Los personajes de Saint Seiya no me pertenecen, son propiedad de Masami Kurumada.
Baian caminaba de un lado a otro en el muelle; había citado a sus amigos exactamente a las seis de la mañana, y cómo era de esperarse la única persona que lo acompañaba era Krishna, quien traía una mochila y vestía liviano.
– Les dije que los quería aquí a las seis, ¡y ya son las nueve y media!
– Baian, tranquilo, ya llegaran – Krishna estaba sentado en el suelo, en posición de loto, tratando de prepararse mentalmente para lo que harían, pero Baian caminando de un lado al otro lo distraía demasiado – de seguro se les hizo tarde o hay tráfico.
Baian asintió en silencio y se detuvo para tratar de relajarse un poco. Aunque casi todos habían asegurado que se unirían, con el paso de las dos semanas que le tomó prepararse nadie se contactó con él para preguntarle si el viaje se efectuaría. En esas dos semanas sólo había visto a Io, quien aún se mostraba renuente a acceder.
– Sabes que tengo trabajo, y una colegiatura y casa que pagar, no me puedo dar esta clase de lujos – le había dicho en una de sus comidas.
– Kanon también va a ir, y él también está en una situación parecida – había contestado Baian.
– Sí, pero él se colgará de Julián, ya sabes que él desembolsa sin preguntar para qué.
Baian volvió a asentir, como en ese día, regresando a darle la razón a su amigo. A pesar de todo le molestaba un poco que Io no quisiera ir a su viaje, parecía que entre más tiempo pasaba su grupo de amigos se disolvía entre extenuantes trabajos y los estudios diarios.
– Creo que si nadie llega nos iremos sólo tú y yo Krishna – dijo Baian después de un breve silencio.
– Justo como en el programa – dijo Krishna recordando los pocos capítulos que vio como parte de su estudio.
Antes de que alguno pudiera agregar algo más el ruido de la bocina de un auto hizo que Baian se esperanzara; dos camionetas de lujo se estacionaron justo frente a ellos. Del lado del copiloto de una de ellas Julián bajó luciendo un pantalón pescador y una camisa sencilla, además de lentes negros y una gorra para cubrirse del Sol; y de su auto bajaron Sorrento y Thetis mientras que en el otro bajaban Kaza, Isaac y Kanon; Sorrento usaba unos pantalones de lino ligeros y una camisa de manga larga y los demás usaban bermudas, Kaza usaba una playera de tirantes, Kanon también tenía una camisa de manga larga e Isaac una de manga corta, como la de Julián. Fuera de ellos, Thetis usaba una falda larga y una playera de tirantes debajo de su camisa, o la camisa que Julián le había dado.
Al verlos Baian no pudo evitar correr feliz hacia donde estaban todos.
– ¡Llegaron! – les dijo una vez que estuvo cerca, su rostro de felicidad de convirtió en una mueca tan pronto como recordó que era tarde – ¿por qué demonios tardaron tanto? ¿y qué están haciendo?
Los recién llegados se habían amontonado en las cajuelas de ambas camionetas, todos comenzaron a bajar grandes y pesadas maletas, que iban amontonado justo frente a Baian.
– Lo siento Baian – Julián se acercó a él junto con Isaac, ambos cargando sólo una mochila – pero tuve que pasar por todos y algunos se mostraron muy reacios a venir – dijo mirando el interior de su camioneta.
– Bueno, supongo que lo importante es que todos estén aquí – dijo el chico mirando cómo las maletas se amontonaban – aunque eso no contesta mi segunda pregunta.
– Es obvio – dijo Thetis acercándose una vez que todas sus maletas estuvieron en el suelo – es nuestro equipaje.
– ¿Equipaje? – Krishina se acercó a donde estaba el grupo – creí que estaríamos desnudos.
– ¿Desnudos? – ahora fue el turno de Kanon de acercarse con una pelota de playa debajo del brazo derecho – osea... ¿todos? – preguntó mirando a Thetis y sonrojándose.
– Creí que estas serían una especie de mini vacaciones – Isaac se rascó la nuca, pensando que Camus sólo había accedido a cancelar las clases de esa semana, no sabía que cara poner en caso de que el viaje se alargara.
– Mini vacaciones o no, lo mejor es estar preparados – Kaza también se acercó al grupo con una tabla de surf – y definitivamente planeo disfrutar esto, hace mucho que no tengo vacaciones en una isla paradisiaca.
– Pues somos dos – Sorrento cargaba su estuche y tiraba al suelo la última maleta antes de cerrar la cajuela – planeo estar todo el día en el hotel, me urge tocar algo que sea diferente a la música del siglo XIX.
– Pero qué aburrido Sorrento – dijeron Kanon y Kaza.
