Teresa y Félix tienen una conversación sobre los actuales acontecimientos, tratando en vano de aconsejarlo. El pobre tiene mucho de qué ocuparse en esos momentos. Y mientras Marinette intenta mantener su equilibrio y no perder sus estribos, Alya, Kagami y Rosie confabulan para que se quede con el solecito de París. ¡GRACIAS POR LEER!
DISCLAIMER: Los personajes son propiedad de Thomas Astruc, Zag Toons y quienes hayan comprado las respectivas licencias. No estoy ganando dinero con esta historia, sin mencionar que no tengo ni donde caerme muerta: si me demandan, no van a sacar nada.
ADVERTENCIAS
La plaga todavía no ha sido purgada de estas tierras. Cuídense y cuiden de otros. Mantengan la distancia, lávense las manos, usen mascarilla y a resistir como mejor podamos.
Puede haber spoilers de la cuarta temporada.
"CONOCERSE DE NUEVO"
CAPÍTULO 12: Ahora sí son celos.
Café Paul, Place Dauphine, París.
Sábado 16 de enero de 2016. 10:34 hrs.
—¡Ya Cómete Ese Pastel Que No Te Lo Puse De Adorno! —exclamó Teresa de improviso.
Félix casi dio un brinco. Llevaban un rato en profundo silencio y no se esperaba que la mujer le hablara con tanta energía así de súbito. Una vez más, debió haberlo esperado: Teresa tenía una personalidad muy exuberante y solía tener exabruptos del estilo.
—¡No grites, mujer! Pudiste haberme dicho lo mismo de otra manera. ¡Casi tiro todo mi café!
—¿Y evitarte un susto, con lo divertido que te ves?
—¡Eso es bullying!
—No hay amistad sin bullying, Feliciano.
Teresa le sonrió con cariño y segundos después se sopló el flequillo. Al menos había evitado que Félix se siguiera sumergiendo en esa espiral de depresión. Solían darle cada tanto, el hombre estaba muy solo, pese a sus esfuerzos, así que solía tenerle paciencia en lo que se le pasaban, pero esta vez era diferente. Su bella durmiente, después de todo, estaba despierta y él… sintiéndose atrozmente poca cosa, culpable y sin saber qué hacer.
—Está bueno. —Félix le dio una probada al pastel— ¿Siguen con la misma receta? Sabe diferente.
—No. Volvimos a seguir la receta original del Café, como una forma de homenaje a los antiguos dueños. Pierre y Claire se pusieron muy contentos cuando supieron.
Teresa se irguió en la silla y observó a su alrededor. Hacía unos meses que era la nueva dueña del local y todavía le parecía que estaba viviendo un sueño. Había comenzado a trabajar ahí como mesera poco después de divorciarse y desde ahí escalado posiciones. Finalmente el antiguo dueño, en vista que sus hijos no tenían mucho interés en el negocio, había terminado por venderle todo a ella antes de irse a disfrutar de sus últimos años con su mujer a una playa al sur de Francia. Desde entonces, Teresa se estaba rompiendo el lomo trabajando, pero estaba tan contenta de que ni siquiera se quejaba y aun así le quedaba tiempo para atender a sus tres hijos y al pobre y delgado Félix, que sufría por no saber cómo… conversar cosas importantes con su chica.
—Ya veo. Esta mejor ahora —Félix miró la hora sin mucho disimulo, como buscando una excusa para salir de ahí. Teresa conocía esa táctica, el hombre buscaba huir a toda costa, por lo que frunció el ceño— Mira nada más…
—Me estabas contando como te sientes. El ataque akuma del otro día a la residencia te dio un buen susto.
—¡Teresa! No quiero hablar de eso.
—Lástima que yo sí. Te pegaste una carrera de mil cuadras, cuando no puedes ni subir tres pisos sin sofocarte. —Teresa se cruzó de brazos— De no ser por las catarinas de Ladybug, te habrían tenido que tratar los paramédicos y enchufarte oxígeno al 100.
—¿Y qué querías que hiciera? ¿Qué me quedara de brazos cruzados?
—Ladybug y Chat Noir estaban en el área. Para todo lo demás, ellos reparan la ciudad.
—¡Tenía que llegar con Bridgette!
—¡Por supuesto que sí! Solo te estoy dando el mismo argumento que me diste una vez cuando ese akuma atacó la escuela de mi hijo.
Félix abrió los ojos como platos y procedió en seguida a fruncir el ceño. Odiaba cuando Teresa usaba sus propias palabras en su contra. Se cruzó de brazos.
—No lo entenderías.
—Lo entiendo… Has caminado sobre fuego los últimos años por Bridgette. —el rostro de Teresa se suavizó— Lo que no entiendo, Feliciano, es porqué si te sientes así, no te sientas a conversar con ella sobre lo que pasó. Mientras no hablen de eso no van a poder superarlo.
