5 horas, 6 minutos atrás. Casa de Acuario.

-Funcionó… con esa armadura realmente quebraste la realidad, nos transportaste dentro del Santuario-. Surana miraba alrededor de la Casa de Acuario. Un lugar muy amplio con cuatro columnas delgadas en el interior, una por esquina. Con salidas anchas para que la luz ingresara de manera uniforme por la Casa. Surana, que aun celebraba su escape, perdió la alegría al ver a su hermano. -Chiron… tu pecho…-.

El lugar donde Chiron recibió el ataque de Shaina había vuelto a sangrar, y esta vez el joven se veía agotado, mientras que de su barbilla goteaba la sangre proveniente de su boca.

-La herida ya no se cierra… se supone que sería inmortal…-.

-¡Eres un tonto! Ni siquiera podrás caminar-. En ese momento una enorme sombra cubrió a los dos jóvenes desde el lado izquierdo de la Casa.

-En eso estoy de acuerdo-. Los dos jóvenes miraron a la fuente de la sombra, se distinguía una figura de altura media, con un cuerpo delgado y femenino. Al inicio no distinguieron de quien se trataba, pero Chiron se llenó de pánico al observar el reluciente destello morado del cabello.

-A… ¡Athena!-. Chiron luchó por ponerse de pie y le ordenó a su hermana alejarse del lugar.

-No creo que sea necesario-. Surana se lanzó al ataque, a lo que Athena respondió apuntando a la joven con su cetro. -¿Eso no te servirá de…-. En el instante, Surana cayó boca abajo contra el suelo, quedando completamente inmovilizada. -Hija de… ¿Qué me has hecho?-. Athena miró a Chiron con reprobación, y después regresó su atención a la tendida Surana.

-Según escuché, lo llaman "quebrar la realidad". Aquí en el Santuario nosotros lo llamamos energía espiritual. Es cuando la energía cósmica altera cualquier aspecto físico o no corpóreo ajeno al propio, es decir, alterar lo existente. Lo llamo Prisión Tangente-. Athena camino un poco hacia el herido Chiron, pasando junto a Surana sin prestar atención a sus reclamos. -La armadura de Osiris. Háblame con la verdad Chiron, ¿Cómo y dónde tomaste la armadura de Guardián?-. Chiron se negaba a responder, causando cierto descontento en Athena quien amenazó al joven. Este, al no ver salida, se dispuso a atacar a Athena. Esta no mostró preocupación, hasta que apreció la posición en las manos de Chiron, que estaba a punto de lanzar el ataque. Sin demora, Athena levantó su cetro y, de la misma manera que a Surana, inmovilizó a Chiron. Los reclamos de Surana cesaron al ver el rostro de ira de Athena, quien parecía querer arrancarle la cabeza a su hermano.

-Esa posición de manos es la marca del sello divino. Planean liberar a Mun… ¡Contesta lo que te pregunté! -. Chirón comenzó a desatar desgarradores gritos de dolor. Su pecho comenzaba a expulsar chorros de su sangre con mayor cadencia, sentía que sus ojos podían botar de sus cuencas y que sus brazos se separarían de su cuerpo, era como si estuviera rodeado por una cuerda que lo presionaba cada vez más. Athena mantenía su rostro de preocupación, desesperada por obtener respuestas del joven presionando con rabia su cetro y gritando sin cesar la misma pregunta.

-¡Déjelo en paz! ¡Basta ya!-. Los gritos de Surana fueron suficiente para que Athena cesara y Chiron pudiera recobrar el aliento. Athena aún presionaba con rabia el cetro, tratando de calmarse y control su agitada respiración.

-No entienden lo que han iniciado. Sin los Guardianes tiene éxito…-. Chirón interrumpió a Athena antes de que pudiera finalizar la frase.

-La guerra de Medio Oriente cesará, y la diosa Mun garantizará la paz eterna-.

-Eso no es verdad Chiron. Es solo lo que los Guardianes originales quieren que creas, Mun busca el dominio total, es capaz de iniciar una guerra…-.

-¿Una como la guerra Divina?-. Athena dio una pasó atrás, su mandíbula tembló levemente. Un fuerte escalofrío recorrió su cuerpo. -El dominio total… iniciar una guerra por ese deseo. Los tres hermanos destruyeron la paz al atacar a Mun, iniciaron la guerra Divina y fue usted la que ocasionó su caída. Desde ese momento inició la era del mito… solo guerras, catástrofes y muerte, y desde entonces nada ha cambiado…-. Chiron comenzó a sentir su cuerpo más libre, logrando ponerse de pie y mirar a la diosa a su altura.

-Te han contado demasiado… pero todo es verdad-.

