Ella caminaba hacia adelante seriamente como si analizara lo que tenía en frente, pero nada más lejos de la realidad. Solo observaba sus pensamientos. Le gustaba ese chico, pero siempre pasaba lo mismo con todos: ya tenían novia, o amaban a alguien que nunca era ella, así que ahora se enfocaba en no sentir nada.
Él no tenía idea de lo que pasaba por la mente de ella, ya que lo único que notaba era su inamobible seriedad y concentración en el camino. No le hablaba ni le dirigía la mirada como si él le desagradara mucho. Pero sabía que no era así, ya que muchas veces habían conversado tranquilamente. "Creo que aún no me acostumbro a esa seriedad", pensó.
— ¿Alguna vez —dijo él— has sentido que quisieras estar cerca de alguien pero algo lo impide? —ella se detuvo, bajó la cabeza mirando el suelo— Algo...invisible, pero aún así fuerte.
— Sí, a veces pasa. Es muy raro cuando le caes mal a alguien solo porque sí, pero siempre hay gente con quien te puedes llevar bien, así que no hay problema —dijo ella volviendo a mirar al frente satisfecha, haciendo referencia a personas en general para no delatarse.
Él se entristeció, y quería que ella lo notara. Ella sintió cómo el ambiente se volvía tenso, pero tenía miedo de mirarlo. Quiso caminar un poco más rápido y firme, pero se paralizó al sentir que él tomó su mano. Esperaba que su rostro no reflejara su miedo, ni que se escuchara el latir tan fuerte de su corazón. Escuchó el sonido de sus pasos pisando suavemente las hojas secas, sus brazos rodeándola, el peso de su cabeza sobre su hombro, y su respiración en su oído que era como un pequeño susurro de viento. Aunque tenía el cielo al frente no podía escapar. Ya era inútil ocultar sus sentimientos, así que lo miró directo a los ojos. Entonces notó cómo él sin hablar gritaba con su mirada casi suplicante:
"Te amo".
