Los personajes de Saint Seiya no me pertenecen, son propiedad de Masami Kurumada.
Sentían que habían pasado horas, tal vez llevaban días caminando. Estaban cansados, el estómago de Isaac comenzaba a hacer ruidos, Io sentía que su cabello lo abrigaba y moría de calor, Kaza sentía todos los bichos y ramas que estaba pisando con su pie descubierto.
A la cabeza del grupo iban Baian y Julián, despejando el camino y buscando el claro que Baian aseguró existía; hasta el final estaban Krishna y Kanon, el segundo terminando de amarrar algunas hojas de palmera para hacer una falda para su amigo pensando en que cuando regresaran a la civilización le agradecería a su tía las clases de costura, "uno nunca sabe cuándo necesitarás una buena costura, no importa que sean niños, quiero ver esos calcetines buen zurcidos", solía decir.
Frente a ellos iba Sorento, en una mano cargando su estuche abierto y su flauta envuelta en su camisa, y con la otra llevaba de la mano a Thetis, que tenía un pedazo de tela sobre los ojos, la playera de Baian había sido la sacrificada.
— ¡Tengo hambre maldita sea! — gritó fastidiado el adolescente del grupo.
— ¡Isaac! Te he dicho que no quiero escucharte maldecir hasta que seas mayor de edad — Kaza miró a su hermano — pero tiene razón, yo también tengo hambre, ¡Pasa esas papitas Julián!
El aludido ignoró a su amigo, tenía la sensación de que se habían perdido pero no quería decir nada aún.
— ¿Ya puedo quitarme la tela?
— ¿Kanon? — preguntó Sorrento, moviendo a Thetis hacia dónde estaba él, la chica casi chocaba contra un tronco.
— Le estoy dando los últimos detalles...y, ¡listo! — Kanon le dio su creación a su amigo desnudo — ahora que terminé con mi tarea... Thetis, ¿a qué te referías con que suficiente tenías con Io viéndote desnuda? ¿qué clase de circunstancia provocó que ese hecho se efectuara?
— ¡Fue un accidente! — la rubia movió su cabeza hacia atrás — fue mi culpa, no me amarré bien mi vestido.
— Sí — intervino Sorrento — además no deberías de preocuparte por Io... — Thetis golpeó a Sorrento en el hombro con su mano libre — ¡¿Qué te pasa mujer?!
Kanon abrió la boca, a punto de preguntar a qué se refería cuando Krishna se detuvo.
— ¿Escuchan eso? — preguntó, provocando que todos se detuvieran y finalmente pudieran voltear a verlo, Thetis se quitó lo que le cubría los ojos — escuchó agua correr.
— Estamos en una isla, es obvio — dijo Sorrento.
Baian, a la cabeza, intercambió una mirada con Julián; también tenía la sensación de que se habían perdido pero tampoco quería alarmar al grupo, se lamentaba no haber pensado bien en proteger su mapa del agua, puesto que este se había mojado y había quedado por completo arruinado. Fue el primero en moverse hacia dónde señalaba Krishna y comprobar que en efecto, se alcanzaba a escuchar agua correr, podría ser el claro o tal vez caminaron tanto que atravesaron toda la isla sin darse cuenta, estaban a punto de comprobarlo.
— Es nuestra fuente de agua — dijo, levantó el machete y comenzó a cortar todo lo que estuviera frente a él mientras guiaba al grupo en una dirección diferente a la que llevaban.
— Ya era hora — habló Io por primera vez en los treinta minutos que llevaban caminando — estoy muriendo de calor y necesito tomar agua, siento la garganta seca.
Las sospechas se confirmaron, en menos de cinco minutos todos estaban frente a un pequeño riachuelo, apenas lo suficientemente grande para que una persona pudiera entrar. Eso no era lo que le habían prometido a Baian, eso le hizo recordar que en el barco estaban frente a dos islas, ¿podría ser que cometiera un error y llevara a sus amigos a la isla equivocada?
— ¡Eso no se hace! — el grito de Krishna lo sacó de sus dudas, ya no había tiempo para eso — no pueden tomar agua directamente de la fuente, ¡podrían morir de disentería o algo así!
El filósofo les gritaba a Io, Kaza e Isaac, quienes se habían abalanzado sobre el pequeño riachuelo.
— Krishna tiene razón — Baian caminó hacia adelante — necesitamos hervirla primero, y no tenemos mucho tiempo de Sol, necesitamos formar dos grupos y dos de nosotros deben buscar en los alrededores alguna fuente de alimento.
