Notas: Llega el fin de la jornada en Tatooine y el universo está esperando...
Cap. 15
Tuvieron mucho sexo esa noche, lo suficiente como para no estar ni cerca de descansar lo que probablemente habrían debido.
- Necesitamos un adulto responsable en esta relación – se quejó Larr al día siguiente, mientras cargaban sus motos jets de provisiones para su viaje de regreso. – Demonios… apenas puedo estar de pie.
- Mejor piensa en eso antes de que me ofrezcas una ducha – dijo el mandaloriano, llegando con el pequeño en brazos. - No sabes lo que eso le hace a mi gente.
- Graciosísimo. Al menos alguien se ve descansado. Ven acá – recibió al pequeño y besó su cabeza. – ¿Te divertiste? Vaya, no me digas, ¿en serio? Mira, ése sujeto… – señaló al mandaloriano – es quien va a tener la culpa si alguno de los dos cae dormido mientras conducimos. Solo te aviso.
- Madura, Larr.
- Así que, ¿de regreso a Mos Eisley? – dijo uno de los granjeros, ayudándoles a amarrar su equipaje.
- No tenemos otra opción. El deshuesadero en Mos Hemla no tuvo forma de extraer el cromio que necesitábamos de un pequeño tesoro de baterías mon calamari.
- ¿Por qué no? –preguntó una ingeniera.
- Su mandíbula magnética – Larr se alzó de hombros. – Está arruinada y necesitan una nueva.
- Su mandíbula no está arruinada – dijo ella. –Solo tiene los circuitos repolarizados erróneamente por una falla de energía que hubo en el pueblo hace dos semanas.
- ¿Qué quieres decir? – preguntó el mandaloriano.
- Solo necesitan re programar las polaridades y ajustar la inyección de voltaje nuevamente – explicó la mujer. – Eso debería ser suficiente para hacerla funcionar de nuevo.
- Un momento, ¿sabes cómo hacer eso?
- Claro que lo sé.
- ¿Y puedes hacerlo?
La mujer se alzó de hombros.
– Por supuesto. Lo haré gratis si significa dar un paseo con ustedes.
· • —– ٠ ✤ ٠ —– • ·
Regresaron a Mos Hemla y en cuestión de media hora, la ingeniera de Santooth tenía funcionando la maquinaria arruinada. Y tras media hora más, los equipajes de Larr y Mando estaban varios kilos más pesados con bloques de cromio.
Más familiarizados con la ruta y sin necesidad de desviarse, avanzaron a toda velocidad sobre la tierra árida de regreso a Mos Eisley, deteniéndose solo cuando era necesario y descansando al aire libre, en cuevas o bajo las hojas de grupos de árboles desérticos.
Cuando estaban a solo una jornada de llegar, encontraron nuevamente al grupo de tuskenos con que se habían topado al principio y Larr hizo un chequeo de su evolución. Se quedaron con ellos también esa noche.
- Ok, Grogu. ¿Grogu? Mira acá, niño – Mando estaba intentando que el pequeño usara sus poderes para atraer el juguete de madera que le había dado Cobb Vanth, porque desde que durmiera en Santooth rodeado de los líquenes milagrosos, no había cerrado el ojo ni mostrado cansancio de ningún tipo, lo que había obligado a los adultos a dormir casi por turnos.
Más allá de imaginar que las propiedades curativas de los líquenes lo habían sobrecargado de energía por su afinidad con La Fueza (de la que les había hablado un poco Ahsoka Tano), no tenían ni idea de qué podía estarle pasando. – Vamos, Grogu. Sé que puedes hacerlo. Eso es. - El mandaloriano ofreció el juguete en la palma de su mano. El pequeño parpadeó y luego cerró los ojos con esa expresión de profunda concentración que Mando había aprendido a reconocer. Extendió sus manos y tras unos segundos la pequeña figura voló en una ráfaga hasta ellas. - ¡Eso es! Bien hecho, niño.
