Todas las matemáticas en esta historia son correctas y al mejor conocimiento de White Squirrel. Hago lo posible por traducir los términos lo mejor que puedo, pero algunos son algo difíciles. Toda la Aritmancia en esta historia excepto por lo poco que es mencionado en los libros fue inventado por White Squirrel. El resto le pertenece a JK Rowling.

Notas del autor: Runas Antiguas es usada bastante en fanfiction para cosas como barreras y la creación de artefactos mágicos, pero la Aritmancia casi no recibe tanta atención como la base para la creación de hechizos. Después de solo ver un par de historias que siquiera intentaron usar el tema de manera seria, decidí escribir una, con Hermione como una genio para las matemáticas en lugar de un ratón de biblioteca, basándome en los niños prodigio más dotados del mundo real. Esa historia se convirtió en The Arithmancer, la cual concluyó a finales del cuarto año. Lady Archimedes es la secuela, comenzando el verano después del regreso de Voldemort.

La historia hasta el momento: Hermione logró entrar a la clase de Aritmancia en su primer año y ya ha completado su EXTASIS. Ha realizado grandes logros en el campo y ha publicado un número de ensayos. También ha trabajado duro para mantener una relación cercana con sus padres y les ha contado todo lo ocurrido en Hogwarts, aún si la hicieron ir a Beauxbatons a partir de su cuarto año por eso.

Sirius es libre, y Colagusano está en Azkaban. Barty Crouch Jr. está libre y trabajando con Voldemort. Cedric sobrevivió la tercera prueba, pero perdió un brazo y una pierna contra Barty Jr. Harry y Ginny están saliendo juntos. Hermione no está con nadie, aunque fue al baile de Navidad con George durante una visita a Gran Bretaña.

Sí, habrá matemáticas, pero no es necesario comprenderlas para entender la historia.

Notas de la traductora: Bienvenidos a la secuela de Aritmancia, traducción de The Arithmancer, de White Squirrel. Lady Arquímedes es un reto mucho mayor debido a la intensidad de la historia, pero en verdad agradezco a todos los lectores y reviewers que siguen apoyando esta traducción. En verdad espero que no me abandonen ahora que estamos llegando a lo mejor (y pido paciencia por cualquier retraso producido por mi maravilloso trabajo).

¡Disfruten!


Capítulo 1

Era temprano en el verano, y el ánimo estaba arriba para la mayoría de las personas en Crawley. Los niños jugaban afuera, familias salían de vacaciones o paseos al cine o al parque acuático, madres cuidaban sus jardines, y padres iban a partidos de fútbol… o al revés en algunos casos. Sin embargo, una joven adolescente no estaba disfrutando el sol aún. Esto no era porque el verano era inusualmente caliente y seco. Ni porque era estudiosa de corazón con interés legendario para los números y prefería pasar su día en la biblioteca en lugar de ir a un parque acuático, aunque todo eso era cierto también. No, era porque aún estaba aterrorizada por el horror que habían sufrido dos de sus amigos más cercanos solo unos días antes.

Hermione Granger se consideraba a sí misma sencilla, pero su guardarropa lo mostraba más que su rostro. Era bonita, y sabía cómo arreglarse, y su cabello, gracias a algunos trucos sencillos que había inventado, era mantenido en rizos marrones voluminosos que caían cuidadosamente sobre sus hombros… una gran mejora de la maraña que aparecía en sus fotos en la casa de cuando era más joven.

Se sentó en su cama, contemplando en silencio a una serie de delgadas varitas de madera. La primera, otorgada un lugar de honor, era suya… de color marrón, de diez pulgadas y tres cuartos de largo, hecha de madera de vid y tallada con un delicado diseño de vid, con una fibra de corazón de dragón en su centro. Era mucho mejor que cualquiera de las otras y en perfecta sintonía con su magia.

Hermione Granger era una bruja, probablemente la más dotada de su generación en Gran Bretaña. Y si era dotada en la mayoría de las cosas, era una genio para las matemáticas, posiblemente la más brillante aritmaga en el siglo XX, y eso no solo estaba en su mente; eso venía de las personas que ya habían vivido todo el siglo XX.

