"Volvimos a reparar las barreras. Otra vez", masculló Mr. Meisner, limpiándose las manos, "las mastican, ¡y cada vez más!", bufó, "deberemos organizar revisiones diarias, o no durarán más".
"¿Cree que los nuevos polos resistan, profesor Meisner?"; consultó Alberta.
"Me temo que no mucho, Alberta. Son cada vez más internos, no creo que podamos mantener los externos, por demasiado tiempo... Y necesitamos los prados, para poder cultivar, me temo".
"Me preocupa mucho el camposanto", dijo el Padre A., que estaba invitado a esa reunión, y consultó un antiguo mapa del diseño de la Academia, "esto no es bueno... había uno viejo, anteriormente, y está...", levantó la vista, triste "fuera del círculo actual. ¡Yo no lo sabía!, o habría insistido en extender los bordes... ¡era aún de la academia, Directora Kirova!", reclamó.
"Presupuestos", masculló Kirova, "¿acaso creen que manejar este lugar da ganancias?, ¡no!, pero a nadie le importaba, en realidad".
"Es sólo que tengo miedo de que... se puedan revolver en sus tumbas, ¿me comprenden?", casi gimió.
"¡Eso es una blasfemia!", bufó Kirova, cruzando sus delgados -casi esqueléticos- brazos.
"Blasfemia es permitir que algo demoníaco, o del todo innatural, los reanime, protestó el Padre A.
"Algo innatural...", murmuró Rose. "Tiene razón. Es una blasfemia. Debemos... sip. Darles paz. ¿podemos, les parece?, ¿Padre?".
"Sí, hija mía. Debemos ayudarles a descansar", suspiró y se levantó.
Alberta reunió un puñado de guardianes, para ir a apoyar al operativo. Pasarían por todo el camposanto, y se ocuparían de... dejar descansando a los que deberían estarlo.
En ambos camposantos descansaban (¡o eso esperaban!), los restos mortales de guardianes, dhampirs, alimentadores y morois (que no tenían a dónde ir a parar. Y eso... no era una rareza).
La política de reducción a osamentas, -de los cuerpos no reclamados en algún momento, y de los muy antiguos- permitía la existencia de nuevos espacios.
Y eso era parte de la descripción del trabajo del Padre A.
Por eso, era difícil encontrar religiosos -y morois o dhampirs, además- que quisieran ejercer en alguna Academia -o asentamiento como la corte moroi.
"¿Podemos partir por... los recientes?", y se persignó, "así sabremos que... es lo correcto. Quiero asegurarme que... cumplan todo su ciclo. De la mejor manera, claro".
"Ok. gente. Desentierren, abran, decapiten, cierren. El Padre A. irá rezando lo que... considere adecuado. Después, volvemos a enterrar", dijo Alberta, "pónganse las máscaras y guantes. Esto no será agradable, así que seamos rápidos".
Y no había tiempo para nada más. Sin miramientos. Sin lástima.
Los más... frescos, ¡sí que se movían!, así que fueron muy rápidos. Palazo al cuello, cerrar y tomar aire.
Los más antiguos, en cambio, eran casi todo huesos. Igualmente, separaron las cabezas, y el Padre A. marcó algunos para reducción a osamentas y traspaso al osario, en las...catacumbas de la capilla.
Los restos que generaran -telas, maderas y cosas así- irían a los hornos, que generaban electricidad mediante la quema de... básicamente todo lo que ya no era útil.
"Hay demasiados en el osario", y volvió a persignarse el Padre A. "puedo permitir, por la necesidad que... los más antiguos sean... cremados... su... sacrificio generará vida a los vivos, ¿sí?, tendremos energía... y los de tierra pueden... usar sus cenizas en los jardines. Sí, es lo mejor... ¿Directora, Milady Rose?, estoy dispuesto, si ustedes lo están, claro".
"Su... sacrificio, Padre A., será siempre recordado", dijo Rose, "¿Bertie?, ¿puedes coordinarlo con el Padre A.?, será algo... que requiera estómago... yo nunca he visto esas catacumbas, ¿tenemos mapas o algo?, ¿qué son, cuevas?".
"De hecho, sí. St. Vladimir fue asentado acá, por sus cuevas subterráneas, principalmente".
"¿Y comunican a las de allá afuera?".
"No lo sé".
"Eso me asusta, deberíamos ocuparnos de eso. Que nosotros podamos usarlas y salir, bien; pero que ellos no las hallen... y entren... Pueden protegernos, si es necesario".
Los ojos de Alberta estaban vidriosos y mirando a lontananza. Una lágrima silenciosa rodó por su mejilla, y Rose la recogió entre sus dedos, al acariciarla.
