ten…
—PUAJ —Plagg hizo el gesto como quien vomita— ¡NO me das suficiente queso como para aguantar tus cursilerías, cachorro!
—Gracias Adrien. —Ladybug recibió los pañuelitos algo sonrojada, mientras trataba de taponear la sangre. Lo miró con nerviosa ternura y se mordió el labio—. También estás lleno de cardenales…
¿Por qué? Se supone que deberían estar curados, así que era una pregunta seria. El lucky charm arreglaba todo, ¿por qué entonces ella sangraba por la nariz y Adrien estaba lleno de cardenales y moretes? ¿Ella estaría igual de moreteada?
—Ya sé… recibimos una buena arrastrada —reconoció el muchacho con timidez— ¡espero no tener que volver a enfrentar una de esas cosas! —Adrien se pasó las manos por el cabello— ¡En una casi no la cuento! Creo que perdí una de mis nueve vidas.
—¡Ni siquiera te rías de eso! No sé qué haría sin ti, chaton.
—Seguir viviendo, ma lady. —dijo Adrien muy serio, mientras le acariciaba el mentón— ¡Odiaría ver que te apagaras por mi culpa!
Adrien tomó a Ladybug por las mejillas y le sonrió con una mezcla de ternura y galantería. Obviamente esto hizo que el corazón de la heroína se acelerara bastante y solo atinó a sonreírle de regreso. Pronto el muchacho la dejó ir, pero deslizó sus manos por los brazos de la chica hasta tomar sus manos.
—¿Te cuidarás?
—Claro que sí.
—Llámame cuando llegues a casa.
—No te quedes dando vueltas por la ciudad. ¡Hace mucho frío!
—¡Cómo desees, ma lady! —Adrien sacó pecho— Plagg, ¡Transfórmame!
—Hora de irse a casa. —Ladybug sonrió cansada.
—Supongo.
Tanto Ladybug como Chat Noir se quedaron viendo el uno al otro largo rato, en lo que duró una pequeña eternidad. Con recato, la heroína bajó la mirada y tras girar sobre sus talones, se alejó sin mayor palabras. El héroe en cambio observó atento la retirada de su compañera hasta que se perdió de vista. Esbozó una sonrisa y llenó el pecho de orgullo.
—¡Tengo que decirle a Marinette como me siento y lo que me hace sentir! —afirmó muy decidido— ¡Antes que me la quite Luka!
Mansión Agreste. Relicario.
Madrugada del 7 de enero. 2:15 hrs.
Papillón tragó saliva, angustiadísimo. Toda la experiencia con la quimera había sido horrible para él, y no necesariamente porque pudo ver de primera mano como la quimera reducía la ciudad a astillas o les daba esa paliza a los héroes, sino por otra cosa. Todo el relicario había vibrado con la energía que se canalizó a través de sus paredes, que por momentos incluso parecieron palpitar. ¡Hasta Nathalie se había asustado! Todo eso encontró camino a través del dispositivo y hacia Emilie, quien durante toda la duración del evento, levitó en el aire, por encima de su lugar de reposo, retorciéndose cada tanto, como si estuviera experimentando dolor.
Su mujer estaba en ese coma mágico, pero su rostro, incluso ahora, horas después del suceso, estaba ligeramente contorsionado en un gesto de dolor. No sabía cómo sentirse al respecto. Por un lado era algo positivo, quería decir que su esposa no estaba muerta y que si era capaz de sentir algo, entonces regresaría a este plano de la realidad, pero por el otro lado…
—Te preocupas demasiado. Emilie no siente nada: es solo una reacción de su cuerpo.
—¡¿Acaso eso es no sentir nada entonces?!
—Si despierta no recordará nada —Marcel se encogió de hombros— Hasta puede que esto la ayude a salir de ese estupor. —el anciano se llevó la mano al mentón muy pensativo— Debe haber algún experimento alquímico que le permita regresar de donde la dejaste.
—¡Yo no provoqué esto!
—¿Seguro?
—¡NO FUE MI CULPA!
—Si tú lo dices, porque con lo tonto que eres…
Papillón se volvió hacia su padre dispuesto a irse a los golpes con él, pero Marcel le sostuvo la mirada. Podrá haber sido un anciano, pero seguía intimidándolo, al punto de hacerlo sentir como aquél niño pequeño que buscaba su aprobación (y que nunca consiguió). Papillón se odiaba por no poder superar ese temor: solo dio un par de pasos y se detuvo ante la gélida mirada de su padre.
