Adrien y Marinette están pasando un susto de aquellos y aunque ya se les dijo que el enojo no es contra ellos, no dejan de estar aprensivos. Fu en cambio enfrenta toda la ira de los tíos y con justa razón. ¡Ni modo! Ya todos los héroes se conocen oficialmente entre sí. ¡GRACIAS POR LEER!


DISCLAIMER: Los personajes son propiedad de Thomas Astruc, Zag Toons y quienes hayan comprado las respectivas licencias. No estoy ganando dinero con esta historia, sin mencionar que no tengo ni donde caerme muerta: si me demandan, no van a sacar nada.


ADVERTENCIAS

La plaga todavía no ha sido purgada de estas tierras. Cuídense y cuiden de otros. Mantengan la distancia, lávense las manos, usen mascarilla y a resistir como mejor podamos.

Puede haber spoilers de la cuarta temporada.


"CONOCERSE DE NUEVO"

CAPÍTULO 16: Identidades reveladas

Casa del maestro Fu. París.

Sábado 23 de enero de 2016. 20:37 hrs.

Decir que estaba asustada era ser elegante. Marinette estaba aterrada y se le notaba a leguas. Le temblaban las manos y casi que volvía a llorar del susto. Adrien estaba igualito, pero veía a su princesse tan descompensada que solito se armaba de valor por último para servirle de apoyo. No podía abrazarla, el mugre cabestrillo que le sostenía el brazo y el hombro le estorbaba más que nunca, pero al menos podía darle la mano.

No, los tíos no estaban enojados con ellos, de hecho fueron bastante pacientes y comprensivos: no tardaron en darles la seguridad que ellos estaban a salvo. Sí estaban mosqueados y gruñían entre dientes, pero sabían que la culpa no era del chancho, sino de quien le dio el afrecho. Léase, Wang Fu.

¡PUERTA!

Félix dio otro golpazo a la puerta que los hizo dar un respingo de medio metro. De haber podido el abogado habría vaporizado la puerta con la mirada. Adrien y Marinette intercambiaron miradas, pero ni siquiera se atrevían a respirar muy fuerte. Saber que sus respetivos tíos habían sido los anteriores portadores de sus kwamis había sido bastante impactante. No sabían qué pensar exactamente de eso: por un lado se justificaba que Bridgette no hubiera dicho nada (estuvo en coma 15 años), pero el silencio de Félix los dejaba con más preguntas de las esperables. ¿Por qué había renunciado al miraculous? Porque ya no tenía a su compañera ni villano al que enfrentarse. ¿Por qué no había dado un paso al frente cuando aparecieron los akumas? Porque no era su momento ni su villano. ¿Por qué esperar hasta ahora para intervenir? Pues porque acababa de caerle la teja.

Se evidenció más que nunca que en verdad era un gato viejo.

Adrien supuso que luego iba a poder conversar con su tío más en privado, tuvo la impresión de que había cosas que no quería que las chicas supieran, pero eso no le quitaba el amargo sabor en la boca. El que no hubiera intentado quitarle el miraculous era ya un punto a favor, pero ¿y si lo obligaban a renunciar a él? Y encima ahora no solo los mayores sabían su identidad secreta, y por ende el secreto que compartía con Marinette, sino que lo iba a saber el maestro Fu. ¡Quien menos querían que se enterara!

—¿Adrien? ¿Y si nos quitan los miraculous? —le preguntó Marinette con mucho temor casi en un susurro.

—¡Esperemos que no!

—¡Por supuesto que no les van a quitar nada! —exclamó de golpe Bridgette— ¡Fu no les puede quitar los miraculous si ustedes no lo consienten! ¡Ni nadie! Y no permitan que les hagan creer lo contrario.

—¡Pero Papillón lleva todo el año tratando…!

—¡Pues No Puede! —siseó Félix con saña— ¡Menos ahora que ustedes ya lo saben!

—¿En serio Fu no les ha enseñado nada? ¡¿Algo tan básico como eso?!

—Err… —Marinette intercambió una mirada con Adrien y tragó saliva— A veces me da lecciones con los kwamis, o me deja ver el libro, pero nada más. Y soy yo quien le cuenta a Adrien luego…

Félix y Bridgette se quedaron mirándolos boquiabiertos y pasmados. Los chiquillos se encogieron como si hubieran hecho algo malo. Entonces Félix le dio otro golpazo a la puerta.

—Wang Fu. ¡Abre En Este Momento O Juro Que Le Diré A Marianne Lenoir Donde Escondes Las Playboy!

Bridgette escuchó estoica. Los chiquillos pusieron cara de avergonzado asco, Félix sonaba muy decidido, pero su amenaza no cayó en saco roto, pues momentos después un muy alarmado Fu abrió la puerta.

—¡No te atreverías a…! —comenzó diciendo escandalizado Fu, pero entonces se fijó en el grupo y… casi tuvo diarrea del susto— ¿Qué está pasando aquí? ¿Quiénes son los…?

—¡No se haga maestro Fu, que con nosotros no le resulta! —Bridgette se abrió camino al interior del departamento, empujando a Fu fuera del camino con la silla de ruedas.

