Emilie se agrava y Marcel le pone presión a Gabriel para conseguir un nuevo catalizador. Plagg y Tikki parecen haber hecho las paces y mientras Adrien y Marinette disfrutan de su novel noviazgo, sus tíos finalmente se sientan a resolver las cosas. No obstante… los problemas no están muy lejos. ¡GRACIAS POR LEER!


DISCLAIMER: Los personajes son propiedad de Thomas Astruc, Zag Toons y quienes hayan comprado las respectivas licencias. No estoy ganando dinero con esta historia, sin mencionar que no tengo ni donde caerme muerta: si me demandan, no van a sacar nada.


ADVERTENCIAS

La plaga todavía no ha sido purgada de estas tierras. Cuídense y cuiden de otros. Mantengan la distancia, lávense las manos, usen mascarilla y a resistir como mejor podamos.

Puede haber spoilers de la cuarta temporada.


"CONOCERSE DE NUEVO"

CAPÍTULO 19: Desolación

Mansión Agreste. Relicario. París.

3 de febrero de 2016. 23:27 hrs.

El frío calaba los huesos, lo que era de esperarse de un invierno como aquél. Sin embargo en aquellos momentos no era el frío ambiental lo que lo tenía helado, sino el susto. Gabriel sostenía la mano de Emilie en aquellos momentos y con cada minuto que pasaba más se angustiaba. Nathalie, muy estoica ella, lo miraba con atención tomando nota de todo. Marcel estaba de pie revisando los monitores y ajustando algunos niveles.

Emilie no estaba bien. Su rostro no estaba plácido, se notaba que sufría bastante dolor y estaba mucho más demacrada que nunca. Un hilillo de sangre le salía por una de las comisuras y por la nariz. Sus manos parecían más frágiles que nunca.

—Padre, ¿qué significa esto? ¡Emilie no puede haber empeorado tanto ni tan rápido!

—¿Qué esperabas, Gabriel? Estaba sirviendo como mi pila y canalizador de energía. Normal que se deteriorara.

—¡ES TU CULPA! Mientras estuvo a mi cuidado, JAMÁS LE PASÓ ALGO…

—Emilie está muerta. ¡Ahí no hay alma! Estuvo bien porque básicamente la tenías en una heladera.

EMILIE VIVE. Si estuviera muerta no estaría experimentando dolor. —Gabriel señaló a uno de los monitores a los que su esposa estaba conectada— Ni estaría saturando oxígeno o teniendo respuestas nerviosas. ¡Está Viva!

—Artificialmente. —Marcel rodó los ojos— ¡Eres igualito a tu hermano! También vigilas a una muerta en vida.

Gabriel, indignado, le dio la espalda a su padre y volvió a inclinarse sobre Emilie. ¡Se negaba a aceptar que su esposa pudiera estar muerta! Ya era suficiente con tener que aceptar que sirviera como conejillo de indias para su padre, o que se hubiera pasado todo un año en su cápsula en ese extraño coma, pero esto ya estaba rozando su límite.

—Mi esposa va a vivir. ¡Me niego a que siga siendo tu pila desechable! —Gabriel se levantó y comenzó a prepararlo todo para sacar a su esposa de ahí— Mientras la cuidé yo estuvo bien. ¡La voy a regresar a su cápsula y arréglatelas…!

—Si la desconectas… —Marcel lo detuvo con su bastón— … le vas a provocar un shock. Si la llevas a su heladera, cuando mis dispositivos se activen, igual van a buscar a tu esposa para canalizar la energía. Si me consigues un reemplazo…

—Consíguelo tú. Tus experimentos, tu problema.

—No si mis experimentos insisten en pasar a través de tu esposa.

—¡¿Y qué sugieres que haga?! ¿Conseguirte reemplazos?

Marcel sonrió siniestramente. Gabriel solo mantuvo el ceño fruncido, pues no era la primera vez que su padre le insinuaba que él se encargase de encontrar a alguien que reemplazase a su esposa. Nathalie afiló la mirada.

