Edmon estaba encarando a su hermano minutos antes de que Rotéh se envolviera en la armadura de Guardián. En la Casa de Leo, un Lerón completamente cansado y herido intentó golpear a Edmon quien, con un paso hacia atrás, esquivó el golpe.

-No hay nada que puedas hacer ahora, será mejor que te rindas-. Lerón se negó con un fuerte gritó y de nuevo buscó el golpe, pero esta vez, Edmon sujetó su puño y remató tan duro a su hermano que cayó sin aire al suelo. -Si aún fueras un caballero, te pondrías de pie…-. Edmon le dio la espalda a su hermano y camino un poco. -Un Caballero solamente cae cuando su conciencia lo abandona, pero eso nunca ocurre, porque Athena siempre nos guía y nos mantiene férreos. Tu ya no tienes quien te guíe-.

-No necesité nada de eso contra Seiya-. Lerón se intentaba poner de pie, pero al decir aquello recibió una patada en el estómago que lo obligaría a caer nuevamente.

-El Maestro Seiya te habría derrotado si quisiera-. Edmon estallaba de rabia mientras Lerón se ponía de pie con dificultad.

-Fue su error haber sucumbido a esas emociones-.

-Xenova sigue con vida porque tu sucumbiste a las tuyas. Eres tan importante para el Maestro Seiya como Xenova lo es para ti-.

-Imbécil. Lo único importante para un Guardián es la misión. Los Caballeros se hacen creer que son firmes a sus objetivos, pero no son capaces de apartar sus sentimientos. Es la misma Athena quien los vuelve débiles-. Esta vez Edmon se mantuvo en silencio analizando las palabras de su hermano. Seiya no lo derrotó por ese motivo, pero ¿sería igual con todos los Caballeros? Si así fuera, estaban en desventaja, pero ¿es desventaja para qué?

-Más te vale ser claro-. Edmon tomó del cuello a su hermano y lo empujó hasta el muro creado por la montaña que escondía al Santuario. -¿A que han venido aquí?. Lerón trató de zafarse, pero la energía que le otorgaba la armadura no era suficiente para que su cuerpo recuperara su fuerza. Por un momento parecía que caería desmallado, pero Edmon presionó con más fuerza. -¡Habla!-. Lerón no tenía opción.

-Venimos a… pedir ayuda de los Caballeros…- Esto molestó a Edmon y separó un poco a Lerón del muro para volver a azotarlo contra este.

-¡No mientas!-. Gritó con enojo el Caballero.

-No es mentira… ese es el plan, o al menos lo era. Los guardianes no saben cómo liberar a Mun, y esa información esta oculta en el Santuario. Yasul quería que aniquiláramos el Santuario, pero Rotéh quería intentar una alianza. Acordaron buscar la alianza, usando las emociones del Patriarca hacia con alguno de nosotros para evitar el conflicto, pero el plan cambio, la alianza ha fallado. El plan ahora es aniquilar al Santuario-.

-Mírate. ¿Qué tanto creen que podrán hacer contigo así?-. Edmon se llevó una sorpresa al ver que Lerón no reaccionara asustado o dudoso, pues mantenía su rostro presionado pero confiado.

-Todo ha estado planeado hermanito. Tenemos planes desde la A hasta la Z por cualquier ligero cambio. Se ha previsto todo. Incluso si uno de nosotros muere, el plan resultara-. Edmon golpeó con rabia el estómago de Lerón, dejándolo nuevamente sin aire, repitiendo el golpe un par de veces más. Levantó más el brazo para su siguiente golpe. Su puño se cubrió de su cosmo azul brillante y con un potente grito dirigió el golpe al pecho de su hermano pero, antes de golpearlo, se detuvo en seco y dirigió su mirada a la Casa Géminis asustado.

Esta vez no sentía el miedo de perder a su hermano. Tenía una sensación distinta, una presencia de temer cerca. Una energía enorme, similar a la que había sentido horas atrás por la Casa de Acuario, pero esta era agresiva, irradiaba maldad, y con peste de muerte. Edmon soltó a Lerón, el cual cayó al suelo. Nervioso, Edmon le preguntó con una voz tenue si sabía de quien o que se trataba aquello. Lerón no podía moverse, pero creía entender lo que ocurría.

-Poder… divino…-. Dijo mientras trataba de recobrar el aire. -De eso hablaba Hyoga. Los Guardianes pueden obtener el poder de un dios-. Los dos hermanos mantenían la vista fija en la Casa de Géminis, hasta que un fuerte dolor invadió el cuerpo de Lerón.