Félix cerró la puerta una vez que los sobrinos hubieron entrado y en seguida se volvió hacia el anciano, que ya era acosado por Bridgette. Los dos se veían muy amenazadores, lo que no hizo nada por calmar los nervios de Adrien o Marinette. En serio los jóvenes héroes estaban aterrados que les fueran a quitar sus miraculous. Tikki y Plagg se dejaron ver solo para consolar a sus portadores, lo que animó a Wayzz a salir de su escondite.

—Señores Plagg y Tikki. ¿Qué pasó? —preguntó la pequeña tortuga con preocupación.

—Errr… pues… El gato salió de la bolsa. —suspiró Tikki entristecida.

—O más bien los kwamis. —Adrien entrecerró los ojos, con algo de reproche.

—¡Jóvenes! —los llamó Fu alarmado— ¡¿Qué es esto que me dicen?! ¡¿Cómo Es Que Saben Sus Identidades?!

—¡Como Debería Ser, Fu, Con Un Demonio! —ladró Félix— ¡Por el respeto que alguna vez le tuve! ¿Cómo diantres se le ocurrió entregarle MIRACULOUS a dos chiquillos Y NO PREPARARLOS?

—¡Usted nos preparó por años, maestro! A los dos por igual. ¡Y Usted más que nadie debería haber presentado a los chiquillos antes! —añadió Bridgette empuñando las manos, con evidentes signos de ansiedad— Si hubiera sabido que mi gato era Félix., ¡Si tan solo hubiera sabido quien era Chat Noir hubiera podido ayudarle mucho antes con la maldición! ¡Y Yo No Habría Hecho El Ridículo Tantos Años!

—¡Hasta se podría haber evitado el accidente, con un demonio! —protestó Félix con bastante dolor, antes de señalar a los chiquillos, con una expresión de reproche que iba entre pena y coraje— ¡¿Y vuelve a repetir el mismo error?!

—¿Y qué es eso que no los ha entrenado ni instruido de nada? —quiso saber Bridgette— Les entregó el equivalente a armas de destrucción masiva y NO LES DIO las instrucciones.

—¡Tan malo como Gendo Ikari! —gruñó Félix cruzándose de brazos y haciendo referencia a un popular anime de su juventud.

Adrien levantó las cejas lleno de ñoñería. Reconoció el nombre del personaje como parte de uno de los clásicos del anime de finales del siglo XX.

—¡Tienen la información que necesitan en sus armas! —intentó defenderse el anciano— Ahora hay un manual incluido…

—¡PORQUE USTED NO LES ENSEÑA NADA! Y ningún manual es suficiente para enseñar a usar los poderes de un portador. —el tono de Félix era lúgubre y peligroso— Ni siquiera les habló de las habilidades secundarias, las terciarias, de las meditaciones de protección, ni nada. ¡¿Qué Tiene En La Cabeza?!

Fu se sacudió de encima a los mayores y avanzó sobre los jóvenes muy angustiado. Brevemente reparó en el cabestrillo que llevaba Adrien, como si no se esperase ver eso, pero sacudió su cabeza y los tomó por las manos.

—No tengo como pedirles disculpas. Los expuse a un grave peligro y ya no puedo apartarlos a lugar seguro… ¡No debí darles los miraculous!

—¡Por favor maestro Fu! No nos quite a Tikki y Plagg. —suplicó Marinette con lágrimas en los ojos— ¡No diremos nada, en serio, pero por favor!

—Aunque quisiera quitárselos… no puedo niña. —se lamentó Fu— Menos ahora que saben: Félix tiene razón.

—Una vez que el portador ha tomado conciencia de su condición, no le pueden arrebatar el miraculous si no lo consiente. A menos que lo maten. —explicó Félix con voz sombría.

—Papillón no sabe eso. Todos sus esfuerzos estaban orientados a quitárselos, pero por mucho que envíe akumas a robarlos…

—¡Eso no es verdad! —reclamó Adrien— Han estado muchas veces a punto de quitarnos los miraculous.

—Como que me hubiera gustado tener esa información antes. —reconoció Marinette como tratando de entender todo lo que estaba pasando— ¡Y Adrien tiene razón! Una vez incluso me quitaron uno de mis aretes…

—Eso pasó porque ustedes no habían tomado conciencia de este hecho. Saben de lo que son capaces, pero no le han tomado bien el peso a lo que en verdad significa ser un portador —añadió Bridgette— Me tomó tres años aprenderlo. ¡Maestro Fu! ¿Cómo es posible que no les haya dicho nada de eso?

Fu bajó los hombros y la cabeza, sintiendo el peso del mundo en sus hombros. Resopló angustiado y se armó de valor. Una vez más, sus errores de juicio le estallaban en la cara.

—Se supone que sería por un fin específico y temporal: recuperar a Nooro y Duusu. Nunca creí que se fuera a extender tanto. Y quería que los muchachos volvieran a sus vidas, sin mayores secuelas.

—Eso no iba a ser posible, maestro Fu. —le dijo Adrien, quien miró brevemente a su tío u a Bridgette— Marinette y yo estamos demasiado involucrados para que solo sea temporal.