"¿Bertie?".
"Yo... era una novicia. De penúltimo año... el entrenamiento era brutal, para entonces, y muchos desertaban o... quedaban incapacitados... incluso algunos morían. Alguien, no recuerdo de quién fue la idea, sugirió un ejercicio en las montañas. El Guardián Antuco -nuestro entrenador- se opuso vehementemente. Pero la orden venía de muy arriba, ¿sí?... Art... tomó bajo su cargo a los del penúltimo año y Antuco a los senior... Subimos con lo poco que teníamos para una situación así. Establecimos los campamentos, a medida que íbamos avanzando. Pero subir... era más y más difícil. El frío... los aullidos a la distancia, la oscuridad... Comenzó a nevar y fuerte. Art... desobedeció las órdenes y nos hizo bajar, una hora antes de lo planeado... Desesperado, nos hizo correr, para no perder calor, puesto que el frío y la escasa ropa de nieve nos podía matar. Nos urgió a llegar al refugio y, una vez allí, a quemar todo en una gran fogata, o moriríamos congelados. A hacernos ovillo entre todos. A compartir la comida que llevábamos. A no perder calor... nos encerramos y sellamos la entrada, como haciendo un iglú. En la noche, el frío y los aullidos aumentaron, minuto a minuto. Y se notaban en cada momento, en la guardia -rotativa de hora en hora- o en el descanso... Art... no logró comunicarse con el otro grupo, el de los seniors. Al amanecer, desmontamos el refugio y volvimos a subir, para reunirnos con el otro grupo... ¡pero el refugio estaba vacío!", se puso a lloriquear.
A todos se les recogió el corazón. Sobre todo a Rose, a quién la historia le recordaba a algo muy macabro, que oyera en algún momento.
"Seguimos al otro refugio, aquel de dónde salimos... pero nunca llegamos...", Y Rose la abrazó. Lo recordaba ya. Su madre le había hablado de eso, alguna vez.
"¡Todos estaban muertos, en el camino al segundo refugio. Todos -los 45 senior de nuestro año-, incluido el bueno de Antuco. ¡Muerto!, abrazado a uno de los seniors, intentando darle de su propio calor corporal".
"Y todos están acá", corroboró Rose, mientras el Padre A. se persignó.
"Los guardianes los bajaron y enterraron como estaban... congelados. ¡Servicio Eterno!", escupió sobre una lápida que contenía esa frase".
"Una Noche de Todos los Muertos", susurró Dimitri, con su duro acento, más grave aún.
"La Noche de las Ánimas, le decían"; dijo Rose. "La noche en que se formó un Monte de Ánimas. Enterrados juntos, amigos y enemigos. Sin distinción alguna. En secreto, casi. Para ocultar la vergüenza de quién dio la orden. La vieja Reina, la traidora... Fue de dónde salió la historia de que los seniors... debían hacer trabajo de campo. Sólo que ellos... nunca volvieron de él. Y en esa noche... salen, todos juntos, y recorren el camino, aullando en el frío y la oscuridad... ¡Nadie se atrevía a probar si era verdad o no, camarada!. No desde que... alguien sí murió, en esa noche... Cuentan que, cada vez que llega el día, o la noche... los muertos persiguen al que los obligó a ir a morir, mientras éste, corre en torno a la tumba de aquel que se opuso a todo eso, y al que nunca le permitieron volverse un espectro, porque murió... protegiéndolos".
Todos la miraron, como si estuviera loca o... fuera la testigo principal.
"¿Olvidan que crecí aquí?. Así parece", movió la cabeza, molesta.
"Soy la única de esa generación, aún por acá... Me juré que... no volvería a pasar. ¡Y no va a pasar!", y tomó una pala, para buscar las tumbas de los muertos del Monte de las Ánimas.
"Yo las encontraré", Rose la retuvo a su lado, y se concentró en la luz.
Forzó sus ojos, hasta ver más allá de lo evidente, y el mundo se desdobló ante ella.
Figuras espectrales flotaban cerca de un grupo de tumbas.
El dolor y la pena la recorrieron de pies a cabeza.
Eran muy jóvenes al morir. De su edad, o tal vez menos.
Y giraban -aullando de dolor y rabia- en torno a una tumba en particular, que parecían tocar.
"Están allá. Siempre rodeando la tumba del que intentó salvarlos. Hay mucho dolor y rabia... ¡Tan jóvenes!".
La primera tumba era del -entonces- Capitán de la Guardia, Patrick Cerc. El que recibió la orden directa del Capitán General, brazo derecho de la vieja Reina. Uno de los antecesores del Capitán Croft, el actual Capitán.
