"¿Y por qué yo?", bufó Kirova, con la petulancia de un niño castigado.
"La Reina Tatiana hizo el cambio en las reglas, ¿sí?, eso debió decírselo cuando las trajeron".
"Que se lo diga su madre". Se negó.
"La Princesa Consorte Dragomir está muerta, Kirova".
"La... madre de la otra Lady Dragomir. ¡La madre de Rose, Petrova!", chilló.
"Eres la directora de la Academia".
"Ja. Ahora sirvo para algo, ¿cierto?. ¿Acaso el Director de St. Basil...?".
"Él mismo se lo dijo a Janine, Kirova. Todos lo aceptaron allá. ¡Cada academia tiene su sistema propio, menos nosotros!. O lo haces, o te destituyo".
"¡No te atreverás, Petrova!", bufó.
"Tenemos esa capacidad, ¡y lo sabes, Kirova!. Ahora, debes acatar. No tuviste problemas con que Natalie ocupara el rol de su padre, ¿cierto?. Tampoco con que Vasilissa siguiera siendo la Princesa, aunque sabías que habían dos Dragomir con mayor edad ¡y que Tatiana debió aceptarlas!", le gritó, zamarreándola con violencia, "¡Así que lo haces, o te destituyo!. ¡Me tienes harta, Kirova!, te he aguantado todos estos años, en silencio. ¡Pero no más!. Hay una Regent Dragomir y es Janine. ¡Y acá habrá otra Lady Regent, y será Rose!".
"Natalie es mayor", dijo Kirova, triunfante.
"¡Oh!, en eso te equivocas. El cumpleaños de Milady Rose es en marzo y cumplirá 18 años... Natalie aún tendrá 17 años. Ambas princesitas de la torre moroi lo son. ¡Ahora, llámalas, y a todos!", le gritó La Capitana Alberta Petrova, a la acobardada y débil directora moroi.
Amanecía, cuando la Directora llamó a una reunión masiva. Para que todos pudieran asistir.
Hizo subir a ambas princesitas a la tarima, en la que también estaba la Capitana Petrova.
Temblaba y todos podían notarlo. Muchos, incluso, temían que estuviera infectada.
"Las... cosas han cambiado", comenzó, la voz trémula y con rabia demasiado contenida "los tiempos y los usos y costumbres han cambiado, también. Muchos dirán que es para mal. Otros para bien", titubeó, "cu...cuando La Princesa Vasilissa Dragomir desapareció, hubo pánico. Pánico, primero porque es la última moroi bajo ese nombre. Pánico, porque todo esto comenzó y temían que... fuera la última. Jamás... Así que debieron iniciar un proceso que no se había hecho en muchísimo tiempo atrás. Rastrearon hacia atrás, desde la Princesa Vasilissa a sus ancestros. Y no debieron ir muchísimo más atrás... Con la ayuda del ADN... se confirmó la existencia de un hermano de su abuelo, que dejó una hija y ésta a una hija y ésta también tenía a una hija... Pero esas mujeres del linaje Dragomir... no eran moroi".
Silencio. Murmullos. Gritos. Asombro. Estupefaccíón.
"Era aceptar la pérdida del linaje -por siempre- o aceptar que la Regencia recayera sobre una mujer dhampir. La sobrina del Príncipe Frederick Dragomir. Pero ella... estaba muerta. No así su propia hija y su propia nieta. Pero significaba cambiar las reglas. No sólo podrían heredar los hijos dhampirs... no reconocidos. Sino que la regla de que el mayor del linaje debería cambiar a mayorazgo absoluto. Porque de no hacerlo, la mujer dhampir sería la nueva Princesa... Dragomir. Así que se admitió que esta mujer y su hija eran Ladies Dragomir y, al ser ambas mayores que la Princesa Vasilissa, serían las Regentes... La mayor es así llamada, Lady Regent Dragomir. Y lo hace desde St. Basil... Su hija, ad portas de los 18 años -pero igualmente mayor que la Princesa Vasilissa Dragomir y que la Princesa Natalie Dashkov, asumirá como la Lady Regent Dragomir acá, en St. Vladimir... Porque es la mujer de mayor rango... entre nosotros... Le pido a la Lady Regent Dragomir, a Lady RoseMary Hathaway-Dragomir, que suba, por favor".
"¡Guardianes!, formen la bóveda de plata, para que cruce con honor la Lady Dhampir Regent de la Academia!", gritó Alberta, y todos sacaron sus estacas y formaron dos filas, levantándolas, como si fuera una bóveda plateada y brillante como las estrellas del firmamento, pero bajo la luz del sol.
