Todos los personajes son propiedad exclusiva de la mangaka Rumiko Takahashi, solo el desarrollo de la historia me pertenece. Esto lo hago por amor al arte y sin fines de lucro.

-Travesura permanente-

Capítulo 1

–¿Cómo dices que se llama esto?

–Pizarra acrílica. También compré algunos marcadores, para que puedas renovar los anteriores.

–¡Gracias Kagome!, qué amable eres...

–No es nada, Shippo. Además sólo compré los marcadores, la pizarra ya la tenía... Mmm... –Kagome se percató de que uno de los marcadores era diferente a los demás, entonces lo giró para leer la etiqueta. Esta decía: MARCADOR PERMANENTE

–¡Oh, vaya! Shippo… me equivoqué con este marcador... No me di cuenta y cogí el equivocado en la tienda.

–¿Por qué lo dices?, yo lo veo igual a los otros que trajiste.

–No, Shippo. Este es un marcador permanente... aquí lo dice. –Shippo abrió la tapa del marcador y lo llevó a su nariz.

–¡Wow!... Me agrada el olor que tiene, ¿me lo puedo quedar, Kagome?

–Bueno, te lo dejaré... Pero debes tener cuidado al usarlo, no es como los otros que te he traído. De hecho, no es para usarlo en la pizarra. Y si te rayas las manos con este marcador, o cualquier parte de tu piel, no será fácil quitar la tinta; por eso es "permanente". En especial, mucho cuidado con la ropa, ya que es muy difícil quitar ese tipo de manchas.

–¡Caray, Kagome!, así como lo dices, parece un arma.

–¿Verdad que sí? –ambos hicieron rieron traviesamente–. Pero tranquilo, Shippo, sólo es un marcador.

–Gracias, Kagome. Con esto tendré entretención hasta que regreses, el orejas de perro es aburrido. –La joven Miko sonrió.

–Bien... ya me voy, solo vine a dejarte esto. Prometí al abuelo que le ayudaría a limpiar su bodega. Regresaré mañana.

Kagome miró a su alrededor y preguntó:

–Por cierto, Shippo... ¿Dónde están Inuyasha y los demás?

–Inuyasha se fue a quitar el olor a perro apestoso. Sango y Miroku fueron por hierbas donde Jinenji.

–¿Dondé Jinenji?, ¿acaso no hay hierbas en la zona?

–Sí, pero un aldeano está bastante enfermo y prepararán algunas medicinas especiales con hierbas que no se encuentran acá. La anciana Kaede está cuidando de él, así que, yo... estoy solito... –Shippo suspiró y dejó caer sus hombros–. Cómo quisiera poder atravesar el pozo contigo, Kagome. –Se cruzó de brazos y haciendo un puchero dijo–: ¡Inuyasha es un suertudo!

–Pequeño Shippo... no estés triste. Ya verás que con todo lo que te he traído, el día se te pasará rápido, y mañana estaré otra vez aquí. Ahora me voy, saluda a todos de mi parte.

.

.

En unas aguas termales no muy alejadas de a aldea, Inuyasha se daba un baño y relajaba su cuerpo después de varios días de peleas; días muy agotadores. Se encontraba solo, como hace tiempo no había estado. Intentó poner su mente en blanco... no quería pensar, aunque a veces con tantas preocupaciones, le resultaba imposible. Sólo quería descansar de las fuertes batallas. Ese maldito de Naraku había escapado otra vez y pasaría algún tiempo antes de que apareciese con su repugnante nuevo aspecto. Así que, por ahora sólo debía descansar. Él siempre intentaba mostrarse fuerte ante los demás, sentía que no podía decaer; siempre debía estar atento al peligro, en especial con un enemigo tan poderoso como Naraku, no podía confiarse. Sin embargo, en ese momento sabía que Kagome estaba en su casa, a salvo. De cierto modo, eso le daba tranquilidad, por lo que podía permitirse aquel relajo.

