Con Adrien a salvo bajo sus cuidados, Félix por fin comienza a prestarle atención a ciertos detalles que había ignorado hasta entonces. Bridgette tiene las mismas aprensiones sobre sus sobrina y ambos ex héroes urden un plan para confirmar o desmentir sus sospechas. ¡GRACIAS POR LEER!


DISCLAIMER: Los personajes son propiedad de Thomas Astruc, Zag Toons y quienes hayan comprado las respectivas licencias. No estoy ganando dinero con esta historia, sin mencionar que no tengo ni donde caerme muerta: si me demandan, no van a sacar nada.


ADVERTENCIAS

La plaga todavía no ha sido purgada de estas tierras. Cuídense y cuiden de otros. Mantengan la distancia, lávense las manos, usen mascarilla y a resistir como mejor podamos.

Puede haber spoilers de la cuarta temporada.


"CONOCERSE DE NUEVO"

CAPÍTULO 15: Intuyendo secretos

Departamento de Félix. París.

Dos días después. Sábado 23 de enero de 2016

Gabriel hablaba muy en serio cuando había dicho que Adrien había llegado desnudo a la mansión y que desnudo se iría, porque intentó por todos los medios evitar que su hijo sacara sus pertenencias de la casa, incluso las más básicas. Gracias a Nathalie pudieron rescatar casi la mayoría de su ropa, sus cosas del colegio y algunos efectos personales, pero mucho más que eso no. Ni siquiera pudo sacar su computador o implementos de esgrima, pero no digamos que le importó mucho. Ya se las arreglaría de otro modo, que recursos le sobraban. Adrien no fue a clases ni el jueves ni el viernes para poder aclimatarse mejor a la nueva situación, que bastante estrés había tenido en demasiado poco tiempo. Claro… debido justamente al estrés emocional, Adrien durmió prácticamente todo el jueves y recién vino a resucitar el viernes después de almuerzo y solo porque hubo un ataque akuma.

Le hizo bien descargar tensiones de ese modo. De hecho Ladybug no le reclamó que hubiera estado más callado y brusco de lo normal. No digamos que el akuma opinaba lo mismo, pero bueno, al menos detuvieron a la criatura, purificaron al bicho y pudieron irse a casa cuando se aseguraron de que no les iba a caer encima quimera alguna.

Esto habría sido catastrófico.

Horas después del akuma, cuando hasta ya se había duchado y comido algo, recibió la visita sorpresa de sus amigos. Desde Marinette hasta Nathaniel, incluso Chloé, todos se dejaron caer en su nueva casa para apoyarlo y darle ánimos por la nueva vida que comenzaba. Le llevaron los apuntes, chismes, organizaron juegos, rieron y en menos de lo que canta un gallo habían organizado una pequeña y animada fiesta.

—Mejor te acostumbras, Feliciano. —le dijo Teresa divertida, con las manos en las caderas— los adolescentes normales suelen dar estas sorpresas. Te descuidas dos pestañeos, te llenan la casa de amigos y BAM, FIESTA.

—Yo no. Nunca daba sorpresas así. —gimoteó Félix, sin saber exactamente como debía sentirse.

—Adolescentes normales, dije. Pero en fin. ¡Bienvenido al club de los que no tenemos idea qué hacer con los chiquillos!

—Supongo que es parte del pack. —se resignó Félix con paciencia— ¿Siempre son así?

—No. ¡Son mucho peores!

Dicha celebración tomó a Félix por sorpresa, que no se esperaba ni de chiste algo así y por momentos se vio un poco abrumado, pero bastaron dos zapes y medio de Teresa para recuperar la compostura. Por consejo de su amiga, mandó a pedir unas pizzas con refrescos para que los chiquillos comieran (sobra decir que se las respiraron) y con eso se convirtió en el tío favorito de todos

Al menos la horda de adolescentes no se quedó más allá del anochecer. Todos partieron a sus casas temprano y por fin tío y sobrino se quedaron solos para lidiar con el desorden. Cuando todo estuvo limpio de nuevo, se fueron a dormir.