La otra media docena de varitas eran una mezcla. Algunas eran compradas, y otras hechas a mano. Algunas tenían runas minúsculas talladas en ellas y se necesitaba de una lupa para verlas, y algunas eran perfectamente suaves. La más barata se quemaría como un foco si se intentaba usar como algo más que una linterna; ninguna aguantaría más de unos meses de uso regular. Todas excepto una tenían fibras de plantas mágicas como núcleo, pero la última era diferente. Tomó la última varita y la sostuvo sobre la palma de su mano. Las otras eran simples juguetes, pero esta era algo más avanzada. Estaba hecha de una ramita de madera de haya del sur de Francia elegida por ella. En su núcleo había uno de sus propios cabellos, y el pegamento que la sostenía estaba mezclado con su propia sangre. De acuerdo con su investigación, esta varita solo trabajaría para ella, y aparecería para el Ministerio como magia accidental, así que no se metería en problemas por usarla.

Creó esta varita para poder continuar usando magia durante el verano sin quebrantar el Decreto para la Prudente Limitación de la Magia en Menores de Edad… un privilegio que la mayoría de los niños con padres mágicos ya disfrutaban. Pero ahora, en lo que tendría que haber sido su momento de triunfo, tenía otra preocupación: protegerse a sí misma. Y esa protección se sentía completamente inadecuada.

Una varita solo valía si se podía sostener, y había visto a primera cuenta (bueno, casi) lo rápido que eso podía perderse. Su buen amigo, Cedric Diggory, había perdido tanto su varita como el brazo que la sostenía en un golpe en un duelo contra un hombre llamado Barty Crouch Jr., sirviente de Lord Voldemort. La batalla también le había costado una pierna a Cedric, y había costado la paz mental de muchas personas cuando Voldemort fue resucitado. El mejor amigo de Hermione, el blanco número uno de Voldemort, apenas y había salido con vida.

Con Voldemort de regreso, una nueva guerra seguramente comenzaría en el mundo mágico de Gran Bretaña, tan mala como la guerra que había matado a los padres de Harry y a muchos otros. Lo que lo hacía mucho, mucho peor era que el Ministerio de Magia lo estaba negando por completo.

Por eso su deseo de protección personal.

La mayoría de los magos ni siquiera llevaban varitas de repuesto, lo cual era algo razonable. Después de todo, ¿cuántos muggles (personas no-mágicas) llevaban más de un arma, incluso en América? ¿Cuántos más llevaban más de una navaja? Y las varitas no eran baratas: tres o cuatrocientas libras, dependiendo de la tasa de cambio, pero una pistola o una navaja no podían ser destrozadas como una ramita. Se sentiría más segura con un repuesto, e incluso con su varita hecha a mano más reciente, estaba preocupada de quemarla muy pronto.

–Mmm… ¿qué tanto tengo ahorrado? –se preguntó en voz alta–. Quizás debería de comprar una.

Hermione había creado una línea de kits de pociones de un uso que usaban runas para eliminar la necesidad de varitas, permitiendo a personas sin magia usarlas. No se vendían mucho, pero le daban algo de dinero extra. También era socia tercia de un pequeño negocio nuevo llamado Creevey Bros. Pictures, el cual era el único negocio capaz de extraer fotografías de grabaciones de omniculares. Había ayudado a inventar el proceso, y los hermanos Creevey habían insistido que tomara su parte. Por otro lado, también tenía que pagar a un elfo doméstico un galeón a la semana cuando no estaba siendo subcontratado por su escuela, y no le dejaba mucho dinero extra.

Entonces, estaban sus hechizos. Hermione estaba convirtiéndose en una excelente creadora de hechizos. Harry y Cedric habían sobrevivido su confrontación con Voldemort usando tres de sus hechizos. Ahora, estaba finalizando su estudio independiente en ecuaciones diferenciales parciales, y las encontraba mucho más relevantes que nunca. Ecuaciones diferenciales parciales era lo que se usaba para construir la mayoría de las maldiciones verdaderamente poderosas, y había una guerra en camino, así que estaba resuelta a continuar esa línea de estudio.

Apenas y notó el timbre hasta que su madre la llamó.

–Hermione, hay alguien aquí para verte.