Rose cambió su postura, y todos pudieron ver su ascendencia regia.
Caminó con pasos firmes y gráciles, y saludó a diestra y siniestra, como la Reina que nació para serlo.
Pero su sonrisa se parecía más a la de la Mona Lissa que a la de cualquier otra.
¡OH, la de planes que tenía para ellos!.
"No puede ser", gruñó Nátalie e intentó retirarse, pero Vasilissa la retuvo, y no amablemente.
"Oh, no lo harás, ¡no seas tonta, con ella sobreviviremos más!, ¡yo lo hice!", e hizo una pequeña reverencia, y obligó a Natalie a seguirla.
Los morois no sabían cómo reaccionar, así que copiaron a Vasilissa.
Y los guardianes y dhampirs, hicieron una inclinación de cabeza, como los militares y varones, ante las Reinas y Reyes.
"¡Tres hurra por Su Excelencia, Lady Dhampir Regent!", gritó Alberta, y todos la imitaron, morois y guardianes y dhampirs, por igual.
"Como primer paso, convoco a reunión a todos. A los morois royals; a los no royals; a los dhampirs nacidos de royals moroi; a los dhampirs; a los Guardianes. A todos. Escogeremos un Consejo, con un representante de cada grupo. Porque esto... no lo puedo hacer sola. Y lo haremos juntos. O simplemente me voy y sobreviviré y los veré morir, uno a uno, y deberé matarlos para que no se vuelvan zombies; y éste será el Reino que reclame para mí misma, y para aquellos que quieran seguirme y sobrevivir. No soy ni seré una salvadora, para que todo vuelva a lo que era antes de este Apocalipsis. No diferenciaré entre ustedes. Todos son personas. Todos respiran y comen y quieren vivir, supongo yo. Algunos tenemos la fuerza. Otros. La magia. Pero todos somos un todo. Como tiene que ser. ¿Qué dicen?, ¿quieren la mala sangre de siempre o la sangre de la alianza nueva?, tienen hasta mañana al amanecer, o me iré, ¡ y no es una amenaza!. Mañana escogeremos al Consejo de Regencia, o deberán escoger entre sus dos Princesitas, para que los mantenga vivos, ¡y hasta el fin del mundo!".
"¡Oh, no, Milady Regent!", gritó Vasilissa, acercándose, "¡si te vas, me llevas y punto. Eres mi Regente. Confío más en tí y en tu madre, que en la capacidad de algunos por aquí". Y la cogió del brazo y se enroscó a ella, como si fuera un pulpo.
"Te quedarás en el edificio de los guardianes", dijo Alberta, tentada como estaba a llamarla Alteza, "no sea que haya un atentado...".
"O una fuga", masculló otro guardián.
"¿Cabe otra?, las Dragomir debemos estar juntas, "insistió Vasilissa, aún agarrada a su brazo.
"Lo arreglaremos. Belikov y Celeste guardarán la puerta en un primer turno".
"¿El ruso grande?, ¡y por qué!", gimió Rose.
"Asignado a Vasilissa", se encogió de hombros Alberta.
"Ni por mí, ni para mí".
"No es un mal hombre, Rose", insistió Lissa, "es decir...".
Entonces Alberta recordó el consejo de Janine. Y decidió jugar la carta. A ver si Rose prefería la seguridad... o el resentimiento.
"Entonces, será Alto, Rose". Le dijo.
"Espera, ¿quién?, ¡El grandote esta asignado a la prima Vasilissa, así... lo aguantaré, claro".
"Seguridad", se dijo Alberta, "interesante".
Para nadie fue tema el permitir que Rose se fuera... esta vez para siempre.
Era la heroína. Había salido y vuelto. Viva, intocata. Fuerte.
Y era preferible ella que, bueno, ¿Natalie?.
¡Nadie creía que Natalie podría sobrevivir solita!. Y ellos con ella, ¡menos!.
El tema central era el Consejo de Regencia. El Consejo de Guerra. Más bien.
¿Quienes podían ser parte?
Rose fue muy clara. Quería a todos representados.
Entre los profesores, Mr. Meisner salió como la mejor opción. Mesurado -aunque mayor- trataba con ecuanimidad a todos, y Rose lo respetaba. Decidieron presentarlo al Consejo directamente, apenas Rose convocara a la reunión.
