4 horas, 2 minutos atrás. Casa de Acuario.
Athena terminó de cauterizar la herida del aún inconsciente Chiron, a quien la diosa miraba esperando responder una duda dentro de ella, pues no estaba segura de haber hecho lo correcto al curar a su enemigo cuando pudo dejarlo morir. Tal vez era ese rostro familiar que veía muy seguido en el Santuario lo que la hizo actuar por su cuidado. Eso la hizo darse una mejor idea de lo que ocurría, no se estaban enfrentando a cualquier enemigo, sino a sus propios compañeros, amigos, hermanos. Tal vez ese era su plan, por eso los Guardianes esperaron tanto, pero ¿por qué atacar el Santuario de inicio? ¿Qué ganaban con iniciar la guerra en un lugar donde posiblemente fallarían? Por más que intentó pensar la respuesta, su cuerpo estaba exhausto. Sin su armadura Divina, el cuerpo de Saori Kido no era capaz de soportar el abismal cosmo de Athena, por lo que esta permaneció junto al cuerpo de Chiron, esperando que Surana despertara y conozca las respuestas que necesitaba.
Casa de Leo, Santuario
Durante la feroz batalla, el Caballero no quería aceptar la idea de matar a su antiguo aprendiz, pero Lerón no era capaz de acabar con Seiya pues su energía cósmica no rivalizaba con la de su oponente, quien cada vez acertaba sus golpes con mayor fuerza. Todo esto logró que ambos ignoraran por completo lo ocurrido en la Casa de Acuario, donde un segundo cosmo de dios hizo presencia. Sin embargo, Edmon y Takuma percibieron aquel increíble aumento de poder, pero ninguno de los dos estaba dispuesto a abandonar su misión. Cada minuto que transcurría inclinaba más y más la balanza, pues el cuerpo de Lerón no soportaba la fuerza del Caballero.
-¿No piensas ayudar a Lerón?-. Preguntó Edmon a Takuma, quien se mostró sorprendido de que fuera él quien diera el primer comentario.
-Tú mismo dedujiste que no estoy aquí por él-.
-Es verdad… entonces dime, ¿Quién es aquel niño?. Parece tener mi edad ¿Por qué está escondido?-. El joven Caballero apuntó a la entrada intacta de la Casa, señalando a Cormal, quien veía la pelea mal escondido.
-Aún no sabe pelear, es un estorbo-. Dijo Takuma con un tono de enojo -Su tío es el hombre que nos guía, Rotéh. Ambos son los últimos en su familia, por lo que Rotéh va a donde sea con él, o al menos lo hacía hasta que Lerón se autonombró su maestro-. Edmon mostró mayor interés al escuchar aquel comentario de su hermano. -A donde él vaya, el joven lo acompaña. Aunque es más por miedo que por otra cosa. Me sorprendió que Rotéh desconfiara esta vez, por eso estoy yo a su cuidado-.
-Sabía lo que ocurriría aquí… Lerón está aquí solo para matar al Maestro Seiya-.
-Nunca entendí su obsesión con el Caballero de Sagitario. Es demasiado arrogante, enfocar su vida en alguien más es muy ajeno a él-. Edmon sintió un movimiento en el pecho como si el aire no entrara de manera correcta, como si tuviera miedo de algo. El joven Caballero miró como Seiya luchaba por mantenerse de pie mientras su costado izquierdo brillaba con tono rojo claro y uniforme.
