Los personajes de Saint Seiya no me pertenecen, son propiedad de Masami Kurumada.
Pasó poco más de media hora hasta que Baian pudo calmarlos a todos explicando que no se quedaron los veintiún días como en el programa, sino que sólo fueron tres días.
— Tres días... esto es horrible — Sorrento se llevó las manos a la cabeza.
— ¿De verdad no podemos quedarnos los veintiún días? — preguntó Krishna.
— ¡No! — gritó Kaza — ¡Jamás! Me niego a otro día aquí.
— A diferencia de ti Krishna, yo debo trabajar — señaló Io.
— Sí, yo tengo escuela, aunque siendo honesto por como me siento voy a saltarmela al menos por un mes — Isaac se acostó sobre las hojas, a un lado de la fogata.
— ¿A qué hora vendrán por nosotros? — preguntó Thetis, ella al contrario de los demás, había guardado un poco de su pescado, y a pesar de que lo encontró con algunos animalitos sobre él, no vio más problemas por comenzar a comerlo.
— Tarde, como a las siete — Baian trató de quitarle una parte de su pescado a Thetis, pero ella lo golpeó en la mano — creo que eso es poco después del anochecer.
— ¿Quieres decir que pasamos todo el día de ayer construyendo un refugio que sólo utilizamos una noche? — preguntó Sorrento.
— Básicamente... — Baian sonrió ante la mirada de Sorrento, quien se estaba colocándo su crema para los piquetes de mosquitos.
— Pudimos tener una noche igual de mala que la de ayer — dijo Kanon, viendo el lado positivo.
— Bueno, nadie podrá decir que somos unos buenos para nada— Julián, que se mantenía de pie, miró los dos refugios con orgullo — ¿Qué hacemos hoy entonces?
— Pensé que se los debía, un día de playa.
El grupo entero miró a Baian, algunos habían comenzado a sonreír, eso era lo soñaban con tener; lo único que habían planeado para su fin de semana.
El grupo comenzó a recoger sus cosas, cuando Sorrento e Io quitaron la tela mosquitera ambos miraron sus respectivos refugios, había una sensación de orgullo y melancolía por dejar el lugar que habían levantado con tanto trabajo, ambos se quedaron viendo sus lugares por demasiado tiempo, hasta que una nueva discusión les llamó la atención.
— Kaza, ¿Qué estás haciendo?
— preguntó Thetis.
— Voy a apagar la fogata — Kaza se acercó al fuego con las manos en su pantalón.
— ¡Ni se te ocurra! — gritó Baian.
— ¡Exacto! ¡no seas asqueroso! — dijo la chica.
— ¿Y para qué lo quieren prendido si ya nos vamos?
— Vamos a necesitarlo para la comida, y aunque no fuera así no puedes apagarlo así, cielos — Baian empujó a su amigo lejos del fuego — ¿Están listos, tienen todo?
— ... Eso parece — Kanon miró a los demás asentir, ahora sólo cargaba su pelota de playa que había dejado abandonada al lado de un árbol cuando comenzaron a construir.
El grupo comenzó a caminar de vuelta a la playa, recorriendo el camino que habían marcado antes, ahora Krishna e Isaac iban a la cabeza; Kanon y Baian los seguían muy de cerca, los cuatro iban discutiendo sobre lo que harían al llegar a su destino. Con cierta distancia Julián e Io hablaban sobre lo que harían después de que los recogieran, Sorrento tocaba su flauta y Thetis regañaba a Kaza por su extravagante método para apagar el fuego.
Contrario al primer día, el ambiente se sentía mejor, había cierta expectativa por un día en la playa después de todo lo que habían pasado, al final parecía que todos habían demostrado ciertas habilidades de supervivencia que no los hacían quedar tan mal parados; por supuesto ninguno quería pasar ahí más tiempo, fuera de Krishna que se había tomado muy enserio el reto.
Cuando llegaron a la playa Kaza corrió hacia el mar, había comprado su tabla de surf justo para ese momento; el chico no dudó en arrojarse al mar y comenzar a practicar mientras el resto del grupo discutía cómo se organizarían. Al final Baian y Julián fueron los elegidos para pescar mientras los demás se dedicaba a disfrutar la tarde soleada; Baian porque había sido el de la idea de ir a ese lugar y Julián porque fue el único que se ofreció voluntariamente.
