Notas:
Enfrentados a la situación que más habían temido, Din y Larr van a hacer lo que todo padre haría para recuperar a su hijo: lo que sea necesario.
Cap. 17
Cara Dune se alegró mucho cuando recibió el mensaje del mandaloriano en medio de un día de trabajo poco eventual. Rayos, se alegró mucho. Desplegó una sonrisa involuntaria y todo, pero también se preocupó.
El mensaje de Mando había sido, simplemente: "¿Tienes tiempo para una visita corta?"
Pero ella sabía de sobra que cuando se trataba de este sujeto no existían las "visitas cortas", solo las visitas que se alargaban y desembocaban en algo o muy interesante, o muy peligroso. Probablemente ambas cosas. Por eso no dudó en responder con un "sí".
-¿Acá es donde reciben hojas de vida para apaleador de malhechores? – preguntó Din cuando ingreso a la comisaría, brillando en beskar y con el paso confiado de siempre.
- Mando – la mujer le sonrió y estrechó su mano, dándole una palmada en el brazo. – Si vienes a aplicar al trabajo, deja que le dé un preaviso a la pobre gente del hampa para que huyan por sus vidas.
- Es bueno verte – asintió él. - ¿Y Greef?
- Atrapado por fuera del planeta en alguna trampa burocrática – suspiró ella. – Ya sabes cómo es cuando sigues el manual.
- Hmm – el hombre pareció preferir no comentar sobre esto. En cambio señaló la armadura de la mujer. – Lindo uniforme.
- Gracias –. Ella dio un ronquido de risa. – Y no pierdas el tiempo burlándote. Ya me ocupo yo misma de casi no poder creerlo todos los días.
Le lanzó la placa que mantenía en su cinturón, al lado de su bláster. El mandaloriano la atrapó y la observó más de cerca.
- Cara Dune, Marshall de la Nueva República. Jurisdicción Nevarro – leyó. – Impresionante.
- Gracias de nuevo – dijo la mujer. Había notado muy pronto la tensión en la postura de Mando, sobre todo en el hecho de que no quería sentarse sino que estaba moviéndose de un lado para el otro. Por supuesto que algo estaba pasando. - ¿Y Mósdov?
- Ocupado en un procedimiento médico.
- ¿Procedimiento?
- Recibió un tiro en el hombro – Mando suspiró. – Uno fuerte. No es nada que no pueda manejar, pero no es tan divertido cuando tiene que hacérselo a sí mismo y solo con anestesia local. Intenté conseguirle bacta, pero no hay un solo gramo en toda la ciudad. No tendrás en tu botiquín, ¿verdad?
- ¿Cuál botiquín? – la mujer entrecerró los ojos. –… Tengo muchas preguntas sobre lo que acabas de decir.
- Es una larga historia – Din se quedó quieto por fin, apoyando las manos en el escritorio. – Estamos en medio de una mala racha.
- Lo sabía.
- Necesito un favor.
- Pídelo.
- Tengo que localizar a un prisionero. Un ex-tirador Imperial llamado Mayfeld, de nombre "Migs". Fue arrestado hace más de un año por el intento de toma de una prisión de la Nueva República en Délthi.
Cara encontró su condena y localización en su terminal en un par de minutos.
- ¿Te debe dinero?
- Lo necesito para conseguir un dato importante de inteligencia Imperial – dijo el Mandaloriano. Sin dudarlo, explicó: – Necesito las coordenadas del Crucero de Guerra en donde está Moff Gideon ahora mismo.
Cara suspiró.
- Sabes cómo me siento respecto al Imperio – le dijo. – Y sabes que te diría que sí. Pero este uniforme me da más límites que posibilidades para cosas así. – Mando no dijo nada. - ¿Y para qué quieres acercarte a Gideon? Pensé que el objetivo todo este tiempo era alejarse de ese infeliz.
El hombre la miró fijamente.
- Capturó al bebé.
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Cara no necesitaba muchos más argumentos.
Más rápido de lo que habría anticipado se encontraba en una nave tipo Firespray camino a los Campos de Trabajo de Karthon, donde estaba el prisionero ex Imperial que, al parecer, había sido capturado por el mismo mandaloriano luego de que intentara traicionarlo en una misión de infiltración conjunta.
Por lo que revelaba el historial de la Nueva República, el sujeto era un verdadero canalla, escurridizo y embustero. Pero era un canalla inteligente y conocía el funcionamiento del Imperio, sus comunicaciones y protocolos, lo suficiente como ayudarlos a conseguir la información que necesitaban.