-¡¿Por qué el maestro Hyoga jamás me contó sobre eso?!-. Athena dio una leve exhalación con la vista al suelo antes de contestar.

-Porque no lo sabe… ni el, ni cualquier mortal. Solo los dioses tenemos conocimiento de la existencia de Mun y de la guerra Divina. Para evitar que sea liberada nos encargamos de que nadie se enterara-.

-¿Y cómo es que Yasul, Rueizen y Takuma lo sabían?-.

-Ya te he dado la respuesta…-. El silencio invadió el Santuario unos segundos, hasta que Surana lo intervino con una fuerte respuesta.

-¡Son dioses! Ellos estuvieron en la guerra divina ¿no es así?-. Athena miró a la joven, que seguía aprisionada en el ataque de la diosa, y afirmaría con la cabeza.

-Entonces ellos decían la verdad-. Chiron comenzó a liberar su aura rojiza que rodeaba su cuerpo de pies a cabeza, mientras su rostro mostraba una ira incontenible adornado por lágrimas de decepción. -Borran la existencia del único ser que es superior a ustedes por su deseo codicioso y egoísta… ¡ni siquiera te han importado tus Caballeros, siempre los reemplazas como simples piezas!-.

-Eso es mentira Chiron, debes entender…-.

-Esta vez no, Athena. Tal vez como diosa seas inmortal, pero dudo que lo sea el cuerpo de Saori Kido-. Chiron estaba dispuesto a atacar.

-No te atrevas…-. Un fuerte golpe estremeció la Casa cuando Athena azotó con su cetro el suelo. -Piensa lo que haces Chiron-. Athena levantó su cetro esta vez y apuntó al joven que cada vez se veía más en colera.

-Yo no fui entrenado para pelear por Athena, sino para defender en lo que creo y pelear por lo que es correcto, ahora sé lo que es correcto … esas son las palabras que han formado mi carácter…-. Con un fuerte movimiento de su pierna, Chiron agrietó el suelo y fue disparado hacia Athena levantando su brazo derecho listo para acertar un ataque.

La diosa frunció el entrecejo y expuso sus dientes con rabia, presionó con mayor fuerza su cetro haciendo que la figura de ave dentro del aro en la punta de este se irradiara de un aura de un amarillo brillante. De inmediato, esa misma aura rodeó el cuerpo de Chiron, opacando el destello rojizo, y el joven cayó con fuerza contra el suelo de nuevo.

-No importa que estés usando la armadura de un dios, tu poder no es nada contra el mío y no permitiré que ningún Guardián salga con vida del Santuario-. Athena tomó con ambas manos su cetro y Chiron comenzó a elevarse. La punta del cetro volvió a desprender el brillo radiante de tono amarillo, y mientras mas brillaba este, más sentía Chiron que aquella aura dorada lo presionaba y sofocaba, desprendiendo gritos y quejidos de un insoportable dolor a la vez que el suelo volvía a llenarse de la sangre de su pecho perforado. -Eres una maravillosa persona y un hombre muy poderoso, me duele que hayas escogido pelear del lado incorrecto...-. Los brazos de Athena comenzaron a bajar, Chiron apenas podía apreciar lo que ocurría, pero entendió que en el momento en que el cetro de Athena tocara el suelo, su vida habría acabado. -Lo lamento… Purificación te…-. Chiron se sintió liberado y cayó al suelo, creyendo que había muerto. Todo estaba borroso y no solo escuchaba un leve silbido a su alrededor que poco a poco tomaba forma de una voz llamando a su nombre.

-¡Chiron! ¡Chiron! ¡Apresúrate!-. El joven recobró el sentido y sus ojos enfocaron el panorama. El cetro de Athena estaba a escasos centímetros del suelo y la diosa mantenía los ojos cerrados, forcejeando como si alguien la mantuviera inmovilizada. Al mirar detrás de Athena distinguió a su hermana gritando su nombre y pidiéndole prisa, fue cuando el joven miró las manos de su hermana. Los dedos índice y mayor separados, los meñiques y pulgares juntos apuntando hacia abajo, igual que los dedos anulares en dirección opuesta, lo que Athena había llamado "marca del sello divino". Chiron comprendió lo que ocurría, Athena prestó toda su atención a él, ignorando a su hermana, la cual utilizó la marca del sello divino para tomar la Prisión Tangente cuando fue utilizada contra Chiron y lanzarla a la diosa en cuanto hubiera oportunidad. -¡Muevete Chiron! ¡Se esta oponiendo… es muy fuerte!-. El aura rojiza de nuevo cubrió el cuerpo de Chiron, y sin perder tiempo este corrió a velocidad contra una Athena que mostraba más a terror en su mirada mientras el joven se aproximaba.

