Las aguas por fin se aquietan, Félix y Bridgette por fin están juntos y sus sobrinos a salvo. Solo hay que contener a Adrien y asegurarle que todavía tiene una familia y Félix debe asumir con orgullo y valentía el nuevo título que le ha concedido su sobrino. Gabriel se ha retirado a la clandestinidad… ¡GRACIAS POR LEER!


DISCLAIMER: Los personajes son propiedad de Thomas Astruc, Zag Toons y quienes hayan comprado las respectivas licencias. No estoy ganando dinero con esta historia, sin mencionar que no tengo ni donde caerme muerta: si me demandan, no van a sacar nada.


ADVERTENCIAS

La plaga todavía no ha sido purgada de estas tierras. Cuídense y cuiden de otros. Mantengan la distancia, lávense las manos, usen mascarilla y a resistir como mejor podamos.

Puede haber spoilers de la cuarta temporada.


"CONOCERSE DE NUEVO"

CAPÍTULO 23: La calma después de la tormenta

Departamento de Félix.

Sábado 6 de febrero de 2016. 01:20 hrs.

Nunca llevaron a Bridgette a la residencia. Se fueron directo al departamento de Félix por estar más cerca y por la hora, pues ya era tarde, habían pasado por una experiencia frenética y necesitaban descansar. Las emociones aquél día, tanto para los niños como para los adultos, había sido demasiadas y todas muy pesadas.

Físicamente Adrien estaba muy adolorido, pero no quiso ir al hospital. Anímicamente estaba destruido, así que ni bien llegaron a casa, lo obligaron a darse una ducha y a irse a la cama en seguida. Ellos mismos ni siquiera sabían por donde empezar y estaban bastante perdidos, sobre todo porque las cosas se iban a poner muy intensas en lo que se calmaba la tormenta que había quedado tras la revelación de las identidades del Alquimista y de Papillón.

Félix dejó el teléfono a un lado y suspiró. Plagg comía su queso en silencio y no se perdía detalle.

—¿Qué te dijo Annelisse? —preguntó Bri con mucha atención.

—Que se va a encargar de velar por los intereses de Adrien. —respondió Félix con un suspiro— Seguramente van a embargar los bienes de Gabriel y liquidar la compañía, tanto la casa de modas como la farmacéutica, y eso está bien. Tienen que compensar a las víctimas y el Estado debe pagarse por los daños sufridos, pero Adrien no tiene la culpa y eso debe quedar bien claro.

—¿Crees que lo dejen desamparado?

—Puede ser, pero Adrien me tiene a mí, yo velo por sus intereses. Que la fortuna Agreste se pierda toda, eso ya no nos concierne. ¡Es mi chiquillo! Y no voy a estar mendigando nada para mantenerlo.

—En serio debiste tú ser el papá de Adrien. —gruñó Plagg cruzado de brazos— ¡También dejaría que esos dos ardan en el infierno! —El pequeño kwami suspiró apenado y tras unos momentos, tomó otro trozo de queso y flotó en el aire— ¡Ustedes dos ya me aburrieron! Me voy con mi cachorrito.

Tanto Bridgette como Félix sonrieron enternecidos. No, Plagg no se había aburrido de ellos, estaba preocupado por Adrien y quería ir a velar su sueño, pero no quería hacerlo sin tener alguna seguridad de que su actual portador iba a estar a salvo. La pareja quedó sola y en silencio, reflexionando sobre los últimos acontecimientos. Bridgette se fijó en sus piernas: desde que había deshecho la transformación que no pudo volver a moverlas, pero eso era algo que se esperaba. Había sido lindo recuperar su uso, pero bueno… tenía que volver a la realidad, pues ya no era la portadora de Tikki.

Su kwami había vuelto con Marinette. Seguramente su sobrina había encontrado a Tikki y los aretes en su cuarto cuando se fue a acostar.

—¿Te sientes bien?

—Eso te lo debería preguntar yo. ¿Sigues con fiebre?

