Papillón ha soltado un akuma con el único objetivo de secuestrar a Adrien, para que sirva como catalizador de los experimentos del Alquimista. Los jóvenes héroes se ven obligados a enviar sus miraculous con sus tíos y esto conlleva a que los mayores tomen cartas en el asunto para rescatar a sus sobrinos. ¡GRACIAS POR LEER!
DISCLAIMER: Los personajes son propiedad de Thomas Astruc, Zag Toons y quienes hayan comprado las respectivas licencias. No estoy ganando dinero con esta historia, sin mencionar que no tengo ni donde caerme muerta: si me demandan, no van a sacar nada.
ADVERTENCIAS
La plaga todavía no ha sido purgada de estas tierras. Cuídense y cuiden de otros. Mantengan la distancia, lávense las manos, usen mascarilla y a resistir como mejor podamos.
Tengan una pelotita a mano.
Puede haber spoilers de la cuarta temporada.
"CONOCERSE DE NUEVO"
CAPÍTULO 20: Secuestro
Mansión Agreste. Guarida de Papillón.
5 de febrero de 2016. 17:12 hrs.
Su corazón le pesaba en ese momento, estaba cansado y eso lo estaba distrayendo. Se estaba sintiendo tan miserable que el candidato más ideal a akumatización era él a todas luces. Su padre lo observaba de cerca y esos ojos sobre su espalda lo juzgaban a cada minuto. Mediocre, poca cosa, el hijo tonto, el que no vale la pena, quien nunca mostró potencial. Cada una de esas cosas le rasgaba el alma, y había probado su valía en todas ellas.
Un mediocre no se casa con una actriz famosa, ni construye un imperio de modas de la nada. No se convierte en un hombre de negocios y su talento sin duda que era destacable, pero por más cosas que hiciera, por mucho que probara lo que en verdad valía, Marcel nunca lo vería de otro modo sino el hijo tonto, que nunca se acercó al talento del mayor o al adorable carisma de su hermana menor.
Y lo trágico era es que tenía razón, de sus tres hijos, Marcel elegía la vida de su hija Elise Agreste, la que estaba irremediablemente muerta. No el mayor, el que mostraba más potencial y a que había desheredado, no al del medio, un pobre tonto mediocre ávido de atención, sino a la menor… la que estaba muerta.
¿Es que nunca sería suficientemente bueno para conseguir la aprobación de su padre?
—¡¿Qué estás esperando, Gabriel?! ¿Tan difícil es akumatizar a alguien?
—No me desconcentres, Père.
—¡Típico de ti!
Papillón cerró los ojos con fuerza. ¡Solo necesitaba un akuma que no fuera él mismo! Y por primera vez no pediría los miraculous, ¡sino que trajera a su hijo así tuviera que destruir todo París! Marcel necesitaba otro canalizador de energía, o seguiría usando a Emilie, lo cual evidentemente conduciría a la muerte de la mujer. ¡Eso no lo iba a tolerar!
—¡Vamos Gabriel!
—¡¿Por qué no mandas una p**a quimera?!
—¡¿Y arriesgar que aparezca Premier Chat Noir?! O peor: ¿Qué aparezca con SU Ladybug? No gracias.
—¡Paciencia entonces! Hago lo que puedo.
—Mediocre, como siempre.
Apretó los ojos con más fuerza. París, una ciudad bullante de emociones, tenía tanto por donde elegir y al mismo tiempo se le complicaba una vida entera. ¿Dónde? Tenía que encontrar una emoción en específico, un rencor peor que el suyo, uno que pudiera manipular, cuya víctima no tuviera otra opción. ¡Tenía que hacerlo! Tenía que rescatar a Emilie, ¡tenía que poner a su hijo en lugar de su madre! Aun arriesgando su vida, total, podría darle otro hijo a Emilie si el muchacho se moría, total, era prescindible, pero su esposa no.
¡JUSTO AHÍ!
—¡Te encontré! —Papillón abrió los ojos y su sonrisa se tornó siniestra. Estiró la mano y una mariposa se posó en su palma— ¿Qué es esto? ¿Alguien que busca lo que ya no podrá encontrar nunca más? Ve mi pequeño akuma y hazle malvado.
—Pfff. —bufó Marcel rodando los ojos— ¡Ya era hora!
Panadería Dupain – Cheng.
