4.- Capítulo 4

¡Hola!

Es un gusto estar por aquí de nuevo, y lamento mucho la demora, quería agradecerles a las lindas personitas que me leen, y a quienes me dan sus opiniones, lo aprecio mucho. Por otro lado, no tuve mucho tiempo de escribir por las clases de inglés y la tesis para la universidad, pero aquí traigo un nuevo capítulo.

Este es un episodio, donde caemos un poco más en la perspectiva de Itachi… además, si, Itachi sigue conservando su nombre, estuve tentada ha cambiarlo por otro, pero después de releer algunos fics de reencarnación de otros fandom, me decidí por dejarlo con el mismo XD

Ya estoy trabajando en el próximo capítulo, y por ahora puedo decir que veremos a Itachi crecer, y tal vez, cuando obtenga su peculiaridad. También, estoy pensando en publicar algunos One-shot de momentos aleatorios de esta continuidad, como el momento en el que Yamada y Aizawa escogen el nombre "Itachi", o una visita de Miss Jokes a su compañero héroe.

Sobre el género segundario de Itachi, se sabrá más adelante, pero ya tengo una idea de que será, aunque eso no afecta mucho la historia. Otra cosa, perdón si hay algunos errores, estoy escribiendo esto sin ningún beta reader, para que me corrija el trabajo, así que posiblemente se me haya pasado algo.

Había sido un largo día.

Ahora, para alguien como él, el cansancio no era desconocido… de todos modos, tener tres trabajos puede hacer eso por una persona; pero en esos precisos momentos, la perspectiva de combatir el crimen no era lo que causaba su actual estado de agotamiento. No, lo que traía a colación la extraña fatiga, que no sentía desde hace mucho, era lo que sucedió la noche anterior.

No había estado tan aterrorizado desde su segundo año en UA.

Una risa sin humor se deslizó por sus labios, eran un desastre; agradecía que Kayama-sempai haya estado allí, su fiel amiga era un buen apoyo cuando más lo necesitaba. Mirando ahora en los eventos que recientemente pasaron, traía solo una sensación de frío vacío, algunos tal vez lo llamarían un estado de shock emocional que recientemente se manifestaba, pero, para Yamada Hizashi se percibía como una insensibilidad a todo lo que lo rodeaba, ahora mismo, divagaba en sus pensamientos solo recordándose lo que fue y pudo haber sido.

No quería sentirse así nunca más, pero no era ningún tonto… la vida estaba llena de dolor tanto como de alegrías y ambos son sucesos inevitables. Con esos pensamientos recorriendo su nublado juicio procuro buscar una posición cómoda en el asiento que había reclamado como suyo, recostó su espalda en el respaldo del sofá, su mirada fija en la figura dormida de su esposo por el efecto de los analgésicos, las facciones relajadas del contrario demostraban lo ajeno que era a todo el estrés por el que se había visto envuelto y, francamente lo prefería así.

Esperaba que esta experiencia hubiera sido más fácil para ambos, pero no cambiaría el resultado final por nada.

Y hablando de eso…

Solo había tenido unos breves minutos para ver a su hijo recién nacido antes de que las enfermeras se lo llevaran para revisarlo. De eso ya habían pasado horas… se estaba impacientando.

En un intento por calmarse busco nivelar su respiración mientras trataba de encontrar la calma que no sentía en esos momentos, sus manos situadas en sus temblorosas rodillas apretaron inquietamente en la tela de sus pantalones y comenzó la tarea de nombrar cada objeto que podía ver cerca de sí mismo. La acción duro poco, unos segundos que apenas noto cuando sus palabras se vieron cortadas por el sonido de las bisagras de la puerta chillando, indicando efectivamente que alguien ingresaba en la habitación.

Su rostro se ladeo en curiosidad como si se tratara de un cachorro demasiado enérgico para mantenerse quieto. Los rubios mechones se deslizaron por el movimiento rápido, al mismo tiempo que caían sin gracia por sobre sus ojos, mentalmente espero que Nemuri trajera algunas de sus ligas para el cabello, la heroína pelinegra había sido amable al ofrecerse a traer la maleta para él bebe que habían preparado con antelación, así como algunas cosas que ambos nuevos padres necesitarían.

