No fue difícil adivinar la identidad de Papillón, pero no por eso menos doloroso. Tampoco descubrir el delicado estado de Emilie. Adrien y Marinette están en un serio peligro y a merced de dos peligrosos villanos. Sin embargo, los antiguos héroes harán acto de presencia. ¡GRACIAS POR LEER!
DISCLAIMER: Los personajes son propiedad de Thomas Astruc, Zag Toons y quienes hayan comprado las respectivas licencias. No estoy ganando dinero con esta historia, sin mencionar que no tengo ni donde caerme muerta: si me demandan, no van a sacar nada.
ADVERTENCIAS
La plaga todavía no ha sido purgada de estas tierras. Cuídense y cuiden de otros. Mantengan la distancia, lávense las manos, usen mascarilla y a resistir como mejor podamos.
Tengan una pelotita a mano.
Puede haber spoilers de la cuarta temporada.
"CONOCERSE DE NUEVO"
CAPÍTULO 21: El Regreso de los Héroes
Mansión Agreste. Guarida de Papillón.
Viernes 5 de febrero de 2016. Esa noche.
¡CRAAAAASH, BOOOM, CRAAAASH!
El akuma entró sin delicadeza a través del ventanal de la mariposa. Era una visión como sacada de una pesadilla, de siete metros de altura, con los brazos desproporcionadamente largos y terminados en huesudas garras más o menos femenina. Sus ojos amarillentos otearon el lugar, recorriendo cada rincón de la habitación, mientras se quitaba los grasientos mechones de cabello. Tenía el vientre abultado y a través de la piel podían distinguirse las inquietas siluetas de los dos muchachos que se había tragado momentos antes. El akuma no parecía perturbado por esto en lo más mínimo y tras fijarse en un punto en específico, el ascensor, se lanzó en loca y demente carrera hasta ahí, bajando a una velocidad vertiginosa en dirección del Relicario.
Ahí Papillón esperaba, a los pies de la camilla en donde Emilie yacía conectada a los monitores, mientras que Marcel observaba callado el instrumental de las bobinas, como dejándolo todo a punto.
—¿Y bien? —preguntó Papillón sin siquiera voltearse.
—¡Cumplí mi parte del trato, Papillón! Traje al muchacho…
—Pues vomítalo y vete.
—¿Y?
Papillón rodó los ojos e hizo un gesto despectivo con la mano. Marcel seguía con la mirada fija en sus monitores, pero no se perdía ningún detalle de lo que ocurría, prestando mucha atención. El akuma inspiró profundo dos veces y frunció el ceño, sin moverse.
—¿Qué esperas, criatura?
—¡Que lo digas! No me voy a mover sin que te escuche decirlo.
—Ah sí. Eso. ¡Qué sensible! —Papillón giró sobre sus talones para ver al akuma a los ojos— Hablas como si pudieras darme órdenes, pero esta vez te seguiré el juego: Vomita al chiquillo y te dejaré ir con tus poderes.
El akuma sonrió y tras provocarse una arcada, se dobló sobre sí mismo y solo después del tercer intento… pues… vomitó. Primero a Marinette y luego a Adrien, quienes cayeron con estrépito al suelo, cubiertos en bilis y muy confundidos, comprensiblemente asqueados. La chica se puso de pie a tropezones, topándose a sí misma como asegurándose que estaba entera, mientras trataba de controlar las náuseas y las propias ganas de vomitar. Perdió el equilibrio y cayó sobre sus rodillas cuando vio a Adrien, no mucho mejor que ella, pero al mismo tiempo sujetando su hombro herido y visiblemente adolorido.
—¡Adrien! ¡¿Estás bien?!
—¡Qué asco! ¡Esta peste va a durar semanas! ¡UGH!
—¡Ah, qué ternura! Los trajeron juntitos. —Papillón ni siquiera hizo el esfuerzo por acercarse a los muchachos— Llorona… puedes marcharte.