Esa tarde. 17:07 hrs.
Adrien y Marinette levantaron las cejas de la emoción y pronto se les dibujó una sonrisa en el rostro. Tom había ido a buscarlos al colegio por seguridad y acababan de llegar a la panadería. Sabine acababa de colgarle el teléfono a Teresa y rápidamente los puso al corriente de lo que acababa de contarle.
—¿Entonces la tía Bridgie por fin va a hablar con el tío Félix?
—¡Eso es genial! Mi tío anda como alma en pena. ¡Y ese resfrío suyo no lo ayuda!
—Lo mismo Bridgette. —añadió Tom, poniéndose las manos en las caderas— Esperemos que eso sirva de algo y esos dos se sinceren.
—Dios te escuche, Tom. —dijo Sabine antes de volverse a los muchachos— ¡Hala! Arriba y a portarse bien. Dejen sus cosas y aprovechen de hacer sus tareas.
—¡Maman! —exclamó Marinette mortificada. Su madre le dio una palmadita en la mejilla.
—En seguida madame Dupain. —le dijo Adrien con entusiasmo— ¿Necesita ayuda?
—Ah no, mi vida. En un rato los llamaré para que merienden algo, pero no. ¡Ya, desaparezcan y pórtense bien!
A Adrien se le iluminó el rostro a la mención de una merienda, que solo provocó que Marinette rodara los ojos. Su gato tenía un apetito impresionante. La chica tomó a Adrien del brazo y rápidamente comenzaron a subir los escalones, intercambiando un rápido beso una vez que estuvieron fuera de la vista de sus padres.
—¡Tú no tienes remedio, chaton! Siempre con hambre.
—¡Soy un gato en crecimiento, ma princesse! Además las meriendas de tu maman son maravillosas.
—¡Interesado! —se burló Marinette sonriendo de costado. Entonces la chica se detuvo al final de la escalera— No te dije. ¡Adivina quien me llamó anoche! O más bien… adivina quién contactó a Ladybug anoche.
Adrien levantó las cejas. Si hubiera tenido sus orejas de gato, las habría puesto en atención. Marinette se llevó un dedo a los labios y reanudó la marcha, decidida a llegar lo antes posible a su ático.
—¿Acaso fue… Clara? —preguntó Adrien en un susurro. Marinette asintió.
—Oui. Cumplió su palabra: ya tengo lo prometido arriba…
KABOOOOOOOOOOOOOOOM. CRASH, CRASH
Una fuerte sacudida remeció todo el edificio. Producto del súbito golpe, ambos adolescentes perdieron el equilibrio y cayeron sobre los escalones, alcanzando a sujetarse con las justas de la baranda. Adrien se sujetó el brazo: ¡si seguía dándose esos tratos, nunca se iba a recuperar de la fractura! Marinette intentó ponerlo a salvo, pero los golpes al edificio continuaban, y apenas podían estarse en pie.
—¡MARINETTE, ADRIEN! —llamó Sabine.
—¡YA VOY POR USTEDES! —advirtió Tom.
—¡ESTAMOS BIEN! ¡PAPÁ, NO SUBAS! —gritó Marinette alarmada tras intercambiar una mirada con Adrien.
—¡HAY MUCHOS ESCOMBROS! —apoyó Adrien, quien rápidamente se volvió hacia su chica— Ma Lady, tenemos que transformarnos…
—Tikki, trans…
—¡MUCHACHOS! —Tom apareció en los escalones muy agitado. Ubicó a los adolescentes sujetos del barandal y suspiró de alivio al verlos. Se abalanzó sobre ellos y los tomó de los brazos— ¡Esa cosa está buscando a Adrien! Vamos.
—¡Papa!
—¿Me está buscando a mí? Pero… ¡¿por qué?!
—No lo sé, pero no lo pienso asegurar. ¡Que Ladybug y Chat Noir lidien con ese akuma! Yo los mantendré a salvo a ustedes.
Los jóvenes intercambiaron una mirada de desesperación. Tom no los soltó sino hasta que llegó a la panadería, y el trayecto fue suficiente como para que ambos vieran el nivel de daño que estaba sufriendo el edificio. El sistema de seguridad ya estaba activado, pero aun así…
—¡ADRIEN AGRESTE! ¡¿DÓNDE ESTÁ ADRIEN AGRESTE?!