-Mi hermano no siempre ha tenido esa manera de ser. Antes era alguien alegre, comprometido, humilde, pero, sobre todo, un hermano ejemplar. Su mayor objetivo era convertirse en alguien a quien yo quisiera imitar, daba su vida con el fin de que la mía tuviera un futuro. Cuando supimos de la existencia de los Caballeros y del Santuario no dudó venir a Grecia. Poco después de que Lerón fuera asignado al Maestro Seiya, Athena me aceptó para ser un prospecto y por ese tiempo no vi a mi hermano hasta que fui adoptado como aprendiz de un Caballero Dorado. Rotéh y Larudo eran mis compañeros y me hablaban mucho de mi hermano-. Edmon sintió un leve impulso por reír al recordar aquello. -Presumido y arrogante era la manera en que ellos lo describían, me costaba creer aquella descripción, pero siempre me decían que él era su amigo y cada noche entrenaban juntos. Cuando lo vi de nuevo, no podía contener la emoción, aunque tenían razón, era demasiado presumido. Pero a mi edad solo me hacía verlo como un héroe invencible… era mi inspiración. Pero cuando debía ir a la Casa de Sagitario se veía asustado. Un día el Maestro Shiryu se fue junto con mis compañeros a una misión, yo aún no estaba preparado para ir, así que me quedé en el Santuario y fui a buscar a mi hermano para que me ayudara a entrenar-. La voz del joven se volvió más seca y pausada. Presionaba con desesperación sus puños, sintiendo aquella presión en el pecho con mayor fuerza, se sentía asustado. -No soporto recordar aquello... mi hermano estaba tendido en el suelo, cubierto de sangre, luchaba por no abrir la boca, mientras su cabeza era pisoteada… con esfuerzo quitó aquel pie de su cabeza y estaba por lanzar su Choque de Olas, creí que eso lo salvaría, pero no era tan fuerte ese ataque como lo es ahora… Su mano fue sujetada y escuché como su muñeca se rompía como si lo hubiera hecho justo a mi lado. Estaba aterrado… paralizado. Lerón logró verme y solo movió su cabeza de lado a lado. No sabía de lo que hablaba, no podía pensar en nada más que en esa escena mientras su agresor se burlaba. Su voz me era familiar, la había escuchado en la Casa de Libra, conversando con mi Maestro un par de veces, y lo vi… era el Maestro Seiya quien arremetía sin piedad a mi hermano, pero en un momento el Maestro Seiya se detuvo y fue a la habitación izquierda de la Casa y le dio trapos y ropa limpia a Lerón, que seguía destruido en el suelo. Algo era diferente, el Maestro Seiya se veía tan asustado como yo, pero solo fue a la habitación de la derecha, y mi hermano se puso de pie por su cuenta y se acercó a mí. Lo miré fijamente y distinguí el odio en su ensangrentada mirada, casi podía ver al Maestro Seiya reflejado en sus enrojecidos ojos, pero solo me frotó el cabello y me dijo que lo siguiera, que el me entrenaría aquella noche-.
-¿Solo busca venganza entonces?-. Comentó Takuma con completa frialdad, ignorando por completo el sentir del Caballero.
-No exactamente-. Contestó Edmon con su voz normal, tratando de no verse afectado. -Jamás mostró inconformidad con los entrenamientos, decía que era una preparación sorprendente, una manera de obtener experiencia real. Pienso que su motivo de odio se debe a su actitud fuera del entrenamiento. Mientras a nosotros nos trataban como hijos o hermanos nuestros maestros, él era ignorado. Ni siquiera al convertirse en Caballero fue reconocido por su maestro, imagino que era lo menos que esperaba después de las golpizas que recibía-. Por un momento todo permaneció en silencio, la batalla se había detenido, los protagonistas se miraban fijamente, la respiración de Seiya era de cansancio, algo normal, pero Lerón se esforzaba por no mostrar ese agotamiento. -Pienso que mi hermano actúa así para ocultar el dolor que mantiene dentro él… pero con su maestro frente a él, no logra ocultarlo-.
Seiya de nuevo se lanzó a atacar y arremeter con fuerza a su enemigo, que cada golpe que bloqueaba le dejaba aún más heridos los brazos. La ventaja era completamente de Seiya, utilizar el Séptimo sentido lo mantenía con la energía necesario para seguir luchando, mientras que Lerón necesitaba tiempo para utilizar la energía de la armadura en su cuerpo con el Cosmo máximo. Desesperado, Lerón se lanzó hacia atrás buscando distancia para tomar energía, pero su desgaste físico le impidió reaccionar a tiempo, y Seiya acertaría una brutal patada, dejándolo derrumbado en el suelo nuevamente.
-Ya estoy cansado de esto Lerón… no quiero matarte, pero si seguimos así sabes que no podré evitarlo-. Seiya se acercaba lentamente a su antiguo alumno que luchaba por reincorporarse.
-Lo dices como si fuera un juego y estuvieras ganando-. Respondió Lerón entre forzadas risas.
-¡¿Un juego?! No tomes tu vida como un siempre juego Lerón. Debemos detener esto-.
-Cuando eres tú mismo eres un cobarde inmaduro, al menos tu otro lado no temía en demostrar lo que realmente piensas…-. Lerón poco a poco se volvía a poner de pie mientras Seiya se debatía en atacarlo o seguir hablando. -…esto es una guerra y somos guerreros. ¡Actúa como tal!-. Lerón expulsó la energía cósmica que acumuló en ese momento y se disponía a atacar.
-¡Tu vida no lo vale Lerón! Estas del lado incorrecto, no malgastes tu vida-.
-¿Mi vida te interesa? Eres un hipócrita, has arriesgado la tuya por Athena cientos de veces cegado por tus falsos principios-. Seiya comenzaba a sentir una rabia ante Lerón, sentía un impulso por lanzarse en su contra.
-Los Caballeros estamos del lado correcto, luchamos por la humanidad, damos nuestras vidas por el bien de todos, por mantener la paz. Esos son mis principios-.
