Nota de la autora: respondiendo al comentario de Sandy, que la preocupó un poco, ningún animalito salió lastimado en esta historia.

Los gatitos y perritos no contaminados fueron llevados a St Vlad y amados por lo que eran.

Sí donarían unas gotitas de sangre, pero tendrían abrigo, comida y amor.

Yuri recogió a una camada -con Quimera- y esperen a toparse con Fluffy! un adorable husky, ¡Rose en versión perrito! (spoilers!)


El Padre A. ya habia autorizado a cremar a todos los habitantes del extenso osario de las catacumbas, a sabiendas que ya nadie, jamás; los iba a reclamar.

El antiguo camposanto también había sido... vaciado.

Y, muy a su pesar y con el dolor de todos (sobre todo de Alberta), el nuevo.

Más bien por lo aprendido por Rose, que no tendrían paz, si no dejaban ir -totalmente- su cuerpo mortal.

Y pronto, no hubo nada -o nadie- muerto en St Vlad.

Sus almas descarnadas -clamando por algo de compasión- al fin se habían ido.

Flotando en la luz del amanecer.

Incluso, si ponías atención, podías verlas elevándose, como minúsculas partículas en los rayos del sol.

Nadie -o nada- más sería enterrado allí en mucho tiempo y, quizás, nunca más


"Traigan vivo al psi hound", pidió Sonja, "quiero verlo, en persona. A ver si podemos cambiar su programación"; Rose la miró, como si estuviera loca "bueno. Al que dejaste vivo, y si es que no se lo han comido".

"Atrincheren a los dos hermanos y arrojen a la bruja moroi adentro", exigió Lissa, severamente (¿acaso ella no era moroi?. Sip, ¡Pero nunca una bruja negra y necromante!). Vacíen la casa, y luego, vuelvan. No se demoren... Todo puede salir mal...".

Se refería a un eclipse parcial, que ocurriría casi al atardecer.

Era extremadamente peligroso salir, pero querían hacerlo, igualmente.

Los strigois y los zombies saldrían -como locos- o eso creían.

Tal vez sí. O tal vez no.


La casona estaba como la dejaron.

Pero, igualmente, las cámaras se veían activas.

Rose señaló el punto ciego, y por allí fueron cruzando, mientras los otros esperarían la señal, en los automóviles.

"Yo entré por arriba" susurró Rose, "rompí la puerta del cuarto de las cámaras, y creo que se desencajó la puerta de acceso, pero... no sé si resulte"

"Deberemos hacerlo por todos los flancos"; dijo Alberta, "ya no es una exploración... es una intervención".

"Yo quiero a Dashkov", exigió Mikahil, "es el culpable de volver loca a Sonja".

"Vayan dos con MIkhail", dijo Dimitri, "Spiridon y Ben ya pueden ser strigois o zombies, y eran muy fuertes en vida. Además, tenemos a los dos Dashkov, y pueden haber más... o cosas peores".

"Recuperen toda la plata que encuentren", dijo Alberta, "como siempre, lo más útil, lo más portátil, etc... ¿Sí, Jeremy?"

El experto en informática moroi -también atrapado cuando todo eso comenzó- se retorcía las manos- ¿y los portátiles?, quiero las cámaras. Todas. Necesito saber cómo las ha hecho funcionar. Si lo puedo replicar, entonces puedo ponerlas en St. Vlad. No podemos tener puntos ciegos, no cuándo se nos viene el invierno y los zombies no reaccionan a los polos mágicos".

"Tú lo recoges, sabes que necesitas... Eddie y Chelsý, con él", llamó Rose, "ellos son buenos peleadores".

"Ok, no hay problema"; dijo el muchacho, "¿por dónde, ahora?".

"Eddie, directo a la ventana a la que apuntan las cámaras, pero con cuidado. Puede haber trampas en el suelo y esas cosas". Señaló Rose. "Yo... Y Dimitri iremos por la puerta principal. Será como una visita oficial, obviamente".

Caminaron a la puerta, y Rose, sorpresivamente, le tomó de la mano.

"¿Tocas, amorcito?", y le mostró el colgante -ya desmagnetizado- enrollado en su muñeca.

"Con todo gusto, mi hermosa Roza", y pateó la puerta, que terminó de soltarse de sus goznes. Rose admiró su... patada.

"¿Todo sería tan grande como ese pie y esa patada?", se preguntó, corrigiéndose.

Sí. eso (no admiraba a la pierna que lo dio... o el muy visible paquete en que terminaba, cerca del hueso de la cadera. ¡Y no se preguntó si llevaba algo en el... ¡ejem!, bolsillo!).

En el acceso de la casa, no había... bueno, nadie los esperaba, al parecer.