—Tal vez. Con la emoción no me doy cuenta. —Félix se metió las manos a los bolsillos— Te llevaré al segundo piso, también debes descansar.

—Gracias. ¿Podrás hacerlo?

—¡Tan solo obsérvame, ma cherie!

Félix tomó a Bridgette en viandas y se la llevó a su cuarto, dejándola unos momentos sola para volver por la silla de ruedas, que se tardó un poco en subir. En el intertanto, Bridgette se quedó mirando por la ventana: comenzaba a llover y la temperatura había bajado bastante. Cuando Félix regresó, dejó la silla junto a la cama, en silencio le pasó uno de sus pijamas y le indicó donde estaba el baño. Bridgette le pidió ayuda para entrar al baño y una vez dentro, se cambió de ropa. Cuando salió, vio que Félix seguía vestido, pero había sacado una manta y una almohada.

—Este… —Félix se pasó las manos por el cabello— ¿Necesitas ayuda para acostarte?

—¿Me estabas esperando?

—Sí. Te… ayudo y te dejo…

—Estás resfriado. ¡No me digas que piensas dormir en el sofá!

—¿Y dónde más quieres que duerma?

—Aquí, conmigo. —respondió la chica con naturalidad. Hubo un silencio incómodo— ¡No te pongas así ni te hagas ideas raras! Estás resfriado, los dos estamos agotados, hace mucho frío y no quiero estar sola.

Sólo vamos a dormir pareció quedar colgado en el aire, pero no necesitó más explicación. Bridgette bajó la cara, sonrojada, esa era su intención, aunque quizás un poco atrevida. Félix sí se sonrojó, pero… sonrió con calma. Tomó su pijama y entró en el baño y tras unos instantes, salió ya listo para acostarse. Se sonrió con Bridgette, quien además le señaló su mesita de noche.

—Encontré unas medicinas para el resfrío: tómatelas.

—¿Tengo opción?

—No, la verdad no.

Félix hizo caso y cuando lo hubo hecho, vio que Bridgette se había acercado a la cama y se estaba subiendo a ella. Intentó ayudarla, pero la chica se negó, pues quería hacerlo sola. Le costó acomodarse, pero eso no le extrañó. El mismo se acostó al otro lado de la cama y finalmente terminó por ayudarla. Apagaron la luz al mismo tiempo y ambos se quedaron de espaldas, mirando el techo.

—Vaya.

—¿Huh?

—Hace quince años que no duermo fuera de un hospital.

—Creí que te habías quedado a pasar la noche la noche en la panadería.

—¡Oh, Félix! No arruines la emoción.

—Oh. Entonces deberías decir… que es la primera vez que vas a dormir en la misma cama que el gato de tu vida.

Bridgette se quedó en silencio, sintiendo un bonito latido en el pecho. El mismo que estaba sintiendo Félix. Ambos giraron la cabeza y se quedaron viendo en la oscuridad.

—Entonces… ¿finalmente irás al teatro conmigo y te tomarás un café conmigo después de eso?

—Lo pensaré, ma lady. —respondió Félix con picardía.

—Es porque estoy lisiada, ¿verdad?

—A mi parecer, no veo que tengas ningún problema. ¡Eres perfecta!

Ambos giraron sobre su costado y se acercaron un poco, cuidando de no destaparse. A Bridgette le costó moverse un poco más, pero Félix compensó ayudándola. Se acomodaron y acurrucaron uno más cerca del otro, tratando de escudriñarse en la oscuridad. En verdad se sentían muy a gusto con la presencia mutua. Bridgette le puso la mano en la frente a Félix.

—Si te sientes mal, me avisas.

—Si te contagio no te quejes.

—Te amo…

—Yo también.

Ambos suspiraron al mismo tiempo y permanecieron en la oscuridad, escuchando la respiración del otro largo rato hasta que se quedaron dormidos, el peso del día por fin surtiendo sus efectos. En sueños se acomodaron, entrelazando las manos, descansando por fin y contentos.

Tenían un montón de desafíos que enfrentar… pero por una vez, la vida les sonreía.