—… lo sé.
—¿Por qué no haces algo al respecto?
—No sé cómo ni por dónde empezar. Han pasado muchos años… —Félix se pasó las manos por el rostro— … Ni siquiera sé si recuerda ese día o… lo que sucedió antes del accidente.
—¿Tan grave fue? —preguntó Teresa con paciencia. Meneó la cabeza cuando vio que Félix no le dio ninguna respuesta y bajó los hombros— ¿Ella sabe que tuviste tuberculosis…?
—Sí.
—¿Qué te dio dos veces?
—No. —Félix miró de reojo a Teresa— No entiendo por qué eso podría ser relevante.
—Porque se tienen que conocer de nuevo. Cariño mío, ¡el tiempo no pasa en vano!, ni siquiera para tu bella durmiente. Sigues enamorado de ella, sospecho que ella también de tí, pero… no se han dado la oportunidad de conocerse de nuevo. ¡Bridgette sigue creyendo que eres el antiguo Félix! Ese que estaba sano, que era campeón de esgrima, y quizás cuántas cosas más. Y tú sigues creyendo que ella sigue siendo la misma de siempre y no te has detenido a pensar que… no es la chica que idealizaste.
Félix hubiera querido gritarle a Teresa en la cara de que se callara, pero sabía que tenía razón. Quizás era eso lo que lo tenía tan ansioso: todavía arrastraba mucho dolor de aquella época, un duelo con el que nunca había querido lidiar.
—¿Y cómo retomo la conversación que se interrumpió hace quince años?
—Eso… depende de ustedes. No te puedo dar consejos, excepto insistirte que deben hacerlo. ¡Ha pasado una vida! —Teresa tomó aire— Debes decidir como seguir a partir de ahora, Feliciano. ¿Tienes algún plan, cheri?
No, no lo tenía y la pregunta lo puso visiblemente incómodo. Teresa no sintió cargo de consciencia: no sería buena amiga si no le dijera a Félix lo que pensaba, que estaba preocupada y que quería verlo feliz, pero que para lograr eso, tenía que sacar la cabeza de debajo de la tierra y por fin enfrentar lo que hubiera pasado hacía 15 años o no podría seguir adelante, ni solo ni con Bridgette. Llevaba todo ese tiempo sintiéndose culpable por el accidente y encima no sabía si podía o no dejar fluir sus sentimientos. Eso sí, ya había sido suficiente presión por un día y Félix estaba demasiado incómodo como para seguir con el tema.
—Cambiando el tema…
—¡Gracias a Dios!
—… ¿Cómo te ha ido con las audiencias por lo de Adrien?
—¡Aaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaargh!
La frustración fue evidente. La anterior había sido una semana muy frustrante: no solo encontraba moretones en los brazos de Adrien sino que estaba seguro de que Marcel le había pegado, pero ni su sobrino ni la perra de Nathalie habían querido decirle. Annelisse se estaba dando un festín con esa situación y él la dejaba divertirse en paz. Lo que lo tenía más irritado es que el juez que llevaba el caso SEGUÍA de vacaciones, retrasando una vez más las audiencias.
—¿Tan mal?
—¡Van estupendo! Y muy retrasadas. Su señoría decidió irse de vacaciones a TAILANDIA y nos quedamos con las audiencias a medio camino. Si sigue a este ritmo voy a obtener la custodia de Adrien cuando el pobre cumpla 18 años. ¡Eso es inaceptable! Estoy seguro de que el juez está mojado, pero NO TENGO PRUEBAS. —Félix se bebió de un sorbo su café— Lo primero que voy a hacer cuando esto termine es demandar al maldito por prevaricación.
—Suerte con eso, los jueces se cuidan mucho entre sí.
—¡Bah!
—Y vas a ver que cuando Adrien cumpla 18, vas a estar echándolo de la casa.
—¡Adrien podrá irse cuando quiera! No lo voy a echar.
—Jejejejejeje —Teresa rió con alegría— ¿Estás consciente que serás el orgulloso padre de un adolescente?
—Hmpf.
—Haces un estupendo trabajo, conste, pese a tu hermano… pero… los chiquillos comen. Cuatro veces al día si no más, vas a tener que poner horarios, reglas, hablarles. Tendrás que ser firme y al mismo tiempo adorable… enseñarle hábitos, desde la necesidad de estudiar hasta que se deben bañar seguido.
Félix ya sabía todo eso. Todos sus colegas que eran padres ya le habían dado la misma charla, pero él estaba muy comprometido con el asunto y no tenía problemas con eso. NO creía que fuera muy difícil: era cosa de implementar horarios, normas y ya. Adrien era un muchacho obediente y muy…
—… ¿Dices que comen cuatro veces al día?