—¡Recuerda tu promesa, Papillón!
El akuma dio un salto en el aire y se dispuso a regresar por donde mismo, pero ni bien hubo alcanzado una buena altura, unos 10 o 15 metros, Papillón chasqueó los dedos y la mariposa negra abandonó a su víctima, una mujer de unos 27 años, quien para su horror se quedó a medio salto y sin poder encontrar asidero alguno, por lo que se precipitó hacia el suelo en medio de sus propios gritos.
CRUNCH…
Marinette se tapó la cara cuando la mujer se estrelló contra el suelo, pero Adrien, pese al tremendo susto, quiso correr en ayuda de la pobre tipa, quien no se movía. Sin embargo Papillón se le cruzó por delante y lo sujetó de su hombro herido con más fuerza de la necesaria.
—¿Qué te pasa, pedazo de m**rda? ¿En serio crees que podrás ayudar a esa pobre diablo?
—¡AAARGH! ¡SUÉLTAME INFELIZ!
—¡Nadie sobrevive de una caída así! —Papillón arrastró con relativa facilidad a Adrien— ¡Tonto y Retonto! ¡Bastardo inútil! ¿En serio crees que lo vas a ayudar con lo MALDITO que eres!
Adrien quedó perplejo. En teoría, no conocía de nada a Papillón, así que no había motivo para que éste lo tratara así. Como Chat Noir sabía que su enemigo podía llegar a ser muy maquiavélico, pero nunca así de descontrolado. Marinette se abalanzó sobre los dos en ayuda de Adrien, pero no digamos que hizo mucha diferencia.
—¡Suéltalo! ¡Está Herido! ¡Déjalo! ¡No Te Hemos Hecho Nada!
—¡Y ME LO HA HECHO TODO AL MISMO TIEMPO! —Papillón botó a Adrien al suelo, solo para sujetar a Marinette del cuello con fuerza, sintiendo algo de gusto al ver la expresión de terror de la muchacha al tiempo que la veía luchando por respirar— ¡Es Su Culpa! ¡Todo Esto Es Su Culpa! ¡Su Madre Dejó De Prestarme Atención Por Su Causa Y Ese Inútil Lo Único Que Hizo Fue Ser Un Estorbo!
—¡SUÉLTALA! —a pesar de estar herido, Adrien embistió a Papillón— ¡¿De Qué Estás Hablando?! ¡DÉJALA!
Papillón volvió a empujar a Adrien por los suelos, esta vez lanzándole encima a Marinette quizás con el ánimo de que se lastimara más. El gusto de provocarle dolor a Adrien, o a su noviecita, lo llenaba de entusiasmo. Sin embargo, Marinette, experta en tropezones, logró maniobrar de manera tal de no lastimar a su chico, lo que por fortuna pasó desapercibido para el villano, aunque no para Marcel, quien físicamente giró la cabeza en dirección de ellos.
—¡¿Qué quieres de nosotros?! —Adrien se levantó, sin dejar de sujetarse el hombro, poniéndose delante de Marinette, quien también se puso de pie— Si es conmigo, a ella déjala ir. ¡NO tiene nada…!
—¡Ha visto demasiado! —exclamó Papillón sujetándolo del mentón. Pero en vez de ver la aterrorizada mirada de su hijo, solo encontró desafío en sus ojos. El muchacho no le tenía miedo.
Papillón se enfureció. El que Adrien lo mirara sin miedo lo descolocó, como si fuera una blasfemia a su persona. ¡Y para añadir injuria a la ofensa, la muchacha también lo miraba con ojos decididos! Su rostro se desfiguró en una mueca de ira e indignación. ¡¿Cómo se atrevía este par de mocosos a faltarle el respeto así?! ¡¿A no temerle?!
—¡Ya Les Enseñaré Yo A Tenerme Miedo!
