Bella Swan estaba intentando poner orden entre unos cachorritos cuando Edward Cullen entró en su guardería para mascotas. Necesitaba que cuidara de su gata de inmediato. Sin embargo, a Bella no le hizo ninguna gracia tener que echarle una mano a un tipo que ni siquiera se acordaba de ella. Sobre Edward había recaído la responsabilidad de cuidar a la gata infernal de su tía abuela, y estaba desesperado por dejarla en manos de alguien que pudiera hacerse cargo de ella. Pero, aunque estaba seguro de que no había visto en su vida a la impresionante dueña de la guardería de mascotas, parecía que esta estaba enfadada con él.

Bella no podía negar que Edward había cambiado desde el instituto -para empezar, era menos arrogante-, pero ¿podía confiar en que él no volviera a romperle el corazón?