—Pensaba en un muchacho rubio de ojos verdes… que tiene relación sanguínea con Emilie: así mis dispositivos estarían más propensos a aceptar el nuevo huésped. Además… —Marcel tomó aire— El muchacho osó irse con su tío.

—Adrien ya no es mi hijo.

—Con mayor razón tráelo aquí entonces. —Marcel dio dos topecitos en el suelo con su bastón— Será un estupendo reemplazo.

Gabriel entrecerró los ojos y ponderó la sugerencia. Nathalie por su parte agudizó al máximo sus sentidos: su jefe solía perder el norte cuando Adrien estaba involucrado. Por alguna razón nunca había querido al muchacho, a menos que fuera abusarlo psicológicamente, o lucirlo como si fuera un perrito en un show de razas puras. ¿A qué se debería tanto disgusto? Adrien siempre había sido un buen niño, no tenía la culpa de los traumas de infancia de su padre. Gabriel exhaló, con el rostro muy serio.

—Adrien no está en coma. ¿En serio crees que pueda ser un buen catalizador?

—Oh, por supuesto que no va a cooperar para nada, y estará muy consciente durante el proceso, lo que por lo visto es doloroso, si tiene a Emilie en ese estado…

—Adrien va a sufrir dolor…

—Básicamente se estará electrocutando. Pero su juventud y vitalidad van a obrar maravillas con mis aparatos: confío en que reúna energía de mejor calidad —Marcel se miró las uñas— ¿Qué crees que diga el juez que le entregó la custodia a su tío cuando vea que el muchacho está prácticamente chamuscado?

—Es un buen castigo por desobedecerme. —Gabriel sonrió siniestramente, antes de volverse a su esposa— Lo siento amor. Es Adrien o tú.

Nathalie sintió un vacío en el estómago, pero no se le movió un pelo. Vio como Gabriel acomodaba a su esposa bajo la atenta mirada de su padre. Marcel era un hombre terrible, un malparido que en verdad no debía estar libre. ¿En serio pensaban en poner en marcha ese plan? La mujer podía consentir mil cosas, incluso que Gabriel destruyera media ciudad si eso significaba que traería de vuelta a su esposa, pero ¿Llegar a estos extremos?

Bastante poco coherente, pero ella siempre había trazado una línea en lo que a Adrien respectaba.

—Nathalie. —la llamó de pronto Gabriel— prepáralo todo: Adrien regresará a la mansión.

—Sí señor.

La mujer se dio la media vuelta de regreso a su oficina, aunque sin demostrar nada, haciéndolo honor a su apellido. Sin embargo, en su fuero interno estaba completamente angustiada y pensando a toda velocidad en como planear un secuestro y a mismo tiempo frustrarlo. Supuso que debía ser mucho más astuta que Gabriel y que el monstruo que tenía por padre.

—¿Qué sería la vida sin emociones? —se dijo a sí misma cuando por fin alcanzó el despacho— Toca trabajar.

Colegio Françoise Dupont. París.

Día siguiente. Jueves 4 de febrero de 2016.

Marinette se asomó dentro de su bolso: Tikki y Plagg dormían plácidamente acurrucados uno contra el otro y sonrió para sus adentros. Lo cerró con cuidado y lo dejó sobre dentro de su casillero para no molestarlos. Hacía unos pocos días que ella y Adrien habían sido testigos de una suerte de discusión entre ambos kwamis, descubriendo, aunque no los sorprendió, que Tikki y Plagg mantenían una relación bastante más cercana de lo esperado (por lo visto, llevaban varios eones casados). Finalmente el problema entre ambos había surgido porque Tikki no le había querido decir a Plagg sobre sus jaquecas por temor a preocuparlo… a lo que el kwami había retrucado que le dolía más que no confiara en él lo suficiente como para ayudarla a sobrellevar sus cargas y dolores. Discutieron un buen rato, pero terminaron haciendo las paces con Tikki abrazada de Plagg y llorando lo mucho que lo sentía.

—¿Todo bien con esos dos?

—Duermen, y se ven muy cómodos. —confesó Marinette— Lo que me tranquiliza: Tikki ha tenido muchas jaquecas últimamente.