-¿Qué te ocurre?-. Preguntó Edmon después de escuchar el desgarrador grito de Lerón, quien no era capaz de responder. -¡Hermano, ¿Qué ocurre?!-. Edmon comenzó a asustarse, imaginando lo peor, aun conociendo la inmortalidad que brindaba la armadura de Guardián. Pocos segundos después, el cabello de Lerón tomó un tono opaco y rojizo, como sangre seca. Levantó la mirada y, en medio de una forzada risa, Edmon se perdió en los ojos completamente oscuros de su hermano y unas voces entraron en su cabeza.

-qadam Sith haflat tarhib kabirat waqadam thdyana lilduyuf-. Se escuchaba en varias voces, pero todas seguían ese orden de palabras.

-Nos vemos, hermano-. Las voces cesaron y Edmon volvió en sí, pero Lerón ya no estaba. Se había esfumado completamente sin dejar rastro. Giro su cuerpo para mirar a su alrededor, pero su hermano ya no estaba. Miró a Xenova y de nuevo el poder en la Casa de Géminis llamó su atención. Sin perder más tiempo, despertó a Xenova quien de inmediato sintió aquel inmenso poder y ambos se encaminaron a la Casa de Géminis.

1 hora, 52 minutos atrás.

Todo estaba oscuro. Había una respiración acelerada. Una sensación de ir en un carro a toda velocidad, pero no había viento que chocara. Algo húmedo cayó, ¿agua? Una gota más cayó, seguida de un par más. ¿Estaba lloviendo? Una voz comenzó a sonar. Aguda, algo ronca gritando un confuso mensaje. Se comenzó a aclarar su vista y un destello verde y morado llenada su entorno. El mensaje comenzaba a tener sentido. Un repetido "RESISTE" hacía eco a su alrededor. Trató de mover su brazo izquierdo, pero un increíble dolor invadió su pecho. Su mano derecha se movió y un calor húmedo tomó lugar. Bajó su mano y otra sensación de calor invadía su cintura, se acercó más a donde provenía esa sensación, pero se arrepintió en el segundo que sintió una cuchilla atravesando su costado. Colocó sus dedos frente a sus ojos y un líquido rojizo se deslizaba por ellos. ¿Sangre? Una imagen cruzó por su cabeza… era alguien que conocía, alguien a quien apreciaba, alguien a quien lastimaba.

-Le… ¿Lerón? ¡Shaina!-. La oscuridad dejó de ser un obstáculo. Era capaz de distinguir todo lo que veía. Unos muros y techo opacos del color café griseaso de una montaña, su cuerpo estaba suspendido. Giró a su derecha y el rostro agresivo con lágrimas de Shaina miraba hacia adelante. Antes de poder decir algo, un fuerte estremecimiento lo invadió. -¡Shaina espera!-.

-¿Seiya?-. La Caballero de Ofiuco se detuvo, dándole la oportunidad a Seiya de soltarse. Notó que su armadura ya no estaba con él y miró a Shaina. -Te quite la armadura para llevarte más fácil en mis brazos, pero aquí esta-. De su espalda dejó caer una muy perjudicada armadura dorada.

-¿Dónde estamos?-. Preguntó el Caballero mientras tomaba su armadura y con dificultad se vestía con esta.

-Es un pasadizo creado por Hyoga e Ikki que va de la entrada del Santuario a la Casa de Leo. ¿No estarás pensando pelear en ese estado verdad Seiya?-. El Caballero de Sagitario se puso de pie, nuevamente veía borroso y sentía como su cuerpo se tambaleaba.

-El Santuario está bajo ataque y Athena en peligro, no puedo quedarme de brazos cruzados-. Shaina le dio un pequeño empujón a Seiya, el cual cayó sin oponer resistencia.

-Deja de decir estupideces Seiya. Estas al borde de la muerte. No eres el único que puede pelear, vive hoy y pelea mañana-. Seiya solo podía mirar el suelo. Shaina tenía razón, él ni siquiera era capaz de mantenerse de pie.

-¿A dónde piensas llevarme?-.

-Con tu hermana Seika en el pueblo Kleíno-.

-Pero… Ella no me curara estas heridas. Nadie en el pueblo tiene la capacidad médica para hacer algo así-. Shaina mantuvo su rostro firme con las cejas caídas como si estuviera molesta.