Adentro, el cuerpo -mucho tiempo atrás, congelado- parecía rodar sobre sí mismo, en su tumba.
"Los asesinaste, Patrick. Todos te lo dijeron, ¡que no debíamos subir!. Pero querías congraciarse con la vieja bruja de Pensilvania. Y tu ánima será por siempre castigada, a vagar en las sombras y en la nieve eterna, sin poder volver", y, de un palazo, le cercenó la cabeza. Luego, escupió al cadáver y se volvió al Padre A. "Úsenlo de leña. No se merece descansar acá. Lo quiero...bien muerto. Que sirva de algo, ya que sólo pensó en sí mismo. O yo misma lo arrojo a los lobos, afuera".
"Lo haremos, Bertie", le aseguró Rose, y miró a Dimitri, que asintió.
El siguiente, fue el Guardián Antuco, que intentó proteger a los novicios y estaba a cargo del grupo de los seniors.
"Gracias por todo. Lo intentaste. Te amenazaron de destitución. Descansa en paz. Quisiera que no fuera así... pero debo hacerlo", y lo decapitó rápidamente.
"Todos eran zombies", relató -llorando-, el Padre A. "¡estamos todos malditos!, penetra la tierra y envenena el aire y el agua.
"No podemos salir", susurró la moroi flacucha que enseñaba literatura. Rose no la tenía en alta estima. Ni antes, ni menos ahora. Débil y lánguida, era una inutilidad con patas.
"¿Las minas de Moria, profesora?, pero sin Gandalf, me temo. Así que somos sólo nosotros".
"¡Oh!, ¿viste la peli?".
"Leí a Tolkien, de cabo a rabo. Gandalf sabía realmente qué hacer. Aragorn era fuerte y de mano firme. Legolas, Gimli y Boromir eran buenos elementos en el combate... ¿ y los Hobbits?", y miró a algunos moroi con total desprecio, "¡sólo sirvieron y sólo muy al final!".
"¿Y tú, quién eres?", dudó la flacucha.
"Rose es la Reina Oscura"; dijo Vasilissa, leal, " es como Galadriel, pero puede vencer a las sombras. Porque ellas se cierran sobre nosotros. Nos rodean. Nos vigilan".
"Y entonces, no podremos salir", finalizó la flacucha.
"Sí lo haremos. Pero, como en Moria, no será por arriba... sino por abajo. Por las entrañas de la montaña misma".
Rose al fin tenía un minuto para sí misma.
Estaba sentada, sola, mirando hacia las montañas; las rodillas rodeadas por los brazos y la barbilla apoyada en ellos.
"Los hobbits están rezongando", entró Lissa, sentándose a su lado y acunándola entre sus brazos, "estuvo bien que las comunicaciones sólo pasen por la Capitana. Así no hay chismes circulando".
"Apenas hay energía para mantener este lugar funcionando. Todos hemos hecho sacrificios... Debes hablar con Miss Prince. Necesitamos más y más libros. Necesitamos el fuego para cocinar y caldear los iglús que llaman habitaciones... ya están durmiendo de a dos por camas, y compartiendo mantas y ropas... yo creo que estaríamos a salvo... afuera, ¿te vienes?".
"¡Oh, no, Milady Regent!, es tu Reino. Si hay que quemar, ¡lo haremos!. Lo material lo podemos recrear. Algún día. Las vidas, no":
"Es hora de pedir la plata, Lissa. Necesitamos más estacas. El invierno será... el peor de todos los tiempos... es la hora de... enseñar a los morois a pelear por sus vidas, como si de guardianes se tratara".
Ok, amigos, un dato.
La historia de Alberta... está tomada de un triste y doloroso episodio real, ocurrido hace unos 15 años, en Chile.
Antuco, en la montaña. Apenas ajusté algunas cosas, pero es lo que pasó.
Los conscriptos -servicio militar obligatorio, por acá- murieron, congelados, en un ejercicio militar en una montaña. Todos, incluyendo un oficinal, que intentó salvar a uno, abrigándolo con su cuerpo.
La otra referencia es a Becker -Rimas y Leyendas-, y su El Monte de las Ánimas. Conocí la historia en el liceo, en un taller de literatura. Se grabó un radio teatro, para una competencia. Y usé, años más tarde, el script, para una clase de literatura, ya en penúltimo año (la educación en Chile va de 1 a 8vo básico -12 años- y de 1ro a 4to medio -17 ó 18 años).
Tristes trasfondos, lo sé. Pero lo que estamos viviendo, con tantas muertes y dolor, hace que estas cosas emerjan.
Así que... ¡cuídense!, vacúnense, aunque sea por si acaso... ¡Entramos en la n+1 cuarentena!, y eso que habemos varios vacunados.