—¡JAJAJAJJAJAJAJAJAJAJAJAJA! Sabía que eras un tonto inseguro, pero ¿a este nivel, Gabriel? Ten dignidad. Son apenas unos adolescentes.
Aquellas palabras fueron como un baldazo de agua fría. Papillón, pálido, se volvió hacia su padre, quien caminaba ayudado por su bastón, y cuyos pasos resonaban con un eco siniestro. Marinette en ese momento se fijó en la camilla… en donde la mamá de Adrien yacía inconsciente y evidentemente en mal estado. Y si ella la había visto, entonces Adrien también… y de hecho, el muchacho estaba lívido de terror con lo que veía. Sujetó a su novio del brazo, pero no pudo retenerlo, por lo que corrió tras él.
—¡MAMAN! —Adrien corrió hasta la camilla— ¡¿QUÉ LE HICIERON A MI MAMAN?! ¿Qué está pasando aquí? ¡¿POR QUÉ…?!
—¡CALLA, MUCHACHO! Ya te quebré el brazo una vez, puedo hacer lo mismo con el otro.
—¡¿Qué significa esto, Marcel Agreste?!
—¡¿Qué está pasando aquí?! —Marinette se aferró al brazo de Adrien, viendo alternadamente entre Papillón y Marcel— ¿Por qué… están ustedes dos…?
—¡¿Por Qué Tienen A Mi Maman Aquí?!
—Aw. Jovencita. —comenzó Marcel— No estoy aquí con Gabriel porque nos queramos mucho o porque el idiota que tengo por hijo sea brillante.
—¡MARCEL!
—¡SOY TU PADRE, GABRIEL! No hay caso en ocultarlo.
Adrien y Marinette se miraron boquiabiertos y rápidamente fijaron la mirada en Papillón. La muchacha se tapó la boca para no gritar mientras su chico temblaba sin control, con un millón de emociones girándole en el estómago. ¿Habían escuchado bien? ¿Acaso el villano que habían estado combatiendo el último año era…?
—¿Papillón?... ¿Eres Gabriel Agreste?
—¿Marcel? —preguntó Marinette— ¿Qué circo tienen aquí?
Papillón sintió como el estómago se le desaparecía y todo su tórax se llenaba de acidez. Marcel se reía a carcajadas, y él lo único que quería era acabar con todo. Intentó abalanzarse sobre el muchacho con claras intenciones de ahorcarlo, pero Marcel lo detuvo con el bastón.
—¡Sin dañar mis pilas, Gabito! Necesito a los muchachos. —burlón, Marcel se volvió a los chiquillos— Cuento corto, querido nieto, tu padre aquí se las ingenió para dejar a tu madre en un coma mágico: la ha tenido así en una heladera todo este tiempo.
—¡¿Qué clase de pervertido eres, Gabriel?! —gruñó Adrien, resoplando de rabia.
—Como está más muerta que viva, pues… usé a tu madre como canalizador de la energía de mis quimeras…
—¡¿Por qué hizo eso?! —ladró Marinette a su vez— ¡¿Cómo se atrevió?!
—¡PORQUE QUIERO RESCATAR A MI HIJA! —bramó Marcel— ¡YO SOY EL ALQUIMISTA! Por años intenté reunir las condiciones que me permitieran rescatar a Elise del limbo, siendo detenido por Ladybug y Chat Noir. ¡incluso Chat Noir me Maldijo! ¡POR QUINCE AÑOS NO PUDE USAR MI ALQUIMIA! Pero aprendí de nuevo… no al nivel de antes, pero aprendí otra vez.
—¿Qué locura es esta? ¡¿Te estás escuchando, Marcel?! —dijo Adrien asqueado, sin soltar la manita de Marinette. Se volvió a su padre— ¡Se supone que amas a mi maman! ¡¿Cómo permitiste…?!
Papillón, tras un gesto de disgusto, sujetó violentamente a su hijo del cuello y comenzó a sofocarlo. Marinette de inmediato le saltó encima tratando de que lo soltara, de nuevo en vano, mientras escuchaban las carcajadas de Marcel.
