Una hora ha pasado desde que Shiryu y Yasul se introdujeron a la otra dimensión, Una hora en la que el Santuario se había convertido en una zona de guerra. Las nubes negras estaban esparcidas ya por toda Grecia, dando un panorama de miedo y desolación por toda la nación. En el Santuario nueve Casas permanecían en calma, incluso la de Géminis donde se encontraban Shun, Ikki y Rotéh. Las Casas de Leo y Tauro eran los escenarios de dos batallas brutales y la Casa de Aries se encontraba completamente destruida. En esta Casa aún se encontraba Shaina y una, aun débil, Xenova.

-Entonces, lo que harás será ir de Casa en Casa para ayudar al Maestro que esté ahí ¿correcto?- Shaina se puso de pie y miró hacia al cielo, era imposible conocer su expresión, pues la máscara cubría su rostro.

-Es lo que haré-. Contestó de una manera cortante y se disponía a avanzar, pero Xenova la llamó para detenerla y pedirle que la esperara para ir con ella. -¿Te golpeaste muy duro niña? Los Caballeros de Plata como tú ya no son capaces de hacer nada, solo aquellos con el Séptimo sentido son capaces de hacerle frente a esos tipejos-. Nuevamente se dispuso a retirarse, pero de inmediato sintió la mano de Xenova sujetándola del antebrazo, impidiéndole avanzar.

-Sigo de pie, eso significa que aún puedo pelear, además, dos son mejor que una ¿no crees?-. Con un fuerte movimiento, Shaina se libró de agarre y elevó el tono de voz.

-Entiéndelo niña, aunque estuvieras en tu mejor estado, no harás más que…-. Xenova se adelantó a seguir hablando, evitando a Shaina terminar su frase.

-Tu entiéndelo Shaina. Ser un Caballero no significa obedecer órdenes y morir porque sí. Significa entregar cada respiro, cada movimiento, cada sentimiento, cada dolor, sufrimiento y alegría a los ideales en que creemos-. Shaina no decía nada, se mantenía quieta, sin dar señales siquiera de querer interrumpir a Xenova. -Nosotros no morimos protegiendo… nosotros vivimos para proteger-.

-Deja tus discursos y sal ahora del Santuario. Solo estando de pie no lograrás nada niña. Los demás están en la…-. Una vez más Shaina fue interrumpida.

-Sabía que no lo entenderías… De ser así, te demostraré lo que puedo hacer-.

-No malgastaré mi energía y menos degradaré mi orgullo peleado contra una incapacitada-. Xenova actuó como si no escuchara esas palabras, y tomó la Lira de su espalda, se colocó en posición de combate y, ante la sorpresa de Shaina, su cosmo se elevó emanando su densa aura color plateada por su cuerpo. -¡Ya basta!- gritó con rabia Shaina, pero Xenova aún se disponía a iniciar un combate. Ante la situación, Shaina apretó los dientes y presionó con fuerza sus puños -Vamonos ya…-.

-¿Qué dijiste…?-. Preguntó confundida Xenova con un tono algo infantil a la vez que su cosmo dejaba de ser visible.

-No pienso perder más tiempo contigo. Y esa maldita arpa podría ser útil. Apresúrate-. Xenova sonrió que no cambia de alegría, no parecía que hace poco más de una hora se encontraba cerca de la muerte.

-Por cierto, no es un arpa, es una Lira, verás la diferencia es que…-. Shaina ni siquiera disimuló su falta de interés a las palabras de Xenova. Aún indiferente sacó de la bolsa que tenía amarrada a su cintura, una nueva máscara y se la dio a Xenova.

-La máscara es algo importante para nosotras las Caballeros-. Xenova dejó de hablar y se puso la máscara mientras Shaina terminara de hablar. -Aunque tu imposición de amor y muerte ya ha sido dictada, no debes quitártela por cualquier cosa-.

-No volverá a ocurrir jaja… es solo que si me molesté bastante-. Shaina ignoró a Xenova y continuó caminando.

-Aun pienso que serás una carga. No intervengas a menos que… ¡Agh!-. Xenova se colocó en la espalda de Shaina como si fuera un caballo entre risas.

-Ahora sí que soy una carga ¿no crees?-. Xenova moría a carcajadas mientras que Shaina no se empeñaba mucho en quitársela de encima, pues se veía más centrada en avanzar.

La batalla más cercana a las Caballeros era aquella que se libraba en la Casa de Tauro en donde Hyoga cada vez se sentía más acorralado. A pesar que solo Chiron tenía comparación al poder del Caballero Dorado, Surana estaba logrando incomodar al Caballero, estando muy cerca de poder escapar de la Casa en distintas ocasiones.

La Casa estaba cubierta de hielo, y Surana se encontraba entre Chiron y Hyoga, quienes se mostraban agotados y con una agitada respiración.