Guardando rápidamente su varita unida a ella por sangre en su calcetín (necesitaba algo mejor para eso también), bajó las escaleras. Por la barba de Merlín, se estaba volviendo paranoica. Solo una semana y ya se sentía desnuda si no tenía su varita con ella en todo momento.

Al pie de las escaleras, recibió una sorpresa. De pie en su salón se encontraba un mago anciano con túnica colorida, botas de tacón, y un sombrero puntiagudo: Albus Dumbledore, Director del Colegio Hogwarts de Magia y Hechicería.

–Profesor Dumbledore –dijo ella–. ¿Qué pasa? ¿Ha habido alguna noticia sobre Cedric?

–El Sr. Diggory está recuperándose tan bien como puede esperarse bajo las circunstancias, señorita Granger –dijo Dumbledore–. Sin embargo, estará en el hospital por lo menos otra semana. Hay algo más que quisiera discutir con usted hoy.

–Bueno, adelante y tome asiento –dijo la mamá de Hermione–. ¿Gusta algo?

–Una taza de té, si no le molesta, Sra. Granger.

–Por supuesto. ¿Dobby?

¡Pop!

Una pequeña criatura arrugada, de unos tres pies de altura, con orejas como alas de murciélago y ojos del tamaño y color de bolas de tenis se apareció en el salón.

–¿Sí, Sra. Granger? –dijo con voz chillona.

–¿Podrías preparar té para nuestro invitado, por favor?

–Sí, señora. Buen día, director Dumbledore, señor –dijo Dobby. Corrió a la cocina. Dobby era el elfo doméstico a quien Hermione había logrado liberar de su amo abusivo, Lucius Malfoy, hacía dos años, y estaba orgulloso de aceptar un galeón por semana para trabajar con su familia. Mientras preparaba el té, Dumbledore y los Granger se sentaron.

–¿De qué se trata esto, profesor? –dijo el papá de Hermione–. Ya no es el director de Hermione.

Hermione había pasado tres años en su mayoría agradables en Hogwarts, pero después de haber sufrido cuatro experiencias casi mortales, la paciencia bastante grande de Dan y Emma Granger se había agotado, y habían transferido a su hija a la Academia de Magia Beauxbatons en el sur de Francia, donde había pasado el último año (excepto por unas cuantas visitas relacionadas con la participación no-voluntaria de Harry en el Torneo de los Tres Magos).

–Estoy al tanto, Sr. Granger –dijo Dumbledore–. Esto es sobre otro asunto. ¿Estoy correcto en asumir que su hija les contó sobre el regreso de Lord Voldemort?

–Sí, lo hizo. También dijo que su Ministerio no estaba haciendo nada al respecto. –Él asintió.

–Es cierto.

–¿Estamos en peligro aquí? –preguntó mamá. Como hija de muggles y amiga de Harry, Hermione y sus padres sabían bien que podría estar arriba en la lista de posibles víctimas de Voldemort si las cosas se ponían tan mal.

–No lo creo. Es probable que Voldemort utilice la falta de acción del Ministerio para mantener la cabeza baja y reclutar seguidores. Mientras tanto, si puedo confiar en ustedes, estoy organizando a un grupo encubierto para que trabaje en contra de Voldemort, y no, no estoy pidiendo a su hija que se una… ah, gracias, Dobby –dijo mientras el elfo traía el té–. Sin embargo, ofrezco a Hermione la oportunidad de acompañarnos a nuestro lugar de reunión durante el verano. Tenemos una casa segura, la cual ha sido colocada bajo el encantamiento Fidelio, y si les preocupa su seguridad, me atrevo a decir que estará más a salvo ahí que aquí.

–¿Un encantamiento qué? –preguntó papá.

–Es una forma de sellar un secreto mágicamente para que solo una persona pueda decirlo –habló Hermione–. ¿Quién es el guardián del secreto, profesor?

–Yo. –Eso era bueno. El encantamiento Fidelio sonaba bien por escrito, pero los padres de Harry habían sido traicionados a muerte por su guardián del secreto–. Puede que le interese saber, señorita Granger, que la familia Weasley estará mudándose a la casa segura este fin de semana, y por supuesto, Harry estará ahí más tarde.

–Hermione no ha estado en casa ni una semana –objetó mamá–. Si no hay amenaza seria, como dice, no queremos que se vaya tan pronto.