—¡Todo es tu culpa, condenado engendro! ¡Debí matarte con mis propias manos! Si no fuera tan divertido verte sufrir…
—¡SUELTALO!
—JAJAJAJAJAJAJA… —Marcel dio un golpe con su bastón en el suelo, soltando un golpe de energía que hizo que Papillón soltara a Adrien. Este cayó de bruces, luchando por recuperar el aliento, siembre con Marinette a su lado— Es divertido ver como compensas tus traumas infantiles con tu hijo, Gabriel. ¡Y aun así el muchacho sigue siendo mejor que tú!
—¡Por favor déjennos ir! —suplicó Marinette, sin dejar el lado de Adrien.
Papillón y el Alquimista los miraron con desdén, sin que se les moviera un pelo. Marinette tenía su mejor cara de furia, pero estaba hecha un flan del susto. Adrien tenía el corazón destrozado y apenas podía pensar claro. Fue cuando Marcel volvió a dar un golpe al suelo con su bastón y ambos muchachos fueron electrocutados con la suficiente fuerza para que quedaran inconscientes y se desplomaron dónde estaban.
—¿Tenías que darles tanta información, Père? ¡Después le van a ir con el cuento a todos! —gruñó de muy mal humor— Y no me digas que no les van a creer porque son adolescentes, ¡Así no…!
—Los muertos no hablan, Gabriel. ¡No seas tonto! —dijo Marcel como quien comenta el clima— ¿O piensas que van a sobrevivir a la recolección de energía?
El Alquimista giró sobre sus talones y volvió caminando lento hacia sus monitores. A medida que se alejaba, unas cuerdas que se movían como por voluntad propia reptaron sobre los adolescentes y los ataron de manera tal que quedaran espalda con espalda. Papillón entonces vio con cierto asombro como los muchachos eran izados por las mismas cuerdas hasta quedar a la misma altura que solía quedar Emilie cuando estaba presa del dispositivo.
—¿Con cuerdas? ¿Cómo? ¿Ya no se puede con magia?
—Es alquimia, muchacho, no magia. —Marcel ni siquiera se inmutó— Y es un experimento: a ver si junto más energía así. Lo que me recuerda…
Marcel se quedó viendo su bastón y sus ojos emitieron un brillo. Pasó la mano por encima del pomo y un diagrama brilló en la parte superior. Papillón supo que en ese momento su padre estaba invocando una quimera, por lo que resopló aburrido. Sin embargo de pronto recordó a su hijo que colgaba del techo y levantó la mirada… sonrió con emoción: si Emilie había sufrido el trato estando inconsciente, entonces a su hijo le iba a doler tres veces más y eso era algo que no se iba a perder por nada del mundo. ¡Disfrutaría su expresión de dolor como nadie!
—Surge quimera, y destruye el mundo… —susurró Marcel de pronto en lo que invocaba a la bestia…
—¡CATACLISMO!
Tanto Papillón como el Alquimista dieron un brinco de medio metro. Premier Chat Noir había aparecido de la nada y sin dudarlo un solo momento, destruyó uno de los tres dispositivos, mientras que el yoyo de Ladybug se enredaba alrededor del bastón de Marcel y se lo arrebataba de las manos. La heroína escaldó a los villanos con la mirada y avanzó con peligrosidad hacia ellos, dando un interesante brinco. Junto a ella, el gato negro, más amenazador de nunca, se tronó los nudillos.
—Las manzanitas no caen lejos del árbol. ¿No lo crees, ma lady?
—Sin mencionar que hay quienes no aprenden ni a palos, mon chaton.
—¡Ladybug, Chat Noir! —exclamó Papillón con la boca abierta de la sorpresa… Más cuando se dio cuenta que algo… era muy diferente a lo esperado— ¡¿Cómo supieron…?!
