No habían pasado ni 48 horas en esa nueva casa y Draco ya estaba pensando en darle otro uso a la mesa de la cocina. No es que no le gustase tener a Harry desayunando en ella con tanta satisfacción, pero estaba haciendo algunos gestos que aunque sabía que eran inconscientes, le estaban poniendo a mil. La forma en la que chupaba la cucharilla para quitarle todo el cacao que no se había disuelto en la leche hacía que quisiera ponerle de rodillas y que fuera otra cosa la que rebañase. Y luego el gesto de placer que hacía ante el sabor del chocolate. Ese le daban ganas de doblarle sobre la mesa y desayunar otras cosas que no le iban a llenar el estómago. Por el amor de Merlín, cómo podía estar tan caliente, ayer mismo habían follado dos veces seguidas.
—¿Estás bien? Han pasado como cinco minutos desde la última vez que tocaste tu desayuno. Seguro que el té ya está casi frío —pregunta Harry preocupado, ajeno a sus pensamientos.
Parpadea, saliendo de ese extraño trance en el que ya casi se estaba follando a su novio.
—Sí, estoy bien. Solo me había perdido un poco en mis pensamientos.
—Un knut por ellos —sonríe Harry de medio lado.
Por esa sonrisa Draco diría que sabe por dónde va su imaginación. Se piensa dos segundos si darle el gusto de tener la razón o pensar en una excusa que ahora mismo no se le ocurre. Harry sigue jugueteando con la cuchara, esta vez lamiéndola distraídamente sin llegar a meterla en la boca.
—En lo dura que me la está poniendo verte desayunar así —dice como si nada.
A Harry le hace mucha gracia cuando pone ese tono de desapasionado aburrimiento. En esos casos siempre es cualquier otra cosa menos indiferencia. Afortunadamente, entre ellos ahora suele ser deseo, no como en los años de Hogwarts.
—¿Sí? —intenta imitar el tono de su novio pero nunca le sale tan bien como a él —pero no estoy haciendo nada que te pueda hacer pensar en eso.
—No has visto lo que le estabas haciendo a la pobre cuchara, ¿verdad? Estaba pensando que ojalá ser esa cuchara si me ibas a lamer así —suspira.
—¡Oh! Pero a ti te lamería con más… énfasis. Seguro que se te ocurre alguna manera de comprobar si hablo en serio.
A Draco se le atasca la respiración un segundo y casi se atraganta con el té que había decidido volver a empezar a tomarse medio segundo antes de que Harry hablase. Deja la taza con toda la calma que puede y con un movimiento de muñeca que a su parecer le sale demasiado apresurado, hace levitar los platos y las tazas hacia la encimera. Harry traga duro, con la expectación cosquilleándole por todo el cuerpo.
Draco rodea la mesa despacio, calculando todas las posibilidades que les puede ofrecer. Cuando se detiene delante de Harry habla con una voz tan sexy que este se tiene que poner a hacer recuento de los casos que tiene apilados en la mesa de su oficina.
—Estoy dudando si hacerte cumplir lo que has insinuado… o doblarte sobre la mesa y comerte el culo hasta que te corras solo con mi lengua. ¿Tú qué prefieres?
Harry abre la boca, no sabe si para contestar o para coger algo del aire que de repente le falta. No se puede creer que le vaya a hacer elegir. No puede elegir entre esas dos cosas en específico. No lleva a cabo ninguna de las dos acciones antes de volver a cerrarla. Draco esboza una sonrisita traviesa y Harry tiene que obligarse a tragar saliva para no babear descaradamente por su novio. Se aclara la garganta con un carraspeo y vuelve a intentar hablar.
—¿No puede ser primero uno y después el otro? —pregunta con un hilo de voz.
—Que avaricioso —murmura con un tono que a Harry le queda clarísimo que no piensa eso. —Entonces, ¿qué quieres primero?
Harry se deja resbalar por la silla hasta caer de rodillas en el suelo y tira de los pantalones de Draco. Bendito el momento en el que le descubrió los pantalones de deporte y bendito momento en el que decidió que también le hacían tremendo culazo. Jadea cuando descubre que no se ha puesto calzoncillos después de ducharse esa mañana. Tiene que sujetarse a las piernas de Draco cuando le ve delante suya en todo su esplendor. Ni siquiera la tiene del todo dura y la cabeza de Harry ya está rogando por tenerla en la boca. No espera. No puede esperar. Por eso se acerca hasta que no puede tragar más. Draco jadea al sentir el húmedo calor a su alrededor tan de repente. Harry se aleja despacio, inspira profundo, relaja la garganta y vuelve a meterla, esta vez hasta la base. Draco tiembla y pone las manos en la cabeza de Harry. Este pone los ojos en blanco al notar sus dedos entrelazarse con sus mechones rebeldes y acariciar el cuero cabelludo. Cuando empieza a notar que realmente necesita aire para seguir viviendo se aparta y en seguida pasa la lengua blanda por todo el tronco hasta llegar a la punta. Ahí se entretiene como le gusta a Draco, rodeando el glande y luego lamiendo duro la uretra. Lo ha hecho tantas veces que no necesita mirar a su novio para saber si lo está haciendo bien. Aún así levanta la mirada hasta su cara y siente como Draco se pone un poco más duro cuando le ve. Cierra los labios justo alrededor de la cabeza y succiona hasta que vuelve a sentirle temblar y le escucha gimotear su nombre. Entonces, vuelve a inspirar hondo y se la traga hasta que la siente deslizándose por su garganta, hasta que no hay más carne que meterse en la boca. El vello púbico de Draco le hace cosquillas en la nariz pero está tan acostumbrado que casi ni lo nota. Lo que sí que nota con deleite es que el olor de Draco ahora es más intenso que cuando ha empezado a chupársela. Gime a su alrededor y ahora es el otro el que pone los ojos en blanco por el placer.