–Es comprensible, por supuesto –concedió Dumbledore.

–¿Cuándo va a estar Harry ahí? –preguntó Hermione. Sus padres le lanzaron una mirada inquisitiva, y ella continuó–. Se que no los veo tanto, y sí quiero quedarme aquí más tiempo, pero también me gustaría ver a mis amigos antes de regresar a Francia. Si pudiera quedarme aquí más tiempo...

–En respuesta a su pregunta, señorita Granger, Sirius ha insistido en llevar a Harry a los cuarteles el treinta de julio.

El día antes del cumpleaños de Harry, por supuesto: apropiado, ya que estaba atrapado en este momento con sus parientes abusivos por el bien de la protección mágica, y eso era todo otro problema.

–Entonces quizás pueda ir yo alrededor de ese día –ofreció–. De ese modo, aún pasaría un mes aquí. Y podríamos reunirnos para hacer las compras de la escuela antes de mi regreso a Beauxbatons, por supuesto.

Dan y Emma se miraron y llegaron a un consenso en silencio.

–Creo que parte del verano estaría bien –dijo Emma–. Podemos discutir los detalles después.

–Gracias, mamá –dijo Hermione con alivio.

–Muy bien –dijo Dumbledore–. Por favor manténganme informado de su decisión. Ahora, hay otro tema de importancia, señorita Granger –agregó, rápidamente adoptando un tono más serio.

–¿Sí, profesor? –preguntó Hermione preocupada.

–Como puede adivinar, esta información que le he dado es bastante sensible, así como otra información que pudiera aprender este verano. Las lechuzas pueden ser interceptadas, al igual que el correo muggle… ya sea por Voldemort o el Ministerio. Es imperativo que cuando escriba a sus amigos, no mencione nada de información sensible. El riesgo de que sea descubierta es muy grande. Esto es especialmente cierto para Harry, quien será monitoreado de manera cercana.

Hermione frunció el ceño.

–A Harry no le va a gustar eso, profesor. Ya se siente ansioso por saber lo que Voldemort está planeando. Se volverá loco si no le decimos nada. Y se pondrá furioso con nosotros. Usted sabe que está bastante aislado con los Dursley.

–Estoy consciente, señorita Granger. Sin embargo, será más seguro para Harry y todos los involucrados que no le digan más de lo que en verdad necesita saber.

Hermione entrecerró sus ojos, mientras que su mamá tomó la discusión.

–Profesor, ella tiene razón. Cualquiera odiaría ser aislado de ese modo. ¿No hay alguna manera de buscar una solución?

–Me gustaría que la hubiera, Sra. Granger, pero es una operación secreta bastante sensible. Señorita Granger, le pido que me prometa que no dirá a Harry más de lo que necesita saber. Nuestra organización no puede arriesgar el ser descubierta.

–No estoy segura de que debería –objetó mamá–. Suena a que están lo suficientes seguros. No queremos que nuestra hija abandone a su mejor amigo de ese modo.

–Me temo que debo insistir.

–Pero...

–Mamá –la interrumpió Hermione. Había algo extraño en ese pedido. No era que no confiara en el juicio de Dumbledore exactamente, pero definitivamente iba en contra de su propio buen juicio. Pero al mismo tiempo, sabía que Dumbledore no aceptaría un no como respuesta, así que pensó rápidamente antes de responder–. Profesor, prometo que no arriesgaré enviar a Harry información sensible que pudiera ser interceptada.

Dumbledore asintió con una pequeña sonrisa.

–Gracias, señorita Granger. Me alegra que está dispuesta en confiar en mi en esto. El té estuvo muy bueno, Dobby. Desafortunadamente, debo irme. Hay mucho que hacer. –Se dio la vuelta para irse, pero se detuvo para agregar–. Oh, y señorita Granger, no he tenido la oportunidad de felicitarla en persona por su prueba para la sexta excepción a la Ley de Gamp de Transformación Elemental. Ese en verdad es del mejor trabajo aritmántico que he visto. Desearía que tuviéramos el tiempo para discutirlo con más detalle.

–Eh, gracias, profesor –dijo Hermione, sonrojándose.

–Un placer, señorita Granger. Buenas tardes.