-Ya está… muy cansado… es nuestra oportunidad… ¡Preparate!-. La voz de Surana venía acompañada con un denso vapor que escapa de su boca con cada palabra. Sus brazos y piernas tenían restos de hielo y se notaba que le costaba trabajo moverlos a placer. -¡Ahora!-.

De inmediato Surana se lanzó contra Hyoga, quien se cruzó de brazos y se lanzó un poco hacia atrás, pero al hacer eso una especie de estatua con la forma de sí mismo reemplazó su posición.

-Con la "Imagen Glaciar" podré despistarla el momento necesario para averiguar lo que intenta-. Hyoga se separó por completo de la Imagen Glaciar cuando Surana estaba prácticamente encima de este y se dispuso a mirar a Chiron, pero este ni siquiera se había movido.

-Muy lento Caballero-. Surana se colocó frente a Hyoga y acertó un brutal golpe en el rostro, aturdiendo por un momento al Caballero. -¡Hazlo ahora!-.

Chirón colocó sus manos una frente a la otra, con los dedos índice y mayor completamente estirados y separados, mientras que el anular y los pulgares igualmente estirados pero unidos y haciendo contacto por las yemas. Los meñiques se encontraban doblados y unidos por la parte superior, formando un rombo entre estos y los anulares, en el cual se enfocaba a Hyoga.

-¡Purificación terrenal!-. Después de decir las palabras, el rombo se rellenó de un aura roja y desde dentro de la armadura del Caballero comenzó a filtrase una luz con el mismo color rojo seguido de una fuerte explosión que arrojó a Hyoga por los aires.

-¡Date prisa Chiron… aprovechemos para irnos!-. Surana intentó ir a la puerta, pero un gritó de su hermano la hizo detenerse y girar la vista, viendo primero como el cuerpo de Hyoga caía al suelo y después a Chiron complemente quieto. Parecía petrificado, pero Surana comprendió lo que había ocurrido al ver su pecho cubierto de hielo. -Maldición… el Caballero logró lanzar ese molesto Polvo de Diamante, debo ir por…-. Surana intentó acudir con su hermano pero sus pies se encontraban bloqueados por un enorme trozo de hielo -¿Pero que…?-.

-Estas equivocada…-. Surana miró de inmediato el cuerpo de Hyoga, pero este ahora era solo un trozo de hielo mal formado. Al alzar la vista distinguió que la estatua creada con la Imagen Glaciar ya no era más de hielo, sino que era el mismo Hyoga. -Cuando te lanzaste no estaba seguro si eras tu o algún otro de los espejismos que tanto has estado utilizando. Utilicé la Imagen Glaciar como señuelo mientras yo me mantenía cubierto, en caso de que realmente fueras tu. Me quedó claro que de recibir el ataque de Chiron no habría podido levantarme, por suerte solo fuiste un espejismo al primer ataque, eso me mantuvo alejado de su atención-. Hyoga comenzó a caminar hacia Surana, quien se esforzaba por derretir el hielo a sus pies.

-Es muy inteligente… no… es muy poderoso y tiene un amplio arsenal. Eso lo mantiene con ventaja. Yo debo depender de Chiron para hacerle daño… esto es muy complicado… ese maldito… no le importa recibir golpes míos, para él no representan peligro alguno-. Hyoga se detuvo justo frente a la inmóvil Surana. Esta intentó golpear al Caballero, pero este se encontraba a una distancia suficiente para que ella no pudiera acertarle.

-Será mejor que hables. ¿Qué son esos "guardianes" y que hacen aquí en el Santuario?-. Surana no dijo nada aparte de los gruñidos al lanzar los inútiles golpes. Hyoga se colocó de cuclillas y repitió la misma pregunta, esta vez obteniendo una respuesta igual de útil que la anterior. -Tu hermano pronto podrá volver a moverse, y esta vez iré enserio. Dime lo que sepas-. Esta vez Surana se quedó quieta y separó un poco los labios con un gemido de resignación, levantó un poco la mirada y su boca formó una increíble sonrisa, seguido de un rostro de espanto del Caballero de Acuario. Hyoga giró su vista hacia su izquierda y distinguió a Chiron corriendo con toda velocidad hacia la salida.

Desesperado lanzó un golpe al aire, creando una barrera de hielo frente a Chiron, seguido de un segundo golpe con una fuerte ventisca, derribando al joven. El alivio le duraría poco al Caballero, pues sería arremetido por Surana. Se había acercado a ella lo suficiente para recibir de lleno el golpe. Los dos hermanos se encontraban reincorporados casi de inmediato y se disponían a salir de la Casa.