Mientras veía a sus amigos discutir sobre el hotel cinco estrellas, los juegos en la playa y las vacaciones soñadas, Baian se dio cuenta de tres cosas: nadie la había puesto atención, sus amigos tenían una idea completamente herrada acerca de lo que harían ese fin de semana en la isla y nadie le había puesto atención. Sino hubiera sido porque estaba feliz por ver a casi todos ahí, se habría molestado lo suficiente como para mandarlos de regreso a su casa.
Inhaló profundo antes de abrir la boca para sacarlos de su ensoñación, pero en ese momento sintió que alguien lo agarraba del hombro y se lo presionaba con suavidad. Al mirar a Julián sonriendo Baian alzó una ceja.
– Era la única forma de hacer que todos vinieran – le dijo suavemente, sólo para que él lo escuchara – en cuanto lleguemos puedes bajarlos de su nube.
Baian sonrió incrédulo; al menos en ese momento sabía que dos de sus amigos conocían sus planes, aunque tenía un par de problemas con Krishina y la precisión con la que el filósofo quería recrear el programa.
– Io, será mejor que bajes de una vez o tus maletas se quedarán hasta abajo – las palabras de Sorrento sacaron de su ensoñación a Baian, quién no tardó en mirar la puerta del auto con ilusión - ¡no pienso hacerme responsable en caso de que algo se rompa o yo que sé!
Un molesto Io, usando shorts y una camisa de manga corta, salió del auto con los brazos cruzados, estaba a punto de abrir la boca cuando fue sorprendido por el abrazo de Baian.
- ¡Viniste! - le dijo al soltarlo.
- Sí... bueno, no me dieron muchas opciones y Julián dijo que sólo sería este fin de semana.
A pesar de todos los problemas que prevenía iba a tener, Baian no pudo evitar sentirse feliz por la presencia de todo el grupo en su viaje. Mientras todos charlaban y discutían sobre lo que harían primero, el canadiense pensó en lo divertido que sería el fin de semana y el momento en el que todos se dieran cuenta de que lo que menos harían sería vacacionar.
- ¡Muy bien! - la voz de Julián se elevó en el muelle, sacando al castaño de su ensoñación - tomen sus cosas y subamos al barco, ¡tenemos un viaje que hacer!
El barco zarpó llevando a un grupo de jóvenes ilusionados con la playa hacia su destino, cruel destino planeado por dos malvados miembros del grupo que tenían planes por completo diferentes a los demás.
Julián le dijo a Baian que le había informado a todos que el barco enviaría el equipaje al hotel mientras ellos bajarían en otra parada, eso ayudó al chico a avisarle al capitán del barco familiar que guardara las cosas de sus amigos para su posterior regreso.
Cuando dos islas fueron avistadas, el grupo comenzó a saltar de emoción, las vacaciones soñadas estaban justo frente a ellos.
- Recuerden que nos dejarán en otro lado - dijo Julián - así que las cosas se quedan, y ya que el hotel está alejado del mundo moderno debemos dejar los teléfonos.
- Los guardaremos en la caja fuerte de mi padre - intervino Baian.
- ¿No nos podemos llevar nada por ahora? - preguntó Sorrento abrazando el estuche de su flauta, no dejaría que cualquiera tocara su preciado instrumento.
Baian recordó que en el programa dejaban que los concursantes llevaran un objeto, así que no vio el problema en eso, aunque era preferible que el grupo llevará objetos que los ayudaran con su supervivencia; esperaba que la pequeña olla que él llevaba para hervir agua, más el machete de Krishna y lo que sea que llevara Julián en esa pequeña mochila que no había dejado de cargar fuera suficiente.
- Supongo que no habrá problema, pero sólo una cosa.
- ¿Por qué una cosa? - rezongó Io.
- Porque... el lugar es muy estricto en eso.
- ¿Y hay un muelle o algo así? ¿O como iremos a ese "lugar especial"? - cuestionó Thetis sosteniendo su botella de agua, ella en realidad no tenía algo que quisiera cargar.
Justo en ese momento el barco se detuvo, Kanon miró una de las islas, al menos el lugar donde se detuvieron. Parecía solitario, no había ni un muelle o algo parecido. Abrazando su pelota de playa con una mano, la otra la llevó a su barbilla. Él no era el gemelo de la buena memoria, ese era Saga, pero aunque no tuviera buena memoria, ver las islas que parecían casi abandonadas le hizo pensar que ellos no iban al complejo turístico paradisíaco que Julián les prometió y el recuerdo de las palabras de Baian resurgió entre sus recuerdos. Estaba casi seguro que estaban ahí para recrear un programa de televisión, ¿pero qué programa era? Esa era su pregunta.