—Oh sí. A esta edad sale más barato vestirlos que alimentarlos. ¡Y como siempre están comiendo, crecen más rápido, así que necesitan más ropa! —Teresa suspiró derrotada— Y luego está ese afán por no querer asearse: si te descuidas terminarás con un adolescente oliendo a camembert. ¡Sabrá Dios la cantidad de veces que he tenido que recordarles a mis bendiciones que deben bañarse a diario!
Félix parpadeó perplejo. Pero tomó aire y decidió que eso era parte del desafío a seguir y que ya lidiaría con eso una vez que tuviera a su sobrino seguro en casa. Lo de oler a camembert no le parecía tan grave, incluso era lógico, más aún a sabiendas que el muchacho también practicaba esgrima (y tenía tanto talento como él tuvo en su momento) y otros deportes. ¡Normal que oliera a queso!
Bueno… había veces que le constaba que el muchacho acababa de salir de la ducha y seguía oliendo a queso…
…
¿Por qué eso le hacía ruido?
—Solo tendrás que ser firme, Feliciano. Recuerda: serás su papá, no su amigo. Él estará a tu cuidado, no será un roomie.
—¿Me ayudarás con lo de la comida, verdad Tere?
—¡Como si te hubiera dejado pasar hambre alguna vez!
Félix sonrió.
Bote La Liberté.
Esa tarde, 15:56 hrs.
El ensayo estaba saliendo a pedir de boca. La música fluía, los trajes funcionaban bien, todavía no los denunciaban por ruidos molestos, Anarka estaba por ahí, en algún lugar del bote, en su propio mundo, pero con un oído puesto en el grupo de muchachos que pululaba por la cubierta de su bote.
Kagami estaba pasando una tarde muy entretenida. Primero había logrado escaparse de su madre y al encontrarse con Juleka y Rosie en la calle, había terminado en la cubierta del bote invitada por ellas. No digamos que socializar era lo suyo, su personalidad era más bien introvertida, pero lo estaba pasando en grande. Todos parecían respetar su espacio, sobre todo cuando veían que necesitaba unos momentos a solas, y eso lo agradecía mucho. Solo le conversaban en la justa medida, lo cual le permitía prestar mucha atención a lo que ocurría.
Un súbito tropiezo y caída remecieron todo el bote. En ese momento Alya le pasó un vaso con jugo o algo y ambas comenzaron a ver como Marinette era puesta de pie, ayudada por Luka e Iván.
—¡AAAAAUCH! Perdón… no vi. ¡Ya me levanto!
—¡Ten cuidado Marinette! Te podrías haber partido el cuello. —le dijo Iván mientras la acomodaba sobre sus pies.
—Eso habría partido mi corazón. —Luka la tomó de la mano— ¿Necesitas algo, Ma–Ma–Marinette?
—… Gracias. Pero… GRACIAS.
—¿Marinette?
Toda la actitud de la joven diseñadora cambió en el segundo en que Adrien, quien hasta ese momento había estado ayudando a Juleka y a Nino, se acercó a ver qué le había pasado a su princesse. ¡Rubio tonto cabeza hueca! Guapo también, pero en serio tenía serrín entre las orejas. Kagami rodó los ojos: lo adoraba, pero de verdad ella debería tener mejor gusto. ¡¿Es que no se daba cuenta que Marinette había perdido el uso de sus neuronas ni bien se le acercó?!
—Tengo curiosidad… —preguntó Alya de pronto— Tú y Adrien no tienen nada, ¿verdad?
—No. Me hubiera gustado, pero no habría funcionado. —reconoció Kagami con mucha naturalidad— A veces es muy ingenuo y demasiado payaso para mi gusto.
—Seeeh…
—Además le gusta Marinette. —Kagami entrecerró los ojos— Y el muy imbécil no hace nada al respecto.
Alya tomó un sorbo de su refresco, mientras miraba de costado a Kagami con mucha curiosidad y sorpresa. Llevaba varias semanas tratando de averiguar cuáles eran exactamente los sentimientos de la japonesa respecto de Adrien y Marinette, con el objetivo de saber si eso perjudicaría eventualmente a su mejor amiga y así poder protegerla. Tanto el modelo como Kagami habían sido vistos más juntos de lo normal durante un tiempo hacía unos meses, sobre todo en el verano, pero pronto ambos parecían haber tomado caminos independientes sin haber concretado nada. Esto le llamaba la atención.
—Si Marinette no dudara tanto, no se caería. —reclamó Kagami casi en seguida— ¿En dónde tiene la cabeza que no se concentra?
En ese momento, Marinette intentó alejarse cómicamente de Luka y Adrien, chocando con Iván y cayendo en brazos del modelo, lo que obviamente la hizo hiperventilar. Kagami bien se hubiera palmeado la cara.