Catacumbas de París.

En esos momentos.

Mayura observaba a Papillón desde un rincón, calculando fríamente sus movimientos. El hombre había tenido un berrinche de aquellos y se había dedicado a destrozar todo lo que viera. Marcel lo había identificado como Gabriel Agreste, había perdido a su esposa, seguramente perdería su imperio. Lo más probable es que ahora fuera buscado por las autoridades y su compañía se iría a pique. ¡En menos de un día lo había perdido todo! Y ni siquiera podía culpar a su hijo. ¡Ese mocoso quizás donde estaba! Lo único bueno de todo eso era que al ser el hijo de Papillón ya nadie querría a Adrien cerca.

—¡MALDITOS HÉROES! ¡MALDITO SEA MI PADRE!

—Tiene que calmarse, señor, pensar en frío.

—¡¿Cómo puedes decirme eso?! Emilie va a morir en cualquier momento en donde sea que esté. ¡Y los miraculous! ¿Qué brujería fue eso? ¡se supone que hay uno de cada uno! ¡Pero vi cuatro héroes!

—Quizás se trata de alguna propiedad secreta de los miraculous, señor.

—¡El libro no habla de eso!

—No lo hemos traducido en su totalidad.

—¡Ni tendremos esa posibilidad! Debemos recuperarlo… debemos… ¡debemos!

Papillón volvió a dar un golpe contra la pared, desprendiendo varios huesos. Se sujetó con una mano y la otra se la pasó por el rostro: el golpe que acababa de recibir había sido devastador.

—¡Nunca recuperaré a Emilie!

—Emilie sigue viva. Siempre podemos rescatarla.

—Está en un coma mágico. En el hospital no podrán mantenerla con vida.

—No lo sabemos señor. Quizás aguanta.

—Lo he perdido todo…

—No señor. —Mayura le puso una mano sobre el hombro— Ahora usted es libre. Ya no lleva la carga de ser Gabriel Agreste y mantener esa imagen. Ya nada lo detiene ni restringe. Bien que puede destruir todo París buscando los miraculous.

Papillón miró a Mayura a los ojos. La mujer iba muy en serio y su afilada mirada no parecía esconder ninguna duda.

—Ya no tengo nada que perder.

—Y tiene todo por ganar. ¡Es cosa que se decida! Y si Emilie muere…

—La voy a recuperar. Después de todo, lo que quiero es cambiar el pasado...

—Y la realidad resultante será favorable a usted.

Papillón se irguió en toda su altura, recuperando la compostura perdida. Entrecerró los ojos y tomó aire. Mil planes se le vinieron a la cabeza y decidió cumplirlos todos, pero primero… tenían cosas de las que encargarse, recuperar cosas de la mansión, algo de dinero, equipo, ¡Todo lo que pudiera sacar de casa antes que las autoridades se lo pusieran difícil! Bien que podía seguir siendo el villano de París y no solo conseguiría sus objetivos, sino que derrotaría a los cuatro héroes, superaría a su padre y humillaría a su hermano mayor.

—Mayura… tenemos trabajo que hacer. Planes que trazar… héroes qué derrotar.

—¡Justo lo que quería escuchar! —sonrió la mujer, acariciándole la mejilla.

París seguía teniendo a su villano.


Departamento de Félix.

Esa mañana. Sábado 6 de febrero de 2016, 9:43 hrs.

Cuando despertó esa mañana, estaba increíblemente cómodo con Bridgette entre los brazos. Años que no tenía un descanso tan profundo y agradable como ese. Observó a la mujer bastante rato, admirando sus rasgos y sintiéndose feliz como nunca. Tras apartar un mechón de su rostro y besarle la frente, Félix se levantó con cuidado de no despertarla y decidió ir a ver como estaba Adrien. Se puso una bata abrigada y pasó por el cuarto del muchacho, asomándose al interior, pero no vio a su sobrino en su cama. Un ruido en el primer piso le insinuó que a lo mejor estaba abajo, por lo que bajó las escaleras en su busca.