–Kagome... –pronunció aquel nombre con voz distendida, e inconscientemente suspiró. Inevitablemente Kagome ocupaba la mayoría de sus pensamientos. Su mente no podía estar en blanco, imposible ahora que existía ella. Esa mujer había llegado a su vida como un maldito huracán, llegó a cambiar todo el pensamiento que tenía respecto a la vida, llegó a poner su mundo de cabeza, a cambiar sus prioridades. Inuyasha sonreía al pensar en eso. Resultaba un tanto irónico que hasta hace un tiempo, era un Hanyo buscando convertirse en un demonio completo, pero ahora, se había vuelto para su propio juicio algo "blandengue". Aunque curiosamente, aquella sensación no le molestaba en lo absoluto, muy por el contrario, estaba agradecido; primero porque Kagome lo salvó de un cruel destino eterno, y luego porque gracias a ella, tenía grandes amigos y mejores propósitos. Sí, no todo era Naraku y la perla... también quería protegerla a ella, de cualquier otro mal y por siempre mantenerse a su lado, aunque no sabía qué sucedería cuando ya todo acabase, pero la verdad, es que tampoco quería pensar en eso, pues tan sólo la idea de que tuviese que separarse de ella lo torturaba. Y pese a que, estaba tranquilo porque por el momento, esa loca mujer estaba a salvo en su época, al mismo tiempo le costaba tenerla tan lejos. Ya la extrañaba. Extrañaba su aroma, extrañaba su voz, toda su presencia era un verdadero placer para él. En especial, le encantaba cargarla en su espalda; sentir su calor y sus blandos pechos aplastarse contra él. Por suerte, ya no tenía ese horrendo carro de dos ruedas que antes la transportaba y lo privaba de tan exquisito goce.

¿Qué estará haciendo ahora…?, seguramente intentando estudiar esos libros con dibujos raros, pensó.

Seguía sin entender cómo esas cosas aburridas podían ser tan importantes. Tanto así que "su vida dependía de ello". Al menos eso decía Kagome, pues cuando se le perdía alguno de sus libros, se ponía como una loca... ¡Malditos libros!, ¿cómo podían tener tanto poder sobre ella?. Aún así, ya había aprendido a respetar el hecho de no tomarlos y no mover las cosas de su escritorio. Él sólo se limitaba a hacerle compañía cuando se encontraba en su habitación, simplemente la observaba... a veces más de la cuenta, y es que la verdad adoraba hacerlo, no podía evitarlo; Kagome era todo un misterio, y él, solo quería descubrir cada uno de ellos, cada una de las facetas de su atractiva Miko.

También pensó en Kikyo. Era imposible no hacerlo cuando se encontraba solo. Jamás podría olvidar ese terrible momento en que ella murió en sus brazos. No obstante, había pasado algún tiempo después de que eso sucedió, y al fin estaba en paz consigo mismo. Si no fuera por la fuerza que Kagome le dio para que dejara de sentirse culpable, él no lo habría podido entender. Sin embargo, aún no lo superaba del todo, aún cada vez que recordaba aquel momento sentía el dolor en su corazón. Pero sin duda alguna, sabía que ahora Kikyo estaba bien y eso también calmaba su alma.

¿Habrá terminado de estudiar Kagome?, si la visito… ¿se molestara?. Otra vez Kagome volvía a los pensamientos de Inuyasha. Cuando ella no estaba, las horas se volvían eternas.

Sentado en el agua, el Hanyo descansaba su cabeza hacia atrás, observaba un cielo claro y una pomposa nube blanca en la que proyectaba la imagen de la mujer que quisiese estuviera ahí con él. La tierna sonrisa de Kagome, sus hermosos ojos marrones, su cabello negro azabache... el blanco y verde de su vestimenta, ¡por todos los infiernos! aquello no abandonaba su cabeza. Como si su mano tuviera mente propia bajó para acariciar su entrepiernas; masajeó un poco... sin perder la imagen de Kagome, cuando en reiteradas oportunidades había visto sus bragas, o las veces en que tuvo la fortuna de verla desnuda, ¡infiernos!, ¡que perfecta era esa mujer!... sus curvas, eran únicas para él, cuántas veces había deseado pasar sus manos por ella. Los masajes en su miembro resultaban cada vez más ardorosos y placenteros. Sólo podía pensar en ella, en sus labios, que observaba en silencio cada vez que ella dormía, ¡joder!... no podía ser tan pervertido, ¡estaba peor que el monje libidinoso!... detuvo su masturbación; no debía tener esos pensamientos con Kagome, no debía faltarle el respeto, pero ¡por un demonio!, cómo deseaba que fuera ella la que lo tocase con sus suaves manos. Aquel pensamiento sólo empeoró sus deseos de tenerla cerca y su erección... ¡joder!, tenía que pensar en otra cosa… pero ¡demonios, qué difícil!, ¿por qué últimamente le costaba tanto estar un día sin ella?. Le prometió que aquel día la dejaría estudiar pero, tal vez... si se quedaba tirándole las patas a Buyo o acompañando a Sota; no la molestaría en sus estudios. Él sólo quería estar cerca de ella.

