Todo pasó muy rápido, casi en un pestañeo, y nunca se sintió tan vulnerable en su vida, pero por fortuna, hubo testigos con el poder de cambiar su vida… y así lo hicieron. Ahora por fin puede dormir tranquilo y seguro. Gabriel… digamos que está en algunos aprietos. ¡GRACIAS POR LEER!


DISCLAIMER: Los personajes son propiedad de Thomas Astruc, Zag Toons y quienes hayan comprado las respectivas licencias. No estoy ganando dinero con esta historia, sin mencionar que no tengo ni donde caerme muerta: si me demandan, no van a sacar nada.


ADVERTENCIAS

La plaga todavía no ha sido purgada de estas tierras. Cuídense y cuiden de otros. Mantengan la distancia, lávense las manos, usen mascarilla y a resistir como mejor podamos.

El uso de una pelotita antiestrés es recomendado

Puede haber spoilers de la cuarta temporada.


"CONOCERSE DE NUEVO"

CAPÍTULO 14: Sentencias

Mansión Agreste

Martes 19 de enero.

Adrien perdió el equilibrio y se fue de bruces por las escaleras, sin alcanzar a darse cuenta de que el hall de ingreso no estaba desocupado. Quienes estaban ahí se giraron en su dirección justo en el momento en que se estrellaba contra el descanso…

CRACK—

El grito de dolor no se hizo esperar.

—¡Tenía que dar la nota…! —murmuró Gabriel casi aguantando la risa.

El muchacho tenía experiencia cayendo, así que se las ingenió para no lastimarse tanto con el golpe. No obstante, cayó mal y sobre su hombro izquierdo. Su clavícula no aguantó el súbito castigo y como no estaba protegido por el traje de la destrucción, cedió ante la presión con dolorosos resultados. Adrien giró sobre su espalda como queriendo escapar del dolor, pero la intensidad de este apenas lo dejaba respirar.

¡VAS A VER CON QUIEN…!

¡QUIETO! ¡ESTÁ BAJO ARRESTO!

—¡Suelte El Bastón, Abuelo! AHORA.

El distintivo sonido de armas apuntando detuvo a Marcel en el acto, y para colmo, sujetando su bastón en actitud de querer aterrizarle otro golpe a su nieto caído. Dos policías lo apuntaban con sus armas se veían muy serios, no estaban jugando. Marcel, a regañadientes, dejó caer su bastón y levantó las manos desafiante. Los policías rápidamente lo pusieron bajo custodia, alejándolo del muchacho.

—Adrien. ¡No te muevas! ¿Qué te duele? —quiso saber Nathalie, llegando en seguida junto a él.

—Todo… —gimió Adrien entre dientes.

—¿Se puede saber qué está pasando aquí? —ladró Félix peligroso y con los ojos muy afilados, llegando junto a su sobrino, agachándose a su lado— No te muevas, ¡Estás a salvo!

—¡Tío! ¿Qué está pasando?

—Buena pregunta, monsieur Agreste. —le preguntó a Gabriel un hombre de mediana estatura y cara de pocos amigos— ¡Lo Que Acabo De Observar Es Inexcusable!

Debido a los sucesos del día anterior, y gracias a un golpe de suerte, Annelisse había logrado adelantar la visita del asistente social a la mansión Agreste antes de que el abogado de Gabriel pudiera infiltrar a uno de sus amigotes. Por obvias razones, dicho profesional y su pequeña comitiva (los dos policías) cayeron de sorpresa en la mansión momentos después que el muchacho volviera del colegio. Annelisse le había advertido a Félix que irían y lo invitó al procedimiento y por eso estaban en la mansión. Gabriel estaba intentado impedirles la entrada cuando Marcel, quien no tenía idea de esta situación, había agredido a vista y paciencia de todos a su nieto, botándolo escaleras abajo.

Annelisse no sabía si horrorizarse por ello o saltar de contenta, pues evidentemente eso ayudaba a su caso. Optó por ponerse profesional.

—Los muchachos siempre se caen, monsieur. —dijo Gabriel tratando de fingir que estaba aburrido— Ya se recuperará.

—¡Por supuesto que lo hará! Pero no debió haber pasado por esto en primer lugar. ¿Qué clase de condiciones son estas para un menor? —reclamó Annelisse, y pronto añadió volviéndose hacia el asistente social— ¡Exijo Que Se Retire A Mi Cliente De La Custodia De Este Monstruo En Este Instante!

