La tarde trascurrió más rápido de lo normal. Los prospectos regresaron al Santuario guiados por Marín. Los murmullos no se hicieron esperar al ver al Patriarca con un cuerpo entre sus brazos, envuelto en telas blancas manchadas de un vivo rojo. La figura de Marín se aproximó a grandes zancadas al no ver lo que buscaba entre los heridos Caballeros que bajaban de entre las doce Casas. Athena la detuvo y con un movimiento de su cabeza, lado a lado, le dio a entender a Marín lo peor. Sus ojos no eran visibles, su larga cabellera pelirroja era perfecta para ocultar lo que podría ser su inconsolable mirada o la prueba de su ferrero carácter, pero quedó en secreto el sentir de Marín en ese momento. Se colocó junto a Athena y continuaron su camino hacia un lugar oculto, pasando lo que parecía una cueva de maleza, encontrada junto a la arena de combate. Los prospectos fueron justo por detrás y al pasar la maleza, una débil luz resaltó el cementerio del Santuario. Los cuatro Caballeros dorados retiraron sus armaduras doradas con un fuerte destelló, quedando junto a la maleza. Caminaron pocos metros y Shiryu dejó el cuerpo con cuidado en el suelo junto a un árbol, cuyas hojas aún no crecían a pesar del prospero verano, y comenzaron a cavar. Bastante tiempo después, Ikki tomó el cuerpo envuelto en mantas y lo colocó en el fondo. Al salir notó como las oscuras nubes en el cielo se desplegaban y un débil rayo de luz iluminó aquel árbol, cayendo oculto por su tronco momentos más tarde. El Sol desapareció por completo, y los cuatro Caballeros dorados cubrieron el agujero junto al árbol.

-Aquí yace… un verdadero Caballero… que logró hallar la paz entre la guerra-. Los presentes miraron a Shun, e Ikki no tardó en continuar.

-El mejor de nosotros… alguien que dio cada respiro, cada pestañeo por el bien y la justicia-. Dijo con una voz gruesa y potente Ikki, para ser relevado por Hyoga.

-Él era un amigo, éramos hermanos… sin él jamás habríamos llegado a donde estamos ahora. No era perfecto, pero fue el impulso que necesitamos siempre-. De inmediato, Shiryu tomó la palabra.

-Tu merecías más de lo que pudimos darte… siempre llegaste hasta el final, incluso después de cargar con nosotros a cuestas. Ferviente y decidido-. Marín se asomó entre ellos.

-Valeroso, irracional y temerario. A diario demostraste porque ganaste el título de Caballero a pesar de no tener que probar nada más-. Por unos segundos todo quedó en silencio. Todos miraban el montón de tierra junto al árbol con las cabezas caídas. Shiryu dio un paso al frente y volteó. Al mirarlos, las palabras de Yasul cruzaron su mente.

-Jamás se olvidará lo que tu hiciste. Tu historia se preservará por siempre Santo Seiya-.

Por unos minutos el silenció fue el sonido más fuerte en aquel lugar. Después Marín se dio la vuelta y se retiró de entre los prospectos que poco a poco abandonaban el lugar.

-¿A dónde va, no sabe lo que está ocurriendo?-. Preguntó Xenova a Shaina

-Ella renunció al ejército hace tiempo. Lo que hizo hoy fue solo un favor-.

-Podría ayudarnos-. Shaina ignoró a Xenova y se acercó donde descansaba Seiya, junto a Athena y los Caballeros dorados.

-¿A que vinieron?-. Dijo de manera amenazadora Shaina, causando desconcierto en los presentes. Shiryu miró a Athena, dándole a entender que era el momento de dar aquella información. La diosa inhaló fuerte y se decidió.

-Ellos vinieron por un libro llamado iilhi y por un Caballero-.

-¿Qué buscan hacer con eso? ¿de dónde han salido?-. Intervino Ikki.

-Verán… Hace milenios. Antes de que la humanidad existiera, la tierra era el hogar de los dioses y de entre ellos destacaban cuatro: Poseidón, Hades, Zeus e Isis-.

-Imposible. Isis es una deidad mitológica de Egipto. ¿Qué significa esto?-. Athena dio una mueca a Ikki, indicándole que no la interrumpiera de nuevo.

