Al fin estaban en su vista. La persona a quien quiso ayudar, pero cometió un error al no acabarlo. Junto a él estaba su hermana, la cual hablaba con… ¡Athena!
Hyoga se sorprendió al ver a la diosa sentada frente a sus enemigos. Una vez más la idea de que ese joven era su querido pupilo lo invadió, pero ver a Surana lo hizo recuperar su enfoque. Debían estar planeando algo, todo lo que habían realizado era para llegar ahí, pero ¿Qué es lo que querían? Aún no habían notado que se acercaba, pero poco antes de llegar a la entrada notó que algo se movía.
-Revélate o acabaré contigo-. Hyoga miró rápidamente al centro de la Casa, sus objetivos aún no lo notaban. Regresó la mirada a las oscuras columnas y otra vez hubo un movimiento. El Caballero dio la misma orden, pero no hubo respuesta, por lo que se dirigió de nuevo a la Casa.
-¡Espere!-. De entre las heladas sombras, una voz joven se presentó acompañada de una figura algo baja.
-Dime quién eres-. El joven se acercó lo suficiente hasta que una de las antorchas en la entrada de la Casa lo iluminaron. La angustia y el miedo se reflejaban en su rostro.
-Mi nombre es Cormal…-. Antes de que pudiera decir algo más, Hyoga extendió su mano. Miró al interior de la Casa y regresó su vista al joven.
-¿Quién más está contigo?-. El silenció ayudó a que Hyoga escuchara como Cormal tragaba saliva y su respiración se aceleraba por el pánico, ahogando sus palabras. El Caballero miró a las sombras y se disponía a entrar a la Casa, pero Cormal se colocó frente a él, estorbando su paso.
-Solo soy yo-. Dijo Cormal con una voz convincente y firme. Hyoga no opuso resistencia y miró al joven.
-Entonces no te haré nada. Muévete -. El joven se plantó firme, sin intenciones de moverse. Hyoga supo lo fácil que habría sido apartarlo, pero algo lo inmovilizaba, algo en ese joven que exigía seriedad.
-¡Lo tengo Chiron!-. Hyoga miró al interior de la Casa, y de la misma manera que en la Casa de Tauro vio como Surana y Chiron desaparecían sin dejar rastro de su partida. Enseguida miró como Cormal era atraído a las sombras por un jalón. El Caballero ingresó a las sombras, pero no había nadie, como si también hubieran desaparecido, sin perder más tiempo fue a donde Athena.
-Logró engañarme… utilizó una especie de señuelo de sí misma para ir a la biblioteca bajo la Casa…-. Athena miraba a los alrededores esperando verlos y recuperar lo que se llevaron.
-¿La Biblioteca…? Eso significa que Cormal era una…-.
-Hyoga. Debemos buscar a los demás, el libro que se llevaron confirma mis sospechas… nos han… nos han derrotado…-. Athena bajó la cabeza, pero Hyoga presionó con ira sus puños.
-Estamos más cerca de Shiryu, busquémoslo. Él nos llevara con los demás-. Athena asintió con la cabeza, y ambos se dirigieron hacía la salida. Hyoga tenía un extraño conflicto dentro de sí, tal como dijo Athena, se sentía derrotado. Su objetivo era detener a Chiron, pero lo perdió dos veces. Si Chiron buscaba entrar a la biblioteca, ¿por qué no se fue desde el inicio, por qué peleó en la Casa de Tauro? Eso no era accidente como tampoco lo fue ver a Cormal justo en la entrada de la Casa. El otro individuo debió llamar su atención a propósito para que Chiron y Surana pudieran tomar el libro que mencionó Athena. El plan de los invasores fue superior al de ellos, pero… ¿Qué es ese libro?
Casa de Géminis
Una intensa luz dorada cegó a Rotéh, quien se encontraba inmerso en un vacío y rodeado por tapetes de buda. Sintió como la luz se desvanecía, pero seguía cegado. Pasaron los segundos y continuaba cegado.
-¿Qué es lo que…-. Antes de que Rotéh lograra terminar la oración, Shun junto sus manos y de inmediato dirigió sus palmas hacia su enemigo, quien sintió como si millones de agujas perforaran su piel y de inmediato salieran de su cuerpo. Para su sorpresa, no sentía dolor. El Guardián quiso tocar su rostro, pero no lo lograba, no sentía… nada. -¿Qué me ocurre…? Preguntó con más miedo que otra cosa.
-Has perdido los sentidos de la vista y el tacto-. Dijo Shun indiferente. -y ahora proseguiré con el tercer sentido-. Shun levantó su mano derecha como de una espada se tratará, miró a Rotéh quien, por primera vez en toda su vida, estaba temblando de miedo. Shun se disponía a bajar el brazo, pero una energía exterior llamó su atención y una oración comenzó a resonar por el vacío.
"'atasil bik , 'ana 'adeu lak , 'anubisa."
Sin que Shun pudiera hacer nada más, los tapetes alrededor se desquebrajaron y el vacío se convirtió en la Casa de Géminis. En el aquel lugar, solo Rotéh se encontraba de pie, incluso Shun permanecía en el suelo. Sin importar como se libró, el Guardián utilizó los pocos sentidos que poseía para encontrar a Shun y acabarlo antes de que vuelva a caer en ese ataque, pero un fuerte empujón lo arrojó hacía el otro lado de la Casa.