Eso sí, hay que decir que durante la madrugada, un golpe seco despertó a Félix de súbito. Se incorporó atento, pero como no escuchase nada más, supuso que Adrien estaba dando vueltas por la casa. Se volvió a dormir tranquilo, pero… no tanto. Pasados unos minutos, abrió los ojos: ahora que lo pensaba, había escuchado un ruido similar la madrugada antes de la audiencia…

Algo le estaba escamando la nuca.

Y más le olió a gato encerrado esa mañana cuando al buscar algo de queso para el desayuno, descubrió que su pequeña reserva se había reducido bastante…

Ni modo.

—A propósito Adrien… —comentó Félix mientras se sentaba a desayunar, tras haber dispuesto la mesa para la ocasión— Supongo que te habrás dado cuenta de que no son las mismas condiciones que en la mansión.

—Err. No. Claro que sí me di cuenta… —Adrien se revolvió inquieto en su asiento— ¿lo dices por lo de ayer? No sabía que los chicos iban a…

—Tus amigos pueden venir todo lo que quieran, con tal de que no desordenen tanto y no se queden hasta muy tarde. —se apresuró en decir Félix, muy casual— Es otro mi punto.

—Dime…

—No hay sirvientes aquí. Hay una señora que viene una vez a la semana a hacer aseo y a planchar la ropa, pero nada más. Teresa nos ayuda con las comidas… pero como buen muchacho que eres, quiero que tengas claro que si bien voy a respetar tu privacidad, tienes que hacer tu parte: quiero que hagas la cama todos los días, que mantengas ordenado y limpio y que ayudes con otras tareas de la casa.

Adrien asintió como el nene bueno que era. La verdad no le parecía tan descabellada la petición de su tío y no era algo que no hubiera visto. Le constaba que Nino también tenía reglas parecidas e incluso tenía que ayudar con su hermano. Hasta ese momento, él era el único que no tenía esas obligaciones.

—Nos vamos a turnar para sacar la basura, lavar los platos. Lo mismo la ropa: la señora Tifa también se encarga de eso, pero si quieres ropa limpia y planchada, tendrás que dejar la ropa sucia en la lavadora.

—¿Tengo que separar por colores?

—Err. No. —Félix parpadeó curioso. Hacía años que no escuchaba el concepto de separar ropa por colores— Solo pones la ropa ahí y aparece lavada y planchada.

—Ok.

Ambos prosiguieron con el desayuno en silencio, aunque no era una situación incómoda, sino todo lo contrario, más bien tranquila. Félix miró de reojo a su sobrino, que desayunaba con buen apetito, pese a que era un desayuno más bien… simple. Y por esas cosas de la vida, el muchacho hizo un gesto con la mano como si quisiera esconder el anillo.

Eso le hizo mucho ruido a Félix, pero al mismo tiempo, parte de su cerebro activó el modo negación.

—Otra cosa… y refiere a tus amigos.

—Te escucho…

—Llueva o truene, te quiero en la casa a más tardar las 21 horas. Para otros horarios lo conversamos antes, pero de normal te quiero en casa a las 21. Me da lo mismo la hora a la que te duermas, pero…

—En casa a las 21. Perfecto.

—¡Y nada de escaparse por la ventana! —dijo a modo de broma.

¡NO! NUNCA. ¿Cómo crees? ¡¿Yo escapándome por la ventana?! ¿Por quién me tomas?

Esa reacción lo tomó desprevenido por lo exagerada. Félix parpadeó un par de veces, perplejo por el súbito nerviosismo de Adrien. El muchacho comenzó a reír como tratando de disimular.

—¿Acaso te salías por la ventana que te pusiste tan nervioso?

—¡¿Quién yoooooooooooooooo?!

