-¡Edmon eres un perfecto idiota!-. Xenova dio un leve golpe hacia abajo, acertando en la cabeza del joven que la llevaba en hombros.

-Basta de eso. No iba pelear contra él sabiendo que podría matarlo-. Un segundo golpe aterrizó en la cabeza de Edmon.

-Justamente debíamos matarlo-. Edmon se detuvo y molesto dejó caer a una Xenova que no lograba ponerse de pie por si sola.

-Es fácil decirlo para ti. Le mostraste tu rostro y ya que obviamente no puedes amarlo, te deja el camino abierto para…-. Edmon no pudo pronunciar la última palabra, un nudo en la garganta se producía cuando imaginaba la pérdida de su hermano mayor. Xenova, a quien se le veía la mitad del rostro, no pareció dar importancia y extendió su mano hacía Edmon.

-Date prisa y ayúdame-. Edmon la tomó de la mano y la colocó sobre su espalda. Para retomar el camino hacia la Casa de Géminis.

-Eres la persona más insensible que existe Xenova-. La joven Caballero estuvo a punto de responder, pero un escalofrío la haría pedir a Edmon detenerse. Fue evidente que él también tuvo la sensación, pues de inmediato giró su mirada hacia la cima del Santuario y hablaron al unísono.

-Maestro Shiryu…-.

Otra Dimensión

Shiryu caminó lentamente hacía su enemigo que buscaba desesperado un escape de aquel lugar.

-Podemos salir de aquí sin pelear. Solo debes responderme-. Yasul se molestó de la proposición del Patriarca, dirigiéndole una mirada de repudio.

-¿Qué es lo que quiere saber?-. Su voz emanaba un toque de resignación, el cual Shiryu detectó de inmediato.

-Háblame de tu diosa y de cómo logras transportarte dentro del Santuario-. Shiryu agradeció no bajar la guardia, pues Yasul intentó golpearlo. Era claro que este se había molestado de la pregunta, pero el Patriarca presumió su fuerza al expulsar a su enemigo de un golpe. -¡Habla ahora!-. La actitud de Shiryu sorprendió a Yasul. El tono empleado y la manera de ordenar obligaron a Yasul a admirar esa postura.

-Tal vez el Patriarca es alguien menos voluble de lo que supusimos-. Se limpió la sangre de su labio y prosiguió. -Mi diosa Mun se encuentra sellada. Nuestra misión es romper el sello y liberarla. Su poder es muy superior a Athena, de hecho, es mucho más poderosa que Hades, Poseidón y Zeus juntos-. El Guardián mostró una mirada más confiada cuando notó el desconcierto en Shiryu. -Y por La Plegaria no debe preocuparse. Utilizaba a Korel para acercarse a usted, recitando una oración constante. Así es como me transportaba durante el combate-.

-¿Cómo apareciste en la puerta de la Sala? Hay al menos kilómetro y medio entre cada casa. Ni siquiera volando habrías llegado tan rápido-. De nuevo Yasul trató de arremeter a Shiryu pero, una vez más la derecha del Patriarca fue más que el Guardián. -¡Hay algo más en esa Plegaria, ¿no es así?! No necesitan de oraciones para realizarla-. La inmensa aura dorada de Shiryu iluminó el espacio oscuro donde se encontraban, dando una imagen amenazadora y peligrosa.

-Quiero preguntarle algo Patriarca… ¿daría su vida en este momento por cumplir su misión?-. Mientras Yasul se reincorporaba, Shiryu se indignó por aquella pregunta, aumentando el terror en su imagen.

-Athena es la razón de vivir de un Caballero, y morir es un riesgo constante. Estoy obligado a darlo todo, su voluntad es mi primordial deber-. La respuesta de Shiryu creó, por primera vez, una enorme sonrisa en el rostro de Yasul. El Guardián se lanzó de nuevo al ataque, ocasionando desesperación en Shiryu, quien de nuevo dio gala de su poderosa derecha. Sin embargo, Yasul se puso de pie de inmediato y su densa aura rojiza se manifestó. -Es inútil lo que intentes hacer, aquí no hay realidad que puedas quebrar-.