-¡Adni Cobra!-. Rotéh escuchó partes de su armadura caer y su cuerpo arrastrándose por el suelo. Su agudo olfato le permitió reconocer el aroma de su propia sangre que se derramaba donde había caído y unos pasos se acercaban a él. -Eres un bastardo. me alegra que esa armadura te haga inmortal, porque disfrutaré cada segundo de tu sufrimiento, ¡hasta que decida que puedes morir!-. La voz de Shaina se escuchaba débil. A pesar de sus heridas, la Caballero se acercaba al derrumbado Rotéh quien, a pesar de no tener el sentido del tacto, un increíble dolor lo invadió y dentro de su cabeza unas palabras resonaron.
"'atasil bik , 'ana 'adeu lak , 'anubisa."
Shaina se sorprendió del cambio de imagen en Rotéh, como su cabello se volvía de un rojo opaco y liberaba unos débiles gritos. Sin embargo, la ira dentro de ella era suficiente para ignorarlo y decidirse a atacar.
-Es tarde Shaina… uno debe ganar y así es como se mantiene la paz-. El cuerpo de Rotéh se desvaneció y el puño de Shaina atravesó el suelo.
-¡Maldito cobarde!-. Shaina no cabía de ira, golpeó el suelo una vez más, y una más y otra, hasta que su herido y débil cuerpo sucumbió y cayó derrotada entre quejidos y lágrimas. Alzó la mirada y la escena solo empeoró su sentir. Buscaba por cualquier lugar a su enemigo, pero lo único que veía era tres Caballeros dorados, heridos y derribados la rodeaban. Se detuvo en Seiya, quien aún permanecía consiente y se acercó a él a gatas, pues sus abiertas heridas le impedían levantarse. -Lo… lo lamentó Seiya… Estas a punto de morir y no hay nada que hacer aquí… aún puedo llevarte con… tu hermana...-. Shaina tomó el brazo del Caballero e intentó colocarlo sobre su espalda, pero su cuerpo no soportaba tal esfuerzo, cayendo nuevamente. Una muy débil voz llamó a la Caballero. Seiya ni siquiera era capaz de abrir sus ojos, pero logró hablar con aquella que lo sostenía en brazos.
-Shaina… tu arma… armadura…-.
-Está hecha trisas, no te preocupes por eso, te llevaré con tu…-.
-¡No!-. Interrumpió Seiya con fuerza. -Trae tu armadura…-. Shaina no tenía intención de contradecir al Caballero de Sagitario, por lo que se movió lo más rápido que pudo sin caer al suelo y colocó su deshecha armadura junto a Seiya. -Dame tu mano Shaina…-. La Caballero obedeció y en su mano se formó un destello dorado que se alargó y tomó forma de un arco de oro sólido.
-Esto es…-. Shaina no podía creer aquello, pero antes de que dijera algo más Seiya se adelantó.
-Quiero que tu lleves la flecha de Sagitario, confió en que sabrás cuando utilizarla-. Seiya colocó su mano sobre la armadura de Shaina, que comenzó a mancharse del rojo intenso de su sangre, hecho que la Caballero no pasó desapercibido.
-Seiya… ¿por qué?-. Seiya colocó su mano libre sobre la de Shaina que sostenía el arco de oro y la descendió, para después ponerla en su máscara y removerla.
-Cuando teníamos seis años tu destino fue atado al mío por ver ese rostro. Siento mucho por mí no darme cuenta de la importancia de eso a tiempo…-. La mano de Seiya se acercó al rostro de Shaina. Estaba helada, pero era acogedora. Nadie había tocado su rostro jamás, era una sensación gratificante y tranquilizadora. -Pronto tu armadura podrá vivir de nuevo, y esta vez será más fuerte… será entonces cuando debas terminar lo que iniciamos…-. El Caballero notó la reacción en la mirada de Shaina y agregó. -Arriesgaste tu vida y tu cuerpo muchas veces por mí… tu deber te obligó a amarme, un sentir que nunca pude devolverte. Shaina, debes seguir con tu deber y acabar con mi vida-. La mano de Seiya comenzó a resbalar, pero Shaina la sujetó a tiempo para que esta aún quedara en su rostro.
-Ese sentimiento fue por algo más que por mi deber, por lo tanto… amarte queda fuera de mi deber y solo me deja una opción-. Una gran tristeza se reflejaba en los ojos de Shaina, pero ninguna lágrima volvió a caer, ni siquiera cuando una sonrisa invadió el rostro de Seiya quien relajó su cuerpo.
-No creí que todo acabaría así…-. Miró alrededor y sus labios vibraban al borde de las lágrimas cuando observó a Ikki y a Shun. -Te lo agradezco Shaina…-. La mano de Seiya cayó y la armadura de Plata de Ofiuco desprendió un brillo dorado, esa era la señal.
-¡Garra de Trueno!-.
Shaina permaneció inmóvil con el brazo penetrando el pecho de Seiya. Unos pasos se aproximaban por la salida de la Casa, pero a ella no le importó de quien pudiera tratarse, no tenía la fuerza ni el deseo de hacer ruido. Ese deseo parecía traspasar su mente, pues aquellos que llegaron permanecieron en silencio. Xenova cayó junto a Shaina en completo silencio. Pocos minutos después, Ikki, Shun y Edmon también se aproximaron.
El silenció se rompió con un leve sonido en el cielo. A pesar de la invasiva cantidad de nubes negras, el brillo traspasó la oscuridad y todos fueron testigos. Un destello cruzó el cielo de Este a Oeste. Una estrella se estaba uniendo a la inmensidad del Cosmos. La invasión de los Guardianes había terminado, pero ahora debían enfrentarse a la invasión de la tristeza y la humillación. Perdieron la batalla, perdieron su confianza y perdieron al Centauro de Sagitario… al Caballero de Pegaso.