Inuyasha resopló:

–Pero, ¿qué me pasa?... ¿Desde cuándo quiero perder el tiempo acompañando a un niño y jugar con un gato? Kagome, ¡¿qué hiciste conmigo, tonta?!. En fin... ya estoy perdido... –suspiró.

Salió del agua, secó su cuerpo, se vistió y tomó a su fiel compañera Tessaiga. Decidió que definitivamente iría a ver a Kagome, aunque esta se enojara y utilizara su conjuro contra él. Ni de loco esperaría hasta el siguiente día, pues últimamente cuando Kagome no estaba, Inuyasha no dormía pensando en ella; la ansiedad de verla regresar pronto, le espantaba el sueño, y no estaba dispuesto a que la ausencia de Kagome le arruinara la noche.

Cuando llegó a la aldea, entró a la casa de la anciana Kaede. Vio a Shippo estirado en el suelo; divertido dibujaba con distintos marcadores de colores, aquellos que Kagome traía a veces. Sin embargo, el extraño objeto plano de color blanco donde Shippo hacía sus dibujos llamó su atención. Luego vio que con un pequeño trozo de tela, borraba los dibujos sin dejar rastro y volvía a dibujar en el mismo lugar.

...Que cosa más rara…, pensó el Hanyo.

Shippo se percató de la presencia de Inuyasha y pensó que había llegado su verdadera diversión; fastidiar a Inuyasha era el mejor de los recreos para el pequeño zorro.

–¡Vaya! Ya no hueles a perro apestoso... gracias por dejar de torturar mi nariz, con lo sensible que eres, no sé cómo soportas tu propio olor. Incluso la pobre de Kagome debe sufrir estando tan cerca de tí, la compadezco. –Al no recibir respuesta ni reproche por parte del Hanyo, el travieso zorro continuó:

En serio, no sé como te aguanta la pestilencia, quizá tiene el olfato muerto jajajaja.

–Oyeee... ¿qué te pasa, mapache?, ya quisieras ser como yo...

–¡No soy un mapache! Aunque... preferiría serlo, antes de ser un tonto Hanyo como tú. Porque si te refieres a ser un cobarde, indeciso, celoso, rabioso y estúpido con orejas de perro, entonces... ¡no, gracias!

Inuyasha levantó a Shippo de la Cola para regañarlo:

–¡Ayyayayayy!

–¡Cállate, enano!, ¡¿qué te pasa?! ¡No me hagas perder la paciencia contigo!. Cuando Kagome no está, eres el ser más insoportable y fastidioso de la tierra. –Volvió a dejarlo en el suelo–. A propósito, ¿qué haces?

–¿Qué, no ves?... estoy dibujando, bobo.

–Sí, pero no te había visto ese objeto antes...

–Ah... ¿esto...?, se llama "pizarra crítica". Eres bien ignorante...

Inuyasha arrugó el entrecejo, al parecer su pequeño amigo tenía ganas de discutir con él. No obstante, su expresión cambió al sentir un leve aroma. Era aquel que deseaba tener cerca cuando hace un rato tomaba el baño. Miró a su alrededor buscando a la dueña de dicha esencia...

Shippo lo miró de reojo y de inmediato supo a qué se debía la inquietud de su amigo mitad demonio; conocía muy bien a ese perro orgulloso, y no perdió oportunidad de presumir que en la mañana había estado con Kagome. Así que, comenzó a molestar al Hanyo, sabiendo su limitada determinación respecto a lo que este sentía por su querida amiga.

–¡Uuyy!, cómo se te nota lo prendado que estás de Kagome.

–¡¿Qué cosa dijiste, enano?!

–Si te interesa saber... y por tus mejillas rojas y la forma desesperada en que la buscas, creo que sí te interesa... te confirmo que Kagome estuvo aquí esta mañana; me trajo algunos regalos. Lástima que no trajo nada para tí. Kagome es tan linda... siempre se preocupa por mí. –El Hanyo le dedicó una mirada asesina.