Así que si acceder a este sujeto y recuperar la seguridad del niño de Mando tomaba que Cara arriesgara su trabajo, no iba a pensarlo dos veces. Incluso si haber aceptado la placa de Oficial de la Nueva República le hubiera costado más de lo previsto, las prioridades estaban claras: Mando era su amigo, el niño era inocente y era su niño. Perder un hijo a manos de un enemigo era algo que no iba a dejar que Din experimentara.
Naturalmente, un montón de guerreros intimidantes estaban también en la nave: no tenía ninguna duda de que ése fuera el mismísimo Boba Fett (porque por supuesto que ése era el tipo de gente con la que se juntaba Mando), a su lado estaba Fennec Shand (la francotiradora legendaria que haría sonar un centenar de fobs en el sistema más cercano si se supiera que estaba con vida) y más allá, con un brazo en un cabestrillo y ligeramente pálido se encontraba el rey Theo Lánthar, bajo su identidad de Larr Mósdov.
- Así que por fin lograron que te entrara un tiro – le dijo cuando se sentó a su lado. – Quienquiera que haya sido, espero que se pueda pasar a nuestro lado.
- Dime algo, Dune – le reclamó él. - ¿Qué tipo de ciudad decente y abierta comercial y culturalmente a la galaxia, no tiene bacta?
- El tipo de ciudad que aún tiene vacía su vacante para Prefecto del Sistema Médico…
- Vaya golpe bajo… - el hombre negó con la cabeza.
- Pero cierto, ¿o no? – la mujer señaló con la cabeza el brazo herido. - ¿Así que qué usaste?
- Mando logró conseguir algo de esencia de madofi. Aunque estoy seguro de que tenía la fecha de vencimiento alterada.
- Pues más nos vale que no se haya pasado, porque vamos a necesitar ese hombro funcionando. – Cara no dejó de sonreir, aunque tenía una idea clara de quién habría sido la responsable del tiro. Vaya historia la que había debido pasar.
- Habrá que esperar para ver – el hombre hizo un gesto. – Si hay suerte y lo dejo reposar, quizá en unas doce horas habré recuperado la movilidad.
- No tienes mucha opción, si de verdad van a hacer lo que quieren hacer.
- Vamos a hacer lo que tengamos que hacer.
La mirada de Larr fue al exterior de la nave. Se notaba que había llorado sin contenerse. Cara se preguntó si Mando se veía también así bajo su casco.
Le puso una mano en el hombro sano, apretando.
- Vamos a hacerlo. Todo lo posible para recuperarlo – le prometió. Luego sonrió de nuevo – Anda, deja esos ojos de cachorro, ya me metieron en esto.
El hombre dio un ronquido de risa.
- Sí que puedes ser una dulzura – le dijo.
- Cállate.
- No te atrevas a golpear a un discapacitado.
- Sigue provocándome y con gusto te ayudaré a quedar parejo – amenazó ella. Su sonrisa de burla se suavizó. – Concéntrate en recuperarte, lo digo en serio. Nosotros nos encargamos de esto.
- Gracias, Cara – él la miró a los ojos con esa honestidad ardiente. Ella asintió y fue al puesto de pilotaje.
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Para variar, su misión en los Campos de Trabajo de Karthon fue sorprendentemente rápida. Cara descendió de la nave y abordó un speeder que había comisionado y en cuestión de media hora estaba regresando con "Migs" Mayfeld, un sujeto de barba pelirroja, cabeza rapada y uniforme de prisionero que estaba observando la nave con expresión desconcertada y que palideció cuando vio a Din bajando de la escotilla.
- M… Mando – le dijo con una sonrisa forzada, los ojos por poco aguándosele. - ¿Viniste a terminar lo que comenzaste?
- Mayfeld – saludó el mandaloriano. – ¿Por qué me iba a molestar? He oído que lo estás haciendo muy bien en Karthon.
- Lo… lo hago, gracias –. Señaló con el pulgar al camino por el que había venido. – De hecho no me molestaría seguir en lo que estaba. Ese cobre no se va a remover de esa chatarra solo.
- Es muy lindo que estés enamorado de tu trabajo, pero esta es tu oportunidad para hacer más cómoda tu estadía mientras cumples tu sentencia – le informó Dune. – Y si fuera yo, la tomaría.
Tras un par de segundos de duda, el prisionero los siguió al interior de la nave.
Una vez en órbita, Cara le explicó sin ceremonias cuál era la información necesitaban. El hombre abrió los ojos como platos y dio un silbido largo.