—Ya sé…

—¡Son Chiquillos! A nosotros por lo menos nos entrenó por algunos años, pero ¡¿Va y deja que este par se enfrente a un supervillano sin siquiera lo básico?! —Félix flexionó los dedos, como si quisiera saltarle a la yugular. En verdad estaba indignado a niveles pocas veces visto—. ¡¿T'a été fini à la pisse ou quoi?

—¡Félix! —lo reprendió Bridgette— ¡Lenguaje!

—Creí que nos estaba enseñando… —comentó Marinette haciendo pucheros.

—No, Marinette. —el anciano señaló a los adultos— A estos dos les enseñé todo lo que sabía y terminaron en una tragedia que jamás preví —admitió Fu derrotado— a ustedes quería enseñarles lo menos posible para no exponerlos a peligros. ¡No quería que les pasara lo mismo!

—Eso no tiene sentido… —rezongó Adrien.

—Lo tenía al principio. —Fu meneó la cabeza y se quedó mirando al suelo. No era capaz de ver a nadie de la vergüenza.

Nunca nada parecía resultarle bien. Justo cuando pensaba que lo estaba haciendo bien, aparecía algo que le quitaba el sustento. Bridgette y Félix habían sido estudiantes estupendos, que fueron atacados por un sino terrible, que dejó a la chica en una silla de ruedas y a él primero con una maldición y luego con culpas que no eran propias. Adrien y Marinette estaban probando ser héroes natos, llenos de potencial, y seguramente estaban destinados a algún tipo de tragedia. Nunca debió haber ocultado las identidades: quizás Bridgette tenía razón en eso. Se habrían ahorrado mil problemas y mal ratos y…

—Ya no puedo cambiar el pasado… ¡Jóvenes héroes! Llevan una carga que no debió ser suya. No puedo quitarles sus miraculous… son suyos. Para bien o para mal, son los héroes de París.

—¿Nos va a permitir quedarnos con nuestros kwamis?

—¿Nos va a entrenar?

—No tengo de otra.

—No, no lo hará. —afirmó Félix de golpe— Tuvo su oportunidad y simplemente no lo hizo maestro Fu. ¡Nada me asegura ahora que no los va a entrenar a medias!

—Con Félix nos encargaremos de entrenarlos, a ver si podemos compensar el daño hecho. —intervino Bridgette apretando los puños— ¡Maldita sea maestro! ¡¿Tenía que elegir a nuestros sobrinos?!

—No los elegí yo… fueron los miraculous. Pasó algo parecido que con ustedes. —el anciano miró a los muchachos y tomó aire— hace muchos años recibí una visión mientras dormía, en la que debía entregarle los miraculous a sus tíos y entrenarlos, pero ellos eran muy pequeños, así que me negué a hacerlo, pero…

—Tikki apareció bajo mi almohada una mañana. —explicó Bridgette— se presentó ella solita y me dijo que buscara a Fu para entrenamiento. Yo tenía 10 años.

—Encontré a Plagg en mi mesita de noche. —dijo Félix con calma— Tenía once años. Los miraculous se entregaron solos… y como Chat Noir busqué a Fu.

—Y así fue como pasé los siguientes años entrenando a estos dos. Para cuando apareció el Alquimista, los portadores habían completado su entrenamiento— Fu se volvió a Marinette y Adrien— Con ustedes fue parecido y para evitar que los miraculous se entregaran solos, les puse un hechizo… sin embargo tuve que entregárselos luego cuando fue inevitable. Esperaba que no pasara a mayores.

—¿Por eso no nos quería entrenar?

—Exacto, joven Adrien. Quería protegerlos.

—Pues no le resultó muy bien que digamos.

—Evidentemente. —Fu frunció el ceño— Jóvenes, ¿Cómo supieron sus identidades? Hubiera jurado que no sabían quién era el otro…

Los aludidos aguantaron la respiración casi al mismo tiempo. En ese momento Plagg salió del bolsillo de Adrien y flotó seguido de Tikki hasta la caja, en donde se sentó a ver el resto de los acontecimientos. Con las miradas de los adultos concentrados en ellos, Marinette se rió nerviosa y se pasó la mano por la nuca.

—Pues es una historia muy…

—… simpática y sorpresiva. —concluyó Adrien— Ocurrió cuando enfrentamos al Búho Negro. Nos quiso quitar los miraculous y nos atrapó en un container. Ma lady aquí… bloqueó las cámaras de seguridad del bloque ese. Estábamos atrapados.

—Urdimos un plan. —continuó Marinette— La idea era cerrar los ojos y anular la transformación y hacer miraculous falsos. También íbamos a aprovechar de alimentar a Tikki y Plagg.

—Recuerdo eso. Fue en el Stade Française. ¿Y qué pasó?

—Estaba a punto de resultar, pero el Búho Negro le dio un golpe al container para meternos prisa… y… pues… del susto abrimos los ojos. —confesó Marinette avergonzada— No pude evitar mirarlo. Nos quedamos viendo a la cara uno al otro.

—Hasta se les olvidó respirar. —apoyó Plagg.

—En el momento seguimos con el plan, pudimos vencer al Búho Negro, pero al menos yo estaba histérico. —continuó Adrien— Pasamos una semana muy incómoda sin decirnos palabra… y un día nos juntamos y conversamos.