-¡Coco de Invierno!-. El puño del joven se vistió de un espeso bloque de hielo y Athena reconoció ese ataque. Fue aquel que el joven desarrolló en el Norte de Siberia, aquella ocasión en que Hyoga lo llevó a crear un túnel por debajo de una montaña y le enseño el Cosmo interno. Los pensamientos de la diosa se frenaron por un fuerte impacto el rostro, Chiron acertó de lleno su ataque y Athena fue arrojada por varios metros hasta frenar por la fricción el suelo.

Todo quedó en silencio mientras los dos hermanos, veían el cuerpo tendido de la diosa esperando que esta no se levantara.

-Athena no parece ser alguien que combata cuerpo a cuerpo, será difícil que continué después de ese golpe-. Añadió la joven con esmero, pero Chiron mantenía las cejas caídas y una mirada de preocupación y asombro al notar que Athena poco a poco se reincorporaba y luchaba por ponerse de pie. Su rostro reflejaba lo dicho por Surana, parecía ser la primera vez que recibía un golpe de esa magnitud, mantenía su ojo izquierdo cerrado como si estuviera inflamado, y un leve brote de sangre caía por sus labios. La diosa tomó su cetro a la vez que los dos hermanos se lanzaron al ataque, pero serían frenados cuando esta golpeó el suelo con el cetro, esparciendo su energía cósmica por toda la Casa.

-Utilizar técnicas de los dioses es un pecado y una burla en contra de nosotros-. El cuerpo de Athena expulsó su aura que era mucho mas densa e incluso cubría más espacio, creando una leve corriente de aire.

-Yo soy un dios ahora…-. El aura de Chiron cambió de color, tornándose de un tono más anaranjado, como si su aura se combinara con la Athena. Esta última se sorprendió y sintió un increíble aumento en el poder de su oponente.

Casa de Géminis.

-¡¿Pero que es ese cosmo?!-. Preguntó un alarmado Ikki en el momento que sintió un enorme poder.

-Ese poder es… es muy parecido al de Athena…- Shun mantuvo un rostro de horror y miró a Rotéh, esperando, de manera acertada, que este tuviera la respuesta ante ese increíble aumento de poder repentino.

-Eso ocurre cuando la energía recibida por la armadura de Guardián se une con la energía cósmica de una constelación zodiacal. El Séptimo sentido toma por completo la energía de dicha constelación y el poder de Mun se une a esta. Al fusionarse, ambas fuerzas se multiplican y entonces…-. Rotéh sería interrumpido por una apresurada respuesta de Ikki, quien ya sabia a que iba aquel argumento.

-Un humano logra alcanzar el poder de un dios-. Dijo con una inmensa frialdad.

En efecto, el poder de Chiron se había elevado al nivel de rivalizar con el de Athena. El joven había dejado de lado sentimiento de culpabilidad por oponerse a su maestro, la ira de ser el enemigo de lo que alguna vez fue su hogar, la satisfacción de haber podido mantener un combate ante Athena y la alegría ver que su maestra aún lo apoyaba como alumno a pesar de estar de lados opuestos. Abandonar todos sus sentimientos y emociones, dar prioridad a su deber. El joven Chiron se había convertido en lo que significaba ser un Caballero, su enorme sentido del deber era lo único en su mente y su cuerpo era capaz de superar sus propios límites, ardiendo su energía cósmica, aunque su cuerpo no lo soportara. El lo comprendió al instante, ese enrome calor dentro de el era el Séptimo sentido. Sentía como el aura brillante amarillenta emergía por su cuerpo, pero todo ese calor y aura los absorbía su armadura, evitando que su cuerpo se destruyera por todo el poder que se encontraba dentro de él. Esta misma almacenaba su propia energía, la cual emergía como un vapor rojizo, que al brotar junto con el enorme poder del joven se distinguía con aquella tonalidad anaranjada tan densa que parecía ser sólida.

Casa de Acuario

Athena se mostraba aterrada, no entendía como había alcanzado aquel poder.

-Es imposible… tu nivel era de un Caballero de plata, ¿Cómo es que tu poder aumentó de esa manera?-. Es actitud era la misma que mantenía Surana, no podía creer ese increíble cambio su hermano. Chiron simplemente empuño su mano y presionó sus dedos, ocasionando que esos tronaran dándole una imagen aún más amenazadora a los ojos de la diosa. El joven se aproximó a su oponente, causando mayor temor en esta a cada paso que daba. Athena sujetó con fuerza su cetro, sabía que, aunque estuvieran parejos en cuando a energía espiritual (cosmo), tenía la desventaja en un combate físico. Chiron se detuvo a poco mas de un metro de ella y cambió su expresión amenazadora por una más confiada pero relajada.