—¿En serio te lo preguntas? —suspiró Alya con pesadez— ¿Nunca hubo nada entre ustedes?
—No. —Kagami la miró directamente— ¿Por qué tanto interés?
—Tanteando el terreno. —respondió Alya con naturalidad, mientras se encogía de hombros— Adrien y Marinette son mi ship.
—Hmpf.
Kagami tomó un largo sorbo de su refresco y se tragó un par de insultos con ello. Pero no insultó a Alya ni se defendió, ella hubiera preguntado exactamente lo mismo y mucho menos diplomática si los roles hubieran estado invertidos. Adrien seguía siendo guapo, y lo adoraba, pero era evidente que nunca la vería de ese modo a ella. La extraña relación que habían mantenido se lo había probado y no había sido honorable mendigar cariño. Por otro lado, Marinette era su mejor amiga del mundo mundial y por increíblemente torpe que fuera, la quería un montón y en serio deseaba que fuera feliz.
… Era tan torpe, como grande era su corazón. Algo acosadora, perseverante, pero astuta a su modo y sobre todo, dulce. ¿Qué mejor pareja para el rubio guapo, comestible, ñoño, payaso e ingenuo de Adrien Agreste?
—También los shippeo. —reconoció la japonesa entrecerrando los ojos— Y me irritan como no tienes idea.
—Oh. —Alya se llenó de sorpresa. ¡Esto sí que no se lo esperaba!
—¿Te irritan porque no se dicen nada o porque querrías que Adrien fuera tu novio?
—Por lo primero. —Kagami emitió un gruñido peligroso— Y por culpa de Luka. Pone nerviosa a Marinette y eso le arruina toda interacción con Adrien, quien…
En ese momento Adrien y Luka cruzaron una mirada que bien podría haber petrificado al otro. Casi pareció que se siseaban como gato y serpiente. Marinette, quien había quedado atrapada entre ambos, y gracias a la asertiva ayuda de Iván, les pasó por el medio, separándolos, huyó en dirección de Juleka, quien tenía una pequeña emergencia con su traje.
—… se las está dando de alfa espalda plateada y midiendo fuerzas con el otro simio solo para llamar la atención.
—Tienes razón.
—Sería más efectivo que el muy ñoño de Adrien le dijera a Marinette que arde en amor por ella.
—Y que Marinette le confesara que lo ama desde el primer día. —añadió Alya— ¡Y que Luka dejara de interferir.
—¿Lo culpan? Está enamorado de Marinette. —dijo Rosie de pronto, muy grave— Lucha por su amor y en serio se lo está tomando a pecho… ¡y no quiere dejar de luchar!
—¿Rosie? —preguntó Alya perpleja. Iba a añadir otra cosa cuando los ojos azules de la muchacha se volvieron hacia ella y Kagami.
—¡Pero Adrien por fin reconoció que ama a Marinette! Son una pareja hecha en el cielo. ¡Han pasado por tanto y es justo que por fin concreten su amor! —era evidente que la chica estaba en llamas— Tendremos que buscarle novia a Luka después, pero no podemos dejar que interfiera entre el modelo y la diseñadora!
—Necesitamos encerrarlos en un armario. —gruñó Alya.
—Y una cuerda. —dijo Kagami.
—¡Y esposas! —afirmó Rosie, casi vibrando de emoción.
Kagami y Alya se quedaron mirando una a la otra y luego a Rosie, quien se veía más decidida que nunca. Encerrarlos en un cuarto, era una buena idea, la cuerda… bueno, podría servir, ¿esposas? Ambas tragaron saliva: a veces Rosie tenía sugerencias muy interesantes. Sin embargo…
—¿Por qué una cuerda, Kagami?
—Para evitar que escapen. —respondió la japonesa— Encerrar en un armario puede que cuente como secuestro… o detención ilegal.
—No sería la primera vez que hago algo así… y con excelentes resultados. —reconoció Alya encogiéndose de hombros. Kagami miró a Rosie— ¿Pretendes esposarlos juntos?
—Funcionaría mejor que la cuerda. Luego las pueden guardar para jugar. —añadió la chica con un inesperado brillito en los ojos.
—Errr… —balbuceó Alya, sin saber qué pensar.
—Hagamos esto: Yo no haré preguntas, ustedes no las hagan y todos en paz. —Kagami se cruzó de brazos— Ahora, ¿qué hacemos con esos dos?