Kanon, Krishna, Isaac e Io decidieron improvisar una partida de voleibol con la pelota de playa; Thetis y Sorrento prefirieron terminar de arreglar el nuevo fuego y sentarse un rato en la arena para tomar el Sol.
— Este debe de ser el mejor momento que he tenido desde que iniciamos estás "vacaciones" — dijo Sorrento mirando por séptima vez como Kaza caía de su tabla.
— Estoy de acuerdo — la rubia miró a su amigo, sus protuberancias habían disminuido notablemente pero aún daba algo de miedo mirarlo directo al rostro.
— Escuché que buscaras un puesto en la empresa de Julián.
— ¿Quién te lo dijo? — Thetis miró al músico sorprendida, ni siquiera Julián sabía eso.
— Kaza leyó tu solicitud y se lo contó a Isaac, quien se lo dijo a Baian y nosotros sólo charlamos.
— Ustedes son más chismosos que un grupo de señoras que no tiene nada mejor que hacer — susurró la rubia.
— A lo que voy — continúo el músico ignorando el comentario — ¿por qué no le dices a Julián y te ahorras todo el drama?
— Quiero hacerlo por mi cuenta, entrar no por ser la amiga del jefe.
— ¿Esto no tiene nada que ver con lo que pasó con...?
— ¡No hables de eso! — interrumpió la rubia dándole una mirada de advertencia.
El músico fingió que le ponía un candado a su boca y se dedicó a ver el partido.
El juego estaba entrando en la recta final, Io e Isaac le llevaban una amplia ventaja a Krishna y Kanon, quienes habían decidido pasar el final tratando de matar a la araña que se había resistido a alejarse de Io, todavía nadie le decía que llevaba consigo a un animal que podría ser potencialmente peligroso.
— ¡Isaac! ¡Me atacan! — gritó antes de salir corriendo
— Aún así ganamos — dijo el adolescente mientras veía a su amigo correr lejos.
— Nadie dijo lo contrario — Kanon caminó hacia donde estaba el fuego — estoy cansado, descansemos un tiempo y luego alguien debería de enseñarle a Kaza cómo se surfea.
— ¿Sabes surfear? — le preguntó Krishna.
— No, por eso dije que alguien debía de hacerlo.
Io se unió minutos después al grupo alrededor de la fogata y Kaza casi media hora después, cansado de sus fracasos. Thetis e Isaac pronto se entretuvieron haciendo un castillo, Kaza se había burlado de ellos hasta que con el paso del tiempo terminó haciendo equipo con Krishna en una competencia por el mejor castillo, competencia en la que Sorrento sería el juez, y considerando que no dejaba de criticar a todos la competencia terminaría sin ningún ganador o con el juez arrojado al mar.
Al igual que el día anterior pronto el clima dio un giro, el cielo volvió a nublarse y el mar se movía de un lado al otro.
— ¿Creen que ahora sí llueva? — preguntó Sorrento en voz alta.
— No — dijeron la mitad del grupo mientras la otra mitad decía un contundente sí.
— Lo dejaré en un tal vez — dijo el músico mirando lo movidas que estaban las olas del mar.
— Deberíamos de buscar a Baian y Julián — habló Io dejando de lado su maltrecha torre — el mar está muy movido y ellos no son el mejor equipo para estás condiciones.
— No vi hacia donde fueron — Kanon miró de izquierda a derecha.
— No deben de tardar — Kaza se levantó y saltó el castillo de Thetis e Isaac con auténtica maestría — esperemos un poco más y después nos dividimos.
— Estoy de acuerdo — dijo Khrisna también levantándose, su falda estaba un poco rota y eso le recordó a Kanon que él debió de arreglar ese detalle — preocupemonos por el fuego si llueve.
—¿Trabajo? ¿Estás hablando de trabajar? — preguntó Isaac.