… pudieron escuchar al akuma. Se oía como una pobre mujer, que cada tanto rato lloraba por sus hijos perdidos, y por Adrien, con un desconsuelo que le rompía el corazón al más apático. Sabine se abalanzó sobre los chiquillos ni bien los vio, abrazándolos como toda madre preocupada.
—Ese akuma acaba de hacer cachitos con el colegio. ¡Te está buscando Adrien!
—¿Qué me vio cara de miraculous o qué?
—¡No hagas bromas, chaton! —protestó Marinette.
—Eso es lo raro… todavía no ha exigido ver a los héroes…
KABOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOM
El edificio se sacudió con tanta fuerza que no solo cayeron trocitos de estuco del techo, sino que estuvieron seguros de que los pisos superiores habían perdido una o dos paredes. Por instinto se agacharon, con Sabine y Tom protegiéndolos por si acaso.
—¡AAAAAADRIEEENN!
—¡Esa cosa va en serio…!
—Amor. —dijo Sabine alarmada— ¡Esa cosa no puede encontrar a Adrien, o a Marinette!
—¡Ya sé!
Decidido, Tom arrugó el rostro y sin soltar a su hija o yerno, los arrastró hasta la parte de atrás de la panadería, encerrándolos en la despensa. Le besó la frente a su hija y sin darles mayores explicaciones, cerró la puerta con candado. Ambos héroes exhalaron de alivio.
—Mon chaton, ¿a quién hiciste enojar?
—¡Cómo Voy A Saber! Ni idea qué pasó… —el chiquillo puso su mejor carita de gatito remojado— No sé qué está pasando, pero es lo que voy a averiguar. ¡Plagg, trans…!
—¡Tikki, trans…!
CRAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAASH, BOOOOOOOOOOOOOM
—¡AAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAH!
Una vez más estuvieron a punto de transformarse, pero un sólido golpe a ese sector del edificio barrió con la pared y lo que había dentro, exponiéndolos a vista y paciencia de la calle. Adrien y Marinette se abrazaron, protegiéndose uno al otro de los escombros que caían sobre sus cabezas. Fue cuando vieron al akuma: era en efecto una mujer, pero horrible y de unos 7 metros de alto, con garras largas y el rostro demacrado de dolor. Los ojos de la criatura lanzaron un resplandor azul que los aterró hasta el tuétano. Ni bien la vieron, abrazados como estaban, Marinette y Adrien se sintieron incapaces de moverse, hipnotizados, como si les hubieran arrancado por unos instantes la voluntad; el akuma estiró una de las garras y los tomó a los dos juntitos.
—¡DEJA A MI HIJA, DÉJALA! ¡SUÉLTALOS A LOS DOS! —Sabine se abalanzó con una escoba, mientras Tom blandía su mejor palo de amasar.
—¡NO TE LOS LLEVARÁS, CRIATURA!
Y ante los estupefactos ojos de los Dupain, el akuma abrió la boca a un porte sobrenatural y se comió a los dos chiquillos.
—¡YA TENGO LO QUE BUSCABA, PAPILLÓN! —gritó con ansiedad. Sea cuál fuese la respuesta, el akuma, ignorando los gritos desesperados de Sabine, saltó por los aires en dirección solo sabida por ella.
Lugar desconocido.
Marinette y Adrien cayeron más o menos blandito. El lugar estaba completamente a oscuras, húmedo y olía extraño, pero había oxígeno y no hacía frío.
—¡Adrien!
—¡Marinette! ¿Estás bien?
—¡Tu brazo!
Ambos adolescentes se encontraron en la oscuridad y se dieron un abrazo. Con las manos se buscaron el rostro, tratando de asegurarse que el otro estuviera a salvo.
—¡Hay que transformarse!
—¡No! ¿Quieres que nos descubran?
—La Coccinelle tiene razón cachorro… Papillón sabe que son ustedes los que están aquí dentro.
—Y si salen transformados, adivinará sus identidades. —añadió Tikki preocupada.
—¡Qué tremendo problema!
Marinette se pasó las manos por los cabellos. ¿Y ahora como se suponía que saldrían esto?
—¡Tenemos que hacer algo! —exclamó Adrien, quien sonaba adolorido— Esta cosa nos lleva con Papillón, ¡Va a descubrir los miraculous tarde o temprano!