No había querido apartarse del omega.

Regreso a la realidad cuando la voz fuerte, expresiva e inflexible de una enfermera desgarro el silencio en el que se había sumido desde hacía algunas horas, y aunque su atención rápidamente fue captada por la cuna medica que la mencionada llevaba, aun mantuvo algo de su vigilia en la persona desconocida… ser precavido no era malo, en su línea de trabajo podría salvarlos en cualquier momento.

Y por ahora, quería satisfacer sus instintos manteniéndose alerta.

Un buen alfa cuida de su familia.

Las instrucciones sobre el cuidado de infantes y las charlas medicas transcurrieron sin ningún inconveniente, mantuvo su postura sin alterar aun cuando en el fondo de su mente sabía que su posicion era demasiado obvia para quien mirase detenidamente; estaba a la defensiva. Ignorando ese hecho, se dedicó a asimilar la información que se le daba y la salud que tanto su compañero como su hijo presentaban.

El alivio lo lleno cuando desestimaron sus preocupaciones, pero acepto la certeza de que aun permanecerían bajo observación por posibles problemas.

Cuando se vio libre del escrutinio del medico se levantó de su asiento y asomo el rostro para ver al cachorro.

Una sonrisa se abrió paso por sus rasgos acostumbrados a las expresiones.

Era perfecto.

.

.

Itachi estaba confundido.

Su conciencia era un lío turbulento de pensamientos inconexos, sus breves momentos de vigilia no ayudaban a que la información se mantuviera estable en su cerebro mientras todo lo que hacía era recordar.

Su vida había sido una amalgama de dolor y destrucción que sólo podía compararse con la verdad tras todo lo orquestado. Hasta el último momento, había entendido que todos fueron fichas en el tablero por un objetivo mucho mayor pertenecientes al cruel titiritero que se encargaba de mover los hilos. Cada hecho doloroso perforaba profundamente en su psique para ser mantenido en sus memorias, nunca se permitiría olvidar ninguno, porque significaban su realidad y los crímenes por una situación que no supo controlar desde mucho antes.

Aun cuando el objetivo final no le resultaba del todo claro, sabía más que la mayoría y se aseguró de tener planes de respaldo para lo que fuera a venir, lo único en su mente que rondaba de manera constante durante esa época era el deseo de proteger, el dolor de sus amigos caídos y la poderosa voluntad de fuego que ardía en su corazón impidiendo que se desmorone por todo lo ocurrido. Ahora, esperaba verdaderamente que tanto Naruto como Sasuke pudieran proteger Konoha y a la preciosa gente que resguardaba, ya que su vigilia había concluido.

Él ya era parte de un pasado distante que daba paso a un nuevo futuro.

Sus reflexiones constantes se vieron interrumpidas cuando una fuerte voz de un idioma que reconocía se dejó escuchar, las palabras fácilmente identificables junto con indicios que no lograba entender del todo, sobresaltaron su cuerpo carente de reflejos entrenados y, por un momento, se preguntó, si tanto escándalo era normal en la situación en la que se encontraba. Un gemido identificable se dejó escuchar de sus labios, el estremecimiento involuntario que lo recorrió lo hizo comprobar lo escasa que era su movilidad, sus extremidades no tenían una coordinación que seguir dejándose llevar por cualquier dirección sin sentido.

Cuando abrió sus oscuros ojos obtuvo la figura borrosa de una persona de cabello rubio y largo, mismo que, con su mente aún atrapada en el pasado, trajo el recuerdo de Deidara; hubiera sido sencillo compararlo solo por las características exteriores que podía definir, pero, aun con su dificultad para captar los más leves detalles del rostro ajeno, pudo asegurar que la sonrisa grande y sincera plasmada en sus facciones era real, e inclusive cálida, algo que solo había experimentado de su querido amigo Shisui y su pequeño hermano, cuando este último aún era demasiado joven.

"¡Hey! ¡¿Cómo está mi pequeño oyente?!"

