3 horas, 8 minutos atrás. Casa de Acuario
Recién se presentó la explosión creada por los choques de energía de Seiya y Lerón, y fuera de la Casa de Acuario, en las escaleras que daban hacia la Casa de Capricornio, se apareció una enorme sombra seguida por dos hombres uno tomando al otro del hombro.
-¿Qué es lo que… donde estamos…?-. Preguntaría completamente confundido Cormal, mientras que Takuma mostraba un rostro de completo desagrado.
-Mírame, un dios rebajado a un simple niñero… No hay mayor deshonra para un Guardian que servir a un invasor-. Takuma se notaba en una increíble rabia, ocasionando miedo en el joven Cormal que esperaba la peor reacción posible de su protector. La cabeza de este miró al joven con unos ojos enormes que parecían explotar, por lo que Cormal se presionó para encontrar una manera de desviar el tema en la mente de Takuma.
-Este… ejem… ¿Cómo llegamos… hasta aquí…?-. Cormal sintió como cada pelo en su cuerpo se erizaba de pánico al presenciar la agresiva reacción de Takuma, pero contrario a sus sospechas, su respuesta fue bastante calmada.
-Use algo llamado "La Plegaria". Si se recita la oración a alguno de los Guardianes, nosotros acudimos al lugar exacto-.
-Pero… ¿Quién pudo rezar para que llegáramos aquí?-. La pregunta de Cormal molestó a Takuma, quien presionó con rabia sus puños y volvió a expresar su agresiva mirada.
-Si un Guardián utiliza La Plegaria sin una oración que lo invoque es considerado una ofensa a nuestros dones y perdemos el máximo regalo otorgado por la diosa Mun… nos volvemos mortales por un ciclo lunar completo-.
-No… no lo entiendo…-. Takuma dio un resoplido indiferente y comenzó a caminar hacia la entrada de la Casa.
-No me sorprende. No estabas listo para venir aquí, Rotéh debió dejar que te fueras la última noche en la cueva…-. Cormal sintió un vacío dentro de sí como si fuera culpa suya todo lo que estaba ocurriendo dentro del Santuario. Pensando en esto recordó que su autonombrado maestro continuaba en la Casa de Leo peleando contra Seiya y con miedo trataría de preguntar a Takuma sobre Lerón, pero en un movimiento rápido, el Guardián le ordenó silenció con su mano y se detuvo cerca de una columna. -Es Athena… así que aquella energía divina era la suya… Esto es muy malo-.
-¿Ella es Athena…? ¿Por qué es malo que ella este aquí?-. Preguntó en voz baja con un tono nervioso Cormal.
-A diferencia del Patriarca, ella es una líder con experiencia. En ausencia de este, es probable que ella tome el mando del ejército-.
-Aun no entiendo que tiene de malo…-. Takuma explotó de ira y tomó del cuello de su camisa al aterrado y tembloroso Cormal.
-Lerón, Chiron y el mismo Rotéh, son antiguos aprendices del Santuario. Son "seres queridos" de muchas personas aquí, por lo que el Patriarca pudo dar la orden de no matarlos. Pero Athena conoce el precio de la compasión en la guerra, no permitirá que se revelen de nuevo en su contra, y ahora, siendo mortal, corro el mismo riego de ser asesinado… es imposible negociar con ella-.
-Entonces, deberíamos irnos… estamos en peligro aquí…-. Cormal miró a todas direcciones con la esperanza de una salida rápida del Santuario que lo alejara de ese escenario que parecía una trampa de muerte.
-No seas tonto. Tenemos un plan para esto, mira ese reloj-. Takuma señaló la torre en donde el reloj zodiacal tenía encendidas en llamas azules como si fueras las horas normales de un reloj ordinario. -La llama de Libra acaba de extinguirse, han transcurrido 8 horas desde que llegamos al Santuario. Ya está en movimiento nuestro plan de reserva, solo debo informar a Rotéh acerca de la presencia de Athena-.
-No sabemos dónde está, ¿cómo le dirás eso?-.
