"Rose Hathaway... la niña que vivió... ha venido a morir", murmuró, con una sonrisa sangrienta.

"¿Harry Potter, en serio, Vik?".

"¿Sin Vasilissa?, ¡qué niñita más descortés!".

"Está... ocupada. Tenía cosas que hacer. Así que vine yo. Y veo que... así saltaste tu destino, ¿eh?, pero algo te salió muy mal, Vik. Te encerraron, con la misma magia que usaste para matar a Arthur. Muy astuto. Te dieron por muerto. Y nadie sospecharía de tí. Pero ya no tienes tu magia".

"Soy más fuerte ahora", rugió.

Y Rose hizo algo que no pensó que haría, miró dentro de sus ojos, rojos como la sangre.

Miró más allá de ellos.

Muy adentro, hasta lo más íntimo de su ser.

Y lo que vio, la dejó asombrada.

De la cuerda de plata, no pendía su alma retorcida.

Sino que el ente -el parásito- que le devolvió la mirada.

Víktor Dashkov iba a morir, y nada -o nadie- podría haberlo salvado.

Y llevaba al parásito dentro de sí.

Era un strigoi, si. Pero se volvería un zombie, más temprano que tarde.

Y entonces, Rose se echó a reír.

"Tengo dos opciones contigo. Dejarte disfrutarlo... o ser bondadosa. Pero, quiero que lo disfrutes. Creerte inmortal, cuando te están comiendo por dentro y desde dentro. No sé que querías al atacar la casa de Arthur, pero lograste que todos... murieran como zombies. Ninguno quedó como strigoi, para contarlo... si querías la sangre, la de ellos te alimentaría. Pero nunca te sanarían... Sandosky...", y la dilatación de los ojos de Viktor, le dio la clave. "Era eso, ¿cierto?, un secreto. Al que no podías acceder, y necesitabas hacerlo, desesperadamente".

"Y tú ya lo descubriste, ¿verdad?, ¿sabes en dónde están Mikahil y Sonja?".

"A salvo. De tí y del mundo, obviamente. Ella no se volvió como tú... dos usuarias de magia, tras las mismas barreras mágicas, que posiblemente tú preparaste... y dejaste.. ¿cómo le llaman?, ah si, claro. Una puerta trasera. Un punto ciego -y algo más débil- que podrías romper fácilmente... para entrar o salir a tu antojo... Pero yo me llevé a Lissa, y Mikahil a Sonja Karp... entonces te quedó... ¿La opción del segundo piso?, que afortunado. Un tercer usuario. Al que no puedes comerte o transformar... o no podrá ayudarte más. ¿Cierto?".

"Has crecido, Rose. Debo reconocerlo. Eras apenas una niñita -que no sabía que había pasado- cuando huiste. Pero ahora... eres una mujer. Y tienes poder. Más del que jamás soñaste tener".

"¿Te refieres a mi madre, la Regente Dragomir?", sonrió, despectiva.

"Veo que ya lo sabes. ¡Vaya!, ya no me quedan cartas que jugar, al parecer. Pero sigo siendo un strigoi... ¡y hueles tan bien!".

"Estoy muerta, Vik, ¿recuerdas?. Puedes matarme, pero lo que está dentro de ti, sabe que no debe acercarse a mí. Tu alma retorcida, clamaría por mi sangre. Lo sé. Pero ella... ya no está y no la oigo. Porque tu espora, el parásito; la retiene... Puedes huir, pero no esconderte. Y es de día. Y hay muchas ventanas, ¿capicci?. No vas a ganarme. NO esta vez. Pero te daré la opción de correr. En cinco... cuatro... tres... dos... y...", y Víktor atacó, pero ella pudo preveerlo, y saltó al lado, clavándole la estaca en la espalda, muy cerca de su corazón.

Dejándolo inconsciente.

Entró en el cuarto de vigilancia y miró por las cámaras.

En un cuarto -que no había visto- yacían los casi-cadáveres de dos guardianes.