-Nada de eso, es solo que su brazo derecho parece ser un arma letal-. Yasul abrió los brazos y detrás de él un gigantesco brillo dorado cegó a Shiryu. -¡Sol Naciente!-. La temperatura en el vacío de la otra dimensión aumentó considerablemente y Yasul se acercó a Shiryu que se empapaba en sudor. -Ahora usted responderá. ¿Dónde está el libro iilhi?-. El Patriarca no entendió aquello, pero agradeció que Yasul se acercara tanto y logró depositar un fuerte golpe en la mandíbula del Guardián. El calor aumentaba y Shiryu comenzaba a sentir un fuerte mareo.

-Debo detenerlo ahora… ¡Dragón de Rozan!-. A diferencia del Dragón en la Sala del Patriarca, en la otra dimensión solo se creó una densa nube sólida de aura esmeralda que emanó del puño de Shiryu dirigida al desubicado Yasul. El golpe fue mucho más fuerte de lo que el mismo Shiryu imaginaba. La armadura de rojiza comenzaba a agrietarse y Yasul sangraba con mayor fuerza. Shiryu se deslizó tras el ataque, dando la espalda a su oponente. El intenso brillo desapareció y la temperatura a poco se estabilizaba. Yasul sintió un fuerte jalón del cuello de sus prendas bajo la armadura y después su cuerpo en vertical. -Debes darme una razón para no acabarte ahora-.

-Su brazo…-. Shiryu no pudo prevenir un destello escarlata que dejaría el dorso de su mano casi tocando su antebrazo.

-¡AHH!-. Un sonoro grito invadió por completo la otra dimensión, pero sería ahogado por un segundo destello escarlata, expulsando a Shiryu. El Patriarca miró su antebrazo, una asimétrica fuente de una tibia sangre, adornada por una mano que ya no parecía pertenecer a su cuerpo.

-Usted es un increíble Caballero…-. Yasul cayó desplomado, mientras trozos sueltos de su armadura caían. -…pero aún no entiende la diferencia entre un soldado y un general-. Shiryu se puso de pie, seguido de Yasul que lentamente se reincorporaba.

-¿Qué tanto podrías saber tu?, estando en la misma situación-. Por unos segundos ambos permanecieron en silencio, sin perder la vista de su oponente ni moverse.

-¿Conoce el ajedrez, Patriarca?-. La pregunta extrañó a Shiryu, pero con un leve movimiento de cabeza asintió. -Está derivado de un juego de los dioses, pero aun así me sorprendió la manera en que los humanos se desarrollan en él-.

-¿A qué quieres llegar?-. Intervino bruscamente Shiryu.

-Usted y yo somos la Reina. La pieza más poderosa. Nuestro Rey son las diosas a las que resguardamos. El objetivo del juego es planear una estrategia y saber acoplarse a los movimientos del enemigo para acorralar al Rey. La Reina… nosotros, somos el arma principal, sacrificar a la Reina puede ser tu mayor error o el inicio de una estrategia…-. Yasul tosió un poco de sangre y prosiguió. -Usted está listo para morir por Athena pero, ¿sus piezas podrán ganar sin su Reina?-. Shiryu lo entendió de inmediato, Yasul lo había alejado del campo de batalla y permitió que su estrategia se llevara a cabo sin intervención del Patriarca. La desesperación invadió a Shiryu. Sintió el impulso de golpear a Yasul, pero haría justo lo que él esperaba. Debía regresar al Santuario cuanto antes.