Las manos más grandes lo levantaron con nerviosa facilidad para después acomodarlo en su agarre, el lenguaje extraño estaba combinado de manera esporádica con diversos tonos que, gracias a su conocimiento pasado, podía comprender perfectamente, tomó unos momentos para que los balbuceos de la persona que lo mantenía en sus brazos fueran útiles, la principal información que difundían era una gran cantidad de arrullos y charlas infantiles hasta que el saber perteneciente a la identidad del extraño se rebeló para su nuevo conocimiento.

Su padre.

Su nuevo padre era quien lo sostenía.

Desgraciadamente esa verdad solo pudo conducirlo a rememorar tiempos pasados y como Fugaku Uchiha era totalmente opuesto a lo poco que podía apreciar de este hombre. El alfa, líder del clan, y representante de los Uchiha ante el consejo, siempre había sido una persona inamovible, seria e inclusive feroz cuando lo necesitaba; eso sumado al orgullo e inflexibilidad de ser un ninja perteneciente a un prestigioso y antiguo clan… simplemente era como mirar a dos caras opuestas de una moneda.

Nunca diría que su anterior figura paterna fue inadecuada en su labor, porque, para las circunstancias que vivió era lo que más se necesitaba para sobrevivir… la guerra exigía soldados, no civiles; de todos modos, las habilidades de lucha servían mejor que conocer la tranquilidad de una vida sin entrenamiento u el cariño libremente expresado de su familia.

Y, aun así, recordaba cómo en ese tiempo sus ojos se perdían en algo que no podía ser, no era su destino estar libre de luchas, sangre y muerte.

¿Qué más se puede esperar en un mundo asolado por la guerra?

Simplemente era el destino dictado por alguna entidad superior.

Pero… Aun contra cualquier circunstancia no había deseado eso para Sasuke… quería mantenerlo alejado de todo lo que a su corta edad se vio obligado a soportar, en especial, las consecuencias de la siempre presente desconfianza hacia su clan y los planes que surgieron a base de eso. Entendía, por algo era un prodigio entre su generación, que sus padres cargaban un gran peso con las necesidades dentro de su familia, todos querían algo, y con el paso del tiempo no se hacía más fácil.

La única alternativa que vieron fue el final para todo.

Un golpe de estado no traería nada beneficioso.

Solo más dolor.

"Tou-san, Kaa-san, yo…". Sus palabras llevaban demasiada vacilación en su tono, la misión designada pesaba como una guillotina sobre sus propios hombros arrastrándolo al foso sin fondo en el que él mismo se había metido. Fugaku siempre había sido una persona difícil de leer, pero ahora, en la culminación de todo podía percibir algo que jamás pudo sentir y aun no podía identificar… esperaba desesperadamente que no fuera decepción.

"Entiendo, de modo que ahora estás con ellos". El oscuro brillo de la noche caía a través de la ventana proyectando su presencia en la habitación donde existía el dolor sin fin de crímenes por cometer. La voz de su padre golpeó fuerte, más devastador que cualquier arma y solo entonces, la verdad de sus acciones sin retroceso se asentó en su persona creando un agujero en el lugar donde su corazón aún latía.

Sería la última vez que viera sus rostros.

"Lo sabemos, Itachi". El nuevo silencio que se había impuesto se vio roto por la melodiosa mención de su madre, las lágrimas brotaron de sus ojos y su cabeza se inclinó hacia abajo para que sus mechones obsidiana cubrieran su rostro del mundo… se sentía como un niño desamparado, dejado a la intemperie en una tormenta de la cual nunca se vería libre.

Estaba condenado.

"Haznos una última promesa. Cuidaras de Sasuke".

Se sintió temblar, sus dientes arrastraron la parte inferior de sus labios, su espíritu estaba devastado. "De acuerdo". Su respuesta no tuvo que esperar, su boca se movió y su acuerdo salió con una voz ronca por el llanto contenido, ese hecho era incuestionable para alguien como él, su hermano no debería sufrir por los pecados del clan, sus propias decisiones o acciones… y aun así en su mente dudó en acceder, porque para protegerlo, lo lastimaría tanto.