-Si es así, ¿por qué el Patriarca rechazó la alianza? ¿Que hace los hace diferentes a nosotros, su poder? Athena ha provocado la guerra durante milenios, eso contradice sus principios ¿no te parece?-. Sin darse cuenta, Seiya estaba expulsando su Cosmo, cada vez más impulsado a atacar.
-Presta atención, su energía es oscura. Ellos no darían la vida por algo noble, mira lo que haces por ellos. Arriesgar tu vida para derrotarme-. Seiya sentía que no resistiría más y en cualquier segundo iría al ataque. La presión que le generaba el momento daba fuerza a la energía que lo tornaba, mientras que Lerón reía con agonía.
-Yo he venido aquí solo para desquitar todo lo que me hiciste pasar-. Por un momento Seiya sintió tristeza por su antiguo aprendiz, sentía culpa de que fue el quien lo convirtió en su oponente.
-Lerón… Yo… no me perdono por lo que te hice… pero sabes que no…-.
-¿Qué no eras en realidad tu? Ya te lo dije, ese falso tu fue mejor maestro de lo que tú mismo lo fuiste. Es la primera vez que hablas conmigo siendo tú mismo, no pienses enmendar las cosas ahora-. Lerón aprovechaba cada segundo para aumentar su cosmo y concentrarlo todo en su puño derecho.
-Tenía miedo Lerón. El miedo de fallarte me convertía en él, me era imposible mirarte a los ojos después de lo que te hacía pasar-.
-No pedía más que un maestro. Ni siquiera me dabas un consejo, ni una palabras de aliento, ¡No me diste nada que no fueran golpes!-. El destrozado rostro de Lerón no impidió que sobresaltaron las lágrimas de sus ojos, causando aún más desesperación Seiya, que estaba perdiendo de nuevo la conciencia.
-Aún podemos cambiar eso. Detengamos esto, seré el maestro que realmente mereces-. La energía en el puño de Lerón comenzó a reducirse, mientras su respiración se calmaba.
-Mi hermano... está cediendo-. Edmon veía incrédulo el radical cambio de su hermano, realmente Seiya estaba siendo lo que Lerón siempre quiso de él.
-Sagitario está cayendo en su juego-. Las palabras de Takuma desconcertaron aún más a Edmon, no sabía que era lo que realmente estaba ocurriendo. -La armadura de Seth sigue sirviéndolo-. Edmon entendió a la perfección lo que eso significaba. Lerón no había cambiado de parecer, desvió el tema en búsqueda de que Seiya bajara la guardia. Su hermano seguía firme en ayudar a los Guardianes y en un acto desesperado llamaría a Seiya para intentar prevenirlo.
-¡No le crea! ¡Tiene la armadura, quiere matarlo!-. Seiya reaccionó a tiempo para observar el aun mayor crecimiento de cosmo en el puño de Lerón, el cual era aún mayor por la energía de armadura de Guardián.
-Una vez te haya matado, habré enterrado el pasado y me encargaré de preparar el futuro… ¡Tsunami Estelar!-. Lerón extendió con fuerza su puño del cual se desprendió una enorme cantidad de energía que giraba entre sí misma, creciendo y reduciéndose en distintos puntos, rodeado de lo que parecía espuma de mar. Seiya apenas tuvo tiempo para reaccionar, sabía que ese ataque era mucho más fuerte.
-Esta vez no te dejaré futuro… ¡Cometa de Pegaso!-. Del puño de Seiya se disparó lo que en aspecto era un cometa. Su golpe viajaba a toda velocidad en contra de Lerón, dejando un rastro como una cola estelar. Ambos ataques chocaron con una gran fuerza. La magnitud fue tanta que la Casa entera se estaba derrumbando. Los escalones, tanto para bajar como para subir a las otras Casas, se desmoronaban. Preocupado, Takuma fue a toda velocidad a donde se encontraba Cormal, Edmon intentó ir tras él, pero este desapareció sin dejar rastro. Desconcertado, Edmon se alejó del lugar del choque, con la esperanza de encontrar a Takuma. Se dirigió al camino hacia siguiente Casa, pero no se veía nada que no fueran escombros de lo que antes eran escalones. El joven escuchó que el ruido cesó y dirigió su mirada a el punto de la pelea.
Edmon observó que Seiya tenía sujetada la muñeca derecha de Lerón con su mano herida por el ataque, pero una pequeña parte de su puño había atravesado su armadura, quedando muy cerca de su pecho
-Pudiste ser una gran persona…-. El puño derecho de Seiya había atravesado completamente el corazón de Lerón, el cual tenía la mirada perdida y una sangre más espesa le brotaba por la boca cayendo con velocidad al suelo. -Enserio lo siento Lerón… merecías una mejor vida-.