-¡Otra Dimensión!-. Un portal se abrió a espaldas de Yasul y una fuerza de atracción los enviaba de regreso al Santuario. Shiryu se percató del cuerpo de Korel dirigiéndose hacia ellos. El Patriarca sintió un tirón en el pecho. -Lo siento Shun…-. Con su mano izquierda alejó a Korel con la energía de su cosmo y cerró el portal. Lo peor se había hecho. Frente a sus ojos estaba la confirmación de las palabras de Yasul. El Santuario estaba destruido, la energía de Seiya era imperceptible… pero la de Rotéh era diferente. Un dolor en su nuca bajó a su cuello y la garganta se le trababa. -¿Qué ha ocurrido aquí…?-. Al instante, otra energía invadió el entorno. Era similar a la de Rotéh, pero parecía acompañada de otro cosmo. -Esta energía… ¿Rotéh…? No puede ser… ¡Shun!-. Shiryu miró con rabia a su oponente que mantenía el rostro fijo como estatua seria.

-Esto es una guerra Patriarca, y solo es el inicio-. Al instante, Shiryu arremetió un furioso zurdazo en el rostro de Yasul. El Guardián, se molestó y logró sujetar el brazo del Patriarca y con su puño libre, golpeó repetidamente el rostro del Patriarca. Shiryu era incapaz de defenderse, su brazo derecho estaba desecho. Utilizó la fuerza de su cosmo para apartar unos centímetros a su oponente, aunque este aún le sujetaba el brazo. -¿Aún no lo entiende?-. El cuerpo de Yasul irradió el brillo rojizo y Shiryu fue expulsado por la energía de Yasul. -Yo jamás tuve la intención de morir peleando contra usted, solamente debía distraerlo-.

-¿Qué se supone que ganas con eso?-. Preguntó Shiryu desde el suelo ante la amenazadora mirada de Yasul.

-Lo conozco bien… Shiryu del Dragón… Maestro de la Casa de Libra y ahora… Gran Patriarca. Un hombre que en cada batalla estaba dispuesto a entregar su vida, sería un premio matarlo durante la batalla y lo mismo para los otros Caballeros dorados-. Shiryu sintió un gran temor cuando escuchó aquello último. -Piense, ¿Qué puede ser peor que perder a su líder, a sus heroés? No es necesario derrumbar el Santuario ahora, no. Es mejor herirlo… profundo… y esperar a que se desangre, tal como el Caballero de Sagitario-.

-¿Seiya…? ¡¿De qué estás hablando?!-. El cuerpo de Shiryu hervía en su densa aura dorada, pero no causaba mayor preocupación en Yasul.

-Lo he alabado por su inteligencia un par de veces Patriarca, pero también lo he exhibido por su lentitud. La Plegaria, como dedujo, es más que solo transportarnos. Es el más fuerte vínculo entre Mun y nosotros. Una oración personal es escuchada por el dios al que se invoca, y eso nos permite crear un medio de comunicación completamente restringido. Para resumir, El Caballero de Sagitario seguirá con vida el tiempo para ver caer todo por lo que vivió-. Shiryu no soportó más y se abalanzó contra Yasul alzando su brazo izquierdo. -No olvide mejorar su Ajedrez-. Shiryu quedó congelado al mirar los oscuros ojos de Yasul y su mente se invadió de palabras sin significado.

"talaq rae shams alealam"

Al volver en sí, Yasul no estaba. Su energía se había perdido por completo, sin rastro ni huellas. Shiryu estaba perplejo y aturdido. Acababa de ser humillado y, si Yasul decía la verdad, Seiya estaba al borde de la muerte. La energía de Rotéh y Shun volvieron a hacer eco en su cabeza, debía llegar a donde ellos lo antes posible.

-¡Otra dimensión!-. El miedo creció en el Patriarca cuando no ocurrió nada. Alzó su brazo y con más fuerza intentó abrir el portal, pero nada ocurría. -¡OTRA DIM….-. La garganta de Shiryu quedó enmudecida cuando el cosmo de Shun y el de Rotéh desaparecieron de golpe. ¿Qué había ocurrido? Quiso saber de inmediato esa respuesta, pero no se movía. Al suelo cayeron un par de gotas. No tardó mucho en darse cuenta que eran sus lágrimas, y tardó menos en conocer el motivo… les había fallado.