—¡No podemos permitir eso, chaton!
—¿Y qué hacemos? ¡¿Dejarlos por aquí, a la buena de Dios?!
Marinette iba a retrucar cuando una idea pareció relampaguearle en la cabeza. ¡Podía resultar!
—¿Tikki, Plagg? ¿Pueden salir de aquí?
Silencio. En aquella profunda oscuridad tampoco podían ver a los kwamis, y no ayudó que estos no respondieran nada. Y por cinco tensos minutos hasta pareció que las criaturas los habían abandonado a su suerte, pero en eso escucharon los reclamos del buen Plagg.
—Esta cosa se toma las cosas con calma. —protestó el kwami— pero sí, podemos salir.
—Plagg tiene razón, podemos atravesar las paredes, pero… no sé si los podamos llevar con nosotros… —explicó Tikki con tristeza.
Adrien tragó saliva, eso era esperable. Sintió la manita de Marinette aferrarse a la suya y comenzó a adivinar lo que su novia estaba pensando. Tomó aire y se quitó el anillo sin que se lo pidieran.
—Tikki… llévale los aretes a mi tía Bridgie.
—¿Qué cosa?
—Lo mismo digo, Plagg. ¡Dale el anillo a mi tío! —Adrien tomó aire— Ellos sabrán que hacer.
—¡Pero ustedes van a estar indefensos! —reclamó Tikki asustada.
—Nos podemos cuidar. Y nuestros tíos saben lo que hacen. ¡Vayan!
—Pero…
—Sucrette. Vamos, tienen razón —Al parecer Plagg le dio un empujoncito cariñoso a Tikki— ¡Suerte, cachorros!
A regañadientes, Tikki tuvo que aceptar que era el mejor plan que tenían. Se armó de valor y siguió a Plagg por instinto, dejando a su actual portadora atrás, en el estómago del akuma, y tras escapar a esa prisión, con el mayor de los sigilos, se escabulleron sin ser vistos y rápidamente volaron en busca de los antiguos héroes de París.
Marinette reprimió un sollozo y comenzó a temblar de miedo. Nunca había estado ante un akuma (o dentro de uno) sin el miraculous y eso la asustó de mala manera. Pronto sintió como Adrien la rodeaba con su brazo libre.
—También estoy asustado, ma lady… pero hicimos bien.
—¡Eso espero chaton! Eso espero.
Departamento de Félix.
En esos momentos.
Félix sintió como se le helaban las manos. Colgó el celular y lo dejó sobre la mesa, sintiendo la penetrante mirada de Bridgette sobre él. Tuvo que forzarse a respirar cuando se volvió hacia la mujer, que apenas se aguantaba los nervios.
—Un akuma se llevó a nuestros sobrinos. Papillón los tiene.
—¡¿Papillón?! ¡¿Qué busca ese infeliz con esos dos?! —alarmada, Bridgette suspiró de sus susto— ¿Crees que sepa sus identidades?
—No, si lo supiera, habría enviado a secuestrar a los dos, pero al parecer solo estaba buscando a mi sobrino. Marinette fue daño colateral.
—Félix…
—Marcel y Papillón tienen alguna conexión… y Adrien estaba amenazado de secuestro… y…
—¡Tenemos que hacer algo! ¡No podemos quedarnos aquí! Tenemos que…
—Ir con los Dupain–Cheng. —dijo de pronto un ancianito que a todas luces estaba usando el miraculous del zorro.
—¡¿Maestro Fu?!
—Jade Fox. —corrigió el anciano— Vi lo que pasó por las noticias y vine lo antes posible. ¡Les voy a entregar otros miraculous! Pero tenemos que hacer la ilusión que ustedes van con los padres de Marinette…
Bridgette y Félix intercambiaron miradas. Era una apuesta de importancia, si ellos usaban otros miraculous bien podrían ayudar a sus sobrinos, pero no contarían con la ayuda de Jade Fox, quien se tendría que quedar cerca de las ilusiones para mantenerlas activa. No era un plan muy bueno, pero era lo que tenían. Por unos instantes, Bridgette sintió crecer la ansiedad en ella. Estaba en una silla de ruedas, después de todo.
—¿También me dará un miraculous a mí?