"No temas, este es el camino que elegiste, ¿verdad?... Y nuestro dolor, al contrario que el tuyo, terminará en un instante…Aunque nuestros modos de pensar sean distintos, me siento orgulloso de ti". El mundo se hacía tan grande, y los minutos pasaban tan lento… parecía que nunca acabaría, y extrañamente no deseaba eso, hubiera querido volver al pasado cuando aún, nada había llegado a tanto. Se tomó un momento para respirar conteniendo la risa hueca y desesperada que se apretaba contra su pecho en negación… no, era mentira… sus padres no estarían orgullosos de él, no por esto.

"Eres un chico tan bueno…". No lo soportaría, después podría pensar mejor, pero Sasuke se acercaba y tenía que acabar con su misión, aunque partiera lo que quedaba de su ser. Había sangre, en un minuto no lo había y al siguiente si, su sangre coloreando sus manos como muestra irrefutable de sus crímenes en un macabro escenario digno de los más dantescos horrores que alguna vez se vio obligado a hacer.

El silencio lo consumió todo.

Era demasiado…

No quería volver a experimentar el asesinato de personas a las que amaba demasiado.

Se odiaba a sí mismo.

El repentino cansancio emocional lo invadió y cortó de raíz todos sus pensamientos, la perspectiva de rememorar más en el pasado demolió todas sus barreras y lo dejo en un estado débil, la somnolencia lo golpeaba fuertemente pero no sentía el deseo de volver a caer en el sopor del sueño, aun cuando la comodidad de los brazos ajenos era demasiado tentadora. Maravilloso, pensó con ironía mordiendo los bordes de su tono al recordar su situación, la sensación incorpórea de lágrimas que ya había llorado hace mucho tiempo recorrió su piel con la misma crudeza que en su infancia.

Quería que todo se detuviera.

Pero, de nuevo, ¿Cuándo obtenía lo que quería?

La sola perspectiva de sus pensamientos hizo que algo que no había hecho en mucho tiempo se desencadenara…

Las lágrimas silenciosas empezaron a brotar de la comisura de sus ojos, su boca se abrió en un gemido desconsolado y, a pesar de su poca visión pudo identificar el rostro preocupado de su ahora padre antes de que sus propios orbes se cerrarán mientras las facciones de su cara se arrugaban en angustia, para dejar escapar todo lo que sentía en un desgarrador llanto. El lamento brotó sin ceremonias al mismo tiempo que por el calor que embargaba su rostro, lo hacía asumir tardíamente que estaba tan alterado como se sentía. Por un momento, el hecho de ser un recién nacido lo calmó por sus recientes acciones, esto era algo que se esperaba… de todos modos, es natural que los infantes lloren.

"O-oh… tranquilo, calma…". Los movimientos demasiado entusiastas cambiaron drásticamente para volverse más suaves, un vaivén que lo mecía de manera tranquilizadora, las palabras se volvieron en una rima armónica que se deslizaba en un idioma diferente al que estaba acostumbrado, y aunque no podía entender mucho de lo que decía podía adivinar por la tonada que era algo destinado a calmarlo. El pensamiento fugaz de que, en los pocos minutos que le había tomado conocer a su otro padre, supo que su carácter era de esa misma manera, real. Brillaba como un sol atrayendo a las personas a que gravitan a su alrededor, por un momento, la actitud verdaderamente entusiasta y optimista trajo la sombra del recuerdo de Uzumaki Naruto a su mente.

Extraño.

Muy extraño.

Para alguien que estaba acostumbrado a actuar, era muy fácil captar los más leves indicios en las palabras o acciones que desmintieron a las personas, y aunque sabía que no podía confiar en sus sentidos en estos momentos; era un veterano en las artes ninjas, un prodigio graduado de la academia a los siete, ascendido a chunnin a los diez, capitán ANBU a los trece y asesino de su clan solo un tiempo después… sabía cuándo su instinto estaba en lo correcto, y ahora, nada indicaba que lo que se expresaba no fuera la más clara de las verdades… no era un acto, extrañamente se sintió intrigado por quien se mostraría tal y como era en ese mundo de engaños y mentiras que los mismos ninjas crearon.

Y, aun así, se sintió agradecido por ello.

Era totalmente diferente a Fugaku, pero con la misma labor, ser padres.