Por razones más que obvias, esto alarmó a Félix. Sabía que Adrien solía escaparse de la mansión, pero nunca le preguntó exactamente como lo hacía. Siempre asumió que se escapaba por la puerta de la cocina o…

… de súbito recordó cuando él vivía en la mansión… y que cuando se transformaba en Chat Noir escapaba por la ventana de su cuarto…

—¡¿Te escapabas por la ventana?! ¿En qué estabas pensando? —De golpe recordó el golpe seco de la madrugada anterior. ¡Naaaah! Tenía que ser una coincidencia— ¡Más te vale que no intentes salir por la ventana! Estamos en un sexto piso! Si necesitas salir, me avisas y sales por la puerta, no por la ventana…

Adrien se puso literalmente a sudar balas y a reír nervioso, lo que encendió varias alarmas en la cabeza de Félix. Más cuando se dio cuenta que el chiquillo volvía a esconder su anillo. Entonces pensó en su queso desaparecido, en los ruidos de las noches anteriores… comenzó a atar cabos… y su mente entró en negación.

—¡Te diré una cosa, tío de mi corazón! Hoy yo lavo los platos.

—Adrien. ¡No te quiero escapando por la ventana! Hablo más que en serio.

—Los platos. Hoy y mañana.

—Trato.

—¡Bien! Y… ¿qué habrá de almuerzo?

—¿Ya estás pensando en el almuerzo?

—Siempre pienso en comer… ¡soy un gatito en crecimiento!

Félix tuvo un tic nervioso. Más cuando Adrien lo quedó viendo con ojos grandes y luminosos, como un gatito de verdad: le faltaban las orejas y el cascabel en el cuello. ¡¿Por qué esa referencia?! ¡¿POR QUÉ?! Aquí sin duda había gato encerrado y por alguna razón ni siquiera quería pensar en ello.

¡Y dale con las referencias!


Residencia Marchant.

Esa tarde, 15:30 hrs.

Esto del Tablet ya se le hacía cada vez más fácil. En un principio había visto al artefacto como si de brujería se tratara, pero cada vez le estaba gustando más. Si hubiera tenido uno de estos en la secundaria o incluso en la universidad hubiera hecho maravillas. Era casi de no creer como había avanzado la tecnología en unos años y mucho más ver el explosivo desarrollo de las redes sociales. Todavía tenía que acostumbrarse a muchas cosas, pero al menos no se cerraba a las nuevas posibilidades.

—Trata de no poner muchos datos personales en redes sociales. No sabes quién podría estar monitoreando esa información. —Le aconsejó Félix muy casual.

—¿No? Hmmm. Tiene sentido. —Bri dejó el Tablet a un lado y sonrió— Encontré a Allegra y a Allan en el libro de las caras, pero… no encuentro a Claude. —explicó con calma, para ver la reacción de Félix, quien la miró con tristeza— Tengo la impresión de que no van a creer que soy yo.

Félix negó con la cabeza y suspiró profundo. Su relación con esos dos se había ido a pique tras el accidente de Bridgette y desde entonces que no hablaba con ellos. Había perdido un buen par de amigos y eso todavía le dolía, pero no los culpaba.

—Puede que tengas razón. Y que se molesten, pero ya la sorpresa se les viene doble.

—¿Crees que crean que soy una impostora?

—Exacto.

—¿No les avisaste que estaba despierta?

—Lo intenté. Pero me tienen bloqueado hace años, así que no tengo sus números. —explicó Félix encogiéndose de hombros.

—¿Nunca más supiste de ellos?

—Allegra y Allan se casaron y están en los Estados Unidos. Estaban bien la última vez que me fijé. Más allá de eso no sé mucho más.

Bridgette dejó caer los hombros. Sabine le había contado que sus amigos no se tomaron a bien saber sobre las circunstancias exactas de su accidente. Esos tres supieron muy bien que Félix no había tenido nada que ver con eso, pero por alguna razón decidieron echarle la culpa de todo… principalmente de no haberla detenido o protegido. Supuso que era más fácil culpar al amarguetas conocido que al extraño por conocer.

—¿Por qué te bloquearon? ¿Tanto se gritaron?

—Eran tus amigos. Nunca les caí bien... me culparon del accidente.

—Lo siento mucho… se supone que… debieron estar ahí para apoyarte… yo… lo siento mucho.

—¿Por qué? No fue tu culpa…

—¡Pero quería que fueran amigos tuyos también! Ni siquiera preguntaron mucho más…

—Si hubieran sabido porqué estabas corriendo, Bridgette… me matan.

