Los personajes de Saint Seiya no me pertenecen, son propiedad de Masami Kurumada.


Julián le frunció el ceño a las nubes grises, el calor de la mañana había disminuido y esas nubes sólo podían predecir una cosa: lluvia.

Todos estaba trabajando bien, parcialmente, Thetis y Sorrento se habían dividido medio día para poder dormir, y las cosas parecían finalmente estar funcionando, Kaza había logrado prender el fuego, un refugio ya había sido construido por completo y por fin todos habían podido tomar agua sin miedo a las consecuencias, sólo les quedaba esperar que Isaac y Krishna lograran traer algo de alimento y terminar de ponerle las paredes al segundo refugio que tanto había exigido Io, además del techo.

— ¿Piensas lo mismo que yo? — escuchó que preguntaba Kanon a sus espaldas, el mayor sostenía la ollita de Baian y le daba un sorbo al agua.

— Sí, debemos de pensar como proteger el fuego si empieza a llover — Kanon le pasó la ollita — gracias.

— No les agradará saber que todavía nos falta más trabajo.

— Bueno, al menos ahora sabemos que nunca querrán volver a salir todos en grupo — Julián sonrió, movió la cabeza hacia donde estaban trabajando y vio a Io dándole la espalda, amarrando las hojas que habían puesto en el techo, la araña que antes estaba en su hombro se había pasado a la espalda — ¿aún nadie le ha dicho a Io de su amigo?

— No queremos arruinar su nueva amistad.

Ambos intercambiaron una mirada antes de ser interrumpidos por Thetis, quién se acercó al empresario.

— Julián, revisé tu mochila y descubrí que tenías un jabón, voy a tomar una ducha rápida y lavar mi ropa.

— ¡¿Aquí?! — preguntó Kanon sorprendido, no estaba preparado para eso y aún tenía que terminar la charla con ella y Sorrento.

— Baian dijo que lo hiciera río abajo — Thetis señaló el lugar con la mano que tenía el jabón.

— Bien — Julián le dio otro sorbo al agua en la olla — creí que ibas a dormir.

— Eso iba a hacer, pero vi tu jabón y necesito lavarme, todos ustedes diría yo — Thetis miró a sus dos amigos con una ceja levantada.

— Gracias Thetis — dijo Julián, pasándole de nuevo la ollita a Kanon, al ver que la rubia no se movía fue su turno de levantar un ceja — ¿pasa algo?

— Necesito que me acompañes.

Kanon miró a Julián sorprendido, más que por las palabras de Thetis, por la falta de reacción de su amigo, quien sólo metió las manos en los bolsillos de sus pantalones.

— ¿Qué dijo Baian? Podría necesitarme.

— Llevas diez minutos mirando el cielo, tu descanso ya inició y eso me deja poco tiempo así que muévete.

Thetis comenzó a empujar a Julián mientras Kanon los miraba. Sorrento apareció poco después, buscando quitarle la ollita al mayor para calentar más agua.

— Después de Thetis yo quiero lavarme la cara — dijo el músico mientras caminaba hacia el riachuelo.

— Después sigo yo.

Ambos caminaron de vuelta al fuego, dónde Kaza quemaba algunas ramas.

— ¡Maldición! Le hubiera dicho a Thetis que si se iba a llevar a alguien al menos trajeran más leña.

— Fue con Julián, de seguro él traerá — dijo Kanon agarrando a Baian del hombro para que le pusiera atención — parece que va a llover.

— ¿Qué te hace pensarlo? — la pregunta de Io fue respondida por un rayo que cruzó el cielo y el sonido de un trueno que duró varios segundos — olvídalo.

— Necesitamos construir algo que evite que nuestro fuego se apague.

— Construir, siempre estás hablando de construir, ya estoy hasta aquí de las construcciones — Sorrento alzó la mano para mostrar su punto.

Todos rodaron los ojos, comenzaban a cansarse de las continuas quejas de Sorrento.

Baian se sentía levemente decepcionado porque su amigo aún no abrazaba la aventura por completo; pensó en usar algo de hierba para cubrirse los oídos y dejar de escucharlo.