—Plagg la va a ayudar a sentirse mejor… y me alegra que no coma tanto queso y que se bañe más seguido, lo admito.

Adrien besó a Marinette en la mejilla y la tomó de la mano, saliendo en dirección del salón de clases. Desde que se habían confesado sus sentimientos, los días habían pasado como un alegre borrón. Muchos se pusieron muy contentos por la pareja, excepto algunos casos como Lila y Chloé, pero en general fue un buen recibimiento. Más sorpresa causó que se dijeran en todo caso, porque al paso que iban no se iban a confesar nunca.

—Hacen una linda pareja. —suspiró Rosie al verlos.

—Un poco ñoña si me lo preguntan. —dijo Alix— Pero para todo lo que tramitaron, me alegra que por fin encontrasen el valor y se dijeran. ¡Hasta se les ve más contentos!

—A todo esto, Juleka, ¿Cómo sigue Luka? —preguntó Mylene.

—Tocando baladas muy tristes, pero ya se le pasará.

—Esperemos. No necesitamos dramas de celosos.

Alix frunció el ceño y se cruzó de brazos. Las demás chicas miraban a la pareja con corazones en los ojos. Él era un payaso y ella una atolondrada, eran el uno para el otro, así que entre tropezones y chistes cruzaron el patio, subieron las escaleras y se fueron al salón.

—Ustedes dos parece que están pegados a la cadera —se burló Alya cuando los vio llegar— ¿Todo bien? Se tardaron bastante.

—¡Obvio! Mi chica es la más genial de todas. Nos retrasamos un poco en los casilleros —a modo de broma, Adrien le movió las cejas a Marinette— ¿Cierto, ma princesse?

—Uuuuuh, mucho detalle mon poté. —le dijo Nino con una sonrisa sabihonda, antes de volverse a Marinette— Supongo que mi compadre aquí presente está a la altura.

Marinette comenzó a reírse nerviosa y le costó calmarse. Se dio algunas palmaditas en las mejillas, aunque Adrien la sorprendió con un beso en la mejilla que no hizo nada por sus nervios. Nino y Alya rieron de buena gana: la mata de ansias que era Marinette iba a ser el centro de atención del rubio por un buen rato.

—¡No piensen mal de ma princesse! —la defendió Adrien rodeándola con un brazo— ¡Solo le di un beso en la mejilla y sería! Nos portamos bien.

No quiso añadir que Félix le había dicho que no quería saber que se andaban besuqueando en público, por un asunto de decoro, pero bueno. Supuso que su tío tenía algo de razón, por muy chapado a la antigua que fuera (sí, también le dio la charla). Marinette por fin se calmó y terminó de arreglar sus cosas.

—Compramos un nuevo candado, de esos digitales, para mi casillero. Adrien me estaba ayudando con la configuración. —explicó Marinette todavía algo sonrojada.

—¿Escuchaste eso, Nino? Ahora se llaman candados.

—Escuché Alya. ¡Lo tendré en mente para el futuro!

Adrien simplemente se limitó a sacarles la lengua y se instaló en su propio puesto, no sin intercambiar miraditas con Marinette. Alya y Nino sin duda eran los más felices de todos al verlos juntos, pues habían sido testigos muy cercanos de todo el despapaye. Otros alumnos comenzaron a entrar al salón y comenzaron a ordenar sus cosas, preparándose para la clases que empezarían dentro de un rato. Marinette puso su celular sobre el asiento boca abajo para que no la molestara, Adrien en cambio lo puso sobre la mesa, pues nunca se distraía con el aparato. Entonces vio un mensaje de su tío.

¿Cómo sigue Tikki?

Bien. Plagg también. Están dormidos. —respondió Adrien con soltura.

Bien.

Sabía que tanto su tío como Bridgette estaban bastante preocupados por los kwamis. Nunca les había tocado ver uno enfermo, así que la condición de Tikki los tomó por sorpresa. Marinette les explicó que, tal como creía el maestro Fu, era una secuela del accidente sufrido hace 15 años, lo que hizo sentir a Bridgette muy mal. Ni modo, tocaba cuidar la kwami y vigilar que sus migrañas no se pusieran muy problemáticas: para eso tenía medicinas y ahora Plagg insistía en apapacharla y ronronear para hacerla sentir mejor.