Ambos se miraron a los ojos, encontrando sombras de dolor en sus expresiones. Bri reprimió unos pucheros y aclaró su garganta.

—¿Y Claude?

—Claude… falleció el 2006. Estaba en Indonesia cubriendo algo para Reuters. Hubo un tsunami ese año, poco después de navidad.

Los dos quedaron sumidos en silencio por largo rato. Bien hubieran querido tomarse de las manos, pero se contuvieron. Al cabo de unos momentos Bri se limpió la cara y tomó aire, sonriéndole a Félix con ternura.

—Sabine me dijo que lo fuiste a buscar para repatriarlo. Gracias.

—Es lo mínimo que podía hacer por él.

—¿Fue cuando te pescaste tuberculosis, verdad?

—La primera vez, sí.

—¿Te dio de nuevo? —preguntó Bri con los ojos muy abiertos— ¿Por eso usas inhalador?

—Sí. —Félix rebuscó en su bolsillo y sacó su inhalador, que le mostró a Bri— Es para emergencias básicamente, pero son escasas. Mis pulmones quedaron muy resentidos.

Bri asintió complacida. Todavía se sentía incómoda por las actitudes que había tomado contra Félix y sabía que no se podría escudar mucho tiempo más detrás de la excusa que todavía estaba confundida tras haber pasado 15 años en coma. Como que ya era momento de superar eso y comenzar a buscar soluciones y como salir adelante y eso incluía… recuperar esa confianza con su chaton. Era hora de realmente pensar en Félix como su partenaire de aventuras. ¡Claro que le hubiera gustado saberlo antes! Ayudarlo con su maldición, pero… mejor comenzaba desde ya y de a poco…

—Félix… tengo dudas.

—¿Sobre?

—El maestro Fu y los jóvenes héroes. —dijo en un susurro, y entrecerrando los ojos, lo miró peligrosa— Has estado despierto todo este tiempo… ¿te das cuenta de que no los ha entrenado?

—Les dio los miraculous hace poco. —de pronto, las coincidencias que Félix había estado notando respecto de su sobrino comenzaron a resonarle de nuevo— No están preparados para enfrentar a las quimeras.

—Eso ya lo sé, chaton. —añadió en un susurro antes de tomar aire— Creo… algo me dice… que Marinette es Ladybug.

Bridgette lo dijo tan bajito que si no hubiera sido porque Félix estaba prestando atención, no la hubiera escuchado. El hombre irguió la espalda, como si le hubiera caído un balde de agua helada, y aquellas realidades que estaba notando sobre todo desde que Adrien se había ido a vivir con él, le comenzaron a caer encima como ladrillos.

… porque las coincidencias de los últimos días no eran las únicas. Durante el último año había notado muchísimas pistas más, todas muy sutiles, pero las había sofocado todas quizás por miedo u otras preocupaciones, pero estaban ahí y de pronto comenzaron a aflorar en aquél momento…

—¿Cómo dices?

—He notado actitudes en Marinette que… eran mías. El cómo inventa excusas para explicar sus desapariciones o justificar a las víctimas de akumas o quimeras. ¡Puede que me equivoque! Apenas la conozco, pero se pone nerviosa cuando Ladybug aparece en los temas de conversación, y pone tanta atención cuando me pregunta sobre la Ladybug que era yo… —Bridgette se mordió los labios— Y luego están sus aretes… conozco esos aretes y ese reflejo rojo… ¡Félix! ¡¿Recuerdas esa norma de los kwamis?!

—Que solo se deben dejar ver si sus portadores los autorizan, así estén frente a sus antiguos portadores.

Félix caminó hasta la ventana, pensativo. Se puso una mano en la cadera y con la otra se tapó la boca, también pensando en las miles de coincidencias que había visto en Adrien durante el último tiempo y que había intentado negar con toda su fuerza. Empujando su silla, Bri se le acercó.

—Si mi sobrina tiene a Tikki… ¿te das cuenta de que Fu la envió sin entrenamiento contra esas cosas? ¡Ya viste que no pretende enseñarle nada! Porque por mucho que se llene la boca de promesas, ¡no los va a instruir!

