57 minutos atrás. Casa de Géminis

Un calor inmenso abrazaba al Caballero de Leo y frente a él un gigantesco Ave Fénix con llamas oscuras que imitaban al aura que su hermano en esa extraña visión. Rotéh estaba desconcertado, no entendía lo que ocurría. Ya no era solo el cosmo de Ikki, estaba el de Shun ahí y un cosmo distinto, tan malvado y agresivo como el suyo que impulsaba al Ave Fénix.

Completamente indefenso, Rotéh recibió de lleno el poderoso ataque creando una nube oscura en el lugar del impacto. Tras el impacto, Ikki corrió junto a su hermano, quien aún se encontraba derrumbado en el suelo.

-¡Shun! Levántate, deprisa-. El Caballero de Virgo abrió lentamente los ojos mientras Ikki vigilaba la densa nube negra en el centro de la Casa. Sin decir palabra alguna, Shun se puso de pie y señaló a la nube de humo de la cual una figura se distinguía.

-¿Cómo hizo eso…?-. El cuerpo de Rotéh no parecía haber recibido daño alguno, pero su casco se encontraba en el suelo y su mirada parecía perdida hasta el momento que vio a los Caballeros, regresando su ira. -Esto se acaba aquí…-.

-No sé qué hiciste hace unos momentos Shun, pero necesito que vuelvas a hacerlo. Solo esos ataques servirán contra él-. Ikki miró a su hermano, pero este no parecía de acuerdo. -¡Shun, date prisa!-.

-No fui yo quien lo hizo-. Shun permaneció con la cabeza baja, pero antes de que Ikki lograra hablar un grito resonó.

-¡Dragón Asciende!-. Un gigantesco Dragón con un brillo verde y una mirada escarlata se lanzó como flecha en contra de los Caballeros. Sin pensarlo mucho, Ikki lanzó a su hermano para alejarlo del ataque. Shun dirigió su mano hacia Ikki y una parpadeante cadena se atravesó en el camino del Dragón.

-¡Defensa Rodante!-. La cadena detenía el ataque, pero el Dragón era demasiado fuerte para las cadenas que perdían constantemente su brillo y lograba pasar la defensa para golpear al Caballero y ser repelido nuevamente.

-¡¿Qué estás haciendo Shun?! ¡Te atacará si me sigues protegiendo!-. Ikki trataba de pasar por la defensa, pero le era posible encontrar un escape.

-Nada mal Maestro Shun, su cosmo es realmente de admirar, pero sin vida no le servirá de nada-. Rotéh dirigió su puño a Shun, y el Dragón cambio su trayectoria y arremetió contra el Caballero. La cadena desapareció e Ikki se reincorporó casi al instante que, para su desgracia, a tiempo para escuchar el horrible grito de dolor que Shun emitió cuando el gigantesco Drágon destruyó la armadura de Virgo y sus escamas lo golpeaban mientras pasaba por él como si lo hubiera tragado.

-Maldito mo…-. Antes de que Ikki lograra acercarse a Rotéh, sus ojos nuevamente brillaron y el Caballero fue expulsado hacia atrás. Ikki se trató de poner nuevamente de pie, pero de inmediato fue tomado del cuello por Rotéh. El Dragón ya no estaba y el cuerpo de Shun cayó como costal contra el suelo, infundiendo un miedo enorme dentro del Caballero de Leo.

-Tranquilícese Maestro Ikki, pronto podrá ver de nuevo al Maestro Shun-. Ikki sentía como el aire comenzaba a escasearse en su pecho y perdía el enfoque de su vista. -Vaya manera de morir para un Caballero… al menos le dio a Larudo una muerte más digna-. La mano de Rotéh presionó con más fuerza el cuello del Caballero.

-No hay… dignidad… en morir… como traidor…-. La falta de aire le dificultaba hablar a Ikki, sentía ligera la cabeza y pesado su cuerpo. Ni siquiera era capaz de emanar su cosmo.

-No es traición luchar por algo más grande, pero si es indignante morir como un perro de Athena-. La vista de Ikki se estaba perdiendo, sentía que sus ojos no tardaban en botar de sus cuencas.

-¡Ikki!-. Rotéh miró a la entrada de la Casa y vio a un muy molesto Seiya sobre los hombros de Shaina.