¡Era sin duda un impacto ver a Plagg tan preocupado por alguien o algo que no fuera él mismo o su queso!

A propósito de preocuparse por un ser querido. Adrien estaba comenzando a inquietarse por su tío. Félix estaba acusando síntomas de un resfrío fuerte, y por si fuera poco, no se estaba cuidando como debería. Lo notaba melancólico, suspirando por los rincones y con una actitud que le sugería que estaba a punto de tomar decisiones importantes. Al respecto tenía un buen presentimiento, pero el proceso mental del gato mayor lo tenía erizado.

—Mi tía Bridgie está igual, pero no resfriada, sino muy llorona —le dijo Marinette esa mañana cuando la fue a buscar a su casa— Maman dice que ni bien se saque su pena del pecho, va a estar mejor.

Tocaba esperar a ver como se daban las cosas entre esos dos. Adrien tenía la esperanza que por fin su tío concretara con Bridgette, que harto que esos dos se merecían uno al otro. Ya habían pasado por mucho, era hora de ser felices.

Bzzzzzt, bzzzzzzzt, bzzzzzzzt.

Tanto el celular de Adrien como el de Marinette recibieron mensajes al unísono. Curioso, levantó el teléfono para ver una notificación de un texto que Nathalie le había enviado. Eso le intrigó aún más, no esperaba recibir mensajes de la asistente de su padre, por lo que no tardó en abrir la aplicación para ver de qué se trataba, después de todo, mademoiselle Bustier todavía no llegaba.

Adrien. No te acerques a ningún desconocido hoy y no salgas del colegio sin tu tío o algún policía. —la advertencia de Nathalie lo hizo dar un respingo— Tu padre planeó tu secuestro. Tu tío está al tanto.

—¡Adrien! ¡¿Recibiste el mensaje de Nathalie?! —exclamó Marinette poniéndose de pie muy alarmada.

—¿También lo recibiste? ¡Acabo de leerlo!

—¿Mon poté? ¿Pasa algo? —preguntó Nino.

—Errr… —Adrien no alcanzó a explicar nada. En seguida recibió una llamada telefónica de Félix— ¡Tío! ¡¿Viste el mensaje de Nathalie…?!

Acabo de hablar con ella. ¡No salgas del colegio! Voy en camino.

—¡Pero…! ¡¿Qué va a pasar con Nathalie?!

Ya le dije que dejara la mansión y que se pusiera a salvo. No sé si me haga caso. Escúchame: no quiero que te muevas de donde estás o que te quedes solo. ¿Me oyes? Voy a llamar a la policía y a tu colegio. ¡No quiero que te hagas el héroe! ¿Me oyes?

—Sí… Aquí me quedo.

Bien. Llego en 15 minutos.

A estas alturas, Alya, Marinette y Nino lo miraban con intensidad. Marinette ya les había mostrado el mensaje que le enviara Nathalie, en el que le advertía que no dejara solo a Adrien y que no se quedaran solos por ningún motivo.

—No te preocupes, mon poté. Nos quedamos contigo. —afirmó Nino con el ceño bien fruncido— ¡Nos van a tener que llevar a todos si intentan secuestrarte!

—No me preocupo, sé que estoy seguro, aunque… —inconscientemente Adrien se llevó la mano a su cabestrillo— No me extraña de Gabriel.

—¡Qué hombre tan horrible! —reclamó Marinette— Sé que es tu padre, Adrien, pero es horrible. ¡¿Cuál es la necesidad?!

—Solo quiere demostrar poder. —gruñó Alya— Tiene berrinche, como cuando a mis hermanas las regañas cuando hicieron algo malo y las corriges.

Adrien frunció el ceño y dejó el celular sobre la mesa. De haber podido se habría cruzado de brazos, pero no pudo. Se sopló el flequillo, rezongando igual que un gato, dejándose caer sobre su silla instantes después.