Ma lady… podría apostar que Adrien tiene a Plagg. —dijo Félix a su vez en un susurro. Bridgette aguantó la respiración— Si todo esto es cierto… nuestros sobrinos están enfrentando supervillanos…

—… sin preparación alguna.

La pareja intercambió una alarmada mirada. No tuvieron siquiera que comentar las implicancias de eso, tampoco tenían pruebas sobre sus sospechas. ¡Tenían que confirmarlas! Si en verdad los chiquillos usaban un miraculous, ¿cómo se las habían ingeniado para ocultárselo a los adultos? ¿Y en qué diantres estaba pensando Fu al no prepararlos como era debido?

—Necesitamos confirmar nuestras sospechas.

—¡Sin duda! ¡No podemos quedarnos de brazos cruzados! Son nuestros sobrinos…

—¿Alguna idea, ma lady?

Bridgette tomó aire y al cabo de unos minutos asintió con la cabeza.

—Creo que sí. Podemos hacerlo. Hoy mismo incluso —la mujer entrecerró los ojos— ¿Fueron al cine, verdad?


Departamento de Félix.

Más tarde ese día. 18:37 horas.

—No sé porqué esto me huele raro. —comentó Marinette arrugando la nariz, ni bien cruzaron el portal y caminaron a los ascensores.

—¡Hey! Yo me baño. ¡Es Plagg el que apesta a queso! —protestó Adrien, provocando que Marinette sofocara una risita, más cuando percibió la protesta del kwami.

—¡No seas payaso, Adrien! Tú hueles perfecto.

—¿En serio? —coqueto, Adrien le hizo un gesto con las cejas— ¿En la escala de 1 a Miauravilloso, que puntaje tengo?

Si hubiera estado transformada en Ladybug, Marinette le hubiera respondido con algún comentario inteligente, pero como no lo estaba, simplemente se puso nerviosa y luchó para no ponerse colorada. Se echó un poco de viento en las manos con rapidez.

—¡Ponte serio, Adrien! No me refiero a eso.

—¡Algún día tendrás que responderme, ma lady!

—¡Concéntrate, mon minou! Tenemos cosas más importantes que hacer…

—Si me preguntas, tu hueles a…

—¡¿En serio no te parece raro que nuestros tíos nos hayan pedido venir juntos?! —intervino Marinette antes que Adrien siguiera distrayéndola— No sé qué se traen esos dos, pero ¿no te parece muy repentino que mi tía esté con tu tío así de repente cuando apenas sale de la residencia?

—No, la verdad no. —admitió Adrien con seriedad, mientras se ajustaba el cabestrillo— Ya era hora incluso. Sabes bien que esos dos tienen una historia inconclusa: a lo mejor están limando asperezas o arreglando lo que dejaron a medias.

Marinette se detuvo brevemente sobre sus pasos al ponderar eso. Ciertamente Félix y Bridgette tenían mucho que reparar entre sí y lo que decía Adrien no era nada descabellado. Quizás hasta se estaban reconciliando o algo así y eso le pareció por lejos lo más tierno de la vida. ¿Por qué la preocupación entonces? Quizás era algo más bien casual, algo simple: no tenía que estar desconfiando de todo y todos. La puerta del ascensor se abrió y Adrien la dejó pasar primero.

—Eso sería muy bueno para esos dos. —reconoció Marinette— Creo que estoy pensando de sobra.

—Puede ser… aunque llegado el caso… ¡me niego a considerarte mi prima!

La chica ni siquiera le quiso responder a Adrien, menos cuando lo vio sonriendo como el tontorrón que era. Rodó los ojos y echó a andar ni bien el ascensor se detuvo y abrió las puertas. Juntos llegaron hasta el departamento de Félix y entraron con toda la calma, avisando de su llegada.

—¡Tío Félix! ¡Ya llegamos!

—¡Estamos en la cocina! —exclamó Bridgette de un grito.

Los dos adolescentes se detuvieron en seco. Sí, el departamento olía a algo… algo tan evidente que los hizo intercambiar miradas y rápidamente volverse hacia el bolso de Marinette: Tikki estaba asomada oliendo aquél aroma. Era maravilloso, del tipo que hacía engordar no más con olerlo.