—Y decidimos no decir nada para que no nos quitaran los miraculous. —dijo Marinette tironeando de sus dedos— Lo visto, visto estaba y… bueno, era mejor usar eso a nuestro favor que tratar de hacer como si nada. Llegamos a un acuerdo con Adrien, comenzamos a planear juntos y a cubrirnos mejor la espalda…

—Ya veo. ¡Ciertamente el Búho Negro fue un hito entre ustedes dos! —Fu se mesó el mentón muy pensativo— El desempeño de los dos mejoró incluso más después de eso. ¡Debí haberlo sabido!

Adrien apretó la mano de Marinette. Los chiquillos no se habían dado cuenta que estaban de la mano, pero no hicieron nada por soltarse. Necesitaban sentir ese apoyo de su compañero de aventuras. Félix y Bridgette bajaron la mirada, sopesando la información mientras Fu se dejaba hundir por el peso de sus malas decisiones. Ya no había caso, los héroes se conocían, para colmo los cuatro, pero ya no podía hacer nada al respecto. Tendría que entrenar a los chiquillos, y encima con dos exportadores muy pendientes de eso y que seguramente también pondrían de su parte. ¡Sin duda que era algo positivo! Pero a él le pesaba no haberlo puesto en práctica antes.

—Supongo que ahora…

RIIIIIIIIIIIIIIIIIIIIIIIIIIIING, RIIIIIIIIIIIIIIIIIIIIIIIIIIIIIIING

Todos los celulares del grupo comenzaron a dar sus alarmas. De inmediato se fijaron en ellos para ver qué ocurría y con horror vieron que se trataba de una alerta akuma en los alrededores de Les Invalides. Todos miraron por la ventana en el acto: el cielo se había puesto rojo.

—Esto se va a poner feo. —suspiró Félix bajando los hombros.

Adrien y Marinette se transformaron y veloces se lanzaron de cabeza contra el akuma antes que pudieran detenerlos.


Mansión Agreste. Ex habitación de Adrien.

Algunos días después. 26 de enero de 2016. 16:50 hrs.

Gabriel estaba de pie en la vaciada habitación de Adrien, con las manos en la espalda y empuñadas con firmeza. Nathalie estaba de pie tras él, atenta a los caprichos de su jefe. El hombre estaba en verdad molesto.

—No debí permitir que esta fuera su habitación, debí instalarlo en la que fuera la mía. —siseó entre dientes— Nathalie, ¿Ya está todo quemado?

—Sí señor. Todas las pertenencias de Adrien han sido eliminadas.

—Bien. No me lo vuelvas a mencionar en la vida. Programa los pagos y que se las arregle solo.

No lo echaba de menos. Ni una pizca. Nunca había formado un lazo afectivo con su hijo, ni siquiera cuando era bebé. Adoraba a Emilie, eso sí, pero bien podría haber pasado su vida sin hijos. ¿Cuál era la gracia? Demasiada inversión monetaria y emocional tirada a la basura. ¡Menos mal que nunca le había caído bien el muchacho! Cada vez que lo veía le recordaba lo dura que había sido su infancia y lo mucho que ansiaba proyectar ese dolor en otros.

Marcel había sido un padre muy estricto, pero apenas le había prestado atención a él. Siempre lo consideró un tonto y lo dejó en paz. Todas las expectativas fueron puestas en Félix, su detestable hermano mayor, el perfecto, el estudioso, el delfín de Marcel, heredero de toda clase de distinciones y el buen apellido que lucía… al menos hasta que por alguna razón cayó en desgracia con su padre y a los gritos se separaron.

Gabriel todavía recordaba el momento en que toda la atención pasó de su hermano a él. Félix quedó en la calle sin un euro a su nombre y él de pronto estaba en la mira de su padre. Y le dijeron de todo: tonto, mediocre, vas a ser un muerto de hambre, vístete bien, inútil. Nunca más volvieron a mencionar a su hermano, pero era evidente que pese a ser ahora el único heredero, nunca estaría a la altura de Félix.

—Esta habitación tiene que desaparecer.

—No será posible, señor.

—¿Y eso por qué?

—Porque monsieur Agreste no autoriza ninguna remodelación.

—¡Pues cuando estire las patas ESTO DESAPARECE!

—¿Ya me quieres matar Gabito?

Marcel entró a la habitación apoyado en su bastón. Gabriel se quedó en silencio y lo siguió con la mirada mientras su padre observaba el tremendo ventanal de aquella habitación, pensativo.

—Esta habitación inspira y genera grandes mentes. Por eso mi nieto era más despierto que tú. Por eso el vago de tu hermano salió mucho mejor que tú… pero al mismo tiempo, ¡qué desperdicio!

—¿A qué vienes? ¿A burlarte?

—Mucho me gustaría. Pero no. —Marcel se dio la media vuelta— estaré en el laboratorio. Te recomiendo que vengas.