-¿Recuerdas la oración para La Plegaria? Aunque no utilice la armadura de Guardián, Rotéh pacto con sangre su título como uno. No puede utilizar La Plegaria sin la armadura, pero si escucha las oraciones. Al no ser un dios legítimo, su cuerpo sufre un cambio breve pero notorio, sobre todo en sus ojos y su cabello. Acordamos que aquella sería la señal para indicar el cambio de circunstancias-. Cormal colocó su mano sobre su cabeza y se la frotó, veía muy complejo aquel plan, pero su mayor duda radicaría en que trataba ese nuevo plan. Dicha respuesta no tardó en llegar, pues Takuma parecía haber leído sus pensamientos. -A partir de ahora, nuestro deber es matar a todos los Caballeros-. Cormal estuvo por soltar un fuerte grito por la impresión, pero Takuma colocaría su mano en su boca para evitar ser descubiertos por Athena. -Guarda silencio y mantente oculto. Daré la señal a Rotéh y esperaremos aquí. Con Athena cerca, es muy peligroso para nosotros salir-.
2 horas, 48 minutos atrás. Casa de Géminis
Rotéh se sorprendió de ver que Shun llamara a Ikki a la batalla, pero no le dio mayor importancia, debido a que los movimientos del Caballero de Leo no lo lastimarían.
-Perderé mucha energía en esto hermano, debemos hacerlo rápido o nos pondremos en una mayor desventaja-. De las manos de Shun volvieron a caer las enormes cadenas brillantes mientras Ikki se preparaba para lanzarse al ataque.
-No perderé la oportunidad de acabar con ese maldito-. Ikki presionó con fuerza el suelo y se disparó contra Rotéh seguido por las cadenas justo detrás de él. Rotéh fue directo hacía Ikki buscando golpearlo, pero este se detuvo, dejando que las cadenas pasaran junto a él y de inmediato cambiar de dirección. En menos de un segundo, Rotéh estaba rodeado. Las cadenas se habían separado y atacaban por dos lugares diferentes, mientras que Ikki se aproximaba por un tercero. Sin pensarlo mucho, se dirigió contra Ikki, buscando acabar con él con un solo golpe. -Eres muy predecible niño, ¡hazlo ahora Shun!-. La cadena que tenía una afilada punta en el extremo, apareció frente al Caballero de Leo, rodeada de una neblina rosada.
-¡Cadena de Andrómeda!-. La cadena se volvió de un color metálico plateado, daba la impresión de que esta se había solidificado y se aproximaba directo a Rotéh. Este saltó buscando evadir la cadena, pero esta cambiaría su dirección, dirigiéndose de nuevo hacia su enemigo. -¿Qué esperas...? Hazlo ahora…-. El Caballero de Virgo mantenía la vista en Rotéh, esperando a que este actuara tal cual lo tenía planeado, pero para su molestia, Rotéh permitió que la cadena lo golpeara. Debido a la armadura de Aries, la punta de la cadena apenas llegó a cortar parte del estómago de Rotéh, recibiendo más daño por el impacto que por el filo. Ikki mostró aún mayor molestia, casi en cuanto la cadena golpeó a Rotéh, este utilizó su Plasma Relámpago, golpeando a su enemigo múltiples veces con ráfagas de luz que parecían caer del cielo. Rotéh cayó al suelo de espaldas, mientras Ikki, con gran ira, caía de pie justo frente a él.
-Fallamos… no puede ser fallamos…-. Se repetía Ikki en voz baja mientras Shun caía en una rodilla y se esforzaba por recuperar la respiración.
-Permitió que la cadena lo atacara, sabía lo que estábamos intentando…-. El Caballero de Virgo alzó su vista y observó que Rotéh ya se había puesto de pie y estaba de frente a un Ikki que no cabía de ira mientras sus cadenas volvían a perder su brillo.
-Me doy cuenta que las cadenas son verdaderamente fuertes, pero no creo que sea capaz de volver a usarlas Maestro Shun-. Este miró al Caballero que no era capaz de ponerse de pie a la vez que sus cadenas desaparecían de nuevo. -Por suerte, casi ni sentí el ataque del Maestro Ikki-. Impotente, Ikki sintió como su corazón palpitaba con más fuerza. Por más que intentara elevar su cosmo su cuerpo no reaccionaría a tiempo para dar batalla. Shun se percató de esto, no soportó ver a su hermano en esa posición, completamente distinto.