-Por milenios vivieron en tranquilidad, hasta que Zeus creó al hombre. Por un par de siglos, ver al hombre crecer no creo problemas, pero sus disputas comenzaban a dañar la tierra. Sus métodos de justicia y orden no eran algo que Isis viera con buenos ojos, pero Zeus había prohibido la intervención divina en el hombre. Pero Zeus creyó en que solo había un crimen si te atrapaban, e intervino cientos de veces…-. Athena se detuvo y miró el suelo antes de poder continuar. -mis hermanos son parte de esas intervenciones. Poseidón y Hades siguieron con aquello, siempre a escondidas de Isis. Al comenzar a ver a hombres que superaban las características normales, Isis sospechó, y no tardó en atrapar en el acto a Poseidón. Su furia se descontroló, dejando a Poseidón al borde de la muerte. Hades y Zeus intervinieron, pero corrieron la misma suerte. Isis no solo era más estratégica e inteligente, sino también mucho más poderosa. Los dioses se dividieron en bandos y la Guerra divina se desató. El ejército de los tres hermanos buscaba dejar a la humanidad desarrollarse, claro que, con sus beneficios propios, mientras que el ejército de Isis buscaba intervenir de manera directa y guiar a la humanidad a un desarrollo prospero-.

-¿Tu que bando apoyaste?-. La pregunta de Shun desconcertó a Athena, quien parecía no entender. -Lo siento Athena, continua por favor-.

-La tierra sufrió grandes cambios durante la guerra, incluso la humanidad comenzó a extinguirse por la catastrófica batalla. Los tres hermanos estuvieron al borde de la derrota, hasta que intervine. Cree a los Caballeros, no tenían armaduras, pero su lealtad a mi era todo lo que necesitaba. Comenzamos a ganar batallas contra los dioses que seguían a Isis, por lo que pronto Poseidón creo su ejército, colocándoles las escamas como armaduras, para tener mayor ventaja. Después fue Hades quien reunió humanos leales para crear a los primeros Espectros. El ejército de Isis fue cayendo, y por fin llegó el día de encararla… la derrota fue horrible. Los Caballeros, Marinos y Espectros fueron exterminados por la mano derecha de Isis… el dios Ra. Poseidón, Hades y yo fuimos vencidos por Seth y Osiris. Solo Zeus llegó hasta Isis, pero a pesar de su enorme diferencia de poder, la batalla entre ambos quedó inconclusa. Ninguno era capaz de vencer al otro, pero debíamos retirarnos. No había manera de vencerla, pero Zeus demostró que era posible detenerla. Desarrollé una técnica para encerrarla, el Sello Divino. Logramos encerrar a Seth en él, pero el Sello no era tan fuerte aún y escapó. Mi poder solo no bastaba, pero se nos había acabado el tiempo, Seth sabía dónde estábamos e Isis logró encontrarnos. La guerra terminó ese día, el Sello Divino no solo servía para aprisionar a alguien, podíamos robar por poco tiempo el poder a quien sea. Vencimos a los dioses al resguardo de Isis, pero con todo, ella seguía imparable, hasta que topó de nuevo con Zeus. Esta vez el estaba perdiendo, no soportaría mucho, debía hacer el Sello Divino, pero esta vez, Hades y Poseidón lo hicieron junto a mí. Una especie de roca apareció frente a nosotros, y en ella estaba grabado un triangulo dentro de un círculo, unidos por tres líneas-. Shiryu de inmediato recordó el escudo del Ejército Conjunto, aquel al que Rotéh y Larudo servían durante su encuentro en Jordania. -Los dioses que la seguían eran inmortales por las armaduras que llevaban, pero al destruirlas varios murieron. Tres de ellos escaparon, pero no nos importó, ganamos la guerra Divina y la humanidad volvió a crecer por su propia mano-.

-Y después se volvieron iguales a Isis-. Las palabras de Shun sorprendieron a Athena. Al mirar a su alrededor notó que los presentes la veían con el mismo rostro que Shun.

-Shun tiene razón-. Habló Shiryu. -Las guerras Santas existen porque los dioses quieren gobernar sobre la humanidad. Dijiste que los Caballeros, Marinos y Espectros fueron exterminados. ¿Por qué volvieron a crearlos? Al final se convirtieron en su peor enemigo-. Athena no decía nada, sus propios Caballeros, los seres más leales a ella, la juzgaban por sus propios actos como hipócrita.

-No es el momento de hablar sobre eso…-. La voz de Athena se notaba temblorosa y nerviosa pero el mismo Shiryu aceptaría su escape del tema.

-Tienes razón Athena. Mencionaste a Ra, Yasul mencionó algo parecido cuando su armadura acudió a él-.