—Si sigues así me corro —jadea Draco.
En respuesta Harry simula tragar y luego bombea un poco, sin sacar en ningún momento la polla de su garganta. Un sonido indefinido entre su nombre y un gemido es el único aviso que tiene Harry antes de notar como Draco se corre dentro de él. Harry se bebe todo y lo limpia con cuidado, lamiendo hasta que Draco le aparta con suavidad.
—Levanta. Te toca —dice recuperando un poco el tono que tenía antes de la mamada.
Harry agarra la mano que le tiende y tira de él para ayudarle a incorporarse. Le empuja hasta que queda con el pecho pegado a la mesa y ata las muñecas a la mesa con un hechizo. Harry da un único tirón por la sorpresa y luego se relaja, confiando completamente en lo que piense hacer Draco. Este le baja los pantalones con movimientos medidos y aprovecha para acariciar los muslos de Harry. Intenta moverse para ver lo que está haciendo, pero Draco sabe como atarle las manos de forma que quede completamente inmovilizado. Solo es capaz de ver la mesa y cuando alza la cabeza, la nevera. Solo llega a pensar que a esa nevera le faltan fotografías de los dos y con sus amigos antes de sentir los labios de Draco sobre un cachete del culo. Después separa los cachetes con las manos y se queda unos segundos mirando como palpita. A Harry ya no le da tanta vergüenza como al principio pero aun así se remueve, esperando que Draco haga algo pronto. Siente una lengua cálida y húmeda desde sus huevos hasta el ano y eso hace que se derrita de placer. Poner el culo todavía más en pompa le sale de forma inconsciente. Nota la risita de Draco en la zona más sensible de su cuerpo. Y en seguida esa lengua experta después de tantos años, pinchando sin hacer fuerza, sin ninguna intención de forzar la entrada todavía. Los lengüetazos son suaves, pero no lo suficiente como para causar cosquillas. Harry se queja en un murmullo. Eso solo sirve para encenderlo más, para dejarle con muchas ganas y muchas expectativas. Es más la perspectiva de lo que va a pasar que las caricias que le está prodigando lo que hace que su excitación aumente. Se remueve, rogando por que Draco pille la indirecta y no tener que abrir la boca. No sabe que podría salir ahora mismo de ahí además de gemidos. Y Draco por supuesto que lo entiende, él no es tan despistado como Harry. Pero no le va a dar el gusto. Porque adora ver a su novio suplicando y retorciéndose del placer que le proporciona.
Mordisquea la piel sensible y húmeda hasta que queda rojiza e inflamada. Se aleja un segundo para mirar porque pocas cosas le parecen más sexys que eso y todas tienen que ver con Harry. Sopla y puede ver el escalofrío que le recorre la espalda a Harry. Cuando vuelve a mover la cadera intentando acercarla a él, Draco se apiada y vuelve a sellar sus labios alrededor de su ano. Ahora si que complace a Harry y fuerza la lengua a través del músculo ya relajado. Siente cómo le va abriendo poco a poco y Harry cree morir de placer. Mete y saca varias veces la lengua, cada vez un poco más profundo. Parece que a cada estocada va a llegar a ese punto que le hace poner los ojos en blanco, pero no lo hace y eso tiene a Harry temblando y al borde. Lo único que consigue sacar de su boca son gemidos y ruegos que cuando se entienden no dicen mucho más que un "no pares". Le complace durante un rato, manteniéndole todo el rato a punto. Hasta que decide que está temblando demasiado, que ya no puede ser cómoda la posición en la que está. Acaricia con las puntas de los dedos toda la longitud hasta llegar al glande que lo roza haciendo un círculo alrededor de la cabeza. Y esa es toda la estimulación que necesita Harry para que el orgasmo le arrolle todo el cuerpo. Siente que dura años y a la vez un segundo. Draco no deja de darle pequeñas lamidas hasta que vuelve en sí, como para tranquilizarle, pero lo único que consigue es que el placer se alargue casi hasta un punto doloroso. Cuando Harry se relaja contra la mesa, completamente desmadejado, Draco se incorpora y hace un caminito de besos por toda la espalda de Harry.
—Vas a tener que volver a meterte en la ducha —comenta cuando llega hasta su cuello. —Estás todo sudado.
—¿Y de quién es la culpa? —contesta completamente satisfecho y arrastrando las palabras.
—Mmm, no sé, pero a lo mejor el culpable podría ayudarte.