Jade Fox le iba a responder cuando en ese momento entraron Tikki y Plagg por la ventana. Se abalanzaron sobre sus antiguos portadores casi al borde de las lágrimas, bien aferrados a los miraculous. Se notaba la agitación y el susto de ambas criaturas y las dos se atropellaron por hablar.
—¡El akuma se los comió! Quizás para donde se los llevan.
—Están bien los dos, pero se quitaron los miraculous y ahora están indefensos.
—Nos ordenaron que se los trajéramos, y aquí estamos.
—¡Quizás qué les van a hacer a los pobrecitos!
—¡Por favor hagan algo!
—¡Plagg, Tikki! ¡¿Están hablando en serio?! —Jade Fox se acercó a los kwamis alarmado— ¡¿Esos dos se quitaron los miraculous?!
—Nos dijeron que los trajéramos con Bridgette y Félix. —Explicó Tikki con los ojos humedecidos.
Bridgette intercambió miradas con Félix antes de fijarse en los aretes que Tikki dejó en la palma de su mano. Tenía una cantidad de sentimientos encontrados que le llegaban a marear. Ya había visto a su partenaire volver a usar los poderes de la destrucción, pero él todavía tenía el uso de sus piernas. ¿Ella sería capaz? Y si así fuera… ¿cómo afectaría la transformación?
Jade Fox seguía discutiendo con los kwamis y no les prestaba atención a ellos.
—Solo hay una forma de saberlo. —susurró Félix, mientras se ponía el anillo— ¡Plagg, transfórmame!
—¡Félix! ¡¿Qué se supone que…?!
—¡Tikki, Transfórmame!
—¡BRIDGETTE!
CRACK. THUMP.
—¡AAAAAAAAAAAAAARGH!
…
Fue un instante de luz en el que Jade Fox se vio forzado a apartar el rostro. Segundos después Premier Chat Noir se alzaba orgullo y peligroso, igual que la última vez, pero lejos de parecer compuesto, se abalanzó sobre su compañera. Se había escuchado un crujido y el distintivo sonido de un peso fuerte cayendo al suelo. Tanto Premier Chat Noir como Jade Fox fijaron la vista fija en el piso: la silla de ruedas estaba volteada y junto a ella, con su traje de motas, Ladybug echa bola y resoplando de dolor… pero incorporándose poco a poco.
—¡Ma lady!
—¡Ladybug!
Premier Chat Noir se apresuró en ayudarla, al igual que Jade Fox, pero Ladybug levantó la mano.
—¡Non! —resopló entre jadeos, mientras tomaba fuerza y ánimo para moverse sola.
Al parecer el relámpago de dolor había sido cosa de un momento, aunque la había sacudido hasta la médula (muy literalmente). Ladybug se incorporó adolorida, pero muy atenta a sí misma. No tuvo problemas, tampoco para sentarse. Se revisó las manos, los brazos, se fijó en su traje. Era muy parecido al que alguna vez había usado, aunque en esta ocasión en vez de coletas tenía un solo moño con listones rojos. Entonces se miró los pies…
… y movió los dedos.
—¡Siento mis piernas!
Premier Chat Noir tenía la boca abierta. Intercambió una mirada con Jade Fox, pero se abstuvo de decir nada. Entonces Ladybug se levantó, no sin dificultad, ayudada en última instancia por ambos. En silencio probó sus pasos, dudosos al principio, pero cobrando cada vez más peso y seguridad.
—¡¿Cómo es esto posible?! —preguntó el gato sorprendido— ¡Ma lady! Tu traje…
—¿Huh?
Ladybug se miró el traje de nuevo. En efecto, era muy parecido al que había usado antes, pero ahora el que llevaba puesto estaba como reforzado por un exoesqueleto que le sujetaba toda la columna.
—La transformación… el uso de los miraculous compensan las debilidades del portador para que pueda cumplir su misión —explicó Jade Fox maravillado— ¡Nunca creí que se extendiera a este nivel! Ladybug: ¿Te sientes bien?
—Siento mis piernas. ¡No sabe lo maravilloso que eso se siente! —respondió Ladybug casi al borde de las lágrimas— Y soy Madame Bug, Jade Fox. ¡Ya no soy Ladybug!
Madame Bug cruzó una mirada con Premier Chat Noir y se sonrieron con un alivio como no sentían en quince años. Demasiadas emociones, muchos dolores, todos desaparecidos en cosa de segundos. Aunque ahora también tenían una misión, un objetivo…
—Tenemos trabajo ma lady.
