Tsunayoshi Sawada, un joven alegre y despistado que muchos dirían que la vida le ha favorecido y le ha entregado su protección a esa simple existencia que formaba el chico. Simple, esa era una palabra que lo describía a simple vista. Alegre, tímido la mayor parte del tiempo y siempre dispuesto a ayudar a los demás.

Más lo que suele destacar en él no es él en sí, sino "quien" anda con él, como una sombra jamás se separa del lado del castaño. Con la promesa de protegerle siempre le acompaña a todos lados, ya han sido tantos años viviendo con aquel pelinegro que a Tsuna le es de lo más natural, como una relación de sangre... Así es como Tsuna veía a Hibari Kyouya, quien vivía bajo el mismo techo que el castaño desde aquel incidente.

El castaño estaba próximo a cumplir sus 16 años, siendo más exactos, dentro de 10 días. Hibari solía celebrarle los cumpleaños al castaño desde pequeños ya que la persona que estaba a cargo de ellos no solía estar en casa debido al trabajo.

Tsuna quedó huérfano después de que un sujeto matara a sus padres a sangre fría frente al chico con tan solo 5 años el día de su cumpleaños. No se pudo detener al asesino ya que en cuanto llegó la policía el se suicidaría. El detective a cargo del caso, Reborn fue quien se hizo cargo del niño. En ese entonces fue que los caminos de Tsuna y Hibari se cruzaron y desde entonces han seguido juntos, el castaño como hijo adoptivo de Reborn y Hibari, el discípulo de su sádico y retorcido maestro.

En el cumpleaños número 7 del castaño, Hibari le prometió que él lo protegería de todo, ya que el castaño debido a su personalidad era diariamente molestado en el colegio, por lo que el pelinegro decidió volverse literalmente "su espada y su escudo". Reborn era llamado por los profesores constantemente debido a los castigos que Hibari aplicaba a los chicos, pero en cuanto quedaban a solas los 3 solía ser felicitado en vez de ser reprendido por lo que su visión del "orden y la disciplina" fueron tomando giros cada vez más drásticos hasta llegar a tenerle un gran respeto entre el círculo escolar y su grupo de seguidores, bastante popular por lo demás.

Las clases ya habían terminado y el castaño esperando por Hibari se había quedado profundamente dormido sobre su escritorio, solían irse juntos a casa pero de vez en cuando el pelinegro debía asistir a un par de reuniones del comité de disciplina por lo que le esperaba en el salón, solo que ésta reunión en particular se tardó más que de costumbre. El chico entró al salón y rápidamente le encontró dormido, soltó un suspiro y se le acercó en silencio, se centró en la silla que estaba en frente y le acarició el cabello con suavidad mientras le observaba... El castaño se removió con cierta pereza y entreabrió sus ojos, el aroma del pelinegro le hizo saber que ya había llegado por lo que le sonrió y se frotó los ojos.

-Veo que la doncella está despierta...

-No me molestes, estaba aburrido y tardabas en regresar... ¿Ya estás listo?

-Si, se extendió un poco más de lo requerido. Nos vamos.

Ambos salieron del salón conversando de cualquier cosa, cuando al pasar por el parque cerca de su casa el castaño tomó a Hibari del brazo y le invitó a tomar helado a lo que el chico no se negó, se sentaron en una banca.

-Dentro de poco será tu cumpleaños... ¿Hay algo que quieras este año?

La mirada del castaño se clavó en el suelo, le incomodaba esa fecha y el pelinegro lo sabía, pero siempre intentó hacer de su cumpleaños algo agradable, aunque sólo fuesen ellos dos en la celebración.

-Realmente no necesito nada...

-No pregunté eso, quiero saber que quieres como regalo, no tiene que ser algo que necesites o ya te lo habría dado.

Soltó una risita nerviosa a la respuesta que recibió, el pelinegro no era de tener mucha paciencia pero él era una gran excepción lo cual agradecía hasta cierto punto.

-Bueno... No lo sé, me lo pensaré y te lo diré...

-No te tardes demasiado, no me gusta esperar.

Cuando Hibari fue a botar los papeles de los helados no muy lejos de donde estaban una pequeña niña se acercó al castaño y le entregó un sobre.

-¿Para mi?

-Un señor me dijo que te lo entregara cuando estuvieras solo, dijo que era un conocido...