—¡Mi hijo está a salvo! —reclamó Gabriel rodando los ojos…

Porque sí, tuvo la cara de reclamar. ¡Papá corazón! Que siendo testigo del accidente de su hijo, ni siquiera había sido capaz de ir a ver como estaba. Adrien bien que se podría haber quebrado el cuello con esa caída, pero ¿Gabriel? Aguantando la risa, gracias.

—¡Tengo Mis Dudas! —el asistente social tomó aire y subió los escalones para ver cómo estaba Adrien.

El adolescente estaba en evidente dolor, sujetando su hombro izquierdo, y los ojos bien apretados. No había que ser un genio para detectar que tenía una lesión de importancia. Nathalie y Félix lo mantenían quieto en el suelo, mientras trataban de restringir sus movimientos todo lo que podían, mientras trataban de aliviarlo de algún modo. El hombre se agachó junto a él y lo miró con calma.

—Lamento tener que conocernos así, joven. Asumo que eres Adrien Agreste. Soy Sebastián Langlois, asistente social del tercer juzgado de familia y me asignaron tu caso. —se presentó el hombre con mucha calma y muy profesional— ¿Necesitas que haga algo por ti?

La forma en que le habían hecho la pregunta le dio a entender a Adrien que este hombre tenía las potestades para hacer mucho por él en ese momento. Lo miró directo a la cara, sintiendo como se le llenaban de lágrimas sus ojos: estaba asustado, adolorido y aunque era valiente, en serio ya no aguantaba más. Ni siquiera tuvo que fingir que tenía miedo. ¡Cierto! ¡Él era uno de los jóvenes héroes de París!, pero también un muchacho de catorce años que ha estado sometido a mucho abuso emocional. ¡Su valor no conocía límites! Porque era muy valiente, pero… hasta aquí no más llegaba, ¡y no tenía por qué soportar más! Estaba en verdad angustiado y ya no quería pasar ni un segundo más en la mansión.

—Por favor… —le dijo suplicante— ¡Sáqueme de aquí!

Félix, el Gorila, Annelisse e incluso Nathalie suspiraron de alivio. Sebastián asintió con severidad y se puso de pie. Se arregló el traje y tras observar fugazmente al anciano que seguía en custodia de la policía, caminó de regreso con Gabriel, llevando un ánimo de los perros.

—Ya sabe cómo son los niños, ¡exageran todo el tiempo! —dijo Gabriel como quien comenta el clima— está a salvo, pasa que su abuelo está senil…

—Ni siquiera voy a discutir con usted al respecto, monsieur. ¡Ya vi suficiente!

—Tiene un techo sobre su cabeza y comida en su plato. Asiste a clases, supongo que tiene buenas notas… ¿qué más quiere? Se cayó y ya.

—Usted no corrió a atenderlo cuando todos lo vimos caer. —lo acusó Sebastián— ¡Hasta aguantó la risa! Y evidentemente le importa un rábano su bienestar emocional.

—Me puse nervioso.

Félix tuvo un tic en el ojo cuando escuchó eso. Odiaba esa excusa con toda su alma. Casi se puso de pie para ir a decirle un par de cosas, pero Annelisse lo detuvo con un solo mirotón. "¡QUÉDATE DONDE ESTÁS!" le advirtió con los ojos "Me estoy encargando". Quien sí se puso de pie fue Nathalie, y corrió derecho a la puerta: al parecer la policía había llamado a una ambulancia, pues ya se podían escuchar sirenas acercándose y no dudó en ir a recibirla. Adrien comenzó a hiperventilar del susto, pero no solo Plagg se puso a ronronear en su bolsillo sino que Félix comenzó a acariciarle los cabellos para tranquilizarlo.

¡Por todo los…! Plagg estaba en su bolsillo. ¡Cayó junto con él! ¿Estaría herido? Se había tardado en ronronear… ¡quizás se lastimó y…! Ojalá que se escondiera bien. ¡¿Acaso estaría herido?!

—Como usted diga señor. —Sebastián rodando los ojos, antes de volverse hacia Annelisse— Su cliente irá a un hospital a constatar lesiones…

—¡Argh! Ya Está La Ambulancia Aquí. ¡No Tiene Que Ir A Un Hospital! Lo Prohíbo. ¡Qué Asco!