¿Cómo había hecho su hermano mayor para romper el ciclo? ¿Para vencer ese terror que ambos le tenían Marcel e incluso enfrentarlo? Félix había pagado un alto precio, la última pelea que tuvo con Marcel fue grave, e incluso terminó en la calle y sin un euro a su nombre. Si eso le hubiera pasado a él, habría sido una catástrofe, pero su hermano había rehecho su vida, fue acogido por los abuelos D'Alençon, terminó su carrera y aunque había heredado una modesta fortuna, principalmente propiedades, siguió con su vida y probablemente era feliz.
¡Connard! ¡Y encima se atrevía a refregarle su felicidad en su cara! Claro, él, el hijo perfecto de Marcel Agreste tenía que ser capaz de reinventarse y ser feliz. ¡Y encima se daba el lujo de cuestionar sus habilidades como padre y lo llevaba a juicio por la custodia de su hijo!
No debió permitir que Félix forjara una relación con Adrien. Debió haberla prohibido cuando tuvo la oportunidad. Pero es que en su momento había sido tan fácil! Adrien molestaba a su hermano cuando Emilie no podía cuidarlo y a él lo dejaba en paz. ¿Y ahora? Pues a juicio por custodia.
¡LO ODIABA! Había hecho de todo por entorpecer el proceso, no porque quisiera a Adrien con él, no, al muchacho que lo partiera un rayo, sino simplemente para molestar a Félix… y a Adrien también, pues reconocía que disfrutaba destrozar sus esperanzas.
No se explicaba el motivo de esto. Simplemente le gustaba atormentar al muchacho: así le ayudaba a forjar carácter.
—¿Tienes algo que decir, Gabito?
—¡Soy Papillón!
—Lo dicho, ¿tienes algo que decir?
—¡SÍ! —Papillón señaló a su mujer— ¡No tienes que hacer esto! ¡Emilie sufre! No tienes que usarla a ella para reunir esa energía que tanto quieres.
—Sí, tengo que usarla. A menos que te ofrezcas como voluntario.
—¡ME NIEGO! Prefiero mil veces invocar akumas para que te ayuden con la recolección. ¡El otro día funcionó!
—Pero juntó energía muy civilizada. Tus akumas son racionales cuando busco todo lo contrario. Con mis quimeras basta, será suficiente.
—¿Y si te consigo reemplazos?
—¿Cómo tu hijo?
—¡Ese crío sería estupendo! —Papillón apretó los dientes— Pero lo echarían de menos.
—No te gastes, hijo, pensar te hace mal.
—¿Quieres dejar de insultarme en mi cara?
—No, es divertido. —Marcel dio unos golpecitos con tu bastón— Por desgracia, Emilie es un vector excelente. ¡Se queda! Así que tienes dos opciones.
—¡Te mataré!
—¡Mejores hombres lo han intentado y fallado! Como decía… tienes dos opciones. —Marcel sonrió de costado— O me ayudas a reunir energía rápido… o me das un vector sustituto.
Papillón tuvo un tic en un ojo. Iba a tener que esforzarse para doblarle la mano a Marcel, y con ello superar muchos miedos infantiles que se encontraban en su subconsciente. Eso, por obvias razones, iba a estar difícil.
…
Pero no imposible. Solo tenía que esperar y ser más astuto.
Continuará
Por
Misao – CG
Publicado el miércoles 26 de mayo de 2021
Próximo capítulo: Retomando la vida
—Marinette… —le avisó de pronto Alix— Estás sangrando otra vez…
—¿Huh? —justo en ese momento una gota de sangre cayó sobre su playera. Marinette se tapó en seguida la nariz— ¡Qué molesto! He estado todo el día así… —se quejó mientras buscaba un pañuelo entre sus cosas.
—Me vas a tener que decir cómo te lastimaste, Ma–Ma–Marinette. —fue entonces que Luka apareció en su campo visual, ofreciéndole un pañuelo de tela— Odio tener que verte así. Ten: está limpio.
No lejos de ahí, Adrien miraba con…
Notas finales: No sé i la conversación con los héroes mayores haya resultado de algo, pero bueno, ahora Félix y Bridgette le van a poner más atención a los jóvenes… que por cierto, no tienen idea que son sus sobrinos. No más piensen: si ya se pusieron así sin saber que eran parientes, imaginen como se van a poner cuando descubran la verdad. ¡Gracias por darme una oportunidad!
Y hablando de oportunidades, ¿leyeron lo nuevo de Abby? VAYAN. No quiero morir sola de ansias. ¡VAYAN!
Por favor, cualquier error, gramatical o de ortografía, me lo dicen para poder arreglarlo si corresponde. ¡MUCHAS GRACIAS POR LEER!