Marcel salió de la habitación, dejando atrás a su hijo. Nathalie, algo incómoda con la situación, observó atenta: sabía perfectamente sobre los traumas infantiles de Gabriel, que nunca fue capaz de pedir ayuda, ni siquiera cuando pudo. Su hermano se fue de la casa, pero no lo abandonó: intentó mantener el contacto con él, pero Gabriel se negó. Nunca había sido bueno con los lazos familiares y mientras más alejase a su hermano, mejor.

Aunque hay que decirlo, no digamos que Félix insistió mucho y si hubo algún acercamiento entre los hermanos se debió principalmente a las gestiones de Emilie Agreste. La actriz era una mujer de oro, y en verdad hizo un gran esfuerzo en mantener la familia unida… más cuando se dio cuenta del cariño que Félix le tenía a su sobrino. Aquellos primeros años de vida de Adrien fue cuando mejor estuvieron las relaciones entre Gabriel y su hermano mayor, al menos se saludaban, pero luego se fueron por el caño… sobre todo cuando surgieron esos rumores malintencionados que achacaban la paternidad de Adrien a Félix.

… hubo una gran pelea, la prensa del corazón se dio un festín, y con motivos: Félix había tomado un rol tan importante en la vida de Adrien que hasta la prensa se dio cuenta. Gabriel casi echó a Emilie de la casa, pero entonces… una prueba de ADN confirmó la paternidad de Adrien.

La familia se quebró y aunque Emilie siguió fomentando los lazos entre Félix y Adrien, dado que no lograba que Gabriel tomara en cuenta a su hijo y el chiquillo necesitaba una figura paterna, la actriz simplemente mantuvo las distancias con su cuñado y esta vez la relación entre los hermanos se rompió por completo. Hasta ese momento.

Félix era el culpable de todo lo malo de su vida: por haberlo dejado solo en la mansión, por dejarlo con su padre y lo más importante, por haberse llevado al bueno para nada de su hijo. Cuando despertase a Emilie, ¿cómo le iba a explicar que había perdido la custodia total del chiquillo? Y lo más importante… ¿a quién iba a atormentar ahora que no estaba? Era para lo único que servía Adrien, para reírse de él y VOCIFERARLE LO INÚTIL QUE ERA.

¿Ahora a quien…?

—Nathalie. ¿Père acaba de invitarme al laboratorio?

—Eso me pareció, monsieur.

Gabriel sintió el corazón helado. Su padre no le habría hecho esa invitación así no más; ¡algo tenía que estar pasando! Giró sobre sus talones y apuró el paso hacia el laboratorio, dando zancadas cada vez más largas a medida que se acercaba. Un sentimiento negro y lúgubre se apoderó de su corazón cuando finalmente llegó al relicario y vio a Emilie, no flotando en el aire gracias a los artefactos alquímicos de su padre, sino yaciendo sobre una camilla, conectada a alguna suerte de soporte vital, pálida como la muerte y haciendo esfuerzos por mantenerse con vida.

—¿Qué está pasando aquí? ¡¿Qué has hecho con Emilie, connard?! —Gabriel se arrojó sobre su esposa, dándole palmaditas en las mejillas.

La actriz tenía unas ojeras horribles y la textura de su piel era como papel. Esto llenó de terror a Gabriel: mientras Emilie estuvo en su cápsula, antes de ser la víctima de los experimentos de su padre, estaba ciertamente en coma, pero su piel estaba lozana y tersa y no daba indicios de estar luchando por su vida. ¡No como ahora!

—Deberías agradecerme, Gabito. Acabo de salvar su vida.

—¡Pero si la arriesgaste primero! ¿Cómo te atreves a…?

—Si no la hubiera conectado a estas máquinas, en serio se te muere. Hijo… —Marcel frunció el ceño— en serio deberías replantear tus prioridades. Emilie no va a salir de ese coma.

¡ESO NO LO SABES!

—No volverá jamás. Está muerta y libre. Esto que ves aquí es una carcasa que mantienes con vida porque eres tan mediocre e inútil que no aceptas lo evidente.

¡MIREN QUIEN HABLA! El Mismo Que Quiere Recrear No Sé Qué Experimento Para Recuperar A Una Chiquilla Que Lleva Más De 30 Años Muerta.

Se produjo un sonoro silencio, pero Marcel no dijo nada. Ganas no le faltaron de abofetear a su hijo, pero se lo pensó mejor: a diferencia de Adrien, si Gabriel se defendía bien que podría hacerle mucho daño, además que estaba lo bastante alterado como para no detenerse hasta matarlo.

No debió tener hijos. Solo causaban problemas.

—Emilie ya no sirve para canalizar energía. Necesito pilas nuevas.

—¿Y qué me dices a mí?

—Manda a uno de esos monstruitos tuyos a buscar una, mariposón.

Gabriel, harto ya, se puso de pie y avanzó sobre su padre, lleno de ira. Marcel ni se mosqueó.

—¡Esos monstruitos han sido el terror de París! ¡Mucho cuidado con lo que dices!

—Y eres constantemente derrotado por chiquillos.

¡TU NO LO HACÍAS MEJOR!

—Pero al menos a mí me derrotaban adultos.

—Que apenas tenían la edad legal de beber. ¡Somos iguales, Marcel! No te engañes.