Todos suspiraron fastidiados.
— Bien señor experto en supervivencia, ¿cuál es su plan? — preguntó con sorna Kaza.
— Dos para los alimentos, al menos dos para el fuego y los demás para el refugio.
— ¿Un refugio para todos? — preguntó Kanon.
— Sí, a no ser que cada quien quiera su propio refugio, pero eso no será muy apropiado para la noche, necesitaremos conservar el calor.
— Yo voy a la exploración — dijo Krishna, comenzando a cubrirse con el lodo de la tierra alrededor de su fuente de agua.
Isaac suspiró, tenía hambre y sed pero también podía resistir un poco más y quería explorar la isla, tal vez no estaba en sus vacaciones soñadas pero eso era mejor a pasar dos horas frente a su libro de matemáticas.
— Voy contigo — el adolescente se paró a un lado de Krishna y comenzó a ponerse un poco de lodo en las piernas y brazos, tal vez eso era para marcar que eran los exploradores.
— Creo que me encargaré del fuego, debo ver si mi encendedor funciona.
— ¿Encendedor? Te apuesto veinte a que puedo hacerlo con dos piedras como en las películas — Kaza se acercó a Julián y juntos comenzaron a alejarse del pequeño río.
— ¡No vayan a irse mucho, el fuego tiene que estar cerca del refugio para espantar a los mosquitos — les dijo Baian — creo que nosotros cinco seremos los encargados del refugio.
El subgrupo caminó un poco más hasta que encontraron un lugar conforme para todos. Sin la venda sobre sus ojos Thetis pudo ver cómo iban las cosas y quejarse por todo lo que veía mal, como Baian cortando todo lo que estuviera frente a él. Sorrento trató de buscar un lugar donde pudiera poner su estuche húmedo para secarlo y así poder guardar su flauta.
Los cinco encontraron el lugar perfecto a varios metros del riachuelo, podían ver a Julián y Kaza escogiendo piedras, era un espacio amplio en medio de varios árboles.
— Se me ocurrió hacer una plataforma para evitar los insectos y ponerle un techito — le dijo Baian a Kanon e Io, los únicos que le estaba poniendo atención, los otros dos comenzaron a discutir sobre la botella con agua de Thetis y cómo Sorrento la quería usar para limpiar su flauta.
— ¿Qué pasa si llueve? Creo que deberíamos de construir también las paredes, y no sé si este espacio sea suficiente, podríamos hacer dos refugios.
— Es cierto, sería mejor si estamos divididos a estar todos apretados — mencionó Kanon mirando a su alrededor.
—¿Cómo nos dividimos entonces? — preguntó Baian.
— Yo cortaré la madera que necesitamos — Io le quitó el machete a Baian — ustedes van a divididirse con esos dos tarados y construirán al menos las plataformas, esperemos que los otros dos de allá — dijo señalando el lugar dónde estaban Kaza y Julián — tengan el fuego pronto para comenzar a hervir el agua, no quiero morir de disentería.
Baian eligió a Thetis y Kanon tuvo que conformarse con un muy molesto Sorento que no quería hacer nada. El músico estaba molesto por como habían resultado las cosas, ya decía que era mucho que sus amigos le ofrecieran un viaje a una isla paradisíaca; a veces se preguntaba por qué ese grupo disparejo era su grupo de amigos, no había muchas cosas que tuviera en común con ellos fuera de todos los años que llevaba conociéndolos; comenzó a pensar en abandonar el barco, o la isla en ese caso, hasta que vio como Kanon le explicaba a Thetis como hacer los nudos mientras Baian sostenía un pequeño tronco que Io cortaba por la mitad, sus amigos eran cooperativos, podían discutir pero siempre terminaban apoyándose el uno al otro, eran leales entre ellos, mirando a sus amigos el joven decidió unirse a la extraña aventura que habían planeado.
— ¿Cómo sabes ajustar tan bien un nudo? — preguntó Thetis.
— Solía molestar a Milo atando los cordones de sus tenis tan fuerte que siempre terminaba llorando porque no podía quitárselos.
Lejos de ahí, pero no lo suficiente, Julián y Kaza pensaban en las mejores formas de hacer fuego, el primero se había decantado por buscar ramas secas, mientras el segundo ya había seleccionado las mejores piedras para poder buscar una chispa.
— ¿Estás seguro de que eso funcionará?
— Por supuesto, además, tus ramitas están muy húmedas para buscar hacer algo con eso.
