N/A: Pues aquí el tercer y último capítulo de la historia de Marianne. Me lo he pasado muy bien escribiendo a este personaje, le he acabado cogiendo mucho cariño. Espero que os guste el final.

Disclaimer: Noooo, no soy el asesino literario más famoso, de modo que ya estáis quitándome del cuello esos cuchillos de acero valiryo, gracias.

Aviso: Este fic participa en el II Certamen de los Originales, del foro Alas negras, palabras negras.


Temor


Marianne Harlaw considera que el no tenerle miedo a las cosas es una imprudencia. El perder el miedo a las cosas te hace fallar, había leído en uno de los pocos libros de medicina que su padre tenía en la biblioteca (la mayoría eran de batallas de hacía siglos) que la adrenalina segregada por el miedo podía ser útil.

Así que Marianne sigue teniendo miedo de muchas cosas, pero eso no significa que fuera el miedo el que venciera. Por ejemplo: había tenido miedo de presentarse junto a Asha en la Asamblea, pero lo había hecho. Había tenido miedo de la reacción de su padre, pero le había plantado cara. Había tenido miedo de saltar de la torre tras escuchar como Euron quería casar a Asha, pero había saltado.

El miedo es útil, y ella ha practicado lo suficiente como para no dejarse dominar por él. Ella es la vencedora en todas las batallas contra el miedo, incluso le ha convertido en un aliado, un arma más para usar contra sus enemigos.

Sin embargo, una cosa es el miedo y otra el temor.

El miedo es la capa superficial de las inquietudes. El temor es la capa profunda. Son sus emociones, sentimientos y deseos más oscuros. Aquellos que ha encerrado bajo llave en lo más profundo de su ser. Aquello en lo que procura no pensar, aquello que quiere olvidar.

Pero que procure no pensar en ello no quiere decir que esos temores no estén ahí. Teme varias cosas: que su padre cumple la amenaza de dejarla de lado, que el plan de Asha falle. Teme no tener a nadie en quién confiar. Pero a lo que más teme es a no ser de utilidad, a que no la necesiten. A que la olviden y sea una mujer más de las Islas del Hierro a la que los hombres han pisoteado. Cuando se vaya de este mundo, quiere hacerlo con la cabeza bien alta, habiendo protegido una causa que le importa y habiendo conseguido un cambio.

Su llegada al barco de Erik Ironmaker ha suscitado murmullos y cuchicheos a cada paso que daba hasta el camarote del capitán. Y la noticia de su matrimonio ha generado una carcajada posible futuro marido. Erik Ironmaker no es estúpido, sabe que Marianne le va a pedir algo a cambio de haberle adelantado esa información. Así que para ganarse aún más su confianza, Marianne le ha prometido todos los secretos de Victarion.

Por eso ha vuelto a la mugrienta cueva, aunque esta vez acompañada. No recuerda su nombre, pero en su cabeza le llama Nieto Número 2. Le gustan los segundos hijos, son más listos que el primero ya que no tienen la vida resuelta, de hecho ha sido él quién ha noqueado a su padre. Aprovecharía el viaje para hacerle ojitos y flirtear con él, pero ya ha visto cómo se comía con los ojos a uno de los hombres de Asha durante la Asamblea. De modo que se pasan el viaje contando chistes malos.

–Recuérdame que nunca te haga cabrear–comenta cuando entran en la cueva. Marianne le mira con una ceja alzada.–No sé lo que te ha hecho la persona que está aquí, pero no me gustaría pasar por esta experiencia.

Marianne sonríe con inocencia. No cuela y ambos se ríen a carcajadas.

–¿Seguro que sigue con vida?

–Le di una bolsa con comida, si la ha racionado bien habrá adelgazado un poco, pero no habrá muerto.

–¿Y si ha escapado?

–Está encadenado. Y la marea sube hasta casi cubrir por completo el lugar-

–Lo dicho: si algún día te enfadas conmigo, mejor dímelo y hablamos.

Al fondo de la cueva hay un bulto. Cuando Marianne se acerca con la antorcha el bulto se mueve, al reconocerla retrocede. Escucha el jadeo de Nieto Número 2, aún bastante más delgado por las semanas que ha pasado en la cueva, con el pelo largo y empapado y una barba que le queda fatal, Lionel es fácilmente reconocible.

–¿Está vivo? ¡Todos le dábamos por muerto!