-No puede ser…-. Hyoga solo veía a sus oponentes acercarse a la puerta sin oposición, hasta que un fuerte estruendo resonó en la salido y una enorme cantidad de rayos morados cerraron la salida de la Casa.

-Ella no…-. Chiron de inmediato giró y sus temores se hicieron realidad. Al otro lado de la Casa se encontraba una figura femenina de la que resaltaba su brillante cabellera verde, la cual miraba la escena con una increíble tranquilidad.

-¿Por qué no los mataste Hyoga? Incluso a ese niño podrías tenerlo de trapeador-. Ante la crítica, Hyoga, que aún se encontraba a medio levantar con ambas rodillas en el suelo, volteó la cabeza y miró el suelo sin hacer un sonido. -Tan inútil como siempre-. Shaina miró a Surana sin mayor detalle y después miró a Chiron, que dejaba en evidencia una rabia hacia la Caballero. -Te conozco. Admito que no te reconocí del todo en la Casa de Aries, hasta que mencionaron la armadura de la Lira. Eres otro de esos alumnos basura de Hyoga-. Después de eso Hyoga adoptó el mismo comportamiento de Chiron, quienes parecía que no tardarían mucho en atacar a Shaina.

La Caballero caminó hacia la salida de la Casa, con claras intenciones de deshacerse de ambos.

-No sé quién es ella, pero… debemos actuar rápido Chiron-. Shaina se percató de Surana hablando, pero de inmediato Chiron se lanzó al ataque con un fuerte golpe que arremetería contra la rápida guardia de la Caballero. El impacto fue tal que desplazó varios centímetros a Shaina hacia atrás. Esta quedó sorprendida por el increíble poder físico que poseía el joven, pero no creía lo mismo de su capacidad de reacción. Bajó con velocidad los brazos, dejando desprotegido el lado izquierdo del rostro de Chiron, donde ella esperaba arremeter su contrataque.

-Esta vez no, bruja-. Chiron logró sujetar el puño de Shaina a uno pocos milímetros de su rostro y colocó la palma de su mano opuesta frente a su oponente. -¡Esclavo terrenal!-. De su mano brotó aquella densa aura roja y Shaina se elevó por los aires como si la sujetaran del cuello, mientras Surana se colocaba frente a su hermano, dejando a Shaina en medio.

-Hazlo ahora Chiron-. Este obedeció y el aura desapareció de su mano, haciendo caer a Shaina justo en el punto medio. Poco antes de que esta se encontrara a la misma altura que sus oponentes, estos colocaron sus manos de la misma forma que lo había realizado Chiron momentos atrás, formando el rombo con sus dedos anulares y meñiques.

-¡Sello de un Arma!-. Se creo una fuerte llamarada de luz por un instante cegó a los dos hermanos. La luz se redujo rápidamente y, al mirar el suelo, una especie de piedra se encontraba entre ellos con una grabación tallada que brillaba con aquel rojo peculiar. Ambos sonrieron al ver que se habían desecho de Shaina, pero estas se borrarían rápido tras escuchar la peculiar voz de la Caballero. Al seguir el sonido distinguieron a la Caballero ilesa y junto a Hyoga quien, al parecer, se había desplazado entre los dos.

-Por eso no he podido matarlos-.

-Me quedó muy claro-. Shaina se frotó levemente el cuello en el que se apreciaban heridas similares a raspones. -Ese niño se ha vuelto increíblemente fuerte. No es capaz de utilizar el séptimo sentido, pero la técnica que utilizó es imposible para alguien que solo utiliza el Cosmo máximo-.

-Es la armadura. Cuando utiliza ataques físicos noto que es su energía la que emana de él, pero cuando sus ataques son contra su alrededor, o espirituales, es una energía más oscura. La armadura debe ser el receptor y con el Cosmo máximo, Chiron debe ser capaz de utilizarla a su antojo-.

-No me digas. Quítame las manos de encima-. Shaina le dio un leve empujón al Caballero y de inmediato se puso de pie.

-No conté con que ese maldito de Hyoga interfiriera… Chiron no podrá solo con los dos, veamos… ¡No!-. Surana se sorprendió al ver que, sin perder el tiempo, Shaina se lanzó nuevamente contra Chiron que no reaccionó a tiempo y recibió de lleno el golpe en el rostro, seguido de un segundo golpe brutal en el estómago. Parecía que Chiron caería al suelo, pero, antes de que ocurriera, Shaina remató con su pierna derecha, expulsando a Chiron varios metros.

-Es muy peligroso mantenerte con vida niño-. La mano de Shaina comenzó a expulsar su aura morada junto con una increíble cantidad de rayos del mismo color, similares a los que utilizó para bloquear la salida de la Casa. Surana miró a Hyoga con terror y no dudo en reclamarle.