—¡TONTO Y RETONTO! —bramó Marcel, lívido de ira— ¡No Son Tus Adolescentes!
—No es la primera vez que estamos aquí, Papillón. —siseó Premier Chat Noir, entrecerrando los ojos— ¿O debería decir Gabriel Agreste?
—Ya fueron suficientes maldades —Madame Bug hizo girar su yoyo— ¡Te lo advertimos, Alquimista!
Calles de París.
Momentos antes.
Sentir que se movía tan libremente hacía que el pecho se le expandiera por todos lados. Evidentemente era un efecto el traje, algo más bien artificial que se evaporaría en el segundo en que deshiciera la transformación, pero eso no la amilanaba en lo más mínimo: era sin duda lo más liberador que se había sentido desde que había recuperado la consciencia. Madame Bug sintió la dolorosa conexión de su espina dorsal con el resto de su cuerpo en cuanto se hubo transformado, como el traje parecía sujetarle los huesos y la musculatura, y todo cansancio o dolor desapareció de su cuerpo. Eso le llenó la autoestima. Dolía, claro que sí, pero mientras más se movía, más se pasaba. Miró hacia atrás… Premier Chat Noir la seguía con sus propias acrobacias y veinte latidos le golpearon el pecho.
Como antes, ella había tomado la delantera. Como antes, el gato la seguía. A diferencia de antes… sabía que ese gato era Félix Agreste y que ambos… se amaban.
Esto de la ceguera iba en la familia. ¿Cómo diantres no se dio cuenta que su jovial Chat Noir era su querido y amargo Félix? Gatito gruñón… pero leal: no tenía que haberse quedado con ella todos esos años, bien pudo haber continuado con su vida y nadie lo habría culpado, pero no, se quedó a su lado y con su silencio.
Lo amaba. ¡Necesitaba decírselo con la transformación cuanto antes! No quería dejar pasar ni un momento más.
—¡OMPH!
Madame Bug se fue de bruces y se deslizó sobre un techo, alcanzando a detenerse antes del borde. Un tropiezo, uno de tantos que solía tener y que definitivamente no había echado de menos. ¡Que Chasco! Parpadeó perpleja antes de decidirse a levantarse. Sonrió para sí misma: al menos podía ponerse de pie por las suyas y no a esperar a que…
—¡¿Tienes Que Ser Así De Torpe?! ¡Fíjate por donde vas o me vas a matar de un susto! —Premier Chat Noir se abalanzó sobre ella para levantarla, tratando de fingir ser un gato rudo— ¿Estás bien?
Madame Bug apenas miró en su dirección. Aprovechó que el gato estaba con la guardia baja en lo que se acercaba a ver como estaba e hizo una rápida contorsión con el cuerpo. Lo sujetó de los brazos y rápidamente lo atrajo hacia ella y rodaron sobre su eje. Antes que Premier Chat Noir se diera cuenta, estaba tendido sobre su espalda, perplejo, con Madame Bug sujetándole por las mejillas y sentada a horcajadas encima de él
—¿Ma Lady…?
No le dio tiempo ni de tomar aire. Madame Bug se inclinó sobre su víctima y lo besó en los labios, volcando todo el sentir de su corazón en ese beso. Por instantes se dejaron llevar, pero pronto se separaron…
—Este fue un golpe bajo… ¡No es que me esté quejando!
—Tampoco veo que sufras, mon minou.
—Pero sigue siendo un golpe bajo… ¿Qué…? —Premier Chat Noir aguantó la respiración al sentir los dedos de Madame Bug enredados en su cabello.
—No sé cuánto tiempo tengamos… pero necesito decirte que te amo. Nunca dejé de hacerlo, ni siquiera cuando me caías mal… sé que dije que te odio, pero no es verdad… —al sentir la caricia del gato sobre su mejilla, Madame Bug se inclinó hacia ella con ganas de sentirla más… fue cuando lo escuchó— ¿Estás ronroneando?