No tuvo que ir muy lejos; Adrien estaba envuelto en su propia bata, con unas ojeras horribles, tomando un tazón de leche tibia, echado sobre el sofá de la sala. Se notaba que había estado llorando y sin duda que no lo culpaba: había pasado por mucho. Se sentó al lado suyo en silencio, y fue solo al cabo de unos cinco o diez minutos que Adrien, dejando a un lado su tazón, lo abrazó y se largó a llorar. Félix lo contuvo hasta que se desahogó por completo, brindándole refugio en sus brazos.

—Lo siento tío… estoy…

—No tienes que darme explicaciones, Adrien. —Félix le revolvió algunos cabellos— Si no lloras conmigo, ¿Con quién?

—Te dije que el gruñón no te iba a rechazar, cachorro.

—Buenos días Plagg.

—Hmpf.

—Ya sé, pero es que me siento muy abrumado. —Adrien lo miró muy preocupado— ¿Qué va a pasar ahora con mi maman? Que a Gabriel lo parta un rayo, pero ¡¿mi maman?!

—Velaremos por ella, todo el tiempo que sea posible. Todavía tenemos que hablar con los médicos a ver que nos dicen. Y con las autoridades, pero cuando lleguemos a eso nos encargamos. —le explicó Félix muy seguro— Ya hablé con Annelisse, ella protegerá tus intereses como lo ha venido haciendo hasta ahora. También hablaré con tu tía Amelie dentro de la mañana y ahí nos vamos arreglando…

—Tengo miedo…

—Ya sé. Pero aquí estoy. ¡Para esto estoy aquí!

Adrien se limpió los ojos con el revés de su mano. Volvió a refugiarse en los brazos de su tío, temiendo un eventual rechazo, pero eso nunca pasó. Una vez más lloró en silencio. Como un gato viejo, Félix contuvo a su sobrino, que buscaba refugio cual gatito desamparado. Lo dejó llorar largo rato, sin juzgarlo en lo más mínimo, asegurándose de brindarle todo el apoyo del mundo.

En verdad Félix no estaba tan preocupado por lo que podía pasar. Él tenía la custodia total de su sobrino, estaba en control de poder blindarlo y contenerlo todo lo posible, la situación no le era ajena y bien que podía proteger a su gatito todo lo que se le antojara. Quizás si Adrien hubiera continuado bajo la tutela de su hermano habría sido distinto, pero ahora… ahora no.

Suspiró. Los acontecimientos de la noche anterior sin duda habían sido extraordinarios. No solo Bridgette y él habían vuelto a portar a sus kwamis, sino que además sus sobrinos salían con la genial idea de esos trajes que causaron un sinfín de confusiones y revuelo. Había reído de buena gana cuando los chiquillos les habían explicado de qué se trataban y que la idea se les había ocurrido algunos meses antes cuando, tras la akumatización de la cantante Clara Ruiseñor, pensaron que tener trajes de Ladybug y Chat Noir extra podría ser útil para despistar a sus enemigos. ¡Vaya que había funcionado!

Por fin sintió que Adrien se calmaba. El muchacho lo soltó y tomó su tazón de leche, que se tomó en dos sorbos antes de dejarse caer sobre el respaldo del sofá. Plagg no tardó en flotar hasta su portador y acurrucarse en su pecho, justo encima de su corazón, en donde decidió echarse a dormir una siesta, con los ronroneos de rigor. Los dos exhalaron de cansancio.

—Anoche fue interesante. ¡Fue Genial ver a Madame Bug y a Premier Chat Noir!

—Cierto. No tan genial como ver a Minibug o Chaton Noir, pero sí. Fue interesante.

Estaban adoloridos los dos, pero a salvo y bien, solo con los obvios machucones. Félix sentía la falta de práctica hasta en las pestañas, mientras que si bien Adrien tenía un estado físico mucho mejor, también lamentaba algunos golpes mal recibidos y sin duda la fractura de la clavícula dolía muchísimo (por cierto, tenía que llevarlo al médico por eso). La experiencia había sido muy desafiante en todos los aspectos, pero sacaban cuentas alegres. Más o menos.