—Todos tienen razón. ¡Gabriel no hace más que dar problemas!

Momentos después sintió los brazos de Marinette rodearlo lleno de cariño y apoyo.

—Aquí estoy, mon minou. Aquí estoy. —le dijo al oído.


Residencia Marchant.

Viernes 5 de febrero de 2016. 14:57 hrs.

—¡Gracias por venir! En serio me sacas de un aprieto.

Teresa levantó ambas cejas por la sorpresa, pero pronto su expresión se tornó muy amistosa, tal como era su naturaleza. Dejó su enorme bolso sobre la cómoda y se acercó a Bridgette, quien la esperaba en su silla de ruedas, sentándose en un sofá cercano tras saludarla.

—Admito que me sorprendiste, no esperaba un llamado tuyo.

—Ya sé. —Bridgette se pasó una mano por la nuca— Por supuesto que no, menos con lo borde que he sido contigo. Y por eso te debo una gran disculpa.

—¿Huh? —Teresa bajó los hombros y prestó atención— no creo estar en posición de reclamarte nada… No digamos que has tenido las cosas muy fáciles.

Bridgette hizo un puchero y se armó de valor. Tomó una buena bocanada de aire y estiró los dedos de las manos, como si estuviera juntando coraje. Teresa la esperó paciente, muy intrigada: hacía poco más de una hora que Bridgette la había llamado por teléfono, explicando que necesitaba hablar con ella y pedirle un favor y si podía ir a verla, dado que estaba teniendo dificultades para salir sola. Esto llenó de intriga a Teresa, pues no digamos que las interacciones entre ambas habían sido muy amigables, pero aun así tuvo la apertura de corazón para hacerle juicio e ir en su ayuda. ¡Así era ella!

—Cierto, pero eso no es excusa para lo antipática que he sido contigo. —Bridgette se tironeó de los dedos— Lamento mucho como te traté el otro día y… yo no soy así, solo estaba pasando por un pésimo momento. Admito que sí me puse tantito celosa, pero… he tenido mucho que pensar y me abrumo rápido.

—Corazón —le dijo Teresa tomándola de las manos. En algún momento la mujer había acercado el sillón hasta la silla— ¿De qué me pides perdón? Estás en una juguera emocional desde que despertaste. ¡De hecho me extraña que no me hubieras lanzado una vajilla completa por la cabeza!

—Yo…

—¡Y en tu lugar también me habría encelado! —añadió con amable paciencia. Teresa se entristeció mucho al ver a Bridgette haciendo pucheros y refregando sus ojos— ¡Ay, mi corazón! Sácalo todo fuera, ¡hace mal dentro!

—¿No me vas a decir que no llore?

—¿Y qué saco? Odiaba cuando me lo decían a mí… una a veces guarda dolores tan feos que solo pesan al alma. A veces la única forma de sacarlos de pecho es llorando.

Bridgette, por alguna razón, se largó a llorar ni bien Teresa le dijo eso. Se había pasado los últimos días llorando hasta porque volaban las moscas, pero este llanto no era uno más. Teresa la esperó paciente, dándole espacio y tiempo, ofreciendo pañuelitos cuando era necesario. Al cabo de un rato, y tras limpiarse un poco la cara, le fijó los ojos a Teresa.

—¡Qué vergüenza! ¡Debí ser menos tonta! Es que estoy tan asustada que no sé ni qué hacer conmigo misma. Me falta tiempo para procesarlo todo. ¡Es que de pronto estaba en la calle, corriendo y al siguiente me desperté aquí, quince años después! Y me quedé con tantas ideas contradictorias… se supone que Félix me odiaba y resulta que nunca fue así… y lo peor… —Bridgette se detuvo unos instantes para limpiarse la nariz— … estoy en esta silla de ruedas, toda fea, inútil… y a medias.

Feliciano te adora, ¿lo sabes, verdad?