- Digamos que solo tiene que hacer eso otras treinta veces para comenzar a cabecear - sugirió Larr, tomando el juguete con delicadeza.
- No hace daño intentarlo – suspiró Mando.
- Muy bien, peque. Una vez más, ¿vale? – el médico fue junto al otro hombre y ofreció la pequeña figura en su mano. Grogu dio un pequeño gemido de protesta. – Sí, lo hiciste por Mando, pero ésta va por mí, ¿eh? Vamos.
Después de conseguirlo de nuevo, el pequeño perdió total interés en ellos y siguió jugando con unas piedritas que había encontrado en la cueva.
Din estaba muy, muy agotado. Hincó una rodilla frente a él.
- ¿Es porque no trajimos la cuna que te dio Peli? – negoció. – Vamos, habías estado durmiendo bien todo este tiempo. Llevas casi cuarenta y cinco horas sin dormir y nosotros casi lo mismo – lo puso sobre su brazo, su tono de impotencia. – Por favor, pequeño, duérmete. Solo… duérmete, por favor.
- Míralo por el lado positivo, al menos no está llorando – dijo Larr. – Quizá no debimos endulzar esa papilla con miel de apidáctilo…
- Puede que no lo parezca, pero necesitas descansar –, continuó Mando. - Todo el mundo lo necesita, incluyéndonos a Larr y a mí. Hey, te estoy hablando, amigo. Muy bien, cinco minutos más con las piedras y lo intentamos, ¿de acuerdo?
- Sugeriría que finjamos pelearnos a puño limpio frente a él para que use sus poderes en serio, pero no quiero alterarlo. La última vez tuve que cogerme cinco puntos.
- Vamos, niño, ¿puedes darnos media hora? Media hora es lo único que necesito. Te lo ruego.
El médico terminó por llevárselo a caminar mientras Din descansaba. Pero éste no se sentía seguro haciéndolo hasta que volvieran, así que se sentó a limpiar sus armas.
Cuando regresaron, el otro hombre llevaba a Grogu acostado en su pecho.
- Estamos casi, casi ahí – le dijo en voz baja. La expresión del pequeño era más apaciguada que antes, sino somnolienta. – No vayas a hacer movimientos súbitos….
Se sentó en el exterior, hablándole por lo bajo. Mando siguió con lo suyo y cuando terminó se acercó para encontrar que Larr estaba cantándole suavemente, con una voz grave y serena. Y gracias quizá al sortilegio de las canciones de cuna, los parpadeos del pequeño eran largos y pausados.
"Pequeña flor de la aguamiel, ¿no estás muy agotada,
después de pasar tantas horas endulzando mi día?
Porque aunque la lluvia muerda helada
me encontrará caliente y sin temblar de frío,
gracias a que dormiste entre mis brazos.
Hasta las abejas descansan,
las fuzzballs se acurrucan aún en la brisa
y las naves que en todos lados, van para todos lados,
aterrizan y se apagan.
Todos duermen en la galaxia, menos el brillo de los astros.
Y si las pesadillas se acercan,
diles que te dejen tranquila
y se acuesten a mi lado.
Nada podrá asustarme
si te tengo entre mis brazos".
El silencio llegó junto con el sueño del pequeño. Mando miró al otro hombre y éste le guiñó un ojo triunfalmente y bajó la mirada de nuevo hacia Grogu. Y aunque no dijo nada (no quería arriesgarse a despertar al niño), Din supo que en esa mirada había tanto amor como el que él mismo sentía por Larr, así como otras emociones tan fuertes que eran desconcertantes.
Ah, este par de hombres y la forma en la que habían destruido el estoicismo que tanto le había costado contruir y del que se había enorgullecido toda la vida. No tenía sentido intentar fingir que tenerlos allí, con él, no lo llevaba a ese tiempo antes de que sus padres fueran asesinados, antes de que sobrevivir se volviera un privilegio solo para los más fuertes y hábiles. Era una sensación de pertenecer que superaba incluso la que le inspiraba su propia tribu. Su invaluable clan de tres.