—Sí. —reconoció Premier Chat Noir sin ninguna vergüenza.
En ese momento un chillido muy familiar inundó la atmósfera. Ambos héroes se pusieron de pie en el acto y observaron atentos a lo que estaba pasando. La ciudad estaba en estado de alerta: un akuma estaba suelto y pese a que no había sido visto en un buen rato, el nivel de alarma simplemente no bajaba. Pero ese chillido era el anticipo de una quimera y un claro indicio de que las máquinas del Alquimista estaban funcionando.
— ¿Podemos continuar con esto luego, Prrrrrrreciosa?
—Claro… ¡O nos dejan sin sobrinos! —Madame Bug entrecerró los ojos— ¡Vamos!
Y de nuevo iniciaron la carrera. Por instinto iban en dirección de la mansión Agreste. Había pasado brevemente por la panadería de Tom y Sabine para preguntar qué había pasado y por donde se había ido el akuma. Los Dupain–Cheng se sorprendieron por todo lo alto cuando los vieron, al igual que sus dobles que ya estaban allí y bien preocupados. Rápidamente les habían indicado por donde se habían llevado a Marinette y a Adrien y los héroes no tardaron en tomar esa ruta.
Nadja Chamack, quien iba con su equipo periodístico a toda velocidad por las calles de París, alcanzó a verlos y su fangirleo fue evidente. No tardó en seguirlos en busca de su exclusiva.
Brevemente, los héroes se detuvieron sobre un techo en las cercanías de la mansión, la que escudriñaron con recelo.
—Esa mansión debería ser demolida hasta sus cimientos. —siseó Premier Chat Noir— ¡Con el Alquimista dentro!
—No sabemos si en efecto vinieron aquí. —comentó Madame Bug, pero ella no se engañaba— Es lo más probable, conociendo al Alquimista.
—Madame Bug. —dijo de pronto Premier Chat Noir— Esta vez entregamos a mi padre a la justicia. Que no te detenga el hecho que es un anciano. Le dimos una oportunidad y mira lo que hizo con ella.
—¿Crees que haya involucrado a tu hermano?
—Hace mucho que no considero a Gabriel como mi hermano, pero no me sorprendería.
—¿Nunca intentaron hacer las paces?
—Me aburrí de intentarlo, al igual que Emilie. Y luego se convirtió en un matón de patio. —Premier Chat Noir bufó de mala gana— ¡Con la suerte que tengo, capaz que Gabriel sea Papillón!
—Lo siento mucho, mon chaton. —Madame Bug le dio algunas palmaditas— Esta vez lo entregamos a la justicia. ¡Vamos, que tenemos trabajo!
Los héroes dieron un salto por los aires y se escabulleron dentro de la mansión en momentos en que Nadja y su equipo aparecían en la calle. Pronto se hicieron camino hasta la oficina secreta y luego al relicario, sorprendiéndose con los cambios que veían y los daños que había provocado el akuma momentos antes. Rápidamente ataron cabos, sobre todo al ver las mariposas blancas que había en la guarida de Papillón, sobre la identidad del portador de Nooroo. Sin embargo no se atrevieron a decirlo en voz alta. No se tardaron en llegar al relicario en momentos en que el Alquimista invocaba una quimera.
Premier Chat Noir destruyó uno de los tres dispositivos, evidenciando su presencia, pero lejos de ocultarse, se mostraron ante los villanos, altivos y desafiantes, incluso provocándolos. Papillón se puso en guardia, levantando su báculo, pero el Alquimista casi perdió los estribos.
—¡¿Qué Hacen Aquí?! ¡¿Cómo Supieron…?! —Papillón desenfundó el estilete que escondía su bastón— ¡Esto No Se Va A Quedar Así!
—¿Acaso es una fiesta privada? —se burló Premier Chat Noir— Solo pasábamos por aquí y vimos un akuma sospechoso.