—¡Ya sé, chaton! Pero primero… voy al baño.
Y quebrando sin duda un momento épico, Madame Bug giró sobre sus talones y comenzó a caminar al baño. Premier Chat Noir se quedó parpadeando perplejo, pero Jade Fox puso caras.
—¿Ahora? —reclamó el anciano— ¡Luego tendrás tiempo para eso! No es el momento de…
—¡¿Tienes Idea, Viejo Mañoso, De Lo Humillante Que Ha Sido Ir Al Baño En Mi Actual Condición?! —reclamó Madame Bug apenas volteando la cabeza— Entiendo la urgencia, ¡Yo mejor que nadie! Pero no voy a ir a caerle a patadas a nadie sin haber ido al baño antes. Así que voy a entrar, hacer lo que tengo que hacer, lo voy a disfrutar y ustedes van a esperar. ¡¿Estamos?!
Jade Fox se tragó sus palabras. Premier Chat Noir asintió con paciencia. Madame Bug caminó el último trecho y entró al baño, cerrando la puerta hasta con pestillo (cosa que no le permitían en la residencia en caso de accidente) y se quedó ahí un buen rato.
—¡Uuuuuuuuf! ¡Que aliviooooooooooooooooooooo!
Fue lo único que se escuchó de la chica en todo ese rato. Premier Chat Noir carraspeó y miró a Jade Fox, quien estaba rojo de la pena.
—Entonces… te llevas nuestra ilusión con los Dupain – Cheng.
—Sí, eso haré. ¡Por favor rescaten a los jóvenes!
—Por supuesto que lo haremos. ¿Por quién nos toma? —Premier Chat Noir se tronó los dedos— ¡Es hora de acabar con esto!
En ese momento Madame Bug salió del baño, con bastante mejor cara, y tras ponerse las manos en las caderas, sonrió coqueta.
—¿Crees que un par de viejos podamos hacer una diferencia, ma lady?
—Es cosa que probemos, mon minou.
Ambos héroes ensombrecieron sus miradas y asintieron al mismo tiempo, y en rápido silencio se abalanzaron sobre la ventana y saltaron fuera, perdiéndose entre los techos de París, dispuestos a dar una pelea más por la seguridad de París, sus ciudadanos y sus sobrinos. Jade Fox hinchó el pecho de emoción al verlos partir.
—Espero que rescaten a los muchachos. —dijo con pesar, antes de tomar la flauta— ¡Hora de las ilusiones!
Continuará.
Por
Misao–CG
Publicado el domingo 20 de junio de 2021
Próximo capítulo: El Regreso de los Héroes
—¡¿Qué quieres de nosotros?! —Adrien se levantó, sin dejar de sujetarse el hombro, poniéndose delante de Marinette, quien también se puso de pie— Si es conmigo, a ella déjala ir. ¡NO tiene nada…!
—¡Ha visto demasiado! —exclamó Papillón sujetándolo del mentón. Pero en vez de ver la aterrorizada mirada de su hijo, solo encontró desafío en sus ojos. El muchacho no le tenía miedo.
Papillón se enfureció. El que Adrien lo mirara sin miedo lo descolocó, como si fuera una blasfemia a su persona. ¡Y para añadir injuria a la ofensa, la muchacha también lo miraba con ojos decididos! Su rostro se desfiguró en una mueca de ira e indignación. ¡¿Cómo se atrevía este par de mocosos a faltarle el respeto así?! ¡¿A no temerle?!
—¡Ya Les Enseñaré Yo A Tenerme Miedo!
Notas finales: Bueno, con los pequeños héroes en un aprieto de aquellos, era normal que los dos mayores tomaran cartas en el asunto. Y les aseguro que las cosas se van a poner bastante movidas como sigan así. Este entuerto no estará fácil de arreglar, pero ya van a ver como se desenrolla todo. ¡MUCHAS GRACIAS por darle una oportunidad a este fic!
Ah sí. Abby me pidió que les pidiera que no le recomienden series, porque no tiene fuerza de voluntad. ¡Y yo que le quería recomendar la de María de Hasburgo!
Por favor, cualquier error, gramatical o de ortografía, me lo dicen para poder arreglarlo si corresponde. ¡MUCHAS GRACIAS POR LEER!