En cuanto Dumbledore cerró la puerta y desapareció, Emma se dirigió a su hija.

–Hermione, me sorprendes bastante –dijo ella–. ¿En verdad vas a mantener a tu mejor amigo aislado porque ese hombre te lo dijo? –Hermione le sonrió.

–No, mamá, no creo haber dicho eso. No te preocupes. Tengo un plan.


En la habitación más pequeña y menos cuidada del número 4 de Privet Drive, Little Whinging, Surrey, un joven delgado con lentes estaba recostado en su cama, examinando con fastidio una copia del Diario el Profeta. Estaba vestido con ropa decente, aunque algo corta para él, pero de otro modo no puso mucho esfuerzo en su aspecto. Su cabello negro estaba alborotado y sin peinar, en su mayoría cubriendo la cicatriz con forma de rayo en su frente.

Harry Potter no estaba feliz de estar en la casa de sus parientes de nuevo, e incluso menos al tener que quedarse ahí otro mes. El sentimiento era mutuo. A sus parientes muggles no les agradaba nada que consideraran "anormal", y su interacción esta semana había consistido en su mayoría de cosas como "si vas a estar aquí, será mejor que te lo ganes. Puedes comenzar arreglando las flores."

Harry era un hombre marcado en más maneras que una. El mago malvado más poderoso con vida había regresado y lo quería muerto. Revisó las noticias mágicas e incluso intentó escuchar las noticias muggle por cualquier información sobre las acciones de Voldemort, pero no obtuvo nada… no que le sorprendió. Lo único que había visto remotamente relacionado fue una declaración del Ministro de Magia, Cornelius Fudge, llamando a Albus Dumbledore un mentiroso y causando dudas sobre el estado mental de Harry. Después de eso, nada.

Mientras se carcomía en sus pensamientos, escuchó un breve ruido. Mirando a su alrededor alarmado, vio a un elfo doméstico de ojos verdes parado a un lado de su cama.

–¿Dobby? –siseó–. ¿Qué estás haciendo aquí? –Eso no era bueno, pensó. La última vez que Dobby se había aparecido en su habitación, no había terminado bien para él. Había terminado encerrado y tuvo que ser rescatado por uno de sus maestros y un autobús morado gigante.

Pero esta vez, Dobby estaba sonriendo.

–Tengo una carta para Harry Potter, señor –dijo–, de la señorita Hermione Granger.

–¿De Hermione? –Harry se sentó entusiasmado–. ¿Dónde está?

–Aquí está, señor. Me está ordenando que la entregue directamente a sus manos y que no deje que nadie más la vea. No quiere que usted deje que nadie más la vea tampoco. El profesor Dumbledore no confía en lechuzas, señor.

La lechuza de Harry, Hedwig, lanzó un chillido desaprobador mientras Dobby entregaba la carta.

–Erm, gracias, Dobby –dijo Harry–. Eh, si quiero escribir de regreso, debo hacerlo a través de ti, o puedo enviar a Hedwig.

Dobby lo pensó por un minuto.

–Es mejor si se la da a Dobby, señor. Mmm… regresaré mañana por la noche para preguntar si tiene una carta para la señorita Hermione, señor.

–Oh. De acuerdo, entonces. Di gracias a Hermione por mí.

–Sí, señor.

Dobby desapareció con un pop, y Harry abrió la carta.

Querido Harry:

Envío esta carta con Dobby porque Dumbledore está preocupado porque las lechuzas o el correo muggle sea interceptado. Sonaba algo paranoico, pero me hizo prometer que no te enviaría nada importante que pudiera ser interceptado. Se apareció en mi casa hoy; no habló mucho, pero te diré lo que se.

Dumbledore está organizando un grupo para luchar contra Voldemort, y tienen una casa segura. Está bajo el encantamiento Fidelio con Dumbledore como el guardián del secreto. Los Weasley van a ir ahí este fin de semana, pero yo quiero pasar más tiempo con mamá y papá primero. Probablemente iré al mismo tiempo que tú.

Sobre Voldemort, Dumbledore no dijo mucho excepto que está manteniendo la cabeza baja para reclutar, y probablemente estamos a salvo aquí por ahora. También, si Dumbledore da a los Weasley la misma charla que a mí, probablemente no escuchemos mucho de ellos, pero quizás aprendamos una o dos cosas.