Los snacks de Viktor, lógicamente.

Por eso no pudo percibirlos.

A uno lo conocía, o lo recordaba. Spiri... algo.

Seguramente, uno de ellos, fue el que rompió la barrera de Arthur.

La venganza es un plato que se sirve muy frío, al parecer.

Por la cámara, no podía ver sus estados.

Y no se metería a ese sucucho, oculto en alguna parte de la casa.

La otra cámara estaba dentro del cuarto... y dentro, arrinconado, había un zombie.

Se veía que había sido un despojo humano -casi un guiñapo- antes de morir y transformarse.

En una ventana y en la puerta... habían psi pounds.

Y ambos eran strigoi.

Y sólo obedecían al amo. En la vida o en la muerte, al parecer,

"Sería bueno reunirlos"; se dijo Rose, así que salió por la ventana, y trepó por una cañería, hasta la ventana vigilada, que rompió, de un puñetazo.

Sacó al psi hound vigilante y lo tiró al suelo -de afuera-, y se deshizo al sol.

Entró por la ventana, corrió a la puerta y la rompió de una patada, sin dar tiempo a los residentes, de darse cuenta. Corrió escaleras abajo, y sacó la estaca de la espalda de Viktor; para correr a la puerta de entrada, y salir por ella; en línea recta hasta la reja, que abrió levemente.

No la podrían seguir, aunque lo desearan.

Los dos hermanos.

El zombie -y antiguo usuario-, era el oculto hermano de Víktor.

Traicionado por quién le prometió cuidarlo- y ya debían estar peleando a muerte.

O, tal vez, el viejo estaba siendo atacado por el fiel psi hound restante.

Igualmente, ninguno podría salir, y no podrían, hasta que fuera muy tarde.


"¿Rose?", se asustó Mikahil, listo para entrar, "¿estás...?".

"A todo escape", dijo, cerrando los ojos, "estoy... drenada. Necesito hablar con... todos. Pero necesito descansar. Y tengo miedo. Raro... pero tengo miedo".

"¿Qué...?".

"Algo tan maligno como lo que está pasando. Los Dashkov. Uno strigoi. El otro, zombie".

"Se supone que estaba..."

"Exacto. Eso creíamos, ¿verdad?. Sino, ¿cómo Natalie llegó a ser una Princesa?, ¿ella lo sabía?, ¿ o la Reina lo sabía?"

St. Vlad recibió a los cazadores, con mucho alivio.

De inmediato, se resetearon los polos de la entrada, y todos fueron llevados al área médica.


"Doc... todo el borde de magia de tierra debe ser rehecho. Y no usen a Natalie Dashkov. Doble polo. Adentro y afuera".

"¿Rose?", se preocupó Alberta, mientras Sonja trabajaba en estabilizar sus niveles, que estaban como locos.

"Ya lo sé", tomó las manos de Sonja, y la detuvo, "Viktor Dashkov, intentó volverte loca. Te buscaba. Hace dos años... Él... abrió el camino a los strigois en la casa de Arthur. Pero le salió el tiro por la culata... Y estaba listo para hacer lo mismo... acá".

"Lissa", susurró Sonja, cayendo sobre una silla, pesadamente.

"Él... ha hecho casi todos los bordes mágicos del área", dijo la doctora, preocupada, "incluyéndonos... ¡Cómo pudo, lo tenía todo!".

"Estaba mortalmente enfermo. Nada... lo salvaría. Ninguna magia. Se volvió strigoi, se creyó a salvo. Pero no lo está... y su hermano lo sabía. Y se vengó, con sus últimas fuerzas... Le cambió... usaba un accesorio de plata... no cargado. Pero en un cuarto, encontré plata cargada... Víktor se creía a salvo. Pero el parásito se lo comerá, como lo hacen las arañas, con sus almuerzos.. .si es que... el viejo no lo hace antes. De todas maneras... ninguno prevalecerá. Aunque lleguen acá mismo. Los bordes ya no tienen su huella mágica. Se electrocutará. La tierra lo matará. ¿Alberta?, que Natalie se presente al Consejo, sin que sospeche nada. Vamos a descubrir quién conspiró en todo esto. Y se los iremos a dejar, directamente, a la casa del molino. Allí serán felices".