Se oyeron gritos por toda la casa, gracias a la coordinación de ataques -todos al mismo tiempo- y otros gritos -y gruñidos- en respuesta. Pero menos.

"¡Miren a quién tenemos acá!, Lady Rose y su consorte", sonó la voz despectiva de Víktor, saliendo de un cuarto opuesto al de las cámaras, "Natalie tenía razón sobre eso".

Rose se echó a reír y dejó caer el colgante, a los pies de Víktor.

"Nop, Dimitri no es mi consorte. No acepté esa propuesta... El Consejo quería que ambos fuéramos Gobernadores, así como antes éramos Co-Regentes".

"¿Co-Regentes?", tanteó Víktor.

"Que Natalie no dijo nada, ¡qué mal!, Dimitri es sobrino de Tatiana, la de Pensilvania; claro está. Así que, tenía mejor rango. Hubo un acuerdo. ¡No matrimonial, pervertido!, saca tu mente del basurero. Hemos venido... a hacerte una visita. Oficial. Por órdenes del Consejo del Asentamiento de Montana, tienes que ser... erradicado. Cuál peste, que eres. Tú, tu hermano, y tu hija, la bruja moroi necromántica".

"De modo que ya lo sabes, ¿eh?. Espero que haya sido..."

"Está aún... entera. Ambos venenos... no se llevan bien, verás. El parásito maligno ya está dentro de ella, sólo esperando su último suspiro de... moroisidad. La mordida strigoi no la salvará... de nada. Ya está muerta. ¿Cuándo?, es la duda. Como tú. Ya lo estás. Seas o no strigoi. Ahora, ya no son el alfa, Vik. Son tan almuerzo, como nosotros. La diferencia es que tomaste malas decisiones... ¿Cuántos murieron, para que te convirtieras en Príncipe?, ¡oh, los viejos mueren, claro!, ¿cómo iban esos versos?, los niños se hicieron hombres, los hombres se hicieron viejos. ¡Los viejos se hicieron polvo!"

"¿Parásito?, ¿te refieres a...?"

"¿La fuerza maligna dentro de ti?, sip. A ese parásito. Se alimenta de las almas, ya sea los cuerpos aún vivos... o ya zombies. Por toda la eternidad. Decapitarlos no sirve. O sea, ni a tí ni a tu hermano, o a tu hija; los dejaremos, simplemente, sin cabeza. ¡Oh, no!, haremos que cumplan el destino que desesperadamente ansiaban. Serán el motor de la sociedad. Los usaremos de combustible".

"¿Me matarás, Rose, la Magnánima?". Se burló.

"Nop. Primero... dejaremos que te vuelvas zombie. Disfruta de tu... vida, Vik", y Dimitri lo pateó, haciéndolo caer.

Rose le colgó la cadena de plata -del suelo- que se fundió con su piel.

Era un experimento.

Un mecanismo de... seguridad. Como un brazalete de libertad... vigilada.

Si salía de los bordes de la casa -con polos mágicos ya reforzados- la plata lo mataría, envenenándolo.

Luego, dos guardianes lo arrastraron a una habitación, en donde ya habían metido al viejo Robert -que era totalmente zombie- y a Natalie, que gritaba, como la loca que era.


Cerraron la puerta. Y se fueron a terminar sus tareas.

Tenían muy poco tiempo para terminar de revisar lo básico de la casa.

Ya, cuando los llevaran al crematorio, podrían limpiarla totalmente.

Quizás, algún día, podrían reutilizarla, para acomodar a los sobrevivientes, como si eso fuera una célula independiente de St. VLad.

Tenía mucha tierra y árboles, y podrían cultivar en ella. Algún día.

Pero ese día, no era el ahora.


El camino tuvo bastantes paradas.

Encontraron animalitos, algunos sobrevivientes -sanos- niños, y una familia completa, que sólo esperaban la muerte.

Algunos, con algunas cosas. Otros, con nada.

Pero todos fueron subidos a los vehículos rápidamente -y condicionados- y llevados a St. Vlad, a tiempo para cerrar a cal y canto, pues venía un eclipse... y podía ser algo muy, pero muy malo.


Todos estaban bajo cubierta.

Habían sellado las entradas con polos mágicos y barricadas.

Y cruzaban los dedos, para que sólo fuera un evento irrelevante en sus vidas.


Afuera, se oían rugidos y aullidos.

Un poco de zamarreo en las rejas, pero muy leve.

Un tropel de pasos, por fuera del muro.

Y más aullidos y rugidos, cuándo el sol volvió a salir.

Olor a quemado. Y gritos de dolor.

Y fue todo.

El mal... había sido conjurado.

Al menos, por ese momento.