— También podríamos ver si mi encendedor funciona — Julián sacó del bolsillo de su pantalón su encendedor para mostrárselo a su amigo.
Kaza no dudó en tomar el instrumento y arrojarlo lejos.
— Lo haremos a la antigua — sentenció, acercó sus dos rocas a la poca yesca que encontraron y comenzó a chocarlas entre ellas buscando una chispa.
— No tenías por qué hacer eso... — Julián miró a su compañero, dando su encendedor por perdido — me alegra saber que ya no estás molesto.
— Yo no estaría tan seguro, estoy imaginando que esta piedra — dijo levantando la que tenía en la mano derecha — es la cara de Baian, y está otra es la tuya, todavía me falta otra para la de Krishna.
— ¡Oye! Todos estuvieron de acuerdo con esto.
— ¡Yo creí que ya no harían nada! Todos estábamos de acuerdo en no tomar enserio cualquier idea que dijera Baian porque sus ideas tienden a ser malas, ¿recuerdas cuando intento crear esa clínica para peces?
— En ese momento sonaba como una buena idea — el griego se encogió de hombros, él había invertido en ese negocio, al menos hasta que sus padres lo descubrieron, fue ahí cuando el joven de doce años descubrió cuáles eran los planes de sus padres sobre su futuro.
Ambos continuaron trabajando en el fuego hasta que Io se unió a ellos, el futuro publicista estaba cansado de cortar troncos, y de escuchar a Thetis quejarse por como estaban destruyendo la isla.
Con ellos tres a cargo del fuego pronto comprobaron que el dicho de tres cabezas funcionaban mejor que una era por completo falso, ni Kaza con sus rocas, ni Julián e Io frotando la madera, pudieron generar la mínima chispa. Para cuándo el Sol se ocultaba se hizo obvio para los tres que habían fracasado en su misión, Io consideró arrojarse sobre Kaza por perder el encendedor, pero estaba demasiado cansado para eso.
Desanimados, Julián y Kaza cargaron a un exhausto Io hacia donde estaba la construcción de los refugios.
La construcción tampoco había avanzado tanto, se había reducido a un refugio pequeño, apenas para cuatro personas y la mitad de uno, al final Thetis había tenido que enfrentarse a tres hombres sedientos que querrían su botella con agua. Nunca se había alegrado tanto como cuando llegaron los demás y ella finalmente pudo apoyarse en Julián, de todo el grupo él ers el único que hacía ejercicio regularmente y podría enfrentarse sin problemas a un grupo de hombres cansado y sedientos.
— ¿Dónde están Krishna e Isaac? — preguntó Kaza cuando el Sol daba sus últimos rayos.
Cómo si los hubieran llamado, los dos que faltaban aparecieron entre las sombras de la vegetación, Isaac mantenía los ojos abiertos mientras Krishna tenía una mano sobre el hombro del adolescente, parecía que lo estaba guiando.
— ¡Vimos una serpiente!— gritó el joven apenas llegó — ¡media como cinco metros y Krishna intentó matarla!
— ¡¿Serpiente?! — Thetis e Io se abrazaron.
— No era tan grande y no me sorprende, la competencia por el alimento podría estar reñida, sugiero dedicarnos a la pesca— Krishna alisó su falda y miró el lugar — no tenemos nada.
Todos suspiraron cansados, con el Sol oculto el lugar oscureció tan rápido que no tuvieron tiempo ni de prepararse.
— Lo mejor será descansar — dijo Baian, siendo el que estaba más cerca de la plataforma que habían hecho — debemos de reponer energía para termine todas las cosas inconclusas.
— Podré no haber visto mucho pero estoy seguro que no vamos a caber en esa cosa — dijo Isaac con las manos extendidas hacia el frente, tratando de encontrar el lugar donde estaba la plataforma.
— Algunos dormirán en el suelo, está será una competencia para ver quién llega a la plataforma — Kanon, también con las manos al frente, comenzó a caminar.
Con una muy reñida competencia Baian, Sorento, Isaac y Thetis lograron subir a la plataforma.
— Al menos ya comprobamos que sí aguanta todo nuestro peso — susurró Sorento acostado en medio de Baian y Thetis.
— Esto es horrible — todos escucharon la queja de Io, una queja un tanto lejana.
— Está bien, es el primer día, iniciamos un poco tarde, mañana las cosas estarán mejor.
Baian sonrió en medio de la noche, podría no tener nada y aún así se sentiría el hombre más feliz de la tierra, cerró los ojos y deseó que sus palabras fueran ciertas.
