Los personajes de Saint Seiya no me pertenecen, son propiedad de Masami Kurumada.

Isaac era una persona fría, en el sentido literal de la palabra, Thetis lo comprobó cuando el adolescente se acostó a su lado, así que ademas de pasar el frío de la noche ella tuvo que pasa por el frío de Isaac. Del otro lado estaba Sorento, pero a pesar de que Thetis intentó abrazarlo no le ayudó mucho, se hubiera levantado en busca de compartir calor corporal con alguno de sus otros amigos, pero todo estaba tan oscuro que ella no tenía ni idea de en donde estaban, podía escuchar a alguien roncar, pero tenía muy presente lo que le habia dicho Baian de los insectos, no se arriesgaría a encontrarse con uno, más que los mosquitos que podia escuchar y la picaban, esa definitivamente estaba convirtiéndose en la peor noche de su vida; agradecía haber escogido su falda larga en lugar de los shorts y haberse puesto esa camisa sobre su playera de tirantes, al menos así podia intentar tapar sus piernas y brazos.

Kanon también estaba pasando una mala noche, estaba sentado arriba de la media plataforma que había construido con Sorrento, temblando como un perro chihuahua, estando lo más cerca que podía de Krishna, escuchado los mosquitos a su alrededor, comiéndolo, odiaba los insectos.

— ¿Estás despierto Kanon? — preguntó Krishna a su lado — ¿Kaza? — le preguntó a su otro amigo, que estaba a su otro lado, también temblando.

— Sí — respondieron ambos, en voz baja, escuchaban que al parecer alguien sí había logrado conciliar el sueño.

— Esto es una mierda — susurró Kaza.

— Que Isaac no te escuche maldecir o dirá que ya tiene licencia para hacerlo — bromeó Kanon, antes de golpear su pierna derecha, había sentido en específico a un mosquito.

— La noche es demasiado fría — dijo Krishna — debemos de tomar medidas...

— No vas a sugerir que nos acurruquemos, ¿o sí? — ante el silencio de su amigo Kanon dejó de intentar matar mosquitos.

El silencio se extendió en el trío hasta que una ráfaga de viento movió la vegetación a su alrededor, escucharon toda clase de sonidos y sintieron que la temperatura bajó varios grados, para ellos.

— Si no vemos nada no podremos decir que pasó — susurró Kaza, acercándose un poco mas a Krishna.

— Sí, y de todas formas nadie dirá nada — Kanon también empezó a acercarse.

— Nos separaremos cuando comience a amanecer, nadie se enterará — aseguró Krishna.

Kanon se quedó quieto, hasta que sintió un brazo pasando por sus hombros, tembló, no por el frío, y respiró hondo antes de hacer su parte y mover los brazos para abrazar el torso desnudo de su amigo, en ese momento el mayor del grupo supo que una de sus tareas para cuándo el Sol apareciera sería confeccionar lo mas parecido a una playera.

Sus pensamientos sobre ropa y recuerdos de la infancia lo ayudaron a cerrar los ojos, al menos por lo que sintió fueron segundos, cuando los volvió a abrir apenas estaba amaneciendo; la oscuridad poco a poco desaparecía y le abria paso a la mañana del sábado. No supo en qué momento había terminado medio acostado con Krishna casi sobre él, pero eso ya no importaba, sería algo que ignoraría.

Se levantó de la plataforma y miró a su alrededor; Kaza ya no estaba, frente a él estaba la segunda plataforma con un Isaac por completo dormido, Thetis estaba en posición fetal y Baian abrazaba a Sorrento, un también despierto Sorrento que para suerte de Kanon no estaba mirando hacia la otra plataforma.

Esa había sido la noche más larga en la vida de Sorrento, la mas larga y terrible de todas, no sólo no había logrado dormir sino que había sido comido por mosquitos, se sentía sucio, tenía sed, hambre y una ligera migraña que juraría inicio en el momento en el que lo arrojaron del barco. Cuando escuchó el crujir de algunas ramas y hojas volteó para encontrarse con Kanon, quien se veía igual o más cansado que él.

— No digas nada — dijo Sorrento mientras se sentaba, en la madrugada se había tocado el rostro y había descubierto que tenía dos protuberancias en la frente debido a los piquetes de los mosquitos, desde que era niño era muy propenso a qué eso le sucediera.

— ¡Wow!

El músico suspiró, al agachar la cabeza vio que un mosquito estaba acercándose al tobillo descubierto de Thetis, por lo que no dudó en darle un fuerte golpe que despertó a la rubia, quien gritó al ver el rostro deformado de su amigo y se movió para atrás, tirando a Isaac en el proceso y despertando a todos los demás.

— ¡¿Qué sucedió?! — preguntó Io acercándose al lugar, estaba tan cansado el día anterior que básicamente durmió en el lugar donde estaba, a un lado de un árbol. Tenía una enorme araña subiendo por su hombro, pero nadie lo notó — ¡Cielo santo Sorrento! ¡¿Esta es un transformación o algo así?!