-Lo sé, y obtendré lo que merezco-. Seiya se sorprendió de que Lerón pudiera hablar, pero sin previo aviso, el puño de Lerón volvió a rodearse de energía -Siempre quise darte con esto, ¡Choque de Olas!-. El puño de Lerón tomó un tono amarillento brillante y atravesó el pecho del Caballero de Sagitario con la fuerza necesaria para que saliera por su espalda. Lerón retiró su mano del cuerpo de su antiguo maestro, dejando salpicaduras de la sangre de del Caballero en el suelo y, como si se tratara de un desecho, empujó a Seiya con el pie dejándolo tendido. -Olvidé decírtelo. Mientras tenga esta armadura puesta, seré inmortal. Jamás apostaría mi vida en un egoísta capricho, no soy tan tonto. Incluso con solo el antebrazo de la armadura yo ya tenía la inmortalidad, ¿creías que te pediría asesinarme enserio?-. Lerón miró a Edmon al otro lado de la Casa y, a pesar de aun estar exhausto y mal herido, pudo poner en su rostro una sonrisa difícil de descifrar. -Claro está que no puedo decir lo mismo del idiota de Takuma, al llevarse a Cormal de aquí perdió la inmortalidad. La Plegaria nos transporta a donde sea, pero solo puede usarlo un inmortal. Al usarlo perdemos nos volvemos mortales por unos 30 días o algo así y para tu desgracia, yo nunca la he utilizado-. Seiya no decía nada, no era capaz de hacerlo. Su vista se nublaba, sentía la necesidad de atacar a Lerón, pero le era imposible, estaba apunto de morir.
-¡Eres un maldito!-. Edmon corrió desde donde estaba y levantó el brazo para golpear a su malherido hermano, pero este detuvo el puño en seco poco antes de golpear a un Lerón que inclinó levemente la cabeza con aquel rostro confiado.
-Sabía que no podrías golpearme-. Lerón extendió su brazo y frotó el cabello de su hermano como lo hacía cuando este era más pequeño. -No tienes el valor para hacerme frente. En fin, Yasul dijo que matáramos a los Caballeros inservibles. Hasta aquí has llegado "hemanito"-. Edmon estaba paralizado. No sabía qué hacer, su mente estaba invadida por el miedo, pero no era por morir. Ni siquiera podía bajar el puño, no podía mover un solo musculo, ese sería su fin. Luchaba por moverse, pero era incapaz de lograrlo, al ver a su hermano apuntando a su estómago, cerró sus ojos y esperó lo peor.
Un fuerte estruendo se escuchó, pero Edmon no sintió nada. Al abrir los ojos, Hyoga se encontraba frente a él y su hermano había sido lanzado al otro lado de la Casa.
-¡Shaina llévate a Seiya de aquí rápido! Llévalo lo antes que puedas con su hermana Seika y con Marín. Si podemos hacer algo por él, es eso… ¡Rápido!-. Edmon miró a Seiya y efectivamente, Shaina lo estaba levantando, pero esta no llevaba la máscara puesta. Era una Shaina completamente diferente a la que conocía, esta estaba envuelta en lágrimas. Por un momento no entendió lo que significaba, pero al mirar a Xenova recordó la imposición de la Caballero femenina. Desde el día que Seiya vio su rostro detrás de la máscara, ella tenía dos opciones, y al no poder matarlo, se veía obligada a amarlo. Pero en esta ocasión, podría ser el momento de volver a cambiar de opción. Si Seiya no tenía posibilidad de vivir, estaba obligada a dar el golpe de gracia y acabar con la vida del Caballero a quien le había entregado su amor. Shaina corrió a toda velocidad por el pasadizo por donde salieron en la entrada de la Casa de Leo, sin poder imaginar el conflicto y el dolor que estaba teniendo que soportar la Caballero de Ofiuco. Al ver esto, Lerón intentó ir tras ella, pero Hyoga se colocó justo enfrente, impidiéndole el paso.
-No tengo nada en tu contra Hyoga, apártate o me encargaré ti-. Hyoga frunció el entrecejo, pero sus palabras parecían haber ignorado por completo lo dicho por el Guardián.
-Xenova, Edmon. Si pierde su armadura podrán matarlo, lo mismo ocurrirá si la destruyen… haganlo. Yo iré por Chirón y después ayudaré a Shiryu. Cometí un error al creer que aún eran los jóvenes que conocimos, debemos evitar que alcancen ese poder divino de nuevo-. Hyoga se dirigió a la siguiente Casa en cuanto Shaina se perdió de vista, y los dos Caballeros de Plata se prepararon para pelear. Pero Lerón se quedó plantado con la mirada un tanto perdida, pensando en aquellas últimas palabras de Hyoga antes de irse… "¿Poder divino eh?".