—Perdón… ¿Tú igual a mí? No me llegas ni a mis talones. ¡Eres un tonto! Te aseguro que hasta el vago de tu hermano habría sido mucho mejor villano que tú.

¡MENTIRA! —Gabriel bien hubiera pateado lo que tuviera al alcance— ¡Soy mil veces mejor que ese muerto de hambre!

—Si te hubiera echado a ti de casa, te hubieras muerto bajo un puente a la semana. ¡No lo niegues!

—Y tu perdiste tu heredero y tuviste que conformarte conmigo. Las acciones se fueron a pique y te diste cuenta de que este inútil hijo tuyo era lo único que tenías. ¡No lo niegues! La decepción va para los dos lados. Sí: somos iguales. ¡Los chiquillos también han derrotado quimeras sin siquiera saber qué son!

—Han tenido ayuda.

—No mucha. Ni siquiera estabas decidido a destruirlos… CLARO: NI SIQUIERA eres capaz de controlar a tus bichos. ¡Son solo energía desbocada! Con razón. Hasta unos chiquillos las detienen…

Marcel golpeó su bastón contra el suelo y el ambiente tomó un extraño y lúgubre eco. La mirada del anciano se ensombreció y una energía activó el dispositivo. Emilie comenzó a flotar en el aire ante la horrorizada mirada de Gabriel.

—¿Quieres apostar, hijito? Vamos a ver como destrozo a esos chiquillos…


Cercanías de Les Invalides

Tres horas después.

Se detuvo unos instantes solo para ver como Chat Noir volaba por los aires y lo estrellaban contra alguna estructura. Félix estaba oficialmente histérico, apartó el rostro y trató de sosegar su respiración, mientras se sujetaba el pecho, el que sentía como si lo tuviera en llamas. Junto con Bri, estaban refugiados en un callejón, agazapados en buen refugio, mientras él recuperaba fuerzas, lo que por lo visto no parecía que iba a suceder pronto. De la silla de ruedas no había luces, pero no digamos que les preocupaba el artefacto. La habían dejado atrás en un afán por llegar más rápido, lo que había probado ser un error de proporciones bíblicas. Bridgette miraba con creciente preocupación a Félix.

—¡No debiste venir!

—¿Y qué esperabas? ¿Qué me quedara de brazos cruzados?

—¡¿Es que no te escuchas respirar?! —Bridgette hizo un gesto con las manos— ¡Eso no es respirar!

—Dame cinco… estaré bien. —por segunda vez en menos de 10 minutos, Félix volvió a recurrir a su inhalador.

Pero Bri no se tranquilizaba y estaba cada vez más angustiada. En primer lugar por Ladybug y Chat Noir, quienes estaban dándose tumbos por todo Les Invalides, luego por Félix, quien cada vez estaba más obstruido y luego por ella misma.

¡¿Cómo diantres se le había ocurrido partir así no más, en silla de ruedas, hasta la zona cero de un ataque de quimera?! Pero bueno, así era ella. Había puesto tanto empeño que Félix no tuvo de otra sino seguirla y cuando las cosas se pusieron color de hormiga… pues la llevó cargando.

—¡Vamos!

—¡¿A dónde se supone que vas?! —Bri se abalanzó sobre Félix, evitando que se escapara— ¡¿Te ibas sin mí?!

—¡Claro que sí! —Félix señaló hacia el combate— ¡¿Ya ves eso que está pasando?!

Hasta ese momento, Félix había llevado a la chica bien sujeta en los brazos hasta que se había tenido que detener a recuperar el aire. Habían corrido por los callejones intentando seguirle el ritmo de la pelea que Ladybug y Chat Noir mantenían con aquella horrible quimera que el Alquimista había desatado sobre París.

Los jóvenes héroes no tenían ninguna posibilidad de detenerla, pero aun así no se rendían.

¡ÑYAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAA!

¡CHAAAAAAAAAAAAAAAT!

¡GRRRRROOOOOOOOOOOOOOOOOAAAAAAAAAAAAAARRRR!

Chat pasó volando por el aire y Ladybug corriendo detrás de él, lanzando su yoyo para evitar que se lastimara mucho. Félix tomó a Bridgette en viandas y volvieron a las andadas a ver si podían seguir la pelea, aunque se les hacía cada vez más difícil.

—¡Por allá! Se fueron por allá...

—¡Ya voy!

Félix estaba preocupado. Ese par de chiquillos no tenía idea de las tretas de las que era capaz el Alquimista. ¡Maldita sea! Debió haber neutralizado a su padre cuando podía, ¡Debió haberse imaginado que el hombre intentaría volver a las andadas! Iba a matar a su sobrino, a Ladybug y a todo París el muy...

¡FÉLIX, CUIDADO!

La caída repentina de escombros causó que Félix diera un violento giro sobre sus pies y que se aplastaran contra la pared a esperar que lo peor pasara. Dolió, sin duda, pero no soltó a Bridgette. Cuando se hubo asentado la polvareda, la pelea seguía su curso, Félix abrió los ojos. Bridgette tosía, por lo que la dejó con suavidad en el suelo, sentándose junto a ella… y sí, se inhaló de nuevo, maldiciéndose a sí mismo: no iba a ser capaz de seguir así. ¡Le iba a dar un ataque!