Sin más la niña se fue corriendo y él sin mucha espera abrió el sobre y en él encontró una X marcada de extremo a extremo, no comprendió el mensaje pero sintió un dulce aroma que le mareaba, el pelinegro al ver la carta frunció el ceño.

-¿Y eso?

-No lo sé, una niña me lo entregó, dijo algo acerca de alguien... No recuerdo... Es mi cabeza, todo da vueltas...

-Oye, ¿Estás bien? ¡Oye, Tsuna...!

El pelinegro alcanzó a atraparlo antes de que cayera al suelo, pero por más que intentó no cerrar los ojos el castaño se sumió en un profundo sueño sin poder hacer nada para evitarlo. El pelinegro frunció aun más el ceño y cargándolo en brazos se fue lo más rápido a la casa que por suerte no estaba muy lejos del lugar.

Al llegar le llevó directamente al baño y lo dejó dentro de la tina, abrió el agua helada y le mojó por completo y en un par de segundos se reincorporó exaltado ante el cambio tan abrupto de temperatura.

-¿¡Q-Qué rayos...!? ¡D-Detente...!

El pelinegro se abalanzó sobre el castaño desorientado y le abrazó con fuerza, el castaño se removió pero el mayor no cedía por lo que como pudo cerró el paso del agua y le devolvió el abrazo aún sin saber lo ocurrido y con un dolor de cabeza que le estaba torturando por dentro.

-¿Kyouya, estás bien?... No sé como llegamos a esto... L-Lo siento...

-...No es suficiente...

-¿Eh...?

-Estuviste a punto de morir y tú te disculpas como si nada... eres un estúpido...

El castaño no lograba entender del todo las palabras del contrario, pero la palabra morir rondó por su cabeza como un eco perdido. "Morir", no lo recordaba, habían salido de clases, llegaron al parque, tomaron un helado y luego... no lo recordaba. La carta vino a su mente y ese dulce y embriagante aroma y luego nada... No recordaba nada más hasta despertar en la ducha con ropa, mojado y sin entender nada. Como pudo tomó al pelinegro por sus hombros y le alejó para mirarle a la cara aún confundido y aturdido por el dolor de cabeza.

-Lamento haberte preocupado, no fue mi intención... Pero, gracias por salvarme Kyouya, mi protector...

-En serio eres imposible...

Esbozó una pequeña sonrisa y juntó su frente con la de él ya más tranquilo, pero se percató de que el castaño estaba con fiebre, debía de ser efecto del veneno escondido en el sobre, aunque era poco conocido, su maestro le había hablado que algunas mafias lo usaban por su alto índice de efectividad, gracias a eso logró reaccionar a tiempo, llevarlo al hospital habría sido demasiado tarde.

-Me siento un poco mareado...

-Ven, te sacaré de aquí para que descanses, tienes fiebre...

El castaño asintió y el chico le envolvió en una toalla para abrigarlo y así lo cargó en sus brazos para llevarlo a su habitación, le dejó cambiarse ropa mientras iba por paños y agua fría. Al volver Hibari se sentó en la cama junto al castaño y con su mano tomó la temperatura de la frente y suspiró, comparada con su frente el chico tenía la temperatura por las nubes. Puso el paño humedecido en la frente del chico y éste se estremeció ante el contacto.

-Te prepararé algo de comer...

-Espera... No te vayas aún... No quiero estar solo...

-Muévete...

El pelinegro se recostó a su lado y le abrazó sutilmente mientras le besaba la cabeza con cariño. El castaño luchando por no dormir tomó la mano del mayor y enlazando sus dedos las contrarios se durmió por fin.

-Definitivamente pagará quien haya hecho esto, te lo prometo...

Pasado un tiempo y verificando que el castaño se haya dormido por completo el mayor se levantó y saliendo de la habitación tomó su celular y marcó el primer número en la agenda...

-Soy yo... Tendrás que venir... Creo que lo encontraron...

En cuanto terminó la llamada fue a preparar la comida, su prioridad en ese momento era mantenerlo con vida, larga había sido la espera y todo volvía a comenzar, solo que ésta vez con sus propias manos acabaría con todo y cerraría el pasado.

Protegería al castaño costara lo que costara. Sin percatarse la carne había estado sufriendo su ira por un buen rato, por lo que terminó por cocinar lo más rápido posible antes de que no quedara nada que preparar.