–Grrr... ¡ayyy!, ¡ya cállate, enano!, ¿quién te dijo que me importa saber si Kagome vino o no?, ¡nadie te está preguntando, tonto!, ¡qué molesto eres!. Por cierto... ¿aún no regresan Miroku y Sango? –preguntó el Hanyo intentando desviar la conversación. Se había enrojecido por lo anterior, y apartó la vista de su inaguantable amigo, de lo contrario, le daría cantidad de coscorrones, hasta que este perdiera el conocimiento.

–Sí, lo hicieron. Pero ya se fueron otra vez, solos... dijeron que darían un paseo.

Shippo quería divertirse, y continuó con su juego:

–¿Sabes?, deberías aprender un poco de Miroku –dijo, mientras que se encontraba tendido en el suelo y pintaba sus dibujos con actitud natural.

–¡¿Qué?!... ¿De qué demonios estás hablando?

–Digo que... a pesar de sus malos hábitos con las mujeres, Miroku tuvo el valor de decirle a Sango que quería casarse con ella y le ha hecho saber que ella es la más importante de todas las mujeres que se cruzan en su camino, ¿cuándo vas a declararte con Kagome, perro? estoy seguro que ella se siente como el reemplazo de la Miko Kikyo, ¿no te das cuenta?, ¿acaso no te preocupa que un día Kagome pueda cansarse de ser tu segunda opción?.

–¡No seas idiota Shippo...! Kagome no es nada de eso, y estoy seguro que ella no piensa así.

–¿Estás realmente seguro, Inuyasha?. –El pequeño zorro miró a su amigo por unos instantes y vio la confusión del Hanyo en sus ojos.

En efecto, tras aquella pregunta, Inuyasha sintió una punzada en el pecho, tan repentina que no pudo responder. ¿Estaba seguro en realidad de que Kagome no se sentía así?. Shippo volvió a lo suyo en la pizarra. Sin embargo, ya sembrada la semilla de la duda, el pequeño y travieso zorro, no se iba a detener.

–No sé qué estás esperando para sincerarte con ella. Puede que estés acostumbrado a ganar todas las batallas, Inuyasha, pero sin duda a este paso, la que es por el amor de Kagome... la puedes perder.

–¡Ash!, ¡sabandija!, ¿qué vas a saber tú de estos temas?, eres solo un niño, ya cállate.

Inuyasha cruzó sus brazos decidido a ignorar a Shippo.

…¡Uuyy! actúa como si no le importase, ¡tonto cabezota!, pensó el zorro.

Lo cierto es que, Inuyasha ya estaba airado. Ese pequeño demonio lo sacaba de sus casillas de modos insospechados. Sin embargo, no pretendía caer en su absurdo juego. Shippo tenía una facilidad increíble para hacerlo hablar más de lo que a veces quisiera con respecto a sus sentimientos por Kagome, y muchas veces el enano travieso lo hacía caer, obligándolo a decir cosas comprometedoras frente a ella, ¡maldito enano!

–¡Shippo!...¡Miserable! Si sigues diciendo estupideces me voy a hacer una alfombra con tu pelaje. Así que mejor ¡no me molestes!

–ja ja ja... ¿crees que te tengo miedo, bestia?, sabes que si me pones un dedo encima la linda Kagome te dirá tantos osuwaris que tragaras tierra hasta que te ahogues ¡tontooo!... Además no eres el único por el que ella se preocupa ¿sabes?

Inuyasha sin decir palabra, clavó su mirada en el suelo y no pudo disimular su inquietud después de lo que oyó. Sin duda Kagome tenía sentimientos tan hermosos que cualquiera caía rendido ante sus atenciones. Su constante preocupación por los demás, le había partido la cabeza de celos muchas veces. Pero, por supuesto, no lo reconocería ante nadie, eso iba contra su orgullo.

El pequeño zorro, que conocía cada uno de los movimientos de su amigo mitad demonio, fue consciente de que en ese instante tenía toda su atención. Entonces, con actitud serena retomó su actividad en la pizarra y dijo:

–Honestamente, Inuyasha... creo que ni siquiera te mereces el amor de Kagome.

–¡¿Qué dijiste, enano?! –bufó furioso el Hanyo.

–Lo que escuchaste, bobo. Pues, pienso que Koga ha sido sincero y amable con ella... definitivamente el hombre merece su corazón...

Las imágenes de Koga tomando la mano de Kagome, declarandole su amor cada vez que tenía oportunidad, pasaron por la mente del Hanyo; la vena frontal de Inuyasha saturó a casi reventar.

–¡Estas hablando de Kagome como si fuera un trofeo, zorro estúpido!