-Tienes razón. Nadie puede curarte-. Shaina le brindó su mano a Seiya para ayudarlo a ponerse de pie. -Tu muerte es algo inevitable-. La piel de Seiya se erizó con esas palabras. ¿Sus heridas realmente eran tan graves que moriría? No sabía que pensar, no sabía qué hacer. Solo le quedaban horas de vida, es imposible que acabe así. Su pensamiento fue cortado por la voz de Shaina. -Te entrenaste y luchaste mucho tiempo para volver a ver a tu hermana. Mereces tener tus últimos momentos junto a ella-. Por un momento permanecieron en silencio. Seiya miró a la izquierda y cerró sus ojos, sintió como su cuerpo se estremecía.

-¿Sientes eso?-.

-¿Ese poder gigantesco? Es la segunda vez que se hace presente, pero esta vez parece ser más agresivo…-. Seiya miró fijamente a los ojos esmeraldas de Shaina. -Se lo que estás pensando… y para nada es buena idea-.

-Tu dijiste que viviera hoy para pelear mañana-. Los ojos de Seiya se llenaron de lágrimas mientras exponía sus dientes, lleno de rabia. -No llegaré a mañana… quiero que mi muerte sea como mi vida…-. Shaina se acercó a Seiya y lo tomó del hombro, ocasionando que este se enderezara y forzara su rostro. -Por Athena… ¡Meteoro de Pegaso!-. Seiya golpeó con su ataque la gruesa capa de roca y la apagada luz de la neblina entro. Dio unos pasos hacia afuera y se recargó en el margen de la roca, reconociendo que se encontraba entre las Casa de Tauro y Géminis, para seguido mirar a Shaina.

-No puedes ir tu solo hasta allá-. La Caballero se puso su máscara y salió junto con Seiya, llevándolo sobre sus hombros a la Casa de Géminis.

Casa de Géminis

Ikki y Shun se lanzaban constantemente contra Rotéh, pero este los repelía únicamente con la mirada. Cansados de los intentos de acercarse, Ikki trataría de realizar un ataque a la distancia, pero Shun lo detendría.

-Recuerda lo que le ocurría a Seiya en el Templo de Poseidón. Si de verdad es un dios, nuestros ataques irán en nuestra contra-. Por un momento, parecía que Ikki se arrepintió por las palabras de su hermano. Pero sin poder reaccionar, Shun fue lanzado un par de metros e Ikki se dirigió al lado opuesto y lanzó un poderoso Plasma Relámpago.

Los rayos de luz se dirigieron a Rotéh, pero tal como Shun creía, sus ojos brillaron y los ataques se desviaron, golpeando al Caballero de Leo sin cesar, hiriéndolo bastante.

-¡Hermano!-. gritó Shun mientras se acercaba a Ikki, quien se levantaba con cierta dificultad.

-Quedó claro que su cosmo realmente es el de un dios. Aún nos falta saber cómo superarlo-. Comentó Ikki mientras su hermano lo ayudaba a reincorporarse con una expresión reprobatoria.

-Ustedes no podrán superarme. El único motivo por el que siguen con vida es por mi deseo de conocer este poder. Pero tal como les dije, al final sus días como Caballeros habrán terminado-. Casi como si no prestarán atención, los Caballeros se lanzaron al ataque tratando de tomar por sorpresa a su enemigo. Sin embargo, los ojos de Rotéh brillaron de nuevo, y ambos fueron expulsados a diferentes extremos de la Casa. -No parecen tener mucho más que ofrecer-. Ikki se pondría nuevamente de pie, pero esta vez no estaba seguro de atacar. A diferencia de Shun, el aún conservaba mucha energía, pero no tenía la seguridad de continuar con el combate.

-Lo intentaré nuevamente, ¡Aunque me cueste la vida!-. Ikki se lanzó contra Rotéh, pero esta vez una gran ave formada de destellantes llamas de un vivo rojo se formó detrás del Caballero y se abrió pasó. -¡Ave Fénix!-. El miedo de Ikki se incrementó al ver como Rotéh dirigió su mirada a él, pero no le importaba y con un rabioso gritó se lanzó más hacía adelante.

-¿Qué es lo que…-. Rotéh no podía creer que el ave Fénix continuara avanzando. El cuerpo del Guardián irradió el anaranjado brillo de su aura deteniendo el avance del ataque. Levantó sus brazos y el Fénix comenzó a retroceder. El cuerpo de Ikki irradiaba una dorada aura delgada, la cual tenía cubierta una más gruesa aura roja como el fuego. Por momentos el Fénix lograba frenar, pero esto no duraba mucho, retrocediendo cada vez más rápido. -¿Cómo es posible que su cosmo rivalice con mi energía?, no lo entiendo-. Rotéh avanzó hacia Ikki, obligando al Fénix a retroceder con mayor velocidad.

