Rose revisaba los mapas, con algunos profesores.
Señalaban -por acá y allá- algunas fallas geográficas útiles... y otras muy peligrosas.
"Hay lobos y osos en la espesura. No muchos, ahora, pero puede haber. Las osas hibernan, y podemos atraerlos a las cuevas. ¡No las próximas, claro!, pero a las otras. Leí que los de tierra, podrían... intentar la sugestión en animales... de tierra. Así, los animales no nos atacarían, y podríamos tener provisiones frescas. En caso de necesidad"
"Hay que poder alimentarnos, eso me preocupa", dijo Rose, "todo es genial, pero la comida sigue siendo la piedra de toque... Ya casi no tenemos sol, para las turbinas... Y necesitaremos quemar más y más... si las chimeneas se pudieran desviar a otra turbina, quizás podríamos usar esa energía como si fuera vapor... y, deberemos salir de nuevo. Hay un par de lugares que quiero revisar... bien. Algo en ellos... ".
"La videncia es parte de los dones de la sombra, Rose", entró Sonja, ya más recuperada; y con Vasilissa a su lado. "No deberías poder tenerla, no tan pronto; pero estás desarrollando tus dones con celeridad... Necesitas guía. Y te podemos ayudar".
"Ahora soy una mutante, que genial", masculló Rose.
"Deberás desarrollar los elementos de la sombra. Son los mismos -pero opuestos complementarios- a los del Espíritu", explicó Vasilissa, revisando un libro muy antiguo.
"Los usuarios hacen sanación, ¿acaso tengo que andar pegándole a las personas?". Masculló.
"Nop, ya lo hacías. Le rompiste el brazo a esa niña, ¿cierto?" le recordó Lissa, "pero bueno, Sonja me contó lo que... hiciste. No es sanación. Pero viste si se podía -o no- sanar... lo hiciste con ellos, ¿cierto?, ¿los zombies?".
"Primero con Arthur Schoenberg", reconoció Rose, con pena, "fue como si.. Algo maligno se hubiera agarrado de ellos. De él. Pero también, como si... yo tuviera que vivirlo,-el estar allí, en esa situación- de una u otra manera. Y estoy segura... de algo. Dimitri... nos iba a encontrar. Con o sin zombies. Lo haría. No era que debiera hacerlo. Iba a hacerlo... igual".
"Espera, ¿no fue mi culpa?". ¿Eso sonó a alivio, su ex-Alteza?, ¡raro!.
"Lo pusiste sobre la pista. Sip, Pero él...iba a hacerlo igual -en este mundo o en el que murió- lo sé ahora. Es incómodo. Hay algo incómodo entre ambos", se dijo, para sí. "En fin, saldremos de nuevo, en unos dos ó tres días. Esto es apenas un snack, de lo útil y práctico. Necesitamos ropas, madera, de todo. Y buscar a más sobrevivientes. Iremos rotando a los guardianes y a los morois. Todos... deben saber lo que hay allá afuera".
"Tengo mucho miedo, Rose. Antes de... volver, jamás había podido percibir a la muerte... Pero ahora...".
"Están intercambiando dones. Una rareza, debido al estrés. Necesitas percibir a la muerte, para sobrevivir. Rose necesita percibir las auras, y las ve, pero como si fuera la cuerda de plata que describe", explicó Sonja, "en todos mis años, mis lecturas, mis... de todo... jamás había visto esto. Sólo Vlad y Anna, pero eran tiempos violentos".
"Siempre han habido guerras, Sonja", le recordó Rose.
"Pero no en todas, te mataban, quemaban o torturaban por ser una bruja, ¿cierto?, y los morois eran más perseguidos que los llamados infieles, en las cruzadas... y muchos de esos... eran nuestros ancestros".
"Las cruzadas no fueron en Europa", susurró Rose, "sino en Medio, Lejano y Próximo Oriente... ¿dices que los morois... somos... no somos europeos, en realidad?". No era una pregunta racista, aunque lo pareciera, era un chispazo. De otra cosa que no fue. Y en él, había un moroi... turco, que la observaba muy fijamente. Y estaba siempre allí.
"Sip, Indoeuropeos y de raza cumana, probablemente. Incluso, dicen que los británicos tuvieron a dos Reinas Consortes con ancestros moriscos y cumanos -muuuuuy alejados a ellas, en realidad-, y las llamaron negras, por eso. Los morois hemos ido migrando, huyendo de nuestros enemigos, y en el camino, perdiendo lo que nos hace moroi... la capacidad real de usar la magia. A menos... a más pálidos y claruchentos, somos realmente más débiles".
"Y requieren lo contrario, guardianes recios, como Dimitri o Alberta".
"O tú".
Y, entonces, Rose vio al moroi turco con muchísima mayor claridad, y frunció las cejas y los labios, cosa que a todos les pareció muy raro.
Y eso ni siquiera cubría el inicio de la rareza.
Dos días después, 4 automóviles salieron de cacería. Esta vez, Stan Alto iba a cargo de uno, con un moroi de fuego y un novicio. En los otros, iba Celeste -con la misma configuración- Mikahil -con Rose y un profesor moroi de fuego; y en el cuarto, Lawrence, y un grupo similar.
Debían continuar con las casas del poblado, así que se parapetaron al término del mismo; y comenzaron en sentido inverso. Esperaban poder recorrer una casas, antes de despertar a los zombies.
