Las nubes en el cielo eran densas y parecían moverse en diferentes direcciones. El viento dejaba de soplar y el calor aumentaba. El mediodía estaba llegando a su fin y la calurosa tarde de verano griega entraría, pero a pesar de eso, Shiryu sentía fuertes escalofríos. Permanecía de rodillas, mirando el suelo y con una fuente de sangre en su brazo derecho.
-¡Shiryu!-. Escuchó a la entrada de la Sala del Patriarca, pero no quiso voltear. -¿Te encuentras bi…? ¡¿Tu brazo?!-. Esa dulce voz era la de su diosa Athena, quien se mostraba preocupada frente a él.
-Dejé que ellos tomaran el control Athena. Actué como él quería y los abandoné…-. El Patriarca miró su brazo derecho y lo alzó lo más que pudo hacia Athena. -Mi brazo… mi arma más letal es el reflejo de cómo ha terminado el Santuario-.
-No es solo su culpa, Patriarca-. Shiryu y Athena miraron a Hyoga, quien continuaba en la entrada de la Sala. -Tu brazo estará desecho, pero el resto de ti sigue siendo más que un arma, al igual que el Santuario-. Hyoga comenzó a acercarse a Shiryu, tendiéndole la mano.
-No sabemos a qué han venido, nos será imposible derrotarlos si no sabemos a dónde irán-.
-No estés tan seguro-. Añadió Athena. -Sabemos exactamente a que han venido y cuál será su siguiente paso, pero debemos estar todos reunidos, para iniciar el contraataque-. Athena dio un leve gesto con su cabeza, incitando a Shiryu a tomar la mano de Hyoga, tomándola para ponerse de pie.
-Usa la Otra Dimensión, Shun e Ikki deben encontrarse en la Casa de Géminis-. Un fuerte golpe interno estremeció a Shiryu. Si Shun había muerto, como se temió al dejar de sentir su Cosmo, no sabría cómo lidiar con aquello. -No te preocupes por Seiya, Shiryu. Shaina lo llevó con Seika en Kleíno. Ya estará siendo atendido por ella, démonos prisa-. Otra espada atravesó a Shiryu. Lejos de ayudarlo, esas palabras creando mayor conflicto en él. Ya no era la decisión o el sacrificio de cada Caballero, toda la sangre derramada yacía únicamente en las manos del Patriarca. Cada segundo que pasaba, la carga era más pesada. Yasul tenía razón, él podría ser un Caballero envidiable, tal vez el mejor, pero eso no lo convertía en el candidato a ser líder.
-Shiryu…-. Una suave mano se deslizó por el brazo izquierdo de Shiryu. Por un momento parecía haberse alejado de toda preocupación. -Entiendo tu pesar, pero no basta con que reconozcas o te castigues por tus errores. Debes saber afrontarlos y superarlos, eso es lo que te convertirá en un gran Patriarca-. Un calor emanó del centro de Shiryu, y un par de lágrimas se deslizaron por sus mejillas, para de inmediato levantar su brazo izquierdo.
-¡Otra Dimensión!-. El portal de abrió frente a ellos y se dispusieron ir a la Casa de Géminis sin saber lo que les esperaba.
Otro olor a muerte impregnaba a las afueras del Santuario. Escondido junto a la destruida Casa de Aries, el hospedaje eterno de los pasados Caballeros era invadido por quienes acababan de declarar la guerra a Athena. No veía ni sentía nada, pero el olor a vacío y el sonido de voces le indicó a Rotéh que, a pesar del cambio de planes, lograron el principal objetivo. Su calma se rompió por un sonido que lo ensordeció.
-¡No puede ser Rotéh! ¿Te encuentras bien?-. Aquella voz gritona y molesta delataban a Chiron, pero Rotéh no tenía intención de tratar ese tema con él.
-¿Lo conseguiste?-. Preguntó de manera cortante.
-¿El libro? Si… Athena apareció en la Casa de Acuario, por suerte Surana logró utilizar su Espejismo y…-. Chiron tragó saliva, pero Rotéh no le dio mayor importancia al nervioso gesto.
-Apártate ahora-. Empujó a Chiron como si de una estorbosa puerta se tratara. -¡Rueizen!-. Todos los presentes se miraron sorprendidos.