Cedric está mejor. Mamá y papá dicen que puedo visitarlo mañana, así que sabré más entonces.

Espero que los Dursley no te estén dando muchos problemas, Harry. Mereces más que estar atrapado ahí todo el mes. Solo intenta enfocarte en tu tarea e ignora lo que el Profeta dice sobre ti.

Es probable que sea mejor que me escribas a través de Dobby. Supongo que Hedwig no puede llegar a los Weasley a través del Fidelio, pero puedes enviarla a Cedric, o Neville, o a quien quieras mientras no reveles mucho. Con suerte, nos veremos pronto.

Con amor,

Hermione

Bueno, por lo menos Dumbledore estaba haciendo algo, aún si no sonaba como mucho. No sonaba a que estaba siendo muy abierto, y nada parecía estar pasando por el momento de cualquier modo. Harry quería molestarse por lo que Hermione había dicho sobre los Weasley. Había siete chicos Weasley, cuatro de ellos aún en la escuela con él. Todos eran buenas personas, y la más joven, Ginny, era su-no-se-sentía-cómodo-llamando-novia… aún. Seguramente ella le diría lo que estaba pasando, aún si nadie más. Excepto que recordó que la Sra. Weasley estaría ahí, y si alguien podía hacer que Ginny siguiera los deseos de Dumbledore, era la madre de Ginny. Tendrían que ver que podían hacer.


En la mañana, los Granger se dirigieron a Londres para visitar a Cedric en el hospital, y para que Hermione pudiera buscar algunos libros de matemáticas nuevos… tanto mágicos como muggles. Acababa de tomar su EXTASIS en Aritmancia, pero había realizado actos más avanzados usando matemáticas muggle de nivel universitario. Más recientemente, había probado (con ayuda) que elementos radiactivos eran la sexta excepción a la Ley de Gamp y no podían ser transformados (algo bueno, en su opinión). Estaba recibiendo correo de fans por eso, lo cual era algo desconcertante.

Mientras tanto, casi había estudiado las matemáticas suficientes para obtener un título universitario en la materia. Casi había completado el currículo estándar en ecuaciones diferenciales parciales, y no estaba segura de qué estudiar después. Quizás algo de análisis real durante el semestre de otoño.

–Y creo que es hora de que saquemos una suscripción al Diario el Profeta para que sea entregado en la casa –dijo a sus padres–. Necesitamos mantenernos al tanto.

Su primera parada ese día fue al Hospital San Mungo de Enfermedades y Heridas Mágicas. No fue fácil de encontrar ya que había sido creado para lucir como una tienda departamental abandonada, pero una vez dentro, las cosas fueron directas. Hermione dijo a la bruja recepcionista que quería visitar a Cedric Diggory, y fue dirigida al ala de Accidentes por Artefactos… lo cual era el perder una pierna por un traslador. Su brazo había sido destrozado por un maleficio explosivo, pero era lo suficiente cerca. Al informar al jefe sanador del ala, fueron anunciados, y Cedric les pidió que pasaran. Al hacerlo, sin embargo, una pequeña chica china en lágrimas casi se estrelló contra Hermione mientras salía a toda prisa del cuarto.

–¿Cho? –dijo Hermione.

La joven no respondió mientras se dirigía a la salida. Cho Chang era… o había sido… la novia de Cedric, pero Hermione no estaba segura de su situación ahora.

Dentro del cuarto, Cedric estaba recostado en la cama, recargándose contra la cabecera. Estaba más pálido de lo que Hermione lo recordaba, y lucía bastante cansado, pero aún era apuesto, a pesar de sus heridas. Le había gustado el año pasado… y aún le gustaba un poco, si se era honesta, pero había desarrollado mayor interés en George Weasley desde que había ido con él al baile de Navidad. No que eso importaba con ella yendo a otra escuela.

Aún cubierto, podía ver que a Cedric le faltaba una pierna, y el muñón vendado de su brazo derecho terminaba justo sobre el codo, dejándolo, teniendo que hacer todo con la izquierda. Sus padres estaban sentados a su lado.