—¡Miren nada más lo que nos encontramos! —Madame Bug miró brevemente al techo, hasta donde Marinette y Adrien colgaban— Tienes mucho que explicar, Marcel Agreste.
—¡SURGE, QUIMERA!
El Alquimista golpeó el suelo con fuerza, desatando toda suerte de luces y efectos especiales. Un rugido cercano les hizo saber que había una quimera mucho más cerca de lo esperado y que sería particularmente difícil de manejar. Los dos dispositivos que se encontraban intactos comenzaron a funcionar y Papillón, que no tenía tiempo de invocar otro akuma, se preparó para pelear.
—¡ESTA VEZ VAN A MORIR!
Marcel señaló con su bastón en dirección de los héroes en el momento en que una quimera entraba rabiosa al relicario, habiendo destruido todo a su paso. Madame Bug y Premier Chat Noir en seguida comenzaron a defender terreno, y aunque conocían bien como controlar una quimera, Papillón hizo un estupendo trabajo distrayéndolos. Tuvieron que adaptarse a sus nuevos enemigos, tarea que ocupó buena parte de su concentración.
El Alquimista, angustiado, se abalanzó sobre sus equipos y comenzó a manipularlos para poder compensar por los daños y la falta del tercer dispositivo, todo bajo el constante acoso de los Héroes y la quimera.
—¡NO SEAS RIDÍCULO, PAPILLÓN! SON SOLO DOS INÚTILES. ¡DETÉNLOS!
—¡DILE A TU QUIMERA QUE AYUDE!
—¡NO SIGO TUS ÓRDENES!
Colgando arriba, Marinette despertó de su sopor, casi dando un brinco al verse en el aire. Al parecer pegó un grito, pues Madame Bug en seguida levantó la mirada hacia ella, lo que casi le costó la embestida de la quimera. Hubiera querido sacudirse más, pero recordó que…
—Aaaaaaaaaarrrgh… ¡Mari!... —se quejó Adrien de golpe. Marinette aguantó la respiración y trató de mirar hacia atrás.
—¡Tu Brazo! ¡Oh Por Dios! ¡Debe Dolerte Horrores!
—Deja… está bien. —le respondió Adrien evidentemente adolorido— ¿Estás bien?
—Voy a estar mejor cuando salgamos de aquí.
—Lo siento mucho…
—¿Huh?
—Debí darme cuenta…
—¿Darte cuenta? ¿De qué?
—Mi padre… y mi abuelo. ¡En serio soy un tonto!
—¡No te pongas así, Adrien Agreste! ¡No tenías como saber! Más tonto tu padre que no se dio cuenta de lo otro! —protestó Marinette con severidad— ¡Tenemos que…!
—¡Marinette! —la interrumpió Adrien alarmado— ¡Esa cosa nos está apuntando!
Marinette sintió que se le helaba la sangre. No tenía idea qué era lo que les estaba apuntando, pero confiaba en Adrien a ciegas. Y si su chico decía que algo los tenía en la mira, es porque tenía que ser cierto. ¡Y era verdad! El dispositivo justo en frente del muchacho parecía estar juntando un golpe de corriente y…
CRAAAAAAAAAAAAAAAAAAASH, GRRROOOOOOOAAAAAAAARR, KABOOOM
La quimera fue arrojada contra la pared gracias a una movida de Madame Bug, que enredó su yoyo en las patas de la criatura causando su caída. Premier Chat Noir y Papillón tenían un lance de esgrima en esos momentos, por lo que no pudo detener a la quimera, cuya caída parecía haber remecido todo el edificio. El dispositivo frente a Adrien se apagó, para angustias del Alquimista, pero el que estaba frente a Marinette comenzó a compensar y se encendió con un rugido.
—¡ADRIEN! ¡HAY QUE BALANCEARSE O NOS DISPARA!