-Parece ciego jefe, estoy justo frente a usted-. Por un momento ni el casi extinto viento de mediodía podía romper el incómodo silencio. -Jaja, se lo que preguntará. Aquí está-. Algo pesado cayó al suelo, tenía el tamaño de un joven de mediana estatura. El rostro golpeado y una armadura plateada maltrecha. -Tiene un ego increíble, por suerte su poder no es ni cerca del de la Caballero de la Lira. Camaradas, les presentó a Fileno de Perceo-. Rotéh no podía verlo, pero el pequeño quejido de Chiron le garantizó que efectivamente se trataba de su antiguo compañero del Santuario, pero el sonido del quejido aumentó cuando unos pasos de lo lejos comenzaron a acercarse. La expresión de Lerón hablaba por si sola. Estaba completamente incrédulo de lo que estaba viendo. La figura se postró junto al inconsciente Fileno y se reveló a la luz. Yasul se acercó a él y miró a Rueizen en tono de felicitación.
-Para quienes no lo conozcan, ni puedan verlo…-. Dijo entre falsos tosidos. -les presento al antiguo Caballero de Géminis, Larudo Verräter-. De inmediato Lerón se acercó a él y lo miró de cerca, acompañado de un resoplido indignado de Rotéh. Realmente era el cadáver de su amigo.
-¿De qué nos servirá el cuerpo de Larudo? Siendo un cadáver, su energía será la de Yasul, no la suya-. La pregunta de Chiron era muy acertada y Rotéh no tardó en contestar.
-Larudo es poseedor de una técnica llamada "Ilusión de Espectro". En mi batalla contra los Maestros Shun e Ikki, me di cuenta del acierto que fue encargar a Rueizen su cuerpo. Con esa técnica, manipularemos a Fileno para que brinde su Cosmo-. La respuesta fue muy clara, pero con todo, Lerón no se veía muy convencido. Entonces Yasul dio un paso al frente, seguido del cuerpo de Larudo que parecía atado a él.
-Debemos irnos. El ritual no puede esperar más-. Rueizen levantó el cuerpo de Fileno y lo acomodó sobre su hombro, tambaleándose por el cansancio tras su combate. Takuma se acercó a ellos, pero Yasul lo detendría y haría retroceder con su brazo. -Aun estas ileso. Rotéh tiene una misión para ti…-. Yasul vio el mal gesto en el rostro de su compañero. Lo tomó de la nuca y lo jaló hasta quedar junto a su oído. -Esa misión es importante. Cúmplela-. Yasul movería su mano de la nuca al rostro de Takuma y con violencia lo empujaría. Sin decir nada más, desaparecieron ante la vista de los presentes sin dejar rastro alguno.
-Ahora solo Lerón y yo tenemos la inmortalidad-. Takuma miró a Rotéh, con Lerón y Cormal a su derecha, y con Surana y Chiron a la izquierda, quienes parecía que lo acusaban. -¿Querrás saber por qué tú, el dios de la sabiduría, es relegado a realizar este trabajo para nosotros?-. Takuma se negaba contestar, limitándose a mirar con irá a quienes lo rodeaban.
-Es bastante sencillo-. Intervino Lerón. -Se contesta con otra pregunta, ¿sabes quién es la reencarnación de Hades?-.
-El Caballero de Sagitario. Si lo perdimos es por…-. Lerón golpeó a Takuma antes de que este terminara de hablar y lo tomó del cuello de sus ropas.
-Resulta que estas equivocado. Tú mismo dijiste sentir la presencia de Hades en él, pero no su cosmo. Lo que concluye que, aunque Hades trató de tomar posesión de Seiya, solo alteraba sus emociones más vulnerables-. Lerón lanzó a Takuma a la tierra suelta del cementerio y este buscó defensa de inmediato con la vista en alguno de los presentes, pero fallaría de manera contundente. -Fallaste en tu misión de tomar a la reencarnación de Hades, ni siquiera lograste identificarlo. Preferiste huir con Cormal a la Casa de Acuario, sabiendo que quien debía ir con él era yo mientras te llevabas al poseedor de la energía de Hades-. Takuma no sabía a donde mirar estaba petrificado en el suelo.
-Seguimos en el Santuario, aun podemos…-. Sus trabadas palabras serían cortadas, esta vez por Rotéh.
-¡No podemos! Mi estado actual es por tu fallo. Debiste usar tu Plegaria para acercarte a la reencarnación, no para huir-. Rotéh miró a los presentes y añadió. -Chiron, ven con nosotros. Surana, tú iras con ellos-. Lerón y Surana no dijeron nada, y levantaron a Takuma del suelo, conservando sus miradas acusadoras.