El Consejo -con los usuales invitados- se reunió al día siguiente.

Rose les contó -un poco- de lo que había descubierto.

De lo que encontraron y de lo que pretendían encontrar.

Y luego, sacó el tema a relucir.

"En la casa del molino, me topé con alguien que creía muerto... ¿cierto. Natalie?"; y le arrancó un brazalete de plata que llevaba oculto, cargado de magia.

Natalie chilló. Su rostro se contorsionó

En el lugar del brazalete, tenía dos heridas. Dos mordidas.

Una strigoi... y la otra zombie.

La princesita estaba contagiada.

"Aún tienes tiempo, te iremos a dejar a la casa de papi, y con suerte; te volverás strigoi, como él. Hay dos guardianes casi muertos y tu tío, que ya es zombie. El primero que te muerda, gana, ¿cierto?"..

Y Natalie gruñó, mostrando los colmillos.

Sacó de un bolsillo otro objeto de plata, y lo arrojó al suelo; a la par que se la llevaban a las celdas.

St. Vlad... bueno, antes era un real asentamiento moroi.

Y tenían celdas... para los porfiados.


"¿Y eso?", Rose iba a tomarlo, pero Lissa la detuvo.

Y Sonja lo cogió con un pañuelo.

"Magia. De tierra. Fuerte. Mucho... esto... no era de ella. O para ella. Esto... iba para tí, Rose. Tiene atado un cabello tuyo... y otro más... es un conjuro de lujuria", y miró alrededor, hasta localizar al dueño del otro cabello, "Natalie pretendía conjurarte, con Dimitri, evidentemente. Probablemente, para secuestrar a Vasilissa. Así, nunca percibirías su grito de angustia. La sacarían por las barreras debilitadas, y nunca más podrías encontrarla".

"¡Quiero a esa bruja moroi fuera de acá!", dijo Lissa, mirando a todos, con dureza.

Y todos, incluida Ellen Kirova, asintieron.

Sería llevada a la casa de su padre, y arrojada adentro.

Tenían cosas pendientes, ¿sí?, y si se acercaba de vuelta -en la forma que fuera- su destino no sería agradable.

Natalie tenía la simiente del parásito dentro de sí, y le tomaría un tiempo perder la magia protectora de su tío.

Así que una reunión familiar... sería lo mejor para ella. Para ellos.


Sabían que, probablemente, los tres llegarian a las puertas de St. Vlad.

Más tarde que temprano. O más temprano que tarde. Pero pasaría.

Y estarían listos.

No habría más piedad con quién nunca la tuvo.

Y serían... expirados y cremados.

Ya estaba decidido.

Igualmente, los 3 Dashkov... ya tenían la sentencia de muerte grabada a fuego en sus almas retorcidas.


4 días después, el convoy que llevaría a Natalie Dashkov, se preparó para partir.

La habían preparado, restringiendo su acceso a sangre -humana- y sólo recibiendo gotas de sangre animal -que la mantendrían viva-, pero sin magia.

Fue Sonja quien lo descifró de los manuscritos de St. Vlad.

Así lo hacían, en sus tiempos, para castigar a los... que estaban fuera de la ley.

Las leyendas decían que la sangrienta Condesa Bathory -que posiblemente era moroi- que fue encerrada viva en su habitación, recibía así sus gotas de sangre. Animal. Débil o muerto. Nunca saludable.


Iría el máximo de personas, pues la casona era muy grande, y podía tener muchísimas cosas disponibles.

Además, los más osados, sugirieron llevarse de vuelta a los ya muertos, para ser cremados.

NO por bondad -todos lo sabían- sino, por energía.

Era vivir o morir, lamentablemente.