En esos momentos estaban los dos echados en el mullido sofá, en silencio, acompañándose uno al otro, como tratando de recargar fuerzas. Parecían dos gatos que llegaban de parranda, uno viejo y otro joven.

—Entonces tío… ¿vas a volver a ser un héroe?

—Si la ocasión lo amerita, sí —Félix se sopló el flequillo— ¡Hasta puede que vuelva a la esgrima! Alguien tiene que ayudarte a pulir algunas destrezas.

—¿En serio? ¡¿Volverás a la esgrima?! —preguntó de pronto Adrien, mirando hacia su tío lleno de admiración. El hombre asintió— ¡¿Incluso vas a entrenar conmigo?!

—No será fácil, pero sí… Dudo que vuelva al circuito profesional en todo caso.

—Lo tuyo ya es nivel senior… pero… ¡¿entrenarás conmigo?!

—Hmpf. Deja que recupere el ritmo y saldamos eso en un duelo. ¡Por supuesto que entrenaremos juntos!

—¡Desafío aceptado! —Adrien lució una sonrisa gigante— Vas a tener que esforzarte mucho eso sí: no voy a contenerme solo porque tuviste tuberculosis o porque estás fuera de forma.

—Tienes suficiente ventaja con eso. ¡Y no tientes tu suerte, cachorro! Más sabe el gato por viejo que por gato.

—… pero… ¿te vas a cuidar, verdad? —preguntó de pronto Adrien muy serio— Porque tu salud no es tan buena…

—¿Preocupado por mí?

Adrien asintió, pero no dijo nada. Sentía un nudo en la garganta en todo caso. Todo había pasado muy rápido y al mismo tiempo no. Se mordió el labio y tomó aire. Félix todavía no había dicho nada sobre el hecho que lo había llamado papá, y en serio quería saber su opinión al respecto. No era algo que hubiera dicho en vano, o por salvar apariencias: simplemente se le había hecho natural, principalmente porque a lo largo de su vida, Félix había sido la figura paterna más relevante que había tenido. Gabriel nunca, nunca hizo el esfuerzo por cumplir su rol. Ciertamente había proveído para él, pero desde una dolorosa y fría lejanía, y sin duda más por obligación y orgullo que otra cosa. Y ahora resultaba que su padre había sido Papillón, que su madre había estado en coma en esa heladera todo ese tiempo, y que al hombre que no le habría importado destruir todo París con tal de recuperarla y que él no había tenido más importancia de la que un rostro para su marca.

Cuando Gabriel le dijo que su hijo carecía de valor y que bien lo hubiera intercambiado por su madre, se le destrozó el corazón. ¡Menos mal que su identidad como Adrien había permanecido secreta, al igual que la de su tío! Papillón ahora estaba quizás donde, en la clandestinidad, siendo buscado por la policía tanto en su identidad como supervillano como Gabriel Agreste. Y él ahí, con su tío, seguro y contenido, pero…

—¿Papa?

—¿Otra vez? —Félix abrió los ojos y lo quedó mirando fijo, expectante— Adrien… ¿por qué me llamas así? No soy…

—Lo eres. —Adrien arrugó la nariz, pensativo— ¿Te das cuenta de que más has sido mi papa que mi tío? Incluso cuando me regañas.

—Cachorro…

—Este… se me hizo natural llamarte así y… quiero seguir llamándote así… aunque si no quieres…

Félix reprimió un puchero. Era una sensación tan rara, que al mismo tiempo que lo enaltecía, lo llenaba de humildad. Sintió un nudo en la garganta y sus ojos amenazaron con explotar en lágrimas cuando se encontró con la mirada expectante de su sobrino.

—Es un honor que me llames así. ¡Pero no creas que te voy a tratar diferente a como lo he hecho! Soy tu papa entonces, no tu tío. —la garganta se le trabó de emociones a Félix en ese instante. No pudo decir otra palabra.

—Eso es porque eres mi papa.