—EL MENOR irá a un hospital a constatar lesiones. —ladró Sebastián— Además, lo retiro de su custodia por evidente negligencia de su parte en sus cuidados. Debido a lo observado, evidentemente el menor corre peligro en estas condiciones.

—¡¿QUÉ?! ¡Usted no puede hacer eso!

—Obsérveme, Agreste. —retrucó Sebastián con rigidez— ¿Monsieur Félix Agreste? ¿Está en condiciones de asumir temporalmente los cuidados de su sobrino hasta la audiencia con el juez?

Félix se puso de pie. Llevaba al menos un año esperando esas palabras, por lo que sintió como el estómago se le revolvía de emoción, como cuando ganó su primer caso. No era algo definitivo, ni de lejos, pero sabía que en casos así de flagrantes como el observado, se solía conceder la custodia temporal de los menores al pariente que estuviera más dispuesto a hacerse cargo. Mantuvo la fría actitud de siempre y asintió con firmeza.

—Por supuesto.

—Yo me encargo del papeleo. —dijo Annelisse— Tú lleva a tu sobrino al hospital.

—¡De esto se va a enterar mi abogado! Ese ingrato llegó desnudo a esta casa y se va desnudo. ¡Escúchame Adrien! Si cruzas esa puerta, NO TE MOLESTES EN…

SILENCIO. —gritó Félix enojado. Él y su hermano se escaldaron con la mirada.

En esos momentos los paramédicos se aproximaron a Adrien y comenzaron a evaluarlo. El resto de los adultos les hizo espacio mientras lo revisaban y Nathalie, que había vuelto a reaparecer, lo hizo con un bolso con ropa y algunos esenciales de Adrien (incluyendo un muñeco hecho con calcetines que tenía desde pequeño). Las discusiones legales continuaron, pero Félix pronto se desentendió, dejando a Annelisse lidiar con todo, que por algo era la abogada de su sobrino. Tomó el bolso de manos de Nathalie y subió con Adrien a la ambulancia, quien estaba descompensado de los nervios. Se sentó junto a él y comenzó a acariciarle los cabellos, notando que en verdad el pobre muchacho estaba muy, muy inquieto y susceptible. Esto también lo notó el paramédico que subió con ellos, pues encendió el filtro de luz azul para que su paciente comenzara a calmarse.

—¿Tío? ¿Es en serio? ¿No tengo que volver? —preguntó Adrien tratando de ignorar el dolor.

Non: te vienes conmigo. Del hospital nos vamos a casa.

Adrien se tapó la cara con su mano izquierda, largándose a llorar.


Residencia Marchant

En esos momentos.

—¡Y esta es la portada del disco de Jagged Stone que Marinette diseñó! Recibió muy buenas críticas… Lo mismo: también diseñó las gafas de…

—¡Qué linda portada! —Bridgette tomó en sus manos el disco que Alya acababa de pasarle— Está muy bien hecho, me gusta como usaste los colores. ¡Cierto que también diseñaste el logo de la panadería!

—Antes era muy aburrido y diseñé el nuevo: a mis papás les gustó y pues ahí lo tienen.

Marinette rió nerviosa, pero más bien por modestia. Ella y Alya habían pasado a visitar a Bridgette después del colegio para hacerle compañía y además ayudarla con algunos temas de su Tablet. Bridgette seguía con su tormenta interior, pero por alguna razón ver a su sobrina le había aliviado mucho la carga. Ambas adolescentes estaban haciendo un tremendo trabajo animándola y todo sin proponérselo.

—¿No estabas estudiando diseño también, tía Bridgie?

—De interiores. ¡Amaba diseñar interiores!

—¿Y ya no? —preguntó Alya muy curiosa.

Bridgette miró las chicas con algo de sorpresa. Parte de ella quería entristecerse, pero no se lo permitió. Era una pregunta honesta y ciertamente que ofenderse por todo cansaba demasiado. Suspiró largo y miró soñadora por la ventana, lo que de hecho alivió mucho a Marinette, antes de sonreír.

—Supongo que tengo que ver si sigo con las mismas habilidades que antes. O cocinar: me encantaba cocinar. —la mujer se llevó un dedo a la boca, muy pensativa— Quizás pida prestada un día la cocina. Como que tengo ganas de hacer…

—¿Pasteles? —preguntó Marinette divertida.