Pero estaban a solo media jornada de Mos Eisley, y tras eso, con el hiperdrive del Razor, sería cuestión de horas que llegaran a Tython. Entonces este pequeño de ojos brillantes se iría con un Jedi al que él mismo convocaría, a vivir la vida que siempre había debido tener, entre esos seres enigmáticos y poderosos.
"El apego puede llevar al alma de una persona por caminos oscuros", le había dicho en esa ocasión Ahsoka Tano. Din lo había sentido. Lo sentía ahora mismo con el pequeño y con Larr. Pero aunque su Credo le dijera que Larr era suyo, sabía que tendría dejarlo ir cuando fuera a encargarse de su reino, como inevitablemente sucedería, así como sabía que tendría que dejar que el niño se marchara cuando los suyos vinieran a reclamarlo.
No sabía si podía sobrevivir a eso, pero sabía cómo intentarlo.
Pero él…
Carraspeó suavemente, reuniendo valor para, quizá, romperle el corazón a su riduur.
- Theo… - comenzó, sin tener idea de qué decir.
El otro hombre suspiró, sin responder. Mando subió la mirada y encontró lágrimas en sus ojos.
- Lo sé – le dijo él entonces, su voz igual de baja. – Lo sé, Din. Solo… - tragó aire fuerte, de forma sospechosamente parecida a un respingo - … déjame disfrutar que estoy aquí y ahora.
Entonces sucedió algo que no le había sucedido al mandaloriano en décadas y que solo había comenzado a pasarle recientemente, desde que se casara: recordó a su padre adoptivo.
En especial, recordó cuando le dijera (aunque con distintas palabras) que un mandaloriano no debía nunca menospreciar los buenos momentos, sino vivirlos con intensidad cada segundo, para hacerlos parte de la fuerza que guiaría sus acciones en la siguiente batalla.
Por eso pasó un brazo sobre los hombros de Larr y miró al pequeño, permitiéndose aturdirse con la magnitud de lo que eran ellos.
· • —– ٠ ✤ ٠ —– • ·
El Razor Crest los esperaba en el taller de Peli en las mejores condiciones en que había estado en años.
La mecánica no tuvo reparos en expresar su incredulidad cuando vio los bloques de cromio que el médico descargó en su mesa. Se puso manos a la obra inmediatamente, poniendo a punto los sistemas principales y terminando las reparaciones que sus recursos y el propio estado de la nave le permitieran.
- ¿Tuviste unas buenas vacaciones con tus papis, ratita del desierto? – le dijo a Grogu cuando lo levantó para despedirse. – Claro que sí, mira esa hermosa sonrisita. Muy bien, última oferta por el pequeño: un droide médico y tres latosos como complemento – señaló con la cabeza a sus pequeños droides que chirriaron mirando al mandaloriano con pánico. – Pero claro que estoy bromeando… ¿O no?
Una vez fuera de la atmósfera, Din respiró profundamente, obligándose a retomar la perspectiva y la urgencia de la misión. Tragó fuerte e ingresó a su sistema de navegación y por segunda vez las coordinadas de Tython, ese pequeño trozo de información que les habían costado sangre y lágrimas.
- Muy bien, niño – dijo, repitiendo en el panel de control unas revisiones que había hecho ya un puñado de veces. – Vamos a buscar a los tuyos, ¿de acuerdo? Y vamos a asegurarnos de que tengan todo lo que se necesita para que te cuiden bien y para puedas aprender más de esas cosas Jedi.
Incierto, Grogu miró a Larr. Éste, cruzado de brazos, le sonrió y le dio un guiño.
(ノ◕ヮ◕)ノ*:・゚✧ ✧゚・: *ヽ(◕ヮ◕ヽ)