Sin perder un hipo, ambos adolescentes hicieron dolorosos esfuerzos por columpiarse y así agarrar suficiente movimiento como para que el aparato no pudiera seguirles la pista. Era una movida quizás temporal y a ratos inútil, pero valía la pena intentarlo.
—¡QUÉDENSE QUIETOS, MOCOSOS!
—¡PREMIER CHAT NOIR! ¡LOS NIÑOS!
—¡YA VOY!
—¡No Te Olvides Que Estás Peleando Conmigo! ¡No Dejaré Que Los Rescates! —Papillón detuvo forzosamente a Premier Chat Noir.
—¡¿Qué Mierda Tienes En La Cabeza?! ¡Ese Es Tu Hijo, Agreste!
—¡Por Mí Que Sufra Antes De Morir! Ese chiquillo nunca debió haber nacido. ¡Lo prefiero mil veces muerto!
—¡¿Qué te hizo el muchacho?!
—¡Quitarme la atención de mi esposa!
—Hijo de…
Impedido por Papillón y sin poder ayudar a Adrien y Marinette, quienes se columpiaban por los aires para frustración de Marcel, que insistía en gritarles que se dejaran matar, Madame Bug tuvo que apretar los dientes y usándose a sí misma como cebo, provocó a la quimera para que la embistiera y dejara de prestarles atención. La criatura así lo hizo y cargó con la heroína, quien, para horror del Alquimista, saltó en el último momento posible y la bestia chocó contra el segundo dispositivo, dañándolo.
—¡NOOOOOOOOOOOOOOOOOO! —chilló el Alquimista.
Una vez más el edificio crujió, pero en esta ocasión cayeron varios escombros del techo. Adrien y Marinette se quedaron quietos, todavía balanceándose por la inercia, fijando la mirada en el techo hacia la polea que los sujetaba… la que parecía estar cediendo.
¡CRACK!
—Va a ceder…
—¡No me digas, chaton!
CRACK, CRAAAACK…
—¡Pues va a ceder!
—¡Te dije que no me digas!
CRACK. ¡CRAAAACK!
—Va a doler.
—Aquí vamos.
Y tal como dijo Adrien, la polea finalmente cedió, provocando la caída de los muchachos. Papillón miró con una sádica alegría como su hijo y novia se precipitaban a tierra, Marcel observó impactado, pero se sacudió la cabeza en el acto y haciendo acopio de la poca fuerza y energía que le quedaba, volvió a dar otro golpe en el piso. Premier Chat Noir apretó los dientes y Madame Bug se apresuró en lanzar su yoyo. La quimera se desperezó del golpe recibido.
—¡SURGE QUIMERA! —gritó Marcel con toda su fuerza, invocando a una segunda criatura.
—¡AAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAH!
Fueron los cinco segundos más largos del día.
Continuará…
Por
Misao–CG
Publicado el martes 22 de junio de 2021
Próximo capítulo: Cazador cazado
—Pensaron bien en esto, ¿verdad, niños?
—Llevábamos un tiempo planeando esto. —explicó Adrien, mientras desdoblaba las prendas— Ahora si tiene un analgésico mágico que me ayude por un par de horas…
—Sus tíos me van a matar, pero vale la pena intentarlo.
—¡Les diremos que lo obligamos! —Marinette, quien ya se había puesto los lentes de contacto, le guiñó un ojo— ¿Nos ayudará a volver?
Jade Fox sonrió de costado y asintió con la cabeza.
Notas finales: Conste que advertí de la pelotita. Y sí, los chiquillos todavía tienen un as bajo la manga y aunque están en un problemón, al menos sus tíos están ahí para compensar las cosas. Ya pronto se viene el cierre de todo esto. ¡MUCHAS GRACIAS por darle una oportunidad a este fic!
Por favor, cualquier error, gramatical o de ortografía, me lo dicen para poder arreglarlo si corresponde. ¡MUCHAS GRACIAS POR LEER!