-¡Hermano!-. Ikki y Rotéh dirigieron su vista a Shun quien irradiaba su cosmo por todo su cuerpo como si de vapor se tratara. -Hagámoslo de nuevo…-. Las cadenas aparecieron alrededor del cuerpo de Shun, las cuales, perdían su brillo constantemente como un foco averiado.
-Con esas cadenas no podrá crear el mismo daño, solo malgasta su poder Maes…-. Antes de que Rotéh pudiera terminar, sintió un fuerte golpe en el rostro. Sorprendido, vio que era Ikki quien lo arremetía con una increíble fuerza, muy superior a la antes mostrada, la cual lo empujaría varios metros hacia atrás con la cabeza por delante.
-Jamás vuelvas a subestimar a Shun frente a mí, que te quede claro-. El aura de Ikki comenzó a irradiar de la misma manera que la de su hermano, y este se lanzó al ataque. Mientras el Caballero de Leo se aproximaba Shun sacudió las parpadeantes cadenas, y estas saldrían del suelo que rodeaba a Rotéh.
-Esta vez no permitiré que me ataquen-. Rotéh se dirigió a una de las cadenas ignorando a Ikki que se acercaba justo a su espalda. Este tomó la cadena puntiaguda y logró esquivar la cadena redonda. -Como creí, solo la que tiene la punta de lanza persigue al enemigo, mientras que la de punta de esfera solo ataca al punto que fue lanzada-. Rotéh miró al Ikki, con una pequeña sonrisa en su rostro. -Me parece que tengo la ventaja de nuevo Maestro Ikki-.
-Aun eres predecible niño-. Aquellas palabras crearon pánico en Rotéh, y lo peor se cumplió, pues al mirar la cadena que acababa de esquivar notó que su punta se había esfumado en el mismo vapor rosado.
-¡Cadena de Andromeda!-. Un fuerte empujón, seguido de un dolor seco en la columna de Rotéh lo harían soltar la cadena que sujetaba mientras perdía toda sensación por el intenso dolor que le causó la esfera de la cadena.
-No te mataré con mi fuerza, pero destruir esa armadura que llevas puesta…-. El puño de Ikki se rodeó de un aura roja muy intensa, la cual se extendió hasta su codo. -¡Ave…-. Sin posibilidad de esquivar o bloquear e ataque, Rotéh apenas pudo ver aproximarse al Caballero de Leo y sin pensar en nada más, logró apuntar la palma de su mano al ataque de Ikki.
-¡Muro de Cristal!-. Entre los dos, un muro casi imperceptible tomó forma. Rotéh sintió calma por un leve segundo de tiempo, hasta que miró la enorme sonrisa que expresaba el Caballero de Leo.
-Justo como quería… ¡Puño Fantasma!-. Ikki señaló su dedo índice contra el Muro, y un rayo de luz rojizo rebotaría y golpearía en la frente al Caballero.
-¡Nooo!-. El gritó grave y potente de Rotéh expresaba a la perfección su desesperación y miedo por lo que acaba de ocurrir. Para acompañar el grito, se le unió una risa burlona y conforme del Caballero de Leo, mientras que su aura se volvía más y más densa.
-Veamos si ahora sientes algo-. Rotéh alzó la vista con velocidad, pero no tuvo tiempo de reaccionar al ataque de Ikki que lanzaría su puño y múltiples ráfagas de luz caían del cielo hacia él. -Plasma Relámpago!-. Los golpes eran tan fuertes que la armadura de Aries estaba sufriendo daños serios, dejando que el cuerpo de Rotéh recibiera casi por completo la fuerza de los constantes golpes del ataque de Ikki hasta que por fin este se detuvo y Rotéh se desplomo en el suelo.
-Funcionó hermano… lo…-. Shun de nuevo cayó sobre su rodilla, exhausto por la gran energía interna que utilizó para lograr materializar las cadenas.
