—La vez pasada te dije que si te movías tendrías un castigo. Y lo hiciste. También te dije que te prepararas porque tendría pensado el castigo para la siguiente sesión.

Harry traga saliva, sintiendo su boca como un desierto. Draco no le ha dado ninguna pista respecto a eso. Casi ni siquiera habían podido verse durante la semana pese a dormir en la misma cama, y Harry ya se estaba asustando por si eso había sido la gota que había colmado el vaso. Ver a Draco delante suya ahora, poniendo esa media sonrisa lujuriosa y ese tono de voz calma más cosas dentro de él de las que creía posibles.

—¿Puedo darte un abrazo antes de que empecemos? —pregunta Harry extendiendo los brazos.

Draco se queda descolocado por un momento y Harry lo aprecia. Incluso cuando él lo consigue de vez en cuando, no es muy normal que ponga esa cara de desconcierto.

—Sabes que no tienes que preguntar eso —murmura despacio atrayendo el cuerpo de Harry hacia él.

Harry lo estrecha fuerte entre sus brazos y entierra la cabeza en el hueco de su cuello.

—¿Ha pasado algo? ¿Prefieres que lo dejemos para otro día?

—Estoy bien. Es… solo… creía que la había cagado de alguna manera porque justo dijiste eso y casi no pudimos ni vernos durante toda la semana y —se corta para coger aire— te he echado mucho de menos.

—Oh cielo —murmura en su pelo, —lo siento mucho, tendría que haber dicho algo. Justo me asignaron un caso al día siguiente que nos exigió demasiado. Lo siento. ¿Seguro que quieres continuar? Podemos hacer otra cosa. Podemos simplemente darnos mimos.

—No. No, sí que me apetece lo que sea que has pensado. ¿Qué has pensado? —pregunta Harry con un gesto confundido.

—Aceptas incluso antes de saber que pretendo hacerte. Que falta de autopreservación.

—Eso se lo dejo a los Slytherin. Además no vas a hacer nada que no me guste. ¿Entonces?

—¿Qué piensas de los azotes? —pregunta a su vez.

Harry siente que su corazón se salta un latido y que su cuerpo se calienta, con énfasis en sus mejillas. Nota también que la sangre que le falta en la cara esta yendo bastante deprisa hacia su entrepierna. Y Draco se da cuenta, vaya que si se da cuenta. Su mirada pasa de sorprendida a pícara y luego a lujuriosa. Se lame los labios, barajando que frase va a encender más a Harry en ese momento de todo su repertorio. Se separa de él empujándole suavemente de las caderas.

—Desnúdate. Te quiero sin nada de ropa.

Harry casi se tropieza en su ansia de separarse lo justo para no golpearle al quitarse las prendas. Maldice el momento en el que se le ocurrió ponerse hoy una camisa hasta que cae en que se la puede sacar por la cabeza quitando solo cuatro botones. También se enreda al intentar bajarse los pantalones más rápido de lo que unos pitillos lo permiten. Afortunadamente, los calcetines salen solos junto con los pantalones y el algodón elástico de los boxers se desliza por sus piernas con facilidad. Si Draco quería que se desnudara de forma erótica que no hubiera dado la orden de esa forma, o que hubiera escogido otra pareja. Ese pensamiento hace que el pecho le de una punzada pero se le pasa en cuanto alza la mirada. Draco le esta viendo con una mezcla de deseo y ternura que hace que se derrita y quiera darle todo lo que pida.

Draco se sienta al borde de la cama con movimientos lentos y calculados. Se da dos palmaditas en el muslo. Harry se acerca con pasitos cortos hasta que Draco le coge de la mano y le coloca con el estómago sobre sus rodillas. Acaricia la parte trasera del muslo de forma tan sutil que le hace unas cosquillas tan suaves que le dejan la piel sensible. Justo después da una palmada sobre ese trozo de piel. Harry inspira bruscamente, sorprendido por el picor y el golpe. Sube la caricia, prodigándosela esta vez a los glúteos, primero uno y después el otro, haciendo que la piel esté sensible.