Mientras las tres chicas cuchicheaban, Marinette intentaba calmarse mientras reparaba el traje de Juleka. ¡Es que en serio no se podía creer a sí misma! Cuando estaba a solas con Adrien no se ponía tan torpe. Bien que podía seguirle el juego de sus coqueteos e incluso salvar la ciudad (o el mundo si los apuraban). Era su compañero, su más leal cómplice, a quien le confiaba la vida y por quien moriría feliz mil veces de ser posible. Era su sol personal, su gato querido, su persona más especial de todo el mundo… ¿por qué no podía portarse con la misma naturalidad cuando estaban rodeados por sus amigos?
Además… si seguía así nunca podría confesarle sus sentimientos. O la encontraría muy rara como para querer corresponder los suyos.
¡Y encima venía Luka y la confundía toda! No es que no quisiera el chico, de hecho había sido un gran apoyo en momentos muy difíciles, pero no lo quería como él a ella. ¡Luka sabía de sus sentimientos por Adrien! ¿Por qué venía y le galanteaba de esa manera frente a él? O en privado, cuando sabía que ella no quería. ARGH. Qué difícil… sentía que pronto iba a tener que ser muy borde con él, ¡no quería perder su amistad, pero si seguía así, entonces iba a tener que cortar todo contacto con él! El tipo era encantador, pero se sentía muy presionada para aceptar sus sentimientos…
… Chat Noir, cuando todavía no sabía su identidad, también la presionó, pero supo dar un paso al costado cuando supo que ella amaba a otra persona.
—¡Debo parecer una tonta sin cabeza!
—Si lo dices por lo de Luka y Adrien, no es tu culpa. —dijo Juleka en voz bajita— ¿Luka te incomoda mucho?
—¡¿Dije eso en voz alta?!
—Sí. —Marinette puso cara de espanto, pero Juleka le dio unas palmaditas en la cabeza— Te quiero mucho, igual a mi hermano, pero no me gusta lo que Luka hace contigo. ¿Necesitas que le diga algo? Puedo hacer que pare.
Marinette se puso de pie de golpe, con las manos frente a ella, y comenzó a retroceder.
—¡Ya en entrará razón! Soy yo parece la que una tonta al no detener poder nada de eso y… ¡AAAAAAAAGH!
Al no ver por dónde iba, Marinette tropezó con un canasto que por lo visto había aparecido mágicamente detrás de ella y obviamente perdió el equilibrio. Todo había sido parte de una maniobra planeada por Kagami, Alya y Rosie, quienes al llamar la atención de Juleka y hacerla partícipe de su complot, lograron el objetivo deseado.
Iván también había sido involucrado, al distraer a Luka y dar un empujón estratégico a Adrien para que el chico atrapara a Marinette antes de que cayera al suelo. Todo habría funcionado perfecto de no ser porque Luka se dio cuenta y evadió la acción de Iván. Se propuso detener al rubio, pero en su afán por sujetarlo, le hizo perder el balance aunque no por mucho. Adrien después de todo, tenía los reflejos de un gato y sí logró sujetar a Marinette a tiempo, lanzando el brazo hacia adelante por delante de su tórax, y frenando la caída… pero… digamos que sujetó algo más blandito de lo esperado.
—Marinette.
—A–Adrien… —la diseñadora palideció varios colores y pronto se quedó sin aire.
—Eso no salió como esperaba. —murmuró Kagami.
—Nope. —Alya sacó una foto sin ningún disimulo.
Adrien se puso de un bonito color magenta, y como era rubio, se notó muchísimo. También se quedó sin aire, pero reaccionó. Soltó a Marinette y lanzó las manos al aire, en el momento en que Luka le daba un buen empujón. Por la ley de la gravedad, la chica cayó de rodillas, abrazándose a sí misma y medio muerta de vergüenza.
—¡¿Cuál se supone que es tu problema?! —alcanzó a reclamar Luka, mientras Juleka y Rosie se acercaban a ver cómo estaba Marinette.
—¡FUE UN ACCIDENTE! No te vi tratando de evitar que cayera.
—¡ESO NO SE…!
—¡BUAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAA!
El llanto de Marinette interrumpió a los muchachos, que se la quedaron vieron como paralizados. La chica no aguantó más y se había largado a llorar con ganas. Se puso de pie apenas y en el momento en que Anarka salía a cubierta a ver porqué escuchaba llantos, Marinette salía corriendo a toda prisa del bote.
—¡MARINEROS! ¡¿Se Puede Saber Qué Está Pasando Aquí?!
Los chicos se quedaron como ciervos atrapados por luces de estadio. Luka tomó aire para explicar lo ocurrido a su madre, mientras comenzaba a señalar a Adrien (quien miraba en la dirección por donde Marinette había huido) como el culpable, cuando todos pegaron un brinco al escuchar una enorme explosión cercana.
—¡¿Qué fue eso?! —exclamó Alya en el momento en que sonaba las alarmas akuma en los celulares.
—¡Marinette se fue por allá!