-No… No caeré…-. Se decía asimismo el Caballero de Leo. Cuando menos pensó, sus rodillas golpearon el suelo y su brazo parecía que se haría polvo. Las llamas del Fénix estaban a centímetros de su rostro.

-¡Tormenta Nebular!-. Un fuerte viento de un brillo morado se lanzó contra el Guardián, obligando a este a mover su brazo derecho para detener el ataque. Tras el poderoso ataque se encontraba Shun que, aunque se veía agotado, logró crear un ataque casi tan fuerte como el Fénix de Ikki. El poder de ambos Caballeros estaba arrinconando a Rotéh quien comenzó a retroceder ante los dos poderosos ataques, sin embargo, el dolor en ellos crecía a cada segundo. Ambos sabían a lo que se arriesgaban, el calor que generaban ni siquiera las armaduras doradas eran capaces de soportar. Rotéh notó que la Tormenta y el Fénix se acercaban cada vez más a él.

-¡Basta!-. El cabello de Rotéh se volvió nuevamente de un rojo opaco para en seguida empujar su mano derecha y golpear de lleno a Shun con su Tormenta, elevándolo y azotándolo contra el suelo con increíble fuerza.

-¡Shun!-. Ikki trató de moverse, pero su Fénix se dirigió contra él, obligándose a luchar por mantener su ataque lejos.

-Tiene algo más importante por lo que preocuparse Maestro Ikki-. Rotéh nuevamente comenzó a caminar hacia el Caballero. -De cualquier manera, nadie sobrevive a la Tormenta del Maestro Shun, ni siquiera él-. Ikki ardía en colera.

-No hay nada más importante que la vida de mi hermano, y jamás te atrevas a subestimarlo. Su corazón es tan grande como su poder y tu solo eres un niño con un poder regalado-. Rotéh se detuvo al instante.

-No me importa la opinión de un cadáver-. Empujó su mano en dirección a Ikki y el Fénix cambió su trayectoria. El poder del Caballero ya no era suficiente, logró ralentizar el ataque, pero nada más. No importaba lo que hiciera, el ataque acabaría con su vida. Aun así, Ikki mantenía su puño al frente, sin ceder. Por su mente cruzaron muchas imágenes, muchas voces. Parpadeó y frente a él una isla se hizo presente, era como si él estuviera ahí. El aire se volvió fresco y soplaba con gracia. A lo lejos se escuchaban olas golpeando contra el suelo y una bella figura estaba al frente.

-¡Esmeralda!-. El Caballero estaba boquiabierto. Tal como su nombre incitaba, el hermoso brillo esmeralda era el adorno en un lindo e inocente rostro joven con una rizada cabellera rubia.

-Ikki…-. La joven se acercó al Caballero y colocaría su mano en su rostro, por el cual las lágrimas comenzaron a caer. Esmeralda desenfocó su mirada hacia la izquierda de Ikki obligándolo a girar su cabeza.

-¡Shun!-. Junto a ellos estaba presente el Caballero de Virgo, quien sonreía con la misma inocencia de siempre. Ikki miró a ambos con el rostro lleno de lágrimas pidiendo perdón por no poder protegerlos.

-Hermano, aún no hemos terminado-. Shun levantó su brazo izquierdo, ofreciendo su mano para estrechar a su hermano. -Nuestros cosmos unidos podrán con él-. Confundido, Ikki tomó el antebrazo de su hermano, pero estaba frío. Intentó soltarlo, pero le era imposible, y el antebrazo de Shun se cubrió de una armadura oscura, muy diferente a la brillante armadura dorada de Virgo.

-¿Qué significa esto Shun?-. Preguntó inquieto Ikki, pero al levantar la vista, observó unos fríos ojos inexpresivos en el rostro de su hermano y su cabello ya no era igual, sino que se había vuelto negro como la oscura armadura que lo cubría.

-No le permitas ganar-. El cuerpo de Shun desprendió una increíble aura negra que pasaría por su brazo hasta el Caballero. Desesperado, Ikki luchaba por liberarse, pero parecía estar soldado la armadura oscura. El Caballero de Leo sintió un tibio toque en el hombro y vio a Esmeralda junto a él quien solo lo veía con sus hermosos ojos brillantes.

-Te esperaré…-. Ikki cerró sus ojos y las palabras de Esmeralda resonaron en su cabeza. Parecía un sueño, un sueño que se destruyó al abrir de nuevo sus ojos. Estaba en la Casa de Géminis y frente a él un Fénix gigantesco formado por llamas negras lo sorprendió. La criatura se lanzó en contra de un desconcertado Rotéh que no fue capaz de detenerlo.