-Maestro Seiya…-. La mirada del Guardián se tornó horrorizada y liberó el cuello de Ikki dejando caer al Caballero. -Si sigue con vida significa que Lerón falló y Cormal está…-. Rotéh quedó en silencio y bajó la mirada. Shaina vio los cuerpos de Shun e Ikki en el suelo, sintiendo un golpeteo en la garganta y un escalofrío en la nuca. Dos Caballeros dorados habían caído contra él, ¿Qué tanto podrían hacer ella y un moribundo Seiya contra alguien así?

-Seiya… ¿Cuál es tu plan ahora?-. Shaina retrocedió esperando respuesta, pero fue Rotéh quién parecía prestar más atención.

-Cormal… Lerón…-. El cuerpo de Rotéh parecía hervir por una densa nube de vapor que se formaba a su alrededor. Levantó su vista y sus ojos ardían en una desorbitante colera. El miedo recorrió desde los talones hasta la mollera a la Caballero. Miró el suelo, se postró sobre su rodilla y se disparó. Como era de esperar, Rotéh solamente miró a la Caballero que parecía arremeter un golpe a distancia. Sus ojos brillaron cuando el brazo de Shaina golpeó el aire, pero nada ocurrió.

-Toma… ¡esto!-. Shaina dio un brinco y giró en el aire para finalizar lanzando un trozo del suelo con su mano, que golpearía el rostro de Rotéh causando una pequeña cortada en su frente. -Solo tu poder es de un dios, el resto de ti sigue siendo de un mediocre-.

-¡Estúpida!-. Shaina se cubrió, pero fue inútil. El puño de Rotéh se rodeó de destellos dorados que giraron a su alrededor. -¡Revolución de Polvo Estelar!-. Los destellos golpearon a Shaina y la elevaron del suelo para hacerla girar y perforar cada contacto. Aun con todo, la Caballero se mantenía en silenció hasta que su armadura se pulverizó y el ataque la golpeaba directo en su cuerpo. Seiya intentó defenderla, pero cayó contra el suelo en su intentó por moverse. Rotéh se percató y dejó su ataque para acercarse a Seiya. -Esta moribundo. Esas heridas en su cuerpo son profundas y mortales-. Shaina cayó de golpe al suelo. -Sería un malgasto de energía apresurar su muerte… veo que la muerte de Shaina le dolió. Si presta atención también notará el cadáver del Maestro Shun-. Seiya miró la escena, y en efecto, del otro lado de la Casa estaba el destruido cuerpo de Shun sin rastro de su armadura dorada.

-¿Cómo es posible que hicieras eso… como esperan una Alianza después de lo que han hecho?-. Seiya luchaba por separar su pecho del suelo, pero Rotéh lo pondría bocarriba con su pie.

-La oferta caducó hace tiempo. Al parecer Athena intervino y no hay rastro del Patriarca, lo que vuelve a algo casi imposible en algo imposible… Ahora nosotros seguimos el plan de los Guardianes…-. Las palabras de Rotéh fueron interrumpidas por un tosido proveniente del Caballero de Leo.

-Ikki… sigues con…-.

-No por mucho-. Rotéh tomó del cuello a Seiya, quien soltó un grito desgarrador de dolor, y lo dejó con cuidado en el suelo de pie. -Se que usted no quiere morir… pero me haré que deseé estar muerto-. Comenzó a caminar hacia Ikki mientras su mano emanaba su aura anaranjada.

-¡NO! ¡IKKI, POR FAVOR DETENTE!-. Seiya volvió a caer al suelo tras su intento por detener a Rotéh. Cada fibra de su cuerpo se esforzaba por ponerse de pie, pero era inútil.

-Seiya…-. El Caballero dirigió su mirada a aquella voz. -Si quieres ayudar… bríndame tu cosmo…-. Shaina seguía con vida, pero su energía no era suficiente para poder levantarse por sí misma.

-¿Qué ganaremos con eso? No lograrás hacerlo daño-.

-¡Date prisa quieres!-. Rotéh se detuvo al sentir un gigantesco cosmo detrás de él. Al girar, quedó perplejo por ver a Shaina de pie. De su cuerpo un aura morada se emanaba, pero esta se revoloteaba y tornaba constantemente a un tono azul más claro.