—¿Galletas de chocolate?

—¡Conozco ese aroma! Marinette… ¿me guardas una galletita?

Marinette tragó saliva, pero asintió rápidamente. Sabía bien que Tikki se volvía loca con esas galletas, pero confiaba en que su kwami conservaría la compostura. Adrien tragó saliva y se llevó la mano libre al bolsillo de su chamarra, en donde estaba Plagg, como asegurándose que estuviera ahí.

—Míralo de este lado, Buginette. Al menos no es queso o ahí tendríamos un problema.

Recuperando la jovialidad, Adrien y Marinette trotaron hacia la cocina a donde estaban sus tíos… y para horror de ambos, Bridgette estaba terminando de hornear galletas con la ayuda de Félix, que olían maravillosamente a chocolate del bueno y sobre la mesa… ¡Queso!

—¡OH QUÉ SORPRESA! —exclamó Adrien tratando de disimular su pánico— ¡¿Esas son las legendarias galletas de chocolate?!

—¡Tía Bridgie! ¿Y esto? —Marinette trotó hasta su tía para ayudarla— ¿Cómo no se te ocurrió ir a la panadería?

—O cocinar en la residencia… —añadió Adrien sorprendido, sin dejar de ojear la pila de queso, metiendo de nuevo la mano al bolsillo en un gesto casi casual… pero con el fin de detener a Plagg por si las moscas.

—Porque se me antojaron estas galletas y Bridgette aquí insistió en venir a prepararlas aquí. —Félix tomó la bandeja recién sacada del horno y la puso sobre el mesón— No le costó mucho convencerme.

—Pero salieron muchas, así que los llamamos para que nos ayuden con ellas. —explicó Bridgette con un causal ánimo— No queremos engordar solos.

Adrien y Marinette rieron principalmente por nerviosismo. Aceptaron las galletas que Bridgette les ofreció y las probaron con bien ánimo. Aunque Mari se atacó de los nervios ni bien las probó: estaban maravillosas y el aroma seguramente debía estar volviendo loca a Tikki. Sin ningún disimulo se guardó algunas en su bolso.

—¡Para después!

—Oh claro. Eres una niña en crecimiento. —Bridgette terminó de cerrar el horno y se acercó al mesón a observar su obra, intercambiando una sutil mirada con Félix.

—Y cuenten… —Félix tomó asiento al final del mesón, junto a la pila de queso, revisando muy someramente uno de los empaques— ¿Qué tal estuvo la película? —preguntó momentos antes de tirar el queso al basurero que había ubicado convenientemente junto al mesón, sin siquiera abrirlo. Los adolescentes dieron un respingo al escuchar el golpe que dio en el fondo.

—¿Qué haces, tío?

—¿Huh? Me deshago de los quesos vencidos. —Félix se rascó la cabeza como pensativo— Me fijé que algunos ya estaban pasados de fecha y pues los estoy botando.

—Le pedí que los sacara todo, quizás queda suficiente para hacer una tarta de queso Brie.

—No estás de suerte, Bridgette… solo queda camembert. Pero este está vencido.

Y otro queso a la basura. Adrien tuvo que sujetar con fuerza a Plagg, quien casi se echaba a llorar. Marinette dejó de prestarle atención a Tikki, pues ya veía que en cualquier momento tendría que ayudar a Adrien para evitar que Plagg los dejara en evidencia.

—¿Te sientes bien, Adrien o te duele el hombro? —preguntó Félix de pronto— Te noto inquieto. ¿Te tomaste el analgésico antes de salir?

—¿Quién YO? Claro. Estupendamente, Es solo que…

—¡La película nos dejó con Hype! —exclamó Marinette a la rápida.

—¿Ah sí? ¿De qué se trataba?

—Pues se trataba de…

Félix tiró otro queso a la basura, y al caer produjo un estruendo que tanto a Adrien como a Marinette les pareció intolerable. Ambos chiquillos comenzaron a explicar atolondradamente la película, mientras trataban de encontrar la forma de salir de ahí lo más rápido posible… porque sumado a las acciones de Félix, Bridgette comenzó a agrupar las galletitas en montones de a 10.

