En la casa de Art, sólo necesitó tocar las paredes, para sentir lo que buscaba.

Lo que había roto la magia que la protegía.

Una estaca de plata. Clavada en el borde mágico.

Alguien -un humano, o moroi, cualquiera que no fuera strigoi- la clavó, para romper la barrera mágica.

Y entraron por las ventanas.

La casa le contó la historia.

Ocurrió dos días antes de que pasaran por allí.


Se sentían seguros.A salvo.

Tenían guardianes. Comida. Abrigo.

Pero alguien -una figura sin rostro, nadie que Rose reconociera- rompió las barreras, para los strigois.

En tiempos de la pandemia zombie.

Alguien colaboró con ellos.

Rompió lo que quedó de las barreras, por su punto más débil -requerían de mucho esfuerzo mágico, y seguían tirando de la magia del usuario; y por eso se debilitaban y podían morir- y la magia se dispersó al viento y se integró a sus elementos.

Los usuarios que los usaron, ya estaban muertos. Eran strigois o zombies. O estaban realmente muertos.

Eran 8 personas, en total, dos por elemento.

Y lo sabía, porque los podía ver, dispersandose con sus elementos.

Y uno de ellos, era el Padre de Natalie, Víktor Dashkov.


"Víktor", susurró, el corazón latiendo a mil por hora.

Estaba muerto -evidentemente- pero era el más poderoso usuario de tierra del último tiempo.

Tanto, que se había enriquecido más y más -en tiempos previos- usando su magia, para crear los polos mágicos.

Pero el Sandozky se hizo patente -de ser latente- y su salud; y su magia; se mermaron.

Y extinguieron.

"Sangre contaminada", susurró Rose, "¿qué hacía en la Academia y no en Pensilvania?, a menos... que no alcanzara a llegar... y sólo se podía quedar en un lugar seguro" intentó recordar algo.

Cualquier cosa que respondiera el enigma..

"La casa del molino" recordó, "su proyecto para hospedar a familias moroi, que visitaban a sus hijos".

Así que tomó la estaca, se la metió en su cinturón y se subió al auto de Mikahil.


"Vamos a la casa del molino", susurró, "creo... que nos ayudará a cerrar un capítulo de nuestras vidas", y lo miró, "los ataques a Sonja y a Lissa".

La casa... parecía deshabitada.

Misteriosamente deshabitada.

Pero sus rejas estaban cerradas, y parecía haber cámaras de seguridad.

Y en los jardines... ¿había un helicóptero?.

"Cool", dijo Rose, "¿alguien sabrá usarlo?, nos sería... útil".

"Es extraño... ¿está deshabitada, en serio?". Dudó MIkahil.

"Lo dudo... Estacionemos fuera del radar de las cámaras. Agrupen los autos -tenemos sobrevivientes con nosotros- solo necesito entrar y salir... viva. Si no regreso -y es en serio, Mikahil- deberán irse, en máximo una hora. Demoraremos demasiado a St. Vlad, si no nos apuramos".

"¿Una hora?", se rió. "Ok. Te doy 30 minutos, o te arrastraré del pelo, de vuelta al auto; y no habrá zombie o strigoi que lo evite".

"¿Hablaste con Dimitri?".

"¿Y le funciono, cierto?", sonrió. "30 minutos, lo digo en serio. Y comienzan... ahora". Y miró su reloj, levantando ambas cejas hacia ella.


Rose corrió, y saltó al otro lado, por un punto ciego de la extraña vigilancia.

Algo muy raro pasaba allí.

Había una mezcla de olores y sensaciones, que la ponían muy nerviosa.

Una ventana abierta, parecía algo demasiado tentador. Una trampa cazabobos.

Así que miró alrededor, y encontró un árbol, cercano de una pequeña ventana del segundo piso.

Empezó a trepar.

Evitó ser vista desde la casa -con sus ventanas, como ojos malignos- y llegó a la rama que era cercana a la ventana.

Invocó a su manto de invisibilidad, y saltó adentro.

El olor a muerte era más fuerte, aún.

Tocó las paredes, pero no percibió mucho, no había una historia que contar, al parecer.

Y eso era raro.

Así que abrió la puerta y vigiló las cámaras.

Apuntaban al pasillo, que llevaba a una habitación, al final del mismo.

Al parecer, era más importante que las otras puertas.

Pero no caería en la vieja trampa. ¡Oh no!, no estaba allí para eso.

Caminó sigilosamente a cada puerta, probó las manillas -sin cerrar- y echó una mirada adentro.

En una, había montones de objetos de plata.

Un gran indicio. Había un usuario de tierra -o de espíritu- en la casa.

Qué conste. Había. No hubo.

Tomó los objetos más pequeños -y sin cargar de magia- y cerró la puerta con cuidado.

La plata era un motín, no la causa.

La escalera... era algo diferente.

Algo le estaba diciendo.

Una historia. Una imagen. De algo que nunca fue.

Lissa y ella. En lugares diferentes en esa casa.

Alberta y Dimitri. Peleando con otros.

Y estaba Víktor Dashkov. Y su siniestro guardián.

Y algo más...

"¡Psi hounds!", susurró, casi en un chillido, que alcanzó a controlar.

Había psi hounds en la casa.

En ese cuarto o en la ventana cazabobos.

Pero no en los prados.

Las cámaras no apuntaban hacia allá. ¡Oh, no!

El primer piso era otra cosa.

La energía era densa. Oscura. Pegajosa.

La muerte había ido... y se había quedado por allí.

Las cámaras apuntaban a la puerta -cerrada- del cuarto que tenía la ventana abierta.

Quien fuera que estuviera allí, sólo quería saber quién llegaba.

No le preocupaba la casa.

Sólo el cuarto del segundo piso, y ese del primero.

Y la puerta... tenía un borde mágico.

Quien quiera que fuera, temía un ataque strigoi.

Pero no zombie.

¿Por qué?, ¿por los psi hounds?, ¿o ellos custodiaban al habitante del segundo piso?.

Había un único punto ciego.

Y allí, Rose clavó la estaca -de la casa de Art- e hizo presión, hasta que se rompió, totalmente.

Vio la magia elevarse y evaporarse.

4 usuarios. 3 Estaban muertos. Y en esa misma casa.

Qué raro, no los había percibido.

El usuario de tierra... era Dashkov.

Y sip, aparentemente, estaba muerto.

Un rugido se oyó adentro del cuarto, y Rose sabía que enfrentaría a la verdad.

La puerta fue arrancada desde sus goznes.

Y en el dintel de la misma, estaba Viktor Dashkov.

Muerto... y strigoi.


Feliz día a todos los pueblos originarios, del país que sean, y quienes sean.

Todos tenemos algún ancestro desconocido, en las raíces mismas del mundo.

Nos vemos la próxima semana.

Nos quedan unos 5 capítulos más de esta segunda parte, para entrar en stand by.