A pesar de no desearlo, y en contra de sus mejores instintos se permitió ser consolado por una persona que apenas conocía, esperaba no equivocarse en su identificación del carácter ajeno, aunque seguramente en algún momento esa nueva vida terminaría desmoronándose.

Cerró los ojos, por el momento, no lucharía más con el cansancio… se dejó llevar por el sueño.

.

.

La suave melodía del arrullo, proveniente de una voz que conocía demasiado bien empezó a empujar sus sentidos embotados, por lo que suponía, eran medicamentos realmente fuertes… después de todo, ¿Qué héroe no estaría familiarizado con los analgésicos?, un gruñido áspero escapó de sus labios mientras intentaba mover sus extremidades pesadas por el dolor que se asentaba como un fantasma presente en sus huesos. La bruma nebulosa que rodeaba su mente le impedía pensar de manera adecuada dejándolo en blanco por unos momentos, los recuerdos de… ¿horas? ¿días?, se arremolinaban en sus pensamientos dejándolo más confundido por lo sucedido.

El ruido de fondo, que aún se mantenía en el ambiente, quedó olvidado cuando la realidad lo golpeó bruscamente.

Fue solo un momento, pero ese pequeño instante bastó para que comprendiera la situación en la que se había visto envuelto tan drásticamente. Es asombroso cómo a veces el dolor y la negatividad pueden traer una faceta diferente de uno mismo; el nombre de 'Shirakumo Oboro' brillo en el fondo de su mente, recordándole la crueldad del mundo en el que vivían y la certeza de sus cavilaciones anteriores.

La brutalidad de los sucesos regreso a la parte superior de su mente dejando que las alertas fuertemente construidas gritaran en desesperación, sintiendo que su respiración se entrecortaba por el pánico subyacente, al mismo tiempo que su cuerpo herido se quedó rígido ante la avalancha de información que volvía a sus sentidos, un sonido desgarrado salió de lo profundo de su garganta y se movió con el ímpetu que su característica terquedad le daba.

Tenía que encontrar respuestas.

Recordaba muy poco, pero la cálida sensación de un pequeño cuerpo junto al suyo, era tan real y nítida que causaba más confusión en los instintos apaciguados por la medicación que recorría su sistema. Sus dedos presionaron con frustración en la superficie de la manta que se ubicaba sobre su maltratada persona, por un momento olvidó el lugar en el que se encontraba, sus heridas y todo lo que no fuera su alma dolorida.

Su cachorro.

¿Dónde estaba su cachorro?

Después de lo que fueron unos angustiosos minutos, un peso extraño se hundió en los bordes de la esquina de su cama recordándole la certeza de que no estaba solo, e instintivamente rememoró la siempre vigilia que debía tener como un héroe clandestino, se regañó por sus fallas de novato, pero, el toque suave, cuidadoso y únicamente familiar lo despertó del frenesí desesperado en el que se veía cayendo, la mano que se situó en su hombro se apretó gentilmente mientras que el susurro reconfortante de la voz de su alfa lo relajara por unos momentos.

Si había alguien que era capaz de llegar a su terca persona ese era Hizashi.

El alfa siempre sabía cómo traerlo a tierra.

Tomó más de lo esperado, pero cuando por fin pudo calmarse lo suficiente sus enrojecidos orbes fueron al encuentro de las profundas esmeraldas con el miedo presente por la falta de su hijo.

Su enfoque estaba únicamente en los ojos de su marido.

Una pregunta muda en su mirada esperando una respuesta de parte de la única persona con la que confiaría su vida.

"Shou, con calma… te estás recuperando, a este paso no tardarás en abrir los puntos". La preocupación goteaba de la voz del rubio, su cálida mirada reflejaba un cansancio difícil de asociar con una persona que se mantiene exuberante de emoción casi constantemente, trayendo a su mente la certeza que este evento había afectado tanto al héroe de voz como a él mismo. Los sentimientos que salían a flote en el rostro contrario eran prueba de ello, las lágrimas secas que recorrían las mejillas y facciones suaves del contrario delataban su dolor.

No se molestó en intentar hablar.