Marianne se encoge de hombros, al fin y al cabo fue Asha la que le dijo que procurara no matarle. Nieto Número 2 coge la llave del cuello de Marianne y se apresura a desencadenar a Lionel. Le susurra palabras amables, pero los ojos de Lionel no se apartan de los de Marianne.

Ya no la mira con la devoción de antaño, pero no hay temor en sus ojos. No, si Marianne lo está identificando bien, hay admiración, respeto ante una rival y puede que una chispa de diversión. Marianne ganó el primer asalto, pero Lionel espera con ansias el segundo.


Después de la Asamblea, todos vieron que la dulce y tierna Marianne no era ni dulce, ni tierna. Más bien una mujer de armas tomar a la que no había que subestimar. Una buena hija del Hierro. Lo que los hombres de Erik Iromkaer no sabían es que pudiera llegar a ser tan increíblemente tozuda y cabezota. Ah, y que no aceptaba un no por respuesta.

Después de dialogar, con algún que otro amago de sacar las espadas, Erik ha aceptado las condiciones de Marianne: se casará con Asha Greyjoy como sus tíos desean. Pero le será fiel a su esposa. Siempre habrá uno de sus hombres en las Islas del Hierro, espiando. Y se lo reportarán a Asha.

Solo cuando han jurado ante el Dios Ahogado y firmado con sangre y sal, Marianne ha dejado que Lionel empezara a hablar de absolutamente todo lo que sabía acerca de Victarion. Solo el Dios Ahogado sabrá lo que ha pasado ese muchacho para temerle tanto a la mujer. Erik (y sus hombres) toman nota de no hacer de ella una enemiga.


Marianne observa el amanecer desde una cala desierta.

No conoce mucho a Erik Ironmaker, pero su instinto le dice que cumplirá su palabra. Eso le hace un gran aliado y se alegra de que sirva a la causa de Asha. Pero al mismo tiempo hace que ella deje de ser de utilidad.

Marianne ha bajado de categoría. Ha confiado secretos a gente de la que espera que pueda fiarse, pero algo le dice que ella sigue en peligro. No sabe muy bien de donde, pero tiene el presentimiento de que alguien la va a ofrecer a ella al Dios Ahogado.

No sin antes torturarla para que hable.

Marianne no es estúpida. Hay torturas a las que no teme, pero sabe que hay muchas otras a las que sí debería temer. Hay mucho loco suelto por ahí y muchas torturas que ella desconoce. No teme tanto al dolor como a acabar doblegándose. Teme no poder seguir sirviendo a la causa de Asha.

Cuando quiere darse cuenta, el agua le llega por la cintura. Sus espadas y cuchillos los ha dejado en la playa. Acaricia el agua con los dedos, tantas ofrendas al Dios Ahogado durante tantos años, y ahora ella pasará a ser una de esas ofrendas. Una parte retorcida de ella lo encuentra divertido.

El sol empuja a las sombras y sus rayos besan el mar hasta llegar a ella. Marianne lo toma como una señal. No coge aire, no lo necesita, simplemente deja que una ola la engulla. Cree escuchar su nombre, pero las olas la arrastran hasta el interior. Ella se queda boca abajo, cierra los ojos y no lucha. Piensa en Asha. En su vuelta, en la derrota de Euron y Victarion. Le ha escrito un cuervo explicándoselo todo, excepto su plan, le ha dicho que confíe en Nieto Número 2.

Asha acabará gobernando las Islas del Hierro. Y ella habrá ayudado a ello. Con eso es suficiente. Por mucho temor que pueda sentir ante la muerte, si ayuda a la causa de Asha, podrá superarlo. La muerte será la ganadora, pero Marianne habrá vencido al temor y se habrá entregado a ella con una sonrisa victoriosa.

–¡MARIANNE!

Grita una voz desde la orilla. Pero el cuerpo de Marianne está bajo el agua y no puede escuchar esa voz que la llama.

FIN.


Lo sé, soy lo peor. Yo también odio los finales abiertos como lectora. Peeeeero como escritora me flipa escribirlos.

¿Qué, alguien apostó que Lionel seguía vivo? (La verdad es que hasta que no escribí este tercer capítulo ni yo lo tenías claro). ¿De quién creéis que es la voz? ¿Creéis que llegará antes de que Marianne haya acabado su ofrenda al Dios Ahogado?

¡Dejadme vuestras opiniones y teorías en forma de review!