-No te presiones Shun. Efectivamente lo hemos logrado, eliminé esa tonta traba de mi cerebro con mi Puño Fantasma-. Ikki dirigió su vista al caído Rotéh y se acercó paso por paso. -Si vuelvo a utilizar todo mi poder en el siguiente ataque su armadura quedara hecha trizas, junto con su cuerpo. Acabaremos con esto de una vez-. Ikki levantó su puño, pero sería interrumpido por su débil hermano.
-¡No! Shiryu ordenó no matarlos. Tiene información que nos ayudara a prevenir…-.
-No digas estupideces Shun. No pudo apartar sus sentimientos de esto, lo demás es solo ocultar su debilidad-. Ikki se sorprendió al mirar el rostro de su hermano que fruncia el entrecejo.
-¿Qué habrías hecho tu si fuera Xenova a quien tienes enfrente?-. Aquella preguntó obligó a Ikki a bajar el brazo y dirigir toda su atención a su hermano.
-Yo haría lo que debo hacer. Ese es el deber un Caballero-.
-Eso es mentira hermano, no logras engañarme-. Shun logró ponerse de pie mientras que Ikki presionaba sus puños con gran fuerza.
-No es Xenova a quien tengo enfrente, es a un hombre que nos mataría si nos tuviera en su posición-.
-¡Son las órdenes del Patriarca!-. El aura de ambos Caballeros parecía crear explosiones con cada palabra que expresaban, evitando que se percataran del herido Rotéh a sus espaldas.
-Tiene razón Maestro Ikki-. Ambos Caballeros miraron golpeado joven con sangre en los labios. -Yo habría acabado con ustedes en cuanto tuviera la oportunidad, pero no lo haría por lo creyera o lo que sintiera. Lo hago porque son las ordenes-. Mientras Ikki permanecía con la mirada amenazante, Shun se acercó un poco hacia Rotéh.
-¿Ordenes? Pero… ¿Cómo es posible? ¿Estas diciendo que hay alguien además de ti?-. Rotéh dio un leve suspiro y la armadura de Aries dejó su cuerpo y regresó a la Casa donde pertenece, dejando a Rotéh desprotegido.
-El Séptimo sentido…-. Mientras Rotéh hablaba su cuerpo se rodeó de un aura rojiza y, en el cielo, apareció un brillo escarlata. -…es alcanzado cuando un Caballero que domina sus sentidos, explota su cosmo…-. Shun e Ikki se percataron del brillo en el cielo y buscaron acercarse a Rotéh. -… y deja de lado sus emociones…-. Los dos fueron detenidos en el momento que Rotéh levantó sus manos. -…pero esto es lo que ocurre cuando el Séptimo sentido es utilizado con la energía de una dios-. El brillo escarlata en el cielo se acercó con increíble velocidad y cubrió el cuerpo de Rotéh de una armadura oscura que destellaba un brillo escarlata, con el cuello que iba desde debajo de su oreja hasta su pecho con la punta afilada. Sus hombreras largas tenían una leve elevación y su torso era aún más oscuro.
-Hermano… Explota tu cosmo interno… solo así podremos movernos…-. Comentó Shun entrecortado por la dificultad para abrir la boca.
-Si hacemos eso… nos quedaremos sin energía… para pelear…-. Respondería de la misma manera Ikki.
-Eso no dará… más oportunidad que… quedarnos así… ¿listo?-. Un fuerte brillo iluminó a ambos y una pequeña explosión se creó, seguido de ambos Caballeros alejándose de Rotéh.
-No me estorbes Shun, esto será entre el y yo-. Ikki se adelantaría y se colocaría frente a su hermano.
-No digas esas cosas. No podemos vencerla solos, él ahora tiene un poder divino, es casi como si lucháramos contra Athena-. Ikki apretaría los dientes con rabia, sabía que Shun tenía razón. El poder de Rotéh era inalcanzable para ellos.
-Jamás podré volver a usar la armadura de Caballero, pero mi misión es más importante que mis emociones-. El aura de Rotéh irradiaba un color anaranjado, causando un fuerte escalofrío en Shun e Ikki, que luchaban por encontrar la manera de hacerle frente al ahora poder divino de Rotéh. -Esta es… la armadura de Anubis, el dios de la Muerte-.