—La verdad comida. Y algunos postres, pero me gustaba mucho hacer quiches, y obvio, comida china tradicional. La tía Lixue siempre decía que tenía talento para eso.

—Ooooh, deberías ver unos videos de una chica que está en China que hace cosas maravillosas. —sugirió Alya emocionada, mientras abría la aplicación de youtube y buscaba el canal— Voy a suscribir el canal para que los pueda ver con calma.

—Es un canal muy bueno. Lo he visto. —comentó Marinette.

—¡También la voy a suscribir al LadyTube!

—¿LadyTube? —preguntaron Bridgette y Marinette al mismo tiempo.

—Ahí también subo videos del Ladyblog y otros que me comparten mis suscriptores. —Alya miró a Bridgette con su entusiasta sonrisa y se ajustó los lentes— ¿No te dijo Marinette que soy la administradora del Ladyblog?

—No, pero tú me lo has dicho unas seis o siete veces.

Marinette rió nerviosa, esta vez con honestidad: siempre se ponía ansiosa cuando Alya entraba en modo ladybloggera. Tikki, quien estaba en su bolso, también se tensó y hasta le dio unos topecitos a través de la tela, cosa que solo hacía cuando no le gustaba como se daban las cosas.

Bridgette por su parte enarcó las cejas, mirando imperceptiblemente a su sobrina, sin que ésta se diera cuenta, como buscando algo… algo que le confirmase sus dudas. Quizás ahora tendría una oportunidad.

—En mi época no existían esas cosas. Internet apenas estaba funcionando: sí recuerdo que había una página dedicada a los Héroes de París.

—El Gato y la Catarina. ¡Conozco el sitio! Está BIEN muerto.

—Jejejeje, creo que lo administraba Nadja Chamack. —Bridgette se sopló el flequillo— ¡Me parece tan irreal ver a donde ha llegado ahora!

Alya pareció vibrar de contento y se acomodó mejor en su sitio, mientras Marinette tensaba un poco la espalda y se obligaba a relajarse. El tema nunca la hacía sentir a gusto, mucho menos después de cómo había comenzado la semana.

Uy, hablando de eso… mejor le mandaba un mensaje a Adrien: el chico le había contado lo ocurrido el día anterior y lo asustado que estaba y quería mandarle ánimos. Estaba en serio preocupada por su chaton, sin mencionar que llevaba todo el día con un mugre presentimiento que no sabía a qué achacar. Revisó su celular…

… Ah. Qué lindo. Luka le había mandado corazones otra vez.

Lo ignoró y procedió a escribir el mensaje a Adrien, mientras Alya y Bridgette seguían conversando sobre el Ladyblog. Por ello no se dio cuenta de las furtivas miradas que su tía le daba a sus aretes… o que Tikki había salido de su bolso.

—¿Alguna vez viste a los antiguos héroes? ¿Qué edad tenían? ¿lucían igual que los de ahora?

—Los vi en un par de ocasiones, y sin duda no eran niños, eran mayores… ¿quizás unos 20 o 23?

—Ooooh, Vi fotos, hubiera creído que rondaban los 17 o 19… —Alya se detuvo pensativa— Aunque bueno… me encontré con información y con algunas teorías que hablan de que los héroes de París patrullaban la ciudad de mucho antes de los ataques del químico.

—Alquimista.

—¡Cierto! ¡El Alquimista! ¿Nunca se lo atrapó?

—Ni idea. Cuando tuve el accidente llevaba unas semanas quieto, pero no sé si habrá habido otros ataques después.

—No… el último ataque confirmado de quimera fue en julio de 1999. Y luego vino el del Mylene, hace poco. —explicó Marinette con tristeza, interviniendo de súbito— Mylene me dijo cuando la fui a ver después de su ataque.

Alya bajó los hombros. Mylene ya había vuelto a clases hacía varios días y parecía haberse recuperado bien. Marinette, como la buena compañera que era, había ido a verla poco después de su crisis y fue cuando se había enterado de ello. Por fortuna, no habían presentado cargos en su contra, ser quimerizada no fue culpa de ella, pero sí la habían interrogado largo y tendido por si acaso recordaba a la persona que le había plantado el sello que la terminó convirtiendo en esa criatura. Bridgette asintió.