—Yo… quizás necesito que me lo diga… —confesó Bridgette entre pucheros— suena tonto, pero sí lo sé, solo… solo…

—¡¿NO TE LO HA DICHO?! —Teresa rodó los ojos al infinito— ¡Ya sabía yo que a ese había que darle con la chancla! ¡Lo único que tenía que hacer! ¡Lo único! ¡AAISH! ¡Ese me va a sacar canas verdes y matar de un coraje! —añadió en portugués, antes de volverse a Bri— ¡Pero por supuesto que tienes que escucharlo! ¡Esas cosas deben quedar dichas! ¿Cómo es posible que no te lo haya dicho?

—Tampoco le he dicho…

—Bueno, eso es algo que tenemos que remediar, ¿no? —Teresa sonrió con ganas— Hagamos algo: vamos a ponerte muy bonita, conseguimos un postre para todos y te llevo a su departamento. Cuando llegue Adrien del colegio, me lo llevo a jugar con mis chiquillos y así ustedes tienen tiempo de decirse todo lo que les cante el corazón. ¿Te parece?

—Es lo que te iba a pedir… necesito ir a casa de Félix, pero… sola me cuesta mucho. —Bridgette resopló frustrada— me complica usar uber y sé que gruñen con las sillas de ruedas.

—¡Corazón, estamos en París! Todos los conductores son mala leche. ¡Ah! ¡Para esto me tienes a mí! —Teresa señaló el armario— ¿Puedo?

—Gracias. Y sí, puedes…

—¡Olvídalo! Yo feliz. —Teresa abrió el armario y se puso las manos en las caderas— ¡No tenemos tiempo que perder!

Bridgette se sintió mucho más aliviada, parecía que se había sacado toda una carga de encima, y el vacío que dejó, pudo ocuparlo con la expectación y entusiasmo de ir a casa de Félix para arreglar finalmente las cosas. Y así fue como antes de darse cuenta, Teresa ya la había sacado de la residencia y hecho el trayecto entre ésta y el departamento de Félix en uber en menos tiempo del esperado, y no solo entraron al edificio, sino que se tardaron menos de un estornudo en entrar al departamento, gracias a las llaves que tenía Teresa.

—Ah, eras tú la que cocinaba. —adivinó Bridgette.

—Ah sí, Feliciano no podría cocinar ni para salvar su vida y medio da pena, porque tiene buen apetito.

—Me vas a tener que enseñar a preparar eso que tenía el otro día aquí… Me gustó mucho.

—Tendrás que ser más específica, le cocino muchas cosas y se las traga todas sin chistar. ¡Ni te cuento Adrien! Dios le bendiga su apetito… aunque seguramente era la feijoada. Le gusta mucho… y es fácil de hacer, te enseño en un tris.

Bridgette suspiró cada vez más contenta, mientras miraba a Teresa pulular por toda la cocina, recolectando sus tuppers y tomando nota de lo que tenía que reemplazar o no. Era una buena amiga, no tuvo duda, y ahora que pudo conversar con ella más a fondo, se dio cuenta de su exuberante personalidad. No era una mala mujer y se alegró de corazón saber que había estado ahí para apoyar a Félix todo ese tiempo. Le entró curiosidad por saber cómo se habían conocido. Supuso que ya le preguntaría después.

—Acabo de hablar con tu hermana: Tom fue a buscar a los niños al colegio y están en la panadería. Dice que no tiene problemas en vigilarlos un rato —Teresa le sirvió un café a Bridgette— Le puse ron, para los nervios.

—No soy buena tolerando alcohol…

—¡Mejor! Así te desinhibes y sueltas la verdad antes.

—¿En qué momento te moviste tanto?

—¿A qué te refieres?

Bri volvió a parpadear extrañada. Teresa en serio era una bola de energía. Se rió por lo bajo y se lo iba a comentar cuando en ese momento se abrió la puerta. Félix, con aspecto de haber sido pisoteado por toda una estampida, entró a la casa y se dirigió a la cocina. Ya el conserje le había dicho que Teresa estaba en su departamento (chismoso), así que se lo esperaba, pero cuando vio a Bridgette.

—¡Bridgette! —exclamó en verdad sorprendido.