—Me queda claro, hijito.

Adrien en ese momento se le abalanzó en un abrazo, refugiándose en su pecho y sollozando en silencio, de nuevo, siendo contenido por su tío, ahora papá, cuyo estado emocional estaba a punto de traicionarlo. Félix no sabía exactamente qué había hecho para ganarse semejante título, pero supuso que ya no había vuelta alguna. Tenía que responder y estar a la altura de las circunstancias. Como había escuchado alguna vez en su vida, te puedes escapar del destino, excepto cuando el destino te llama papá.

—¿Y… cuando te casas con la tía Bri?

—¡Cachorro! ¡No presio…!

—¡AAAARGH! ¿Qué tiene que hacer un kwami para dormir en paz? ¡¿Qué no ven que casi morí del agotamiento anoche?! Ya dejen sus cursilerías padre–hijo para cuando no esté. —protestó Plagg de pronto, mientras revisaba su apachurrado quesito— ¿Qué culpa tenía mi quesito?

—Sigue siendo comestible, Plagg. ¡Ya trágatelo de una vez!

—Luego te lo cambio por otro… —se sonrió Adrien, rascándole la cabecita.

—Ah, las diferencias entre los portadores son evidentes. —dijo Plagg rodando los ojos— Pero el cachorro tiene razón, Félix. ¿Para cuándo la boda con Bri?

Félix rodó los ojos y estuvo a punto de decirles exactamente lo que pensaba cuando, como invocada por arte de magia, la voz de Bri se dejó escuchar desde el segundo piso.

—¿Hay alguna posibilidad que alguno de los dos venga a buscarme? Me encantaría, pero no puedo bajar las escaleras sin ayuda…

Félix intercambió miradas con su sobrino y al mismo tiempo se pusieron de pie. Félix llegó hasta el tope de las escaleras, encontrando a Bri sentada en su silla ya vestida. Se inclinó sobre ella y le besó los labios, antes de tomarla en viandas y bajar los escalones. Adrien, sonriendo para sus adentros, tomó la silla como mejor pudo con su brazo bueno y la bajó con cuidado, tomando nota que a lo mejor tendrían que instalar algún dispositivo que le permitiera más independencia en la casa a su futura tía política.

¡Porque estaba seguro de que pronto habría una nueva madame Agreste en la familia! Solo era cosa de tiempo. ¡Uy! ¡Cuando le contara el chisme a Marinette!

Una vez abajo, y cuando hubieron desplegado de nuevo la silla, dejaron a Bridgette sobre ella, quien aprovechó de tomarle las manos a los dos.

—¿Mis dos gatos favoritos estuvieron conversando también?

—Más o menos. ¡Me dijeron papa!

¡QUÉ ALEGRÍA! —la felicidad de Bridgette fue brutalmente honesta. Bien que les hubiera dado un abrazo de haber podido— ¡Tenemos que celebrarlo! ¿Les parece si hago crepas para el desayuno? Me van a tener que ayudar eso sí, que no alcanzo nada.

Félix y Adrien intercambiaron miradas y sonrieron al mismo tiempo. El mayor tomó la silla de Bridgette y la llevó hasta la cocina, seguido de Adrien que se adelantó dispuesto a seguir las instrucciones. Al menos entre los tres se las iban a ingeniar para pasar un buen rato, y ¡Vaya que necesitaban hacerlo!

En ese momento llamaron al timbre. Los tres se quedaron viendo hacia la entrada perplejos: sabían que no se trataba de Teresa, pues ella simplemente habría entrado sin mayor preámbulo, así que supusieron que podría ser la policía. Félix sabía que tenían la costumbre de no avisar de conserjería cuando iban a ver a algún testigo o sospechoso.

—Yo abro. Quizás son noticias…

Adrien y Bridgette siguieron a Félix con la mirada en lo que el hombre desaparecía de la cocina. El muchacho comentó a hiperventilar y Plagg voló hasta su cabeza para darle ánimos. Bridgette, viendo como la ansiedad se lo comía, le tomó la mano para darle ánimos. En ese momento Marinette entró como un huracán a la cocina y abrazó a su chico con fuerza.