—Su amiga estará bien. No creo que recuerde nada. Al menos los quimerizados de mi tiempo no recordaban el terror.

—No, de hecho, dice que no se acuerda de nada. Como con los akumas.

—Cierto, cuando te liberan de un akuma no te acuerdas de nada… pero se tienen pesadillas a veces. —reconoció Alya suspirando— Eso lo sé muy bien.

—¿Te han akumatizado alguna vez, Alya?

—Sí. Algunas veces. Primero como Lady Wifi y luego como parte del akuma Oblivio. —la chica se encogió de hombros— Todo porque no logro controlar mis rencores.

—No son tu culpa. Papillón se aprovecha de eso y lo usa a su favor. ¡No eres responsable de lo que pasa! —gruñó Marinette apretando las manos.

Algo en la actitud de su sobrina le hizo ruido a Bridgette: en alguna ocasión su mejor amiga Allegra había sido quimerizada. Tiempo después, mientras ella se lamentaba y se culpaba sobre ello, Bridgette se había puesto igual que Marinette.

—Papillón me cae gordo. ¡Quizás que está buscando el viejo andropáusico!

—¿Te han akumatizado alguna vez, Marinette?

Marinette se quedó de una pieza. No le gustaba pensar en eso: eso habría sido un desastre de proporciones bíblicas y todavía le daba escalofríos pensar qué habría pasado si Papillón hubiera terminado por akumatizarla. ¿Por qué se habría detenido y desistido de convertirla en Princesa Justicia? Todavía no se lo explicaba, pero ciertamente no se quejaba.

—No, pero casi dos veces. ¡Una vez por culpa de Chloé! Mademoiselle Bustier la rescató…

—¡Pero la terminaron akumatizando a ella! —protestó Marinette.

—Y luego por culpa de Lila Rossi y sus conspiraciones. A ella y madame Dupain–Cheng. ¡incluso apareció la marca de la mariposa sobre sus rostros! —explicó Alya muy profesional— Incluso levantó las manos haciendo este gesto cuando de pronto…

—¿De pronto?

—Papillón cortó la comunicación. —Alya asintió de nuevo con la cabeza— Muy anticlimático, pero por alguna razón desistió de akumatizarlas a las dos.

Bridgette abrió los ojos como una niña curiosa, pero ella era mucho más observadora de lo que le daban crédito. El gesto hecho por Alya puso a su sobrina histérica: era una pose muy parecida a alguien que se lleva las manos a la cabeza, o a la nuca, quizás para arreglarse el cabello, ajustar algún adorno o… quitarse los aretes. Bien se podría identificar con otra cosa, pero Bridgette sabía bien qué buscar…

—¡Ya, ya, pero no pensemos en eso! Me pone muy mala recordar esas cosas y no vinimos aquí para hablar de cosas…

Bzzzt, Bzzzzzt.

El celular de Marinette eligió sonar en ese momento, avisándole de un mensaje. Uno común y corriente, pero por alguna razón le dio mal yuyu. La chica se excusó, intuyendo que era algo grave, y desbloqueó el teléfono para ver de qué se trataba. Era un mensaje de Adrien…

OH LA LÁ… —Marinette se puso de pie de un brinco, asustada, y casi llorando. Bridgette y Alya se alarmaron con ella— ¡Qué desastre! ¡Es Adrien!

—¡¿Cómo?! —Bridgette preguntó asustada— ¡¿Pasó algo?! ¡¿Él está bien?!

—¿Adrien está bien?! —Alya casi se puso de pie y por instinto buscó su celular, por si Nino le hubiera mandado alguna noticia.

Marinette solo les dirigió la mirada una vez que hubo leído todo el mensaje por segunda y tercera vez. Se mordió el labio inferior, mientras una lagrimita le recorría la mejilla.

—El abuelo de Adrien lo empujó por las escaleras. Se fracturó la clavícula: ahora está en el hospital con el tío Félix.

—¡¿Qué cosa?! —ladró Alya muy molesta— ¡¿Y la policía sigue sin hacer nada?!

—De hecho… le acaban de dar la custodia temporal al tío Félix… ¡tengo que mandarle un mensaje!