Las palabras se encontraban muertas en sus labios, y el silencio reinó una vez más, mientras ambos se comunicaban sin la necesidad de alguna clase de diálogo. Agradecía que pudieran compartir ese tipo de dinámicas juntos, nunca había sido particularmente bueno expresándose, pero Hizashi siempre parecía saber lo que pensaba y sentía sin la necesidad de que tuviera que decir algo.

Los minutos pasaron y el silencio solo fue roto por suaves gorjeos.

La tensión volvió a sus músculos e hizo un ademán de levantarse de su posición, o al menos lo intento, las manos del rubio lo empujaron contra la suavidad del colchón y una pequeña sonrisa apareció en los labios ajenos, al mismo tiempo que la triste preocupación abandonaba su rostro por algo más suave, una expresión que siempre utilizaba en la privacidad que proporcionaba ser solo Yamada.

Una sonrisa destinada a sus familiares y amigos, sin el constante ojo de las masas mirando.

"Vaya… despertó pronto, pero creo que le gustan mis canciones, lo calmaron cuando empezó a llorar". Escucho atentamente cada palabra, pero el alivio que se encendió en su persona por la seguridad de su cachorro fue más eficaz que la melodiosa voz de su rubio esposo. Aun así, agradeció el lío enmarañado de su propio cabello, que, tuvo la ventaja de ocultar su asombro ante la muestra de vulnerabilidad, pero su enfoque cambió cuando sus oídos volvieron a captar los escasos balbuceos provenientes del bulto de mantas que se situaba en la cuna médica que, recién ahora, notaba que estaba a un lado de su habitación de hospital.

Sus labios se separaron y un gemido lastimero salió de ellos, el brazo que no estaba totalmente vendado se extendió en una súplica muda mientras intentaba alcanzar al cachorro que descansaba a una corta distancia.

Su hijo estaba bien.

Era todo lo que podía pensar en esos momentos.

"Tranquilo, déjame ayudarte… despacio". Las palabras suaves y dedicadas de Hizashi desviaron sus pensamientos para centrarse en el único alfa en la habitación, por un momento consideró la idea de ignorar al contrario pero rápidamente descartó esos pensamientos, no sería racional lastimarse innecesariamente, de todos modos, no había razón para ello. Sólo tomó unos cuantos minutos adquirir una posición más cómoda donde podría mantenerse sentado mientras su pareja lo ayudaba para acunar en sus brazos a su cachorro.

Sus oscuros orbes no dejaron de detallar la pequeña figura.

Una extraña alegría se elevó por sobre los turbulentos pensamientos que habían rondado su mente, sus labios se curvaron en una diminuta sonrisa, demasiado inusual para alguien tan reservado como él, pero que detallaba verdaderamente cómo se sentía.

Estaba feliz.

"Sabes… aun no decidimos como lo nombraremos"

Las palabras de Hizashi solo hicieron que entrecerrara los ojos con resignación… ambos eran muy malos escogiendo nombres.

.

.

La próxima vez que sus ojos se abrieron, se encontró con el sonido constante y calmado del mismo ronroneo, que recordaba del momento que se vio libre de su prisión en su nueva realidad, y del mismo modo trajo a su memoria agradables momentos del pasado perdido hace mucho. Años atrás, donde la compañía de su hermanito y lo gratificante que era pasar el tiempo con los gatos de Nekobaa fue uno de los recuerdos más felices que pudiera encontrar; ahora, provocó que la calidez bullera en su pecho con la misma intensidad, el fantasma de una sonrisa se curvo en sus torpes facciones mientras su cuerpo inconscientemente se acercaba más a la fuente de los familiares sonidos.

Los fuertes brazos que lo acunaban se apretaron a su alrededor y soltó un gemido involuntario que solo provoco un tarareo calmante de la persona que ahora clasificaba como uno de sus padres, ''madre'' se recordó, al mismo tiempo que una voz somnolienta arrullo mientras lo acomodaban, un aroma que extrañamente encontraba reconfortante se extendió por sus sentidos, y aunque su mente preparada para la guerra lo encontró perturbador, no pudo evitar sentirse seguro ante la presencia que lo rodeaba.

El mismo sentimiento que toda madre traía, sea beta u omega. La sonrisa calmante de Mikoto, suave, única y especial… nunca podría verla de nuevo.

Un temblor recorrió su cuerpo.