-¡No puedes dejar que ella lo mate! ¡Fuiste su maestro, aún lo eres!-. De inmediato Hyoga miró a Surana tras escuchar esas palabras. -Se lo que significan esas palabras que le dijiste… lo convenciste que ahora eres su enemigo y no debe mostrar piedad ante ti… pero tú mismo te has contradicho-. Surana dirigió su mirada a su hermano que se mantenía en el suelo intentando recuperar el aire. -Tu mostraste piedad e incluso le diste consejos. Pudiste acabar con nosotros desde que nos vimos, pero no soportaste ver a tu aprendiz sufriendo. Diste prioridad a tus emociones antes que a tu misión… te pido que vuelvas a hacerlo…-. Hyoga no decía nada, era incapaz siquiera de producir sonido alguno, sus ojos aún mostraban su frialdad, pero también se notaba en él su preocupación por Chiron. -¡Por favor!-.

Surana rompió en llanto, pero al abrir nuevamente los ojos, Hyoga ya no se encontraba donde ella lo miraba.

-¿Qué es lo que haces Hyoga?-. Shaina, que aún se disponía a dar el golpe final, veía con desaprobación la acción del Caballero quien se encontraba frente a ella, impidiéndole el paso.

-Yo no… No estoy seguro-. La mirada de Hyoga se observaba perdida, miraba el suelo de la Casa aún cubierto de hielo y su respiración era agitada e irregular.

-Muévete o tendré que…-. Shaina sintió un fuerte calambre en los brazos y cayó de rodillas con una gran fuerza, detrás de ella se encontraba Surana, quien la sujetaba de sus brazos emitiendo el aura rojiza y una sonrisa de conformismo en el rostro.

-Así debe ser "Maestro"-. Hyoga no tuvo tiempo de reaccionar contra Surana, pues de inmediato fue arremetido por Chiron.

-Vámonos Surana-. Los dos hermanos se dirigían a la salida a toda velocidad, sin mirar hacia atrás, lo único en sus cabezas era ir cuanto antes a donde el Patriarca.

-¡Polvo de Diamante!-. Surana sintió un inmenso frío en la espalda que de inmediato se esparciría desde sus talones hasta su cuello. Su cuerpo estaba cubierto de hielo, completamente congelado.

-Chi.. Chiron… Vete… de aquí…-. Chiron obedeció y continuó corriendo, hasta que un dolor agudo invadió su pecho. Sintió un estremecedor frío en todo el cuerpo, mientras una gran cantidad de sudor resbalaba por su piel. Al mirar abajo, vio un delgado chorro de sangre cayendo por su cintura, siendo la fuente de este su pecho, de donde un brazo saldría, aumentando la cantidad de sangre que se expulsaba.

-Así debe ser… alumno basura-. Chiron supo de inmediato lo que había ocurrido. Shaina le había atravesado el pecho. Pero este no se desplomaba, al contrario, se comenzaba a ver menos pálido -Algo… algo está mal…-.

Hyoga que se encontraba a unos metros de ellos también percató que algo no estaba bien. La sangre seguía brotando, pero Chiron no se veía mareado ni tambaleándose.

-Funciona… maldición funciona…- Chiron tenía un rostro de decepción mientras miraba sus manos con la misma credulidad con la que Shaina lo veía a él.

-¡¿Qué significa esto?!-. El grito de Hyoga llamó la atención de Chiron, quien lo miro conservando la misma expresión

-Jamás pude ser un Caballero… y jamás lo seré-. Chiron camino hacia su hermana, aún congelada, y la sujetó. Comenzó a derramar lágrimas sin apartar la vista de Hyoga. -Si volvemos a encontrarnos… los… los voy a asesinar… esto que pasó demuestra que mi vida ahora… pertenece a Mun-. Shaina no pudo moverse pues seguía impactada de lo ocurrido, pero Hyoga intentó alcanzar el lugar en donde se encontraban, un intento en vano. Ambos hermanos desaparecieron de inmediato, sin dejar rastro alguno. Los dos Caballeros quedaron en silencio un momento, hasta que Hyoga soltó un sonido grueso con la garganta, demostrando su enojo.

-Me queda claro Chiron. Ahora eres un Guardián. Has cambiado lo que eres por tener ese poder-. Shaina se acercó al Caballero que, a pesar de lo sucedido, aún mantenía aquella fría mirada. Esta colocó una mano en su hombro, pero Hyoga sintió una segunda carga en su otro hombro.

-En parte lo considero mi culpa. Yo evité que obtuviera esta armadura de Caballero, pero aunque yo hubiera perdido… jamás habría hecho lo que él-. Xenova camino un poco hacia adelante y regresó la mirada, observando a los dos Caballeros sin expresión. -no se conviertan en una carga para mí, ¡Vámonos ya!-.