Bridgette se llevó las manos al corazón. Pudo ver como ambas adolescentes tomaban sus celulares y rápidamente comenzaban a mandar mensajes y a activar su red de amigos. ¿Ella? Se sintió un poco perdida, y tardó en recordar que también tenía un celular. Le dieron unas ganas feroces de llamar a Félix, saber cómo estaba, si necesitaba algo y si Marcel estaba detenido o no. Se distrajo unos instantes cuando creyó ver un destello rojo, pero al querer fijarse en ello, los sollozos de Marinette la distrajeron.

—¿Marinette?

—Estoy bien… solo muy preocupada. ¡Adrien tiene que estar muy asustado! ¡Necesito ir a verlo!

—No Marinette. —Alya la sujetó por los brazos— Dale espacio, ya lo irás a ver mañana, pero hoy dale espacio… ¡Si quieres lo llamamos! Pero dale espacio…

—Cariño… —Bridgette acercó su silla de ruedas hasta su sobrina y la tomó de la mano— Alya tiene razón, dale espacio. Vas a mandarle un mensaje o tratar de llamarlo por teléfono, pero dale espacio…

—Tía… ¡Adrien no se merece eso! —la pobre chica se refregó los ojos, y Bridgette se mordió el labio— ¡No tenían que haberle pegado así!

—Ay amiga, no te pongas así… —Alya se fijó en su celular, dándole una mirada de muerte— ¡Responde, Nino, Maldita Sea!

Bridgette estiró los brazos y sentó a su sobrina en su regazo, abrazándola con fuerza. Marinette, lejos de molestarse por el gesto, se dejó contener por su tía, se hizo bola y lloró un buen rato. Tikki, quien había vuelto al bolso de Marinette, se tapaba sus ojitos, preocupada tanto por Adrien… como por Plagg.

¿Su gatito estaría bien?


Palacio de Justicia. Tribunales de Familia. París.

Jueves 21 de enero. 9:23 hrs.

Adrien estaba asustadísimo. Volvió a su asiento tras haber hablado con el juez en privado y no sabía bien qué pensar. En vista de la gravedad de la situación y porque Annelisse se puso toda una bruja, la audiencia se había adelantado a ese día. El juez que llevaba el caso hasta ese momento seguía de vacaciones fuera del país, así que el que estaba presidiendo el juicio era otro juez; un hombre bajo, de mirada amable, pero que más parecía sepulturero que otra cosa. Tuvo que ponerse al día rápidamente con el caso durante el día anterior y lo que había leído no le había gustado nada. Era un caso de custodia simple y en toda justicia, era evidente de que el menor en disputa tenía que pasar al cuidado de su tío, pero había tenido retrasos inexcusables que le hacían tener ganas de ahorcar al colega que había estado llevando el caso hasta ese momento. A medio andar en la audiencia, y mientras madame Lapin y monsieur Fonck, el abogado de Gabriel, prácticamente se arrancaban la yugular el uno al otro, el hombre detuvo el proceso y pidió hablar con Adrien sin la presencia de los abogados.

Y ahí estaban, casi una hora después de una conversación que lo había dejado con los pelos de punta y con un ánimo francamente asesino.

El juez Emile Chastain se sentó en su sitio y mientras se seguían las formalidades de su ingreso, congeló con la mirada a todos los involucrados, excepto a Adrien. Se detuvo unos instantes en Gabriel, quien se veía que quería estar en cualquier lado menos ese, y miraba con asco todo lo que le rodeaba. No vio a Marcel por ninguna parte, sabía que el hombre había sido arrestado, pero en consideración a su edad lo dejaron con arresto domiciliario, firma diaria y la prohibición de acercarse a su nieto.

—Abogados, presentes, la conversación que acabo de tener con el joven Agreste me ha dejado una panorámica del caso mucho más amplia. En vista de los antecedentes, he llegado a la conclusión…

—Señoría, mi cliente es un buen padre. Tenga en consideración que la desaparición de su esposa y la presencia del…

—Monsieur Fonck. No recuerdo haber dado autorización a los abogados para hablar.

—Lo siento señoría.

—… Como decía antes de la interrupción de monsieur Fonck… a quien por cierto le recuerdo que el perjurio es un delito bajo las leyes del Estado Francés y uno que particularmente detesto y no tolero en mi corte.

—¡Objeción, Señoría! No he cometido perjurio…

—Decir que Gabriel Agreste es un buen padre cuenta como perjurio. —el juez señaló la pila de antecedentes— Esto prueba justamente que no lo es. Le aconsejo guardar silencio, abogado.