—… entonces vino el tipo este con la pistola y le dice al…

PAH. Otro queso a la basura. Y no parecía vencido.

—… que bien podía irse a freír monos…

Otro queso. Y otro. ¡¿Cuántos quesos había esa pila?! Y las galletas, ¡¿tenían que estar tan aromáticas?! Marinette casi se puso a llorar. Tanto Félix como su tía les ponían toda la atención del mundo como si nada malo estuviera pasando… pero fue cuando vio una transformación asombrosa. Félix afiló su expresión, y como si fuera un gato, comenzó a empujar con un dedo una de las piezas de queso mientras la miraba a los ojos, como retándola a que le dijera algo… ¡IGUAL que un gato! Marinette aguantó la respiración. Por instinto Adrien le tomó la mano, como si temiera una inminente desgracia. Félix empujó el queso hasta el borde del mesón.

—¡No, no, NO! Tsst. ¡NO! ¡No, eh! NO.

Marinette casi se quiso morir de la vergüenza. Había regañado a Félix como si este fuera un gato mañoso… y para su tremenda sorpresa, y sin que se le moviera una pestaña, IGUAL QUE UN MALDITO GATO, Félix terminó por empujar el trozo de queso por el borde.

Plagg no lo soportó más. Todo autocontrol que pudiera haber tenido salió volando por la ventana. Mordió a Adrien y salió del bolsillo en pánico.

—¡NOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOO!

—¡NOOOOOOO, PLAGG!

—¡KYAAAAAAAAAAAAAAAAAA!

Plagg alcanzó a atajar el quesito antes que este cayera, abrazándolo como si fuera lo más delicado de la vida. Iba a suspirar de alivio cuando sintió que la manaza de Félix se cerró alrededor de él y lo levantó en el aire, para dejarlo fuera del alcance de Adrien, quien en un intento desesperado había intentado atraparlo él mismo. Fueron maniobras bien felinas por parte de los dos, sobre todo en el caso del más joven, quien estaba bien enfundado en un cabestrillo mayor para restringirle el hombro, y acabaron mirándose cara a cara, Félix con una expresión adusta y Adrien como descubierto en medio de una travesura.

—Puedo explicarlo, tío… es… errr… es…

¡UN TAMAGOTCHI! —se apuró en decir Marinette, quien daba saltitos de pánico.

—¿Ah sí? —preguntó Félix— ¿Y el Tamagotchi tiene amigos?

Adrien abrió los ojos como platos mientras señalaba a Bridgette con la cabeza. Marinette sintió un escalofrío recorrerle la espalda y se tardó una mini eternidad en volverse hacia su tía. Bridgette sujetaba una galleta por un extremo y por el otro… Tikki la miraba con los ojos muy abiertos.

—Maté cuatro tamagotchis en mi tiempo, Marinette. Sé cómo lucen y Tikki no es uno de esos. —dijo Bridgette con suave dulzura, antes de volverse a la kwami, con los ojos llorosos— ¡Ay, Tikki!

Los adolescentes se pasmaron, Félix bajó el brazo y dejó a Plagg libre, Tikki soltó la galletita y ambos kwamis miraron alternadamente a sus antiguos portadores y a los nuevos, como pidiéndoles permiso.

—No pueden hablarnos si no les dan permiso ustedes primero. —explicó Félix con triste calma.

Adrien asintió, sintiéndose helado de repente. Marinette hizo un puchero, pero también dio permiso, aunque no entendía nada de lo que estaba pasando. En ese momento Tikki estalló en lágrimas y Plagg reprimió un puchero, aceptando el trozo de queso que Félix le ofrecía.

—Tan glotón como te recuerdo, Plagg.

—¡Estás más viejo, Félix! Te tardaste en sacar a mi nuevo cachorro de la mansión…

—¡¿Cómo, Se Conocen?! —quiso saber Adrien perplejo.

—¡Estás muy linda, Tikki!

—¡QUÉ ALIVIO VERTE! Estaba Tan Preocupada: Creí Que Nunca Volvería A Saber De Ti. ¡Menos Después De Todo Este Tiempo! Mírate no más como estás… ¡Siento tanto no haber podido ayudarte!