-Y Takuma dijo que la armadura que llegó a Lerón pertenecía a Seth. ¿Significa que ellos son dioses ahora?-. Dijo Edmon. Athena tragó saliva, mientras que la mirada de Ikki delataba su enojo por las últimas palabras que escuchó.

-Yasul, es el verdadero Ra, ese nombre lo creó para esconderse de nosotros y…-. Athena sería interrumpida por Hyoga de inmediato.

-Significa que es de los pocos que sobrevivió. Y si atacaron ahora es por que encontraron a las personas perfectas para portar las armaduras de los que murieron en la guerra Divina. Y aún peor, así como Yasul es un nombre clave, la tal Mun debe ser Isis-. La teoría de Hyoga fue confirmada al instante por Athena.

-El libro de iilhi es donde desarrollé el Sello Divino, y también dice como deshacerlo. Para destruir un Sello de tres armas requiere la energía de tres escudos, tienen al Guardián, vinieron por el Caballero… solo les falta uno-.

Todo quedó claro, las palabras de Athena, junto con su información de la Plegaria, eran lo que necesitaban para poder enfrentarse a ellos. Pero ahora que sabían lo peligroso que sería dejarlos liberar a su diosa, debían ponerse en marcha. Shiryu fue el primero en alejarse, dando señal a sus tres compañeros de armadura a que lo siguieran, dejando a Athena junto a Shaina, Edmon y Xenova en el árbol.

-Debemos ir a Egipto cuanto antes-. Indicó Ikki.

-Shun no puede, no sin su armadura-. Intervino Shiryu.

-No importa que vaya sin armadura, está será la última vez que pelee por Athena-. Esas palabras alertaron a los Caballeros alrededor de Shun, quienes buscaban explicación. -Escucharon lo que dijo. Isis quiere lo que Athena ha hecho por siglos. No es un acto de justicia, es solo un juego de dioses por controlar a la humanidad-.

-No puedes decir eso Shun. ¿Qué pensaría Seiya de tus palabras?-. Trató de intervenir Shiryu.

-Se lo que pensaba, pero no se lo que pensaría después de escuchar lo que nosotros escuchamos. La humanidad nos ve como los buenos porque mantenemos sus estilos de vida, y eso ocasiona guerras, que se destruyan entre ellos. ¿Qué tal si nunca fuimos los buenos? Si en realidad la humanidad tiene un mejor camino-. Nadie se atrevía hablar, era difícil, sino imposible, responder a aquello. Pero Shiryu recordó lo ocurrido en la Sala del Patriarca y en la Casa de Géminis.

-Yo si se lo qué pensaría Seiya. Seguimos vivos después de innumerables batallas, de guerras contra dioses y todo es por Athena. Nos ha respaldado siempre, nos ha impulsado. Seiya no habría podido ayudarnos sin la motivación y la devoción a Athena-. Parecía que Shun estaba por responder, pero Shiryu levantaría su mano y proseguiría. -Quédate con nosotros hasta el final. Puede que no lo hagas por Athena, pero hazlo por Seiya. No permitas que muera en vano-. Shun se mantuvo en silenció por unos segundos, para seguido limitarse a afirmar con la cabeza.

-Es el momento de ir a Egipto-. Sorprendidos, Ikki colocó su puño en el centro, seguido de Hyoga, Shiryu y al final por Shun. -Haremos esto por Athena, por la humanidad y por Seiya-. Los tres Caballeros sonrieron ante la actitud de Ikki, sinitendo una gran motivación arder en su interior.

-Aún necesitamos a alguien-. Ikki miró a Shiryu con la ceja arqueada-. Y se cómo convencerlo de volver-.

Cabo Sunion, Athenas, Grecia

La noche era muy fría en aquella parte de Grecia. Las olas golpeaban la costa y la brisa refrescante y tranquilizadora. Tres individuos se aproximaban al risco, adornado por ruinas de lo que parecía un templo.

-¿Quiénes son ustedes?-. Los tres individuos se detuvieron y miraron a quien se descubrió de entre las ruinas.

-Turistas. Hemos venido a admirar el templo de Poseidón-. El tono sarcástico de Lerón molestó al hombre que los miraba con odio.

-Los turistas no se bañan en sangre, ni utilizan armaduras…, ni el cosmo-. El hombre se colocó en posición de pelea y Lerón liberó una leve risa, adelantándose a sus dos acompañantes.

-Muy observador. Venimos por ti, Sorrento de Sirena-.