Gabriel escaldó con la mirada a su abogado, haciéndole una seña a Nathalie para que le recordara despedir al hombre cuando llegaran a casa. Adrien por su parte sentía el corazón agitado: había pasado dos días muy tensos y adolorido a rabiar. Sabía que en esta audiencia se jugaba prácticamente la vida. Félix, sin dejar de mirar hacia adelante, le revolvió los cabellos. Plagg volvió a su bolsillo subrepticiamente y comenzó a ronronear.

—Continuando con mis conclusiones, el trato que ha recibido el menor a lo largo de su vida y en especial desde la lamentable desaparición de su madre sinceramente da vergüenza y asco. Ningún menor debe ser sometido nunca a manipulación y tortura psicológica, acoso laboral y finalmente a golpes como los sufridos esta semana y cuyas consecuencias quedan más que evidentes. Asimismo, es inexcusable el retraso del debido proceso en este caso, por lo que se extienden las disculpas a los afectados y ordeno una investigación sumaria que determine a los culpables de dicha prevaricación. Sobre el menor en comento, este tribunal considera que es en el mejor interés que la custodia total y permanente de Adrien Agreste Graham de Vanily, de 14 años, pase a la potestad de su tío, Félix Agreste D'Alençon a contar de la fecha de hoy, traspasándose además los derechos parentales al mencionado tío. Este tribunal ordena el pago total de los honorarios debidos al menor por su trabajo como modelo en la marca Agreste y se fijará una audiencia la próxima semana que determinará el pago de pensión de alimentos hasta las edades que establece la ley.

RIDÍCULO. NO Voy A Pagar Ni Un Solo Euro Por Mantener A Ese Ingrato. —Gabriel se puso de pie de improviso, solo causando que Nathalie se palmeara la cara, su abogado lo mirara con pánico y el juez le arqueara una ceja.

—Lamentablemente usted es su progenitor y el haber perdido sus derechos parentales sobre su hijo no lo excusa de mantenerlo. —el juez frunció el ceño con peligro— Es más… cambié de opinión: Ordeno el pago de pensión de alimentos por un monto total de 200 euros mensuales.

Gabriel hirvió de rabia. Y obedeciendo a su carácter, giró sobre su eje para retirarse indignado del tribunal, pero en ese momento, por alguna razón sus pies se enredaron en algo y cayó estrepitosamente al suelo, haciendo que todos dieran un brinco a ver qué le había pasado. Al intentar ponerse de pie, descubrió que los cordones de sus zapatos estaban atados entre sí.

—¡¿Qué carajos?!

Plagg comenzó a reír en el bolsillo de Adrien.

Enfurecido, Gabriel fue ayudado a ponerse de pie, pero no se veía tranquilo. El juez comenzó a golpear con fuerza su martillo en el estrado, indicando silencio.

—Orden en la sala. ¡ORDEN! Gabriel Agreste, lo declaro en desacato ante esta corte y lo condeno al pago de las multas legales y a 120 horas de trabajo social…

—¡No me voy a mezclar con la chusma! ¡Soy Gabriel…!

—… 200 horas de trabajo social. ¡Una palabra más y ordenaré que sean 480!

Gabriel tuvo el tino de quedarse callado. Adrien por su parte apenas entendía lo que estaba pasando y le estaba costando respirar. El juez hizo un par de comentarios más, pero francamente no los escuchó. Ya no tenía cabeza para eso. ¿Acaso había entendido bien? ¿No lo obligarían a volver a la mansión?

¿Ya era libre?

—Esta ha sido mi sentencia y se da por cerrada la audiencia. Monsieur Félix Agreste: por el bien del menor les deseo toda la suerte del mundo y espero que puedan tener un buen futuro. ¡Se levanta la sesión!

Claro que hubo exclamaciones de victoria, pero Adrien estaba demasiado en shock para notarlas. Los gendarmes sacaron a Gabriel de la sala y los adultos celebraron. Él no sabía ni qué pensar, la cabeza comenzaba a dolerle y las emociones las tenía a flor de piel. Solo fue cuando Félix le dio unas palmaditas en el rostro que se dio cuenta que estaba rodeado de muchos rostros conocidos…

—Adrien… ¿Estás bien?

—Sí… creo. ¿No tengo que volver a la mansión, verdad?