-¿A dónde iremos? Solo Lerón puede usar la Plegaria, y si la usa morirá por sus heridas-. Takuma esperó respuesta de Rotéh, pero este permaneció en silencio hasta que el mismo Lerón contestó.
-No la usaré, nos iremos caminando… a Cabo Sunion-. Takuma no entendía, pero parecía más interesado en Rotéh.
-¿Tu donde estarás?-. Preguntó de manera agresiva Takuma, buscando darse a respetar.
-Iré a Jordania a saldar cuentas-. Takuma dio una barrida con la vista al herido Rotéh y tosió en burla. -Cormal debe venir conmigo y Chiron no está en condición de pelear. Cuando hayan terminado y se encuentren en Egipto, Lerón rezará la Plegaria y podremos reunirnos para iniciar el ritual-. Aquello último fue del total agrado de Takuma, por lo que no puso ningún "pero", dejando a Rotéh borrar su inmortalidad y dirigirse con la Plegaria hacia Jordania sin dejar rastro.
-Los Caballeros vendrán pronto. Será mejor apresurarnos-. Lerón se dirigió con prisa a la arena en la entrada del Santuario, seguido de Surana y Takuma, para acelerar el paso y salir cuanto antes del alcance del Santuario.
Mientras, la sala de Patriarca se perdió de vista. El calor que envolvía la cima del Santuario quedaba borrado por un abrazador frío, pero la piel no sentía ese frío. Algo mantenía al Patriarca con la piel tensa, con fuertes escalofríos. Miró a su lado y notó que Hyoga se veía pálido con una mirada férrea al centro de la Casa. Algo estaba mal, no era capaz de avanzar. No era el único, Hyoga también se detuvo. Athena, que siguió caminando, se acercó al grupo de personas en el centro de la Casa y un fuerte quejido y la mirada aterrada de la diosa quebraron el silencio. Ni Shiryu ni Hyoga se atrevían a acercarse. Edmon se puso de pie para ver a su maestro y dejó en evidencia el rostro apagado de Seiya reposado en el suelo. Las últimas palabras de Athena a Shiryu fueron borradas de su mente. No había manera de hacer algo para mejorar lo que estaba viendo. Ni siquiera estaba seguro de si realmente fue su culpa, pero así lo sentía.
-Shaina…-. Hyoga comenzó a avanzar al ver a la Caballero de Ofiuco junto al cuerpo. –No deberían estar aquí…-. Shaina giró y expuso su falta de máscara ante los recién llegados. Su rostro parecía estar a nada de quebrarse en lágrimas, no era capaz de responder. -¡Te di una orden Shaina! ¿por qué no obedeciste?-. Shiryu logró sujetar de los hombros al alterado Hyoga que parecía dispuesto a atacar. Shaina se puso de pie, exponiendo las mortales heridas tanto en su cuerpo como en el de Seiya y se acercó un poco a Hyoga y Shiryu.
-Quiso morir como un Caballero-. Esas palabras fueron suficientes para calmar a Hyoga, quedando atónito con la vista perdida al horizonte expuesto por la destruida Casa. -Y más nos vale actuar como Caballeros ahora…-. Las lágrimas brotaron sin cesar del rostro de Shaina, pero su rostro conservaba su mirada agresiva y firme. Shiryu miró a Athena, quién asintió con la cabeza como si pudiera leer lo que el Patriarca estaba pensando. Se acercó a Shaina y bajó su cabeza para enseguida volver a mirarla. Después se acercó al cuerpo de Seiya, sintió como fibra en su interior se destruía, pero Athena lo tomó del brazo como en la Sala del Patriarca, no era momento el momento lamentarse.
-Shaina tiene razón. Frente a nosotros esta alguien que cayó como Caballero. Sería un insulto a todo lo que representa no actuar como él lo hizo, no permitamos que caiga todo por lo que Seiya vivió-. Shiryu bajó la vista y se sorprendió al ver que, desde ese ángulo, se notaba una sonrisa en el rostro de Seiya. De un momento a otro, todos estaban de pie rodeando a Seiya, sin perder ningún detalle de él.
-Bien hecho… Gran Patriarca-. Athena le sonreía a Shiryu, enseguida notó que todos los presentes también le sonreían, incluso a Xenova se le notaba la sonrisa desde el lado destruido de su máscara. Solo Ikki no se mostraba convencido de las palabras del Patriarca, pero fue apartado de la mente de Shiryu por Athena. -Ahora seremos nosotros los que vayan tras ellos, y los detendremos-.