Antes que pudieran detenerlo, Adrien corrió tras los pasos de su partenaire, muerto de vergüenza, pero honestamente preocupado. Luka apretó los dientes y también salió en pos de ellos.
—¡Se van a meter en problemas! —Alya quiso desembarcar, pero Anarka la atajó— ¡Madame! ¡Marinette no sabe cómo esquivar akumas!
—¡Pero es peligroso y ya se me perdieron tres marineros! ¡TODOS BAJO CUBIERTA! Es una orden.
La mujer se veía muy decidida y nadie quiso desobedecerla abiertamente. Se miraron muy preocupados y sin saber qué hacer…
… a lo lejos, pudieron distinguirse las figuras de Chat Noir y Ladybug, que se dirigían hacia el akuma.
Esperaban que ellos pudieran mantenerlos a salvo.
Residencia Marchant.
Más tarde ese día. 18:17 hrs.
—¿Los ataques akuma siempre son así? —preguntó Bridgette mientras Sabine la llevaba a su cuarto— ¡Qué incordio!
—Los ataques de las quimera eran muy parecidos, Bridggie… más destructivos eso sí.
—Porque eran bestias abandonadas a sus instintos… los akuma parecen más… no sé… ¡al menos hablan y son coherentes!
—Eso sí. Al menos Ladybug y Chat Noir pudieron detenerlo antes que pasara mucho rato. —Sabine suspiró— Y no ha habido más quimeras.
Bridgette suspiró aliviada. Desde aquella ocasión, no habían vuelto a aparecer quimeras en París, pero las teorías y suposiciones respecto de ellas corrían salvajemente por todos lados. ¿Acaso habría vuelto el Alquimista? ¿Los antiguos héroes seguían por ahí? Si había otro ataque de esas criaturas, ¿volverían los antiguos héroes? Todo eso le oscurecía el corazón.
Ambas hermanas habían estado pasando la tarde cuando se declaró el ataque de akuma. Hasta ese momento habían conversado largo y tendido acerca de lo que deparaba el futuro y de algunas decisiones que tenía que tomar Bridgette respecto de su vida, lo que no había sido una conversación fácil bajo ningún respecto. Incluso habían llorado a moco tendido ambas. No pudieron terminar la conversación por culpa del akuma y tuvieron que buscar refugio en el metro de París, que por fortuna no se vio afectado en aquella ocasión. Por fin volvían a casa… bueno… Bridgette no podía estar segura si debía llamar así a la residencia, pero era lo que tenía y debería servir.
—Al menos lo pasamos bien hoy.
—Hasta el akuma sí… y… ¡Félix!
En la residencia Félix estaba esperando el regreso de Bridgette. Estaba acompañado por una mujer casi tan alta como él, con una profusa y rizada melena castaña y un carisma que iluminaba cualquier pasillo. Bri aguantó la respiración…
… ¿quién era ella? Desde que había despertado y a pesar de haber pasado varios días con Félix, no sabía mucho de su vida. Casi todo se lo había dicho Sabine o sacado a tirabuzones. Su gato no parecía tener muchas ganas de compartir su actual vida con ella, alegando que era aburrida y llena de tribunales, cuando era evidente que tenía un poco más de vida social. ¿Esta mujer era parte de su vida? ¿Quizás alguna novia? ¿O aquella buena amiga suya que solía nombrar de tarde en tarde?
Se supone que no debería sentirse envidiosa ni nada, pero… esa mujer estaba de pie. ¡De pie junto a Félix! Y se veía en buen estado físico, con piel lozana, bien vestida. Ella ya no estaba usando pijamas, pero… estaba atada a una silla de ruedas. Inútil, un problema.
…
¿Qué podría querer Félix con ella? Porque…
… porque…
… ¿Cómo se sentía respecto de Félix? Le fijó la mirada, y el hombre le dedicó una mirada llena de indiferencia, pero pronto le sonrió con ternura. Eso le hizo explotar un sinfín de mariposas en el estómago y bien le hubiera gustado correr para reclamar territorio, pero… pero…
… pero…
No podía. Y aunque hubiera podido… ¿tenía acaso derecho? No. A Félix nunca le gustó que le saltara encima, que le hablara, que lo acosara (aunque eso era entendible). ¡Vaya que debió haberla odiado! Debió detestar todo lo de ella y con razón. Era irritante, inmadura (aunque todavía lo era) y lo bastante tonta como para no entender que el amor de su vida estaba enamorado de otra persona y que necesitaba espacio.
… enamorado de Ladybug. Primero por interés, ella era la única que podía deshacer su maldición, y luego no, pero ella nunca se interesó. Su Chat Noir era irritante, cargante y ñoño, pero a diferencia de ella sí entendió el tema de las distancias y aguantó sus malos tratos con galantería incluso. ¿Por qué? Porque estaba enamorada de otro. ¡De Félix! Quien a su vez era Chat Noir, quien estaba enamorado de Ladybug.