- Ése es una petición del demonio – dijo. – Es información confidencial de clase A1. La única forma de acceder a ella es hackeando una terminal informática del Imperio. Y déjenme decirles, no hay muchas de esas hoy en día. Las pocas que existen están ocultas.
- ¿Ocultas dónde?
- En bases secretas – el sujeto se alzó de hombros. – Y, perdón, pero entre seguir reparando sobras electrónicas y meter las narices en una operación contra el hijo de perra de Moff Gideon, prefiero lo primero. Al menos en eso duraré más tiempo.
- Sesenta años, exactamente – le recordó Dune y él apretó los labios. - Todo lo que necesitamos de ti es el acceso a la terminal más cercana y que extraigas esas coordenadas. Valdrá la pena por obtener algunos beneficios que hagan más pasables esas seis décadas.
- Por más que se vea hermosa cuando dice "beneficios", oficial… y sin ánimo de irrespetar, por supuesto – el sujeto levantó ambas manos -, no entiendo. ¿Para qué ubicar un maldito Crucero de Guerra Imperial que además está transportando a un psicópata como Gideon? – sonrió y los miró a todos como si hubieran perdido la cabeza. – Estarían más a salvo intentando respirar fuera de la atmósfera.
- No es de tu incum…
- Tienen al niño – dijo el mandaloriano. – A mi niño.
La sonrisa se borró del rostro del prisionero.
Larr había escuchado de los labios de Din lo que había pasado con este tipo y otro puñado de malosos que habían intentado traicionarlo en una misión de extracción de un prisionero Twi'lek. No había entrado en mucho detalle, pero viendo la expresión del sujeto en ese momento, el médico pudo hacerse una idea de la feroz protección que había debido proyectar Mando el sobre el pequeño.
- Un momento, ¿el sujetico verde? – dijo Mayfeld. El mandaloriano le contestó con silencio. –… Rayos, el propio sujetico verde… Bueno, lamento decirlo Mando, pero si Moff Gideon terminó por ponerles las manos encima, puedes…
- ¿Dónde está la maldita terminal? – gritó Larr.
- Vaya, amigo, calma. – Mayfeld levantó ambas manos pacíficamente. Miró la forma en que el médico estaba de pie junto al mandaloriano y los señaló al uno y al otro – Y quién eres tú, ¿el otro papá?-, rió. - Dios… Un momento, en realidad eres el otro papá. – Rió más fuerte. - Por supuesto, paso año y medio rompiéndome la espalda como esclavo de los que eran el bando contrario a mis primeros esclavistas, y mientras tanto el sujeto que me entregó se consigue un tipo intimidante para completar su familia. ¿Por qué no? Niño lindo, padre lindo, otro padre que puede que sea más feo que el trasero de un ewok, pero nadie lo sabe porque mantiene un casco encima… Suerte de mierda la mía, ¿eh?
- Mira – Larr se acercó con el pelo casi erizado por la ira. Se detuvo por un momento y tomó aire. – Mayfeld, ¿verdad? Estamos muy preocupados en este momento. Y nadie aprecia el humor tanto como yo, pero cada segundo que pasa, ese niño – señaló afuera de la nave - está soportando el peso de la esclavitud como tú lo hiciste, probablemente desde que estabas tan indefenso como él ahora mismo. Así que si quieres que tu suerte de mierda cambie en algo, "ya mismo" es un gran momento para empezar.
Mayfeld cerró la boca. Se inclinó a un lado para hacerle un gesto al mandaloriano y luego miró a los demás.
- Entonces vamos a querer trazar el curso hacia Morak.
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Hacía casi una década, Larr había estado en Morak.
Había llegado entre un grupo de varias personas, curanderos aprendices de una Togruta llamada Sovri Nirnos, que había elegido la población local solo para ayudar, enseñar y proteger.
En ese entonces, un grupo no identificado estaba excavando y extrayendo materiales de distintas partes del planeta, manteniendo a los nativos a raya con una autoridad auto impuesta y conservada por medios de terror.
Años después, el Imperio había establecido una gigantesca base de operaciones mineras en la que refinaban, almacenaban y transportaban recursos valiosos, como pudo comprobar Fett al hacer un escaneo del planeta cuando llegaron allí un par de horas después.
- Parece radonio – informó. – Muy, muy volátil. Y explosivo.
La misión era simple en teoría: debían suplantar a los troopers encargados de uno de los transportes mineros del exterior, ingresar a la base, ubicar la terminal, hackearla y abandonar el lugar con la misma discreción con la que habían entrado.
Aterrizaron a unos cientos de metros de la vía principal que llevaba a la base y allí Cara expuso las funciones muy claramente: ella y Mayfeld se infiltrarían, Fett los extraería y los demás serían apoyo desde el exterior en caso de que las cosas se complicaran.