Alberta fue señalada por todos los guardianes; seguida de cerca por Yuri, un afable guardián, llegado poco antes de... todo eso. Era ruso -como Belikov- pero conocía a Rose... lo suficiente.
Les pareció una buena idea proponer a ambos. Hombre y mujer. Ecuánime.
Entre los dhampirs, hubo más peleas. Todos los seniors querían. Algunos de segundo y algunos osados del primer curso del noviciado de la guardianía. Pero no podían proponer a todos.
Así que se decantaron por Meredith y Eddie. Mason no quiso participar. Dijo -en sus palabras- que no tenía pasta de líder. No más que Eddie. También se quería postular uno del segundo año y otra del primer año... y ella, al menos sabía que era hija de un royal moroi, con nombre y apellido.
Otros lo sospechaban, pero nunca fue realmente comprobado; ya fuera por sus madres o ellos mismos.
Pese a todo, ella era la mejor opción para los dhampirs de sangre royals.
Ambos grupos de morois -royals o no- tuvieron sus peleas campales.
Todos eran importantes -según ellos mismos- de valiosas ideas y mirada progresiva (¡claro!).
Los royals querían a uno de cada familia (¡pero nadie quería a Natalie, eso era claro!), pero todos alegaban tener mayor rango que éste o el otro.
Los morois no royals, también tenían sus luchas internas. Ninguno sabía realmente qué hacer. Tenían más miedo, que nada. Y todos preferían que Rose solucionara la vida de... bueno, ¡todos!.
"Ok, gente. Acá vamos de nuevo", gritó Mía Rinaldi, "¿quién conoce realmente a Lissa y a Rose?, no digo de hola o de las tareas. Sino de hablar con ellas. De reírse con ellas, ¡no de ellas!. ¿Nadie?, ¡necesitamos a alguien, o la tropa de niñitos royals seguirá en lo mismo!, y confío más en Rose que en esa tropa de hijitos de Papi".
"Tú hablaste ya, Rinaldi. ¿Por qué no eres tú, entonces?", gritó Ralf.
"Si eso quieren", Mía se encogió de hombros.
"¡Sí!, gritaron casi todos a coro.
De las 3 clases juntas. Nadie, realmente, conocía a Rose.
Sólo superficialmente.
Dimitri pidió una reunión de todos los guardianes, cuando su turno de cuidar a las dos bellas durmientes -casi encerradas en una habitación del piso más alto del edificio de los guardianes- había terminado.
"Soy hijo de un Lord Ivashkov", dijo, de golpe, "yo y mis hermanas. Todos. Quiero entrar".
"¿Y él se llama...?", consultó Stan Alto.
"Randall Ivashkov".
"¿En serio no sabes quien es tu padre, en realidad?", susurró Celeste, "¡es sobrino de Tatiana Ivashkov, Dimitri!, ¡eres sobrino de la Reina moroi mismísima!, ¡superas en rango a Rose!, ella es prima de Vasilissa, ¡tú eres sobrino de la Reina moroi!".
"Si Rose lo sabe, se irá", dijo Stan Alto.
"Y eres mayor, además...", dijo Alberta. "Esto no pinta bien... ¿qué buscas?".
"Nada. Nada en realidad. Pero quiero... que todo mejore... la ví afuera, ¿ok?, las trampas, el refugio... No quiero quitarle algo... Quiero mejorarlo. Sé que puedo. No quiero reclamar mi derecho", sonrió.
"¿Cómo reaccionaría la reina si lo sabe?, esto va a ser divertido", dijo Alberta, "y sip, Rose convocó a todos. Que yo sepa, nadie se ha revelado royal dhampir, con tu excepción. Rose... bueno, fue a la fuerza, ¿sí?. Quizás aparecerán dos ó tres. No sé. Podrías representarlos muy bien. Inténtalo, al menos. Yo te avalo".
Amanecer.
Alberta sacó Rose y a Lissa de su fortaleza, en el edificio de los guardianes, y las llevó, casi a remolque, a la reunión convocada por la mismísima Rose.
"¡Paso a Sus Altezas!", se oyó gritar. Y todos se volvieron a ellas.
"¿De cuándo soy una Alteza?", masculló Rose.
"Por mí, puedes serlo, tu sabes, ¡siempre!, la corona te queda mejor a tí. A mi no, me veo muy pálida, con todo ese oro. ¡A ti te quedará perfecta!".
"Estamos todos acá, Lady Regent Rose"; dijo Alberta, "y muchos ya hemos conversado nuestras opciones. Otros, aún pelean, pero todos resolveremos esto".