–¡Por supuesto que no lo es, tonto!, ¡es una cuestión de sentimientos!. Piensa esto: Si tan solo Kagome lo hubiese conocido antes que a ti, sin duda se habría enamorado de él. Ese lobo se muere por ella, se preocupa de ella, y se lo demuestra... si tú no estuvieses en medio, como lo dijo Koga desde un principio: "La habría hecho su mujer"

Tras dichas palabras, a Inuyasha le entró el calor en el cuerpo.

–¡Keh!, ¡por supuesto que Kagome no se fijaría en el imbécil de Koga!, eso es... –No terminó de decir la línea, pero sí la pensó:

...Es imposible... ¡aghh!, ¡demonios!, estoy cayendo en su estúpido juego. ¡Maldita sea Shippooo!... qué molesto es. Pero, ¿qué mierda está diciendo este enano?, ¿acaso no es evidente lo mucho que me preocupo por la seguridad de Kagome?... ¡Agh! ese lobo rabioso... lo único que hace es correr, huir y decir palabras cursis. Pero el que siempre protege y cuida de ella; soy yo, ¡y nadie más que yo!..., Pensó para sí mismo.

Se puso de pie y apretó los puños clavando la punta de sus filosas garras en la palma de sus manos.

–Maldito zorro... si no cierras la bocota en este instante, mañana no despertarás para ver a tu linda Kagome ¡ya me harté de tu juego!...

Inuyasha dio media vuelta para salir de ahí, de lo contrario, asesinaría a ese pequeño engendro por pasarse de listo. Pero antes de dar un paso hacia la salida, Shippo que seguía dibujando, sin preocupación alguna, habló otra vez:

–Inuyasha...

–¡Ya me largo, Shippo!

–¿Sabes quién es Hojo?...

–No me interesa, adiós... –Por supuesto que sabía quien era. Recordaba perfectamente a Akitoki Hojo, en especial cuando el muy pendejo dijo estar enamorado de Kagome, e incluso salvó su vida; es lo único que le agradecía al idiota ese.

–No hablo del Hojo que conoces aquí, bobo. –Inuyasha se detuvo frente al umbral de la salida–. Él es solo un antepasado que vive en este tiempo, ¿sabías que hay otro igualito en la época de Kagome?

El Hanyo que por alguna razón conocida solo por su corazón, no estaba tan indiferente de aquella conversación, dudó si salir de ahí o quedarse. Aquel Hoyo de la época moderna, lo había visto un par de veces cuando él mismo estaba del otro lado del pozo. Sin embargo, sólo se trataba de un amigo para Kagome, de eso estaba seguro. Pero... ¿por qué entonces, las preguntas de Shippo le hacían ruido en su interior?. No era posible... ¡¿cómo él?!, un semi demonio tan poderoso, ¿iba a ponerse celoso de ese chiquillo con cara bonita y risa tonta? por supuesto que no… ¡demonios!. La cabeza le zumbaba, ¿por qué caía tan fácil en los juegos de Shippo?. Se giró y lo fulminó con la mirada, pero su vista dio con la espalda del pequeño zorro, pues este ni se inmutó en mirarlo, y continuaba con su mismo actuar. Al Hanyo no le estaba gustando para nada la dirección que estaba tomando la situación.

–¿No te preguntas si ese otro Hojo, también se interesa en ella? –continuó Shippo.

–!No seas ridículo!, ¿qué te hace pensar que me preguntaría semejante estupidez?, ¡ya no molestes!, no sigas por ese camino enano, te lo advierto.

Pero Shippo muy confiado, pensaba estar a punto de conseguir su objetivo: Molestarlo y presionarlo para que le soltara que estaba enamorado de Kagome. Si lo lograba, tendría algo con qué chantajearlo más adelante y tenerlo a su entera disposición. Así que, hizo caso omiso de la advertencia del Hanyo y no se detuvo.

–Sólo tenlo presente perro, no eres el único para Kagome. Incluso, he pensado en algo: Ahora que Sesshomaru acepta a los humanos y también protege a Rin, podría también fijarse en Kagome... digo... es un perro también, e incluso es más atractivo. Sí... él es un gran Yokai que además de fuerte, es un tipo de dos palabras y listo... ya sabes, así es Sesshomaru; solo es cosa que se interese en ella, y obvio no creo que se dé tantas vueltas como tú, persiguiendo su cola para enfrentar sus senti... mien...