— Creí que ya estábamos de vacaciones — la rubia del grupo hizo un pequeño puchero y recargó su cabeza en el hombro del adolescente.
— Así es la vida, no hay descanso — Krishna miró hacia un punto por encima de todos, haciendo un pose dramática.
Todos a excepción de Krishna que seguía en su pose miraron a Kanon, quien había dejado de lado el castillo y se había concentrado en hacer una escultura de arena, cuando notó las miradas Kanon parpadeo varias veces.
— ¿Qué? — preguntó.
— Eres el jefe, ¿De verdad vamos a trabajar? — preguntó Kaza.
— ¿Desde cuándo soy el jefe?
— Si sigues preguntando consultaremos a Sorrento — amenazó Thetis.
— Bien — Kanon se levantó y se paró a un lado de Krishna — debemos de hacer algo porque si llueve y se apaga el fuego no comeremos, además de que nos mojaremos y pasaremos frío, ¿quieren sentarse y esperar bajo la lluvia? Porque yo no.
El grupo pensó en sus palabras y uno a uno, resignados, comenzaron a levantarse para continuar con el trabajo. Siendo casi todos los que trabajaron y con la amanezca de lluvia cada vez más grande por primera vez en los tres días de su estadía trabajaron con velocidad y eficacia, sin quejarse ni descansar. El único que medio se movía era Kanon, diciendo que estaba supervisando la obra y cada tanto caminaba un par de metros hacia la derecha o hacia la izquierda, esperando ver a Julián o a Baian; su tardanza le preocupaba, primero porque eran sus amigos y segundo porque si algo le pasaba al heredero Solo era probable que todos fueran abandonados en esa isla por los siglos de los siglos.
— Isaac — dijo agarrando al primero que pasó frente a él — busquemos a esos idiotas.
— Pero dijiste que no sabes a donde fueron, y yo tampoco me detuve a verlos.
El mayor se revolvió el cabello, miró a todos lados antes de guiar al chico hacia la izquierda.
— Nos separaremos, tú a la izquierda, yo a la derecha.
— ¿Y como sabremos si uno los encontró encontró?
Kanon dejó a Isaac y caminó de vuelta a dónde los demás trabajaban.
— Necesitamos idear un plan — dijo.
El plan iba a la mitad cuando la lluvia empezó, ligera, el techo que habían construido era alto así que todos se apretujaron debajo de él a excepción de Kanon, que seguía parado en medio de la playa dando vueltas sobre su propio eje.
Thetis e Isaac miraron con tristeza como su castillo poco a poco desaparecía, mientras Sorrento se unía a Kanon y Kaza y Krishna cuidaban el fuego. Justo cuando estaban por decir quienes irían a la búsqueda, Baian y Julián aparecieron, caminando hacia ellos.
— ¿Donde rayos estaban? — preguntó Sorrento una vez que estuvieron frente a frente. Baian tenía los ojos abiertos, miró de su amigo que cargaba varios peces a los demás.
— La lluvia alejó a los animales — Julián se acercó al fuego y le entregó el alimento a los encargados antes de dirigirle una mirada a Baian un tanto inquietante.
— Lo que Julián dijo — susurró mientras se acercaba al fuego.
— ¿Algo sucedió? — le preguntó Sorrento a Kanon.
— Obviamente — respondió el mayor.
Todos se reunieron alrededor del fuego y debajo del techo improvisado, la lluvia aumentaba de intensidad y los obligaba a mantenerse más cerca y tratar de evitar que el viento apagará el fuego. Mientras esperaban a que la comida estuviera lista se entretuvieron haciéndose juegos de preguntas.
— Baian, ¿de dónde sacaste este lugar? — le preguntó Kanon a su amigo que estaba justo a su lado.
— Busqué en internet islas desoladas cercanas a Grecia y compré la que mejor me pareció — respondió el castaño alzando los hombros — Krishna, ¿de verdad viste todos los capítulos de supervivencia al desnudo?
— Creí que debíamos de verlos — contestó el filósofo revisando si los pescados ya estaban — Isaac, ¿qué es el ser?
— ¿Qué? ¿El ser? ¿Cuál ser?
— preguntó el adolescente confundido.