"OK. ¿Morois mayores de 18 años y que no sean alumnos?, ¿escogieron?".
"A Mr. Meisner", dijo Kirova (¿habrá querido ser escogida?).
"Mr. Meisner, bienvenido, Venga", lo llamó Rose, y le ofreció una silla. "¿Alguien más, o debo llamarlos, ustedes entienden, a dedo?".
"Alberta y Yuri, en representación de los guardianes", voceó Stan Alto y Rose no dijo ni pío.
"Bienvenidos, vengan y tomen una silla. ¡Vamos bien!, ¿quién sigue?"
"Eddie y Meredith, por nosotros", gritó Mason, "Hay otros dos más, de los otros cursos, no sé si...".
"¿Quiénes?", dijo Rose.
"Yo", pió la niñita, "me llamo Silvie. Mi padre es Lord Rufus Tarus".
"¿Alguien más es hijo de algún otro royal moroi?", dijo Rose, llamando a la niñita.
"Yo", resonó la voz de barítono de Dimitri Belikov, "Soy hijo de Lord Randall Ivashkov".
"Ok. ¿Nadie más?", Rose se tragaba -o almacenaba- bien su frustración. "Silvie y sip, tú, Dimitri, a la palestra. Eddie y Meredith, también. Me gusta eso de dos por grupo... Así que morois, les falta..."
"Yo, Mía Rinaldi"; dijo Mía RInaldi, "soy moroi y no royal. Me escogieron. Tomaré el otro lugar".
"Oki, Mía, ven", la llamó, y la niña se acercó, ufana.
"Y, como siempre, los primeros serán los últimos, ¿quién entre los royals?, ¿nadie?. ¿En serio, nadie quiere?".
"Abby Bádica", gritó otra niña, levantando la mano de niña que mencionó.
Los demás, asintieron.
"Yo quiero entrar", dijo un muchacho de pelo negro.
"¿Ozera?", susurraron todos. Pero nadie se atrevió a oponerse.
Eran una manada de cobardes, al parecer.
"Ok. Abby y Ozera. Si nadie más es lo suficientemente valiente, entonces vengan... y tenemos a uno de cada uno. Interesante. Después no se quejen, ¿sí?, todavía puedo irme".
"¡No!", gritaron a coro.
"Entonces, hemos establecido un Consejo de Regencia", dijo Lissa, en la primera reunión (Ella y Natalie estaban allí, por ser Princesas en pleno derecho, pero no en funciones; además de la Directora Kirova, por razones obvias) "tenemos a una Lady Regent -de mi propio Principado y con la anuencia de la Reina y de su Consejo- a su cabeza. ¿Están todos de acuerdo, miembros del Consejo?".
"Creo... que hay algo que todos deben saber", dijo Alberta, "nosotros lo supimos cuando elegíamos a nuestros representantes. Dimitri... no sólo es hijo de un Lord Ivashkov. Su padre es sobrino de la Reina".
"Perfecto", dijo Rose, levantándose, "le cedo mi lugar, lo felicito y espero que todos ustedes estén a salvo... por siempre. Yo me voy al alba, quien quiera irse conmigo. Lo hace. Los demás... vean cómo sobrevivir, ¿si?, vendré a enterrarlos a todos".
Intentó salir, pero Vasilissa la retuvo.
"Rose..."
"¿Fuiste tú, otra vez, Vasilissa?. ¿Primero lo contactas y luego vuelves a traicionarme?".
"Yo no lo sabía. Lo prometo. No cuando lo contacté, no cuando nos trajo y no ahora. Estoy contigo, ¿sí?".
"¡Si vuelves a usar compulsión conmigo o en mí, te dejaré acá y sobrevivirás como puedas, si es que lo haces!".
"Convoco a una Co-Regencia", dijo Mr. Meisner. "Ambos son fuertes y, unidos, nosotros lo seremos":
"Las Co-regencias no son útiles, Mr. Meisner", le espetó Rose, "Felipe II. Armada española. Quedaron como barquitos de papel. William de Orange. Debieron devolver todo lo que llegó con él, porque Victoria era, bueno, una Reina. Una mujer. ¡Y los Virreyes!, ¡Uff!. ¿y quieren que él y yo... qué?".
"¡Nadie está sugiriendo esa Co-Regencia!", se apresuró a decir Alberta, "¡Nadie está diciendo que deben casarse!, ¿ o sí?", y miró a su alrededor, nerviosa.