—¡ESTABA TAN PREOCUPADA, MON MINOU!

—¡Miren no más quien vino con el desayuno!

En la entrada de la cocina, acompañando a Félix y cargando con todo el desayuno, Tom y Sabine miraron estupefactos a Bridgette. No se tardaron ni una fracción de segundo en atar cabos al ver toda la escena, ni pudieron evitar la sonrisa explosiva que se les dibujó.

—¿Qué? —preguntó Bridgette toda roja— ¿No puedo pasar la noche en la casa de mi novio?

—¡Por todo el pan de París! —exclamó Tom expectante, volviéndose a Félix— ¿Finalmente ustedes son pareja?

—Sí.

—¡KYAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAA! —Marinette y su mamá gritaron entusiasmadas al mismo tiempo.

Sabine explotó de alegría, lanzando los brazos al aire. Abrazó a Félix y se lanzó sobre su hermana, quien ya era felicitada por Marinette. La pobre chiquilla había estado con la ansiedad fuera de control toda la noche, preocupada por su tía, por Adrien y Félix al punto que atormentó a sus padres para que fueran temprano al departamento del Agreste a ver como estaban sin sospechar siquiera que Bridgette estaba ahí.

Sus ansiedades se calmaron al cien por ciento cuando los vio a los tres despiertos y se evaporó con la noticia de sus tíos. Sabine lloraba de felicidad y Tom reía de buena gana, aliviado como nunca, y comenzando a disponer todos los pastelitos y pan fresco que habían traído de la panadería para celebrar.

Obviamente los gritos atrajeron la atención de Teresa, que asustada por la escandalera, no tardó en cruzar a ver que pasaba, llevando un palo en caso de tener que pegarle a alguien. La súbita reunión familiar la tomó por sorpresa, pero cuando supo la noticia…

—A ver… ¡paren el mundo! —exclamó con los ojos muy abiertos— ¿Feliciano y Bridgette ya son novios?

—¡SÍ! —exclamaron Sabine, Marinette y Bridgette.

—Teresa: ¡Ya te he dicho que no me llames Feliciano! —gruñó Félix, tratando de verse casual, aunque en verdad también estaba muy contento. Tom le dio otra palmada en la espalda.

¿Y Teresa?

El impacto le habrá durado unos momentos, en los que creyeron que le iba a dar un infarto, pero más temprano que tarde…

—¡KYAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAA!

Se puso a fangirlear con la intensidad de mil soles.

Al desayuno que habían traído los Dupain–Cheng, se sumó el café que trajo Teresa de su casa. Y si bien el resto del día fue cosa muy difícil de manejar, sobre todo con la visita de la policía que no se tardó en llegar, con la llamada a Amelie para avisarle lo de su hermana, o de la misma visita al hospital para ver cómo estaba Emilie, sin duda que fue mucho más llevadero de lo esperado.

¿Cómo no? Adrien tenía papá nuevo, Bridgette y Félix por fin eran novios, y una familia destruida por un lado, se componía por el otro.

Eran suficientes razones para tener esperanzas.

Continuará.

Por

Misao–CG

Publicado el sábado 26 de junio de 2021


¡No hay adelanto del próximo capítulo!

Es el último.


Notas finales: Y bien, al menos las cosas pudieron arreglarse bastante, aunque por otro no hicieron más que enredarse más y más. París sigue teniendo su villano, los héroes tendrán muchas más aventuras, esta vez tendrán el apoyo y entrenamiento de los mayores y por fin la relación entre Félix y Bridgette se reparó por completo. Solo falta el epílogo y concluye este lindo proyecto. ¡MUCHAS GRACIAS por darle una oportunidad a este fic!

¿Ya le recomendaron series a Abby, verdad?

Por favor, cualquier error, gramatical o de ortografía, me lo dicen para poder arreglarlo si corresponde. ¡MUCHAS GRACIAS POR LEER!