— Esa es justo la pregunta — dijo Khrisna levantando el pulgar, dejando al adolescente más confundido.
— ... Bien, creo que ya conteste ... Io, ¿no extrañas tu país?
— A veces — el mesero se quedó en silencio, pensando en su vida antes de estar ahí — pero eso no significa que quiera a regresar, me gusta estar aquí, este es mi hogar ahora, además de que aquí viven todos ustedes y... me estoy poniendo algo cursi — ante la sonrisa nerviosa de Io, Thetis decidió superar el miedo a la araña que estaba arriba de la cabeza de su amigo y darle un rápido abrazo apoyo — Julián, ¿qué es lo peor que te ha pasado gracias a tu agradable posición económica?
El empresario se llevó una mano a la barbilla y entrecerró los ojos.
— Una vez me dejaron pasar primero en un restaurante, fue tan vergonzoso porque las personas en la fila llevaban mucho esperando.
— ¿En serio eso es lo peor? — preguntó Baian mirando a su amigo fijamente.
— Sí, lo es.
— ¿Seguro que no hay nada relacionado con la... santa de tu madre?
Ambos se enfrascaron en un duelo de miradas hasta que el empresario bajó la vista al fuego.
— Creo que la comida ya está lista.
— ¡Oh, genial! ¡Muero de hambre! — Kaza sacó su pescado con cuidado del fuego y comenzó a comer — cuando salgamos de aquí hay que ir a un lugar que venda comida mejor preparada.
— Conozco un puesto callejero que vende comida mexicana, de hecho conozco al dueño — dijo Julián.
— ¿En la calle? — preguntó Sorrento con una mueca de desagrado.
— Sorrento, estás comiendo en una isla desierta un pescado que en la mañana nadaba libre y feliz en el mar, no hay razón para ponerse especial con la comida callejera — dijo Kanon, ante sus palabras el músico tuvo que reconocer que su amigo tenía un punto.
A pesar de la lluvia y el frío que comenzaba a sentirse Baian pensó que había cumplido su misión al ver a sus amigos convivir y bromear, parecía que todos de alguna u otra forma habían disfrutado de la experiencia y para él no había nada más gratificante que eso, además de que había tenido la oportunidad de medio recrear su programa favorito; la isla sin duda había sido una buena idea, a pesar de que había una sensación amarga en la aventura.
La lluvia había disminuido lo suficiente como para que el bote pudiera acercarse a ellos. Todos habían salido del improvisado refugio para hacerle señas al mismo cuando vieron que se acercaba a la isla frente a ellos; mientras se preparaban y apagaban el fuego Baian se había acercado a Julián y lo llevó lejos de la multitud.
— Julián, lo que dijiste en la playa hace rato... Estabas jugando, ¿verdad?
— Eres un buena persona Baian, me alegra ser tu amigo — contestó el empresario poniendo una mano en el hombro de Baian — supongo que te veré en ocasiones demasiado formales y todas esas cosas de estirados.
— Tenemos que decirle a los demás, entre todos podríamos...
— Esto no es tan malo como parece, todo estará bien, tranquilo — Julián le dio una leve palmada en la mejilla y caminó al agua, donde ya todos estaban para intentar nadar al bote.
Cuando todos estuvieron sanos y salvos en el bote más grande se apoyaron en la barandilla para mirar la isla, un par de empleados les habían dado sombrillas y cobijas para abrigarse, principalmente a Krishna, cuya falda había desaparecido en el mar.
— Casi lo olvido — parados uno al lado del otro, Julián agarró la mano de Thetis y puso sobre ella una pequeña caracola — antes de que empieces a regañarme, sé que no debo de agarrar las conchas o caracoles de la playa, pero también sé que siempre quisiste tener uno, así que es para ti.
Thetis lo miró fijamente antes de ver su regalo.
— No dejes que tus padres lo vean — continúo hablando antes de guiñar un ojo.
Siendo testigo del acto, Baian se acercó a Sorrento e interrumpió la conversación que este sostenía con Isaac; porque la aventura en la playa había terminado pero ahora iniciaba algo más grande, una misión de rescate.