— Sorrento, ¿por qué no tocas algo para nosotros? — preguntó Io, la araña ahora estaba sobre su cabeza pero él seguía sin darse cuenta.

— ¿Cómo dices? — preguntaron el resto de sus amigos.

— Sí, toca un canción con tu flauta, armoniza un poco el ambiente.

— Io tiene razón, siéntate en la plataforma y distraemos un rato — dijo Kanon antes de mirar a Baian y Kaza — Kaza y yo trabajaremos en el fuego, ustedes terminen ese refugio antes de que llueva.

Sorrento no necesitó que se lo dijeran dos veces, se sentó en la plataforma y comenzó a tocar, eso fue un poco mejor para todos, los sonidos de la naturaleza y la flauta de Sorrento los hicieron relajarse, incluso comenzaron ha hacerle peticiones, estaba acostumbrados a escucharlo tocar piezas clásicas, pero escuchar una versión en flauta de Sweet Child O'Mine no fue tan malo como se imaginaron, incluso podría decirse que trabajaron más rápido.

A pesar de que ninguno tenía reloj, todos podían apostar que faltaban una o dos horas para el atardecer; Kanon y Sorrento estaban preocupados por Thetis y Julián, aunque Sorrento estaba más preocupado porque la pareja se había llevado el jabón, la única cosa que según él los separaba de los bárbaros. Kaza tampoco dejaba de mirar el camino de ramas rotas que habían dejado cuando llegaron ahí, el camino que recorrían Krishna e Isaac y que los llevaba directo a la playa.

— Aún no te he agradecido por venir — Baian, el único que no le temía a la araña de Io, estabas sentado a su lado frente al fuego.

— Debo admitir que estaba molesto, después emocionado, después molesto de nuevo, y luego muy, muy molesto pero ahora creo que esto es un poco divertido.

— ¿De verdad lo piensas? — le preguntó sonriendo, nada lo haría más feliz que saber que sus amigos disfrutaban de la experiencia de supervivencia.

— Sí, ahora ya sé cómo Kanon molestaba a sus primos y si me llego a quedar sin casa ya sé construir algo medianamente decente para vivir.

— Sabes que si ese escenario llega a pasar puedes mudarte conmigo, ¿verdad?

— No quiero ser un estorbo...

— Io, eres mi amigo, nunca serás un estorbo — Baian puso una mano en el hombro de su amigo y lo miró con un sonrisa,

Io le sonrió de vuelta.

— Claro que no lo sería para ti, me necesitas para que el negocio que planeas poner funcione, sin mi te irás a la ruina más rápido que con tu negocio de la veterinaria de peses.

— El negocio era muy rentable hasta que los padres de Julián intervinieron.

Ambos rieron, suavemente e intercambiaron una mirada, aún manteniendo sus sonrisas.

— Tienes una rama — dijo Io mientras le retiraba la ramita a Baian del cabello.

El canadiense miró a su amigo, aún sintiendo el paso de los dedos de Io desde la parte izquierda superior de su cabeza hasta su mejilla, dónde lo habían rozado, o tal vez fue leve caricia. Ambos se sonrojaron mientras se miraban fijamente a los ojos, sintiendo una magia extraña envolviéndolos.

— Gracias — susurró Baian — y tú tienes...

Por el rabillo del ojo alcanzó a ver qué lo observaban, desvió levemente la cabeza para encontrarse con una extraña mueca en Kaza, una ceja levantada de Kanon y una mirada de Sorrento que le decía que tendrían una a charla después.

Baian no fue el único que se fijó en eso, Io también volteó a ver a sus amigos y las expresiones de los tres lo hicieron sonrojar aún más. Kanon se aclaró la garganta y desvió la mirada, junto con los otros dos.

— Se está haciendo tarde — dijo inmediatamente — tal vez deba de buscar a Julián y Thetis.

— ¡Llegamos!

La palabra de Isaac cortó toda la conversación. El adolescente estaba por completo empapado pero lucía una enorme sonrisa.

— ¡Era verdad que encendieron el fuego! — gritó.