—Cuéntalas a partir de ahora, bebé. Son diez. Si fallas en la cuenta volvemos a empezar. Así hasta que lleguemos al diez —"o hasta que digas la palabra de seguridad". Termina de hablar de tal forma que esa frase queda implícita.

Esta vez la palmada suena más de lo que pica y eso genera en Harry sentimientos encontrados. Su cabeza dice que duele pero su piel dice que solo siente un poco de calor y un ligero picorcillo.

—Uno.

Acaricia la piel con la palma y amasa un poco, haciendo que Harry suelte un gemido. Le gusta cuando mueve así la mano. Empieza a relajarse ante las caricias familiares y ese es el momento que elige Draco para soltar dos palmadas seguidas.

—Dos, tres —jadea.

Han sido dos golpes dados de formas distintas, uno más sonoro y el otro más seco, que hace que su piel se torne rojiza y caliente. Harry se remueve, no sabe muy bien si para acomodarse o para decirle a Draco que está bien que continúe. Este vuelve a acariciar la piel, no dejando que se vuelva demasiado roja. Harry vuelve a moverse, esta vez para que su polla no quede tan comprimida contra el muslo de Draco. Está muy duro. Y para variar, Draco se da cuenta. Esta vez la palmada no es en el centro del cachete. Es más abajo, casi rozando los testículos. Lo justo para sentirla ahí pero sin hacer daño. Harry jadea, incapaz de hilar dos pensamientos seguidos. Draco le da unos segundos de cortesía.

—Cuatro —consigue decir.

—Vaya —Draco suena decepcionado —ya iba a decirte que empezaras a contar de nuevo. Además… se supone que esto es un castigo, ¿no? No deberías estar disfrutando tanto —murmura con un tono ronco.

Vuelve a dar otra palmada en el mismo sitio, más fuerte y más seca. Y Harry solo siente calor. Calor que le sube por el cuerpo desde el culo. Calor que le embota la cabeza. Calor que tiene a su polla goteando más que en mucho tiempo.

—Cinco. Draco… por favor… necesito… me voy a correr…

Draco sube otra vez al centro del cachete y golpea todavía más fuerte. Habría dolido bastante de no tener la piel caliente por las anteriores palmadas. De alguna manera Harry consigue jadear un "seis" mientras se retuerce de placer.

—No tenías permiso para hablar.

Harry se traga un gemido, decidido a mantener la cabeza fría para no tener que empezar de nuevo. La mancha de humedad en el pantalón de Draco empieza a ser demasiado obvia y no hay manera en la que él no se haya dado cuenta. Se prepara para un nuevo golpe. Para el calor y el ligero picor que le produce la palma de la mano de su novio. Tiene el siguiente número preparado en la punta de la lengua. Pero no siente calor sino frío. No siente picor sino humedad. Y luego un dedo que parece más largo y grueso de lo que en realidad sabe que es adentrándose en él. Se aferra a la sabana con ganas, todo su cuerpo y su mente en no correrse todavía. Lo mete hasta el nudillo pero Harry lo siente mucho más profundo. Lo saca y lo mete despacio, aún cuando sabe que no le va a hacer daño y que ya está más que acostumbrado. Luego lo acompaña otro dedo y Harry tiene que hacer un esfuerzo en recordar que número era el siguiente. La siguiente palmada no se la espera porque los dedos de Draco siguen dentro de su culo. No la da con su mano dominante por lo que es un poco torpe. Pero Harry se tensa igualmente. Y al hacer eso aprieta los dedos de Draco. Jadea y se retuerce, intentando por todos los medios no frotarse descaradamente contra la tela del pantalón.

—Seis —escucha decir a Draco—. Pero creo que has sido un buen chico. ¿Has sido un buen chico?

Harry asiente con entusiasmo. No cree poder pronunciar alguna palabra ahora. Y menos después de escuchar a Draco. Esos elogios siempre lo dejan con la mente en blanco.

—Entonces como premio no te voy a hacer contar otra vez. ¿Crees que puedes contar las que faltan?