- Me encantaría tener el privilegio de su compañía en una operación, oficial – le dijo el prisionero a la ex Rebelde. – Vaya que sí. Pero no es posible. Estas bases son dirigidas por ex BSI. Si la escanean y encuentran su firma genética en los registros de la Nueva República, estará en sus calabozos más rápido de lo que se dice "Larga vida al Imperio".
La mujer juró. Eran malas noticias.
Fett, Shand y Dune tenían un largo historial con la Nueva República. Sólo Larr tendría suerte si le era realizado un escaneo, pero el médico aún estaba esperando a que soldara el hueso del hombro que Fennec le había separado en varios trozos.
Chasqueando, el hombre maldijo por enésima vez a los proveedores de bacta inexistentes de Nevarro y pensó en qué tipo de analgésico y arandelas o amarres podría aplicar a su herida para poder ir a campo sin echar a perder la operación.
- Dijiste que en unas horas estarías mejor después del procedimiento que te aplicaste, ¿verdad? – le dijo Shand, aunque sin media expresión de remordimiento.
- En unas horas se habrá compuesto el hueso – respondió el hombre –, pero la movilidad total quizá en un par de días. A menos que consiga equipos de última generación, de los que estamos bastante lejos, nuestras opciones no pintan bien.
- El doc acá no necesitaría hacer mucho – dijo Mayfeld. – Con no quitarse el casco pasará desapercibido.
- También tendría que mantenerte a raya y asegurarse de que no avises a todos los Imperiales de nuestro plan – agregó Cara.
- ¿Y por qué iba a querer hacer eso? – se volvió el prisionero, molesto. – ¡Soy ex-imperial! ¡Ex! Ya no hago parte de esa basura. ¿Estás tratando de acusarme de algo?
- No podemos permitirnos perder tiempo – interrumpió Din. Había estado observando los transportes blindados que se movían hacia la base, analizando a sus tripulantes. Suspiró. – Yo iré.
El prisionero dio un ronquido de risa, dando voz a la confusión de todos.
- No va a ser fácil explicar la presencia de un tipo armado de beskar de pies a cabeza – dijo. – A menos que estés dispuesto a disfrazarte de trooper, no hay manera de que esto funcione, Mando.
El mandaloriano miró hacia el panorama durante unos segundos más.
– Vamos.
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Larr aferró su brazo cuando hacían las últimas preparaciones antes de la incursión.
Din se volvió tenso, imaginando que el otro hombre tenía claro lo que iba a hacer y estaba a punto de reñirlo por ello. Pero en vez de eso Larr lo miró con gravedad y le dijo simplemente:
- Por favor, ten cuidado.
No agregó nada sobre mancillar su Credo ni sobre las enormes implicaciones que esto podría traer. Din se sintió lleno de gratitud que no había esperado. – Traté a muchos nativos con mi maestra de la época – continuó el médico. - Las heridas con que los encontrábamos… - cerró los ojos, obviamente recordando algo poco placentero. – Sucedían cosas más que sádicas en esa base cuando apenas estaba en sus inicios. No puedo imaginar que hayan mejorado con los años. Guapo – puso una mano en su casco, sobre su mejilla -, no vayas a dejar que te capturen. Si le ponen las manos encima a un mandaloriano, ellos…
- Nadie me va a capturar – aseguró Din pronto. - Todo estará bien. Me encargaré de ello.
Larr suspiró, mirándolo a ambos ojos. No pareció convencido.
- Hey, Mayfeld – se volvió al prisionero. Le dio una dura mirada. – Más te vale que te luzcas hoy.
- Wow… eso es lo que planeo, doc – respondió el sujeto, sorprendido. – Claro que quiero una celda con vista al mar. - Señaló al mandaloriano con la cabeza. - ¿Me gano algo adicional si lo traigo de una pieza?
- ¿Qué tal que te deje seguir caminando en dos pies?
- Tranquilo, Larr – Din le puso una mano en el pecho antes de que avanzara. Suspiró. – Sé que estás tenso, pero tienes que mantener la cabeza fría. Estaré bien. ¿De acuerdo?
Juntó sus frentes y se dirigió al exterior.
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Más notas:
¿A quién le cae bien Mayfeld? A mí me cae bien Mayfeld, más desde que lo vi en Breaking Bad. Fue el único personaje de la serie además de Cara con quien Mando tuvo alguna conversación realmente personal. Si no estuviéramos hablando de Disney sino de HBO, ¿cómo se verían las posibilidades? XD