Tikki se arrojó sobre Bridgette en un gesto de cariño que Marinette reconoció de inmediato. Ambos adolescentes comenzaron a hiperventilar del susto. ¡NO entendían nada de lo que estaba pasando! O porqué sus kwamis parecían tener tan familiaridad con sus tíos…

y…

¡Esperen un maldito momento!

—¿Qué está pasando aquí? —preguntó Marinette.

—Es lo que nos gustaría saber a nosotros, Marinette. —le dijo Félix con seriedad— ¿O debería decir Ladybug?

—¡¿QUÉ?! ¡Ay no, como creen! ¡¿Quién yooooooooo?!

—Marinette no es Ladybug. ¡Se tropieza cada dos pasos! Imposible que sea Ladybug y…

—Como es imposible que seas Chat Noir, ¿me equivoco, Adrien? —intervino Bridgette— es inútil ocultarlo.

—Pero… pero… pero… ¡¿cómo…?! No… no estamos confirmando ni desmintiendo nada, pero… pero…

—No hay mucho que explicar. —rezongó Félix apesadumbrado— Y al mismo tiempo sí… Hace muchos años atrás… Bridgette y yo éramos Ladybug y Chat Noir.

—Es verdad cachorro. —reconoció Plagg con las orejitas bajas— tu tío era mi portador…

—¡Tía Bridgie! ¿En verdad eras…? —Marinette le echó un solo vistazo a su tía, que seguía acunando a Tikki en sus manos y supo que era cierto. La chica hizo un puchero— ¿Tikki estaba contigo el día del accidente?

—Sí… No la vi luego de eso… hace unos días comencé a intuir su presencia, pero… es primera vez que nos vemos cara a cara.

Marinette retrocedió un paso. De pronto le flaqueaban las rodillas y le tiritaban las manos. Adrien se apresuró en llegar a su lado a abrazarla, pues era evidente que su partenaire estaba histérica. ¡Él lo estaba! Y no sabía como reaccionar de otra manera. Miró a su tío y a Bridgette, pálido del susto. ¡Sabían sus identidades! ¡¿Acaso les iban a quitar sus kwamis?! Si Fu llegaba a enterarse de esto les iba a ir muy mal y…

—Voy a demandar a Fu. —gruñó Félix apretando los puños— ¡Haré que le embarguen hasta los calzoncillos y le revoquen la visa!

Marinette se largó a llorar en ese momento.

Continuará.

Por

Misao–CG

Publicado el miércoles 9 de junio de 2021


Próximo capítulo: Identidades reveladas

—¿Por eso no nos quería entrenar?

—Exacto, joven Adrien. Quería protegerlos.

—Pues no le resultó muy bien que digamos.

—Evidentemente. —Fu frunció el ceño— Jóvenes, ¿Cómo supieron sus identidades?

Los aludidos aguantaron la respiración casi al mismo tiempo. En ese momento Plagg salió del bolsillo de Adrien y flotó seguido de Tikki hasta la caja, en donde se sentó a ver el resto de los acontecimientos. Con las miradas de los adultos concentrados en ellos, Marinette se rió nerviosa y se pasó la mano por la nuca.

—Pues es una historia muy…

—… simpática y sorpresiva. —concluyó Adrien…


Notas finales: No sé si han visto ese video del gato blanco que tira un vaso de vidrio del borde de una mesa… justamente cuando su dueña intenta impedirlo. Es más, el gato se detuvo unos instantes como retando a duelo a su ama antes de ejecutar al pobre vaso. Bueno… ese video fue la inspiración para la actitud que tomó Félix en este capítulo y como vieron… los tíos ya saben el secreto de sus sobrinos… y Fu está en verdad en un brete de aquellos. ¡MUCHAS GRACIAS por darle una oportunidad a este fic!

Y hablando de oportunidades, ¿leyeron lo nuevo de Abby? VAYAN. No quiero morir sola de ansias. ¡VAYAN!

Por favor, cualquier error, gramatical o de ortografía, me lo dicen para poder arreglarlo si corresponde. ¡MUCHAS GRACIAS POR LEER!