Detrás de él, cargando su tela mosquitera con varios peces, estaba Julián; Thetis iba un poco más atrás, con el cabello recogido y sobre su cabeza la gorra de Julián; finalmente Krishna estaba al final, cargando varias ramas y palos.

— Caminamos un poco más y terminamos en la playa, donde nos encontramos con los chicos — dijo Thetis mientras se sentaba al lado de Sorrento — Julián no me quiso cargar y me duelen los pies — se lamentó la chica mientras se apoyaba en el hombro de su amigo.

— ¿Tienen comida? ¿Cuántos peces traen? ¿Ya podemos comerlo? — preguntó Io, ignorando las palabras de Thetis y recordando que tenía hambre, mucha hambre.

— Fue un golpe de suerte — dijo Krishna mientras Julián dejaba los peces frente al fuego — parece que hay una tormenta cerca y el mar nos trajo muchos peces, traíamos dos docenas pero Thetis nos obligó a regresar los que sobraban.

— ¡Thetis! — gritaron los que se habían quedado.

— No iban a terminarlos, sólo sería desperdicio — sentenció la rubia — preparen lo que tenemos, dormiré, despiértenme cuando la cena esté lista.

La chica desapareció en el interior del refugio, dejando a los hombres solos.

— Cielos, qué mujer — Kaza se levantó de su lugar y comenzó a ver los peces que tenían, buscando uno que se viera apetitoso — no puedo creer que hayas salido con esa mujer Julián.

— ¿Qué? — Kanon en Isaac miraron al joven empresario, ninguno de los dos conocía esa historia y estaban intrigados, uno más por el chisme que por otra cosa.

Julián dejó lo que estaba haciendo, su ceño se frunció y miró brevemente hacia adentro del refugio dónde se había metido Thetis.

— No sé de qué estás hablando — dijo mientras se levantaba y sentaba al lado de Baian — ¿cómo prepararemos la comida?

— Papas — la intervención de Io aligeró un poco el ambiente — fritos, con papas, limón, una porción de arroz...

— O empanizados, con mayonesa y una ensalada — completó Baian.

— Sí... pero no tenemos todo eso así que yo digo que lo pongamos todo en la olla de Baian y lo comamos como si fuera caldo — dijo Krishna, ganándose la mueca asqueada de todos.

— Fritos, sólo póngalos al fuego y ya — Kaza señaló la olla que estaba al fuego, con agua hirviendo — que nuestros héroes se refresquen, esta noche el banquete será dedicado a ellos.

Todos gritaron emocionados, algunos les dieron un par de palmadas en la espalda a Krishna e Isaac; el mayor tomó la ollita, que tenía en una de sus agarraderas un pedazo de tela de la playera de Kaza y se la dio al adolescente, quien no tardó nada en comenzar a beber.

— ¿Tienes el jabón? — le preguntó Sorrento a Julián, quien se lo dio sin problemas.

Sorrento se levantó y caminó hacia el riachuelo, seguido de cerca por Kanon e Isaac.

— ¿Qué ocurrió entre Thetis y Julián? — preguntó el menor mientras se agachaba para volver a llenar la olla con agua.

— ¿Por qué no le preguntan a ellos? — dijo Sorrento mojando sus manos.

— Vamos Sorrento, una introducción — Kanon se mantuvo de pie, esperando a que su amigo soltara la sopa.

— No fueron pareja, eso sólo lo dice Kaza para incomodar a Julián, si Thetis lo escucha lo manda al hospital — empezó el músico después de breves segundo de silencio, sentía que al menos se lo debía a Kanon porque siempre había mostrado cierto interés en la rubia, además de que sabía que ninguno de los involucrados hablaría abiertamente — sólo se gustaban y luego ya no, así son las cosas.

— ¿Eso es todo? — preguntó Isaac.

— Es la introducción, ahora, si me disculpan, quiero asearme y no me gusta tener público.

Los dos amigos caminaron de vuelta a la fogata, Isaac miró a Kanon, conociendo a su amigo era probable que este estuviera meditando el tema con cuidado.

— ¿Qué es lo que piensas?

— Honestamente Isaac, no tengo ni idea.

Kanon investigaría, por supuesto que lo haría, pero sería después de la comida, moría de hambre.