Non. —le aseguró Félix— Ya no. Definitivamente no. ¿Vamos a casa?

—Me gustaría.

Adrien por fin relajó los hombros y respiró profundo. Se dejó abrazar por Félix.

¡Al fin!

Continuará.

Por

Misao – CG

Publicado el lunes 7 de junio de 2021


Próximo capítulo: Intuyendo secretos

Eso ya lo sé, chaton. —añadió en un susurro antes de tomar aire— Creo… algo me dice… que Marinette es Ladybug.

Bridgette lo dijo tan bajito que si no hubiera sido porque Félix estaba prestando atención, no la hubiera escuchado. El hombre irguió la espalda, como si le hubiera caído un balde de agua helada, y aquellas realidades que estaba notando sobre todo desde que Adrien se había ido a vivir con él, le comenzaron a caer encima como ladrillos.


Notas finales: Aquí, se hace la lucha, hacia adelante no más, avanzando con el nuevo fic, haciendo sufrir a Abby por ello. Como ven, Ahora por fin Adrien se fue con su tío y se va a quedar con él, aunque tuvo que romperse un hueso para que eso sucediera. Ahora solo es cuestión de tiempo que su tío confirme su identidad secreta… si es que está prestando atención, claro. ¡MUCHAS GRACIAS por darle una oportunidad a este fic!

Y hablando de oportunidades, ¿leyeron lo nuevo de Abby? VAYAN. No quiero morir sola de ansias. ¡VAYAN!

Por favor, cualquier error, gramatical o de ortografía, me lo dicen para poder arreglarlo si corresponde. ¡MUCHAS GRACIAS POR LEER!


BRÚJULA CULTURAL:

Traída a ustedes gracias a la magia de Google, Wikipedia y otros sitios afines.

Perjurio: es un delito que tiene una especial relevancia en el ámbito de los Tribunales de justicia y, en particular, en lo referente a su aplicación a los testigos que puedan presentarse en un juicio. El testigo tiene la obligación legal de decir la verdad, y en el caso de que incumpliese su obligación, podría ser procesado por la vía penal. El delito de perjurio es, por tanto, una garantía a la hora de dar un mayor valor a la prueba testifical.

Por otra parte, si bien el ámbito habitual de aplicación de este delito es en el marco de los tribunales, también cabe en todos aquellos casos en los que la ley exige a una persona un juramento o promesa de decir la verdad, y esta la incumple.

Normalmente los imputados en una causa penal, en los ordenamientos jurídicos modernos, están exentos de la obligación de decir la verdad o, al menos, pueden negarse a contestar. Gracias a esa exención no cometerían perjurio si, mientras se defienden, no dijesen la verdad de los hechos al tribunal.

La diferencia tiene una gran importancia en el aspecto procesal de la investigación de un delito. Si una persona es citada ante el juez en calidad de testigo, su obligación legal sería la de decir la verdad, mientras que si acude como imputado tiene una mayor posibilidad de defensa.

Prevaricación: O prevaricato, es un delito que consiste en que una autoridad, juez u otro servidor público dicta una resolución arbitraria en un asunto administrativo o judicial a sabiendas de que dicha resolución es injusta y contraria a la ley. Es comparable al incumplimiento de los deberes del servidor público. Dicha actuación es una manifestación de un abuso de autoridad. Está sancionada por el derecho penal, que busca la protección tanto del ciudadano como de la propia Administración. Para que este delito sea punible, debe ser cometido por un servidor o juez en el ejercicio de sus competencias.

La misión de los jueces es la de aplicar el derecho vigente al caso concreto. El ejercicio de esa función se denomina jurisdicción, es decir, la esfera o el ámbito en el cual se puede desenvolver un funcionario judicial. Cuando un juez se aparta voluntariamente de la aplicación del derecho al caso concreto, comete un delito del derecho penal que se denomina prevaricato.

Desacato: —o resistencia o desobediencia a la autoridad— es, en algunos ordenamientos, un delito que se comete al calumniar, injuriar, insultar o amenazar a una autoridad en el ejercicio de sus funciones o con ocasión de ellas, ya sea de hecho o de palabra, o ya sea en escrito que se le dirija.

El bien jurídico protegido es la administración pública. Es decir, la sanción del delito tiene como fin garantizar la obediencia de los ciudadanos al poder coactivo del Estado.