—¡Tenemos que ayudarlos! No saben cómo pelear contra el Alquimista. ¡Tenemos que...! —Bridgette se detuvo espantada al ver a Félix— Estás sangrando...

—No es nada. —Félix ignoró la herida, ni la sentía. Más le preocupaban sus pulmones. Se volteó a ver el callejón y los escombros que obstaculizaban el paso— Lindo. Estamos atrapados. —rezongó lleno de urgencia.

—¡Ay no! ¿Cómo vamos...? —Bridgette se puso a mirar para todos lados, fijándose de pronto en la misma dirección que Félix— ¡Se puede salir escalando!

—Lo sé.

—¿Y qué esperas?

—¿Qué hago? ¡¿Te dejo sola?! ¡Ni Hablar!

—¡VE! ¡Esa quimera va a matar a Ladybug y Chat Noir!

—¡Dame un momento! Además no te puedo dejar sola…

—¡Fue un error que viniera, ya sé! Pero soy grande, sé cuidarme y ellos te necesitan. ¡Eres el único que puede hacerlo! ¡VE CON ELLOS!

Entonces Bridgette realmente se dio cuenta que Félix estaba muy exigido. Respiraba raro y de nuevo se inhalaba. Había estado tan concentrada en llegar con los sobrinos que ella misma se había puesto en modo Héroe… y de pronto recordaba que ya no lo era o que su partenaire… apenas sí podía levantarse y correr.

—Déjame recuperar el aire… ¡Primero tengo que ponerte a salvo! No te voy a dejar sola de nuevo… ¡¿Pero qué haces?!

Bridgette se estaba arrastrando hacia la pila de escombros, dispuesta a llegar lo más cerca posible de la batalla. Esfuerzo inútil, toda vez que no tenía la fuerza necesaria en los brazos, pero aun así Bri perseveraba y con los ojos llenos de lágrimas. Nunca en su vida se había sentido tan impotente. Félix, algo más recuperado, apenas se movió de su sitio para sujetarla.

—¡Suéltame, Félix! ¡Déjame ir! Si algo le pasa a Ladybug o a Chat Noir, ¡No Me lo voy a perdonar! —Bridgette dijo con lágrimas en los ojos— ¡Alguien tiene que decirles como detener esa cosa! Por favor…

—¿Crees que no estoy angustiado? —Félix se golpeó el pecho como mostrándole la fuente de sus frustraciones— Chat Noir está ahí también, pero ya no podemos hacer nada…

—¡Excepto llegar con ellos!

Félix entonces la levantó y sentó sobre una saliente antes de mostrarle la espalda. Bridgette entendió en seguida su idea, pero el corazón se le hizo pedazos de angustia. El abogado no estaba en condiciones físicas de cargarla de ese modo, pero…

—¡Sube y sujétate bien!

—¿Estás seguro?

—¡No me vengas con asuntos de confianza! Cuando me saltabas a la espalda tenías un agarre de acero...

—Y ambos teníamos tono muscular. ¡Me voy a caer!

—No te voy a soltar.

Bridgette aguantó la respiración. Algo en su fuero interno era reacio a confiar en Félix, pero ni modo… no tenían tiempo para eso. Sacando fuerzas de flaqueza, Bridgette se sujetó de la espalda de Félix solo con sus brazos, quien no sin esfuerzo enfiló hacia los escombros.

—Sujétate bien... ¡Argh! ¡Sin Ahorcarme!

—Tú escala y trata de no botarme.

Quiso el destino que no tuvieran que ir muy lejos. En esos momentos Ladybug chocó contra unos escaparates cercanos ni bien salieron del callejón. Chat llegó a distraer a la criatura para darle tiempo a Ladybug de recuperarse y la heroína, ni bien vio a Félix y Bridgette (y llevarse un susto de muerte), procedió a evacuarlos de ahí. Ayudada por el yoyo y tras 10 minutos de frenética huida, lograron alcanzar un refugio en lo que la criatura destruía ese sector de la ciudad.

—¡¿Cómo se les ocurre venir así hasta aquí?! —quiso saber Ladybug alarmadísima. La heroína sangraba por la nariz, tenía cortes en los brazos y un morete en un lado de la cara— ¡Esa Cosa Los Va A Matar!

—¡Ven aquí, Ladybug, por favor! —desde el suelo, Bridgette le estiró los brazos. La joven sintió piedad de la angustia de su tía y se agachó junto a ella— ¡Mírate nada más cómo estás!

—Tienen que irse de aquí… ¡Los dos! Tía Bridgie, estás muy vulnerable y el tío Félix respira como foca sofocada…

—Hmpf. —bufó el aludido.

—¿Dónde está Fu? —preguntó Bridgette.

—Esa quimera lanzó a Jade Turtle contra la Torre Eiffel hace rato. No sabemos…

—¡AAAARGH!

Chat Noir aterrizó junto a ellos no de muy buena manera. El joven héroe sujetaba su clavícula herida con firmeza y su rostro estaba constreñido de dolor. El traje y la transformación se habían adaptado de manera tal para permitirle el uso de su brazo y que no se notara que estaba incapacitado, pero la paliza que les estaban dando era tan severa que la magia estaba perdiendo efectividad.