Rose levantó una mano, y todos frenaron.
Retrocedió -cuidadosamente- e hizo a todos volver a los autos, y retroceder en el camino.
"Strigois", dijo, en voz muy baja, "Debe haber entre dos y cuatro. Miran por las ventanas. No nos vieron en la primera vez -por la distancia- pero nos oirán ahora. Y harán casi cualquier cosa por comer. Si vamos al medio del poblado -difícil, lo sé- no podrán alcanzarnos; ni por arriba o por ninguna parte. Apenas amaneció. Podemos revisar todo lo posible, ¡y largarnos!, quiero pasar a la casa de Arthur, de nuevo... y hay una en el camino, cerca de un molino... Hay algo allí. Y necesito verlo".
"¿Qué hacemos con los strigois?", dudó Stan.
"Pensemos en una trampa. Los necesitamos afuera... carbonizados, de preferencia, pero no chamuzquemos la casa, a menos que sea necesario".
Más silenciosos que un gatito, treparon a la primera casa, y comenzaron a revisar.
Tuvieron pésima suerte.
Toda una -y desesperada- familia de zombies.
Combatirlos -o echarlos- alertaría a todo el poblado.
Así que los encerraron en un baño -del segundo piso- y revisaron, rápidamente, todas las habitaciones.
Luego Rose, sigilosa, fue a la puerta de entrada y la abrió.
Abrieron la puerta del baño, y salieron al techo.
La carne descompuesta de la cocina -ubicada fuera de la puerta- los atrajo, y salieron a atacarla, abandonando la casa.
Rose cerró la puerta, tan sigilosamente como la abrió.
La dejaron marcada como nido, y se fueron a la siguiente.
Esta vez, una camada de perritos, que aullaban lastimeramente.
Dos niñitos, apegados a ellos, y que bebían de la madre perrita.
Pocas cosas, pero todo servía.
Algunas latas, muchas mantas, ¡balas y más balas!, bastante agua envasada y... joyería auténtica.
Plata y oro.
Interesante.
"Duérmelos. No deben... percibir lo que viene", susurró Rose al moroi, "lo siento mucho, me ocuparé de ayudarlos a cruzar", dijo a las almas, que flotaban, como si estuvieran buscando sus cuerpos, "sus cuerpos pertenecen al ente. Pueden irse ahora o esperar a que... ocurra. Saben, lo sienten, que sucederá esta noche".
Dos de las tres, pidieron irse, y Rose forzó su poder, muy dentro de los cuerpos, hasta que rompió las cuerdas.
Un aullido inaudible y el ente se fue, flotando como una espora; no sin antes mirarla con mucho odio... pero sin poder hacer nada.
"Hay dos que...", dijo el moroi, nervioso.
"Los dejaremos en la puerta. Están ya muertos. El ente no puede... atacarlos. Porque sus almas se han ido... El otro se niega. Cree- jura- que los ángeles descenderán y lo salvarán... pero va a morir. Está mortalmente enfermo, y esta noche ya será... zombie, y nada que nadie haga; lo impedirá... Va a sonar cruel. Pero es su opción la de estar... vivo. No cree en el suicidio, aunque sea asistido. Así que, o lo dejamos ser zombie... o... puede atraer a los strigois acá".
"¡Rose!", se escandalizó Mikhail.
"Lo dije, y debía hacerlo. No va a pasar de esta noche... Su... parásito lo aferra, con mucha fuerza. Yo puedo venir, después, y ayudar a soltar. Pero necesito que entretenga a los strigois. Tal vez, incluso puede ganarles. Ya lo he visto. Así que, tomaremos un poco de sangre, y haremos un rastro, hasta la casa de los strigois. Siempre por el techo. Olerán su sangre -aún fresca- y los va a enloquecer. Y así, no nos olerán. Estén listos para salir, a todo escape. Yo puedo ser invisible a sus ojos, pero no ustedes".
"¿¡Qué!?, ¿cómo invisible a sus ojos?", saltó el moroi.
"Porque yo... ya estoy muerta, en realidad. Lo estoy hace dos años. Éste es, sólo, tiempo adicional", dijo, con una voz gutural y los ojos negros, de la Reina Oscura.
Invocando su capa de invisibilidad -el microsegundo de su muerte- saltó de techo en techo -como volando en alas del deseo- dejando caer gruesas gotas de sangre del futuro zombie.
Puso una barrera de oscuridad en ellas- para que sólo los strigois pudieran percibirlas- y llegó a la casa, en dónde la recogerían.
"Necesito... dormir... es demasiada... oscuridad"; susurró, "Lissa... está usando demasiada... magia... ¡necesito golpear algo!".
"Vamos, entonces"; dijo Alto, "pasaremos por la casa de Art y la del molino. Espero que sepas que buscas, hemos estado demasiado tiempo en el camino. El sol está demasiado alto, ya". Sonrió.
La Reina Phillipa de Hanult, habría tenido ancestros cumanos, tribus nómadas originarias de lo que hoy es Turquía, y que se habrían esparcido por Europa por allá por los 900 AC.
La Reina Charlotte (sip, la misma de Bridgerton), desciende de Madragana de Algarve, un reino morisco (musulmán) por allá por los 1.100, en lo que hoy es Portugal. Era posiblemente mozarabe.