–Hermione. Hola. Es bueno verte –dijo Cedric. Sonrió, pero su cansancio se veía con claridad. Se acercó a la cama, y él rodeó su hombro en un débil intento de darle un abrazo a medias.

–Hola, Cedric. ¿Cómo va todo? –dijo Hermione nervioso.

–Ahí la llevo. El comer es lo más difícil –dijo intentando sonar tranquilo–. Claro, no he intentado hacer mucho que requiera usar más de una mano.

Hermione suspiró, sin saber cómo responder.

–Eh, me alegra que estés mejorando –respondió débilmente–. Erm, oh, ellos son mis padres, Daniel y Emma.

–Encantado de conocerlos, Sr. y Sra. Granger –dijo Cedric. Estrechó sus manos con su mano izquierda–. Ellos son mis padres, Amos y Celeste.

Las introducciones pronto fueron completadas, y el Sr. Diggory estrechó la mano de Hermione con vigor.

–No tuvimos la oportunidad de agradecerle de manera adecuada, señorita Granger –dijo–. De acuerdo con Cedric, uno de sus hechizos salvó su vida.

–Eso supongo.

–No hay nada que suponer. Él nos dijo que la única razón por la que Barty Junior falló con esa primera maldición fue porque usted le enseñó algo más rápido. Y no tuvo que enseñarle esos hechizos para nada. Sabemos lo cercana que es a Harry Potter. –Se inclinó y agregó en voz baja–. Le creemos, por cierto, que Usted-Sabe-Quien ha regresado. No puedo creer que nuestro Cedric pasara todo esto por un hombre loco sin razón. Aunque no podemos decirlo en voz alta, no con cómo Fudge ha estado comportándose esta semana.

–Eh, gracias, Sr. Diggory. Estoy segura de que Harry lo apreciará.

–Sr. y Sra. Granger, tienen una hija brillante –continuó–. Deben de estar muy orgullosos.

–Ciertamente lo estamos –dijo papá–. Pudimos ver que era única desde el comienzo. Aunque sería agradable si pudiera alejarse de problemas aunque sea una vez.

Después de ese comentario incómodo, Hermione intentó cambiar el tema, aunque no logró que fuera menos incómodo.

–Si no te molesta que pregunte, Cedric, ¿está bien Cho? –Él suspiró con pesadez.

–No lo sé. Ha estado aquí unas cuantas veces, pero no parece poder verme sin llorar.

–Lo siento. No debí...

–No, está bien. No es como si estuviera manteniéndolo en secreto. Cho es muy abierta con sus emociones, ¿sabes? Tendremos que esperar y ver.

–Oh… erm… ¿sabes… cuánto tiempo más tendrás que estar aquí? –Aún no ayudas con la incomodidad. Vamos, Hermione, ¡puedes hacer algo mejor que esto!

–Los sanadores dijeron que otra semana o dos. Voy a recibir un brazo y pierna prostéticos pronto, pero necesitaré de terapia para usarlos.

–Oh, eso es bueno. Imagino que las prótesis mágicas son buenas.

–No siempre. ¿Recuerdas a Moody? Verdadero o falso, siempre caminó con cojera.

–Oh…

–No me malinterpretes; será bueno tener dos brazos de nuevo, incluso si ambos son terribles con una pluma, pero no se puede realizar hechizos con una prótesis. Tiene que ser con tu brazo real. Tendré que aprender todo con la mano izquierda de nuevo para la escuela. –De repente, Hermione se iluminó.

–De hecho, creo poder ayudarte con eso, Cedric.

–¿Puedes? –dijo él con sorpresa.

–Sí. Me he estado enseñando como realizar hechizos con la mano izquierda durante el último año, desde que ese dementor congeló mi mano derecha. No quise ser dejada sin la habilidad de nuevo. Puedo venir durante las próximas semanas para ayudarte con los movimientos de varita.

–¿En verdad? ¿Harías eso por mí?

–Por supuesto que sí. No quiero que pierdas un EXTASIS en Encantamientos por algo así. –Cedric sonrió.

–Eres una buena amiga, Hermione –dijo–. Y también Harry, de hecho. ¿Sabes que me envió su porción del premio? –Hermione lo miró con sorpresa.

–No. Se que había hablado de eso, pero no sabía que lo había hecho.