Todos se habían acercado a la plataforma, y miraban al músico como si de un fenómeno a inicios del siglo XX se tratara; todos excepto Julián, quien apenas estaba despertando, él había tenido una noche medianamente buena, se había envuelto en su tela y había metido la cabeza en su mochila, lo único que le había molestado era la espalda.

El escándalo no afectó al empresario, quien dobló su tela y caminó hacia donde estaba el grupo, buscando algo en los pequeños bolsillos de su mochila.

— Ten — dijo aventándole a Sorrento un botecito de crema — ¿Cuál es el plan hoy? — preguntó sentándose a los pies de Thetis.

Sorrento sonrió mientras veía el ungüento contra los piquetes de mosquitos, cuando eran niños esa era la principal razón por la que no solían jugar al exterior, ese y el miedo de la señora Solo de que algo le pasará a su heredero multimillonario.

— Priorizamos terminar al menos un refugio y hacer el fuego para el agua...

— Yo me encargo del fuego — gritó Kaza, interrumpiendo a Baian — ayer Julián e Io no me dejaron hacerlo a gusto, hoy lo tendré para antes del medio día.

— Isaac y yo iremos a pesar — dijo Krishna poniendo una mano en el hombro del adolescente, quien suspiró resignado — Julián, ¿no tienes en tu mochilita mágica algo que pueda ayudarnos?

— Mi cuerda y mi tela — el empresario sacó sus instrumentos.

— Eso significa que nosotros seis nos dedicaremos a los refugios...

— ¡Oh no! — Thetis volvió a interrumpir a Baian — tengo sueño, estoy cansada, no pienso hacer nada.

— ¡Yo apoyo a Thetis! También tengo sueño y estoy todo picoteado — Sorrento se cruzó de brazos.

— ¡Vamos! — la palabra de Io desvió toda la atención hacia él, en ese momento todos notaron la gran araña que descansaba en el hombro de su amigo — yo tampoco dormí bien y los moscos me picaron, me duele la espalda, pero debemos hacer esto porque no estoy dispuesto a pasar otra noche así, así que ¡Tú te vas a ir a hacer fuego! ¡Y ustedes dos se irán a pescar y más les vale traer muchos peces o no se dignen en regresar! — cuando Io terminó su discurso miró a sus amigos interrogante — ¿Qué?

— Nada — Kanon levantó el machete y comenzó a ver todo el desastre que habían dejado el día anterior — Io tiene razón, debemos de movilizarnos.

Krishna llevó a Isaac al riachuelo para ponerse más lodo.

— ¿Para qué es el lodo? — preguntó el adolescente mientras se echaba en el cuello.

— Protección solar.

Ambos caminaron hacia la playa, Isaac se sentía adolorido por la caída y Krishna estaba cansado, eres probable que solo durmiera un par de horas a lo mucho, pero estaba dispuesto a aceptar todo el desafío.

— ¿Sabes nadar? — preguntó el mayor.

— Sí, en el orfanato solíamos ir una vez al año a la piscina pública, siempre hacia competencia de nado con Hyoga — el adolescente agarró uno de los extremos de la tela y siguió a Krishna a la playa — una vez el idiota casi se ahoga por querer llegar al fondo de la piscina, tuve que salvarlo y me golpeé el ojo...

— Espera, ¿por eso tienes esa cicatriz en el ojo izquierdo?

— Sí, Marín temía que perdiera el ojo, pero eso no sucedió, sólo usé un parche por un año y Hyoga también quiso lastimarse para recompensarme.

— ...Tienes una relación muy extraña con ese chico — dijo Krishna, deteniéndose justo frente al mar.

— No más que la de todos ustedes con su extraña devoción a Julián, ¿Qué haremos?

— Amamos a Julián porque es el único buena onda del grupo, y gracias a él todos nos conocemos — dijo Krishna extendiendo su lado de la tela — pescaremos con la tela, la meteremos al agua y esperaremos a que los peces se acerquen, busquemos insectos y algo para poner el pescado.

— ¿Cómo esa cubeta rota que encontramos ayer?

— Sí, necesitaremos repararla o buscar otra cosa.

Isaac se quedó callado, el día anterior había encontrado botellas de plástico, lo que parecían bolsas y demás basura que lo habían hecho agradecer que Thetis no eligiera acompañarlos, pudo haberse desmayado al ver qué incluso en lugares abandonados como ese había muestras de la vida humana; el hombre siempre estaba dañando el ecosistema incluso sin estar presente, reflexionaba. Mientras caminaban por la orilla recordó lo que solía decir Touma cuando organizaban las donaciones para los chicos del orfanato, "la basura de unos es el tesoro de otros", siempre pensó que no recordaría las cosas que solía decir Touma para impresionarlos, principalmente porque no le ponía mucha atención cuando comenzaba a hablar y hablar.

— No me agrada este clima — dijo Krishna — Hay demasiadas nubes.

— ¿Lluvia?

— Esperemos que no — el filósofo miró al cielo, el Sol estaba siendo eclipsado por un gran conjunto de nubes — ... esperemos que no.