Harry intenta recordar cuántos números quedan hasta el diez, pero en ese momento Draco mueve los dedos dentro de él. Harry niega dejando escapar un jadeo.

—Quedan cuatro. Pero me da la sensación de que te vas a correr antes de que termine. No te creas que no me he dado cuenta de cómo has dejado mis pantalones.

Harry ahora mismo no es capaz ni de sentir vergüenza por lo que Draco está diciendo. Ha metido otro dedo y le está abriendo lentamente. Solo siente calor y el cosquilleo que le producen los dedos subiendo por su espalda. Solo puede pensar en que Draco lo tire sobre la cama y se lo folle hasta perder el sentido. Solo quiere que lo abrace y sentirle por todos los lados. Y parece haberle leído la mente. Más o menos.

Saca los dedos con cuidado y mientras le masajea los cachetes del culo murmura un par de hechizos calmantes para que luego no le duela. Después lo tumba en la cama. Se levanta para desnudarse lentamente y en seguida se recuesta sobre él. Empieza dejando besitos por todo el cuello, pasa a las mejillas, hasta que llega a los labios. A Harry le encantan sus besos, sean cuales sean. Pero esos que quieren cuidarle y a la vez hacerle perder la cabeza de todas las formas que se les ocurran… esos le vuelven loco. Y es uno de esos el que le está dando ahora.

—No hace falta que me excites más —murmura Harry en cuanto se separan para coger aire.

—Por esta vez puedo decir que no era para excitarte.

Draco coge los muslos de Harry y se los enrosca en la cadera. Harry se siente como si no tuviera huesos pero de una manera mucho más agradable que cuando le pasó en el colegio. Todavía le zumba el placer de antes en la cabeza y eso le quita las fuerzas para todo. Solo es capaz de dejarse hacer. Y Draco lo toma con anhelo, como si fuese algo muy raro de ver.

Le penetra con cuidado y luego se inclina para abrazarle y tener la mayor cantidad de piel en contacto con la de Harry. Le besa y empieza a moverse lento. Harry reacciona enseguida, como si se hubiese tomado una poción afrodisíaca de hipersensibilidad. Draco continua todo lo que puede a ese ritmo, maravillado por todos los sonidos y los gestos de su novio. Solo empieza a ir más rápido cuando el placer es demasiado, pero no lo suficiente para correrse. Harry le ruega que le toque. Draco entrelaza los dedos de Harry con los suyos y lleva ambas manos por encima de la mata de cabello rebelde que se desparrama por la almohada. Con las pocas fuerzas que es capaz de reunir, Harry levanta la cabeza lo suficiente como para capturar los labios de Draco en un beso. Este empieza a moverse de forma errática, con la mente nublada por el placer. En un momento, Harry le aprieta más que las otras veces y Draco se corre con un gemido largo.

—No te has corrido todavía, ¿verdad? —pregunta Draco con un suspiro satisfecho. —Ahora mismo voy.

Mueve las caderas para salirse de Harry, pero este reúne las nulas fuerzas que le quedan para mantenerle en el sitio.

—Solo mastúrbame —murmura antes de besarle.

Draco alcanza la polla de Harry. Está húmeda de todo el presemen que gotea. En cuanto la rodea con los dedos Harry aprieta a su alrededor. Da un tirón y se traga un gemido que le sabe delicioso. Rodea con el dedo gordo el glande y al momento siente la corrida caliente en su estómago. Harry se queda tenso unos momentos y luego se va relajando poco a poco.

Draco vuelve a hacer el amago de salirse de Harry y este vuelve a frenarle.

—Harry, cielo, ¿no es incómoda la postura? No me voy a ir de tu lado y no te voy a dejar de abrazar si no quieres.

—Ahora sí que quiero mimos.

—Por supuesto.

Deja un beso suave sobre los labios de Harry y luego entierra los dedos en la mata de pelo oscuro y empieza a acariciar el cuero cabelludo. Harry deja salir un suspiro feliz y se acerca todo lo que puede a Draco.