—¡FELICIANO! Que bueno que llegas. ¡Mira quien te vino a ver! —Teresa, consciente que la pareja no se quitaba los ojos de encima, revoloteó un par de vueltas— Hay café recién hecho y en un momento traen un postre de tres leches maravilloso de la cafetería, así que los dejo a sus anchas y… ¡MUAC, MUAC! ¡Nada de andarse peleando!

Y cuál si fuera una tormenta amazónica, Teresa salió del departamento, dando un portazo tras de sí en su ansiedad por dejarlos solos. Félix y Bridgette cruzaron miradas por un buen rato.

—¿Te sirvo café?

—Me encantaría.

Bridgette sirvió una taza, pero no tuvo que llevar la silla hasta donde estaba Félix, pues éste se había acercado hasta ella. Tomó el café de sus manos, acariciando brevemente sus dedos, antes de tomar consigo la taza y beber un sorbo.

—Tiene ron. —comentó Félix.

—Teresa dice que es para los nervios. Pero no sé cuánto le puso.

—Oh.

Bridgette lo tomó de la mano y vio como Félix se bebía el café en dos tiempos, pese a que estaba caliente. Cuando dejó la taza sobre el mesón, la chica le dio un tironcito.

—¿Me llevas a la sala?

—No es mala idea.

Félix se sentía nervioso, pero estaba complacido de ver a Bridgette ahí. Tomó las asas de la silla y salieron de la cocina. Una vez en la sala, Félix buscó una silla y quedó justo frente a Bridgette, en donde se miraron largo rato.

—Hay mucho que quedó en el tintero la última vez.

—Sabine nos dio una buena regañiza.

—Nos las merecíamos. Aunque sacó la chancla.

—Jejejeje, sí, lo noté. Te iba a ir a ver a la residencia ahora…

—Yo… necesitaba venir. Quería verte. —Bridgette tomó aire— Siento que todo entre nosotros partió muy mal… pero necesito que sepas algo.

—También necesito decir…

Félix se calló cuando los dedos de Bridgette se posaron en sus labios. Se supone que en ese momento tenía que dar un discurso, algo, expresar todo el remolino de emociones que tenía en el pecho, pero…

—Te amo. Nunca he dejado de amarte. —le dijo Bri en un susurro— Incluso con tu faceta de Chat Noir. Algo siempre le faltó a mon chaton, y eso eras tú… y con Chat tú… eres perfecto. Lamento que Ladybug haya sido tan antipática con los dos, no puedo compensarlo.

—¡Se supone que yo tenía que decirlo primero!

—Lástima. Te lo dije yo… —Bridgette hizo un puchero— reconozco que me hubiera gustado que siguieras con tu vida, pero te quedaste conmigo. Creí que Félix me odiaba, pero no te quedas con una persona 15 años si…

—¿Si no la amase? No. ¡Te amo, ma lady! No sé en qué momento pasó, pero me di cuenta muy tarde, cuando ya no podía cambiar mis sentimientos… No, no me fui. ¡No te iba a dejar sola! Te hice una promesa y la incumplí…

—No tenías garantías de que iba a despertar…

Bridgette miró a Félix a los ojos, y como éstos se le llenaron de lágrimas. La tomó de las manos y se le acercó un poco más.

—¡No podía dejarte sola! Y no por culpa ni nada… ¡no podía! ¡Ni te dejaré sola nunca! —Félix tomó una buena bocanada de aire— Mi flor es efímera, se dijo el Principito, ¡y no tiene más que cuatro espinas para defenderse contra el mundo! ¡Y la he dejado completamente sola en mi planeta!

—No tenías…

—No, no tenía que hacerlo. Pero no me arrepiento y si tuviera que elegir de nuevo, vuelvo a elegir lo mismo. ¡Te amo, Bridgette! No concibo la vida sin ti… —ambos juntaron las frentes en ese momento y no se quitaron los ojos de encima— Chat Noir no besó a Ladybug ese día… era Félix besándote a ti.

Los dos cerraron los ojos al mismo tiempo, siempre manteniendo el contacto con las frentes. Derramaron lágrimas silenciosas, pero se acompañaban uno al otro hasta el punto de que lo único que oían eran sus propios corazones. En algún momento Félix le acarició una mejilla, y Bri puso una mano en la nuca del hombre, para acariciarle los cabellos.