–Lo hizo. Me escribió una carta diciendo que me lo merecía porque yo sí debería haber estado en el torneo, y lo necesitaba más que él. No lo quiero, por supuesto. A él le fue mucho mejor que a mí. Pero su lechuza se fue antes de poder devolverlo. –Hermione se rio.

–Eso suena bastante como Hedwig –dijo ella–. Bueno, si estás interesado, puedo regresar el próximo fin de semana para ver cómo estás, y podemos comenzar con los hechizos.

–Me gustaría eso, Hermione. Gracias.

–No hay problema. ¿Para qué son los amigos?


Hermione sacó su suscripción al Diario el Profeta, pero para su sorpresa, no había nada sobre Harry o Voldemort. Había bastante sobre Dumbledore. El Ministro Fudge lo estaba criticando abiertamente por "incitar pánico" sin mencionar lo que el director estaba declarando. Múltiples citas anónimas especulaban que Dumbledore estaba mintiendo o siendo afectado por la vejez, y un editorial cuestionó si aún era capaz de mantener sus puestos gubernamentales como Jefe de Magos del Wizengamot y Jefe Supremo de la Confederación Internacional de Magos.

–Parece salido de la mente de Orwell –se quejó con su mamá y papá–. Tienen control completo de la prensa. Están hablando de él como si fuera un disidente, y peor, como si siempre hubiera sido sospechoso. Solo porque es excéntrico...

–Lo sabemos, cariño –la interrumpió mamá–. No tenemos una gran opinión de este Ministro Fudge tampoco, pero si controla la prensa, no hay mucho que podamos hacer.

–Lo sé. Lo sé. Pero aun así, muchos van a salir lastimados o morirán por esto. ¡Es tan molesto! Y también, está lo que dijeron sobre Harry...

–Pensé que no estaban mencionando a Harry –dijo Dan.

–No hasta hoy. Y aun así, casi me lo perdí. Miren. Aquí, página 3. –Abrió el periódico y se los mostró–. Tres pescadores muggle en un bote terminaron treinta pies en el aire sobre un árbol después de un encuentro con el kelpie del lago Ness, en una historia merecedora de Harry Potter.

–¿Kelpie del lago Ness? –preguntó papá.

–Larga historia. Oh, ¿no lo ven? Están haciendo que Harry suene como un loco para que nadie crea lo que dice. Ni siquiera ha dicho nada desde esa primera noche.

–Lo sentimos, Hermione. A veces el gobierno es criminalmente incompetente –intentó calmarla su mamá–. Estoy segura de que el profesor Dumbledore y su grupo están haciendo todo lo que pueden.

–Eso espero.

Hermione aún estaba de mal humor esa noche cuando la pequeña lechuza hiperactiva de Ron Weasley, Pigwidgeon, se apareció con una carta en su ventana.

–Oh, hola, Pig –dijo ella, dejándolo entrar–. Espero que tengas buenas noticias.

¡Huu!

–Mmm. Nada te calma, ¿verdad?

¡Huu!

–Bien, veamos que han estado haciendo los Weasley.

Querida Hermione:

Nos mudamos a tú sabes done. Nos gustaría que tú y Harry estuvieran con nosotros, pero probablemente estén felices de que no lo están. Es feo. Toma todas las quejas que Ron ha hecho sobre nuestra casa… ¡OYE! Cállate, Ron. Incluso si fuera cierto, no estaría tan mal como este lugar. Estuvo abandonado, y ahora está infestado de cosas sobre las que probablemente no quieres saber. Los adultos están intentando de que sea mucho más habitable.

No podemos decirte mucho porque Dumbledore esté preocupado de que lechuzas sean interceptadas. Claro, no nos dicen mucho de todos modos. Eso es por mamá. Aunque descubriremos lo que podamos. También, pensamos que deberías saber que Percy se fue. Probablemente no deberíamos decir mucho sobre eso tampoco, pero la versión corta es que Percy está del lado del Ministerio, y tuvo una gran discusión con papá. No fue agradable. Te diremos más cuando llegues.

Tus amigos,

Fred, George, Ron, y Ginny

Bueno, eso era genial. No parecía que nadie estuviera teniendo un buen verano por el momento.