La inmensa sombra de Inuyasha tapando por completo sus dibujos y su pequeño cuerpo, le cortó la última frase que iba a decir. La sola presencia demoníaca del Hanyo le erizó la espalda y puso en alerta todos sus sentidos; ¡rayos! Inuyasha lo iba a pescar. Se había ido tanto de lengua larga, que no tomó la precaución de revisar si la vía de escape estaba disponible.

Cuando miró lentamente hacia arriba por sobre su hombro derecho, se encontró con una terrible mirada... podría decirse que el Yokai interno de su amigo se había comido la parte humana y el demonio salió de su interior, solo le faltaban los ojos rojos, pero para su suerte, aún eran amarillos. Mostrándole las garras hacia arriba y con más venas hinchadas en el cuello y la frente; el Hanyo esbozó una sonrisa malévola y con una voz cargada de malicia siseó:

–Repite lo que dijiste enano. –Los huesos de sus dedos tronaron al moverlos con extrema tensión, como si quisiera desgarrarlo de la cabeza hasta los pies.

Con cara de pánico y a la vez con la esperanza de que con su siguiente defensa calmaría a su amigo, Shippo dijo:

–¿Qué harás, bobo?, ¿me vas a golpear?... ya te dije que no puedes hacer eso, o tendrás que arreglártelas con el conjuro de Kagome.

–¿A, sí?, ¿quién es el cobarde ahora, zorrito? –Shippo comenzó a temblar–. El punto es, mi querida cucaracha, que... Kagome no está aquí, ¿ciertooo...?.

La mirada siniestra y furiosa de su amigo clavada en sus saltones ojos verdes, lo hicieron dar un brinco y retroceder con paso cauteloso. Kagome no estaba para protegerlo, tampoco la anciana, Sango y Miroku. Y lo cierto es que, esta vez se había pasado, sabía que le había tocado la fibra a su amigo bestia y ahora tendría que asumirlo solo.

–Inu... ya... sha... es-espera. Kagome no te lo perdonaría... –Tragó su saliva y le pareció haber tragado una bola de aire. Shippo estaba realmente asustado.

–La verdad enano es que los osuwaris no me importarán, e incluso tragaré toda la tierra de la aldea dichoso de felicidad pensando... ¡EN QUE ACABÉ CONTIGO!.

¡La bomba de ira estalló! Shippo se escabulló entre el hueco de las piernas del furioso Hanyo y este se giró para atraparlo, pero el escurridizo zorro se le escapó. Inuyasha poseído por su decisión de atraparlo y hacerlo pagar, gritó amenazante:

–¡Di tus oraciones ratita!, ¡porque te voy a despedazaaar!

–¡AAAAAAAYYYYY!, ¡MAMACITAAAAAA!

Shippo corría en círculos, gritando y escapando de un descontrolado Hanyo, había desatado su furia total y ahora estaba en graves aprietos. Shippo gritó:

–¡Sango!, ¡Miroku!, ¡anciana Kaede!

–¡Grita todo lo que quieras, rata de dos patas!, esta vez nadie vendrá a salvar tu pequeño trasero, ¡ya verás!, ¡te daré tu merecido!, ¡ven acá, pequeño demonio!

–Shippo lanzó una de sus hojas mágicas, la cual en un solo instante se volvió una nube de humo y nubló por dos segundos la visión de Inuyasha; tiempo suficiente para lograr escapar de las cuatro paredes de la casa y las garras de su enfadado amigo.

Cuando el humo se disipó, Inuyasha tomó el objeto plano donde estaban los dibujos de Shippo. Y salió corriendo rápidamente de la casa para alcanzar al pequeño demonio que se le había escapado.

–¡Keh!, !eres tan insignificante que ni siquiera necesito a Tessaiga para partirte la cabeza!

Shippo seguía corriendo desesperado como si le llevase el alma al diablo, miró hacia atrás en un acto suplicante y con la esperanza de que su amigo lo perdiera de vista, pues algo de ventaja había sacado gracias a su hoja mágica. Pese a ello, Inuyasha era muy veloz y Shippo notó que éste ya estaba acercándose, ¡maldición! Sus pies casi no se veían, corría a toda velocidad, volvió a girarse para calcular distancia. Entonces, su vista se clavó en el objeto que Inuyasha llevaba en su mano.