Sería imprudente solo aceptar esto, pero ahora, en una nueva vida que no había pedido y tan indefenso como cualquier recién nacido, no había mucho que hacer, al menos, todo estaba tranquilo en esos momentos. Los minutos se extendieron en el agradable silencio que le permitía pensar en los sucesos que habían ocurrido en los últimos tiempos…

Ahora, no tenía un propósito, ni la certeza que sus acciones contribuyeron a la supervivencia de su, en ese entonces, único familiar vivo.

No tenía nada.

Lo único que conservaba de su anterior vida, era irónicamente su infame nombre.

Uno que empezó a odiar. Era una simple palabra, pero no representaba nada más que el miedo y el terror que había infundido en los habitantes de las aldeas ninja.

En Sasuke.

Era un arma rota, gastada pero no menos peligrosa.

No quería esta oportunida-

"¡Volví! ¿Me extrañaron mis muchachos?". El hilo de sus pensamientos se vio abruptamente cortado, la sombría nube que se había extendido por su persona se difumino mientras era traído de vuelta a su realidad con el sonido estridente de la voz que ya había archivado como ''Padre'' en su actual comprensión, dejo sus especulaciones para futuras ocasiones con el objetivo de concentrarse en la conversación que se iniciaba frente a su atenta presencia.

Las viejas costumbres tardan en morir.

Y para él, nunca lo harían, además… nunca se sabía cuándo la información seria de utilidad.

"Hizashi…" el gruñido vino como una desapasionada declaración, las palabras se sintieron sin ninguna intención oculta más que apaciguar el bullicioso carácter del recién llegado. "¿Terminaste con todo? Quiero irme". El tono monótono en la voz ronca por el sueño seguía tan presente como el momento en el que lo escucho por primera vez, hubo un dramático suspiro proveniente de alguna dirección frente a ellos, presumiblemente cerca de la puerta, antes de que el mismo matiz enérgico de su 'Padre' se dejara escuchar con el puchero que podía imaginar estaba haciendo el contrario.

Demasiado dramático.

Sin la más mínima intención de ocultar sus sentimientos sobre la situación.

"Tan impaciente my dear… Si dependería de mí, aun nos quedaríamos aquí, pero te conozco, y se lo mal que se te dan los hospitales". Había seriedad en las palabras, mientras las mismas se deslizaban con el visible llanto falso, pero la preocupación aún se encontraba demasiado clara en esas palabras, el ruido sordo del papel moviéndose llamo lo suficiente su atención para que su rostro se vire en la dirección del ruido, el rubio estaba agitando una bolsa de papel, su buen ánimo volviendo demasiado rápido para ser posible. "Tengo tu medicación y la siguiente cita con el pediatra ya está programada, volvemos a casa".

Casa.

¿Cuándo fue la última vez que pudo llamar a un lugar así?

Si bien, para Itachi, anteponer su aldea antes que su propio clan había sido instintivo, correcto y leal para sus propios principios, era, al mismo tiempo una respuesta clara a esa pregunta… konoha era su hogar; aun así, no quitaba el hecho de que paso casi la mayor parte de su vida lejos del único lugar que verdaderamente quiso. Sin un verdadero lugar al que regresar más que los escondites de Akatsuki y las esporádicas habitaciones que rara vez conseguían entre misiones.

Se dice, que el hogar no lo hace un lugar, sino las personas que te hacen sentir en casa. Pero, para él, incluso eso era algo muy lejano, sus propios 'compañeros' tampoco habían sido una constante, en su línea de trabajo; cualquiera de los miembros de la organización terrorista era una amenaza que nunca permitía que se relajara verdaderamente y las constantes cacerías a las que se veía expuesto al ser un renegado no ayudaban en nada.

Todo el tiempo que paso fuera de su aldea fue un infierno dentro de su ya existente tortura.

En conclusión.

No había tenido un hogar en mucho tiempo.

Y no sabía si podría llamar así a este lugar… a estas personas.

Solo quedaba esperar… pasara lo que pasara, seguiría luchando, de todos modos…

¿No trataba de eso la vida?

Buscar cualquier rayo de luz, para seguir existiendo pese a todo.