-Hace unos momentos dijiste que nos burlamos de los dioses-. Chiron miró a su hermana, quien aun permanecía anonada por el cambio de su hermano, con una sonrisa altanera y presuntuosa. -…espero que no te moleste, pero me seguiré burlando un poco más-. Antes de que Athena pudiera reaccionar, el puño de Chiron se encontraba en el lado sano de su rostro, el golpe fue tan fuerte que la diosa nuevamente fue desplazada de su lugar.

Ella sabía que, si seguía así, su cuerpo sería asesinado, por lo que se resistió a caer al suelo. Al levantar la vista su oponente estaba de nuevo frente a ella, pero esta vez, casi sin pensarlo, el aura de Athena atrapó al joven en un torbellino de cosmo y viento, evitando que Chiron pudiera moverse. De repente, un fuerte calambre obligó a Athena a bajar los brazos, Surana la había sujetado de la misma manera que lo hizo con Shaina en la Casa de Tauro, causando una apertura para que Chiron lograra quebrar el torbellino de Athena con una explosión pequeña de su energía cósmica, para seguido se apresurarse y tomar ventaja que la inmovilidad de su oponente. Desesperada, Athena logró mover su pie para desequilibrar a Surana y que esta quitara a la diosa del lugar donde soltó el puño Chiron, incluso la joven dio catedra de sus reflejos al reaccionar y esquivar el golpe, pues por el desequilibrio, ella estuvo a punto de recibir el impacto. La diosa tardó nada en crear una leve explosión para distanciar a los hermanos de ella y enseguida colocarse de pie.

-No puedo perder de vista a la chica, aunque su cosmo no sea muy fuerte tiene habilidades increíbles, pero si le doy mucha atención Chiron se acercará lo suficiente para acorralarme-. Mientras Athena pensaba, Chiron se lanzó al ataque de nuevo, dándole de nuevo menos de un segundo a la diosa para que reaccioné, por lo que golpeó de nuevo con el cetro y un Muro de Cristal apareció frente a ellos, obligando a Chiron a cambiar su dirección para rodear el muro. Athena se preparaba para atacar a su oponente en el momento que este se acercara lo suficiente, pero recordó la piedra en su zapato. Buscó a Surana precitadamente y, en efecto, sus manos estaban formando la Marca del Sello Divino. Con básicamente nulo tiempo, Athena debía neutralizar a ambos, sabiendo que no tenía la velocidad para esquivar a Chiron y la fuerza para bloquearlo, y que quedaría expuesta si decidía atacar a alguno de los dos. En el momento en que Chiron se colocó frente a ella, la respuesta llegó a su cabeza, presionó con fuerza su cetro y cerro sus ojos. Al abrirlos, ella se encontraba lejos de Chiron, quien acababa de golpear con el Coco de Invierno a su hermana que ahora estaba junto al Muro de Cristal. Athena intentó sonreír por su movimiento certero, pero las heridas de su cuerpo eran demasiado para ella, incluso el cambiado de posición con Surana, le habían costado demasiada energía, por lo que su cosmo interno se encontraba casi agotado.

-Oh no… ¡Surana!-. Chiron miró a Athena que luchaba por mantenerse de pie. -Me hiciste fallar… Vaya que los dioses son increíbles-. Con una forzada sonrisa, Chiron expulsó de nuevo su anaranjada aura, y con un fuerte grito de rabia se lanzó contra la indefensa Athena, quien se había resignado y se preparaba a recibir el ataque de lleno. -¡Polvo de Diamante!-. Esas palabras causaron un escalofrío en la diosa, ese ataque era más poderoso que el Coco de Invierno, Chiron estaba por cumplir su objetivo y acabar con el cuerpo de Saori Kido.

Una… dos… tres gotas cayeron al suelo, cuatro… cinco gotas cayeron. Athena vio el puño de Chiron quieto frente a ella, en ningún momento cerró los ojos y lo vio todo, como el aura de su oponente se tornaba de nuevo rojiza, como una enorme cantidad de sangre salió vomitada de su boca, y como el joven luchó por acercarse a Athena aunque estuviera arrastrando los pies. Al quedar frente a ella, levantó su rostro agotado y miró a Athena con aquella burlesca sonrisa y de su pecho abierto su sangre volvía a caer, gota por gota. El joven cayó al suelo y Athena colocó la punta de su cetro en él.

-El Séptimo sentido no es algo que se controla cuando se aprende. El usarlo logró ralentizar tu sangrado, pero al perderlo este se apresuró aún más, drenándote casi de inmediato-. El cetro de Athena brilló de nuevo y la herida en el pecho de Chiron se estaba cauterizando, frenando el sangrado del joven. -Espero que esta vez me escuches y logres entenderme-.