¡Dios mío, que ensalada! Y qué vacío en el pecho…
—¿Pasa algo Bridggie?
—Sí. Estoy en una silla de ruedas.
Eso, y una tormenta de inseguridades dándole vueltas en el corazón. Recordó ese beso en aquella azotea. No el casto roce de labios que sirvió para romper la maldición de su gato, sino ese beso que le siguió, cuando Chat la tomó por las mejillas y la besó con tanta pasión que casi se perdió en aquella sensación. Recordó haber estado parada de puntitas, ansiando que Chat Noir fuera Félix, que supiera que ella era Ladybug para sentir una adoración igual y sentirse así de amada y al mismo tiempo corresponder la tremenda pasión de su partenaire…
¡Cruel giro de los eventos! Su deseo se había cumplido. Recordó haber roto el beso y dejarse hundir en esa desesperación. Al momento de ese beso, ¿cuánto tiempo llevaba sin acercarse a Félix? Unos dos o tres años… ¿había podido olvidarlo? No…
Y de pronto tenía al gato revelándose como Félix.
Tuvo miedo. Huyó. Y ahí estaba, quince años y un coma después.
—No quiero verlo.
—¿A Félix?
—Exacto.
—Pero…
—Estoy cansada.
Bridgette procedió a bloquearse. Se cruzó de brazos y se negó a cruzar miradas con Félix o con Teresa, quien se mordió el labio, adivinando que con su presencia había metido las patas. No era su culpa, pero solía tener ese talento. No era un buen momento para conocer a Bridgette. Sabine sonrió con saber dónde meterse, mientras empujaba la silla.
—¡Hola Félix, Teresa! Me alegra verlos bien tras el ataque…
Bridgette tomó las ruedas de la silla y forzó la marcha hacia el interior de la habitación, sin decir palabra. De haber podido, hubiera dado un portazo, pero bueno. Sabine aguantó la respiración y Teresa vio como Félix se desinfló.
—Esto fue una mala idea. No debí venir…
—Por favor discúlpala, Teresa, Bridgette es mucho más amigable que eso, pasa que está bajo mucha presión y…
—Y no sabe ni donde está parada o en qué condiciones. ¡Pierde cuidado, Sabine! Lo entiendo bien. —Teresa miró hacia Félix— ¿Estás bien, Feliciano?
—No. —Félix suspiró— me odia…
Sabine y Teresa intercambiaron miradas. ¡Claro que Bridgette no lo odiaba! Solo… solo estaba pasando por mucho y bueno, todo indicaba que ese día estaba idiota, pero ¿Quién podría culparla?
—Feliciano, no te pongas así… entiende que está pasando por…
—¡Es mi culpa que esté así! —Félix se pasó una mano por la nuca, recordando los eventos de aquél aciago día— ¡No debí ir tras ella! Solo la distraje del camino. ¡Ya estaba alterada! ¡Maldito sea! ¡¿Por qué la seguí?! Debí dejarla en paz… —el hombre se refregó la cara— destruí su vida, ¡no debí moverla! ¡La distraje! Es mi culpa. ¡No debí…! ¡Me debieron haber atropellado a mí, no a ella!
Sabine se puso en punta de pies y logró asestarle un zape en toda la nuca. Hazaña no menor considerando la diferencia de estatura. Teresa estaba angustiada, pero mantuvo la cabeza fría.
—¡Corta con eso! ¡No vuelvas a decir tamaña barbaridad! ¡No fue culpa de nadie! —Teresa sujetó a Félix por las mejillas y lo obligó a mirarla— ¡Fue culpa del conductor sí! No tuya.
—¡De no ser por ti, Bridgette hubiera muerto sola en el lugar! —reclamó Sabine apretando los puños— ¡Bien que lo sabes!
Félix la miró sintiendo como se le helaban las venas. Había testigos que aseguraban haberlo visto dándole primeros auxilios a Bridgette, pero francamente él no se acordaba. Sus recuerdos eran borrosos y solo se tornaron claros en el hospital, cuando Allan y Claude por fin lograron hacerlo reaccionar y lo llevaron a casa. Estaba todo perdido de sangre cuando salió de su ensimismamiento. Le daba terror cada vez que le recordaban eso.
—¡¿Es que no ves en qué condiciones quedó?! 15 años en coma, sin poder hacer nada de lo que hacía antes. ¡Es mi culpa! Todo lo que toco lo arruino…
—Has tenido 15 años lidiando con esta culpa que no te corresponde. —insistió Teresa— ¡Ya déjala ir! Empieza de nuevo y habla con Bridgette, con la verdad y argumentos. ¡Eres abogado! Usa tus palabras, Feliciano… eres muy elocuente cuando quieres.