–¿Q-qué...? No puede ser... eso es… ¡mi pizarra! ¡Espera idiota, no te atrevas a romper eso! –gritó Shippo, que ya a esta altura se lamentaba por haber provocado la ira de su amigo. Mientras tanto, sus pies seguían corriendo como si tuvieran voluntad propia e instintivamente huían del peligro– ¡Me lo dio Kagome!, ¡PERRO TONTOOOO!

Pero ya era tarde.

–¡Toma esto!... –Sin pensarlo dos veces Inuyasha lanzó la pizarra que llegó justo en el blanco; un sonido de que algo se partió, tronó desde lejos, aunque lo que se partió en dos fue la pizarra y no la cabeza de Shippo. Inuyasha detuvo su maratón y con ambas manos en la cintura reía endemoniada y descontroladamente por conseguir darle a Shippo justo donde quería, mientras que este último, cayó aturdido al suelo.

–¡Así es, maldito enano!, ¡nadie se burla de mí! –dijo mientras caminaba justo hasta donde acabó la carrera de Shippo. Cargó en su hombro al pequeñín con peso de pluma y se marchó pensando en qué haría ahora con él; ¿debía ser piadoso con su pequeño amigo? o, ¿le daría una buena lección al engendro?, así la próxima vez lo pensaría dos veces antes de molestar. La segunda opción la saboreaba más tentadora. Había pasado un muy mal rato por culpa de ese zorro imprudente, ¡enano desconsiderado!. Se reprochaba por haber querido hacerle compañía. Todo lo que dijo… ¡Grrr!… le retorcía el estómago. Era consciente de que su amigo lo alteró con el fin de hacerlo hablar más de la cuenta, porque si bien, estaba claro de que siempre esos retorcidos juegos de Shippo tenían el mismo propósito; esta vez había cruzado la línea, y definitivamente pagaría muy caro su atrevimiento. No obstante, se preguntaba a sí mismo: si él estaba tan claro con que se trataba de un absurdo juego; ¿por qué demonios su mente se perturbaba tanto con cada una de las estupideces que Shippo le decía en relación a Kagome?. Mientras continuaba su andar con el pequeño zorro adormilado, tomó un sendero que subía y vio una cuerda amarrada a un tronco, la ignoró y continuó caminando. Pensó en Kagome: Él estaba consciente de los sentimientos que ella tenía hacia él, pues en distintas oportunidades se lo había dado a entender, y con bastante claridad, muy al contrario de él; que en realidad al momento de expresarlos no era tan directo. Será que el hecho de preocuparse por ella, salvarla siempre que estaba en problemas, o cuando su vida corría peligro, o el hecho de visitarla en su casa para acompañarla... ¿no era suficiente para que ella se diera cuenta de lo que él realmente sentía?, ¿Kagome se habrá interesado alguna vez por ese Hoyo de la época moderna?, ¡demonios!, la maldita pregunta ahora le rondaba en la mente. Después de todo, se conocen de mucho antes de que Kagome atravesase el pozo... Inuyasha sacudió su cabeza, tantas preguntas lo agobiaban, era mejor pensar otra vez en qué iba a hacer con Shippo; miró hacia arriba, como buscando respuestas… divisó las ramas de unos altos árboles, recordó la cuerda que vio por el sendero cuando pasó hace unos instantes, entonces, su mente se aclaró:

… Ya verás enano…, pensó para sí mismo. El Hanyo ya tenía un plan.

.

.

Mientras tanto, en la casa de los Higurashi...

.

.

Continuará...


N / A: ¡Holiwiis!

Este es mi primer fic, estoy muy feliz de poder empezar a publicarlo. sólo por esta semana subiré 2 capítulos, ya desde la siguiente, será sólo un capítulo semanal. no son muchos en esta historia así que pronto sabrán el desarrollo y desenlace. Sé que a muchos les gusta leer Lemon y que por eso se aventuraron a leer esto. Bueno les cuento que: ¡sí habrá LEMON!, pero no me gusta tan de una vez ... hay que calentar los motores primero jajajaj, así que, a continuar leyendo chicas y chicos :)

Respecto a este primer capítulo; ¿cuál será el plan de Inuyasha?, ¿qué hará con Shippo?. Vimos que Inuyasha está muy ansioso por ver a Kagome, ¿podrá ir a verla finalmente?

Nota: disculpen si los símbolos (...) y (¡!) Aparecen con un espacio antes, es porque al subir el archivo por alguna razón me los separa :(

Nos vemos en el próximo capi!...