-¿Seguías con vida…? De verdad son difíciles de…-. De un momento a otro el aura de Shaina estaba emanando un vapor oscuro, uno que Rotéh ya había visto en las llamas del Fénix.

-¿Seiya, qué es este cosmo?-. El Caballero de Sagitario veía a Shaina de manera violenta, como si de un enemigo se tratara. El aura negra se volvía cada vez más constante y ese cosmo predominaba en Shaina, dejándola atónita al igual que a Rotéh. Seiya dirigió su mirada a Shun. Su cuerpo, aunque inmóvil, irradiaba un aura oscura similar y entonces los labios de Seiya se separaron aún con esos ojos de asesino.

-No le permitas ganar-. El rostro de Seiya golpeó el suelo al caer inconsciente. Shaina sintió un fuerte impulso por colocar al Caballero en sus brazos, pero sabía que primero debía encarar a Rotéh con el poder que Seiya le brindó.

-Aquí es donde se acaba todo para ti Rotéh-. Shaina se lanzó con rabia en contra del guardián, su mano como garra emano un aura morada acompañada de rayos del mismo tono. Sabiendo que no podría detenerlo, Rotéh no tuvo más que combatir puño contra puño. De su mano brotaron destellos que con velocidad giraron a su alrededor y, al igual que su oponente, se dirigió a encararla. Se aproximaron con suma velocidad al encontrarse cara a cara lanzaron sus ataques con el objetivo de matar.

-¡Garra de Trueno!-.

-¡Revolución de Polvo Estelar!-. Un rayo morado parecía partir la Casa seguido de una explosión dorada que mandaría a volar el poco techo que quedaba. Se deslizaron unos metros y permanecieron espalda con espalda hasta que alguien tosió y un brote de sangre como chorro de agua cayó al suelo.

-Eso estuvo muy cerca-. Shaina giró su cabeza y de su máscara escurría sangre, mientras Rotéh tenía una gigantesca herida mortal en el costado izquierdo, pero giró su cuerpo como si de un aruñón se tratara. -Pude haber muerto, pero olvidé la ventaja de esta armadura-. Shaina trató de girar su cuerpo, pero a la mitad cayó de rodillas.

-Es… imposible…-. La Caballero empezó a gatear, pero Rotéh se colocó frente a ella y la detuvo con el pie.

-Mientras tenga esta armadura no moriré, supuse que ya lo sabrían-. Rotéh volteó a Shaina quien quedó mirando el cielo oscuro para de inmediato recibir el pie de del Guardián sobre el pecho.

-No puede ser la armadura… yo acabé con el hombre en la… Casa de Aries…-. Shaina escupía sangre con cada palabra que salía de su boca, mientras Rotéh se apoyaba más sobre su pierna.

-Así que tu derrotaste a Rueizen. Me temó decir que ha fallado Shaina-. El pie de Rotéh presionó aún más el pecho de la Caballero quien ya no era capaz de hablar por el inmenso dolor. -Rueizen sigue con vida, y él está llevando a cabo su parte del plan. No lo dejé pelear en la Casa de Aries por nada-. Rotéh sonrió levemente y levantó su puño con su aura rodeándolo. -Aquí es donde se acaba todo para ti, Shaina-. El Guardián se disponía acabar con la Caballero, pero el entorno cambió. A su alrededor cientos de tapetes rojos bordados con figuras de Buda aparecieron y detrás de él, Shun.

-Te tengo… no podrás huir ni atacarme dentro del Anillo Danzante del Cielo-. Rotéh giró la mirada e intentó acercarse a Shun pero no lograba moverse de su lugar.

-¿Comó es que sigue con vida?-. Preguntó completamente acorralado el Guardián.

-¿Crees que sigo con vida? Tal vez estoy muerto y mi cosmo es el que te atrapó-. Shun levantó sus piernas y su cuerpo levitaba sobre el increíble vacío debajo de ellos. -Los Caballeros de Virgo somos personas que utilizamos el Cosmo como arma en lugar de los puños, lo que significa que nuestro Cosmo debe ser más grande… Debemos ser los más cercanos a dios-. Shun bajó sus brazos y un cegante rayo iluminó el eterno vacío. Pero fuera de aquel lugar, el Cosmo de Shiryu se habia hecho presente de nuevo en el Santuario.