Cualquier cosa que le pudiera pasar por la cabeza se disolvió como una aspirina al hacer contacto con el agua, justo cuando sintió la mano de alguien en su espalda, prácticamente tirándolo de la embarcación y arrojándolo al mar. Nunca supo quién fue, cuando salió al exterior todos sus amigos estaban en las mismas condiciones, algunos como Julián ya estaban nadando a la costa.
La aventura había empezado, cuando Baian llegó a la costa su sonrisa era difícil de borrar, a pesar de que todos, fuera de Julián y Krishna, estaban molestos por se arrojados del barco.
- ¡¿Pero qué carajo les pasa?! - preguntaron a la vez Io y Sorrento, los demás se miraban entre todos sin saber quién arrojó a quién.
- ¡Bienvenidos a la aventura supervivientes! - gritó Baian, ignorando a sus amigos, comenzando a caminar alrededor de todos - durante las próximas setenta y dos horas nos veremos frente a frente a la naturaleza, así que díganme, ¿que trajeron para sobrevivir?
- ¿De qué carajo estás hablando? - preguntó Kaza, aún en la arena, había perdió uno de sus tenis cuando fue aventado fuera del bote.
- Recuerden que Baian planeó una aventura de supervivencia basada en su programa - intervino Julián, acercándose a su amigo para evitar que alguno de los demás tratara de asesinarlo - nos lo dijo cuando nos contó de las vacaciones, todos lo sabíamos y por lo tanto no puede existir un homicidio en este lugar.
- ¡Supervivencia al desnudo! - gritó Kanon, aún con su pelota, recordando finalmente el programa.
- Creí que se había descartado esa idea - dijo Thetis, volteó a ver el barco que los había llevado ahí pero este ya estaba lejano.
- Pudieron decirme algo antes de guardarme mi Nintendo - Isaac sacó su consola chorreando agua - esto es una tragedia.
- ¡Mi instrumento! ¡Maldita sea! - Sorrento estaba revisando su flauta - ¡Yo no descartaría el homicidio!
- Chicos, hay que tranquilizarlos - Krishna intervino parándose frente a todos. El grupo guardó silencio y lo miró en silencio, la única que se movió fue Thetis, para cubrirse los ojos - en caso de que no se hayan dado cuenta tenemos problemas más grandes que resolver, la luz del Sol se agota y necesitamos un refugio y un lugar donde conseguir agua.
- ¡¿Por qué estás desnudo?! - preguntó el grupo de amigos, a excepción de Thetis.
- Kanon lo dijo, el programa se hace desnudo - contestó el filósofo como si eso fue obvio - antes y debería preguntarles por qué siguen vestidos.
- ¡Yo no voy a desnudarme! - gritó Thetis, aún con las manos en los ojos - son mis amigos y los quiero pero ese es un límite que no cruzaré con ninguno de ustedes, suficiente tengo con Io.
- Krishna tiene razón - Io, que se había mantenido al margen, se acercó al centro del pequeño círculo, su enojo estaba olvidado frente a la posibilidad de ser cuestionado - debemos de ver qué tenemos, yo inicio, no traje nada.
- Yo tengo un machete - dijo Krishna mostrando su arma.
- Sí, eso vimos todos - intervino Kaza mirando el cielo - mi tabla de surf.
- Tengo una pequeña olla para calentar agua - Baian levantó su olla.
- Una pelota de playa - Kanon mostró su pelota.
- Un Nintendo descompuesto - Isaac miró triste su aparato.
- Mi instrumento musical que ninguno de ustedes tocará - Sorrento se había quitado su camisa para secar su flauta, ante la mirada sorprendida de sus amigos y la mueca de aprobación de Krishna.
- Una botella de agua - Thetis continuaba con los ojos cerrados y las manos sobre ellos, su botella estaba a sus pies.
- Veamos - dijo Julián abriendo su mochila - mi bolsa de papas que compré antes de ir por ustedes, mis lentes oscuros, una botella de bloqueador - le dio la botella a Baian para que la fuera pasando - un encendedor que podría ya no funcionar, una tela mosquitera, una delgada cuerda de cáñamo...
Baian miró su amigo sorprendido, era el más preparado de todos, por un momento se sintió orgulloso.
- Bien - intervino - debemos de internarnos en la isla, creo que había una laguna cerca.
El grupo asintió no muy convencido, pero sin tener otra opción, iniciando así su aventura de tres días en medio de la nada.
COMENTARIOS:¡Gracias por leer!Inicié este pequeño proyecto hace poco más de un año pero ya no lo continúe hasta ahora. Es relativamente corto pero ya está terminado y ahora sí, finalmente, aquí están todos los capítulos.Lamento haber dejado inconclusa la historia por un año, pero mejor tarde que nunca.De nuevo, gracias por leer.