—Entiende que despertar de un coma en estas condiciones no es fácil. —añadió Sabine— Déjala que salga de ese lugar oscuro. —la mujer suspiró profundo—. Ten paciencia, amarguetas. Mi hermana va a salir y te va a buscar cuando lo haga…
Sabine buscó la mirada de Félix, pero lo que vio no le gustó. No supo exactamente qué fue aquello, pero se le erizó el espinazo. Supo que tenía que hacer algo radical o esto se iría a pique. Entrecerrando los ojos y demostrando la tenacidad propia de las mujeres de su familia, madame Dupain–Cheng tomó a Félix de un brazo y lo obligó a seguirla al interior de la habitación de Bridgette.
Al entrar la vieron en su rincón favorito, dándole la espalda a la entrada, y los ojos llenos de lágrimas, que luchó por esconder en vano. Miró a Félix con la misma expresión de terror que lo viera cuando le reveló su verdadera identidad. Esto congeló el corazón de su gato. Sabine infló el pecho.
—Lo que le pasó a los dos es trágico, pero tienen que hablarlo y quedándose callados no van a resolver nada. —les gruñó Sabine con decisión.
—¡Sabine! ¡Dije que quería estar sola!
—¡Te escuché la primera vez! Pero no pueden huir de esto. —Sabine miró a Félix sin dejarlo hablar— ¡Ya deja de intentar huir! Hazte hombre y enfrenta a Bri y tú, hermanita. Escúchalo. ¡Se lo debes! Lo que les pasó fue horrible, pero ya perdieron el pasado por eso. ¿Van a perder también el futuro?
Sabine tenía razón y los dos lo sabían, pero… Bridgette y Félix se quedaron viendo sin mover ni las pestañas, aumentando exponencialmente la tensión entre ambos. Eventualmente uno tendría que ceder, pero la inseguridad del uno y las culpas del otro les mordieron el corazón como si fueran fieras.
Y en ese momento, Félix giró sobre sus pies y se fue, sin decir palabra. A Sabine se le heló hasta el alma, más al escuchar los lastimeros sollozos de su hermana, a quien rápidamente se volcó para contener.
—No sé qué hacer, Sabine… ¡No sé!
—Hablar es un buen comienzo —dijo entre susurros— ¡No te niegues esa oportunidad!
Bridgette solo lloró.
Continuará
Por
Misao – CG
Publicado el jueves 3 de junio de 2021
Próximo capítulo: Trauma
… Desde el suelo, Adrien logró dar un giro ayudado por las piernas y logró que Marcel perdiera el equilibrio. El anciano cayó de bruces, soltándolo, por lo que aprovechó para ponerse de pie y salir corriendo a la salida más cercana. No tenía idea qué pretendía hacer su abuelo, pero todos sus instintos le decían que huyera lo más lejos que pudiera EN ESE INSTANTE. Estaba por comenzar a bajar por las escaleras en dirección de la entrada principal, cuando algo se enredó en sus pies.
—¡JAJAJAJAJAJAJAJA! CORRE SI PUEDES AHORA.
Notas finales: ¡MIL DISCULPAS! He tenido una semana del asco y estresante como no tienen idea. En el trabajo las cosas están muy raras y eso ha afectado mucho el ambiente laboral, y por consiguiente, creánme que el estrés se regala a granel. Yo quiero unos tres quintales de paciencia. Y algo que me baje la ansiedad. ¿alguna sugerencia que no implique usar un hacha? Me quiero volver changoooooooooo…
Y hablando de oportunidades, ¿leyeron lo nuevo de Abby? VAYAN. No quiero morir sola de ansias. ¡VAYAN!
Por favor, cualquier error, gramatical o de ortografía, me lo dicen para poder arreglarlo si corresponde. ¡MUCHAS GRACIAS POR LEER!
BRÚJULA CULTURAL:
Traída a ustedes gracias a la magia de Google, Wikipedia y otros sitios afines.
Place Dauphine: es una plaza pública situada al oeste de la Île de la Cité en el Distrito I de París, Francia. Su construcción comenzó en 1607 bajo las órdenes de Enrique IV. Fue el segundo de sus proyectos de plazas públicas en París, tras la Place Royale (actualmente Place des Vosges). La llamó en honor a su hijo, el Delfín de Francia y futuro Luis XIII, que nació en 1601. Desde la plaza, de forma triangular, se puede acceder al Pont Neuf, puente que conecta las orillas izquierda y derecha del Sena pasando por la Île de la Cité. Una calle de cuarenta metros de longitud, llamada desde 1948 Rue Henri-Robert, conecta la Place Dauphine con el puente. Donde se encuentran, hay otras dos plazas, la Place du Pont Neuf y la Square du Vert Galent.