—¡Chaton!

Aaaaaargh… —Chat Noir apretó los dientes, y la miró profundamente acongojado— Ma Lady… no puedo más. ¡AAARGH! Duele mucho…

—¡No Chaton! Por favor. ¡Quédate quietito! —Ladybug ayudó a Chat Noir a sentarse en el suelo y contra la pared, junto a su tía, mientras hacía pucheros. Rápidamente la muchacha intercambió miradas con Bridgette, abrumada por la situación.

Bridgette miró de golpe hacia su izquierda, para ver como la Quimera se abandonaba en un frenesí destructivo. Luego miró a Félix, quien estaba junto a su sobrino e intentaba aliviarlo. Ladybug cada tanto miraba hacia el monstruo, ansiosa por saber qué hacer y sin embargo ella…

—Chat Noir. Deshaz la transformación. —ordenó Félix decidido, frunciendo el ceño.

Tanto Bridgette como Ladybug exclamaron mudas de la sorpresa y se quedaron viendo a los gatos de hito en hito por una pequeña eternidad.

—Solo si tomas mi lugar, tío. —reclamó Chat Noir con lágrimas en los ojos y muy ansioso— ¡Así no puedo! Por favor…

—¿Qué?

—Félix, Ladybug. —dijo Bridgette muy seria— A las quimeras no les gusta el agua. Atráiganlo al Sena y que se moje las patas. Ladybug, Invoca el lucky charm: trata de pedir algo que fije a la criatura al suelo, como cemento instantáneo o…

—¡¿Le puedes pedir al lucky charm qué usar?! —preguntó Ladybug en verdad sorprendida. Bridgette asintió como si eso fuera lo más normal de la vida, pero no pasó mucho rato antes que los adultos se dieran cuenta que Ladybug no tenía idea que eso podía hacerse.

—Ladybug… ¿acaso activas el lucky charm a lo loco? ¿nunca le has pedido nada en específico?

—Errr… no. Yo lanzo y me caen cosas.

—Algunas más útiles que otras. —añadió Chat Noir muy adolorido.

—Voy a matar a Fu. —gruñó Félix con un tic en el ojo.

—Aish. Pide un lucky charm y que sea lo que Dios quiera. No hay tiempo para enseñarte. ¡Pero trata de pensar en algo que deje quieta a esa cosa! —Bridgette se volvió hacia el hombre— Félix… ¿harás lo tuyo? Cuidaré de Adrien en tu lugar…

Todos miraron esperanzados al abogado, quien se inhaló de nuevo. Chat Noir, apretando los dientes, asintió y deshizo la transformación. Plagg cayó al suelo agotado y Adrien se recostó contra la muralla aguantándose los gritos de dolor… pero tuvo la suficiente presencia de mente para entregarle un queso a su kwami y se quedó viendo a su tío. Sin decir nada, se quitó el miraculous, ofreciéndoselo en silencio. Bridgette y Ladybug aguantaron la respiración una vez más cuando Félix tomó el anillo y se lo quedó viendo con los ojos llenos de emoción. Plagg se comió su quesito sin dejar de ver a su antiguo portador, con los ojos abiertos a más no poder.

Félix se puso el miraculous por primera vez en quince años.

—Plagg. Transfórmame.

Continuará.

Por

Misao–CG

Publicado el sábado 12 de junio de 2021


Próximo capítulo: El primer Gato Negro

¿Tikki está bien? —preguntó Adrien confundido, mientras se ajustaba el cabestrillo. Con el traje desaparecía y quedaba en libertad de usar su brazo, pero una vez que volvía a la normalidad, tenía que acomodarse un poco más.

Marinette asintió, haciendo un gesto con los ojos que le dio a entender que no iba a hablar de eso con los kwami cerca. Adrien supuso que luego la chica ya le mandaría un mensaje explicándole la situación por lo que no insistió. Plagg por su parte quedó pasmado: no se esperaba esa reacción de Tikki, y por unos segundos bajó las orejitas…


Notas finales: Mis disculpas, se supone que iba a actualizar ayer, pero MORÍA de cansancio, no tienen idea como, tuve un día muy intenso. ¡Pero la actualización ya está aquí! Así que una vez que desaté al antiguo gato negro, dejo esto por aquí y me retiro lentamente. ¡MUCHAS GRACIAS por darle una oportunidad a este fic!

Y hablando de oportunidades, ¿leyeron lo nuevo de Abby? VAYAN. No quiero morir sola de ansias. ¡VAYAN!

Por favor, cualquier error, gramatical o de ortografía, me lo dicen para poder arreglarlo si corresponde. ¡MUCHAS GRACIAS POR LEER!


BRÚJULA CULTURAL:

Traída a ustedes gracias a la magia de Google, Wikipedia y otros sitios afines

T'a été fini à la pisse ou quoi: Buscando en youtube algún insulto en francés que fuera adecuado, me encontré con bastantes videos alusivos al respecto y de todos los que escuché, este fue el que me causó más gracia. Significa "¿A ti te terminaron con pis o qué?" y por lo que explicaban, es un insulto medio que usan cuando la indignación va en escalada rápida.