—Te amo… —se dijeron al mismo tiempo, de nuevo. Y rozaron sus narices.

Y se quedaron así otro buen rato, disfrutando la presencia del otro.

Mon minou

—¿Ma lady?

—Tienes fiebre.

Félix se irguió en su asiento, toda magia evaporada. Bridgette hizo lo mismo, pero no dejó que el sujeto se le escapara. Lo sujetó por la corbata para que no se alejara mucho y le puso una mano sobre la frente.

—¡¿Fiebre yo?! ¡No tengo fiebre! ¿Cómo voy a tener…?

—¡Claro que la tienes! No es mucha, pero sí la tienes. ¡Tu tos del otro día!

Bridgette estuvo a punto a comenzar a cantarle las cuarenta, al mismo tiempo que comenzaba a pensar en formas de como cuidar de Félix, pues hombre enfermo siempre era calamitoso, pero en ese momento…

RIIIIIIIIIIIIIIIIIIIIIIIIIIIIIIIIIIIIIIIIIIIIIIING, RIIIIIIIIIIIIIIIIIIIIIIIIIIIIIIIIIIIIIIING

El celular de Félix comenzó a sonar como siempre, pero algo había en el ruido que les puso los pelos de lo punta a los dos. Intercambiaron una rápida mirada.

—Eso suena a malas noticias. —susurró Bridgette.

Félix tragó saliva y asintió. Tomó su teléfono y lo vio sonar un par de veces más.

—Es Tom. —dijo Félix muy serio al ver la pantalla de su teléfono. El estómago se le heló a continuación— Adrien está en la panadería…

Los dos sintieron un escalofrío en la espalda.

Continuará.

Por

Misao–CG

Publicado el viernes 18 de junio de 2021


Próximo capítulo: Secuestro

Una vez más, estuvieron a punto de transformarse, pero un sólido golpe a ese sector del edificio barrió con la pared y lo que había dentro, exponiéndolos a vista y paciencia de la calle. Adrien y Marinette se abrazaron, protegiéndose uno al otro de los escombros que caían sobre sus cabezas. Fue cuando vieron al akuma: era en efecto una mujer, pero horrible y de unos 7 metros de alto, con garras largas y el rostro demacrado de dolor. Los ojos de la criatura lanzaron un resplandor azul que los aterró hasta el tuétano. Ni bien la vieron, abrazados como estaban, Marinette y Adrien se sintieron incapaces de moverse, hipnotizados, como si les hubieran arrancado por unos instantes la voluntad; el akuma estiró una de las garras y los tomó a los dos juntitos.

¡DEJA A MI HIJA, DÉJALA! ¡SUÉLTALOS A LOS DOS!Sabine se abalanzó con una escoba, mientras Tom blandía su mejor palo de amasar.

¡NO TE LOS LLEVARÁS, CRIATURA!

Y ante los estupefactos ojos de los Dupain, el akuma abrió la boca a un porte sobrenatural y se comió a los dos chiquillos…


Notas finales: JOJOJOJOJOJOJOJOJOOJJOJOJOJOJOJOJOJO. Ya podrán imaginarse lo que pasó en la panadería. Justo en el peor momento posible, pero al menos Félix y Bridgette se dijeron lo que tenían que haberse dicho hace años. Sugiero en todo caso, que consigan una pelotita… se viene intenso, o eso creo. Oficialmente estamos dentro de los últimos cinco capítulos. ¡MUCHAS GRACIAS por darle una oportunidad a este fic!

Y hablando de oportunidades, ¿leyeron lo nuevo de Abby? VAYAN. El fic ya está completo y le quedó PRECIOSO. Se lució. Además… ¡sugiéranle series! No tiene voluntad para resistirlas. JOJOJOJOJOJOJOJOJO. No quiero morir sola de ansias. ¡VAYAN!

Por favor, cualquier error, gramatical o de ortografía, me lo dicen para poder arreglarlo si corresponde. ¡MUCHAS GRACIAS POR LEER!